UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
ANALES
DEL
INSTITUTO DE LINGUÍSTICA
TOMO IV
Año del Libertador General San Martín
MENDOZA :
1950
PUBLICACIONES PRÓXIMAS DEL INSTITUTO
DE LINGUISTICA
ANALES DEL INSTITUTO DE LiNGUÍSTICA
J. Amades, Cristóbal Colón en la tradición catalana,
J. Amades, Imitació dels sons.
S. Bucca, Consideraciones sobre la glosemática.
A. Dornheim, Los enseres domésticos de la casa rural del Valle de
Nono (Córdoba).
W. Ebeling y F. Kriiger, La castaña en el N. O. de la Península
Ibérica.
L. da Silva Ribeiro, Moinho de máo na Ilha Terceira (Acores)
M». E. Zappacosta de Willmott, La vitivinicultura de Mendoza.
R. Wilmes, La casa rural en el valle de Vió (Aragón).
Esrupios LincUísTICOS
1 - G. Rohlfs, Lengua y cultura.
2 - W. Havers, El tabú en las lenguas indoeuropeas.
3 - M. L. Wagner, Contribuciones para el estudio de los sufijos
iberorromances.
4 - F. Kriger, Los dialectos de Sanabria y de sus zonas colindantes,
(Fonética, morfología, léxico).
CUADERNOS DE EsTuDIOS FRANCESES publicados por la Sección Lengua
y Literatura Francesas de la U. N. de Cuyo.
F. Kriiger, Géographie des traditions populaires en France.
El Indice de las palabras del tomo 1V será incluído en el tomo V de
los Anales.
ANALES
DEL
INSTITUTO DE LINGUÍSTICA
- UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO |
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
ANALES
DEL /
.. ,
INSTITUTO DE LINGUISTICA
TOMO IV
Año del Libertador General San Martín
MENDOZA
1950
UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO
AUTORIDADES E INSTITUTOS
RECTOR
Dr. 1. Fernando Cruz
FACULTAD DE FiLosoría Y LETRAS
Delegado Interventor: Prof. Toribio M. Lucero
FACULTAD DE CIENCIAS [AGRARIAS
Delegado Interventor: Ing. Santiago Curelli
FAcULTAD DE Ciencias ECONÓMICAS
Decano: Prof. Francisco Femenía
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
«Delegado Interventor: Dr. Juan Carlos Sáa
FACULTAD DE INGENIERÍA Y CIENCIAS EXACTAS,
Físicas Y NATURALES
Delegado Interventor: Dr. Alberto A. Tomaghelli
EscuELA SUPERIOR DE ARTES PLÁSTICAS
Director Interino: Sr. José de España
EscuELAa SUPERIOR DE MúsicA
Director: Prof. Julio Perceval
ESscuELA SUPERIOR DE ARTE EscÉNICO
Directora: Dalina Zuaenko de Tolmacheva
Secretario General: Dr. Carlos M. Puebla
Prosecretario Crd Dr. Enrique P. Oliva
FACULTAD DE FILOSOFIA Y LETRAS
Delegado Interventor: Prof. Toribio M. Lucero
Secretario: Prof. Enrique M. Campoy
ProrESsORADO DE LENGUAS VIVAS
Director Interino: Prof. Alfonso Solá González
INSTITUTOS DE INVESTIGACIONES DE LA FACULTAD
Instituto de Filosofía y Disciplinas Auxiliares
Instituto de Historia y Disciplinas Auxiliares
Instituto de Lenguas y Literaturas Clásicas
Instituto de Lenguas y Literaturas Modernas
Instituto de Lingúística
InsTITUTO DE LINGUÍSTICA
Director: Dr. F. Kriger
Jefe de Trabajos Prácticos: Prof. María E. Zappacosia de Willmoti
Ayudantes de Investigación:
Prof. Angélica Guiñazú - María Aranalde
AL LECTOR
Después de una tregua de casi cinco años se reanuda la publicación
de los ANALES DE LINGUÍSTICA con la aparición del Tomo IV redactado
en 1949, primer año de mi actuación en Mendoza. Creo que la ocasión es
propicia para destacar brevemente cuál es el carácter especial que esta re-
vista adquiere desde el presente número,
Sin perder de vista el amplio panorama de los problemas generales de
la lingiíística, en los Anales tendrán cabida no sólo las investigaciones de la
filología romance, sino también aquellos aspectos del folklore y la etnografía
que más estrechamente se relacionan con la ciencia del lenguaje; de este modo
creemos poder vincularnos directamente con la historia de los pueblos y sus
legítimas adquisiciones culturales.
Para los fines expresados orientaremos nuestra labor tendiendo un nexo
científico entre la filología europea y la hispanoamericana; ocuparán un sitial
de privilegio las lenguas y culturas hispánicas y muy especialmente las de
la América Latina porque ellas ofrecen al lingiiista una problemática de
breve trayectoria científica, pero de gran valor por su riqueza y variedad.
Son estas razones las que nos incitan a la publicación de artículos e
informaciones sistemáticas por medio de reseñas para contribuir así al per-
feccionamiento de métodos y fomentar la producción creadora.
Los Anales serán pues el portavoz de las investigaciones de este Ínsti-
tuto el que, por otra parte, se sentirá honrado si consigue despertar el interés
de los romanistas por colaborar en la tarea que nos hemos impuesto.
La publicación del presente lomo, que será seguida próximamente por
la de una serie de “Estudios Lingiñísticos” —anejos de los Anales—, se
debe a la gestión entusiasta y a la directa intervención del Señor Rector de
la Universidad Nacional de Cuyo Dr. 1. FERNANDO CRUZ y del Señor
Delegado Interventor de la Facultad de Filosofía y Letras Prof. ToriBlo
M. Lucero. 4 ellos reitero aquí mi agradecimiento por haber dado, desde
la hora inicial, una nueva base a mi actividad filológica en esta promisora
Universidad argentina.
F. KrUcER
,
:
LA EVOLUCIÓN ESTILÍSTICA EN LA POESÍA
ROMANCE »
La moderna filología, particularmente la investigación romanística de
hoy, se ha empeñado constantemente en profundizar y ampliar su tradicional
radio de acción. Es un hecho conocido, por ejemplo, que el sector lingilístico
está influido en la actualidad sobre todo por las recientes conquistas de la
geografía lingilística y el estudio sistemático de “palabras y cosas”. Pero
también la crítica literaria está a punto de tomar una nueva fisonomía desde
que ha comenzado a poner cada vez más en primer plano los problemas
estilísticos y, por lo tanto, a consolidar los vínculos entre la lingúística y la
estética literaria comparada. Las poesías no son valorizadas sólo como ma-
nifestaciones del espíritu y estimadas por su contenido moral, sino también,
como les corresponde, desde el punto de vista formal. Si se quiere descu-
brir y explicar la riqueza de sentimientos de una obra poética por los me-
dios expresivos que la distinguen, nos debemos someter a las mismas exigencias
fundamentales que debió haber tenido presente el propio poeta al crear su
obra: un sentido estético espontáneamente desarrollado y una profunda
experiencia literaria.
El efecto de la obra artística depende de la impresión que ella produce
en el que la contempla. Hay para el observador dos clases distintas de obras
de arte: aquellas que pueden ser comprendidas sin mayores dificultades y
otras cuya índole podrá ser entendida sólo después de una especial experien-
cia educativa. La antigiiedad greco-romana, así como el Renacimiento ita-
liano, son más familiares a los romanos y germanos, en razón de su formación
clásica que, por ejemplo, el mundo del Islam. Para que éste produzca ver-
dadera impresión necesita no sólo aclaraciones sino una verdadera compene-
tración de sus problemas por parte del crítico. Sin embargo para citar ejem-
plos apropiados, no es necesario dirigir la mirada más allá de los límites de
occidente. ¿Cualquiera que no sea castellano podría comprender la obra de
1) Resumen del libro inédito El mensaje poético de los pueblos latinos.
Contribución al estudio de las formas de expresión poética en la poesía de los
pueblos románicos. (Aproximadamente 500 páginas).
2 E. FRHR. v, RICHTHOFEN
El Greco? Porque, en efecto, la modalidad de su arte pictórico no sólo se
caracteriza por los matices del cielo veneciano o las proporciones bizantinas,
sino más particularmente por la manifestación del alma en la reproducción
de los nobles castellanos, característica que se hace evidente aún en el tipo
de figuras sagradas de este pintor. Sólo es posible acercarse a ellas penetran-
do profundamente en esa peculiar mistificación del alma castellana. Del
mismo modo debe acercarse uno a la poesía: el Cantar del Mio Cid reclama
una apreciación distinta de las epopeyas de la antigiiedad o los cantares
heroicos germánicos, aun cuando aquél tenga ciertos puntos de contacto con
la llíada o el Cantar de los Nibelungos.
La poesía se manifiesta en múltiples formas de expresión.
El concepto que ella encierra, la intención, el tema o la trama no es nece-
sario que realicen por sí mismos un arte cumplido. Merece nuestra estimación
no sólo el “qué” sino muy especialmente el “cómo”. Y este “cómo” es la
forma, con la cual un concepto, un tema o una trama nos son presentados
por el poeta. De él recibe la idea su pathos ético; el asunto, vida; la trama,
estructura. De este modo podría establecerse una analogía con las artes
plásticas. En efecto, tales comparaciones se han hecho entre la plástica de
Miguel Angel y sus poesías líricas o entre el estilo de El Greco y el mis-
ticismo barroco de Calderón; entre las pinturas clásicas de Poussin o la
arquitectura del clasicismo francés y la estructura de una tragedia de Racine.
Esta forma interna de la obra de arte, que revela en cada caso un determina-
do pathos ético, un carácter puesto en evidencia o la misma naturaleza, es
sometida por el cincel del escultor o por la pincelada del pintor a una técnica,
a un estilo determinado que para el poeta es la forma lingúlística y la estruc-
tura del verso.
El único arte que, desprendido de intención, de tema o trama, tiene en
sí mismo su inspiración y su forma es la música. Pero también la poesía en
su última y altísima concepción se revela en una forma tan sublimizada como
la música. El elemento creativo tan decisivo obra a menudo independientemen-
te de la intención, del tema o la trama, derivándose en tal caso únicamen-
te del fondo ético de su autor. De no ser así difícilmente podrían haber expe-
rimentado las mismas materias distintas estructuraciones. Compárese solamente
la evolución progresiva de la Ifigenia desde Eurípides a Racine, Goethe y
Hauptmann. Sin embargo también se puede observar lo contrario: la exqui-
sita y graciosa comedia de amor de Moreto no pudo ser superada por sus
imitadores, ni aún por Moliére.
Esta forma es la estructuración lingilística creada por el poeta, el
estilo, la forma de expresión poética que brota naturalmente del contenido
de la obra así como de la personalidad de su creador. Ella es la que dife-
La evolución estilística 3
rencia la alta poesía del relato simplemente narrativo en prosa. El don de
la expresión artísticamente lograda es, en verdad, común al prosista y al
poeta, sea lírico, épico o dramático, pero éste se ve obligado a sostener una
lucha mucho más intensa con los medios estilísticos para alcanzar efectos
sonoros. Aquél escribe en una lengua que deberá servir tan sólo a la lectura;
éste, en cambio, sopesa tanto su expresión que produce una poesía que habla
musicalmente al oído o que despierta, por lo menos, el oído interior del
lector. La poesía tiende más a la sugerencia que la narración del prosista;
pues a ésta, por escogida u ordenada que sea, sólo muy difícilmente le es
propio el matiz lírico o el carácter de la epopeya.
Las grandes poesías épicas como la Eneida, la Chanson de Roland,
la épica de Dante y Ariosto, así como muchos géneros líricos tales como la
secuencia, la canzone, los sonetos de Petrarca juntamente con todos los
escritos dramáticos, requieren la recitación y por ello el poeta debe tener
en cuenta el efecto rítmico de su poesía. También la lírica moderna de los
pueblos románicos (y aún la más reciente) está esencialmente de acuerdo
con este concepto. Mallarmé recitaba con gusto, como lo refiere Valéry, y
él mismo ha llamado la atención sobre la extraordinaria importancia que el
efecto musical tiene en la poesía.
Lo que en la pintura denominamos forma visual y en la música sentido
de la armonía, en la poesía está representado por la forma de expresión, la
espléndida vestidura con la cual el poeta cubre oportunamente su obra ya
meditada. El estudio de los medios de expresión corresponde a la estilística,
a la sintaxis, a la métrica y aún a la fonética. La finalidad ideal, cabal de la
crítica literaria ha sido muy bien expresada por Paul Valéry: “L'art litté-
raire. . . est, de tous les artes, celu qui engage et utilise le plus grand nom-
bre de parties indépendantes (son, sens, formes syntaxiques, concepts,
images. ..). Son étude ainsi congue est évidemment des plus dificiles á
conduire...”.
El arte del estilo poético está arraigado por regla general en la
tradición, aunque no necesita de ningún modo basarse en la estricta
imitación. Racine emplea el “clásico” alejandrino, sujeto en su tiempo a
severas prescripciones, y sin embargo tiene una contextura distinta del de
Corneille. A un verdadero genio poético no le incumbe imitar; para él la
creación literaria consiste en un esfuerzo continuo, en una lucha por la ex-
presión dentro o fuera de los límites de las formas tradicionales. No imitará,
sino que transformará y aclarará, como Goethe en la recolección de Hafi;
aspirará a mejorar, vivificar o atenuar como hicieron Corneille y Racine con
la forma dramática de sus predecesores; y sólo en el mejor de los casos
darles forma original y color propio como hicieron Dante con sus tercetos y
4 E. FRHR. v. RiCHTHOFEN
Ariosto con su epopeya en octavas. En esto reside la fuerza creadora de la
expresión poética. De ella recibe la Chanson de Roland el revivido acento
semidulce, a la vez que nostálgico y natural de su lenguaje épico; la lírica
de Dante, su aristocrática mesura; la Commedia, su plasticidad y su extra-
ordinaria sonoridad; el cancionero de Petrarca, su ritmo flexible; la epopeya
de Ariosto, su risueña amenidad; la Celestina, el dinámico realismo en me-
dio de una trágica pesadumbre; la obra dramática de Cervantes y Lope
de Vega, el recio pathos; las reflexiones de Calderón, su pomposa gravedad;
el drama de Corneille, la frase sentenciosa y apasionada; las tragedias de
Racine, la serenidad llena de majestad y armonía, y por fin, las fábulas de
La Fontaine, su agudeza encantadora.
En este sentido, la imitación de modelos estilísticos debe ser conside
rada como una de las primitivas formas de expresión poética. Se encuentra
frecuentemente aún en la Chanson de Roland. Las numerosas
amplificaciones, las hipérboles, las preguntas retóricas y las interjecciones, así
como la plasticidad de la expresión, los presagios divinos, las prácticas
jurídicas y los llantos fúnebres debieron basarse en una técnica épica común
a todos los cantares de gesta. Un retorno a los esquemas perfeccionados
ya en la antigiiedad testimonia también la poesía latina medieval, como por
ejemplo el poema de Gualter y hasta la Gesta de los Nibelungos. La técnica
épica se manifiesta con particular intensidad, cuando ya ha pasado un par
de siglos desde la fecha de los acontecimientos que la epopeya tiene por
objeto, como acontece exactamente con la Chanson de Roland, pero no con
el Cantar de Mio Cid, o cuando la leyenda no tiene una base real o sea un
fondo histórico comprobado. Aparte de las convencionales sentencias, excla-
maciones, preguntas, repeticiones y sinónimos, el poeta de la Chanson de
Roland se sirve de otros medios mucho más característicos de su estilo: tanto
de la figura de la “oppositio””, de la antítesis, de la variación, como de la
aclaración de la acción por medio de gestos y mímica que contribuyen con-
siderablemente a la plasticidad de la expresión. Sin embargo en la epopeya
heroica se hace un uso mucho más restringido de las descripciones largas,
pinturas de la naturaleza y comparaciones como las que aparecen con tanta
frecuencia en la épica caballeresca,
La orgánica trabazón interna y el redondeamiento de la laisse per-
miten una comparación con la técnica del romance español. Sus versos
iniciales y finales atraen notablemente la atención del mismo modo que la
base y la cúspide de una pirámide. Como macizos bloques se interponen las
descripciones de combates y la nómina de los héroes. Como un soplo violento
se produce la serie de oraciones paratácticas. Estos elementos que aparecen
con suma frecuencia constituyen una evolución de formas de expresión ya
La evolución estilística 5)
existentes, el resultado de un fructífero entendimiento del poeta con el modo
estilístico tradicional. Ellos dejan ver que la Chanson de Roland es una
verdadera epopeya artística. No obstante, no está construída con el mismo
sentido de la épica de los clásicos latinos.
No obstante se evidencia que en la Chanson de Roland, modelo
de epopeya francesa, la participación directa de los elementos estilísticos
virgilianos y de la épica latina medieval es sumamente escasa. Las coinci-
dencias de la Chanson con detalles de la epopeya latina, prescindiendo de
las pocas verdaderas analogías con la Eneida, el poema de Gualter y la obra
de Ermoldus Nigellus, se deben basar más bien en una técnica épica común
a todos los pueblos. Tampoco queda nada esencial, desde el punto de
vista formal, de la supuesta herencia germánica. En la investigación de la
épica románica, se ha hablado insistentemente desde los días de Gaston
Paris de la “hipótesis germánica”; entre otros la hemos sostenido Theodor
Frings y últimamente yo mismo. Puede sin embargo ser válida tan sólo cuando
se refiere a coincidencias de motivos realmente comprobables en las leyendas
de los cantares, es decir, a la estructuración de esos temas por medio de adi-
ciones y combinaciones del tesoro legendario, o a la supervivencia de determi-
nadas leyendas heroicas en forma todavía épica o ya diluída, principalmente
en las refundiciones del último período, que son más bien compilaciones que
verdaderas poesías artísticas. Ejemplo de esto último lo constituye la refun-
dición de la leyenda de los Siete Infantes de Lara en la Primera Crónica
General. Ya sabemos lo que Gaston Paris quiere decir cuando habla, refi-
riéndose a la poesía épica francesa, del “esprit germanigue dans une forme
.omane”: actitud de los francos en el combate, veneración por el emperador
Carlos y los nobles, usos jurídicos germánicos y la vocación por el canto
heroico, todo eso dentro de una vestidura románica. Ciertamente que en la
Chanson de Roland el “esprit germanigue” (con lo cual se designa el es-
píritu franco) es en realidad apenas perceptible, pues se diluyó en el mundo
francés a causa de la romanización. Y aun cuando fuera posible encontrar
tales indicios dentro del marco románico, solamente pueden referirse al espí-
ritu de la poesía épica o a los detalles de la acción, pero no a la “forme
romane”. En este sentido entiendo la formulación de Gaston Paris y reconoz-
co su validez actual: la Chanson de Roland deja filtrar algo del espíritu
franco en una forma de expresión completamente románica y hasta marcada-
mente personal.
Una situación particular parece ocupar exclusivamente la canción fran-
cesa de Gormond et Isembart. Ella contiene, tal vez como
excepción única, elementos estilísticos puramente germánicos trasmitidos muy
probablemente por medio de la tradición de los vikins normandos. En la
6 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
Canción de Gormond se encuentran numerosas palabras de procedencia ger-
mánica para designar las armas, así como reminiscencias de formas de pen-
samiento y expresión germánicas. Gormond es delineado como un conquista-
dor viking, como atrevido héroe y orgulloso pagano. La lucha entre padre e
hijo en el episodio de Isembart recuerda la tradición legendaria de Hilde-
brando. Sin embargo la Canción de Gormond constituye justamente una
verdadera excepción. Por otra parte, la mayoría de las narraciones se ha
apoyado estrechamente en el modelo de la Chanson de Roland. La forma
de la epopeya francesa se ha originado pues esencialmente en sí misma. Lo
mismo se puede decir, y hasta en mayores proporciones aún, de la epopeya
española que, prescindiendo de la aceptación de ciertos medios estilísticos
franceses, adopta precisamente formas de expresión autóctonas.
El Cantar de Mio Cid se caracteriza formalmente por los recios rasgos
de sus descripciones, produciendo, en contraposición con los cantares france-
ses, la impresión de un relato marcadamente histórico a la manera de un
diario de guerra poematizado por uno de los compañeros del Cid, El estilo
épico moldeado por el Poema del Cid deja sus huellas aún en las Crónicas,
aunque sin duda con pérdida del vigor primitivo de la epopeya. La relación
que media entre una tirada del Cid, tosca, en efecto, pero sublime en sí
misma, y el relato en prosa de las Crónicas es aproximadamente la misma que
hay entre un canto de la Edda y un texto legendario de la Saga nórdica.
Pero allí donde las Crónicas se sirven de algunos motivos legendarios ger-
mánicos, como en los relatos de los Infantes de Lara, no adoptan sus formas
de expresión. La herencia de los visigodos, francos y vikins había sido
considerablemente asimilada en Francia y en España, aunque no en la misma
proporción en que, en su tiempo, el elemento ibero y celta asimiló la fuerza
incomparable de lo latino.
Si echamos una mirada sobre las regiones donde se originó y por donde
se extendió la poesía épica romance comprobaremos que ésta ha quedado
circunscripta a determinados centros y zonas limitadas de la Romania. Así
como la épica griega no floreció en Arcadia ni la romana en el sud de
Jtalia, tampoco resuena durante toda la Edad Media en Galicia, Cataluña
y el centro y sud de Italia ningún cantar de gesta original. Se concentra más
bien en las regiones lingilísticas genuinamente francesas y castellanas y sólo
posteriormente se extiende a la Provenza y por el norte de Italia.
Ésta ha sido también la encargada de continuar y desarrollar más tarde
la tradición de los trovadores. El canto trovadoresco se ex-
tiende primeramente por el norte de Italia y luego se forman escuelas líricas
en Sicilia, Boloña y Florencia. Aquí los cantos trovadorescos son substituí-
dos por una forma poética ya no cantable, aunque todavía muy sonora; el so-
Y
La evolución estilística
neto. En lo que respecta al contenido siguió el camino del tradicional culto a
la mujer, para pasar al problema de la esencia del amor y la añoranza del
“cor gentile” y llegar a la poesía emocional que glorifica a Beatriz y a Laura.
Los orígenes de la lírica amorosa no hay que buscarlos mucho más allá
de los límites de la Provenza. Con su romanización temprana, la influencia
germánica relativamente poco considerable y el florecimiento del feudalismo
medieval, la antigua ““provincia” había adquirido una situación peculiar.
Algunos investigadores se han empeñado en demostrar la influencia de
la poesía arábigo-andaluza sobre la lírica amorosa de los trovadores, expli-
cación que resulta parcialmente exacta. Si estas conclusiones fueran ver-
daderas, la cultura del Islam habría influído, así como la germánica en
la poesía épica, más desde el punto de vista temático que formal. Los cantos
trovadorescos esperan, según nuestro juicio, tan sólo la solución de los pro-
blemas formales, si se estima el amor cortesano como una manifestación de
las condiciones del feudalismo occidental mediterráneo. "También pertenecen
a un estrato común la técnica poética de las Qasidas de Aben Sail Almagribi
(según comprobaciones de García Gómez y Dámaso Alonso) y del Gón-
gora del último tiempo, técnica renovada hoy, por lo demás, en la lírica
de García Lorca y de Rafael Alberti. La constante presencia del elemento
árabe en la historia de la cultura española no debe conducir, sin embargo, a
conclusiones demasiado aventuradas. Es verdad que el canto trovadoresco
encontró en España, en una época no muy remota, como era la de la adopción
del zéjel, un contacto parcial con el estilo poético árabe; sin embargo dicho
canto no ha nacido en este país ni en la actual Provenza, sino muy proba-
blemente en el sudoeste de Francia.
Ya estas breves observaciones denotan que el problema de los orígenes
de la poesía trovadoresca está aún por resolverse. Por eso resulta interesan-
te gue lo discutan y aclaren las diversas ramas de la crítica literaria, tanto
los romanistas, medievistas, germanistas como los arabistas, y naturalmente,
en esta materia mucho quedará todavía en el terreno de las hipótesis como
en todos los casos en que se pisa tierra virgen. En este sentido desearía por
lo menos manifestar aquí que las designaciones aún no completamente acla-
radas en su etimología de trobar: ““componer poesías”? y trobador: “poeta”,
que surgen en el primer cuarto del siglo XII, pueden tener cierta relación
con la drapa del antiguo nórdico, cantata cortesana (drottkvaett) de la
antigua poesía escandinava. Es posible que la palabra nórdica fué llevada
a la Romania en una forma fonética hoy apenas reconocible, por un escaldo,
acaso por el célebre Sigvatr póroarson, cuyo viaje a Roma en el siglo XI,
tenía por objeto también visitar las cortes. Allí la palabra escandinava ha
influído sobre la latina (con)tropar, “componer en tropos”, que evidente-
8 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
mente no tenía todavía el matiz semántico de ““componer una cantata con
estribillo". Por lo demás se puede demostrar que no sólo el sudoeste de
Francia, donde nació el canto trovadoresco en el primer cuarto del siglo
XII y donde experimentó su primera gran floración, sino también el sudeste,
donde empezó alrededor de 1150 con Raimbaut d'Orange, han sido fre-
cuentemente visitados por importantes personajes del norte. Así por ejemplo,
el orcada Ragnvald permaneció mucho tiempo en Narbona en la corte de
la histórica Condesa Ermingarda, la hija de Aimeric Il, y compuso sobre
su belleza, como más tarde lo hiciera Peire Rogier, cantos amorosos que
han llegado a la posteridad en la saga de las Orcadas. También se puede su-
poner que cruzados nórdicos de comienzos del siglo XII llegaron más a me-
nudo a las cortes y tal vez encontraron allí, como Ragnvald, hospitalaria
acogida. Aun parece más autorizada la suposición de que en muchas oca-
siones se declamaban versos y que en tales viajes habrían tomado parte tam-
bién escaldos renombrados. En épocas posteriores esto era el caso gene-
ral, según lo atestiguan documentos desde entonces más numerosos.
Por tal motivo sería equivocado creer que se trata aquí, como en la remota
época de los vikins, de piratas ávidos de presa de la categoría de Gormond.
Como primera prueba de que la Germania del norte y la Romania del sud
entablaron relaciones políticas, tenemos en el siglo XIII, el viaje del embaja-
dor Hákons Hákonarson y de todo el cortejo nupcial de la princesa Cristina
desde Noruega a España, vía Narbona. En los festejos de Valladolid fué
referido un suceso de loz Harlungen que, como supuse ya anteriormente,
fué sacado de la zidrekssaga y contribuyó a la formación de la Leyenda de
los Infantes de Lara. Menéndez Pidal ha proporcionado recientemente,
después de K, A. Porter, la comprobación de la supervivencia de la Saga
de Sigfrido en España, en el relieve de un pórtico conventual en Navarra.
Estas indicaciones habrán demostrado suficientemente con qué amplitud ha
de ser incluído no sólo el patrimonio de los visigodos, como admitió Menén-
dez Pidal respecto a la leyenda de Rodrigo, sino también las disquisiciones
históricas acerca de las culturas occidentales del medievo. Los problemas
exigen no sólo ser condensados sino también desplegados como se desarrollan
los tapices en toda su amplitud sin que quede velada ninguna de sus partes.
También necesita una discusión más detallada el origen del sone-
to italiano, lleno de contenido nuevo, paulatinamente cambiante,
cuya serie de rimas entrecruzadas —sobre todo en su época de florecimiento,
iniciada por el petrarquismo— y cuya sintética estructura estrófica producen
frecuentemente un orden de palabras entrecruzado que parece amoldarse al
procedimiento latino. Está fuera de dudas que algunas formas precursoras
del soneto se pueden remontar en sus orígenes hasta la más antigua lírica
La evolución estilística 9
trovadoresca. En Provenza y Portugal se fijaron en la estrofa de siete versos
varios grados evidentemente anteriores al soneto italiano: melódicas combi-
naciones consonánticas ya en Cercamon (por ejemp. -ira, -is, -is, -era, -er,
-er, -ira) y Marcabru (por ejemp. -aíge, -ada, -alge, -ada, -ura, -ura, -iza) ;
un sistema fijo de dos estrofas compuestas de versos pentasílabos, pero sepa-
radas mediante exposición y conclusión, en la lírica portuguesa del poeta
Lourengo y de Paay Gómez Charinho; también las estrofas de las “tenzos””
de Peire y Bernart subdivididas en cada caso en versos correspondientes a
cuatro más tres. Aquí nos encontramos ya en las proximidades del ideal
poético italiano. El soneto logrado por los italianos (antes de Dante y Pe-
trarca todavía bastante rudimentario) es la perfección artística de una forma
espontáneamente brotada y orgánicamente crecida, pero latente desde hacía
un siglo.
En la creación de un estilo digno de la poesía italiana, el papel decisi-
vo recae en dos geniales poetas: Dante y Petrarca. Dante se
muestra en su libro sobre la lengua vulgar como un eminente erudito cuyo
conocimiento de los dialectos italianos y su exacto avaloramiento de los
mismos concuerda ya, a grandes rasgos, con los resultados fundamentales
de la geografía lingiñística moderna. La poética contenida en esta obra y en
el Convivio referente al “vulgare illustre””, encuentra su realización en la
Commedia.
La lengua de la Commedia es admirable por el empleo de numerosas
e impresionantes parábolas y metáforas así como por el magistral ritmo
del verso y de la frase. Las imágenes de Dante pueden ser designadas
como verdaderamente épicas. Numerosos ejemplos como éste:
E come 1 gru van cantando lor lai
Facendo in aere di si lunga riga,
Cosi vidi venir traendo guai,
Ombre portate dalla detta briga.
(Inf. V, 46-49)
no dejan tan sólo percibir la influencia virgiliana, Detrás de las compara-
ciones de la Commedia vemos destacarse también formas poéticas homéricas.
No puedo concebir que Dante haya conocido a Homero únicamente a través
de Stacio, de la versión de Benoit hecha por Guido della Colonna o de las
defectuosas refundiciones que de la Ilíada hicieron en prosa en la época de
la decadencia latina.
Dante suele comenzar muchas de sus pinturas magistrales con mara-
villosas metáforas, como por ejemplo en los siguientes versos del conocido
comienzo del Purgatorio:
10 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
Per correr migliori acque alza le vele
Omai la navicella del mio ingegno
Che lascia dietro a sé mar si crudele.
(Purg. I, 1-3)
La “rima aspra e sotile”” se opone por primera vez al “soave stile” de las
escuelas líricas precedentes. La expresión de la Commedia es siempre apa-
sionada, pero completamente controlada y llena de sublime gravedad. En
ella la lengua poética italiana alcanza ya la cumbre de su perfección.
La configuración rítmica del verso consiste principalmente en el usc
casi regular de aliteraciones y onomatopeyas como medios para expresar los
sentimientos o para dar énfasis a la expresión. El siguiente verso puede servir
como prueba de lo dicho: “Amor mi.mosse che mi fa parlare” (Inf. 11, 72)
donde para la confesión del amor de Beatriz se elige la suavidad y la sono-
ridad plena de la vocal o junto con la sonora m, es decir, los dos elementos
principales de la palabra amore que para el poeta había llegado a ser
algo tan sagrado. Un efecto semejante produce el último verso del Paraíso:
*“L'amor che move il sole e l'altre stelle”. También constituye un ejemplo
del efecto musical del arte dantesco el verso final del episodio de Francesca:
“E caddi come corpo morto cade” (Inf. V, 152). En él se ve aliterada
la oclusiva sorda c en sílaba inicial, antes del acento; las vocales se disponen
según el esquema a, o - o, a y por fin el verso empieza y termina a la vez
con la sílaba átona e. Las aliteraciones y las onomatopeyas usadas en tan
grandes proporciones sólo se encuentran en la poesía italiana por primera vez
en Dante. Esta comprobación confirma la hipótesis de que también los
Sette Salmi Penitenziali proceden de su mano. Los dos tercetos siguientes:
E per lo cargo grande e grave e grosso,
L'anima mia é tanto conturbata,
Che senza lo tuo aluto lo piú non posso.
Aijutami, o Signor, tutta fiata:
Convertimi al ben fare presto presto:
Cavami Palma fuor delle peccata.
revelan un juego artificioso en las aliteraciones consonánticas que produce
un efecto casi contrapuntístico con sus distintos sonidos. La contrición del
alma del penitente está acústicamente matizada por las vocales oscuras o, u;
la sinceridad de su súplica, por el tono e; la esperanza de salvación, por el
claro y pleno sonido de la a. Hay una concordancia entre el efecto de
“Amor mi mosse che mi fa parlare” y la vocal final a tan expresiva. Querer
traducir fielmente los sentimientos expresados en tales poesías sería una
empresa casi imposible.
La evolución estilística 1
En la antigua poesía italiana y provenzal la preocupación por efectos
musicales de esta naturaleza no estaba aún desarrollada. Sólo se puede com-
probar tal predilección en los representantes de la épica romana. Como
modelo inmediato de Dante se debe pensar en este respecto ante todo en
Virgilio. Lo que había sido en la poesía latina Ovidio frente a Virgilio,
llegó a ser Petrarca en la lírica italiana junto a Dante: un maestro con
sumado en la flexibilidad de la expresión artística. Es verdad que Petrarca ha
tomado prestados de Dante numerosos medios estilísticos; también las ali-
teraciones encuentran aplicación particularmente en los cantos alegóricos de
los Trionfi y las consonancias vocálicas, en el Canzoniere; pero la forma
aparece en parte más dulce y aun más flúida que en la obra del creador de la
Commedia. Este efecto y otros son producidos en muchas poesías por la prefe-
rencia de consonantes sonoras, particularmente de palatales. Con más energía
que Petrarca, ha luchado Miguel Angel por conseguir tales efectos.
Claro testimonio de ello son los períodos comprimidos y sobrecargados. Algu-
nas de sus poesías contienen aliteraciones y encadenamientos de vocales. En
otras, la sucesión de la frase se retarda por la ““explicatio” y por la tenden-
cia a la simbolización. En la poesía a la “Noche” parecen enlazarse el
arte musical de Dante y el de Petrarca.
Estas formas poéticas logradas por los italianos encuentran innumera-
bles continuadores en la lírica hasta Tasso y desde este poeta hasta la forma
fina y variable del madrigal no hay ni siquiera un paso. Ellas influyen tam-
bién sobre la épica renacentista o colonial de Ariosto, Camóens y Ercilla, épi-
ca llena de elementos aventureros, en la cual el italiano se manifiesta como el
poeta menos artificioso, al mismo tiempo que el más artísticamente do-
tado; el portugués, como el discípulo más dócil de Dante y Ercilla como
el más sensato narrador de episodios al modo tradicional de la épica espa-
ñola.
La lírica y la epopeya tuvieron su origen y su esfera de acción, desde
las postrimerías de la Edad Media, particularmente en las zonas lingitísticas
donde las vocales finales, excepto la e, no enmudecieron, de tal modo que
las sílabas finales conservaron la antigua plenitud de sonido. La patria de
Dante fué favorecida por la circunstancia de que en ella se había mantenido
la lengua muy parecida al latín resultando por lo tanto particularmente com-
prensible a los italianos. Tanto la lengua literaria italiana como la latina
nacieron de un idioma hablado en la región sudoeste de los Apeninos, en
la Italia central; es decir, de la lengua hablada y escrita por los toscanos y
latinos respectivamente. Sin embargo la lengua de Dante ofrece, igual que
la de Virgilio o la de Homero, una carencia casi absoluta de un auténtico
sabor popular. Por esta razón la épica mediterránea oriental, vale decir, la
12 E, FRHR. v. RICHTHOFEN
clásica y la renacentista, se distingue esencialmente de la épica de la Romania
occidental. Así como “toda la poesía griega en hexámetros usó por lo general
la lengua homérica”” (Meillet), los escritores italianos tomaron por modelos
los medios expresivos de los romanos, o bien los de Dante y Petrarca y con
ello se hicieron impermeables a las influencias de la épica juglaresca. Así se
explica que sólo en Francia y en Castilla floreciese una genuina épica histó-
rica popular.
A] tomar prestados de los antiguos los recursos estilísticos fundamenta-
les de su lengua, Dante y Petrarca plasmaron una forma no superada en
belleza. En ellos pues se revela poderosamente la influencia de la Anti-
giiedad sobre las formas de expresión poética de los pueblos románicos,
influencia que se había evidenciado sólo escasamente en la epopeya; no obs-
tante —y en esto reside Jo maravilloso de la fuerza creadora de Dante— casi
no se advierten huellas de una imitación intencionada, La inclinación íntima de
Dante por Boecio muestra que él, al buscar los modelos para su inspiración,
se atenía preferentemente a los de sentimientos parejos a los suyos propios
y no a fríos modelos de escuela.
Sin embargo incluso la misma “imitatio” puede ser considerada
como acto creador cuando está vinculada a un verdadero esfuerzo para con-
seguir un estilo modelo, personal o nacional, Tal evolución presenta el clasi-
cismo de Goethe, También se revela, aunque por cierto de muy distinta ma-
nera, en las tragedias clasicistas francesas. Tanto Goethe como los poetas
dramáticos franceses trataron de apropiarse del espíritu y de la forma de la
antigiiedad clásica y con esto contribuyeron poderosamente a la formación
clásica de los alemanes y de los franceses. En Schiller se manifiesta además
la influencia de Shakespeare, cuyo genio él comprende en la medida de lo
posible, y a cuya obra agrega nueva fuerza germinativa. Sin embargo no se
observa en el mismo grado entre los franceses este fenómeno de recepción
creadora de la ““imitatio” estilística ni la capacidad para el perfeccionamiento
de la forma adoptada.
La comparación entre la literatura clásica alemana y el clasicismo fran
cés conduce al problema de averiguar hasta qué punto Racine se ha
inspirado realmente en el drama de los antiguos. Esta cuestión debe ser
contestada del siguiente modo: desde el punto de vista formal, no se advier-
ten relaciones de estricta dependencia. Es verdad que Voltaire elogia en
Racine la imitación de los recursos estilísticos de la antigiiedad: pero en
realidad éste sólo continúa la tradición de Corneille atenuando el elemento
demasiado atrevido y patético en la dicción o bien reduciendo el vocabulario
al empleo necesario, en el sentido del “bon usage” recomendado por la
Academia. En este respecto le benefició también la galantería depurada de
La evolución estilística 13
giros amanerados de la escuela de Quinault, que él enriqueció con la me-
táfora nacida de su propio genio poético. Un precursor del vocabulario
escogido y del período armónico encontró además Racine en el prosista
Guez de Balzac. No se puede afirmar que las figuras de Racine sean propia-
mente romanas o griegas; tan sólo lo son sus vestidos, sus nombres y la temá-
tica de sus discursos. Prescindiendo de la caracterización de los griegos por
medio de helenismos y de los romanos por el empleo de frases cortas, bien per-
filadas, la lengua de Racine refleja, como símbolo de la época, la “nature
humaine” y la “noblesse”. Estos mismos caracteres se manifiestan también
en el ritmo del verso. Permanece completamente libre de la influencia de
los recursos estilísticos antiguos. Ántes que de un verdadero clasicismo se
debe hablar pues de una ““imitation inventrice”, si es que la interpretación
artística de Chénier puede ser aplicada al estilo de Racine.
Corneille está naturalmente más cerca de los modelos clásicos pero
éstos no son (como en Racine) griegos y romanos, sino únicamente latinos.
Vieja es la tendencia al paralelismo contrastante y al marcado realce de la es-
trofa final. Para buscar sus orígenes debemos remontarnos desde el drama del
Renacimiento hasta la épica medieval, y para la antítesis aún hasta Séneca.
Se puede ver en esto rasgos románicos occidentales característicos tanto de la
poesía castellana como de la prosa de Montaigne y Pascal. El restableci-
miento y la renovación de la forma de la epopeya medioeval de Alejandro,
el alejandrino, se efectúa ya en Ronsard y su reglamentación fué verificada
poco después por Malherbe. Una medida larga, interrumpida por la cesura
en la mitad, esto es, una unidad rítmicamente perfecta, responde al sentido
clásico de claridad y orden de la época y debió haber sido necesaria además
porque el francés, en contraposición a las otras lenguas romances, había
adoptado la conjugación por medio de prefijos, es decir, por medio de
pronombres personales monosílabos que reemplazan al substantivo.
Es evidente que los clásicos franceses se empeñan por aclimatar los
caracteres de la antigiiedad más en lo que respecta al contenido que a la
forma interna y este rasgo resulta más notable aún si se los compara con
Shakespeare. La cuestión de si en las tragedias de Voltaire existe
una verdadera evolución de las formas poéticas puede ser contestada con
la negativa. Aunque existe entre las obras dramáticas voltairianas y los
representantes del verdadero clasicismo francés una considerable distancia
de tiempo, sin embargo se las puede designar como esencialmente clasicistas.
Schiller ha llamado la atención sobre esto en un juicio referente a su Maho-
met, donde “se entrelaza con refinado orden un miembro con otro”. Los
poetas favoritos de Voltaire fueron ciertamente Corneille, Racine, Ariosto y
Horacio, cuyos medios estilísticos aparecen a través de su obra como fruto de
14 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
un verdadero entendimiento con aquellos maestros, Lo que le atrae en Shakes-
peare es lo original: “le grand, le patéthique, le sentiment, voilá mes premiers
maítres” (A Vauvenargues), sin embargo esto siempre en conformidad con
lo conveniente, con la “aisance'”, '““noblesse”” y “élégance” y también de
acuerdo con el ritmo y la métrica de la lengua francesa. El poeta inglés
le parecía ““sublime”” a Voltaire, pero sin “la moindre étincelle de bon goút”.
Así alterna en su crítica de Shakespeare la admiración con la censura. La
clave de su arte de trasponer, de acuerdo con el gusto francés, los motivos
de la acción y las formas de expresión shakespearianas se llama “adoucir”.
De una observación hecha por Leo Spitzer sobre el efecto que produce la
“Zaire” de Voltaire se puede deducir lo siguiente: la tragedia de Voltaire
resulta enriquecida ciertamente con respecto a los elementos de la acción
shakespeariana; sin embargo, su estilo no se diferencia notablemente del tra-
dicional drama del clasicismo francés. De nuevo se repite el mismo proceso
que ya observamos antes: Voltaire, al igual que Racine y los antiguos ju-
glares, acarrea nuevo material a la poesía francesa sin transmitir con ello
nada de la forma de expresión de sus modelos en sus propios versos.
Una emancipación de las reglas del drama clasicista se logra por pri-
mera vez con Victor Hugo, aunque ciertamente dentro de nume-
rosas y estrechas limitaciones, Con él todavía no se ha realizado una ver-
dadera aclimatación de Shakespeare en la literatura francesa, pues los
dramas de Hugo no parecen alcanzar la misma perfección formal .Su
intenso patetismo hubiera requerido una atenuación mayor aún que el de
Corneille. Tal atenuación fué en efecto lograda en aquella época por Ra-
cine; posteriormente tuvo lugar —hasta cierto grado— tan sólo en la tragedia
de Musset. La singular compenetración de sentimientos capacitó a este
romántico para la verosimilitud psicológica en la presentación de su Loren-
zaccio, cuyo diálogo en prosa, natural e ingenioso, a veces rítmicamente co-
loreado, recuerda la lengua de los héroes shakespearianos. Plenamente ha
satisfecho Musset las exigencias de Shakespeare en lo que respecta a la
acción. Sin embargo los medios de expresión del joven romántico francés no
alcanzan, a pesar de sus esfuerzos considerables, al gran modelo, insuperable
sobre todo en muchos aspectos de la estructuración de la frase.
A la manera de traductores contemporáneos, Wigny ha tratado
luego de reproducir la lengua y el estilo de Shakespeare conservando sin
embargo el alejandrino, y sin atender al ritmo del lenguaje que Schlegel y
Gundolf lograron transferir en modo más satisfactorio al alemán y Foersom
al danés,
De un verdadero renacimiento de Shakespeare se puede hablar pues,
hasta ahora, sólo en los países germánicos, pero posiblemente le corresponde-
La evolución estilística 15
rá a Gide algún día el papel de nuevo introductor de Shakespeare en la
prosa francesa.
La Fontaine es el que más se alejó de las tendencias propias
del clasicismo francés manteniéndose libre de la “'imitatio” estilística. La
versificación rítmica libre le ofreció una serie de posibilidades hasta entonces
insospechadas. La estructuración de su verso y de sus estrofas es aparente-
mente caprichosa: la conocida fábula del cuervo y el zorro consta de 18
versos de longitud diferente, generalmente de pausa cambiante y rima des-
igual. Prescindiendo de los cuatro primeros versos lógicamente construídos,
se trata de un metro completamente irregular. No obstante, el lector o el
oyente tiene la impresión de una forma artísticamente perfecta. ¿De dónde
emana esta ilusión acústica? Entre el ““désodre'” métrico, el efecto rítmico
produce una unidad armónica que ciertamente no parece estar sujeta a nin-
guna regla y que se puede explicar solamente por el inimitable genio de La
Fontaine. Este ritmo fluye de la clara disposición sintáctica de la frase,
creada con tan concreta precisión como no lo hubiera podido hacer un
Descartes. En esto consiste la contribución de La Fontaine a las exigen-
cias de su época, caracterizada por el deseo de “claridad”.
El verdadero rococó tal como le fué dado a Francia tener en la no-
vela, en el teatro, en la música y en las artes plásticas no encuentra ninguna
continuación estilística en la lírica del siglo XVIII, a pesar de J. B. Rous-
seau y Voltaire. El “style rocaille”” musical de Couperin y Rameau queda
sin verdadera correspondencia en la expresión poética, si prescindimos de
los cuentos y de algunas fábulas de La Fontaine. Una prueba verdadera-
mente terminante de lo que se había entendido por rococó la dan tan sólo
los músicos (Rameau, Mozart) y los dibujantes (Boucher, Eisen, Frago-
nard, Gravelot, Moreau le Jeune), quienes buscan el motivo de sus
creaciones no tanto en los contemporáneos como en el drama adaptado al
gusto del siglo XVII o bien en la plasticidad vaporosa del arte descriptivo
de Boccaccio, Moliére, La Fontaine y otros poetas.
La poesía emocional queda reservada a la poesía romántica del yo
que ya muy pronto (sobre todo en las “Destinées”” de Alfredo de Vigny)
se transmite al intuitivo impresionismo propio de la poesía simbólica. En este
plano se encuentra la obra de Paul Verlaine, cuyo verso armo-
nioso, rico en matices, produce un ritmo suave y delicado. Muchos de los
giros plásticos como
Le piano que baise une main fréle
Luit dans le soir rose et gris vaguement
16 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
están ya íntimamente ligados al impresionismo. Como en ningún otro repre-
sentante de su tiempo, se manifiesta en Verlaine el encanto peculiar de la
lengua francesa. No sorprende entonces que precisamente Charles Debussy
haya dedicado a este poeta composiciones finamente tiernas tan insinuantes
como sugestivas.
De un modo decisivo influyeron en el desarrollo de la nueva poesía
Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé. Lo que Baudelaire tiene de co-
mún con la disposición de ánimo de Vigny y con los temas de sus poemas
es el todavía romántico ““ennui”, “la douleur” fatal, la “tristesse””, la sensa-
ción de abismo, pero también la elevación sobre el dolor y el enaltecimiento
del “esprit”” en un símbolo sublime. Lo nuevo es la exploración del mundo
fisiológico y su idea de las armónicas correspondencias de las facultades
sensitivas. La mayor parte de sus poesías producen la impresión de apasionada
emoción, de un perderse en la ebriedad de los sentidos hasta el éxtasis, de un
impresionismo retenido con singular maestría, como por arte de magia, en
las formas tradicionales de la poesía. La antítesis de sentimientos de Baudelai-
re le impide al poeta gozar serenamente del ideal de belleza tan vivamente
deseado. No pudo mirar al sol en la cara sin divisar también sus manchas
oscuras. Esta polaridad de sensaciones lo mantiene perplejo en la irreparable
certidumbre de que lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo están estrechamente
unidos. Sin embargo no se obtienen sólo efectos negativos, si se busca en
lugar de lo banal en lo bello, lo bueno en lo malo. Para encontrar las
“flores del mal” es necesario empero, describir primero el mal mismo, donde
se encuentra escondido lo sublime. Se ve, pues, que en las “Fleurs du mal”
se trata de “correspondances” líricas que tienen con frecuencia el sentido
de una “élévation”” a la manera de Vigny. En ellas la acusación de Baude-
laire se dirige muy raras veces contra el destino sobrenatural de la huma-
nidad, como en las “Destinées”” de Vigny cuyo temperamento poético está
emparentado con el suyo; en cambio lo hace más violenta y abiertamente
contra la fatal inclinación humana hacia las pasiones, hacia el '“canevas
banal de nos piteux destins””. Baudelaire llega a ser así el directo continuador
y consumador del mito lírico-filosófico del destino de la raza humana y de
sus elevaciones. Sin embargo a veces triunfa en la contemplación de lo sublime
la sensación de abismo, de la cual, en contraposición con Vigny, no puede
desprenderse por medio de una elevación simbólica. Permanece en su
“spleen”, en una tortura espiritual que recuerda el dolor de Musset, En el
verso
O fangeuse grandeur! sublime ignominie!
se pone de relieve el tan desconcertante contraste de sentimientos de Baude-
La evolución estilística 17
laire cuya correspondencia lingiiístico-estilística hace el efecto de una catacre-
sis. En realidad la viva reflexión del poeta aspira a afirmar la belleza pro-
fundamente venerada por él, pero que no puede ser nunca completamente
lograda fuera de un recogimiento efímero y pasajero.
El dolor es el elemento predominante al que da expresión artística en
sus poesías. La plasticidad de la expresión brotada del dolor y de una rara
sensación sinestésica lo muestra mejor dotado, bajo todo concepto, que
muchos de sus predecesores románticos; su poesía constituye por lo tanto
una segura y profunda evolución del estilo lírico, evolución que también ha
llegado a ser de decisiva influencia para las épocas posteriores.
En oposición con Vigny y Baudelaire, Rimbaud, después de un
corto y explosivo período de creación, se rindió ante una ruda existencia
abismática designada por él mismo, en sus incomparables '““Poémes en Pro-
se”, (a los cuales Verlaine señaló como “prose de diamant””), “Une Saison
en Enfer”, por lo que ofrece una cierta analogía con la vida de Musset.
De la influencia de Baudelaire proceden las numerosas sensaciones sinesté-
sicas de sus poesías, acrecentadas hasta el efecto paradojal:
Jai révé la nuit verte aux neiges éblouies.
El contraste abrumador entre el mundo real y el imaginado permite también
al desilusionado poeta expresiones plásticas que no tienen ya el sentido de
las “Flores del Mal”, sino de una corrupción del bien:
Elle passa la nuit sainte dans les latrines.
Et mon coeur et ma chair par ta chair embrassée
Fourmillent du baiser putride de Jésus!
Es verdaderamente trágico observar cómo este eminente artista dotado
de visiones idealistas (de una mayor agudeza de observación que Vigny)
cede pronto, demasiado pronto, a sus amargas reflexiones y cae en pertur-
baciones que oscurecen su expresión poética, dejando entrever sólo como vago
instinto, antes de su retorno a la fe, su búsqueda de la verdad y la realización
de su sentimiento de la belleza. La vida afectiva de Rimbaud transluce un an-
helo vago, una disposición que se revela frecuentemente en hechos casi anárqui-
cos. Su obra da la impresión de una concepción imperfecta, inacabada, algo
así como un borrador incoherente y precipitado de sus pensamientos. Rimbaud
representa el desarraigado arte impresionista de un dilettantismo llevado al
extremo, cuya principal forma de expresión es el sentido metafórico persua-
sivo sacado de la jurisdicción de una estética libre; un arte que no contiene,
18 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
como el tradicional, “el verdadero arte”, ni substancia ni disciplina. Una
excesiva sujeción a lo intelectual y a lo sensitivo produce el amaneramiento
de su obra posterior. Pero lo que lo aleja de Mallarmé es la absoluta es-
pontaneidad en el sincero análisis de su propio yo.
Mallarmé, con el manejo suntuoso de la palabra y la rara dis-
posición de la frase, procura, por medio de símbolos, de sensaciones sines-
tésicas y de metáforas, que el oyente logre los efectos musicales que él mismo
experimentó. Se hizo famosa la llamada inversión mallarmeana por ejemplo:
“Neiger de blanes bouquets d'étoiles parfumées” o “Le blanc souci de notre
toile””, donde la imagen de “blanche” inherente a “etoile'” y 'toile”” respec-
tivamente se une anticipadamente al sujeto. También se encuentran con fre-
cuencia contaminaciones semánticas del tipo
Rien, cette écume, vierge vers,
A ne désigner que la coupe
donde la coupe no sólo significa ““cesura'”” sino que parece haber adop-
tado también el sentido de “copa”. La tendencia hacia lo insólito deja en-
trever un juego amanerado que ha degenerado en él en un sistema artificioso.
Su poesía resulta oscura y por eso no se la puede verter a ninguna lengua
extranjera, Uno se ve obligado por el poeta a adivinar el sentido de las
palabras y a tratar de comprender los períodos por intuición.
Como discípulo de Mallarmé se designa Paul Valéry, quien
dominó perfectamente los largos períodos y los medios de expresión ma-
llarmeanos; sin embargo, de otra manifestación del poeta resulta que no
se puede hablar de imitación directa y consciente. Por lo menos se siente
Valéry tan “intellectuellement bouleversé”” por el “calcul symbolique” de
Mallarmé, como impresionado por las “radiations inédites”” de la aparición
de Rimbaud en su horizonte espiritual. Sin embargo ninguno de los dos se-
ductores pudieron hacer desviar al joven poeta firmemente encauzado en su
propio camino y hoy, concluídas sus últimas obras, nos inclinamos a ver en
él más bien a un descendiente espiritual de Racine, Goethe, Vigny, Baude-
laire y Verlaine, que a un discípulo de Mallarmé y Rimbaud. El origen de
su trabajo mental y lo que hace que su maestría poética raye en los límites de
lo permitido y comprensible se debe, en última instancia, a su profundo
arraigo (a veces inconsciente) en el clasicismo, al cual debía mucho ideo-
lógicamente tanto por sus trabajos sobre Descartes y Leonardo como por su
íntima simpatía por la expresión poética de La Fontaine y Racine. Este
equilibrio confiere a Valéry el prestigio y el rango de representante más
significativo de la lírica actual de los pueblos románicos. Con él ha pasado,
La evolución estilística 19
a comienzos de 1945, el último gran poeta de la línea tradicional que tiene
su punto de partida en la creación poética de Vigny y Baudelaire.
Uno se siente inclinado a caracterizar a Valéry como un Mallarmé
menos amanerado y purificado; al confesarse su discípulo hacía gran honor
a su maestro, Á éste profesó admiración por aquellas disposiciones naturales
que, en definitiva, sólo en él mismo alcanzaron el equilibrio y la perfección.
Con su observación sobre la poesía lírica titulada “Littérature””
“Un poéme doit étre une féte de I'Intellect”
Valéry aspira a una revelación del sentimiento de belleza espiritual, a la
““poésie absolute”. Por otra parte el siguiente trozo muestra la tendencia
característica del poeta al trabajo espiritual concentrado:
Dans le poéte:
L'oreille parle,
La bouche écoute,
C'est Pinteiligence, l'éveil, qui enfante et réve;
C'est le sommeil qui voit clair;
C'est l'image et le phantasme qui regardent,
C'est le manque et la lacune qui créent.
Esto casi parece una continuación de Baudelaire
O métamorphose mystique
De tous mes sens fondus en un!
Son haleine fait la musique
Comme sa voix fait le perfum.
(Tout entiére).
Sin embargo no se trata en Valéry de sinestesias o de una antítesis de sen-
timientos a la manera de Baudelaire, mi de inversiones mallarmeanas sino
más bien de serias y fructíferas observaciones de las correspondencias de los
distintos sentidos y facultades que producen la “poésie absolute” y constitu-
yen el trabajo del intelecto poético.
Al espíritu contemplativo y al intelecto poético soberano corresponden
la suave armonía de la palabra y la tonalidad de calma de los sentidos y de
tranquilidad espiritual que distinguen su poesía. Las maravillosas imágenes
Je viens au pur silence offrir mes larmes vaines.
Une tige ou le vent vagabond se repose.
Le nourriture d'un baiser.
caracterizadas por una sublime espiritualidad pero sin carecer de claridad
20 E. FRHR, v. RICHTHOFEN
no se encontrarían en la obra de un Mallarmé. La absoluta calma no es tan
sólo necesaria para la concepción poética y las reflexiones profundas, sino
que constituye el requisito indispensable de los sonidos puros que hasta las
cosas mudas dejan oír. En ello reside la “nuance” verlainiana de una tonali-
dad suave, apagada y vaporosa, del Adagio o el Moderato musical. Se adi-
vina en todas partes algo de la concepción básica de este poeta: “Honneur
des hommes! Saint Langage!”” que en metáfora y musicalidad alcanza la má-
xima elevación. De este modo el tema lírico de la soledad y la calma se
trasladó desde Chateaubriand y Lamartine hasta nuestros días. La visión de
Vigny de la aparición del “'esprit pur” encontró en la obra de Valéry su rea-
lización poética. Sus características poéticas sólo pueden comprenderse por
medio de las metáforas y de los efectos musicales de su “fabrication poéti-
que” en los que puso tanto empeño. La necesidad de este esfuerzo artístico
debió habérsele ahondado profundamente en la conciencia en el período de
casi dos decenios de silencio hasta la aparición de ““Jeune Parque” (1917)
y de “Charmes”. Se puede comprobar esto comparando una poesía de sus
“Vers anciens” de fin de siglo con la nueva refundición de 1920. La
“Naissance de Vénus” había aparecido primero sin ningún indicio siquiera
de las aliteraciones que dominan los versos 1-13 de la nueva versión. A
veces la sonoridad, el ritmo, la forma musical del verso han precedido a la
concepción de un poema, como el poeta lo señaló a André Gide refiriéndose
a “Cimitiére marin” y lo mismo con respecto a ““Pythie”. Los efectos sonoros
de la obra lírica de Valéry radican en la admiración del poeta por las leyes
de la música de las que su espíritu estaba lleno aún hasta cerca del momento
de su muerte: “elle (la musique) offre á l'intellect un inmense domaine de
combinaisons pures”. Valéry se esfuerza por hacer de la lengua común
“une voix pure, idéale, capable de communiquer sans falblesses, sans effort
apparent, sans fautes contre l'oreille et sans rompre la sphére instantanée de
Punivers poétique, une idée de quelque moi merveilleusement supérior a
Mor” (Variété V, 162).
La lírica italiana, vigorosa, concreta, clásica no tuvo, como
lo ha expuesto B. Croce, la condición necesaria para recrear la obra de
Mallarmé. La poesía española, por el contrario, contó con reela-
boraciones del simbolismo francés mucho más diestras y hasta más directa-
mente impresionistas; tal el poeta músico García Lorca, del cual
proceden imágenes tan sugestivas como éstas:
Y un horizonte de perros
Ladra muy lejos del río.
La evolución estilística 21
El grito deja en el viento
Una sombra de ciprés.
Por el agua de Granada
Sólo reman los suspiros,
Esto recuerda la forma de expresión del árabe andaluz Aben Said
Almagribi, como lo evidencia el ejemplo siguiente: “El sol, entristecido por
el dolor de la separación, extendió la mano para despedirse del lago”.
Además de lo metafórico, que ya en la prosa del visionario R. del Valle
Inclán había alcanzado un asombroso grado de perfección, las finas vibra-
ciones que emanan de las composiciones de García Lorca, Juan Ramón
Jiménez y J. Guillén señalan una verdadera conquista para la poesía espa-
ñola que evidencia de este modo una marcada evolución poética creativa.
A la manera de los discípulos de Rimbaud y Mallarmé escribe Ra -
tael Alberti. Son evidentes esas influencias, junto con elementos
gongorinos, en su poesía titulada “Corrida de Toros”, tan rica en metáforas,
sensaciones sinestésicas y trueques:
De sombra, sol y muerte volandera
Grana zumbando, el suelo gira herido
Por un clarín de sangre azul torera.
Imitaciones dignas de Valéry se encuentran principalmente en J. Gui
llén, en el algo conceptualista PP. Salinas y en el catalán C.
Riba. Pero, por otra parte en la poesía española no falta casi nunca el
elemento popular de los romances y las coplas regionales, del que no ha
prescindido ni siquiera la poesía intelectualista tal como se transluce, por
ejemplo, en las estrofas de Guillén. Esta regla se ve completamente con-
firmada también por la poesía de la chilena Gabriela Mistral,
arte lleno de sutilezas modernas y sin embargo enérgico, arraigado en el
robusto criollismo.
Para tratar a otros representantes de la poesía moderna de los pueblos
romances, entre los cuales encontramos en Francia a Muselli, Jouve, Super-
vielle, Emmanuel, Audiberti, Breton y Chazal, necesitaría espacio más am-
plio; su estudio lo encontrará el lector por consiguiente en otro lugar. Aquí
sea sólo apuntado que la consagración de los subrealistas al mundo mara-
villoso del sonámbulo subconsciente, en el sentido de una nivelación del
contraste entre la realidad y el mundo ideal que ha de conseguirse por aso-
ciaciones automáticas, ha producido una serie de composiciones sugestivas
22 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
más felizmente logradas hasta el momento por los pintores que por los
poetas. El pretendido equilibrio de una suma de múltiples correspondencias no
siempre se consigue, de modo que creemos ver con más frecuencia una
yuxtaposición que una armónica fusión de imágenes; no pocas veces un
desintegrado mosaico de elementos opuestos, como en la ““Poésie ininterrom-
pue” de Paul Eluard. Entre los factores expuestos se advierte a veces una
laguna, un súbito enmudecimiento por el cual, en lugar de consonancias
rítmicas, se producen entrecruzamientos sintácticos o síncopas. El equilibrio
puede tan sólo ser conseguido por una armónica nivelación de esa polaridad.
Así en el subrealista André Breton la imagen de que “toute
tempéte, au premier beau jour revenu, trouve moyen de s'engloutir et de se
nier dans une perle” parece agruparse alrededor del centro de un cuadro que
representa un paisaje iluminado por el sol, que todavía muestra los últimos
rastros de una lluvia, y el símbolo más bien yuxtapuesto de una perla. En
cambio hoy se anuncia la voz del británico Malcolm de Chazal,
que, solitario en la isla Mauricio, lejos de la escena de tentativas y mani-
fiestos subrealistas, escribe en una prosa francesa acentuadamente lírica y
cuya obra es el resultado de una moderna contemplación poética de la na-
turaleza. Esta consiste en una síntesis de las mejores conquistas del impre-
sionismo simbolista y del subrealismo a través de las cuales el poeta desborda
la “evolution créatrice”” bergsoniana anunciando al mismo tiempo un nuevo
romanticismo. Lo que Vigny había presentido, parece cumplirse ahora:
“Papparition d'un pur sprit” en toda percepción y en toda apetencia;
“aucune diférence ne séparant la réalité du réve, le surnaturel du naturel. . .”
Pero más aun que al ver de Vigny y de Rimbaud, a la intuición de Bau-
delaire, al oír de Valéry, Chazal otorga un sentido profundamente sim-
bólico al tocar de las cosas. Su “prodigieux travail subconscient'””, pone, en
su profunda convicción de que “Verité” y “Beauté” son “indissolu-
bles”, “tout Punivers de la Création en correspondences infinies et
tout le ciel du corps en analogies interchangeables”. Para la interpretación
de su obra exige Chazal “l'exégése qui devine” transformante y autocrea-
dora, obligatoria desde los días de Mallarmé, pues “le spirituel est en fili-
grane”, al igual que después de conocerse el desdoblamiento de los átomos
ya no parece existir ninguna materia. Pero cada detalle sólo se concibe
como consecuencia de una separación transitoria: “la vie est chose compli-
queé et plus indéfinissable que Dieu méme”. De esta atómica y “unani-
mística”” concepción del mundo han surgido bellas imágenes, algunas de
cautivante plasticidad poética como por ejemplo en “Penseés” y “Sens-
plastique”,
La evolución estilística 23
L'Oeil en pleurs est plein de soleils d'eau.
Dans le grenat, le rouge dort dans le bleu.
La mémoire de P'eau et la mémoire de la lumiére se croisent et se
confondent dans la perle.
La asociación de imágenes descansa aquí en medio del cuadro!
Aquellas meditaciones visionarias y acústicas, condicionadas impresio-
nísticamente, accesibles sobre todo a Rimbaud por una parte y a Valéry
por otra, están actualmente a punto de ser sustituídas por meditaciones
románticas, tales como se revelan en la poesía de Chazal. Estas composiciones
están compenetradas de una metafórica simbolista que forma el lazo unifica-
dor de las tendencias más artísticas entre 1850 y 1950. Finalmente hay que
destacar que la evolución más reciente de las formas de expresión poética se-
fala un visible alejamiento de las sólidas estructuras estróficas, metros y ri-
mas; muestran en cambio una continuación del efecto sonoro alcanzado en
latín y romance ya desde antiguo así como una vivificación nueva y consciente
del valor intrínseco de la palabra. Según esta dirección se organizará proba-
blemente algún día el caos actual de las tendencias poéticas que aún luchan
fuera de la tradición y se podrá llegar a una nueva poesía que en germen ya
está en la prosa mística de un Malcolm de Chazal. Una mirada sobre las ma-
nifestaciones de la más reciente poesía francesa, y aún sobre la española, nos
permite comprobar que ellas no han sucumbido a la decadencia pasajera; muy
al contrario, ahora como antes, se vive en una época de fervorosa consagración
a un ideal profundamente sentido de interpretación y simbolización de todas
nuestras fuerzas íntimas, de nuestras percepciones sensibles y experiencias
espirituales, concentración poética que conduce a un nuevo recogimiento
interior.
El simbolismo ha creado imágenes y formas poéticas que en
muchas ocasiones parecen oscuras e incompletas y por eso no del todo
exactas o acabadas de pensar; pero a pesar de ello muchas han llegado a
ser de una belleza verdaderamente encantadora. Esta pintura por medio de rá-
pidas ojeadas refleja, por regla general, sólo cortes o detalles de un aconte-
cimiento y por esto contrasta con la impresión duradera y el efecto definitivo
de los hechos tomados en su totalidad, tal como se manifestó en la primitiva
lírica romance para alcanzar su forma más perfecta en la obra de Dante.
Esto distingue a la verdadera poesía de un mero ideario o un simple relato: la
forma no es solamente un medio para expresar el contenido, sino también una
finalidad equivalente a las ideas (Dante) y a menudo hasta superior (Va-
léry), como en las artes plásticas o en la música.
Los rasgos característicos más destacados de la poe-
sía romance son: el paralelismo, las metáforas y la sonoridad.
24 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
Todos estos caracteres han experimentado en ella un desarrollo sumamente
variado. Junto a ellos se observa además una distribución racional de los
elementos sintáctico - estilísticos, así como el lenguaje patético, la expresión
preciosista y amanerada y la fina sutileza de los matices. Vemos destacarse
ante nosotros una evidente evolución estilística desde las descripciones escue-
tas o entusiastas de los cantares de gesta, pasando por la plasticidad y sono-
ridad del primitivo renacimiento italiano por una parte, y el pathos racional
o las expresiones preciosistas de la poesía dramática de la Romania occiden-
tal por otra, hasta una metafórica primero sentimental y luego más y más
espiritualizada para finalizar en el arte estilístico de la matización. La misma
comprobación que acabamos de hacer a base de ejemplos sacados de la
poesía lírica, épica y dramática puede ser realizada igualmente en la prosa,
pues en un estado idiomático flexible y adelantado a veces se trasladan
también a ella los elementos característicos de la poesía, el vocabulario
selecto, las metáforas y hasta los efectos sonoros.
No se puede pasar por alto el dualismo de espíritu y forma (““Gehalt
und Form”) propio de algunas composiciones de la antigua epopeya ro-
mance ('“esprit germanique dans une forme romane'') ; de la Commedia dé
Dante (representación del mundo medieval en una forma nueva que en
parte recuerda los procedimientos de la Antigiiedad; durante toda una
centuria llegó a ser de una influencia decisiva pudiendo ser conceptuada
en virtud de sus radiaciones ya como renacentista); de las fábulas de La
Fontaine (claridad y precisión en la expresión, en medio de un “désodre”
métrico, imperceptible sin duda a causa de la genial construcción de la
frase como superación de la poesía barroca anterior de la Astrée) y de la
lírica del siglo XVIII (que debido al culto de las formas tradicionales no
había admitido un verdadero rococó).
Característica de la Romania parece ser también una vuelta permanente
alas formas tradicionales, aún en las épocas modernas: las
libertades románticas son abandonadas de nuevo y sustituídas por las formas
tradicionales del parnaso y los extravíos del impresionismo simbolista son
paulatinamente dejados y reemplazados por un clasicismo moderno ya en la
obra de un Valéry. Muchos rasgos modernos de la poesía absoluta
coinciden, como Ernst Howald señaló en la obra de Mallarmé y Va-
léry, con los principios estilísticos de la lírica romana. Víctor Hugo
apareció teóricamente como moderno, pero en la práctica quedó arraigado,
en muchas ocasiones, al clasicismo; convirtió la antítesis en una mutua com-
penetración (“le beau et le laid””), de manera que en el fondo la conservó.
Su atenuación no fué lograda antes de la mitad del siglo XIX, debido a
los métodos científicos de aquel tiempo; por otro lado la exaltación del
La evolución estilística 25
sentimiento afectivo de los prerrománticos ('le beau””) fué reemplazada
muy pronto en Flaubert, Balzac, Becque y, en sus últimas consecuencias,
tal vez en Sartre, por el extremo opuesto ('le laid”). Durante el primer
tercio del siglo, las tentativas antirrománticas francesas constituyen una
nueva aclimatación de lo tradicional, junto con las escuelas tradicionalistas
de Moréas, Mary y del Félibrige. Esta tendencia ha ido deteniendo siempre
el proceso de europeización de la vida espiritual francesa, que fué una de las
ideas más poderosas del siglo XVIII. Es evidente que las bases de la litera-
tura actual deben buscarse ya en la Francia prerrevolucionaria, como ha sido
vislumbrado por la certera sagacidad de los hermanos Goncourt: “Voltaire
a enterré le poéme épique, le conte, le petit vers, la tragédie. Diderot a
inauguré le roman moderne, le drame et la critique d'art. L'un est le dernier
esprit de l'ancienne France, l'autre le premier génie de la France nouvelle”.
Shakespeare, que no había logrado arraigarse, no puede ser considerado
como el precursor del realismo moderno. Flaubert lo entendió, sin duda, en
todo su significado en 1875... pero era demasiado tarde. En Alemania,
el poeta inglés había despertado más bien el idealismo. Alemania estuvo
siempre más cerca de Shakespeare; Francia en cambio lo ha pasado más
por alto, de modo que los resultados no son los mismos en ambos países a
pesar de que hubieran podido serlo en principio. Sólo difícilmente los poetas
romances pueden desprenderse de sus tradicionales formas de pensamiento y
de expresión; en cambio un aumento del ritmo musical, tal como se manifiesta
por ejemplo en el madrigal italiano, en Metastasio y en Verlaine, parece
representar un alejamiento de los preceptos tradicionales. Esto coincide con un
relajamiento de la estructura del verso, que con frecuencia se apoya en la can-
ción popular. Prematuros desarrollos de esta clase ofrecen también los Carmi-
na burana del latín medieval, la lírica provenzal, el Discordo de Giacomo da
Lentini y otros. En la historia de la poesía romance la tradición hace las
veces de corriente profunda de un río, cuyo movimiento ondulatorio en la
superficie puede ser contrario a aquella según la dirección y fuerza del
viento. Francia se alejó de la fuente mucho más que el resto de la Romania.
La “imitatio” constituye una de las condiciones primordiales de
la evolución de la poesía. Ella es el resultado de un encuentro cultural que
- se realiza casi siempre por un contacto directo del poeta con las formas
artísticas extranjeras todavía no aclimatadas. Constituyen ejemplos de esto
los viajes de los escaldos nórdicos a las cortes meridionales en la época de
las Cruzadas, los viajes de los sonetistas españoles y franceses a Italia, la
visita de Voltaire a Inglaterra por la que pudo acercarse más a Shakespeare.
Son manifestaciones del mismo fenómeno las investigaciones de Winckel-
mann sobre el arte clásico en lo que respecta a los alemanes, la revelación
26 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
de El Greco por Justi para el mundo occidental, así como los intentos de
Huidobro y Gabriela Mistral para reanudar una conexión entre el mundo
criollo y la cultura europea. En todos estos casos podemos apoyarnos en
testimonios concretos que muestran hasta cierto punto el camino que ha
hecho posible tales contactos. La literatura comparada suele poner de relieve
lo que une y vincula a las literaturas occidentales destacando así depen-
dencias más o menos estrechas. Sin embargo ella se ha empeñado en raras
ocasiones en encontrar el camino por el que se han efectuado las transmisio-
nes. Siguiendo tal ruta se comprenderá lo que la europeización de la poesía
debe a la obra de ciertas individualidades.
La “imitatio”” suele ocasionar una crisis en el ambiente tradicional que
primero produce conflictos y que sólo después, por la fusión de los elementos
tradicionales con los nuevos factores aportados por un determinado poeta,
conduce a una verdadera evolución. Si se ha alcanzado esta nueva cumbre,
puede originarse del encuentro —a veces también infructuoso— una relación
literaria indeleble. Tales relaciones ofrece la Chanson de Roland (elementos
de la poesía artística latina junto a elementos francos), Gormond et Isembart
(asociación de rasgos nórdicos), el Cid (elementos de la épica francesa en
medio de una forma poética autóctona), la Commedia de Dante (véase más
arriba), las fábulas de La Fontaine, las tragedias de Racine (clasicismo) y
Voltaire (Shakespeare dentro de un mundo clasicista), Musset (renacimiento
italiano e influencia shakespeariana), la lírica de los parnasianos (en el sen-
tido mencionado más arriba), etc.; en Alemania, Schiller (Corneille y
Shakespeare), el Tasso de Goethe (Racine) y el Divan (Oriente), Rilke
(poesía francesa moderna), etc. También la evolución es principalmente
obra de ciertos individuos quienes, por los encuentros con determinadas
obras, por las discusiones y problemas que ellas suscitan, por las propias
creaciones y la influencia que ellos mismos irradian, establecieron verdaderas
relaciones culturales. Compañías ambulantes lograron formar en la lejana
Copenague un teatro de gusto francés. Holberg le agregó más tarde el matiz
típicamente escandinavo. Si Holberg no hubiera encontrado eco en París
y el recibimiento de su obra en el entonces centro de la comedia europea
no se hubiera realizado con tanta felicidad, ¿se habría presentado en Dina-
marca ya en el siglo XVIII un Marmier, el descubridor francés de An-
dersen? ¿Cómo fué posible que obras como las de Kierkegaard, Shakespeare,
El Greco, los cantares de gesta medievales, el canto de vasallaje y la poesía
renacentista italiana no pudieron granjearse las simpatías de los países extran-
jeros durante la primera década o el primer siglo de su nacimiento? En estos
casos debieron haber faltado durante mucho tiempo las personalidades inter-
mediarias. La participación de determinados individuos, es decir, de ciertos
La evolución estilística 27,
poetas excepcionales, no puede pasar inadvertida para la crítica y su conside-
ración debe tener la misma importancia que los factores sociológicos, Por cier-
to la evolución no precisó siempre como condición necesaria la “imitatio” o el
encuentro. En este caso ella no presentará ninguna relación cultural. La
extraordinaria importancia que debe prestarse a la creación espontánea jus-
tifica el valor particular que nosotros le hemos atribuído fundándonos en
numerosos argumentos.
En la Edad Media han convivido durante largo tiempo las tres cul-
tura occidentales vecinas: la románica, la germánica y la is-
lámica antiguas; y sin embargo no se han fusionado. Distinguimos tal
convivencia en la lírica amorosa islámica y provenzal —seguramente deri-
vadas de prototipos comunes (platónicos) — y podrían también citarse las
visiones transcendentales árabes descubiertas por Asín Palacios, Riiegg y
Cerulli en la obra de Dante, entre las cuales podría considerarse por ejemplo
la visión paulina como un posible prototipo de la arábiga y la dantesca. El
mundo transcendental de Dante es una “aura magica”? que nos fué revelada
hace poco por Gerhart Hauptmann en los tercetos de ““El gran sueño”.
También aquí en el caso de haberse realizado algún enlace, sería obra de
personalidades aisladas. Tal vez el escaldo nórdico Sighvatr ha prestado
servicios de pioneer en su viaje a través de la Romania. Por otro lado es
hoy día muy bien conocida la importancia que tuvieron las peregrinaciones
y cruzadas para la poesía épica, gracias a las investigaciones de Bédier,
Becker, Mireux y otros. En cuanto a la Romania debe ser recalcado sin
embargo que ésta se encontró cara a cara con una cultura germánica hasta
cierto punto superior (puesto que ya poseía una Edda y una poesía escalda)
de la cual ella habría podido nutrirse, como la Germania se nutrió durante
los siglos posteriores en las fuentes romanas. Sin embargo precisamente las
más antiguas relaciones literarias son las más difíciles de averiguar. El con-
junto aparece tan destrozado que debemos rehacerlo pedazo a pedazo. Una
mirada sobre las ruinas de la epigrafía y los documentos muestra mucho más
lo fragmentario e hipotético que lo documentado o lo seguro.
Todo esto cambió en el siglo XIII, vale decir cuando la Edad Media
declinaba, período en que la compilación de manuscritos aumenta. Entonces
se realizó una mutua compenetración de cantos épicos y caballerescos, hecho
que demostró además que las finalidades de aquellos géneros eran semejan-
tes aunque por mucho tiempo no se habían juntado. Un verdadero crisol de
relaciones literarias llegó a ser precisamente la Commedia. No en verdad
porque ellas se hubieran presentado a Dante por sí mismas: ese espíritu
grande y abierto las buscó y las halló él mismo, las manejó soberbiamente y
las configuró con la fuerza de su individualidad. Más intensamente que
28 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
cualquier otro país de la Romania la conservadora Italia empezó con
Dante a apropiarse de tendencias literarias, sobre todo francesas, vinculán-
dolas a la tradición nacional, rasgo que fué común al moderno simbo-
lismo poético, a la novela y a la poesía épica (Ariosto!). Pero también
Francia y España poseen esta disposición como ya expusimos anteriormente.
Sin embargo cuando los encuentros culturales resultaron infructuosos y no
pudieron conducir a un contacto estrecho porque las condiciones no fueron
propicias, ha sido la mayor parte de las veces en perjuicio de los géneros
literarios. La comedia parece ofrecer mayores dificultades a los países de
habla alemana que a los pueblos romances; por otra parte, la moderna novela
social parece estar más en boga entre franceses y americanos, quienes, a su
vez, no poseen ninguna novela pedagógica del espíritu y estilo del Wilhem
Meister o sus numerosos descendientes. Sin embargo no vemos en tales
observaciones la finalidad de nuestro estudio; ésta debe residir más bien
en mostrar las relaciones culturales que en buscar las raíces de la psicología
nacional de los pueblos. Miradas por sí mismas, las culturas de deter-
minados pueblos con sus distintas lenguas y literaturas valen para nos-
otros tanto como los hombres solitarios que comparten su destino con el
de las islas. Merecen nuestra atención principalmente por sus encuentros
con el mundo circundante y las relaciones que con él sostienen así como per
las posibilidades de comparaciones que ofrecen al estudioso.
También requiere una aclaración el problema de determinar si las épocas
de esplendor literario están en relación causal con la evolución lin-
gúística. Más de una vez se reproduce el fenómeno curioso de que los
mayores representantes de madurez humana se encuentran al final de una épo-
ca o bien hacen de intermediarios iniciando un período nuevo. No sólo puede
ser considerada la época de Homero como un “siglo acelerado”, en que
“terminan muchas cosas viejas y se preparan muchas futuras” (W. Schade-
waldt) sino también la época de Augusto representada por Virgilio y Ovidio;
la de Dante, otoño medieval en los umbrales del Renacimiento italiano; la
obra de Cervantes, en medio de una época cultural todavía de oro, en la cual
sin embargo ya el sol de España había empezado a sumergirse en el mar; el
clasicismo tardío de Goethe que desemboca en el romanticismo naciente y
el legado lírico de Valéry, sublimación originada por influencias clasicistas
y por las sensaciones simbólicamente ópticas, acústicas, espirituales y lin-
giísticas del impresionismo anterior.
Constituye también un problema el dualismo que caracteriza los medios
de expresión de la poesía italiana moderna: desde el “Seicento”” podemos
comprobar en el pueblo italiano, una aptitud musical extraordinaria; por
otra parte, casi no se observa ningún aumento considerable de creación
La evolución estilística 29
poética, sino muy al contrario, un evidente retroceso. La evolución de la
lengua poética italiana se parece a la de un niño prodigio, Madurado precoz-
mente cristaliza en la obra de Dante y desde entonces no experimentó subs-
tanciales variaciones hasta el presente. Y esta maravilla se verificó en el
período de menos de cincuenta años que va desde la terminación del Roman
de la Rose y el nacimiento del Libro del Buen Amor, inmediatamente des-
pués del 1300. Durante más de los tres siglos siguientes la poesía italiana
continuó su ascendente peregrinación; después debió empezar su descenso,
a no ser que renunciara a su propia vida y se resignara a ser elemento
secundario en las composiciones musicales, como en la poesía-libreto de
Metastasio. De manera que Italia ya no produjo ninguna figura poética
que fuese capaz de disputar la jerarquía a Racine, Moliére, La Fontaine
o los simbolistas. La dimensión del arte poético italiano ya sólo se aumenta
por dos verdaderos poetas: Manzoni y Leopardi; comparado con ellos, el
mismo Carducci ni siquiera puede ser considerado como verdadero creador
original. En contraposición con la uniformidad tempranamente conseguida por
la poesía italiana y al evidente contraste que ofrecen las formas de expresión
del clasicismo francés en Racine y La Fontaine, la literatura del Siglo de
Oro español, en su evolución hacia lo barroco, revela, por su parte, más bien
un flujo y reflujo o una mutua confluencia de las más diversas direcciones
estilísticas que desembocan en el Quijote y en él pugnan por fusionarse. Pa-
recida inclinación muestra ya el Arcipreste de Talavera con su traducción de
la doctrinal Reprobatio Amoris del sacerdote Andrea y las deliciosas inter-
calaciones de proverbios y relatos populares, Reminiscencias antiguas lucen
en determinadas partes de la Celestina, lo que da a esta obra un doble
aspecto en el espíritu y en la forma.
Es evidente que las épocas líricas comienzan por lo general con la
creación de innovaciones lingiiísticas, hablando más exactamente, fonéticas
y sintácticas. Ningún género literario está tan favorablemente afectado por
tales innovaciones como el instrumento tan finamente cincelado de la poesía.
Las obras de Virgilio, Horacio y Ovidio no hubieran sido posibles sin el
ejemplo de la retórica de Cicerón con sus nivelaciones estilísticas; las escuelas
poéticas italianas, sólo desde Dante y Petrarca, la lírica francesa del Renaci-
miento y del clasicismo, después de la creación de una lengua artística uni-
forme, depurada de toda aspereza; el romanticismo y el impresionismo, sólo
después que la lengua se hubo liberado de los usos de corte y de la sujeción
a las reglas. Los estilos artísticos se forman por lo general en épocas en las
que una nueva evolución llega a su término; casi nunca faltan entonces gran-
des figuras creadoras. Una observación semejante ha sido hecha por T. E.
Elliot en su discurso pronunciado ante la Sociedad Virgiliana Londinense.
30 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
Hace constar que una lengua maleable es el material que engendra a un
poeta clásico y sólo cuando la lengua ha alterado suficientemente, en el
correr del tiempo y con las transformaciones de la vida social, el vocabulario,
la sintaxis y más aún su cadencia, entonces puede llegar a producirse nueva-
mente un poeta dramático de la grandeza de Shakespeare o un épico como
Milton.
Séame aun permitido echar una mirada sobre la zona de ex-
tensión de las diferentes formas poéticas en la Romania. Tal panorama
nos mostrará que en diversos centros se han formado estilos particulares.
Es ya bien conocido que Grecia desarrolló una lírica específica en Jonia,
otra en Lesbos y otra en Beocia, así como también una lírica eólica no
atestiguada, una prosa jónica y ática y una tragedia ática. En la Romania
occidental, Francia del Norte y Castilla se destacan como las regiones donde
se originaron y donde principalmente se difundieron los cantares de gesta.
También la alta tragedia tuvo allí, particularmente en el siglo XVII, su
mayor florecimiento. Es la antigua área de colonización de los francos en
el norte y de los visigodos en el sur. A través de Francia pasa el límite
lingilístico que separa la zona francesa de la provenzal. Coincide poco más
o menos con la línea donde hizo alto la mayoría de los pobladores francos,
correspondiendo tanto a las antiguas “civitates”” belgas y celtas en el Norte de
la Galia frente a las de los aquitanos y provenzales en el sud, como a la
difusión de la cultura Silex en Septimania y Provenza durante el alto neo-
lítico y a numerosos límites geográficos (clima, vegetación, etc.). En las
regiones septentrionales no sólo tuvo vida la poesía épica sino que también
se originó y desarrolló la épica caballeresca cortesana, el romanticismo y
la lírica simbolista. Durante mucho tiempo también la Provenza tuvo una
posición especial a causa de su temprana romanización, de la influencia
germánica relativamente reducida y del florecimiento del feudalismo medie-
val. Nos brindó su lírica amorosa y el estímulo para su ulterior florecimien-
to y desarrollo en otros países. Con la desaparición de esta poesía se perdió
también la lengua literaria provenzal, probablemente porque la guerra de los
albigenses abolió el feudalismo, pero quizá también porque la Provenza
había carecido de una figura poética verdaderamente superior. Italia, por
su parte, hasta la aparición de Dante, debió, en lo que se refiere a la lite-
ratura, ceder el lugar a su provincia vecina. La poesía caballeresca, artifi-
ciosa y lírica a la vez, representada principalmente por Chrétien, quedó
reducida al principio al noreste de Francia; más tarde floreció entre los
normandos (y alemanes), pero no se cultivó en el resto de la Romania
salvo en la Italia del Renacimiento donde tuvo una difusión muy limitada,
fusionando ya en forma decadente la épica cortesana y los cantares de los
La evolución estilística 31
tiempos anteriores. Los cantares de gesta franceses fueron refundidos tam-
bién en la Provenza y en la Italia del norte, Toda la región en la que resona-
ron los cantares de gesta, coincide aproximadamente tanto con la esfera de
influencia franca en la alta Edad Media, vale decir, con la del imperio
carolingio posterior, como con el antiguo dominio de los celtas, quienes no
sólo habían penetrado en Galia, en la vasta llanura del Pó y en Castilla del
norte sino que se habían apoderado también de Galicia y Lusitania. Sangre
celta debió haber corrido también por las venas del mantuano Virgilio. La
esfera de influencia celta y la irradiación de los cantares de gesta terminan,
en efecto, allí donde, según las investigaciones de la moderna geografía
lingiiística, la Romania occidental se separa de la oriental (línea La Spezia-
Rimini).
Italia fué la cuna de las lenguas en las que se pudo lograr el efecto
sonoro más intenso: el elevado lenguaje de Virgilio y Ovidio y las formas
poéticas de un Dante y de un Petrarca. Trátase de una de las regiones
lingúísticas más conservadoras, es decir, la zona toscana, en la que se originó
el italiano literario; la región que evita la metafonía vocálica, la ii del norte,
la geminación del sud y en parte también la sonoridad, la que suprime la
s final de las palabras haciéndolas terminar en vocal. También la heleniza-
ción de la lengua literaria latina y el Renacimiento tuvieron su origen en
Italia. Fué ella además la patria de la epopeya renacentista que encontró
en Iberia su continuación uniéndose con la narración histórica de la épica
colonial portuguesa y española. Pero antes había llegado a ser ya la cuna
de la comedia, trasplantada después a todos los pueblos de la Romania.
En ésta se manifiesta aun más que en la tragedia un evidente movimiento
de este a oeste: en España fructificó notablemente y en Francia llegó a su
culminación. Principalmente la Italia meridional fué un punto de partida de
tales evoluciones literarias; por primera vez, respecto a la poesía latina; poco
después de la colonización griega, en el siglo VIII antes de Cristo; por se-
gunda vez, en la época de los Hohenstaufen por la renovación de la poesía
amorosa y la preparación de un nuevo lenguaje poético.
Rasgos tan esenciales como los hallados en el área literario-geográfica
del este y del oeste no se encuentran en la Romania meridional.
Sólo se pueden establecer relaciones lingiiísticas, co-
mo por jemplo, la acentuación generalmente paroxítona en contraposición a
la comúnmente oxítona del francés. Ella coincide, en el centro de la Penín-
sula Ibérica, en la mayor parte de Cerdeña y en la Italia meridional, con
la tendencia a aspirar o a suprimir la f en posición inicial o intermedia. Se
trata en este caso de regiones que habían sido pobladas por iberos y por
pueblos líbicos emparentados con ellos, en los que no sólo han permanecido
32 E. FRHR. v. RICHTHOFEN E
vivos el arte popular islámico y los temas orientales sino también el culto
al toro. Pero no se puede de ninguna manera deducir de tales indicios co-
munes una unidad espiritual del mundo mediterráneo tal como existe en el
norte de Francia, en relación estrecha (en lo que se refiere a la poesía épica
y a aspectos lingiiísticos) con el norte germánico. Existen correspondencias
fonéticas en el relajamiento o pérdida de las oclusivas sonoras intervocálicas,
en la palatalización de la a acentuada y en la pérdida de la e final. Con el
germano tuvo de común el francés aún la diptongación de e y o que no afec-
tó en el mismo grado al resto de la Romania. Francia precedió a los demás
idiomas romances en el debilitamiento o pérdida de la vocal final así como
en el tratamiento ulterior de los diptongos. En esto alcanzó ya el grado eu,
mientras que España y la Provenza permanecen aún en ue; Italia en uo
y Portugal todavía en o. El francés, con la forma eu, se encuentra ya en el
camino de regreso a la monoptongación, evolución circular que ya se ha
consumado hoy en el territorio de la Germania. Trátase de la tendencia
constante a la monoptongación que caracteriza a las antiguas y nuevas vo-
cales de la rama latina del tronco indogermánico.
Son numerosos los ejemplos que podríamos citar todavía para demos-
trar el alejamiento que experimentó el francés de la primitiva sustancia
latina. En medio del conjunto de las lenguas romances el francés se carac-
teriza por su cadencia moderada, que se agudiza a veces en la lengua poé-
tica, como en Corneille, o se atenúa en una melódica suave y sutil,
como en las poesías de Verlaine, con las que tan bien concuerdan las com-
posiciones de Debussy. Difícilmente se podría encontrar otro idioma que,
como el francés, se relacione tan estrechamente con el canto hasta el punto
de disminuir paulatinamente su perceptibilidad y desaparecer, a veces casi
completamente, detrás de los elementos melódicos. Debido a su carácter
flexible y a su suave ritmo parece el instrumento más apropiado para el
impresionismo poético así como para las tentativas de poesía absoluta. Cómo
se pudo realizar la evolución fonética del francés en la lírica, lo demuestra
en efecto la posibilidad de hacer versos cortos del tipo:
La lune blanche
Luit dans les bois
que en español e italiano implicarían una ampliación de la cantidad silábica
y cuyo matiz acústico apenas lograría el mismo encanto. Comparado con el
francés, el español se muestra más monótono, a la vez que más pleno de soni-
do, más áspero, a veces torpe o pomposo. Hasta el arte poético de García
Lorca y J. R. Jiménez no puede acercarse tanto al ideal verlainiano como las
y
La evolución estilística 33
poesías de muchos líricos franceses del tipo de Valéry, Fargue y Reverdy. Los
versos de Alberti sólo reflejan el aspecto exterior y el vértigo momentáneo de
los sentimientos de un observador; son pinturas fascinantes, sin embargo pare-
ce que apenas emana de ellas efecto melódico por la disposición de las
palabras y frases.
Los rasgos característicos del francés moderno se basan en el frecuente
relajamiento y aun supresión de consonantes. Este proceso encuentra hasta
cierto punto su respectivo equivalente en la pérdida de las vocales átonas
y en el ensanche de la base de articulación por el comportamiento de las
otras vocales sobre todo en posición tónica. Al mismo tiempo se produjo,
a causa de la frecuente palatalización de monoptongos (a, u) una elevación
de la escala tónica. La fonología comparativa muestra que el francés ha
suprimido casi el doble de consonantes que el español y el italiano. Las
vocales se aproximaron más produciendo, por su encuentro, alargamientos,
sonidos de tránsito o diptongos, fenómeno que contribuyó considerablemente
a la ampliación del vocalismo francés. Por otra parte esto tuvo su compen-
sación en el hecho de que sólo el francés llevó a cabo con tanta regularidad
el apócope y con ello eliminó más vocales átonas que las demás lenguas de
la Romania. También aquí se ve que alcanzó un grado más avanzado
mientras que el español ocupa la posición media: el francés apocopó todas
las vocales átonas en posición final, el español sólo la e y la i, el italiano
únicamente la e.
El italiano, a causa de la conservación de las antiguas vocales finales,
aparece casi como la más sonora entre las lenguas románicas occidentales;
el francés ha creado, en cambio, mayor cantidad de medios de matización,
mientras que el español se detiene a medio camino en el debilitamiento con-
sonántico, en la reducción de las vocales y en la diptongación. Llegó a ser
una característica de éste también la sustitución de la f por la h, (que
comenzó ya antes del siglo XI). En ciertos casos la diptongación (asegura-
da ya desde el siglo X) ha salvado a la f inicial de la pérdida completa
(fuente, fuerte etc.). La influencia vasca, a la cual fué el español casi
completamente impermeable, fué detenida en este caso por el fenómeno
románico de la diptongación y tal vez no habría surtido ningún efecto si no
hubiera existido ya una disposición ibérica a la pérdida de la f. Por otra
parte el árabe, lengua tampoco indo-germana, pudo acrecentar considera-
blemente el vocabulario español, aun el de la lengua poética. Este hecho
característico debe encontrar su explicación sobre todo en el sorprendente
engarce del vocabulario árabe en el español. La articulación y acentuación
de los arabismos españoles corresponden con bastante fidelidad a las de
sus originales. Así en muchos casos fueron intercaladas en el español las
34 E. FRHR. v. RICHTHOFEN
sonoras consonancias vocálicas entre las radicales de raíces semitas (alcázar,
alhaja, arrabal, halagar, hasta, etc.), fenómeno que indudablemente repre-
senta también una conquista para el lenguaje de la poesía. “También el con-
sonantismo de las voces advenedizas árabes concuerda casi siempre con el
de los originales. Al aceptar el arabismo, el español no adoptó ningún sonido
extranjero sino que conservó su expresión fuerte y plena e incluso la enri-
queció. Comparado con la gravedad del español, el italiano aparece más
diáfano y a la vez más lleno de facetas; la tonalidad del francés más dulce,
más pulida, más suavizada pero también más rica en matices.
Es evidente que la Romania ha rechazado poderosas influencias prove-
niente del exterior y esto vale también, si no me equivoco, en lo que se refiere
a la evolución estilística, para la creación poética, De las relaciones literarias
que hemos destacado y que fueron en su mayoría resultados de un fructífero
encuentro de determinados poetas con culturas diferentes, no todas ejercieron
su influencia por largo tiempo pues en general tendían a una asimilación y
aun no puede decirse lo mismo de las relaciones interrománicas, como lo
demuestran las tentativas de renacimiento periódicamente repetidas. En
general lo románico se encerró herméticamente en sí mismo y cuando adoptó
y elaboró sugerencias poéticas exteriores sólo se mostró susceptible de ver-
terlas en las formas románicas tradicionales, evolución que albergó gran
cantidad de posibilidades debido naturalmente a las diversas condiciones de
pueblos y lenguas. Las diferenciaciones dependen de la especial dificultad,
tanto espiritual como estética, de los distintos pueblos románicos; las homo-
geneidades, de la común sustancia latina hondamente arraigada en la con-
ciencia así como de las recíprocas relaciones culturales, a menudo de tanto
alcance que originan perspectivas y proyecciones comunes a toda Europa.
La genial facultad de evolución que caracteriza a numerosos poetas altamen-
te inspirados de la Romania condujo a una sublimización de la expresión
poética que llegó a ser el ideal, la admiración y el amor de todos aquellos
que son sensibles a las emociones que derivan de las obras artísticas del verso
y de la palabra,
Universidad de Francfort
Erich FRHR. V. RICHTHOFEN
Traducción del alemán por M*, E.
Zappacosta de Willmott, Mendoza
BIBLIOGRAFIA
El autor presenta aquí una síntesis muy comprimida de diversos tra-
bajos en publicación o que aparecerán en breve, principalmente del libro
mencionado en la página 1 nota 1), Die poetische Sendung der [RRomanen.
Los trabajos especializados sobre los que éste se basa son: Zu den poeli-
schen Ausdrucksformen in romanischer Epik (Heldenlied-Dante) y Skan-
dinavisch-romanische W'ortbeziehungen ambos para la ZRPh; además
Dantes Abhandlung iiber die Mundarten ltaliens im Lichte der modernen
Sprachgeographie para el Homenaje a F. Kriger, Cerhart Hauptmann und
Dante en Archiv fir das Studium der Neueren Sprachen, Jahrg. 1950,
y Vigny als poetisch-philosophischer Wegbereiter des Symbolismus (en
preparación).
Con anterioridad han aparecido Alfonso Martínez de Toledo y su
Arcipreste de Talavera. Halle 1941, publicado también en la ZRPh LXI
(1941) y Studien zur Romanischen Heldensage des Mittellalters. Halle
1944,
De la extensa bibliografía que podría ser consultada sólo menciona-
remos P. Valéry, De Penseignement de la poétique. Variété V, Paris 1945.
Th. Frmgs, Europáische Heldendichtung. Neophilologus, t. 24, 1938.
Aben Said Almagribi, Libro de las banderas de los campeones. Comp.
Dámaso Alonso, Poesía arábigo-andaluza y poesía gongorina. Ensayos
sobre poesía española. Buenos Aires 1946, pág. 29 y sig. En el mismo
tomo, pág. 69 y sig., véase el estudio Estilo y creación en el Poema de
Mio Cid. A. González Palencia, Literatura arábigo-española, Barcelona,
1945, pág. 109. S. Pellegrini, Íntorno al vasallagio d'amore nei primi
irovatori. Cultura Neolatina IV/V (1944/45), págs. 21 y sigs. R. Me-
néndez Pidal, La epopeya castellana a través de la literatura española.
Buenos Aires 1945. (dibujo frente a la pág. 24). Meillet, Apercu d'une
histoire de la langue grecque. Paris 1913. L. Spitzer, Romanische Stil -
und Literaturstudien Il, 211 y sigs. Marburg 1913. P. V, Rubow, Shake-
speare paa dansk. Copenhague 1932. A. Gide, Hamlet. Paris 1946. A.
Breton Arcane 17. New York 1945. Id., Poémes. Paris 1949. M. de
Chazal, Sens plastique. Paris 1948. Id., La vie filtrée, Paris 1949. E.
Howald, Das Wesen der lateínischen Dichtung. Erlenbach-Zúrich 1948.
Sobre X. Marmier comp. H. Topsúe - Jensen, Omkring Levnedsbogen
(H. C. Andersen). Copenhague 1943. M. Asin Palacios, La escatologia
musulmana en la Divina Comedia. Madrid 1943. A. Riiegg, Die Jenseits-
vorstellungen vor Dante. Ziirich 1945. E. Cerulli, 11 * Libro della Scala”
e la questione delle fonti arabo-spagnole della Divina Commedia. Citta del
Vaticano 1949. W. Schadewaldt, Homer und sein Jahrhundert. Das neue
Bild der Antike 1, pág. 51 y sigs. Leipzig 1942. E. K. Neuwonen, Los
arabismos del español. Helsinki 1941.
LA CRISI DEL LINGUAGGIO POÉTICO ITALIANO
NELL* OTTOCENTO
E noto quale importanza ebbe la cosiddetta questione della Lingua nella
storia del pensiero italiano nell * Ottocento, e ne € stato largamente discusso
Y aspetto teorico ?, Meno dettagliatamente + stata studiata la ripercussione
delle discussioni teoriche nella prassi degli scrittori; Pinteresse si € concen-
trato soprattutto sulla prosa e, particolarmente, sulla prosa del Manzoni e
del suo romanzo ?. Per la poesia possediamo soltanto una serie di saggi
del De Lollis 3); essi sono ancora fondamentali; ma, purtroppo, essi si
arrestano sulla metá del secolo (V'ultimo saggio é dedicato allo Zanella)
e non permettono di seguire la questione fino alla sua soluzione; inoltre, il
De Lollis parteggia per i tradizionalisti sicché le sue indagini fanno ancora
parte della stessa polemica e conservano quindi un carattere precettistico %.
Tuttavia egli ebbe il merito di attirare l'attenzione sul problema della lingua
nella poesia dell'Ottocento.
Infatti, la poesia segui un'altra strada che non la prosa e, richiede una
D- Si veda G. Mazzoni, L'Ottocento. 1938, p. 328 sgg. e la bi-
bliografia ivi indicata.
2) Mazzoni, op. cit. 316 sgg. con la bibliografia a p. 325 sg,,
p. 350 sgg. con la bibliografia a p. 375.
3) Cesare De Lollis, Saggí sulla forma poetica italiana dell'Otto-
cento, editi a cura di Benedetto Croce, Bari, Laterza, 1929.
41 Essolo a lettura fatta che ci si viene a rendere conto del filo condut-
tore che tiene riunite queste pagine. Questa idea fondamentale viene dal
Croce riepilogata nel proemio come segue: “A primo aspetto, sembra che
questo pensiero consista tutto nell'affermazione della ripugnanza che la
poesia italiana mostra invincibile per le parole e pel tono realistico e fa-
miliare””; e piú oltre: **...il vero pensiero che li muove € piú profondo.
E la restaurazione del valore che spetta alla tradizione nella nostra storia
della poesia, l'impossibilitá di spezzarla e di saltarvi sopra, la necessitá di
conservarla sempre, innovando”. Il che serva anche a dimostrare che il
Croce condivide le opinioni del De Lollis,
La crisi del linguaggio poetico italiano nell'ottocento 37
trattazione particolare. Ed € evidente che la storia della poesia lirica ita-
liana dell'Ottocento dovrá anche rispondere, quando essa si rivolge al
problema formale, alla questione: come si rispecchia nella prassi poetica
la questione della lingua e quali aspetti prese quest'ultima in relazione alla
poesia lirica?
Nelle pagine che seguono si cercherá di rispondere a questa questions,
almeno per sommi capi %, cercando una via di mezzo tra la trattazione
monografica quale si addice allo studio dello stile linguistico di ogni poeta
e l'intenzione di mettere in evidenza le linee generali dello sviluppo culturale
di cui i singoli poeti fanno parte, partendo dal primo romanticismo per
arrivare fino alla prima Guerra Mondiale, abbracciando cosi l'intero ciclo.
La Questione della lingua fu una questione tipica della situazione
culturale italiana e non trova riscontro in alcuna delle altre letterature europee.
Pero, se teniamo d'occhio unicamente la poesia lirica, potremo osservare
che il problema non solo si presenta in maniera diversa sia per la prosa
italiana, sia per la poesia, ma anche che nel campo della poesia lirica
accade in apparenza qualche cosa di simile nella letteratura francese. Anche
h si parló di un rinnovamento del linguaggio della poesia. Questa poesia lirica
francese si presta dunque a un paragone, che non puó essere se non dei
piú istruttivi; infatti, esso servirá a dimostrare quanto sia particolare e
schiettamente italiano il problema che ci accingiamo ad indagare, e aluterá a
rendere chiaro il carattere dello stesso. Cerchiamo dunque prima di chiarifi-
care questo, per seguire poi le principali tappe della risoluzione della crisi.
1H
Le cause prime che cagionarono la crisi del linguaggio poetico in
Italia nell'Ottocento non hanno nulla di particolarmente italiano; esse
risiedono nel mutato concetto della poesia e delle sue funzioni nel corpo
sociale che fu comune patrimonio dell'estetica romantica europea. In Italia
5) Peri nostri fini ci dovremo limitare all'analisi delle principali
personalitá, tralasciando le figure minori anche se interessantissime, come
il Fogazzaro, il Gnoli, il Gaeta, il Graf, ed altri), e omettendo dunque la
dimostrazione delle sfumature e le variazioni che il problema dovette natu-
ralmente subire. La nostra trattazione sará dunque piuttosto uno schizzo in
bianco e nero che non un vero quadro. D'altra parte, le personalitá pit
forti ed originali, essendo perció anche le pid novatrici, ci permetteranno di
afferrare tutti gli aspetti principali della questione e di mettere in evidenza
proprio questi.
38 W. Th. ELWERT
come in Francia ¡ nuovi ideali si possono definire, rispetto al linguaggio
poetico, con i due termini di: democratizzazione e individualizzazione. Quanto
alla Francia basta ricordare come Victor Hugo si vantasse di aver messo
un bonnet rouge au vieux dictionnaire, cioé di aver introdotto nel linguaggio
poetico delle parole di bassa lega prima bandite dalla poesia, i mots rófuriers;
e giova rammentare come egli venne assecondato nei suoi tentativi dal fedele
suo seguace Sainte-Beuve, il quale pure, nella prefazione alle poesie di
Joseph Delorme (1829), si gloriava di aver introdotto delle espressio-
ni di basse bourgevisie nelle sue rime. Lo stesso Sainte - Beuve poi sot-
tolineava nello stesso luogo il fatto di essersi servito anche di parole anti-
quate, di mots surannés, cioé di essersi presa la libertá di foggiarsi un voca-
bolario a uso suo, mettendo cosi d'accordo l'espressione individuale, con
Vispirazione, pure individuale e personale, fatto su cui egli insiste dicendo
che Joseph Delorme ““s'est toujours écoulé lui-méme avant de chanter”,
come avevano fatto il Lamartine, il Vigny e 1'Hugo.
In Italia il problema era stato impostato quasi tre lustri prima su
per giú negli stessi termini, peró con maggiore insistenza sul fine civile
(tratto che distingue fin dall'inizio il romanticismo italiano essenzialmente
patriottico e nazionale dal romanticismo francese); nella famosa Lettera
semiseria di Crisostomo il Berchet:aveva insistito soprattutto sulla demo-
craticitá della nuova letteratura e del suo linguaggio. Dopo aver postulato
il rinnovamento della materia poetica, del contenuto, che dovrebbe farsi
*popolare', “essere la storia, le credenze, le tradizioni, ¡ sentimenti della
grande moltitudine”' (0, egli procede inoltre a chiedere il rinnovamento della
forma, sia come creazione di nuovi generi letterari (egli aveva il pensiero
rivolto alla romanza) e di nuovi schemi metrici, sia come rinnovamento
della stessa lingua. Concorrono a dar forma alle sue rivendicazioni i due
postulati dell'estetica romantica: liberazione del genio poetico dai vincoli di
qualsiasi precetto estrinseco, da ogni necessitá di imitazione e di assogget-
tamento a un modello, e, inoltre, —ed é questo il punto che per la valu-
tazione della poesia italiana dal romanticismo in poi assume particolare
importanza—, accessibilitá dell'espressione poetica a un pubblico non di
soli letterati. E, quest'ultima rivendicazione assume una tale importanza
unicamente mercé la speciale situazione culturale italiana; si comprende solo
tenendo conto del fatto che in Italia la lingua della poesia era una lingua
d'arte, distinta dalla lingua della prosa letteraria, pit lontana ancora dalla
8) Sono le parole del De Sanctis nella sua analisi della ““Lettera
semiseria””, La letteratura italiana nel secolo XIX, Napoli 1898, p. 482.
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 39
lingua italiana parlata (del resto non molto in uso) e lontanissima dai
dialetti che erano comunemente il normale mezzo di comunicazione anche
nei ceti piú alti della societá 7). 11 Berchet insorgeva dunque contro questa
lingua da letterati il cui carattere esoterico si veniva anzi accentuando
per conseguenza del purismo di un Césari ed altri, contro Pautoritáa della
Crusca, contro il vieto frasario aulico e paludato, e prorompeva nell'escla-
mazione: “...altro é lo stare ristretto a” confini determinati di un linguag-
glo poetico, altro € lo spaziarsi per l'immenso mare di una lingua tante
lussureggiante ne' modi, e viva, e parlata ed alla quale non si puó chiudere il
vocabolario, se prima non le si fanno le esequie”.
Rinnovamento della lingua della poesia - ecco una parte essenziale
del programma romantico in Italia quale venne espresso dal Berchet. Che
queste idee del Berchet (e non solo sue) furono operosissime lo dimostrano
le vivissime polemiche che si accesero intorno alla questione della lingua e
che schierarono gli uni contro gli altri puristi e non puristi. Non é qui il
luogo di rifarne la storia. Quello che qui invece si vuole mettere in luce €
la ripercussione che ebbero queste idee sulla produzione poetica e come
essa anche non intenzionalmente seguisse una china a loro parallela. Qui
giova fare una distinzione. Nella Lettera semiseria il Berchet mirava a un
rinnovamento della lingua della letteratura tutta intiera, sia della prosa
che della poesia. Nella pratica il rinnovamento si compi in modo diverso
secondo che si trattava di prosa o di versi. Nella prosa il principio di
“popolaritá” venne a tricnfare assal presto, riportó una vittoria decisiva con
la seconda redazione dei Promesi Sposi. Non cosi nella poesia. Questa
invece si mostró assal piú ostica e ribelle alla riforma del linguaggio poetico.
Anche di lá d'Alpe si cercó di “democratizzare” il linguaggio, come
si e detto sopra. Ma il meltre un bonnel rouge au vieux dictionnaire assume
colá un significato ben diverso da quello che intendeva il Berchet con il
suo ideale di una poesia 'popolare'. É assai significativo della situazione
in Francia che la rivoluzione poetica che fu opcrata dal Lamartine con le
sue Médilations poté farsi senza nemmeno sfiorare il problema della lingua,
senza creare neppure la minima discussione sulla forma linguistica. Basta-
vano per l'espressione di un nuovo mondo poetico ¡ mezzi tradizionali. La
riforma linguistica comincia solo da Hugo, e qui bisogna rendersi conto
della sua delimitazione e del suo effetto. Sia quanto all'una, sia quanto
DT Cf W. Th. Elwert, Die mundartliche Kunstdichtung Italiens
und ihr Verháltnis zur Dichtung in der Hochsprache, in: Archiv f. d.
Stud. d. n. Spr. 175/176, segnatamente 175, p. 182 sgg. (sulla diffusione
dell'italiano come lingua parlata).
40 W. Th. ELwERT
all'altro la sua riforma differisce essenzialmente da quanto aveva in mente
il Berchet e di quanto accadde nella poesia italiana. La riforma dell'Hugo
si riduceva a due termini: esclusione della perifrasi e introduzione del-
Vespressione diretta, sia parola dell'uso comune, banale, sia parola tecnica,
vocabolo che designi istituzioni e oggetti caratteristici di un certo periodo
storico o di una cultura esotica (spagnola, orientale). Ma fu sempre una
riforma che ebbe in primo luogo di mira il vocabolario e lasció inalterato
il fondo comune della lingua, non coinvolse né le forme grammaticali, né
la sintassi. (E lo stesso vále per il Sainte-Beuve, il quale solo andó piú
oltre nell'introduzione della terminologia banale della vita quotidiana).
Non cosi in Italia, come subito si vedrá. D'altra parte la riforma hugoliana
ebbe un effetto, anzi anche P'intenzione, tutta opposta a quello che era nelle
intenzioni del Berchet: quella cioée di allontanare il linguaggio poetico dalla
lingua comune e giornaliera; gli esotismi e ¡ termini storici di cui egli farciva
certe sue poesie, la sua predilezione per i nomi stranieri e in qualsiasi modo
esotici tendevano a dare alla sua espressione uno sfarzo lussureggiante che
ben altrimenti la distingueva dalla parlata banale. E. lo stesso si dica degli
arcaismi, dei ronsardismi, dei mots marotiques del Sainte - Beuve. E lo
stesso vale per i loro seguaci, tra di cui spicca Gauthier. Ché, in fondo, per
¡ romantici francesi, laddove volessero innalzare la lingua poetica a un piano
superiore - e questo bisogno fu sentito piú fortemente dall'Hugo e dal Gau-
thier che da altri - si trattava proprio di fuggire la prosaicitá che appunto
minacciava di imporsi non appena si erano tolti ¡ fronzoli e gli orpelli delle
circonlocuzioni e delle metafore dello style noble del clasicismo.
Ben diversa era invece la questione in Italia. Mentre in Francia la
lingua poetica, tolte certe fioriture, era in fondo la stessa lingua della prosa
tanto é vero che fu (e viene ancor oggi) rinfacciata alla poesia lirica fran-
cese del Sei - e Settecento la sua prosaicitá (cosi segnatamente da parte
italiana, dal Baretti ed altri nel Settecento $) ) - in Italia esisteva un lin-
guaggio poetico nettamente diverso da quello della prosa e da questa il cui
distacco si era ancora in epoca recente andato accentuando per la ri-
forma, illuministica della prosa nel Settecento effettuata sotto il motto: “cose
e non parole”, portando la prosa verso una maggiore semplicitá modellata sul-
lesempio francese, - linguaggio poetico che nessuno aveva osato criticare, alte-
rare o discacciare. Questo linguaggio poetico era inoltre profondamente radi-
cato nella tradizione culturale italiana, era esso stesso una parte integrante di
8) “le porte di quel nobile linguaggio poetico italiano che al Baretti
e ad A. Paradisi facean parer borghese nientemeno che perfin la lingua
poetica di Racine”. De Lollis, op. cit. p.-111.
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 41
questa tradizione, poich'era rimasto essenzialmente lo stesso attraverso cinque
secoli dal Petrarca, all'Alfieri, e al Foscolo ?.
La lingua della poesia lirica francese ai tempi di un Millevoye e
di un Lamartine, invece, risaliva solo al Malherbe. 11 linguaggio poetico
italiano poi, si distingueva dalla prosa non solo nella scelta delle parole,
ma anche nelle forme (conformazione del vocabolo, forme flessionali) e
nella sintassi (a parte della maggiore libertá nella collocazione delle parole),
e, grazie alla stessa indole della lingua italiana in genere (maggiore numero
di elementi flessivi), ammetteva un allontanamento dalla lingua parlata
sulle orme della sintassi e degli accorgimentj rettorici latini (soprattutto ]'in-
versione e l'iperbato) su una misura cui si opponeva la lingua francese per
la sua povertá flessionale e la necessita di mantenere il normale ordine delle
parole,
Per uscire dalla generalitá scegliamo alcuni esempi che serviranno a
mettere in evidenza, nel campo del vocabolario e della morfologia, (lascia-
mo da parte l'ordinamento delle parole che richiede una piú ampia esem-
plificazione e un pit approfondito trattamento), sia la differenza tra il
francese e litaliano quanto al linguaggio poetico, sia la differenza nell'ita-
liano stesso tra l'espressione di stile poetico e l'uso comune. Non mi risulta
che si abbia finora tentato di fare un elenco simile delle caratteristiche
del linguaggio poetico italiano (escludendo e non precludendo la necessita
di fare uno studio particolare per ogni singolo autore).
Scegliamo per la nostra illustrazione (che non pretende essere esau-
riente) quelle voci che piú spesso ricorrono nella lirica amorosa e che ne
constituiscono, direi, lossatura. Cosi vediamo che in francese désir rimane
désir anche nella prosa; in italiano invece abbiamo accanto al prosastico
desiderio i termini desio e desire e persino desiro usuali nel linguaggio poe-
tico. E cosi possiamo mettere di fronte:
9 Della lingua poetica del Petrarca dice il Del Lollis (op. cit. p.
109): “lingua poetica d'Italia fino al Leopardi incluso'. Piace anche ricor-
dare in proposito la bella pagina del D'Ovidio (in: Versificazione roman-
za. Poetica e poesia medioevale, Nuova edizione. Napoli, 1932, p. 68 sg.) :
“L'Italia. .. ha molto da invidiare la Francia per la prosa, ma ben poco
per la poesia; e nulla, proprio nulla, per la parte formale di questa. Noi
possediamo un vero linguaggio poetico, una versificazione pil varia, una
prosodia quasi in tutto d'accordo con le effettive condizioni fonetiche della
lingua, una tradizione continua di sei secoli, una maggiore intimitá con la
schietta tradizione latina classica, e una lingua che, anche a prescindere da
guel che si dice linguaggio poetico, é di per sé piú prestevole ad un'“armonia
piú svariata e piú espressiva e ad una piú libera collocazione sintattica delle
parole”.
42 W. Th. ELWwERT
in francese in italiano
(prosa e poesia) in prosa in poesia
pied piede pie
áme anima alma
nue, nuage (voci fra- nuvola nugola, nugolo, nem-
seologicamente di- bo, nube
stinte, non stilistica-
mente)
aller andare gire
cóle fianco lato
essuyer asciugare tergere
bois bosco selva
oiseau uccello augello
feuillage foglie fronde
ruisseau ruscello rivo, rio
beau bello vago, vezzoso
beaulé bellezza bielia, belta, vaghez-
za
changer cambiare cangiare
sable sabbia la rena, Parena
rivage riva sponda, lido, lito
cheveux capelli crine, chioma
parler parlare favellare
vent vento aura
blanc bianco candido
bleu blu perso
foi fede fe
espoir (espérance + speranza speme
fraseologicamente
distinto, non stilisti-
camente)
douleur dolore doglia, duolo
cacher nascondere ascondere, celare
laurier alloro lauro
figure, visage (tutti e
due dell'uso comu-
ne)
se souvenir
fléeche ha accanto a se
il poetico dard
merci
servir (—étre utile)
secours, aide
renfermer
épaule
envie
faccia, viso
ricordarsi
freccia
pieta
servire
soccorso, aiulo
rinchiudere
spalla
invidia
sembiante, sembianza
sovvenire, rimembrare
membrare
dardo, strale
mercede, mercé
giovare
ailo, aita, giovamento
rinserrare
omero
inveggia
La crisi del linguagyio poetico italiano nell ottocento 43
mensonge bugia menzogna
poison (venin come veleno tosco, tossico, veneno
nue)
enlendre sentire udire, audire (intende-
re)
Vieux vecchio veglio, vieto, prisco
E cosi via, ché la lista ben lungi dall'esser completa. Ma basta a far in-
travedere che in italiano esiste accanto al vocabolario della prosa e del
parlare di ogni giorno una vera e propria lingua poetica la quale esiste
grazie al fatto della ininterrotta tradizione di molti secoli fin dall'inizio
della poesia italiana, dimodoché in essa sono conservate voci dell'antico
siciliano, parole mutuate nel periodo delle origini al provenzale e al vecchio
francese, varianti dello stesso toscano antico, voci non toscane penetrate nel
linguaggio poetico nel periodo prepetrarchesco e col Petrarca steso, nonché
i vari latinismi assunti in diverse epoche (nembo prima di nube). Di fronte
a ció il francese, che ebbe una interruzione della sua tradizione poetica non
solo al passaggio dal medio evo al rinascimento, ma anche col distacco del
linguaggio del Grand Siécle dalla lingua del Cinquecento, si presenta non
solo con una spiccata povertá di termini, ma anche con una netta prosaicitá.
Va inoltre notato particolarmente che il linguaggio poetico italiano pos-
siede doppioni non solo per i concetti che riguardano il frasario amoroso
(ove ció non E altro che naturale), ma anche per le parole di funzione
unicamente grammaticale. Inutile dire che in questo caso il francese non
offre nulla di paragonabile. In francese oú resta oú in prosa e in poesia; in
italiano accanto al prosastico dove esistono i poetici donde, onde, ove, 've,
u'. E cosi possiamo ancora mettere di fronte
in francese in italiano
(prosa e poesia) in prosa in poesia
jusqu'a fino a insino a
la lá ii, cola
loin de lontano da lungi, lunge da, lonta-
no da
dans dentro entro
avant avanti, prima anzi, innanzi, anti
(in) pria
aprés dopo apresso, poscia
seulement soltanto, solo pure
encore (poet. encor!) ancora anco
lui lui, esso egli, ei, e', esso, lui
avec moi con me meco
44 W. Th. ELweRT
sur su, sopra SoUra, sor, sur
tous les deux tutli e due ambedue, ambedui,
ambeduo, ambe-
duot, entrambi
le (m. sg.) lo il (il sente appena)
E anche questa lista si potrebbe allargare considgrevolmente inclu-
dendo in essa gli arcaismi della poesia petrarchesca.
In questa categoria di parole grammaticali particolari del linguaggio
poetico italiano, cui il francese non offre nulla di paragonabile, vanno inse-
rite anche le forme verbali dell'uso poetico: avea, parea, ecc.; seguia ecc.; gia
(andava); gio (ando); udio (senti); fia (sara); furo, fuoro (furono),
cantar, cantaro, cantorno (cantarono) ; udiro (udirono), chieggio, chieggo
(chiedo) ; sieguo (seguo) ; bevere (bere), veggio (vedo) e cosi via.
A ció si aggiungano le varianti fonetiche di tante parole comuni, di
per sé non specifiche del linguaggio amoroso, varianti riservate all'uso
poetico quando compaiono nel contesto della lirica amorosa (o comunque) ;
ad esempio: a) forme non dittongate in rima e fuori rima consacrate dalla
tradizione siciliana e petrarchesca: core, foco, loco, novo, variazione cui
vanno soggette anche le parole specificamente poetiche como féra (fiera)
[per designare la donna amata]; b) varianti .fonetiche (arcaismi) di voci
comuni e di quelle specificamente poetiche come maraviglia e disio (accanto
a desio di cui sopra); c) forme sincopate (arcaismi): spirto, merto; d)
forme aferetiche 've = ove (in sé giá poetico) ; e) e fra queste forme vanno
annoveratj tutti i troncamenti in consonante per cui qualsiasi parola passibile
di troncamento in consonante puó assumere un aspetto poetico; procedimento
largamente adoperato nella poesia italiana, ma impossibile in francese; e
vanno soggette a questo trattamento non solo tutte le parole banali ma anche
eli stessi termini riservati al linguaggio poetico dimodoché nella lista che
diamo di sopra vanno aggiunte alle forme poetiche normali le forme tronche;
otteniamo dunque amor, dolor, fedel, crudel, gentil, fatal, or, par, piacer,
emar, uom, siam, beviam, infin, ben, balen, sen (seno), ove sen gio;
f) ne” = nei, a” = ai, trova” = trovai, ecc.
Aggiungansi poi a ció gli arcaismi sintattici conservati nell'uso poeti-
co: a) particella pronominalz nell'enclisi: un bacio diemmi (Zappi); b)
pronome atono invece del tonico: che me costringere suole (Parini) = suole
costringermi; c) che = in cui ecc. (costrutto anche popolare, ma nel lin-
guaggio poetico é arcaismo sanzionato dall'uso petrarchesco) : all'etá ch'uom
s'innamora (Zappi), ove uom, che corrisponde al francese on, € pure un
arcalsmo.
Basti questa rassegna per illustrare la differenza che corre da una
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 45
parte tra 1l linguaggio poetico italiano e la lingua della prosa (segnatamente
quella postmanzoniana), nonché la lingua parlata, e, dall'altra parte, tra
il francese e Pitaliano, in quanto che in tutti i casi di divergenza segnati per
Pitaliano nelluso francese prosa e poesia concordano. Facciamo inoltre
osservare che abbiamo tolto ¡ nostri esempi quasi esclusivamente dai poeti
del primo Settecento, da quell; dell' Arcadia, dallo Zappi fino al Vitto-
relli, cosicché non sono stati inclusi nella lista né la rima siciliana (lí:muí),
né l'omissione dell'articolo davanti al pronome possessivo, —fenomeni che
ricorrono ancora nel Petrarca ma poi caduti in disuso—, né i latinismi post-
arcadici. Abbiamo proceduto in questo modo, perché per valutare la lingua
poetica italiana dell'Ottocento deve servire come punto di partenza l'ultima
forma inalterata che assunse il linguaggio poetico di creazione petrarchesca
prima che entrassero in giuoco nuove tendenze culturali che segnano l'inizio
del suo dissolvimento, cioé il clasicismo pariniano 1%.
TTI
La riforma richiesta dal Berchet dovette urtarsi contro gravissimi osta-
coli, intimamente connessi fra di loro. In primo luogo il carattere della
lingua poetica stessa: una lingua d'arte, ricchissima, quanto mai espressiva,
diversissima dalla lingua della prosa e dal parlare quotidiano. 11 rinnova-
mento che egli chiedeva veniva cosi a significare non una mera modificazione,
ma addirittura una sostituzione di una lingua con un'altra. E questa sosti-
tuzione equivaleva all'abbandono di una tradizione plurisecolare, al rinnega-
mento di una ricchissima e preziosissima letteratura. E, si opponeva a questa
riforma con una convinzione che trovava la sua giustificazione appunto in
10) E savioliano, fantoniano, montiano, foscoliano, ecc. Indubbia-
mente il classicismo di un Parini, Monti, Mascheroni, ecc. segna un netto
distacco dalla lingua aulica a base petrarchesca della lirica italiana dal
Cinquecento all' Arcadia, sia per il gran numero dei nuovi latinismi lessicali
assunti, sia per la piú forte tendenza di riprodurre l'ordine delle parole
caratteristico della poesia latina, specialmente oraziana. Cosi il classicismo
prepara il terreno alla riforma romantica. D'altra parte egli se ne distingue
essenzialmente per il fatto che questa preparazione € di carattere negativo:
essa non inizila un nuovo indirizzamento, anzi essa si allontana bensi dalla
lingua aulica precedente, ma solo accentuandone un elemento che sempre
ne ha fatto parte: il latinismo, cioé rifacendosi alla tradizione classica, cui
si rifece da prima decisamente il Petrarca e cui ebbero ricorso di nuovo
i petrarchisti del Cinquecento e i poeti dell'etá barocca.
46 W. Th. ELwERT
quella tradizione, che faceva che la poesia dovesse necessariamente, per con-
servare il suo stesso carattere di poesia, distinguersi dalla prosa per mezzo di
una lingua scelta ed eletta. Questa convinzione era stata formulata dai teorici
del Cinquecento nella loro teoria del Parlare Ornato 1, Allo studio delle pa-
role ornate (le quali insieme ai fiori rettorici formano il Parlare Ornato)
il Minturno nella sua poetica (L'arte poetica, Venezia, 1563, a p. 302
sgg.) dedica un intero capitolo. Le stesse disquisizioni sul vocabolario si
trovano anche nel Trissino, il quale addusse per testimonianza anche il De
Vulgari Dantesco (De Lollis, op. cit. p. 141, 144). Questo concetto venne
poi subito ad opporsi alla tentata riforma del Berchet. Nel suo articolo
“*T romantici alle prese colla coltura”” (op. cit. p. 139 sgg.) il De Lollis
ricorda: “Nel Proemio al V anno della Biblioteca Italiana (1820),
scriveva G. Acerbi a proposito dell'Eleonora, la ballata resa celebre in
Italia dal Berchet quattro anni prima: “Nella nostra lingua, forse piú che
in qualunque altra, lo stile é tutto, e quando lP'abito dei pensieri non é
eroico, diventano buffoneschi anche ¡ pensieri, e perdono la loro indole, il
loro carattere, il loro effetto””, Ma quello che + ancora piú notevole + il
vedere che il De Lollis stesso, —a distanza di un secolo dall'Acerbi—, si
schiera dalla parte dei difensori della lingua poetica contro il “parlare
diretto e realistico”” e cita in difesa delle sue convinzioni lo stesso Dante
di cui si era servito il Trissino (p. 143). E con il De Lollis si schiero il
Croce il quale nel proemio a questa raccolta di saggi delollisiani presenta
questi come un ammonimento a non ““spezzar la tradizione” 12%, Come si
vede, lP'opposizione alle idee del Berchet fu fortissima fin da principio e
perduró attraverso tutto ¡l secolo. Ma non c'é da meravigliarsi che il passaggio
dalla lingua poetica tradizionale alla lmgua parlata nella poesia dell'Ottocen-
to, passaggio che pure si fece malgrado tutto, si facesse lentamente e a sbalzi.
Cercheremo ora di seguirne le varie tappe, limitandoci perú a tracciare soltan-
to le linee principali.
IV
1! Manzoni, riformatore della prosa, creatore di una prosa che pro-
prio adempiva ¡ quesiti posti dal Berchet, nella sua poesia lirica, si mantiene
10 Op. cit. p. VIL; e vedi i passi citati sopra.
12) Con la teoria si veniva soltanto a consacrare uno stato di fatto,
essendo la lingua della poesia lirica fin dalle origini presso i siciliani una
lingua d'arte ben distinta sia dalla lingua parlata, sia da qualunque lingua
scritta, inclusa la prosa artistica. (G. Feba, Guittone).
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 47
decisamente al di qua di ogni riforma, quanto alla lingua 13. Infatti la
sua formazione culturale era giá conchiusa quando usci la Letiera semiseria
del Berchet. La sua educazione si era compiuta in pieno periodo del clas-
sicismo ed a questo gusto egli rimase fedele in tutta la sua produzione lirica.
Ció non solo nelle sue poesie giovanili, anteriori, al '15, ma anche in
quelle posteriori, tanto negli /nni sacri, quanto nel Cinque Maggio, e anche
—ed + questo un fatto notevole— nelle poesie che per lispirazione e la
forma metrica segnano una nuova strada, rivelano un indirizzamento deci-
samente romantico, vale a dire nell'ode Marzo 1821 e nei Cori del Car-
magnola e dell' Adelchi (atto TL.). Anche in queste poesie di sentimento
patriottico e di soggetto mederno oppure medioevale, che nel loro metro
cosi fortemente accentato (i metri dalla cadenza sonora saranno quelli
preferiti dalla scuola romantica delle ballate e romanze), nei loro decasil-
labi e dodecasillabi anapestici segnano giá un distacco notevole dal classi-
cismo, egli, quanto alla lingua rimane rigorosamente entro i limiti dell'aulica
e specialmente di quella di trasformazione classicista. Infatti oltre agli
arcaismi e ai latinismi generici incontriamo nella sua lirica certi latinismi
del frasario rivoluzionario caratteristici del classicismo dell'era napoleonica.
Cosi leggiamo nel coro del Carmagnola:
.cosi udresti ciascuna che sicuro
vede lungi le armate coorti,
raccontar le migliaia de'morti,
e la piéta dell'arse cittá.
Troviamo accanto ai poetici udresti, lungi, raccontar (col complemen-
to all'accusativo e construito alla latina in dipendenza da udire), l'arcaismo
piéta, il latinismo stilistico dell” arse citiúá - le coorti, che fanno coppia con
*i percossi valli' e “il lampo dei manipoli' del Cinque Maggio. Che dire poi di
Dagli atrii muscosi, dai fóri cadenti
e delle
SAS +... trepide fere,
irsuti per tema le fulve criniere,
le note latebre del covo cercar;...
per designare ¡ signori di razza germanica.
13) A ció corrispondeva anche la sua posizione teorica. Seguendo le
teorie tradizionali, di cui abbiamo testé parlato, egli distingueva “tra la
lingua della prosa ch'egli voleva soggetta all'uso fiorentino, e quella della
poesia ch'egli lasciava libera”. (Mazzoni, op. cit. p. 373).
48 W. Th. ELwWeRT
Siamo del tutto fuori dal realismo storico, della couleur locale verbale,
in piena nobilitazione classicista.
Ma non a torto il De Lollis fa osservare che proprio in questo coro
dell" Adelchi il Manzoni per una sola volta si avvicinó alla ballata, e cita
(saltando le ultime tre righe della sesta strofa che invece riportiamo qui):
Udite! Quei forti che tengono il campo,
che ai vostri tiranni percludon lo scampo,
son giunti da lunge, per aspri sentier:
sospeser le gioie dei prandi festosi,
assursero in fretta dai blandi riposi,
chiamati repente da squillo guerrier.
Lasciár nelle sale del tetto natio
-le donne accorate, tornanti all'addio,
a preghi e consigli che il pianto tronco:
han carca la fronte de' pesti cimieri,
han poste le selle sui bruni corsieri,
volaron sul ponte che cupo sonó.
“Ecco la ballata del Manzoni, con un medio evo dosato da mano mae-
stral” esclama entusiasta il De Lollis (p. 158).
In veritá, il medio evo si riduce ai cimieri, le selle e 1 corsieri e all'ul-
timo verso che riecheggia un verso del Biirger Wie donnerien die Briisken!,
come ricorda il De Lollis, e che il Berchet aveva tradotto: Come sotto la
pesta rintronavano i ponti! il Manzoni tolse quello che di troppo onomato-
poetico poteva avere per un gusto classicista quel rintronavano e lo sop-
pianto (elegantemente, é vero!) con un pure onomatopoetico, ma piú
generico cupo sonó. Ma il resto rimane entro ¡ limiti della lingua poetica
tradizionale (udite, lunge, aspri, squillo, lasciár, natio. preghi, carca e le
tante parole tronche in rima e fuori) con una forte dosatura di latinismi
(precludon, prandi, assursero, blandi, repente) e inserisce persino un altro
termine della fraseologia rivoluzionaria: aí vostri tiranni! Dice il De Lollis
del Manzoni che “la sua lingua poetica é ancora quella ancien régime'
(op. cit. 53), e dice bene.
Per incontrare la nuova lingua poetica bisogna perció rivolgersi allo
stesso teorico e novatore, al Berchet. Ed egli si industrió infatti di creare
un nuovo linguaggio. Scegliendo una delle sue ballate patriottiche a sog-
getto italiano e moderno, Clarina, vediamo che egli ammette parole dell'uso
comune: pioppi, stenti, collo, buio, preghiera, sposa, rossore, bacio, giorno,
affetti e altri; poi termini tecnici moderni e medioevali: bandiera, squadre,
brando, tricolore, elmetto, coccarda; e soprattutto adopera i nomi propri mo-
derni: Clarina, Gismondo, Alberto, Carignano, la Dora e il Cenisio. Ma
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' otlocento 49
il tutto inserito in una lingua di pretta tinta tradizionale: romita = solitaria,
di = giorno, assiso = seduto, il —= lo, speme = speranza, desire — desi-
derio, ei = egli, cangió = cambió (= trasformo), die,” sieno, preferse,
lunge, cui si aggiungano le numerose parole tronche in rima e fuori e le non
rare inversioni nell'ordine delle parole. E. non mancano i latinismi di gusto
clasicista la 'regal mensa”, il 'vindice rancor”, i patiboli, le scuri, *Parmi
estranie' Tesosa lua cervice, il “di fatale' e il “tristo vale”, nonche il “carme*
venuto in auge nell'era napoleonica in luogo dell'usato canto (“suoni Htalia
in ogni carme') e che fa compagnia all'ira dei tiranni' del solito frasario
rivoluzionario. E. basti ció. 11 De Lollis che giá ne fece giustizia (op. cit.
34 sgg.) conclude: “La lingua poetica del Berchet € il pik strano mostro
che si possa immaginare in mezzo a una letteratura poetica”.
Questo é tanto piú rimarchevole in quanto che nella metrica * il
Berchet ruppe decisamente con la tradizione: invece dej versi sciolti del
clasicismo, delle strofe di tipo pariniano, delle canzoni petrarchesche cui
aveva fatto ritorno il Manzoni, e dei sonetti cari al Alfieri come al Foscolo,
egli rinnovó il polimetro che gli permetteva di variare il metro col tono del
racconto, a seconda dell'ispirazione, e creó inoltre delle forme strofi-
che di 3, 6 e 8 versi, le quali tradiscono la loro derivazione dall'ode
pariniana per essere architettate su rime tronche e sdrucciole, ma che pure
ne sono qualche cosa di diverso per la preferenza data ai metri parisillabi,
ottonari, decasillabi e dodecasillabi, metri, cioé, piú fortemente ritmati e
perció pil adatti a riprodurre la forte scansione dei metri della ballata
tedesca ed inglese. Ma era piú facile adottare nuovi schemi metrici che
non il creare un nuovo linguaggio poetico. In fondo egli non sapeva liberarsi
dai preconcetti tradizionali, non sapeva figurarsi una lingua che fosse
poetica senza ¡ soliti ornamenti e senza le viete forme linguistiche tramandate.
Ma inferire da ció “che il ripudio assoluto al quale aspirava non era pos-
sibile”*, come fa il De Lollis (p. 54), non + preciso. E vedremo.
Sta di fatti invece che tra il Berchet e il Carducci nessuno seppe
liberarsi dal vecchio modello tanto da creare un'espressione del tutto nuova.
Non giova ripetere l'analisi che della poesia del Prati fece il De Lollis
14 La versificazione ¿ una spia preziosissima per determinare l'at-
teggiamento dei poeti dell'Ottocento rispetto alla tradizione e al movimento
romantico. Ce ne serviremo anche piú innanzi. Non intendiamo peró fare
un confronto sistematico fra linguaggio e forma metrica, sperando di poter
tornarci un'altra volta altrove, e anche per non dilungarci troppo dalla
questione della lingua che abbiamo intrapreso a studiare in primo luogo in
questo saggio.
50 W. Th. ELwerT
(p. 55 sgg.), mostrando che anche lui “brancola tra il vecchio e il nuovo”,
avvertiamo soltanto che il Prati segui il Berchet anche negli esperimenti
metrici, coi polimetri, con le variazioni della strofa pariniana, coi metri parisil-
labi ecc., escogitando nuove combinazioni e anche riprendendo forme tra-
dizionali; ma nella riforma linguistica rimase a mezza strada. E ció vale
anche per gli altri autori di “ballate', Anzi, il primo impeto innovatore va
perdendo di forza quanto piú ci si allontanava dalla prima ribellione e
l'Aleardi, la cui figura campeggia e domina negli anni dopo il'48 segna un
netto ritorno alla tradizione, Dice di lui il De Lollis (p. 227): “A rivo-
luzione romantica compiuta, Y'Aleardi ebbe, primo, in Italia il merito di
conciliare il senso romantico della realtá colla forma classica tradizionale”.
Prima di rivolgerci a vedere che cosa accadesse negli anni dal'60 in
poi, bisogna tornare indietro per dare uno sguardo al Leopardi. Egli tiene
un posto a parte, lontano tanto dalla corrente che ebbe inizio col Berchet,
quanto dal clasicismo manzoniano. Malgrado la sua lirica sia imbevuta di
latinismi, il suo linguaggio non ¿ diretta filiazione del classicismo dal Pa-
rini al Monti e al Foscolo. Come nella forma metrica egli prese le mosse
dalla canzone petrarchesca, cosi anche nella lingua egli é assai piú petrar-
chista che pariniano e classicista. E anche questo 2 un modo di staccarsi
dalla tradizione diretta, tornando indietro, riportandosi al capostipite. La
sua lingua diventa per effetto molto piú arcaica, da un lato, piú piena di
arcaismi petrarcheggianti (“...il guardo esclude””; [L'infinito] “Silvia.
rimembri ancora”; [Silvia] —-“odo augelli far festa”; [La quiete dopo
la tempesta]) 1% che non fosse quella degli arcadi e dei classicisti; da un
altro lato peró il Leopardi si scosta dalla lingua tradizionale in un altro
modo, cioé ammettendo l'espressione diretta e realistica. Si rilegga il prin-
cipio della canzone 4 Silvia e si troverá dei versi come questi:
Mirava il ciel sereno,
le vie dorate e gli orti,
e quinci il mar da lungi, e quindi il monte.
Ove la felice semplicitá dell'espressione si fonde senza stridere con la re-
miniscenza petrarchesca (quinci ... quindi; cf. De Lollis p. 25) e il tra-
dizionale lungí. E si rileggano le descrizioni in principio a “La quiete dopo
la tempesta' e a “Il sabato del villaggio' riboccanti di termini semplici, di-
retti, anzi regionali (erbaiuol, piova), per misurare la distanza dalla vecchia
15) Vedi anche il saggio ““Petrarchismo leopardiano'” del De Lollis
nel citato volume, p. 1 sgg.
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 51
lingua poetica; eppure: anche nel “Sabato” la rappresentazione realistica, il
realismo verbale si fonde allo stesso tempo con reminiscenze petrarchesche
(cf. De Lollis p. 20 sg.). Posto anche che la gallina, Verbaiuol stiano a
significare il generico, il tipo, non l'individuo (come vuole il Vossler, [Leo-
pardi, Heildelberg, 1930, p. 280] ) pure rimane il fatto che l'espressione
di per sé non é generica, ma diretta, realistica, stando essa in vece di una
perifrasi o di un'espressione metonimica quale avrebbe servito a un poeta
di stretta osservanza classicista. Col suo realismo verbale, come con il suo
petrarcheggiare, il Leopardi introduceva nel suo linguaggio poetico nuovi
elementi che allontanavano l'espressione dalla lingua tradizionale quale si
era venuta normalizzando dal Cinquecento in poi; insieme aji suoi latinismi
essi venivano a costituire una lingua tutta sua, nuova, ma inimitabile, e
nient'affatto adatta a suscitar moti di ribellione. La novitá consisteva ap-
punto in parte nel cavar nuove risorse da vecchie fonti, petrarchismo e la-
tinismo, e solo in minore misura, e assai parcamente, in un nuovo filone
realistico.
La riprova del come si fosse restii a un vero rinnovamento del linguag-
gio poetico nella prima metá del secolo, l'abbiamo nella poesia del Giusti.
Potrá parere un'asserzione sorprendente a chi pensi al tanto spiccante rea-
lismo della sua lingua, alla sua eccessiva popolaritá d'espressione, al suo
tono sboccato, dialettale, talvolta quasi sguaiato. Ma non ¿ questa un'ob-
biezione. Bisogna tener ben distinta la poesia satirica dalla poesia di tono
serio. Nella poesia satirica “lelemento realistico ha sempre dominato e
predominato, a cominciar dal vuoto capitolo bernesco giú git fino alla
satira pariniana””, avverte opportunamente il De Lollis (p. 116 sg.; cf. anche
p. 140 sg.). Ed € appunto di questo genere la maggior parte della produ-
zione poetica del Giusti. Se il Giusti nelle sue poesie, satiriche e patriottiche
e comunque d'intento civile, si serve di una lingua vicinissima a quella
parlata, anzi se esagera talvolta ¡ vezzi della lingua parlata, ció egli fece
per semplice natura del soggetto e seguendo una tradizione che rimonta,
anzi, oltre il Berni al Burchiello a Cecco Angiolieri e a Rustico di Filippo.
L'idea di riformare il linguaggio della poesia seria non gli passava nem-
meno per il capo. Basta leggere le sue poesie amorose o religiose o comunque
d'intonazione seria per avvedersi della sua assoluta aderenza alla tradi-
zione - e allo stesso tempo della sua assoluta mancanza di originalitá in
questi componimenti, sciatti, triti e banali. Citiamo da Affetti d'una madre:
Esulta, alla materna ombra fidato,
Bellissimo innocente!
Se venga il di che amor soavemente
Nel nome mio ti sciolga il labbro amato;
52 W. Th. ELweRT
Come l'ingenua gota, e le infantili
Labbra t'adorna di belleza il fiore,
A te cosi nel core
Affetti educheró tutti gentili.
Ove la rima fiore:core al modo antico fa un effetto addirittura sbalorditivo
E peggio ancora nella poesia All'amico nella primavera del 1841:
Giá, prevenendo il tempo, al colle aprico
il mandorlo é fiorito,
A te simile, o giovinetto amico,
Che impaziente al periglioso invito
Corri della beltade,
Coi primi passi della prima etade.
Prevenendo, colle aprico, simile, impaziente, periglioso, beltade, etade: vieti
orpelli! E sullo stesso tono sono La fiducia in Dio, All'amica lontana, A
Gino Capponi e altre sue poesie serle,
Il periodo che va dalla rivoluzione del *48 al *60 segna tanto per la
prosa quanto per la poesia ur interregno in cui il disinganno per il fallimento
romantico prepara nuove strade, ma non riesce ancora a liquidare il pas-
sato 1%, Nella poesia domina, come si disse sopra, l'Aleardi, romantico
d'ispirazione (politico-storica), classicista di forma. Ed ¿ solo dopo il *60
che avviene un decisivo cambiamento. 1l novatore é il poeta-pittore Emilio
Praga, il cui primo volume di poesie, Tavolozza, appare nel 1862. Figura,
anche la sua, oscillante tra il vecchio e il nuovo, (si veda la bella analisi
rhe fece Paul Arrighi 17)), ma giá indirizzata definitivamente verso la rap-
presentazione del mondo reale. Non mancano in lui ¡ sentimentalismi ro-
mantici, la compassione con i poveri e gli affranti, gli “accents démocratiques
et antireligieux, il desiderio di annientarsi nell'orgia e allo stesso tempo di
scandolezzare il buon pubblico borghese coi suoi eccessi e le sue blasfemie
—-tutti motivi che torneranno in piú forte misura nello Stecchetti. Ma d'al-
tra parte tutto questo € ben lontano dall'irrealtá del romanticismo a fondo
storico e anche dall'irrealta del romanticismo a fondo moderno, ma falso,
perché jrreale, traveduto nell? Edemengarda del Prati. La poesia del Praga
16) Libro dei piú istruttivi ¿ sempre quello di G. Barzellotti, La ri-
voluzione e la letieratura in Italia avanti e dopo gli anni 1848 e 1849.
Firenze 1875. Per la prosa si veda soprattutto il magnifico studio di Paul
Arrighi, Le vérisme dans la prose narrative italienne. Paris, 1937, p.
84 seg.
17) La poésie vériste en lalie. Paris, 1938, p. 5 sgg.
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 53
e essenzialmente borghese, anche nelle sue smanie, e il disillusionismo nasce
dall'aver veduta la realta. Ma il Praga supera il romanticismo anche per
un altro verso: per l'essersi rivolto alla contemplazione ed alla descrizione
della realtá. Tempérament surtout visuel, come dice di lui Arrighi (p. 6),
egli si dá alla rappresentazione delle: cose viste 15, e ció egli fa (almeno in
Tavolozza) * rinunciando all'esibizionismo della propria personalitá ca-
ratteristico dei romantici 2%. Il Nardi (p. 103) ha giá fatto osservare,
adducendo esempi dai Pescatori notturni, come il Praga si serve del termine
diretto, realistico per la descrizione del mondo esteriore. Ed ¿ giusto. Ma
non € tutto.
Aprendo il volume delle poesie del Praga ? non si puó non rimaner
sorpresi dell'aria di vecchio mondo che ci viene incontro a prima visla
guardando le forme metriche. Sfogliando Tavolozza ci vengono incontro
strofe pariniane congegnate tutte su tronchi e terribili sdruccioli, polimetri
romantici uso Prati, strofe berchettiane di settenari e quinari, di endecasil-
labi con la coda di un settenario 22% e, peggio ancora, perfino una saffica!
Siamo ancora nell'ambito delle prodezze metriche del Patri e riescono solo
a consolarci i sonetti e le quartine di endecasillabi che ci riportano verso la
semplicitá e quasi la popolaritá - ed é ció quello che ci vuole per una poesia
realista. Riprendiamo a leggere, e di nuovo proveremo un disinganno. Che
linguaggio ibrido é questo? Che misto di vecchio frasario aulico e di parole
18) Piero Nardi, Scapigliatura. Da Giuseppe Rovani a Carlo Dossi,
Bologna, 1924, “Facciamoci seguaci delle cose, non delle parole':
questo insegnamento par dunque scaturire dall'opera di Praga. E in una
letteratura come la nostra l'insegnamento ha la sua importanza”. Non so
se il Nardi abbia avuto l'intenzione di ricordare la parola d'ordine “cose
e non parole” che servi da grido di battaglia ai riformatori della prosa italiana
nel tardo Settecento. Ma + caratteristico per la differenza della situazione
della poesia che questo programma possa dirsi attuato nella poesia solo a
un secolo di distanza dalla riforma della prosa.
19) Bisogna fare questa restrizione perché nelle migliori poesie del
Praga (fra cui metto I Tre Magi) il sentimento personale riaffiora attra-
verso il simbolismo oggettivo. Cf. anche Nardi, op. cit. p. 119 sgg. e Arri-
ghi, op. cit. 13,
20) Nardi, op. cit. 102 “Esempio di una lirica, in cui unica preoccu-
pazione non sia lostentazione dell'io del poeta”.
2D Poesie. Tavolozza, Penombre, Fiabe e leggende, Trasparenze.
Milano, Treves, 1922.
22 Di Tavolozza scrive l'Arrighi, op. cit. p. 11: “...la tradition
romantique dont elle garde en partie la sentimentalité et parfois méme, au
point de vue métrique, les vers courts, les ritournelles finales des strophes”.
54 W. Th. ELwerT
banali?> Pare quasi di ricascare nella mescolanza linguistica del Berchet.
Leggiamo le prime strofe del polimetro romantico 7 Pescatori nolíurni:
Vengono al mar quando la luna accende
Per gli spazi tranquilli il mesto vel;
Vengono al mar quando la nebbia stende
Le bianche braccia e le congiunge al ciel;
Quando il vecchio Oceáno ¡ vecchi amori
Lento alterna alla spiaggia e stanco par;
Quasi amante assopito ai primi albori,
E a cui men bella la compagna appar!
Come sono stucchevol; quei tronchi (persino due volte mar in mezzo al
versol) e Océúno e il mesto vel, per non dir nulla della trita immagine
stessa, la luna personificata, e il paragone con l'amante addormentato, anzi
assopito! Ed € solo dopo aver superato questo vecchiume che arriviamo alla
bella descrizione realistica dei pescatori rilevata dal Nardi. Ma questa poe-
sia non é la pid brutta, ce n'e di peggio. 11 colmo di anticaglia metrica e di
ibridismo linguistico ce Poffre la poesia Un fiore a suo tempo! Leggiamo
la seconda strofa:
Ma un di la bella
gentil donzella,
un fior donavagli,
pegno di fé;
il padre antico
di quell'amico
gli vide il simbolo
dentro il gilet;
dove dopo tutta una filza di forme e costrutti della lingua poetica tradi-
zionale il gilet messo li in rima ti coglie come un pugno nell'occhio.
Eppure queste imperfezioni il Praga le seppe superare. Le superó in
quelle poesie dove egli piú dimentica se stesso, dove meno cerca di far
effetto con virtuosita metriche, dove descrive, dove cerca di far vedere le
cose viste e di rappresentare le personalitá diverse dalla sua ma che lui ha
profondamente sentito per il suo vivissimo senso di compassione e di intui-
zione. E sono queste le umanissime /1 professore di greco (una delle cose
sue pil riuscite) in strofe di cinque endecasillabi seguiti da un settenario;
La morta del villaggio (non proprio grande poesia, ma perfetta nel suo
realismo), in quartine di endecasillabi; Amor di crestaia in strambotti (mo-
tivo betteloniano anticipato e, per il nostro gusto moderno, troppo banale) ;
La crisi del linguaggio poetico italiano nell'ottocento 55
e poi i sonetti di Piccole miserie, Olanda, Pittori sul vero, soprattutto gli
ultimi, magnifici bozzetti realistici, Qui la lingua + davvero moderna, reali-
stica, diretta, parlata e il poeta trova l'espressione giusta del suo mondo,
per descrivere ció che ha visto e quello che ha sentito. Tuttavia, anche qui
qualche residuo del vecchio stile non manca. Non appena il Praga si
allontana dall'impressione ed entra nella riflessione, il vieto frasario ricom-
pare. Cosi anche nelle sue poesie piú spiccatamente realistiche verso la fine
Pantico linguaggio poetico tende a riapparire. WVediamo per esempio Amor
di crestaia che comincia con movenze tanto vive e fresche:
| No, mia diletta, non ho piú quattrini
per mutarteli in nastri e in cappellini;...
(Delizioso nella sua immediatezzal); ma l'ultima strofa suona:
Il giovinetto comprerá la vesta,
perche la sorte degli amanti € questa;
oblieráa vedendola giuliva
il focolar ch'ei di conforti priva...
finché, un bel di, la fervida crestaia
la gonna sdegnerá dell'operaria,
e spariran, di un ricco al nuovo affetto,
i regali e lamor del poveretto!
Riecco le parole tronche in mezzo al verso, e i vecchiumi oblierá, gíu-
liva, e la perifrasi intessuta di arcaismi al quarto verso, e l'inversione al set-
timo!
E vediamo ancora La morta del villaggio:
Vi conteró la storia della morta
per cul suonano adesso la campana.
Era una tosa piccola e smorta
che abitava vicino alla fontana.
Toccava appena appena ¡ quindici anni
quando suo padre fu portato via
da una piena di stenti e di malamni...
La restó sola colla vecchia zia.
Amor di madre non avea la mesta,
ne amor d'amiche la povera tosa;
Ella era brutta e in cenci avea la vesta...
Qual giovin mai l'avria menata sposa?
Vedea la forosetta in sul sagrato
occhieggiare or con questo or con quello...
—-Povero cuor deserto e sconsolato! —
Oggi un vecchio l'ha chiusa nell'avello !
56 W. Th. ELwerT
Non c'é chi non veda Parditezza di questo linguaggio realistico in mezzo
alla marea del classicismo; ¿ innegabile l'unitá del tono semplice, senza
affettazioni, la parola dimessa, la lingua rasente il dialetto (tosa, la restó)
eppure, tutto va bene, tranne la forosetta e V'avello (passiamo la mesta!)
che vengono a guastare l'effetto d'immediatezza e di semplicitá.
E, tutto il Praga sta qui. Pioniere del linguaggio realistico, coll'espres-
sione naturale, schietta e viva, icastica, ma quasi sempre con qualche stra-
scico di linguaggio tradizionale e quanto alla metrica sempre sulle posizioni
del secondo romanticismo; peró, é vero, anche qui con evasioni verso il
tono popolare (notevolissimi i distici a rima baciata di A una poverella
della chiesa in Penombre, che preannunciano ¡i bei distici della Cavallina
storna del Pascoli). Cosi ancora in Trasparenze (1878) leggiamo nel
componimento La strada ferrata (ricordato anch'esso dal Nardi (p. 109))
di bella intonazione realistica (in questo caso non inopportunamente tra-
sfuso in rimbombanti decasillabi anapestici berchettiani-manzoniani) :
Addio, bosco di frassini ombrosi,
ondeggianti campagne di biade!
del villaggio tranquille contrade
dove giuocano i bimbi al mattin.
Addio, pace de” campi pensosi,
solitarie abitudini, addio;
P'operaio sul verde pendio
giá distende il ferrato cammin.
Ma: il ferrato cammin?! Inevitabilmente.
Come si vede, la conquista dell'espressione diretta, la liberazione
dalle pastoie di un linguaggio antico, usato, inadatto all'espressione di una
nuova realtá ben diversa dal campo chiuso della poesia amorosa della tra-
dizione classica, non riusciva tutta d'un colpo. Ci voleva una personalitá
poetica piú forte e piú originale di quella del Praga per raggiungere questa
meta e ci voleva - il che é ben altra cosa - la personalitá di un vero e grande
poeta per aprire a questo nuovo linguaggio il campo della grande poesia.
Non mi dilungheró a seguire passo per passo le varie tappe di questa
conquista, Mi limiteró a dire che il realismo del Betteloni segna, si, un
grande passo in avanti, ma che anche ha ¡ suoi limiti, appariscenti quando
ci si mette a studiarne la forma *2, Nel Canzoniere dei vent anni, composto
23) NelPottimo libro dell'Arrighi sopra citato questo problema viene
appena sfiorato. Per la necessitá regolamentare di presentare (nelle tesi di
La crisi del linguaggio poetico italiano nell'ottocento : 5 7
nel 1861-*62, é evidente, quanto alla forma metrica, Pintento di uscire dal
repertorio del secondo romanticismo. Netta preferenza data all'endecasil-
labo e al settenario, (con qualche sprazzo di quinari), vale a dire, prefe-
renza data ai metri che piú si avvicinano alla prosa, niente parisillabi sal-
tellanti; domina la rima piana e facile, quasi esclusione dei tronchi e degli
sdruccioli, rima baciata e incrociata, anche nelle strofe lunghe, niente artifici;
unico ricordo del virtuosismo metrico romantico una propensione a foggiare
sempre nuove combinazioni di versi lunghi e brevi in strofe anche lunghette.
La lingua semplice, senza inversioni, eppure un tantino rialzata di tono,
con una lievissima patina aulica, ma appena percepibile e non mai tanto
da urtare goffamente, come accade talvolta in Praga e ancor peggio nel
Berchet. Si vedano le celebri strofette:
E” fu in piazza di Santa Caterina
Ch'io d'amor le parlai la prima volta,
Era lora che il sole omai declina,
Ora dolce e raccolta.
Cinto d'intorno € il loco d'alte piante
Dove a fatica si conduce il sole,
Dove Paria s'infosca un'ora innante
Che in Lungarno non suole.
Or io che avea da qualche di osservato
Com'ella per di lá venia sovente,
Lá per tre sere postomi in agguato,
Vincontrai finalmente,
Gli arcaismi loco, omai, innante, declina, sovente, la ricercatezza di si
conduce spiccano appena, e non distruggono né la semplicitá del tono, né
V'intimitá del sentimento, anzi la terza riga con quel suo misto di dantesco
e di petrarchesco 2% adduce associazioni che non fanno se non contribuire
alla “stimmung'” dell'ora dolce e raccolta.
É soltanto con lo Stecchetti di Postuma (1877) che arriviamo al puro
Iinguaggio realistico, alla lingua di tutti i giornj messa in versi (e al grande
strepitoso successo di questa nuova poesia). Non ¿ neanche un mero caso
che qui pure la forma metrica ha subito un nuovo abbassamento di tono.
Sono scomparse anche le ultime velleitá di forme strofiche complicate cui
dottorato francese) le citazioni in traduzione francese, i brani riportati dal-
P'autore in lingua francese non permettono al lettore di farsi un'idea del lato
formale dei passi in questione.
20 Era gia Pora che volge il desio (Purg. VIH, 1).
Ne la stagion che'l ciel rapido inchina (Canz. L.)
58 W. Th. ELWERT e
indulgeva ancora il Betteloni. Molti sonetti (forma d'arte finita coll'essere
addirittura popolare, tanto che se ne servono anche la musa dei trivi e 1
poetucoli da dozzina) e molte quartine di endecasillabi, o di endecasillabi
alternanti con settenari, o chiuse da settenari (metri tutti questi ad imita-
zione delle quartine di alessandrini, o di alessandrini alternati con, o chiusi
da, emistichi di alessandrini, comuni nei canzonieri di Sainte Beuve, del-
l'Hugo e del Baudelaire!), e l'ottavarima italiana e qualche popolare
rispetto toscano. E chi di noi, ricordanda il ritmo martellato di una canzone
popolare che venne a cadere nel silenzio di un pomeriggio domenicale nella
nostra adolescenza, non sará capace di rivivere la commozione sentimentale
espressa nelle parole schiette e disadorne dell'amabile (eppur tanto sata-
nico!) Stecchetti:
Un organetto suona per la via,
La mia finestra e aperta e vien la sera,
Sale dai campi alla stanzuccia mia
Un alito gentil di primavera.
Non so perché mi tremino ¡ ginocchi,
Non so perché mi salga ¡il pianto agli occhi.
Ecco, io chino la testa in sulla mano,
E penso a te che sej cosi lontano.
Semplice, naturale, popolare, anche nel suo sentimentalismo, ecco la poesia
“popolare' agognata dal Berchet. Amabile, piacevole, ma —intendiamoci-—
non grande poesia. Per innalzare questo nuovo strumento espressivo alle
sommitá dell'arte ci voleva la mano del maestro. Verrá.
Il successo strepitoso di Postuma e la vivacitá delle polemiche che ne
seguirono la pubblicazione %%, nonché la fioritura di poesia verista che
venne dopo, non possono nascondere il fatto che il favore del pubblico si
portó in tutta la seconda metá del secolo e fino allo scoppio della prima
guerra mondiale verso la poesia d'indirizzamento classico, classico nel senso
di una lingua guanto piu lontana dalla lingua quotidiana. Giá prima del-
Vapparire di Tavolozza si era avuto un deciso ritorno verso il “classicismo”
con la rivolta degli Amici Pedanti contro il romanticismo nel 1856, gruppo
capeggiato da] Carducci 2%. E cosa ben nota come il Carducci in tutta la
25) Su di queste vedi Arrighi, op. cit., p. 80 sgg.
26% G. Mazzoni, Otlocento, Milano, 1938, p. 1327 sgg. P. Arri-
ghi, op. cit., p. 3.
La crisi del linguaggio poelico italiano nell' ottocento o:
sua opera poetica mirasse verso una lingua nobile, “poetica, schifiltosa, distin-
ta, schiva d'ogni valore realistico””, come dice il De Lollis nel suo studio
sulla lingua poetica del Nostro 27, E sará inutile ripeterne la dimostrazione.
Tuttavia, ci pare opportuno fare due osservazioni. Prima: il De Lollis ha
sottolineato la differenza che corre tra lo stile della poesia politica e sati-
rica dei Giambi ed Epodi e quello delle Odi Barbare. Ed egli mette in
rilievo da una parte che l'elemento di attualitá vi trova posto appunto perche
poesia satirica, e che “gl'ingredienti di concretezza”” vengono * a cozzar col
fondo aulico della forma'”, ma che non stonano come nelle poesie del Ber-
chet perché stanno “qui con intenzione e in tono di satira” 28); dall'altra
parte egli censura come ““durezze 2% certi troncamenti interni di parola,
certi enjambements, certe dieresi, e prosegue a rilevare che il Carducci certi
nomi stranieri li nobilita italianizzandoli, altri nomi italiani li nobilita lati-
nizzandoli. Orbene, quello che mi pare degno di osservazione e che il De
Lollis non abbia messo in rilievo abbastanza, é questo: mentre nella poesia
satirica (nella tradizione italiana) era tradizionale e normale che la lingua
fosse concreta e diretta, realistica, vicina alla parlata comune —e cosi si
spiegava il realismo della poesia satirica del Giusti— ¡il Carducci procede
proprio in modo inverso. Nei Giambi ed Epodi il fondo ¿ aulico, pieno di
arcaismi (come osserva bene il De Lollis), e l'elemento realistico, che nella
poesia satirica deve entrare per necessita, il Carducci lo lascia inalterato in
parte, tanto da sottolinearne l'intento satirico, da far risaltare la canzona-
tura; dall'altra parte, pero, egli s'ingena con i suddetti procedimenti (tron-
camenti, dieresi ecc.) di innalzare questi termini realistici e concreti al li-
vello superiore dell'espressione nobile; quindi egli latinizza nomi italiani:
Vincenzo Caldesi diventa Vincanzio; italianizza nomi stranieri: “gli Ad-
disoni”, 'Voltéro', *Artoá'; opera troncamenti (si ricordi che la parola
tronca € “poetica” rispetto alla parola normale), onde: Apennin, Aventin,
Alighier; impiega la dieresi (procedimento usatissimo nei poeti italiani per
far spiccare il carattere latino di una parola( anche in nomi stranieri e mo-
derni: Cromiiello, Cairoli; e per la stessa ragione egli fa certi enjambements
la Ragion / Pura che il De Lollis tacciava d'inaudito, e che invece serve
appunto a dare un distacco dalla presa, a far sentire il verso; e lo stesso si
dica degli endecasillabi in uscita tronca e i troncamenti in rima: il verso
tronco (ereditá della poesia arcadica e delle strofe pariniane) era stato
27) op. cit., p. 134,
28 p. 119
29) p. 107.
60 W. Th. ELwerT e
assunto con predilezione dai romantici, dal Berchet, dal Prati e anche dal
Manzoni, insieme col decasillabo, per dar piú risalto al ritmo e per rinsal-
dare la struttura strofica, dunque con puri intenti poetici, per distinguere
ancor di piú il verso dalla prosa. Come elemento di nobilitazione se ne servi
perció anche il Carducci, e appunto nella sua poesia satirica 9%,
L'altra osservazione da farsi sulla lingua del Carducci é questa: *
vero, como fa osservare il De Lollis, che il Carducci tende a soppiantare
nelle Odi Barbare i termini realistici con latinismi o espressioni comunque
nobili. 1] De Lollis fa osservare che nell'ode /n una chiesa gotica “essa
chiesa vé detta “gotico / tempio” coll'aggravamento dell'enjambement”, e i
ceri diventan “cerei”, Valtar maggiore', altar massimo' (p. 134 sg.). E
similmente nell'ode Nella Piazza di S. Petronio, en nell'ode Sul Adda. E
dice poi: “Con questi esempi io do la misura del tono. Ma sintende che tutto
il lessico, e la morfología, e la sintassi, e il ritmo, e tutta la tecnica prosodica
ad essa si lasciano riportare: e sempre, sempre, non per far qua e la delle
concessioni —come nella lingua poetica dei Giambi ed Epodi— a espres-
sioni andanti o addirittura stridenti di realismo”. In questo ci sia permesso
di dissentire. Ci pare che, anzi, quello che dá una nota caratteristica allo
stile linguistico del Carducci é una forte venatura di linguaggio realistico
che non e difficile seguire attraverso tutta la produzione della sua maturitá
dalle Rime Nuove, attraverso le Odí Barbare alle Rime e Ritmi (la poesia
satirica delle Levia Gravia e dei Giambi ed Epodi fanno, come si disse,
classe a parte, e le Juvenilia non contano per la definizione del suo stile
definitivo). E, questo realismo verbale non e cosa che ci abbia a sorprendere,
visto il carattere della sua ispirazione: il carattere visuale della sua immagi-
nativa, ¡il suo amore della natura, anzi il suo culto della Madre Natura, il
suo culto di tutto ció che + forte, sano, robusto, la sua religione delle arcane
forze fecondatrici e produttive della Natura, il suo forte senso della realta,
di quello che ¿ sensibile e tangibile, oltre che visibile, sentito non come
godimento ma come fonte di ammirazione e di venerazione.
E anche la storia egli la vede come immagine, nella sua reale con-
301 Dopo quanto si é detto e evidente che io non vado d'accordo
coll Arrighi quando esso dice: (p. 47) “Carducci offrait aux véristes outre
la théorie et Vexemple d'un style vigoureux, d'une langue imagée, enrichie
des hardiesses du parler populaire. . .””; tutto ció era tradizionale nella poesia
satirica che bisogna tenere distinta dalla poesia seria; mentre consento
coll'A. nel riconoscere che la satira carducciana offri ai veristi certi temi e
soggetti. Ma per la loro poesia satirica non avevano bisogno dell'esempio
carducciano; con la loro poesia seria (e stava li la loro rivoluzione) si
trovavano in netta opposizione al Carducci.
»
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento - 61
cretezza e non rifugge dalla descrizione, dalla rappresentazione visiva, sen-
sibile, anzi piú atta a colpire l'occhio che non ad appagare il senso intimo
degli avvenimenti e dei personaggi.
É vero anche che il Carducci cerca sempre ed ovunque di nobilitare
Vespressione, di eliminare quanto piú possibile l'espressione banale, realistica.
Ma d'altra parte € innegabile che egli non evita affatto in certi componimenti
di tono non meno sostenuto la voce usuale, pit descrittiva, succosa, immagi-
nifica, suggestiva di realtá; e questo anche nelle Odi Barbare. Si legga per
es. dopo l'ode barbara Ín una chiesa gotica la romanza Era un giorno di
festa, cosi raccolta, cosi intensa di sentimento, cosi nobile nella sua into-
nazione e nel suo intento, e pure cosi piena di vita, cosi aderente alla realtá
nei suoi particolari, e cosi poco schiva di espressioni dirette: giorno e non
di, nuvole, non nubi, bianche non candide, chiesa non tempio, panche non
seggi o sedili, e poi: Vafa, la chiesa lombarda, le bifore, la porta arcuata,
il granito, il rumor, la piazza, le canzoni e persino i muggiti. D'altra parte
i termini tecnici bifore e arcuala stanno anche come latinismi, parole nobili, e
si congiungono a i leoni millenni e alla costruzione latineggiante ama carcar;
e a nobilitare l'espressione servono gli imperfetti in —ea, la forma sincopata
e tronca carcar, e tronchi sono rumor e altar. E cosi di seguito. E chi non
ricordera il realismo verbale del magnifico San Martino delle Rime nuove,
con il pittorico termine marinaresco maestrale e il borgo, i tini, i vini e i ceppi
accesi su cui scoppielta lo spiedo accompagnati dalle rime tronche mar ecc.
e inseriti tra gl'irti collí del primo verso e gli esuli pensieri che il cacciator
vede quali nubi nel vespero migrar? E non si dica che ció stia bene tra
le Rime Nuove, ma non regge per le Odi Barbare. E vediamo per esempio
quel grandioso Canto di Marzo che contiene un po' la religione del Car-
ducci e che comincia Quale una incinta e prosegue con l'ombra de le nuvole
(é vero, messe qui per la uscita sdrucciola del verso che imita el trimetro
giambico, ma sempre, né nubí né nembi) e gli sprazzi su'l verde e il vento
che scuote i péschi e i mandorli e le vacche del cielo che versano il latte
e le ossa dei sepolti ed
Ecco Pacqua che scroscia e il tuon che brontola:
porge il capo il vitel da la stalla umida,
la gallina scotendo Pali strepita, %
profondo nel verzier sospira il cúculo
ed i bambini sopra lPaia saltano.
ove ci sono soltanto alcuni troncamenti, e il solito vezzo carducciano di
separare l'articolo dalla preposizione per affettazione di arcaismo, e l'ac-
cento rattratto in cáculo, e la parola poetica verzier per mantenere il tono
62 W. Th. ELWERT e
aulico, e magari anche capo, che peró puó anche passare per voce contadi-
nesca in tante parti d'Italia. E che si dirá dell'ode Alle fonti del Clitumno
tanto classica, tanto sostenuta, tanto stilizzata? Anche li non manca quel
filone di realismo verbale, - molto attenuato, é vero, ma c'¿l Guardate:
frassini, salvie e timi, e le greggi e la pecora e il seno de la madre che
scalza siede al casolare e canta, e la poppante, e piú sotto ¿il bue grasso fra
le canne, e verso la fine i maggesj e le biade e le viti e in ultimo: fischia il
vapore - vapore voce di apparenza generica, dunque nobile, ma che nella
lingua dell'Ottocento equivaleva anche a treno (il Carducci nel 1853 scri-
«eva alla sua fidanzata: “*... saró a Firenze... per... abbracciarti, e
ripartire poi in vapore la mattina dell'11.”), voce dunque in cui s'incontra-
vano le due tendenze della dizione carducciana: quella classica, sostenuta,
latinizzante, nobile e quella concreta, realistica, immaginifica, icastica, e
succosa. Non potremo dunque andare d'accordo col De Lollis che cerca
di menomare l'importanza di questo elemento realistico nel linguaggio car-
ducciano e che, anzi, cerca di negarne addirittura l'importanza. '“Tra queste
prime Odi, egli dice (p. 137), ce n'é una: quella Alla stazione in una
maltina d'autunno (si noti: anche qui nel sottotitolo provvede anticipata-
mente alla colorazione dell'ambiente *i? dove il poeta si direbbe aver
fatto di gran concessioni al crudo realismo. V'occorrono “fanali”, 'vaporiera”,
perfin la tessera' 2 che Lidia, oh, Lidia, cosi bucolica, cosi latina, cosi gre-
ca, porge come un qualsiasi misero mortale al taglio della “guardia”; e poi la
“lanterna”, e poi gli “sportell; sbattuti; ma € bagaglio accumulato tutto nelle
prime sette stanze (di quattro versi l'una); poi, il poeta, beato d'uscire
fuor del pelago alla riva:
Giá il mostro, conscio di sua metallica
anima, sbuffa, crolla, ansa, ¡ fiammei
occhi sbarra.,.
ch'é tutto ció che vi possa essere di piú classico per dir “treno”.
No, non é un caso eccezionale questo, e quelle espressioni realistiche
3D Il De Lollis ripete qui un'osservazione che fece giá per l'ode
Nella Piazza di San Petronio ¿i “Quello ch'e il “San Petronio” del titolo ¿
nel corpo della poesia il “divo Petronio”.. .*'” Vale a dire che il Carducci e
piú realistico nel titolo per poter poi servirsi dell'espressione meno diretta,
piú eletta nel corpo della poesia.
32) Salvo che qui tessera + gia un espediente di nobilitazione per
evitare il termine banale 'biglietto”. Aggiungansi '¡ rami stillanti di pioggia
sbadigliando la luce sul fango”; “freni”; “scroscia su'vetri la pioggia'.
hr
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento : 63
non ci stanno per caso. Sono quel tanto di ingrediente realistico che il Car-
ducci ha voluto ammettere al suo stile e che ne fanno una parte integrante,
insieme ai latinismi oraziani e virgiliani, agli arcaismi danteschi e petrar-
cheschi e che formano uno stile tutt'uno, nuovo, continuatore bensi della
tradizione classica, o meglio, aulica, della poesia italiana; ma, nella sua
composizione, ben diverso gia dalla lingua aulica della poesia amorosa del
Settecento e anche dal classicismo pariniano e manzoniano e dal classicismo
cosi individualistico ed eterodosso del Leopardi.
La lingua eletta, aulica, riportó un trionfo assoluto con l'apparizione
delle Odi Barbare del Carducci (composte per l'appunto con l'intenzione
di reagire contro la faciloneria della scuola realista, come viene ricordato
dell'Arrighi (op. cit. p. 64 sg.) e non solo dominó fin oltre la fine del
secolo per opera della voga della poesia carducciana, ma ebbe una nuova
conferma con l'avvento della poesia del D'Annunzio, il quale, nel suo
primo volumetto Primo Were (1880) comincia col calcare le orme del
maestro allora indiscusso, per poi liberarsi dal modello e battere la sua
propria strada, É cosa troppo evidente che il D'Annunzio segue il concetto
di una lingua poetica lontana dalla parlata comune, e che egli cosi si inse-
risce nel concetto tradizionale della lingua poetica come mezzo espressivo
facente parte a sé, da doverci insistere. Quello che invece interessa nell'in-
sieme di questa trattazione + il risultato cui giunse il D'Annunzio, cioé:
una lingua eletta, si, anzi, artificiale e artificiosissima, ma allo stesso tempo
anche lontanissima dalla vecchia lingua aulica, cioé, quella del Petrarca e
dei Cinquecentisti, del Tasso e degli Arcadi, lontana anche da quella clas-
sicista di un Parini, di un Foscolo e di un Manzoni; lingua, questa del
D'Annunzio, effetto dell'individualismo romantico portato alle sue estreme
conseguenze, lingua che dall'ambito della tradizione esce ben altrimenti che
non faccia persino quella del Carducci. 11 procedimento di cui si servi il
D'Annunzio per nobilitare la sua espressione fu lo stesso di cui si erano
serviti non solo il Carducci e il Leopardi prima di lui, ma anche i classici-
sti, i poeti delPetá barocca, i petrarchisti del Cinquecento, cioé: ritorno
allitaliano antico e all'antichitá classica. Osserva bene il Migliorini in un
suo preziosissimo studio sulla lingua 33? del D'Annunzio: (p. 187) “Pre-
dominano le voci italiane arcaiche (antibraccio per avambraccio, laude per
lode, palagio per palazzo) e le voci dell'antichita classica (chiragra per
gotia, traslazione per traduzione). Talora,basta a render preziosa la parola
una variante fonetica o grafica che riporti la parola a un'altra atmosfera:
38) B. Migliorini, Gabriele D'Annunzio e la lingua italiana, in:
“Gabriele D'Annunzio”. Letture tenute per il Lyceum di Firenze. 1939.
64 W. Th. ELWERT
patlovire e non patluire; conscienza, transparente .per coscienza, trasparente;
comedia, drama, in luogo di commedia, dramma'”. Dopo aver osservato
che il D'Annunzio di quest'ultimo procedimento si serve volentieri per no-
bilitare i nomi propri di persona, di luogo ecc., il Migliorini rileva che il
D'Annunzio ama rinnovare il “significato della parola obliterato nell”uso
comune”, p. es. erroneo nel senso di 'vagabondo”, ecatombe mel senso di
"branco di cento buoi destinati al sacrificio”, e il, Migliorini ricorda che “Di
questo, appunto, lo scrittore veinticinquenne faceva lode al Carducci: “Né
mai é arbitraria la significazione che egli dá a certe parole, risalendo al
senso etimologico”...”” 9, Aggiungiamo che anche per il ripristinamento
343 1] Migliorini nel suo importante studio fa inoltre osservare la
ricchezza dei termini esprimenti concetti di colore (p. 184 sg.) : falbo, fla-
vo, ecc., e composti (nerazzurro) e derivati (verdiccio, nerigno); nonché
la, serie degli elativi (p. 186 sg.) oltrapossente ecc.; e la predilezione delle
parole sdrucciole (p. 194 sg.) (conseguenza del latineggiare), e l'uso dei
nomi propri nella cui scelta “il suono” e il fattore preponderante”. (p. 190
seg). A causa dello stato lamentevole delle biblioteche a mia disposizione
non mi fu possibile vedere, mentre scrivevo il presente articolo, il saggio di
Mario Praz, D'Annunzio e l'amor sensuale della parola; ne avevo cono-
scenza soltanto attraverso quanto ne dice il Migliorini nel saggio sopra citato.
Ora, mentre si sta procedendo alla composizione, mi giunge dall'Italia la
terza edizione del libro del Praz La carne, la morte e il diavolo nella let-
terafura romantica, (Firenze, Sansoni, 1948), ove quel saggio e ristampato
a pag. 459 sgg. Non vi trovo nulla che mi costringa a mutar pensiero.
D'altra parte l'articolo del Praz offre preziosi suggerimenti. Egli dimostra
Vutilitá della ricerca delle fonti dannunziane per una migliore comprensione
e interpretazione dello stesso testo dannunziano, e anche per la piú precisa
valutazione stilistica del vocabolario dannunziano. (Il Praz mette in guardia
coñitro i vocabolari del Passerini. Gli esempi addotti da me qui sotto di
arcaismi adoperati dal D'Annunzio, e che per speditezza desunsi dal voca-
bolario del Passerini, pertanto non perderanno il loro carattere di arcaismi
anche se si venisse a dimostrare che il D'Annunzio li desunse da altra fonte
che quella indicata dal Passeriniz ma, certamente, si arriverebbe a precisare
di piú il motivo per cui il D'Annunzio se ne servi). Per studiare il procedi-
mento del D'Annunzio nel comporre le sue poesie - trascrivendo addirittura
articoli di vocabolari tecnici - si vedano gli esempi addotti dal Praz a p.
496 seg. Per completare il quadro che ho cercato di dare del linguaggio
poetico dannunziano si tenga inoltre presente quanto dice il Praz sull'uso
degli allotropi e delle perifrasi che il D'Annunzio fa, continuando una vec-
chia tradizione della poesia aulica, colta, e particolarmente del neoclassi-
cismo didattico settecentesco. “Ma questo tipo di perifrasi é una vecchia
conoscenza: lo si trova nei poemi neolatini ogni qualvolta si tratti di descri-
vere qualche invenzione moderna, lo si trova nella poesia accademica, spe-
cialmente settecentesca”, p. 494 (aggiungerei che si puó risalire perfino
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 2
della forma originaria il Nostro ebbe per maestro il Carducci; ricordiamo
l cerei per 1 ceri, ecc., Addua per Adda (ricordato dal De Lollis). Senon-
ché il D'Annunzio ando ben oltre quej limiti che il Carducci si era imposti,
sebbene anche quest'ultimo fosse stato novatore inquantoché non rifuggi
dal lasciare al latinismo il suo aspetto latino (anzi, tante dieresi hanno lo
scopo di mettere in evidenza l'etimo latino anche in parole di uso comune),
mentre nella poesia italiana classica dal Petrarca fino ai classicisti dell'era
Napoleonica era prevalso l'uso di assimilare il latinismo alle abitudini foni-
che dell'italiano. E anche il Carducci aveva giá cominciato a soppiantare
latinismi consueti del linguaggio poetico con latinismi nuovi, per es. nube
invece di nembo. Ma il D'Annunzio nel suo latineggiare ando ben oltre e
raccolse a piene mani latinismi senza modificarne la forma. Su poche pa-
gine del Canto novo ci + dato di raccogliere: igneo, favonio, coorte, -algido,
cecubo, suaditrice, cinereo, nevalo, occaso, sannita, precordi, nauta, flubo,
flavo, acino, racemo, nari ferine, silente, altrice, stipula, ariste flaventi,
alla poesia didattica della Rinascenza). E ¡l Praz cita come esempio questa
perifrasi del tram (Laus Vitae, vv, 5536-44) a pag. 493 sg.:
. - passa
il carro che non ha timone
né giogo, e non corsieri
splendenti di sangue e di schiume
cui prostesa Ponta soggiace,
ma rapiditá senz'acume
che bassa scivola, immune
tra la ferrea fune sospesa
e il duplice ferro seguace.
Per gli allotropi (“traslazione” invece di traduzione', “antibraccio” per
“avambraccio"), Praz. (p. 492 sg.) cita altri esempi oltre a quelli ripresi
dal Migliorini e da me sopra citati. Il Praz nota anche: “L'uso d'un suffis-
so diverso dal consueto basta sovente a dar singolaritá alla parola. Anche
un suffisso comune, come —oso acquista nobiltá ove sia adibito all'espres-
sione d'un concetto peregrino:
Laudi, I, pag. 283: Certo, una inattesa belleza
balenar talora mi parve
nella chimerosa figura
del popolo unanime intenta. — (Praz. p. 493).
Pel il modo in cui il D'Annunzio si servi di un suffisso popolaresco
a scopo evocativo, realistico, per creare un 'ambiente', si veda quanto
scrisse qui sotto (fortissimo).
66 W. Th. ELWERT E
glauco talamo, novilunio, plenilunare, cetro, collabi, plettro, il crinito auriga,
testudine, mattin iemale, il depilato pube, ecc. ecc. Ma quello che poi carat-
terizza l anticheggiare del D'Annunzio e la sua predilezione per il vocabolario
greco (il suo gusto lo portava verso 'Ellade e l'antichitá greca) *'" piut-
tosto che verso l'antichita romana, e di questultima lo attraeva soprat-
tutto il periodo della decadenza; citiamo di nuovo dal Canto Novo: le
vesti coe, thalatta thalatta!, despota, pelago, aroma, la vergine scheneia,
oreade, driadi, menade, metamorfosi, epitalami, e da altri volumi: antilope,
citaredo, pettide, teoria (=fila), efebo, periplo, jacintéo, ermafrodito, ci-
clope, centauro, catafratio, petroma, enigma, erma, epa, telradramma (serie
in cui vengono a inserirsi vecchi prestiti tradizionali della lingua poetica:
pelago, epitalamio, metamorfosi, i quali cosi peró vengono a riprendere il
loro antico valore, grazie al nuovo ambiente in cui vengono a trovarsi). E
questa serie di latinismi e grecismi inusitati, insoliti, nuovamente mutuati e
facenti effetto appunto perché rari, veri culteranismos per dirla alla spa-
gnuola, viene rinforzata da una quantitá di termini greco-latini della termi-
nologia scientifica moderna, ugualmente nuova ed insolita nella lingua poetica,
e rara, eletta per il lettore di poesia che rispetto alla scienza 2 un laico;
predomina la terminologia della zoologia e della botanica: vetrice (invece
di vinco), antéra, vallisneria, nautilo, oleastro, oleomeli, asfodeli, jacinto, ci-
tiso, isapo, crisalide, croco, narcisso, ibisco; e qui si agglungano i nomi di mi-
nerali e pietre preziose: ambra, topazio, crisopazio, berillo, alabastro, (An-
che qui la serie contribuisce a ridar valore specifico ai prestiti tradizionali
e perfino alle parole comuni (alabastro) ).
L'elemento greco-latino viene poi rafforzato dai non pochi grecismi
e latinismi semantici ottenuti mediante la ripristinazione del significato eti-
mologico, procedimento notato dal Migliorini; quello che peró bisogna sot-
tolineare é che il D'Annunzio, benché si richiamasse dell'esempio carduc-
ciano, adoperó questo mezzo in misura molto piú larga che non avesse fatto
il Carducci.
Tra lanticheggiare del D'Annunzio e quello del Carducci corre pero
non solo una differenza di quantitá —fatto che non sarebbe che esteriore—,
ma anche una differenza di qualitá. 1] Carducci si serve del latinismo essen-
zialmente allo scopo di nobilitare il suo linguaggio. Egli perció non rifugge
dal latineggiare' le voci del parlare quotidiano (cerei per ceri ecc. v. sopra),
34) Predilezione che trova il suo punto culminante nel Libro di Maia,
ma che si afferma gia decisamente in Primo Vere; vedi anche R. Del Re,
L'ellenismo nell' opera artistica di G. D'A. Bologna, 1928 (a me non acces-
sibile).
e
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento - 67
ma anche ¡ termini tecnici medievali che starebbero bene per creare un am-
biente, Per esempio, nell'ode Nella piazza di San Petronio non solo la
chiesa diventa il tempio, divo Petronio, tuo, e ancora: del solemne tempio
la solitaria cima, e la piazza diventa il foro, ma anche ¡ cittadini armati
dello scudo diventano e levó cupe il braccio clipeato de glí avi e perfino lo
splendore del sole diventa 11 cielo in freddo fulgore adamantino brilla. L'am-
biente medioevale viene addirittura obliterato. Ugualmente nell'ode Davanti
al Castel Vecchio di Verona il Carducci ha cura di porre accanto al ter-
mine di sapore barbarico un latinismo quanto piú forte che viene anche rial-
zato dall' enjambement: ...e tra Perulo / eccidio..., ...odinici / carmi
cantando... (e poi erulo + anche parola latina; odin-ico un latinizzamen-
to). Nel D'Annunzio le cose vanno ben altrimenti. 1 suoj latinismi e gre-
cismi non ci stanno soltanto per rialzare il tono del discorso, ma anche per
dare precisione al concetto; essi non cj stanno solo come espediente rettorico,
ma anche come termine tecnico, come elemento descrittivo. Essi fanno parte
del fondamentale realismo dannunziano. L'effetto dei latinismi del Carduc-
ci é di rendere il discorso piú generico (foro invece di piazza), quelli del
D'Amnunzio, invece, € di rendere il concetto e la visione piú precisi. L'anti-
cheggiare dannunziano entra a far parte di una tendenza piú profonda:
quella di precisare la visione mediante il termine specifico. La necessita,
cui non si poté sottrarre il Carducci, di servirsi anche del termine proprio e
della parole della lingua comune, viene dal D'Annunzio accolta senza re-
ticenze, anzi, egli non ne rifugge affatto. Nel Canto Novo leggiamo (Canto
del sole,) della bella stornellatrice, dello scirocco, dell'odor di sale, delle
erbe selvagge; e, piú avanti, in Offerta votiva, c'imbattiamo nel fogliuto
gambo, Vaggrinzita pelle del fico, e una matura; oliva che sta nella sua sa-
lamoia, e senza mallo una fresca! noce, e le mele cotogne, e un cefriuolo sul
la sua foglia, e cosi via. 11 D'Annunzio non si sazia di espressioni agresti
e contadinesche per compiere il suo quadro. Ma anche il realismo non e
scopo in'sé. Non basta una sola espressione realistica, ce ne vuole una fila,
per risarcire ció che ci possa essere di banale mediante la sbalorditiva co-
piositá del verbo. E. non solo questo. Anche nei termini realistici, presi dalla
lingua comune, egli si porta verso la parola rara, ciod quanto piú tecnica,
quanto piú sconosciuta alla maggioranza dei lettori anche colti, parole ma-
rinaresche, parole contadinesche e parole dialettali - sempre che designino
qualche cosa di molto preciso e che siano meno usate nella parlata letteraria.
Cosi nel Canto Novo leggiamo ¡ termini nautici: ammainare, schifo, insieme
naturalmente ai nomi marinareschi dei venti: muestrale, grecale, scirocco.
Oppure, leggendo l'Otre (nell” Alcione) ci vien fatto di leggere tanti tecni-
cismi come: teltole, ventraia, carniccio, troscia, orbello; e Y nomi delle piante
68 W. Th. ELwerT cpm de
nella loro forma popolare anace (non anice), isapo (non issopo) e deriva-
zioni di sapore popolaresco quale fortigno. E per questa via vengono anche
a far parte del linguaggio poetico dannunziano le parole dialettali e soprat-
tutto quelle dei dialetti meridionali, segnatamente abruzzesi: la gallonea
(L'Oltre) invece del piú comune vallonea (la quercia macedonica), l'aragna
(Canto Novo) per il ragno (abbruzz. e ragne, fem. [Finamore]); e i col-
telli vengono detti le coltella (L'Otre) con il plurale dell'italiano antico vi-
vente ancora nei dialetti meridionali. E, per giunta, molti di questi termini
vengono a conglungersi indirettamente alla serie dei latinismi per via del
latino aranea e gli aggettivi latini in —eus e 1 plurali latini neutri.
E per i due motivi del realismo descrittivo e del preziosismo e della ri-
cercatezza, vengono ad entrare anche ¡i termini esotici nelle poesie di soggetto
esotico (e perfino vengono messi in rima) : seghidiglia e papelito (Sal y pi-
mienta; Intermezzo), bonzo e pagoda (Sogno esotico; ibid.), yué e le tull'e
due in rima (ibid.).
E qui va fatta un osservazione che —mi pare— e di non poca importan-
za. Anche i prestiti dall'italiano antico sono subordinati a questa intenzione
realistico-descrittiva (sará inutile ricordare: di origine parnassiana). E vero
che il D'Annunzio, come il Carducci, cosparge il suo linguaggio di arcaismi.
Aprendo il Canto Novo leggiamo a caso aliga, vigorire (=rinvigorire),
arbore, dardo (=freccia), speglio, stranio, nugolo, verziere, fuora, peri-
glioso, periglio, bevere, stromento e altri, di cui gli uni facevano giá parte
della lingua poetica tradizionale, altri no. (Non ¿ il caso qui di farne
l'indagine particolareggiata; ma, credo si possa affermare che é notevole
il numero di arcaismi presi alla lirica prepetraschesca 35, e alla lirica detta
“realistica”, e quella satirica e didattica 3%, nonché alla prosa antica 37,
35) Cito del Vocabolario dannunziano del Passerini, (Firenze
1928):
abbicare (Dante) in Laudj II; accline (Dante) in Laudi 11; adamante
(Dante) in Isaotta, Elegie; affocato (Dante) in Laudi; alleggiare (Dante)
in Laudi I, Isaotta; arzaná (Dante) in Laudi; assembrare (Dante, VN) in
Laudi 1, 11; aulente (Cielo D'Alcamo) in Laudi e passim; ecc. ecc.
36) — accia (Boccaccio Laber.) in Laudi 1; agghiadare (Fiacchi in
Laudi) ; aliosso (Lasca) im Laudi II; arce (Boccaccio, Tes.) in Laudi II;
arcipresso (Fazio degli Uberti) in Laudi 11; amarore (lacopone) in Laudi
1; aulire (F. da Barberino) passim; ecc. ecc.
37) accomandare (Villani) in Laudi Il; accómodo (Soderini) in
Laudi 11; afro (Plero de'Crescenzi) in Laudi; agguatare (Guittone, Let.)
in Laudi; alburno (Vallisnieri) in Laudi 11; aléna (Vita di S. Antonio) in
Intermezzo; álido (Matteo Villani) in Laudi 1; aneto (volgarizzamento di
La crisi del linguaggio poetico italiano nell ottocento 69
e trasportati nella sua poesia lirica - ed € questo anche un procedere diverso
da quello tradizionale, cio? quello dei poeti dal Cinque al Settecento per cui
il punto di riferimento era sempre il Petrarca e solo ¡l Petrarca). Ma quello
che non si puo fare a meno di osservare leggendo a volta a volta sia il Canto
Novo e l' Alcione, sia una poesia del Carducci, € questo: che il D'Annunzio
e ben lungi dall'arcaismo generico diffuso in tutto il linguaggio poetico car-
ducciano. E questo si fa sentire non solo nelle forme delle parole, ma anche
nella flessione e nei costrutti (meno pronomi affissi ecc.). (La lingua del
D'Annunzio é in fondo di gran lunga pil moderna di quella del Carducci,
come faremo vedere piú sotto).
D'altra parte vediamo che gli arcaismi da lui vengono accumulati quando
si tratta di suggerire un ambiente, di far rivivere una certa atmosfera cioé
vengono adoperati anch'essi come termini tecnici. Cosi P'arcaismo entra di
necessita, come mezzo espressivo, nell'/sotteo, 1l che vale a dire que il
D'Amnunzio puó servirsi della voce arcaica come termine tecnico appunto
percht si astiene da un arcaizzare generico, L'italiano antico gli serve come
la parola dialettale, il latinismo, il grecismo tanto come parola rara, eletta,
quanto come mezzo descrittivo. Invertendo ¡ termini ció significa che tutti
questi elementi verbal; acquistano cosi un valore stilistico in sé. 11 latinismo
(e il grecismo) non serve solo a dare un'intonazione nobile al discorso, non
solo a dare una descrizione precisa e adeguata di un ambiente, ma puó
servire di per sé a creare un ambiente, a indirizzare il pensiero per mezzo
delle associazioni che con quelle tali parole si congiungono verso un certo
complesso di nozioni che non vengono esplicitamente espresse. La parola
diventa mezzo di evocazione e di suggerimento. E questo il Carducci non
lo poteva fare. Se nell'ode Nella piazza di San Petronio egli latineggia
ció eleva bensi il tono della dizione e toglie al quadro quanto aveva di piú
specificamente medioevale, ma non ne fa nulla di antico, di romano; anzi
tutto Veffetto sta appunto nel parlare della chiesa, della piazza e dei citta-
dini medievali in termini classici, sta in questa discrepanza tra nozione ed
espressione. Se d'altra parte invece in D'Annunzio (nel Canto Novo) de-
scrivendo il giovinetto che si dondola con la sua ragazza sull'altalena sotto
1 ciliegi adopera voci greche e latine, egli questo lo fa coll'intenzione di
velare di un'illusione di antichitá la realtá presente, e infatti sulla fine del
componimento egli viene a identificare se stesso con Dorione, Pamata con
loessa, cioé egli trasporta la realtá nel mito. Ugualmente egli trasforma la
gioia provata nel godersi una donna in mezzo ai boschi in una replica del
Crescenzio) in Laudi I; arzente (Novelle antiche) in Laudi; asserrare (Vil-
lani) in Laudi II; ecc. ecc.
70 W. Th. ELwerT aná
mito di Dafne (Canto Novo: Oh bella che fremi. . .) mediante le suggestio-
ni puramente verbali, E lo stesso si dica della Piogga nel pineto dell” Al-
cione: mitizzazione attraverso la parola. Allo stesso modo egli si serve degli
arcaismi per soffondere la figura di Isaotta Guttadauro di un' aureola poli-
zianesca e botticelliana. (Anche col mezzo del metro *3) - questione che
non voglio nemmeno sfiorare in quest'occasione). 11 D'Annunzio perfino
giunge a mescolare due motivi in una sola poesia unicamente mediante l'e-
spressione verbale, senza nemmeno accennarvi expressis verbis; questo e il
caso nel Sonelio di calen d'aprile dell'[sotieo. ln parole povere la poesia ci
dice soltanto che la donna vagheggiata s'affaccia alla porta e si china sulla
soglia per stringere il laccio del sandalo che si era disciolto. Ma che cosa
ne ha fatto il D'Annunzio, di questo soggetto, attraverso la sola parola?
Stiamo a sentire:
SONETTO DI CALEN D'APRILE
Aprile, il giovinetto uccellatore,
a cui nitido il fiore
de le chiome pe' belli ómeri cade,
ne'l cavo de la man, come un pastore,
in su le prime aurore
ha bevuto le gelide rugiade.
Aprile, il giovinetto trovadore,
su le canne sonore
dice l'augurio a le nascenti biade:
i solchi irrigui fuman ne'l tepore,
un non so che tremore
le verdi cime de la messe invade.
Ecco la Bella! Ecco Isotta la blonda!
China, de la porta a'l limitare,
ella stringe il calzare
a'l pié che sanno ¡ boschi. E il di la inonda.
Toccan la terra, a P'atto de'l piegare.
i suoi capelli, in copia d'or profonda.
Oh, la faccia gioconda
che a pena da quel dolce oro traspare!
Che cosa ha fatto il D'Annunzio? Egli ha intrecciato due motivi erotici:
motivo antico, bucolico, della sensualitá pánica e motivo medioevale della
bella peccatrice del ciclo arturiano. Nel titolo viene dapprima toccato il
tasto antico: calen d'aprile rievoca il latino calendae; nel primo verso inizia
38) Nonerima, ballata, madrigale, antico, terzina, sestina.
La crisi del linguaggio poetico italiano nell'ottocento TAL
Pallusione al motivo medioevale con la parola uccellatore, oiseleur, prende
il sopravvento poi il motivo antico con nitido, omeri, pastore, aurore, gelide.
Comincia la seconda strofa e qui stá nel primo verso il motivo medioevale
con frovadore, ma subito dopo veniamo ritrasportati alla serie associativa
antica con le canne sonore del dio Pan cui fan seguito i latinismi augurio,
irrigui, tepore, tremore, e messe. Cominciano le terzine e si aprono con pa-
role che si potrebbero trasportare tali e quali in francese, con ¡l francesismo
blonda in rima!, e che fa la rima con inonda che pud essere bensi un lati-
nismo, ma anche un francesismo, visto che in francese non si offre un sino-
nimo per inonder come invece nell'italiano con allagare - che é il termine
piú comune in italiano. Il calzare é arcaismo che rievoca naturalmente il
francese la chaussure e stringe (per allaccia) rinforza l'arcaismo. Nell ul-
tima terzina ¡ due motivi si fondono col latinismo copia e la faccia gioconda
di sapore leonardesco, ma anche si smorzano. Inoltre osserviamo che il
costrutto latineggiante “che sanno ¡ boschi” sta qui in mezzo agli arcaismi a
ricordare il motivo classico, come nella strofa precedente il francesismo “un
non so che tremore' ricorda il motivo arturiano in mezzo ai latinismi panici.
Sopra l'intero componimento ¿ gettato un generico velo di arcaicitá con il
vezzo di separare preposizioni ed articolo, scrizione adoprata dal Carducci
costantemente ed indistintamente, ma che il D'Annunzio invece si guarda
bene di adottare come norma e di scrivere a pena, all'antica, il che anche
serve a ridare alla parola pena il suo pieno valore. Non dimentichiamo poi
che il sonetto € un sonetto rinterzato.
Il tutto € un inno alla primavera di modo che, ripensando il titolo,
vien fatto di ricordarsi che in provenzale calenda vale a dire maggiolata.
Stava anche questo nell'intenzione dell'autore?
Non ci soffermiamo a parlare dei nomi propri che dal D'Annunzio
vengono impiegati tanto per il loro valore fonico, come rileva il Migliorini,
(questione che va trattata insieme con la rima cui il D'Annunzio era tanto
incline quanto il Carducci ne era avverso) ma anche per il loro potere
allusivo ed evocativo, se non di concetti, di meri suoni e di vaghe remini-
scenze. La loro funzione era, insomma, uguale a quella delle parole; non
solo servivano per precisare e per nobilitare, ma anche per “ambientare” in
via indiretta.
Riepilogando, vediamo che il D'Annunzio con la sua vasta gamma
di parole insolite ha riunito un vocabolario che viene ad essere fondamen-
talmente diverso per la sua composizione non solo da quello del suo imme-
diato precursore e maestro, ma anche, e ancor piú, da quello di tutta la
tradizione aulica, la quale, d'altronde, egli continua, in grazia della sua
tendenza innegabile di creare un parlare ornato. Inoltre vediamo che egli
72 W. Th. ELWERT
si allontana dal suo predecessore e dalla tradizione precedente per l'uso
sapiente che egli fa del verbo stesso cui egli infonde una vita propria, una
capacita d'illusione che a questo innanzi faceva difetto, perché prima veniva
adoperato in modo ingenuo.
Sarebbe peró incompleta questa nostra breve (e purtroppo molto som-
maria e nient'affatto esauriente) analisi 3% del linguaggio dannunziano,
se non accennassimo a una caratteristica che ci pare essenziale. Ed é questa.
Nelle sue poesie giovanili raccolte in Primo Vere il D'Annunzio segue il
suo maestro anche in quanto che egli si ingegna di riprodurre, come fece il
Carducci, Pordine delle parole del latino. Fino a che punto il Carducci
andasse nella sua ricerca della forma linguistica latina ce lo dimostra forse
nel modo piú evidente l'ode Alle fonti del Clitumno, tutta intessuta come é
di ricordi oraziani e virgiliani, con le sue inversioni, con i suoi aggettivi
anteposti al sostantivo, con i suoi arditissimi iperbati. El ció il D'Annunzio
di Primo Vere talvolta copió. Ma non appena egli passa al Canto Novo,
ove per la prima volta si rivela la sua intera originalitá (in fondo rimase
sempre tale quale egli si mostró in questo primo colpo di genio), egli ab-
bandona quasi completamente questo latineggiamento sintattico. Rimangono
soltanto alcuni casi isolati di inversione e di iperbato che poi spariranno com-
pletamente nelle opere successive. Il verso dannunziano si sciogle come
una frase di prosa, e sommamente parlato, scorrevole, discorsivo, fluido,
senza intoppi, senza durezze, senza storture, senza acrobazie. Sia la frase
lunga o breve, di mezzo verso oppure abbracciante una fila di strofe, sem-
pre essa segue l'ordine normale delle parole della parlata quotidiana. (Va
rilevato qui che il D'A. fa uso molto ristretto del troncamento in conso-
nante; il Carducci invece ne fa un uso costante, eccessivo, per dare alla
sua lingua la patina del linguaggio poetico tradizionale). E sta qui il se-
greto della sua sonoritá, della sua musicalitá, ottenuta tutta attraverso il
ritmo e il suo adattamento alla struttura strofica e attraverso la sonoritá
della parola e nel congegno delle rime. E giá del Canto Novo la stupenda
strofe:
O falce di luna calante
che brilli su l'acque deserte,
o falce d'argento, qual mésse di sogni
ondeggia al tuo mite chiarore qua gil.
39) Mi sia concesso di far osservare che non ho la presunzione di
fare uno studio esauriente della lingua del D'A., (il che non mi é possibile
senza biblioteche intatte e in istato da funzionare), ma solo di precisare
il posto che spetta al D'A. nello svolgimento generale della cultura italiana.
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' ottocento 73
E non altrimenti si snoda il periodo nella Pioggia nel pineto, e gli altri capo-
lavori dell Alcione.
Ma da dove veniva al D'Annunzio questa geniale intuizione?
Mi pare, che non sia difficile trovare la risposta. Aprendo ancora una
volta il suo volume di saggi giovanili, Primo Vere, ci troviamo dinanzi a un
piccolo gruppo di liriche in lingua parlata, lingua realistica, disadorna, in
metri popolari o comunque adoperati dai poeti “realistici”, poesie, insomma,
di schietta ispirazione stecchettiana: Letterina alla mamma, Quadreito di
genere, Réverie, Vere Novo, Piove, Ricordo di Firenze, Messaggi - sonetti,
rispetti, sestine e stornelli. Poche poesie, isolate giá nella raccolta di Primo
Vere in mezzo alle poesie di non misconoscibile intonazione dannunziana,
esperimenti senza seguito. Eppure, non sono rimaste lá per indicarci che,
oltre all'aver presente il modello aulico del Maremmano, il novizio abruz-
zese occhieggiasse cogli avversari?
Se la poesia in lingua di tendenza aulica (dice espressamente *di ten-
denza aulica”, perché, come si é cercato di dimostrare, dalla vecchia lingua
aulica questa poesia carducciana e dannunziana si era non poco dilungata)
ebbe un dominio assoluto dalla pubblicazione delle prime Odi Barbare sino
all'apparire dei primi tre libri delle Laudi, ció non significa che lidea di
una poesia, in una lingua meno artificiale non si fosse fatta strada. E. questo
ci vien fatto di osservare in un poeta che dall'apparenza nessuno sospette-
rebbe di tali propensita, dico: lo Zanella. Dell'intonazione classicheggiante
della sua poesia noni ci puó essere dubbio. Eppure, anche lui non seppe sot-
trarsi al nuovo indirizzamento del gusto che si andava delineando. Tra i
miei libri trovo un volumetto legato in pelle e che contiene le Nuove Poesie
di Giacomo Zanella, Venezia, 1878, All'interno vi sono delle correzioni
fatte a penna e di mano dell'autore, correzioni poi accolte nell'edizione delle
Versioni poetiche fatte dal Romagnoli nel 1888. Esse sono assai istruttive
perché ci dimostrano come lo Zanella, evidentemente cedendo alla spinta
della poesia veristica o, meglio, betteloniana, cerca di liberarsi dalle pastoie
della lingua aulica classicheggiante e generica, cui si rivela tanto addetto
nella sua produzione anteriore, valga un esempio per tutti: la celebre poesia
Sopra una conchiglia fossile nel mio studio %, per esprimersi in modo meno
20) Il De Lollis, op cit. p. 243, ha voluto fare dello Zanella un
parnassiano, “sia pure a scartamento ridotto”. Ma basta davvero che lo
Zanella fosse avverso alle effusioni personali, alla soggettivitá, per farne un
parnassiano? Basta che egli si ispirasse alla scienza? Basta che nella sua
poesia ''appaia l'esclusiva preoccupazione della magnificenza delle paro-
le...?” Mi pare lecito dubitarne. Rileggendo le poesie dello Zanella ci
74 W. Th. ELWERT
letterario, meno generico e piú vicino alla parlata quotidiana, e piú specifica.
1 brani in cui 'autore ha voluto correggere la stampa, sono due traduzioni
(e in queste ““¿ il meglio dell'opera sua di poeta'”, come giustamente osserva
il De Lollis (op. cit. p. 257), e per Vimpegno che vi mise tradiranno me-
glio le sue intenzioni stilistiche) dall'inglese del Longfellow; 1) a p. 161
seg. /I sogno dello schiavo (The Slave's Dream) e 2) 1 naufragio dell'E-
spero (The Wreck of the Hesperus). Trascriviamo prima il testo inglese
poi il testo della stampa dell'78, poi le correzioni autografe dell'autore.
1) And his lifeless body lay / A worn-out feiter, thal the soul /
Had broken and thrown away! — Come vil ferro roso dall'alma / Sovra
la sabbia giace la salma (164) Corretto in: Come calena, che il tempo ha
rosa, / sovra la sabbia morto riposa. Si noti: scompaiono il vil ferro, Palma,
la salma e giace; subentrano! invece la catena e morto riposa; rimane la zep-
pa sabbia, che non trova riscontro nel testo inglese.
2) Come hither! come hither! my little daughter, / And do not
tremble so; / For Í can weather the roughest gale / That ever the wind
did blow. —(p. 167) Vien qua, piccina! perche paventi2 / Vien qua,
mio core, di che mai tremi2 /I Vinte ho maggiori furie di venti / Che non
son, pensa, queste che temi. — Corretto in: Che non son, cara, queste che
temi. Piú preciso cara e dá piú salda struttura alla strofa ripigliando pic-
cima del primo verso.
3) 0 father, Í see a gleaming light, O say, whal may it be? / But
the father answered never a word, / A frozen corpse was he. —(p. 168)
Padre! quel ralto lume che fende / Quella lontana nube non vedi2 —
Corretto in: Padre! quel ratto guizzo che scende- / Precipitoso, padre, non
vedi?! — Ma Precipitoso, padre + cancellato ancora e in margine si legge
troviamo dinanzi al vecchio stile classicheggiante (altro che “riforma della
lingua poetica” 1) con eleganti aggettivi di carattere del tutto generico ante-
posti classicamente al sostantivo, specie se termine tecnico o esotico —per
smorzane la stranezza, evidentemente! -, e “magnifiche perifrasi” (come ri-
conosce lo stesso De Lollis, p. 252), e inversioni, e parole tronche in con-
sonante, e eleganti latinismi, per non parlare poi della forma metrica, stro-
fette di provenienza pariniana, fantcniana, savioliana, e saffiche, sempre
con le solite rime, sdrucciole e tronche, di modo che quel tantino di termini
tecnici che entra nella fattura dei suoi versi riesce ben neutralizzato dalla
generale intonazione classicheggiante. Dice bene il De Lollis quando escla-
ma entusiasta: “Ecco una quartina di maravigliosa fattura classica, in
quel senso razzesco (1) della parola, che noi estendiamo da Orazio a Car-
ducci, e traverso Tasso, Filicaia e Fantoni””. Ecco la vera filiazione dello
Zanella: un Monti attardato. Ma non un parnassiano. Per essere un par-
nassiano gli mancava il senso del valore descrittivo del termine tecnico, della
parola rara ed esotica; egli rifugge dal termine preciso mediante le penifrasi,
e non lo assapora nella rima. Parnassiano fu il D'Annunzio, non lo Zanella.
La crisi del linguaggio poetico italiano nel! ottocento AE
la seconda correzione: Folgoreggiando, padre; eliminati dunque ¡ termini
generici che poi non hanno neanche rispondenza nel testo inglese: lume che
fende quella lontana nube con le voci auliche lume e nube, e al loro posto
le parole pit comuni e piú precise e pil aderenti al testo originale: guizzo
che scende folgoreggiando, peró, non senza deviare prima per il generico
precipiloso.
4) Ancora: Al daybreak, on the bleak sea-beach, / A fisherman
stood aghast, / To see the form of a maiden fair, / Lashed to a drifting
mast. — (p. 170) Un pescatore sovra la punta / Del lido, all alba, rat-
ienne Vorma; / E d'una bella vergin defunta / Stretta ad un tronco vide
la forma. Corretto in: Stretta al bompresso d'una defunta / vaga fanciulla
vide la forma.
Assistiamo cosi non solo alla formazione dello stile zanelliano attraver-
so i suo sentimenti, ma ci troviamo anche in presenza di un riecheggiamento
di quella lotta tra le due tendenze classicheggiante e veristica che ha luogo
in tutta la poesia lirica italiana dell'Ottocento, ma segnatamente nella se-
conda metá.
I primi successi di una poesia di lingua semplice, parlata, si manifesta-
no gia un decennio prima dell'apparizione delle Laudi in piena epoca car-
ducciana-dannunziana, al principio degli anni '90. La poesia veristica che
stava giá sul declinare riportó un primo succeso veramente strepitoso con
la pubblicazione del volumetto Fatalitá (1892) di Ada Negri, la quale
poi rimase sempre fedele alla lingua non-aulica. Ma l'uso della lingua mo-
derna, vicina alla lingua parlata (qualche venatura di lingua tradizionale
rimane pur sempre tanto in Fatalitá quanto in Tempeste (1895) ) non era
qualche cosa di nuovo nella poesia socialista e umanitaria; la Negri conti-
nuava sulla via, segnata dai precursori della poesia socialista di vent'anni
prima, di un Giulio Uberti, di un Alessandro Arnaboldi, di un Ferdinando
Fontana (Arrighi, op. cit. p. 48 sgg.). Molto piú rivoluzionario fu il vo-
lumetto Myricae del Pascoli uscito un anno prima di Fatalitá. La lingua di
tutti i giorni veniva qui adoperata non nell'ambito di una poesia che faceva
della realtá, della veritá un programma, come fu il caso della poesia
veristica cui faceva parte la poesia sociale della Negri. Al contrario, essa
veniva adoperata da un poeta che veniva a trovarsi in opposizione alla
realtá, che non fece che soffrirne per tutta la sua vita, e che era rivolto
tutto al di dentro, che della realtá cercó di attraversare il velo per giungere
alla veritá che essa nascondeva e di cui essa non era che il simbolo. 11
linguaggio quotidiano conquistava una nuova provincia dell'arte e veniva
sanzionato da un grande artefice (cosi lo batezzó ¡il D'Annunzio nel Com-
miato all” Alcione).
E questo grande poeta allargó in modo sensibilissimo e notevolissimo
il concetto della lingua diretta, semplice, naturale, non-letteraria quale tra-
76 W. Th. ELWERT
spare dagli scritti teorici e soprattutto dalla prassi poetica dei poeti ve-
risti, 4D
Egli accolse nel suo forziere non solo la parlata quotidiana delle per-
sone colte (quella che secondo il concetto del Berchet era la lingua “po-
polare'), ma egli accolse davvero la lingua del popolo, la fraseologia po-
polare, la parola dialettale (e non solo del suo dialetto natio, ma di tutti i
dialetti,) a seconda che ne avesse bisogno per rendere accuratamente l'im-
pressione e il sentimento. Ed egli ando piú oltre nel suo desiderio di afferrare
e di riprodurre il sentimento degli umili, delle menti incolte e ingenue, im-
mature, e degli esseri non dotati della parola articolata ammettendo nel suo
vocabolario le voci fanciullesche e i gridi amorfi, inumani degli animali,
degli uccelli e delle rane. E naturalmente egli parla senza contorsioni retto-
riche, seguendo lordine normale delle parole, con ripetizioni che vengono
cosi naturali che quasi quasi non gli conviene il termine tecnico di anafore.
tanto é sommessa e carezzevole la dolce voce suaditrice. É non mancano,
d'altra parte, i ricordi della lingua tradizionale, qualche arcaismo, qualche
latinismo, qualche troncamento eppure il fondo € quella parlata comune,
usuale, naturale. Citiamo un esempio:
11 morticino
Non + Pasqua d'ovo?
Per oggi contai
di darteli, i piedi.
E Pasqua: non saj?
E Pasqua: non vedi
il cercine novo?
Andiamoci, a mimmi,
lontano lontano....
Din don... Oh! ma dimmi:
non vedi ch'ho in mano
il cercine novo,
le scarpe d'avvio?
Sei morto: non vedi,
mio piccolo cieco?
Ma mettile ai piedi,
ma portale teco,
ma diglielo a Dio,
che mamma ha filato
11 Lo studio di G. Devoto, Pascoli e la lingua ilaliana moderna,
annunciato come facente parte delle Letture Pascoliane a cura di Jolanda
De Blasi per il Lyceum di Firenze, Firenze, Sansoni, 1937, non era con-
tenuto nel volume della biblioteca braidense che ebbi in mano. Non ho
potuto accertare se sia uscito altrove.
La crisi del linguaggio poetico italiano nell' oltocento 77
sei notti e sei di
sudato vegliato
per farti, oh! cosi!
le scarpe d'avvio!
Qui c'é tutto: l'espressione popolare: Pasqua d'ovo, il termine spe-
cifico: cercine, la frase bambinesca: andare a mimmi (andare a spasso,
in tedesco ada gehen), l'onomatopeica riproduzione della voce delle cam-
pane: din don, la parola intima: mamma, le anafore e repetizioni della
parlata ingenua, del sentimento non intellettuale, e l'inciso affettivo con
una interiezione. Ma d'altra parte c'é anche la forma metrica di una
scaltrezza artistica estrema: due strofe costruite ciascuna sullo schema di
una “ballata minima', metro d'origine popolare, ma della poesia d'arte,
anzi della poesia d'arte delle origini, metro popolare eppure artistico e
persino storicizzante; per giunta, le due strofe fuse mediante l'enjambement
da strofa a strofa, procedimento modernissimo,
Non indugeremo a dimostrare come il Pascoli controbilanciasse il fon-
do popolare, anzi il primitivismo della sua lingua, con accorgimenti metrici
quanto piú scaltriti, con una finissima arte del ritmo (pareggiata soltanto
da quella tanto diversa del D'Annunzio) e con l'analogismo *% delle
sue metafore cariche di simbolismo. Basti un esempio (da La mia sera,
[Canti di Castelvecchio] ) :
E, quella infinita tempesta,
finita in un rivo canoro,
De; fulmini fragali 4?) restano
cirri di porpora e d'oro.
O stanco dolore, riposa!
La nube del giorno piú nera
fu quella che vedo piú rosa
nell'ultima sera.
Ove si noti che, con un accorgimento spesso adoperato dal Pascoli —e
323F, Flora, La poesia ermetica, Bari 21942. p. 74:
“* L'analogismo, elementare rapporto di comparazione, attuato
sopprimendo il sintattico “come”...
13) — Comunissimi simili raccorciamenti del D'Amnunzio: silenzio ce-
ruleo, silenzio nero (Notturno), la voce 'virente” di Ermione (La pioggía
nel pineto; Alcione) e che si trova gia (sparsamente) nel Carducci: il
silenzio verde (11 Bove), come vien rilevato dal Migliorini, op. cit. p. 185.
Si veda anche: ¡ rami stillanti di pioggia sbadigiando la luce sul fango
(Alla stazione) passo citato giá sopra.
78 W. Th. ElwerrT
forse da lui per primo in tutta la poesia italiana **'— fondendo un verso
con un altro facendo entrare l'ultima sillaba di un verso sdrucciolo nel
computo delle sillabe del verso seguente, contrariamente a quanto si fa
normalmente nella versificazione italiana; accorgimento questo che imita
la sinafia dei versi latini, ma che evidentemente dovrebbe dare l'illusione
della irregolaritá metrica (mancanza di una sillaba) comune nella poesia
popolare italiana. 4
E non ci arresteremo a fare osservare come lo stile linguistico pascoliano
si andasse sempre pin allontanando dalle sue origini 'popolari” (e come, a
mano a mano che se ne allontanasse il linguaggio, se ne allontanasse anche la
forma metrica, la quale, in principio ispirantesi della metrica popolare, si
avvicinó sempre piú alla metrica classica-barbara della tradizione Fantoni-
Carducci), quanto piú il Pascoli assurgesse a poeta vate e cantore della
Patria, soccombendo cosi al peso della tradizione che con la successione alla
catedra e all'ufficio poetico del Carducci gli si era imposta, e trovandosi
in questo modo “sfassato' rispetto alla tendenza generale del gusto delle
nuove generazioni.
Infatti, se Í canti di Castelvecchio segnarono al loro apparire (1903)
l'ingreso trionfale e definitivo della lingua non aulica nel regno dell'arte e
se ¡ primi due suoi volumi di poesie provocarono una generale levata di scudi
nel campo dei tradizionalisti *%, il suo sviluppo seriore lo riportava nel
campo della tradizione. Intanto peró la sua stessa opera aveva contribuito
non poco al sorgere di un nuovo gusto e di un nuovo stile decisamente avulso
dalla tradizione, tanto nella métrica quanto nello stile della lingua. Data
del 1901 il Poema dell'adolescenza di Enrico Thovez *” e seguono a
breve distanza quelli che raccolsero del Pascoli *5 l'insegnamento della
poesia dimessa, i Crepuscolari; sono del 1907 il Libro per la sera della do-
menica del Corazzini e la Via del rifugio del Gozzano, cui tennero dietro
+9 E questa l'opinione di Atilio Levi (Archivium romanicum XIV,
[1930], p. 523) di cui peró accetto il guidizio sfavorevole: “Dj questo
artifizio pil ingegnoso che felice il Pascoli, che forse ne fu l'inventore,
fece uso non infrequente: ma, non é questo il suo pregio maggiore.”
15 Gius. Fraccaroli, D'una teoria razionale di metrica italiana.
Torino, 1887, p. 39 sgg. Per la poesia popolare delle origini vedi P. Leo-
netti, Storia della tecnica del verso italiano, Vol. II, parte prima. Napoli,
1934, p. 26.
16% V, Titine, La poesia del Pascoli e la critica italiana (Roma,
s. d.).
11) A, Galletti, Novecento, p. 320 sg.
19 Tbid., p. 263,
La crisi del linguaggio poetico italiano nel otiocento 79
¡ Colloqui nell'11. E di pari passo segui la critica. E del 1910 il libro
iconoclasta del Thovez 11 pastore, il gregge e la zampogna in cui non solo
si fa il processo ai grandi rappresentanti contemporanei della poesia colta,
ma in cui l'autore “dannava tutta la letteratura latina a quasi tutta quella
italiana” (Galletti, l. c. p. 320), ove, insomma, in quanto alla tradizione
classica, e italiana in quanto classica, si faceva piazza pulita. Ma € signi-
ficativo che anche dai ranghi dei poeti non scevri di tradizionalismo si era
elevata una voce per difendere la causa dello stile schietto e semplice. Nelle
sue Rime della selva del 1906 Arturo Graf ammoniva, non senza uno
spunto polemico contro il dannunzianesimo: +?
Canone d'arte.
Essere semplice e schietto,
E far che in ogni sua parte
Risponda al pensato il detto,
E questo il sommo dell'arte;
E qui la pura bellezza,
Negata all'amasio vile,
Che sol vagheggia e carezza
Se stesso nel proprio stile. *%
Che lo stile linguistico della poesia dei Crepuscolari si sia allontanato
dalla vecchia lingua aulica non sará necessario dimostrare, tanto ¿€ evidente,
Quello pero che merita di essere rilevato ¿ che questa distanza linguistica e
stilistica fu' in tal modo sentita da permettere di ricavarne un effetto estetico.
I] Gozzano nella sua ben nota poesia L'amica di nonna Speranza fa rivivere
il mondo della nonna, un salotto piemontese nel 1850, Speranza e la sua
amica Carlotta sono tomate dal collegio e nel salotto —i fratellini devono
rimaner fuori— si siedono al pianoforte,
Silenzio, bambini! Le amiche —bambini, fate pian piano! —
le amiche provano al piano un fascio di musiche antiche.
Motivi un poco artefatti nel secentismo fronzuto
di Arcangelo del Leito e d'Alessandro Scarlatti.
Innamorati dispersi, gementi il core e l'augello,
languori del Giordanello in dolci bruttissimi versi:
19) Arturo Graf, Poesie, 1915, p. 401.
50) E la parola amasio, voce dannunziana del primo libro delle
Laudi (Passerini, p. 49) mira a mettere in dispregio anche la persona del
Pescarese.
80 W. Th. ELwerT
. . caro mio ben
credimi almen!
senza di te
languisce il cor!
Il tuo fedel
sospira ognor,
cessa crudel
tanto rigor!
Carlotta canta. Speranza suona. Dolce e fiorita
si schiude alla breve romanza di mille promesse la vita.
Il vecchio linguaggio poetico viene dal Gozzano citato quasi fosse un'al-
tra lingua; egli mette in rilievo due delle parole piú caratteristiche del vec-
chio vocabolario, e questo lo fa prima, per far spiccare piú chiaramente il
fatto che il brano che segue ha scopo ¡llustrativo, per rendere pit sensibile
al lettore il sentimento tra ironico e nostalgico che lo ispira. Ai fini della
nostra indagine questa contrapposizione serve a darci la giusta misura del
cambiamento che si ¿ compiuto. Intorno al 1910 la vecchia lingua aulica E
completamente passata di moda, tanto da diventare un oggetto di curiositá,
un cimelio da museo, da esser messo in mostra insieme a
Loreto impagliato ed il busto d'Alfieri, di Napoleone
i fiori in cornice (le buone cose di pessimo gusto) .....
Di rimbalzo, spicca il carattere moderno, libero dalle pastoie del tradi-
zionalismo, del linguaggio del Gozzano.
Con i Crepuscolari la lingua moderna ebbe causa vinta, se non presso ¡
critici, nella prassi poetica e prevalse il concetto che per fare opera poetica
non fosse necessario allontanarsi dalla lingua parlata. Seguirono per questa
strada non solo i Crepuscolari, ma anche la maggioranza di quanti ne ven-
nero dopo. Senonché questa tappa che segna il punto di arrivo della tendenza
romantica verso un linguaggio poetico “'popolare”, cioé uguale alla parlata
delle persone colte, non venne a segnar un punto fisso, un termine raggiunto,
ma solo una fase di transizione. Anzi, essa fu allo stesso tempo il punto di
partenza verso una nuova stilizzazione del linguaggio poetico, — in grazia
a quell'altro principio dell'estetica romantica, dell'individualismo, mediante
il dissolvimento della compagine sintattica della frase, sia nel senso dell'iso-
lamento, della “liberazione” della singola parola (futurismo), sia nel senso
di una complicazione della frase su nuovi schemi sintattici (Onofri), e, co-
munque, abbandonando l'espressione immediata, diretta per la figurazione
La crisi del linguaggio poelico italiano nell'ottocenio 81
simbolica e l'analogismo (v. sopra). Va rilevato, peró che per base dei
nuovj tentativi rimase la lingua moderna, e non si ebbe ricorso ai mezzi usati
dalla vecchia poesia di carattere tradizionale, cioé né al linguaggio poetico
di stampo essenzialmente petrarchesco, ne al latinismo.
W. Th. ELweRT
Universidad de Munich,
ETIMOLOGIAS HISPÁNICAS
l. De pinga “gota' a pingo “caballo”
La familia iberorromance (e hispanoamericana) pinga, pingo, pingar
hace ya mucho despertó el interés de los etimologistas, sin que hasta hoy
día se haya llegado a una solución definitiva. Siguiendo el ejemplo de la
docta profesora Carolina Michaelis de Vasconcelos, que dedicó a estos
vocablos un breve estudio en la RL III, 168, la mayoría de los romanistas
se inclinan a adoptar la base PENDICARE, puesto que pinga y sus deri-
vados pueden designar una cosa colgante. Es éste el criterio de A. R.
Goncalves Viana, Apostilas aos dicionários portugueses. Lisboa, 1906, II,
272, (a quien se adhiere Nascentes), de R. Lenz, Los elementos indios del
castellano de Chile. Santiago de Chile, 1905-1910, II, 599-600 y de L.
Spitzer que ha discutido el problema de nuevo en un artículo publicado en
RFE XIV (1927), 251-252 y en sus Beitráge zur romanischen Wort-
bildungslehre. Genéve, 1921, pág. 142. Claro que el elemento vocálico ¡
presenta dificultades considerables que ninguno de los etimologistas citados
ha sabido resolver hasta la fecha. Compréndese pues perfectamente el punto
de vista de Meyer-Liibke que en el párrafo correspondiente de REW 6384
insiste en esta dificultad, citando a la vez cast. pringue (dado: erróneamen-
te como un adjetivo — *fett'), como un derivado de PINGUIS, vocablo
que en efecto tenía este significado en latín.
Hay que advertir que los romanistas citados al discutir el problema
no han tomado en cuenta la variedad de los matices semánticos que el
vocablo presenta ni han delimitado bien el área geográfica de sui extensión.
Vamos a procurar resolver el problema sobre una base más vasta.
Confieso que para mí el problema ya no ofreció ninguna dificultad
aesde el día en que observé en la zona lluviosa del NO de la Península las
pingas, vale decir las gotas, pingando, es decir cayendo una a una, del te-
jado de las casas, produciendo aquel ruido monótono y cadenciado ping -
ping - ping propio del agua pluvial que cae al suelo. Trátase pues de una
forma onomatopéyica cuyos elementos consonánticos y vocálicos reproducen
perfectamente el sonido agudo característico de tal fenómeno. Cabe saber
Etimologías hispánicas 83
si los demás matices semánticos de pinga, tan numerosos y variados, permi-
ten tal derivación. A primera vista parece imposible relacionar con la pinga
onomatopéyica acepciones tales como pingo en hispanoamericano “caballo”
o pingáo que en portugués designa una persona de gran estatura. Vale
la pena pasar revista a la familia pinga para esclarecer la filiación. Empe-
zamos por la acepción que nos parece ser la original.
IL. gotear, chorrear, hablando del agua que cae del tejado.
Encontramos esta acepción con suma frecuencia en los dialectos occi-
dentales, agregándosele además la de “venir empapado” (en los dialectos
expresamente indicados abajo): pingar “gotear, venir empapado, chorrear”
en la prov. de Mérida (Zamora Vicente 51), pingal “caer gotas” en la
prov. de Cáceres (VKR II, 85), “Agua menudita cae / Como pingan
los canales! canción popular de la prov. de Salamanca (Lamano), pingar
“gotear, chorrear, soltar humedad, pringar” prov. de León (Getino), 'go-
tear”, al lado de pingada “gota” Maragateria (Garrote ?, 293: vengo pin-
gando; Vaceitera pinga porque está rota; también en sentido activo: Con
esa vela encendida has pingado todo el suelo); vengo pingando del monte;
en agosto pinga el mosto Bierzo (García Rey), pingar “gotear' Bierzo
(Fernández y Morales), pinga “gota', fuente la pinga topónimo NO de
León (Alvarez, Babia - Laciana 322, 163), pingu 'gota que cae del te-
jado' SO de Asturias (cp. también Munthe 84), pingar “gotear lo que
está empapado en algún líquido”, pinga, pingarala, pinguia “gota” bable
occidental (Acevedo), pingar “caer gota a gota un líquido de cualquier
sitio", al lado de pingayar en el bable central (Canellada; Braulio Vigón),
pinga “gota de agua”, pingar “caer gotas de agua: pingar la ferrada, y pin-
gar los techos y la ropa de la colada”, pinga también =" destila, echagotas
de agua” en el bable (Rato y Hévia); gall. pinga 'gota de cualquier lí-
quido”, pingando 'goteando, estar mojadísimo o chorreando agua”, pingar “caer
un líquido gota a gota” (Cuveiro Piñol, Valladares), Finisterre pingada
= 'gota que se va desprendiendo de la vela”,
Encontramos la misma acepción en Portugal donde parece estar limi-
tada al Norte: pingar “ir caindo gota a gota” (Goncalves Viana II, 272),
trazer o capote a pingar (Figueiredo) ; en el Alto Minho distinguen de la
manera siguiente:-pinga “infiltragío de água da chuva no telhado”, pingueira
“gota de água que cai do beiral, considerada isoladamente”, pingueiro “pin-
go de chuva' (RL XXV, 190; véase sobre el valor del sufijo - eiro, - eira
C1. Basto, Miscelánea de estudos em honra de D. C. Michaelis de Vas-
concellos, pág. 382); Tras os Montes pingas-morias 'água que sempre
entra pelo telhado' (RL XXXV, 269); Entre - Douro - e- Minho: No
84 F. KrUcER
més de janeiro cada pinga um centeeiro, refrán (Aug. C. Pires de Lima,
Estudos etnográficos, filológicos e históricos. Pórto, 1948, III, 338);
Turquel pingalháo “grande pingo: cairam alguns pingalhóes” (RL XXVIII,
122). Hállase el verbo también en sentido activo: a candeia pinga azeite
(Figueiredo).
Cabe agregar a los derivados de pinga citados arriba (pingada, pin-
guia, pingarata, pingalháo) una pingota de sangre San Ciprián de Sanabria,
un pinguín de tseite “una gota de leche” en el bable occidental (Munthe).
Demuestran estos ejemplos y otros citados arriba que los vocablos pingar
y pinga pueden aplicarse a gotas de cualquier líquido como aceite, mosto,
leche, etc.
Dedúcese de los ejemplos citados además que los vocablos pingar -
pinga empleados en el sentido primitivo están particularmente arraigados en
el Noroeste. En otras partes de la Península su empleo parece ser mucho
más raro. Encontramos, sin embargo, pingar 'chorrear: estar pingando de
agua” en andaluz (RHi XLIX, 547), pingar las canales = "caer el agua
pluvial en los tejados* en Aragón (Borao; Pardo Asso), pinga usado en
sentido general “goutte, tache', una pinga de sangre, pinguiar 'gotear” en
judeo-español (C. M. Crews, Recherches sur le judéo-espagnol dans les
pays balkaniques. Paris, 1935, págs. 261, 311; Lauria, A Study of the
Monastir Dialect. New York, 1930, pág. 236) y la forma con r interca-
lada pringa “gota de cualquier líquido”, pringar 'caer gotas de agua, llo-
viznar, comenzar a llover” en partes de Hispanoamérica (Santamaría).
Pueden compararse con la raíz onomatopéyica ping - los ejemplos si-
guientes: pin, pin “sucesión de cosas, continuidad de detalles, al parecer
insignificantes” Maragatería (Garrote? 292); xim-xim 'el soroll de la
pluja menuda poc abundosa' en catalán (Griera, Tresor XIV, 324);
fuente | pimpanu, 'nombre de una fuente que mana por diferentes salidas y
cae el agua gota a gota desde bastante altura?” NO León (Alvarez, Ba-
bia-Laciana 163) ; pincho, pincharreira 'água que cai da boca duma fonte;
chuvisco” Alto Minho (RL XXVII, 273-274); a bisbilera “modo de
caer de un líquido a, gotas muy frecuentes', pizpirón “nombre de una fuente”
NO León (Alvarez, Babia-Laciana, págs. 242, 36), chischís, chinchín,
chipichipi en Hispanoamérica (Corominas, RFH VI, 3, 4) y otras va-
riantes que citaremos más adelante (pág. 85).
II. loviznar, llover.
En algunas regiones el vocablo pingar ha tomado el sentido especial
de lloviznar, lluvia menuda. Hállanse además otras formas onomatopéyicas
de carácter parecido:
Etimologías hispánicas 87
pingar “chover em gotas pequenas e intervaladas', “chover pouco”,
pingalhar “chuviscar' en portugués (Goncalves Viana II, 272; F igueiredo :
comecou agora a pingar); pingueiro “pingo de chuva' Alto Minho (RL
XXV, 190), pinga “gota de lluvia' Sierra de Gata (VKR II, 85).
pinguijar, pinguijiar, pinguitiar, pinguetear prov. de Salamanca (La-
mano; Llorente Maldonado de Guevara 242).
pinijar
peñijear
pintear, pintiguar, pintonear “lloviznar' prov. de Salamanca (Lamano),
pintear llover en cantidad muy escasa” Maragatería (Garrote ?294), “em-
pezar a llover o gotear Aragón (Pardo Asso) y en otras partes de la
Península (?).
pringar “lloviznar” Méjico (Santamaría).
pincho, pincharreira “chuvisco” Alto Minho (RL XXVIII, 273, 274).
pispiar lloviznar” Salta - Argentina (Vic. Solá, Diccionario de regio-
nalismos de Salta, Buenos Aires, 1947).
chispa “gota de lluvia” Sierra de Gata (VKR IT, 85), acepción men-
cionada también por la R. Academia; chispita “gota de lluvia menuda y
escasa”, chispear “lloviznar” Canarias (Pérez Vidal, Nombres de la lluvia
menuda en la isla de La Palma. RDiTrPop V, 189, estudio valiosísimo
en el cual el lector encontrará un gran número de formas onomatopéyicas) ;
chispear “lover en forma menuda” también en partes de la Argentina (Men-
doza, Salta, etc.), según Santamaría “rociar, esparcir un líquido en gotas
menudas; propalar mentiras”.
chisca “gota o poco de cualquier líquido”, al lado de chisco “trago de
vino” en Galicia (Cuveiro Piñol) y bable occidental (Acevedo) y chiscar
“salpicar con gotas” en asturiano (Acevedo), al lado de chiplatar “hacer
saltar agua; salpicar al pisar en un charco” (Canellada) ; port. chisco, chis-
ca “bocadinho”.
chisgo “chorro que brota súbitamente” Canarias (S, de Lugo).
chisguetear, chisquetear, etc. “lanzar, arrojar o echar un chorro o chis-
guete' en hispanoamericano (Santamaría).
chischear 'caer nieve menuda” Salta (V. Solá).
chillisca lluvia menuda” Bolivia.
chinga d'auga ou de azeite “pinga, poucochinho” Bailo (Leite de Vas-
concelos, Opúsculos 11, 482), beber a chinguerete 'a chorro” Bierzo (Gar-
cía Rey).
Demuestran chisca y chinga que con la acepción de gota se relaciona
fácilmente la de pequeñez representada también por los ejemplos siguientes:
chis, chisgo “muy poco' en el bable occidental (Acevedo), cisca “munha,
86 F. KrUcER SN .
rama de pinheiro, etc.” (Leite de Vasconcelos, Opúsculos II, 500), cispa,
-e 'cisco = migalhas pequenissimas” Algarve (Estanco Louro, O Livro de
Alportel, 233), pizcas 'trozos de carne, etc.” Aragón (Arnal Cavero, 25),
etc., lisca “pizca, porción pequeña” en gallego (Valladares), pisca, nisca,
nica, “fragmento” Azores (L. da Silva Ribeiro, Linguagem popular da
llha Terceira. Angra do Heroísmo, 1934). Trátase en todos estos casos
(a los que podrían añadirse muchos más) de formas onomatopéyicas, ““mots
expressifs”. Acierta pues Meyer - Liibke, REW 1929, poniendo en duda
la etimología CINISCULUM propuesta por C. Michaelis de Vasconcelos
para port. cisco y repetida por nuestro fallecido amigo Cl. Basto en su va-
lioso estudio sobre Nomes das agulhas secas publicado en RL XIX, 262.
III. Relaciónanse estrechamente con los significados mencionados
arriba los significados siguientes:
gota de aguadilla que destila la nariz:
pingo 'mucosidade nasal” en portugués (Figueiredo), pinganilla “se
dice de la persona a quien se le asoma por la nariz la gota de aguadilla”
en gallego (Cuveiro Piñol; Valladares), pingor a nariz en Finisterre (W.
Schroeder), vocablos a que se parece minh. pincháo “ranho pendurado do
nariz” (RL XXIX, 263).
llorón:
pingo, pingón = pingalaceira “el llorón quejumbroso” Galicia (Cu-
veiro Piñol). Compárese al revés chorume, churume “llovizna, jugo” en las
Islas Canarias que Pérez Vidal, en el artículo antes citado, relaciona
acertadamente con PLORARE llorar.
menstruación, etc.:
pingadeira “fluxo menstrual” Tras os Montes (RL XXXV, 269;
Figueiredo), “blenorheia” en el chulo portugués (Figueiredo).
grasa de cerdo derretida:
pingo “grasa de cerdo derretida, manteca' en el bable occidental (Ace-
vedo) y en sanabrés. Compréndese perfectamente tal empleo del vocablo
tomando en cuenta la filiación semántica que observamos en portugués:
pingo = gota - gota de gordura - gordura - banha de porco derretida (Fi-
gueiredo); port. pingadeira “vaso em que se recolhem os pingos de carne
que se assa' Minho (Figueiredo; Goncalves Viana II, 272), “torneira ou
assadeira de barro” (Boaventura, Vocabulário minhoto 11, 97), “vaso de
barro, de forma oblonga, de ir ao forno' Minho (RL XIV, 163).
Será difícil separar cast. pringue “lo que destila de sí el torrezno cuan-
do se asa” (Covarrubias), “la grassa, substancia o xugo, que se sale del
tocino u otra cosa crassa, aplicada al fuego” (Dicc. Autoridades), pringar
Etimologías hispánicas - 87
“lardar lo que se assa', “manchar con pringue' (ib.), pringada “la rebanada
de pan empapada en pringue” (Dicc. Autoridades), hoy día en Andalucía
“rebanada de pan con carne, tocino y morcilla” (Wenceslada); extrem.
empringarse “mancharse con pringue (RCEstExtr XIV, 291), etc.
Dada la equivalencia semántica de pinga - pringa “gota”, pingar -
pringar 'lloviznar” y pingar - pringar “salpicar, manchar', ya no se puede
dudar de su origen común, el que habrá sido pinga, pingar, En cuanto a la
r epentética me inclino a considerarla como un refuerzo articulatorio muy
comprensible en una forma onomatopéyica tan expresiva.
IV. Es notable el empleo transitivo del verbo pingar, etc. en el sen-
tido de “manchar, salpicar”:
port. a candeia pinga azeite.
leon. has pingado todo el suelo.
bras. pingotear 'pingar: a roupa está toda pingoteada de sebo (L. C.
de Moraes, Voc. sul-rio-grand. 179).
salmant. espingurrear “salpicar de lodo, embarrar” (Wagner, ZRPh
LXITI, 361).
astur. espingorretiar “manchar algo con gotas; dejar caer en el vestido
gotas de comida” (Canellada), etc.
Corresponde a la forma occidental (y brasileña) pingar la variante
pringar en castellano e hispanoamericano: “salpicar, arrojar o echar gotas o
pringas” (Santamaría).
V. Forman un grupo semántico aparte las palabras que implican
la idea de trago de vino, vino, borracho:
beber uma pinga — “oferecer uma pinga (gota) ás visitas' en el Nor-
te de Portugal (Tavares da Silva, Esbógo dum vocabulário agrícola regio-
nal, pág. 344), popular pinga 'um copo de qualquer bebida: foram beber
uma pinga” (Figueiredo).
En Portugal y en Galicia los bebedores entienden bajo esta voz el
vino en general. Derivados: port. pingalho “porcío de bebida” (Figueire-
do), pingato “vinho bom” Viana do Castelo (RL XVI, 264), pingoleta
“pequena porcáo de vinho para beber” (Figueiredo).
El individuo dado a la "pinga recibe varios nombres según el estado
alcohólico en que se encuentra: estar com a pinga, estar com a pinga a mais
“algo ébrio” (Tavares da Silva, 213), pingueiro “quasi bebado” Tras os
Montes (RL XII, 115; XVI, 264), Minho (RL XXV, 190), pingolas
“individuo dado ao vinho, um tanto ébrio' (Figueiredo), gall. pingoso “bo-
rracho, achispado' (Cuveiro Piñol), port. pingalhado 'um pouco pertur-
88 F. KrUcER
bado por bebida alcoólica; pechingado” (Figueiredo), pingurrio “ebrio cou-
tumaz” (Wagner, ZRPh LXIII, 362).
Corresponde a pinta “gota” (véase pág. 85) una pinta de vino =
“un trago de vino' en sanabrés, leonés, etc., a chisca “gota” (pág. 85),
gall. astur. chisco “un trago de vino” (Cuveiro Piñol; Acevedo), con la
misma acepción chisguetazo en Guatemala (Santamaría); compárense tam-
bién pisto “trago de vino” en partes de Aragón (P. Arnal Cavero 25) y
mejicano (Santamaría) y los derivados de pip-: pipo, pipajo, piponcho
“el que bebe con exceso”, apiporrar, pimporrar “beber excesivamente”, cita-
dos por M. L. Wagner, ZRPh LXI!, 361 (zu pipa *Fásschen', aber
auch wohl lautmalend), barros. impinar “beber” (RL XXXV, 247) (2).
VI. Relaciónanse estrechamente con pingar 'gotear' los significados
siguientes :
pingar “caerse las castañas o las nueces” en el Bierzo (Fernández Mo-
rales; García Rey).
pingar, pinguijiar, pinguitiar, peñijear “sembrar las legumbres una a
una” Salamanca (Llorente Maldonado de Guevara, Estudio sobre el habla
de la Ribera 242).
En sentido abstracto port. pingar 'dar proveito successivamente: a
mendicidade é o oficio que vai pingando” (Figueiredo), andal. pingorrear
“vender cara una cosa” (Venceslada).
pingar “brincar, saltar” (Dicc. Ac. Esp.), mejor dicho 'balancearse
dos individuos sobre un madero” en la provincia de Santander (García -
Lomas; Alcalde del Río, Contribución al léxico montañés. Santander,
1933, pág. 18, con dibujo), onomatopéyico que corresponde perfectamen-
te a astur. xingar, xiringar 'columpiarse” (Munthe), andar a la xingadiella
“columpiarse' (Canellada, Cabranes 366) y otros onomatopéyicos por el
estilo (berc. acingar, gall. chinchar, etc., empleados en el mismo sentido) ;
barros. pinchar “saltar, voltar”, pincho “salto” (RL XXXV, 269). Perte-
necen tal vez al mismo grupo semántico santand. bola pingona “en el juego
de bolos: bola tirada con cierta desenvoltura” (García - Lomas) y pingona
“moza llevada de zarandeo de los mozos' (Alcalde del Río 18).
No sé si hay que incluir en este grupo también and. pingané “juego
de muchachos” (Venceslada) y chil. pinga 'peonza' (Román).
pingar “cabecear com somno, estar a cair de somno' Tras os Montes
(RL XIL 115).
VII. Derivados de pinga, pingar:
Etimologías hispánicas 89
pingueira, pingueriña “gotera” en Galicia (Valladares), pinganillo
“canelón” en el Bierzo (García Rey).
pinganeta “caño por donde sale el chorro de una fuente' en el bable
central (Canellada, Cabranes 299).
pinganexu 'caño de una fuente que corre muy poco”, “trapo que se
pone en la pinganeta para facilitar que caiga el chorro de agua
que es ecaso' en el bable central (Canellada, Cabranes 299).
espingayar 'caer en pingajos' bable central (Canellada 205), en sen-
tido abstracto se dice del que no tiene fuerza ni ánimo para ha-
cer nada” (ib, 205).
espingurrear “salpicar de lodo” Salamanca (M. L. Wagner, ZRPh
LXII, 361).
espingorretiar 'manchar algo con gotas; dejar caer en el vestido gotas
de comida” en el bable centra] (Canellada 205).
pingotear “pingar: a roupa está toda pingoteada de sebo” Río Gran-
de (L. C. de Moraes, Vocabulário sul-rio-grandense).
pingada “gota que se va desprendiendo de una vela de cera' Finiste-
rre, “gotas de aceite que se echan a los pimientos' Bierzo (Gar-
cía Rey), “gota, lamparón, mancha de aceite, cera u otra subs-
tancia grasienta” Maragatería (Garrote).
pingaretes “gotas de un líquido cualquiera” en Asturias (Rato y Hé-
via).
VIII. Con la idea de la gota que cae del alero del tejado se com-
bina fácilmente la de una cosa pendiente. Encontramos el verbo pingar tan
arraigado en el NO y Oeste en el sentido de *gotear”, también con la acep-
ción de “estar algo prendido, colgando de un sitio”, tanto en la provincia
de Santander (García Lomas s. v.) como en asturiano (Canellada, Ca-
branes) y leonés (Garrote); astur. pingón “un vestido que cuelga más de
un sitio que del otro; lo que está pingando” (Canellada), leonés Este ves-
tido pinga por delante, hace un pingo (Garrote).
La comparación con la gota pendiente y los lindos cristales que en
invierno se van formando de las gotas heladas han originado además un
gran número de designaciones, en parte muy graciosas:
carámbano de hielo que cuelga de un tejado:
pinganexu en el bable central (Canellada 299).
pinganilla en gallego (Cuveiro Piñol), pinganillo Maragatería (Ga-
rrote), Salamanca (Lamano).
90 F. KRUGER
pinganielo Rionor de Castilla - Sanabria, pinganeis, pinganelos Tras
os Montes (RL V, 100).
peringayu de jiada Orense (Schneider, VKR XI, 276) < pingayu.
otros objetos pendientes:
pinganillo “prisma de cristal; toda señal o adorno pendiente” Mara-
gatería (Garrote); “adorno colgante; cuando es un arrapiezo
se llama pingajo” prov. de León (Getino); “trozo de piel col-
gante que se corta en la badana al ganado vacuno, para seña-
larlo; marca del ganado vacuno” (Lamano).
pingallo 'colgajo” Bierzo (González y Morales).
pingallu, pinguelo “úvula” Orense (Schneider, VKR XI, 276).
pingajo “arrapiezo que cuelga de alguna parte” (Dicc. Ac. Esp.)
nature de l'homme:
pinga en asturiano (Rato y Hévia; también = “punta'), en Méjico
y Cuba (Santamaría, al lado de picha, pija, picho).
pingo en partes de la Argentina (Vic. Solá, Salta 228), al lado de
pisco.
piringola en el bable occidental (Acevedo, también punta).
Puede que en este caso haya intervenido la idea de pingar “gotear',
según demuestran los vocablos siguientes empleados en el mismo sentido y
relacionados con pichar “orinar': arag. picha, pichorra etc.; pixa (x = pa-
latal fricativa) en el bable occidental (Acevedo), gall. picha, pichola,
pixa (Valladares), al lado de picho = “caño por donde sale el agua de
la fuente; la nariz o pico de una jarra” (Cuveiro Piñol), picha en el NO
de León (Alvarez, Babia-Laciana) y en portugués, murc. pichin “parte
genital de la mujer”, al lado de pijo “miembro viril" (García Soriano; Ra-
mírez Xarriá); vascuence (siz “orinar' - tsitsil “miembro viril” (Azkue), etc.
Pertenecen al mismo grupo semántico minga en Asturias y León, según
ya señaló M. L. Wagner, ZRPh LXIII, 356 nota, cruce con mear; mín-
galha Barcelos (Gomes Pereira), al lado de migalha Beira Baixa (RL
XI, 159) que parece representar una forma secundaria bajo la influencia
de migalha = pequeño fragmento; alent. mingorra (Wagner, 257) ; tras-
mont. meringalha “penis da crianca” (RL XXXV, 258).
percha, palilo, puente improvisado:
pinga “percha que sirve para conducir al hombro cargas colgadas en
las dos extremidades del palo Filipinas (Dicc. Ac. Esp.), Ma-
cau (Figueiredo).
"y
Etimologías hispánicas Ol
pinguelo “pauzinho” Minho (RL XXV, 190), pinguélo, pinguela,
pinguelinha “ponte pequena para passar um ribeiro' Minho (Lei-
te de Vasconcelos, Opúsculos II, 252, 504). Encontramos
exactamente la misma acepción en el Brasil: pinguela “pau atra-
vessado sobre um riacho, ou cambóa para dar passagem de um
a outro lado” (Pereira da Costa, Vocabulário pernambucano),
“pequena ponte improvisada” (L. C. de Moraes, Vocabulario
sul-rio-grandense). Parece representar una acepción secundaria
minh. pinguela 'pedra única que, em meio de um regato estreito,
facilita a passagem” (Figueiredo). Compárese sobre los tipos de
puentes primitivos Hochpyrenáen A II, 393 y siguientes.
pinguela 'pauzinho, com que se arma o lago para apanhar aves”, 'gan-
cho com que se armam ratoeiras” (Figueiredo).
pingarelho “parte da aramenha que serve para a armar” Entre - Dou-
ro - e- Minho (Leite de Vasconcelos, Opúsculos II, 504), “ra-
toeira, qualquer coisa mal segura e prestes a cair” (Gomes Pe-
reira, Barcelos 271).
punta, parte elevada, montón:
pinga “punta” Asturias (Rato y Hévia).
pingar 'poner una cosa derecha y vertical” (J. Casares, Dicc. ideo-
lógico), “alzar la bota para beber” Aragón.
pingo “madero delgado y recto que se coloca en las cubiertas de las
casas” Ecuador (Santamaría).
pinganillo 'zoquete o cualquier objeto que se coloca para subirse uno
y poder alcanzar lo que está alto” Méjico (Román, Dicc. chi-
leno IV, 296).
estar en pinganetas “estar en cuclillas; estar mal sentado o acomoda-
do, en peligro de caer' Aragón (Borao); en sentido figurado
cast, estar en pinganitos “hallarse en puestos elevados o en bue-
na fortuna': y que los que ayer estauan en pinganitos, oy están
por el suelo (Cervantes).
estar en pinganillas 'cosa que por mal sentada está en riesgo de caer-
se” Méjico, “de puntillas", a la pinganilla “llevar el sombrero in-
clinado” Costa Rica (Santamaría).
pingote “montón de piedras” Extremadura (RCEstExtr XIV, 75).
pingorota, pingorrota “la parte más alta de cualquier cosa encumbra-
da”, 'lo más alto de una torre o de un peñasco”, al lado de pico-
rola, picurula en la provincia de Salamanca (Lamano; RFE VII,
355).
92 F. KrUcER
píngano “montaña de cima muy puntiaguda” Andalucía (Venceslada).
pingorotado “colocado en sitio alto” Santander (Alcalde del Río).
pingorotudo “empinado, alto o elevado” (Caballero, Dic. de mo-
dismos).
pingorongo “pico irregular y mal hecho” (Santamaría).
pinguruta “elevagáo, eminencia, altura” (Pereira Costa, Vocabulario
pernambucano 578).
IX. Relaciónanse estrechamente con los significados mencionados
en el párrafo anterior los vocablos que designan
una persona de grande estatura:
pingáo Beira, al lado de “roto, sujo” (1) (Figueiredo).
pingón “grandullón, bigardo” Murcia (García Soriano).
pingayón “muchacho crecido que no quiere trabajar', aumentativo de
pingayo, femenino pingayua, en el bable occidental (Acevedo).
peringayo “muchacho muy crecido y delgado que no quiere trabajar”,
con un elemento infixal bastante frecuente en el NO (cp. pin-
gallu > peringallu de jiada *carámbano” VKR XI, 276) en
el bable occidental (Acevedo).
pingorca “mulher alta e deselegante” Beira (Figueiredo).
pingúrria “mulher desairosa ou desmazelada” (Figueiredo).
Es significativo el elemento despreciativo que se combina con el sen-
tido original.
X. La idea de pinga, gota, implica necesariamente la de una cosa
insignificante, sin valor, despreciable. Así la forma monosílaba Tropf de-
rivada de Tropfen = “gota” significa en alemán un pobre infeliz, necio y
miserable. En las lenguas romances la palabra correspondiente “gota” GUT-
TA sirve de partícula de negación reforzativa = 'nada': francés je ny
vois goulie, je n'y entends goutte; prov. ni a pas gouto “il ny ena pas”, lou
diable ¡ entend goulo “il est impossible d' y rien comprendre” (TF); cp.
FEW IV, 349 y sig.; cat. gota 'bri, mica, partícula” (Griera, Tresor),
no hi veu gota; no hi ha gota de blat, de llenya; no té gola de vergonya
(Dicc. Aguiló); ant. cast. E yo con pesar grande non puedo desir gota
(J. Ruiz 1518 c).
En portugués pinga y pingo conservan el valor de 'pequeníssima quan-
titade de líquido'; pero encontramos en el brasileño la acepción más ge-
neral “cousa pequena: pedacinho, bocadinho, tiquinho”,
El valor despreciativo que adhiere a pinga, pingo se revela en designa-
Etimologías hispánicas 93
ciones de objetos y más todavía en denominaciones de individuos desaseados
y miserables.
objetos de poco valor:
pingo “harapo, andrajo” Aragón; “vestidos de mujer cuando son de
poco precio, aunque estén en buen uso o sean nuevos” en cast. familiar
(Dicc. Ac. Esp.).
pingajo '“arrapiezo que cuelga de alguna parte en cast. familiar (Dicc.
Ac. Esp.), pingallo en gallego (Valladares), pingalho en portugués “fa-
rroupilha* (Figueiredo).
individuos desaseados y miserables:
pingo “sustantivo con que suele designarse al que es demasiado suelto,
haragán y desaseado; generalmente se aplica a la mujer” Aragón (Borao) ;
“inútil” empleado como insulto en Salamanca (Llorente Maldonado, Ribe-
ra 242 s. v. peal).
pinga “homem sem dinheiro, pelintra” (Figueiredo).
pingón “miserable, pedigiieño, andrajoso, lacerado', al lado de pinga-
laceira, Galicia (Valladares).
pingáo “individuo maltrapilho” Minho (RL XXV, 190), “homem
timorato” Minho (RL XXIX, 263), “palerma, pacóvio” (Gomes Pereira,
Barcellos 271), “roto, sujo' (Figueiredo), 'pessoa miserável e inmunda'
(Lima-Barroso, Peq. dic. brasileiro da língua portuguesa). .
pinguinho “individuo fraco, pusilanime” Brasil (Pereira Costa, Voc.
pernamb.) ; véase arriba — “pedacinho'.
pingajoso 'haraposo” (Dicc. Ac. Esp.).
pinganilla “desmadejado, flojo, desvaído” Galicia, también = “gota
en la nariz” (Valladares) ; *petimetre, futre' en muchas partes de Hispa-
noamérica (Lenz, Dicc. et. 599).
pinganillo, - a “persona rechoncha, cachigordeta? Colombia (Santa-
maría; Tascón, Cauca), 'mequetrefe, chiquitín, también = “pantalón lar-
go” en partes de la Argentina (V. Solá, Salta 228).
pinguelo 'rapaz ou rapariga apalermada' Tras os Montes (RL XV,
335).
pingajiento “pingajoso, harapiento” Andalucía (Venceslada).
pingalaceira “andrajoso, miserable, pedigiieño, lacerado” Galicia (Cu-
veiro Piñol).
pingalho 'pessoa desmazelada no vestir; farroupilha” (Figueiredo).
pingarelho 'pelintra; homem esfarrapado” (Figueiredo).
pingarelheiro “pelintráo; mal humorado' Minho (Boaventura).
94 F. KRUGER
pingúrrio “pobretáo, pelintra” (Figueiredo), pingúrria “mulher desai-
rosa ou desmazelada' (Figueiredo).
pingorongo “niño pequeño y aun despreciable”, “irónicamente, feto hu-
mano” en Hispanoamérica (Santamaría), etc.
Aplícanse tales designaciones despectivas particularmente a mujeres,
como lo indican algunos de los ejemplos citados. Cabe agregar los siguien-
tes:
pinga “mujer callejera, en vez de pindonga' Guadalajara (Vergara,
Através del dicc. de la lengua española).
andar, estar, ir de pingo “se moteja a las mujeres más aficionadas a
visitas y paseos que al recogimiento y a las labores de su casa”
(Dicc. Ac. Esp.).
pingona “moza llevada de zarandeo de los mozos' Santander (Alcal-
de del Río).
pingorear 'pindonguear” Salamanca (Lamano).
pingonear, al lado de pindonguear 'callejear” Aragón (Pardo Asso).
pingorca “mulher alta e deselegante' Beira (Figueiredo).
pingúrria “mulher desairosa ou desmazelada' (Figueiredo).
pingucha “muchacha despreciable, ordinaria”, pinguchita *mujer del-
gada, flaca, pero no despreciable' (Román, Dicc. chileno 1V,
298).
Dentro del gran número de vocablos que se refieren a defectos hu-
manos ocupan un grupo aparte los que designan el callejear y la mujer
callejera. Parece que hay que relacionarlos con pingo, pinganillo emplea-
dos en el sentido de “elegante, pretensioso”, según veremos adelante.
Pertenecen a este mismo grupo, según indica la congruencia semántica,
los vocablos siguientes:
pindonga “mujer callejera” (Dicc. Ac. Esp.).
pindongo “persona que, desatendiendo sus propios quehaceres, se mez-
cla en los de los demás; haragán, callejero” Extremadura (L.
Chamizo, Miajón de los castúos; RCEst Extr XVI, 42); pin-
donguera “pindonga” Maragatería (Garrote, al lado de pendo-
near 'corretear, callejear'”, pendanga “mujer perdida»; pindon-
guear “callejear” Galicia (Valladares); pindongueo “acción de
pindonguear” Andalucía (Venceslada), pindonguero 'callejero
que gusta de pindonguear” Murcia (García Soriano), pindongo
“persona callejera”, pindonguera “pindonga, mujer callejera”
Aragón (Pardo Asso), pindonguera 'pindonga” Alava (Barái-
bar), etc.
No veo ningún inconveniente en relacionar estos últimos vocablos di-
Etimologías hispánicas 95
rectamente con el grupo ping- Trátase probablemente de una metátesis a la
que habrá contribuído la equivalencia acústica (arag. pingonear - pindon-
guear). Pero puede también que haya influído el grupo pendonear, pen-
dolear “disipar el tiempo, callejear', pendonero, pendolero “que siempre está
de aquí para allá” Aragón (Pardo Asso; Borao), pendonear empleado en
el mismo sentido en Navarra (Baráibar) y en la Maragatería (Garrote),
pendejona “mujer despreciable” en la sierra cantábrica, grupo que evidente-
p mente tiene un origen distinto (cast. pendón 'bandera' etc.).
Aparecen con un sentido distinto:
pingo “muchacha viva”, también = “caballo vivo", en partes de la
Argentina (Vidal de Battini, El habla rural de San Luis 341-
342) al que puede agregarse mejic. pingo “niño travieso”, tam-
bién = “diablo” (Santamaría).
pinganillo “elegante, bien trajeado o pinchuleado' (Ciro Bayo, Voc.
criollo - español - sud-americano), “elegante, currutaco, bien ves-
tido” Bolivia (Santamaría), pero pínganilla también = “persona
' pobre con pretensiones de elegante y, por eso mismo, algo en-
tremetida; petimetre, pisaverde” (Román, Dicc. de chilenismos
IV, 296; Santamaría: en Centro y Sur América).
Apuntemos de paso que son frecuentes para designar cualidades pa-
recidas vocablos de valor marcadamente expresivo:
pincho 'elegante, bien vestido, jacarandoso” Extremadura (Zamora
Vicente, Mérida 125), “guapo” Andalucía (Toro y Gisbert,
RHi XLIX, 456), pinchito mozo pinturero en el vestir y en
su apostura” Andalucía (Venceslada), pincho “majo, valentón'
Murcia (García Soriano), cat. pinxo “audac, valent, atrevit,
inf. pinxejar “gallardejar” (Griera, Tresor XI, 317), pincho
“elegante, bien vestido”, 'bravucón, orgulloso", pinchar “hacer el
pincho' Aragón (Pardo Asso), pincho “guapo mozo, presumido”
Alquezar (Arnal Cavero).
pisco “sujeto presuntuoso, vano y esponjado' en partes de Hispano-
américa (Santamaría).
pispo “'mono, majo, muy guapo; amanerado' Colombia (Santamaría).
pispa “muchacha vivaracha* Canarias (Lugo).
pispitilla “mujer delgada, inquieta, viva” (Santamaría).
' pizpireta citado en el mismo sentido por el Dicc. Ac. Esp.
La acepción de 'vivo”, “elegante” que se da a pingo y pinganillo res-
pectivamente, es relativamente rara y sólo se encuentra en Hispanoamérica.
En la Península Ibérica el sentido de pingo (etc.) aplicado a personas es
marcadamente despectivo, Tal distinción no puede ser el juego de mero
96 F. KrUcer
azar. Encontraremos la explicación del matiz hispanoamericano en el capí-
tulo siguiente.
XI. caballo vivo - caballo malo,
En los países americanos el vocablo pingo aparece con un sentido es-
pecial. Designa en la Argentina y en el Brasil el caballo bravo mientras
que en Chile se aplica a un caballo malo:
pingo caballo bueno, ligero, corredor” en la Argentina (Román, Dicc.
chileno IV, 297; Lenz, Dicc. et. 599; Tiscornia, Martín Fie-
rro comentado y anotado. Buenos Aires 1925, págs. 461-462;
Saubidet, Vocabulario y refranero criollo: “caballo brioso, lige-
ro y de buenas condiciones”, etc.),
pingo “cavalo bom, vivo, fogoso, vistoso” en el Brasil (L. C. de Mo-
raes, Voc. sul-rio-grandense), pingago “superlativo de pingo',
pingada “porcáo de pingos' (ib.).
En cambio
pingo “caballo malo, caballejo” en Chile (Román IV, 297).
¿Cómo explicar significados tan contrarios? En cuanto a pingo =
“caballo ligero" podría pensarse en una relación con el vocablo peninsular
pingar “brincar, saltar” (pág. 88) tanto más que existe en partes de His-
panoamérica el verbo pingotear "hacer corvetas, dar saltos; dícese especial-
mente de las caballerías” Bolivia (Santamaría). Pero observamos ya antes
que el verbo pingar = “brincar, saltar” está limitado a una región restrin-
gida de la Península (Montaña de Santander) donde ha aceptado además
un sentido muy especial ('columpiarse'). No encontramos tampoco en el
resto de la Península una base sólida para explicar el sentido afectivo que
se da a pingo en la Argentina, siendo el valor semántico de esta palabra en
España y en Portugal marcadamente peyorativo y despectivo.
Llegamos pues a la conclusión de que el sentido original que se daba
en Sudamérica a pingo “caballo” debe haber sido el despectivo o sea el que
todavía hoy día se ha conservado en Chile. Pasando por la etapa “cual-
quier caballo” que también se observa en Chile ('“Dígame, compañero,
cuánto le costó su pingo”, Román IV, 297) el pingo, como ya observó E.
F. Tiscornia en su reciente comentario de “Martín Fierro”, fué elevado a
una categoría superior por gracia de los paisanos gauchos conforme al valor
que representa para ellos y al afecto que los vincula a sus caballos. Con
este sentido ennoblecido el vocablo fué aceptado también en el Brasil.
En vista de tales hechos la explicación de los vocablos auténticamente
hispanoamericanos mencionados arriba ya no presenta nincuna dificultad.
De los dos significados que dan en la Argentina a pingo 1. caballo vivo,
e OS
Etimologías hispánicas 97
2. muchacha viva, el primero es evidentemente el primitivo. El verbo pingo-
tear empleado en el sentido de “dar saltos” en Bolivia (¡dícese especialmen-
te de caballerías!) no tiene nada que ver con parecidas formas peninsula-
res; representa más bien un derivado directo de pingo “caballo”. Trátase en
los dos casos de creaciones netamente americanas. En cuanto a pinganillo
= 'elegante' parece que hay que relacionarlo con la tradición peninsular,
tanto más cuanto que el matiz despectivo “persona pobre con pretensiones
de elegante' tiene tanto en la Península como en América gran difusión.
2. Designaciones de “copo de nieve”
En el instructivo artículo que M. L. Wagner dedicó hace poco a los
sufijos iberoromances (ZRPh LXIII, 329 y sig.) aparecen algunas de-
signaciones de 'copo de nieve” del Oeste de la Península que tanto por la
raíz como por su aspecto morfológico llaman la atención (ast. falopo, fa-
rrapos, berc. farraspas, port. folhepo, folheca, etc.). Sin pretender un exa-
men total ni la solución inmediata de los problemas que brinda la termino-
logía de los copos, presentaré aquí una lista de sus denominaciones en los
dialectos occidentales con el propósito de abrir paso a estudios posteriores.
Contrariamente a lo que observamos en el interior, las denominaciones
de los copos son de una variedad asombrosa en los dialectos del Oeste. Y
lo que sorprende más todavía es que varían también los morfemas, vale decir
los sufijos, contribuyendo así a crear una multitud de formas tan graciosas
como expresivas,
Los vocablos que no llevan definición especial en la lista siguiente
designan los copos de nieve.
1* farrapo, al lado de trapo (inf. trapiar), también = “trapo”, inf.
farrapar en el bable occidental (Braulio Vigón; Acevedo) ; farrapos “chu-
va de neve em flocos' en el Alto Minho, al lado de farrapada (RL XXIX,
255; A Aguia XII, 37-38).
Sea cual fuere la etimología de farrapo (véase M. L. Wagner, ZRPh
LXIII, 329-332), lo cierto es que farrapo empleado en el sentido de “copo
de nieve” deriva de la acepción “trapo” que se da a esta misma palabra en
todo el Noroeste:
farrapo “trapo, trapo sucio” en Asturias, Galicia, Bierzo, Zamora, Sa-
lamanca (Lamano; Llorente, Ribera 236, al lado de farrapa “miga, resto
que queda en el suero después de hecho el requesón”) y Portugal ('pedaco
de pano rasgado ou muito usado', “pega de vestuário, muito róta e esfarra-
98 F. KrUGER
pada'); en Babia farrapu “prenda de vestir abandonada en cualquier lu-
gar' y esfarrapar “deshacer una prenda de tela” (Guzmán Alvarez) como
en asturiano (Canellada 196), gall. “hacer harapos" (Valladares), port.
“reduzir a farrapos, rasgar'; alent. esfarrachar “esfarrapar; arranhar;ma-
goar” (Capela-Silva, Elvas 91).
farrapiezu “un trapo cualquiera; prenda de vestir desechada” en astu-
siano (Braulio Vigón; Canellada, Cabranes 215); esp. arrapiezo,
farrapiu “rastro, residuo: Nun quedó nin farrapiu” en el bable central
(Canellada, ob. cit.).
farracho “pedago, bocado, crescenga de pano' Estremadura (RL
XXXVI, 125), farrajo “pedago, bocado” Serpa (RL XXXVII, 234),
esfarrajar “esfarrapar (RL XXXVI, 204), véase arriba esfarrachar.
farrapero “la piel rota de un animal recién deshollado' Salamanca
(Lamano).
farrapeiro 'trapero” Asturias, Galicia (Carré Alvarellos), “trapeiro
que negocia em farrapos' en el Alto Minho y Estremadura (RL XXXV,
240), al lado de
farroupero 'haraposo' Galicia, farroupeiro “andrajoso, com a roupa
em farrapos Alto Minho (RL XX, 244), cruce con roupa (Wagner,
ZRPh LXIII, 332).
farroupilha (Figueiredo), farropilha “individuo mal trajado, esfarra-
pado, miseravel” Barcelos (Gomes Pereira 233).
farrapilha “farroupilha” Alentejo (RL XXIX, 220).
1». farraspa “ligerísima capa de nieve' Babia - Laciana (Guzmán Ál-
varez); en el Bierzo = 'copo de nieve”, también = “desperdicios de una
cosa sólida” (García Rey; Fernández Morales, Ensayo poético en dialecto
berciano. León, 1861); ferraspas Calabor-Sanabria; farraspadica Cabre-
ra Alta.
farrampios en el bable central; inf. farrampiar (Canellada).
farroupela “camada delgada de neve' Barroso (RL XXXV, 240).
2. faragacho “copo de nieve' y “camisa vieja” en el Valle del Rio
Ibias, > fargachu “camisa destrozada' en los valles inmediatos de la pro-
vincia de León (Guzmán Alvarez, Babia - Laciana 292) ; el vocablo (con
-r- sencilla) se relaciona con faragayo “andrajo, trapo", faragayón “másca-
ra' en el bable occidental (Acevedo); faragachu “trapo”, faragacha 'gam-
mal trasig skjorta” = port. fragalho *farrapo' registrados por Munthe en
el SO de Asturias.
Etimologías hispánicas 99
3. falapo “ampo de nieve' provincia de León (L. Getino).
falampu 'copo de nieve” NO León: Bacia (Guzmán Alvarez 292).
falapios Asturias (según Rato y Hévia ant. también — “trapos').
faloupu Laciana (Guzmán Álvarez 292), faloupas Pombriego- Bierzo.
faloupos en gran parte del SO de Asturias (Fuejo, Bruelles, Genes-
toso, Degaña, Vallado, Bao, Villar de Cendias en la parte leo-
nesa del V. Rio Ibias).
zaloupos SO Asturias (Besullo, Trones).
falopas en la zona gallega del V. Rio Ibias, falopos en la zona co-
lindante de la provincia de Lugo y más hacia el Norte en el bable occiden-
tal, inf. falopar (Acevedo) ; falopas también en el Barroso (RL XXXV,
239), donde el vocablo designa además 'la chispa que salta de la lumbre”
(ib.), como fopa en Orense (Schneider VKR XI), Tras os Montes
(RL XII, 99) y Beira Alta (RL XVI, 242; Leite de Vasconcelos,
Opúsculos I, 530), falhopas (= faulhopas, de faulha) en el Alto Minho
(A Aguia XIII, - 25) Carvalhais - S. Pedro do Sud (RL XVI, 239).
feloupes Valle de Trabadelo -, Bierzo.
falepas en la zona meridional de Sanabria.
felepas en la zona occidental de Sanabria, al lado de zelepas, en el
Este de la provincia de Orense y en la provincia de Lugo (RL VII, 212),
con cambio de a protónica en e, fenómeno que no es excepcional en esos
dialectos (VKR XI, 201).
Las designaciones de “copos de nieve' registradas en los grupos 1 y 2
(tipos farrapo - farraspa - faragacho) evidentemente proceden de la idea
matriz de “trapo, harapo' como tantas otras de las que hablaremos más ade-
lante. Los términos reunidos en el grupo 3 (tipos falapo- faloupa
- falepo) tienen un origen distinto. Exceptuando el asturiano falapios que
según Rato y Hévia antiguamente designaba también 'trapos”, no encon-
tramos en los dialectos occidentales ningún vestigio que permita establecer
tal conexión. Trátase más bien de designaciones cuyo origen habrá que bus-
car en la riquísima terminología relacionada con “chispa” y cuyo foco de
irradiación puede haber sido FALUPPA (REW 3173; Leite de Vas-
concelos, Opúsculos 1, 530: port. fopas; M. L. Wagner, ZRPh LXIIL,
334).
Pertenecen al mismo grupo los dos tipos siguientes:
4. falispas “copos ráfagas de nieve” Maragatería, inf. falispear (Ga-
rrote) ; compárese en cuanto al sufijo filispa, felíspa “cualquier hebra o fibra”
en el bable central, derivado de filo (Canellada 220), port. galispo, galarispo
“pequeno galo' (Wagner, ZRPh LXII, 342).
100 F. KrUcER
faliscas “nieve muy fina” Babia-Laciana (Guzmán Álvarez 292),
vocablo que corresponde a faisca “chispa, caspa” Orense (Schneider, VKR
Xl, 266), “ceniza ligera que sube con el fuego” Galicia (Cuveiro Piñol),
rayo” Galicia (Carré Alvarellos), chispa, caspa” Portugal (A Aguia
XIII, 21, 25; Figueiredo), “caspa y miga de pan' en la zona gallega de
Sanabria; fallisca “caspa' Bierzo (García Rey). Aparecen con el signifi-
cado de “chispa” también: faripas, fariscas en el Alentejo (RL XXXIII,
122; XXXVII, 234).
5. folepas, fulepas en el SO de la provincia de Orense (Schneider,
VKR XI, 267).
folerpas, felerpas, inf. folerpar Galicia (Valladares); encontramos
folerpa, inf. folerpar también en el Alto Minho (RL XX, 247), al lado
de la forma contracta flerpa (Leite de Vasconcelos, Opúsculos II, 349)
y en Vila do Conde (RPFil II, 149), al lado de folerca, folecra. Pro-
bablemente hay que derivar de la misma raíz
fíarpas que W. Schroeder registró en Finisterre, inf. fiarpar.
foléca Entre-Douro- e -Minho (Leite de Vasconcelos, Opúsculos II,
491), Barcelos (Gomes Pereira 234), Vila do Conde, al lado de fole-
cra, folerca, folerpa (RPFIil IL, 149), inf. folecar,
folheca Alto Minho (A Aguia XIL, 38), folheco 'geada” Minho
(Tavares da Silva, Esbógo dum vocabulário agrícola regional, pág. 241),
al lado de falhuco.
folhepo Alto Minho (A Aguia XII, 38).
falhoco, al lado de faloco, inf. falhocar, y falhuco en el Alto Minho
(A Aguia XII, 38; RL XX, 244), vocablos que evidentemente hay que
relacionar con falhopa Alto Minho (A Aguia XIII, 21, 25), falhosca
Estremadura (RL XXXVI, 115) = “chispa.
folhelho Madeira (RL XXIII, 134).
El último ejemplo muestra claramente que en la Isla de Madeira hay
congruencia completa entre la designación del copo de nieve y folhelho que
designa comúnmente “la película que reveste a espiga do milho, o bago da
uva, legumes, etc.” (Figueiredo), al lado de folho, folhelho, folhaco (Ta-
vares da Silva, Esbóco dum vocabulário agrícola regional). Es esta última
evidentemente la acepción primordial (derivados de folha “hoja').
El mismo concepto se da en las variantes minhotas folheco, folheca,
folhepo.
En cuanto a falhoco, falhuco que igualmente aparecen en el Minho,
también podrían explicarse como derivados de folh- (con disimilación de
la vocal protónica ante o, u tónicas); pero parece más probable que inter-
Etimologías hispánicas _ 101
fiera la idea de “chispa” representada por falhopa en el Alto Minho y nu-
merosas variantes en el NO,
folepa, foleca, folecra, folerca, folerpa, formas tan parecidas a las an-
teriores y difundidas como éstas en el Norte de Portugal, van evidentemen-
te asociadas con folepo, folecho, folipo, folipa = *empóla, bóla, fole pe-
queno, etc.” (Figueiredo), derivados de fole “fuelle”, REW 3422 FOL-
LIS, a los que cabe agregar también: folecra 'castanha chocha ou sem pol-
pa” Tras os Montes (Figueiredo), folecra, folerca “castanha chocha ou
sem polpa' Tras os Montes (RL XXXV, 242), folecos empleado en el
mismo sentido en la prov. de Lugo, al lado de boleca, bolecra, bolerca en
otras partes de Galicia y bolecra, borleca en Tras os Montes (RL I, 205;
XV, 349), fonecra Beira (RL XIL, 313).
6. carapella "nieve: condo chove y neva (= 'graniza”) ou fay cara-
pella' en el bable occidental (Acevedo) tiene estrecho parentesco semánti-
co con los términos foleca, folecra, etc. citados anteriormente, según se des-
prende del sentido original de los vocablos siguientes: carapiella “pedazo de
corteza que se levanta imherente a cualquier cosa”, “cáscara de la
castaña que se forma sin fruto en el erizo” (cp. trasmont. folecra), ca-
rapiellu *cubierta de la avellana”, al lado de carabiella “castaña peque-
ña y vacía' en el bable central (Braulio Vigón; Canellada), port. cara-
pela 'folheto, película, que envolve a espiga do milho” (Figueiredo),
estrem. 'caspa, carepa' (RL XXXVI, 98), gall. carapolla, cruce con
ampolla, 'ampolla' (Dicc. Ac. Gall.). Sin entrar en una discusión detalla-
da del problema etimológico de carapella y sus variantes, quisiera llamar
la atención sobre la congruencia semántica que existe entre carapela y ca-
pélo, capilho —= “película que envolve a espiga do milho' en portugués
(Tavares, ob. cit.), entre carapiellu “cubierta de la avellana' y capiellu “cu-
bierta de la cabeza”, en asturiano (Canellada) y otras semejanzas que ob-
servamos en otros dialectos occidentales (Hochpyrenáen C HH, 171. 172,
notas). Parece seguro que hay que buscar el origen de todas estas palabras
en la raíz REW 1642 CAPPA y sus derivados.
Son numerosas las variantes semánticas que podríamos citar para ilus-
trar la evolución de “película que envuelve la espiga del maíz, cáscara, etc.”
a 'copo de nieve”. He aquí dos ejemplos particularmente característicos:
cat. bolva “les fulles que abriguen P'espiga del moresc', bolva de segon
“una de las espigas que forman el salvado” (Dicc. Aguiló), volva “els re-
sidus que salten del gra en passar-lo pel ventador', val. volva, bolva *pavesa
de ceniza”, etc., cat. volva, volví “copo de nieve” (BDC XXIII, 319; J.
Hubschmid, Praeromanica. Berna, 1949, págs. 4-6);
102 F. KrUGER
gascón balohe “bale de céréales; ampoule; flocon de neige” (Palay,
Dict. béarnais; FEW 1, 219); como en el caso anterior la variante baluse
aparece también en el sentido de “flocon blanc attaché aux tisons, cendre
volante”.
7. farfalha Alto Minho (A Aguia XII, 38) y Beira (Figueiredo),
designación que hay que relacionar con farfalha “limalha, aparas, bagate-
las” (Figueiredo), farfalho 'farrapos do leite que se coalha ou se altera'
Alto Minho (RL XX, 244), “resíduos de carne ou de gordura, que apa-
recem no caldo” Minho (Figueiredo), farfallo 'comida' Salamanca (La-
mano; probablemente un portuguesismo) ; gall. farfallada “limaduras y re-
siduos de las obras de joyería y grabado” (Carré Alvarellos); forfalha
*pedacos de leite talhado' Beira (RL XI, 157), forfalha, furfalha “migal-
ha de páo' Tras os Montes (RL III, 66; V, 90) - forgalho "Tras os Mon-
tes, furgallas, -os empleados en el mismo sentido en la zona colindante de
Sanabria, furgalhos “pedacinho' Tras os Montes (Gegenstandskultur Sana-
brias 149).
8. fanuco Alto Minho (A Aguia XII, 38), inf. fanucar, Douro
(RL XI, 194) se relacionan con port, fanico “fragmento, migalha', alent.
faneco, fanaco, fanoco 'pedago, bocado” (RL XXXVII, 234), de ori-
gen desconocido.
9. trapu en el NO de la provincia de León (Alvarez 140 cain copus
cumu trapus, falampus muy grandes, qui yia cumu se chaman), trapu, inf.
trapiar en el bable central (Braulio Vigón) y trapo, inf. trapear “caer
trapos de nieve grumosa en forma de gracea' en la provincia de Santander
(García Lomas 340) y en una significación parecida port. trapo “especie
de froco que, com a aparéncia de trapo, se forma em certos líquidos' (Fi-
gueiredo). Corresponden estos términos cuyo valor semántico ya ha sido
interpretado acertadamente por M. L. Wagner, ZRPh LXIII, 334, a
términos tales como pelha, PILLEUM REW 6504, en provenzal, pani-
cellí etc. en dialectos italianos, PANNUS paño REW 6204, citados por
W. O. Streng, Himmel und Wetter in Volksglaube und Sprache in Frank-
reich. Helsinki 1914, 1916, vol. II, 99 y M. Steffen, Die Ausdriicke fir
Regen und Schnee im Franzósischen, Rátoromanischen und Htalienischen.
Tesis doctoral de Berna, 1935, págs. 143 y sig. y a los que cabe añadir
10. fatoco Entre - Douro- e- Minho, inf. fatucar (Leite de Vascon-
celos, Opúsculos II, 50), derivado de port. fato 'roupa' o directamente de
Etimologías hispánicas 103 Í
minh. fatoco (de la) “porcáo de lá empastada” (Figueiredo); variante ci-
tada por Leite de Vasconcelos, Opúsculos 11, 489, pero no registrada por
Figueiredo: fachoco.
11. mosca branca = “mosca blanca” en la zona sur de Sanabria, sig-
nificado que se encuentra también en castellano y catalán (mosques blanque-
tes A. Griera, Tresor X, 233) y en el Norte de Portugal, particular-
mente en el Minho (Gomes Pereira, Guarda 61; Boaventura, Vocabulá-
rio minhoto; Revista de Guimaráes XXXII, 381). Encontramos exacta-
mente la misma designación en provenzal: mousco blanco, mousco vairo (al
lado de parpaiolo = mariposa); F. Mistral, Tresor dou Felibrige traduce
quan saren i mousco blanco, quand li mousco vairo toumbaran por quand
nous serons aux mouches d'hiver, aux flocons de neige; mouscoillado' “neige
légere” en el Aveyron (Vayssier). Encontrará el lector más ejemplos de
estas metáforas en los estudios de W. Streng, HI, 101 y siguientes y M.
Siteffen, págs. 141-142. Compárese también gall. mosqueiras Dicc. R. Ac.
Gallega s. v. alimpar: “dejar caer el grano del cribo para que el aire lo
alimpe de las mosqueiras y toda pajilla”.
12. paxarada (x = fricativa palatal sorda) — 'bandada de pájaros”
en la Cabrera Baja; páxara “pajarita, mariposa' en el bable occidental (Ace-
vedo 168), metáfora pintoresca que no escasea tampoco en otros romances
(Streng II, 101; farfalla Steffen 141).
Prevalecen en las zonas periféricas del NO y en Portugal las desig-
naciones a que hemos pasado revista. No es desconocida sin embargo al
Noroeste la voz literaria
13. copo. La encentramos ya en grandes regiones de Sanabria, par-
ticularmente en la zona oriental y central, en la Cabrera Alta y Baja y
en una zona bastante extensa del Bierzo. En la Sierra de Gata aparecen
los derivados copones, copotores (VKR I, 85).
copo significa originariamente “cierto mechón o pegujón de lino o de
lana o de algodón, que se hila puesto en la rueca? (Covarrubias) ; por la
semejanza que tiene la nieve quando cae a los copos de la lana - continúa
el gran lexicógrafo - ha tomado el sentido de “copo de nieve”; compárese
franc. flocor: “petite touffe légére de laine, siglo XIII, *flocon de neige”, en la
actualidad (FEW III, 624; Steffen, ob. cit. 143: variantes dialectales de
Italia, etc.). Encontramos la misma evolución semántica en numerosos dia-
lectos. He aquí unos cuantos ejemplos: plaféu “gros flocon de laine ou de
neige” (TF); cardato “flocon de neige' en los Pirineos franceses (G.
104 F. KrUcER
Rohlfs, Le patois de Lescun. Misc. fil. dedicada a A. M*, Alcover, pág.
373), cardadas en el Alto Ribagorza, cardes Vall d'Arán (BDC VI,
26), términos que corresponden a cat. cardada “conjunt de llana o de cotó
que cap en la carda', etc.; cat. borralló “petita porció de fibres aglomerades,
especialment de llana”, “floch o porció petita de neu” (Dicc. Alcover; Grie-
ra, Tresor 1H, 223), al lado de borrall (ib.) ; cat. moixell 'la llana a punt
de filar', “copo de nieve” (Dicc. Aguiló).
El vocablo portugués floco, froco, mucho menos arraigado en el len-
guaje popular que copo en España, es un evidente galicismo,
ES
AL resumir las tendencias semánticas observadas en las designaciones
de los copos de nieve en las hablas occidentales, haremos constar que ema-
nan de distintas esferas del ambiente humano. Proceden de comparacio-
nes con % E
l. trapos, andrajos: farrapo, farraspa, etc. (1), faragacho (2),
trapu (9), fatoco (10).
2. copos de lana etc.: copo (13).
3. película que envuelve plantas, legumbres y frutas; cáscara; cas-
pa: folhelho, folheco, folhepo (5) ; carapella (6).
4. ampolla: folepa, foleca, folerpa etc. (5).
5. residuo, pedacito: farfalla (7), fanuco (8).
6. chispa que salta de la lumbre: falapo, faloupo, falopa, falepa;
falisca, falispa (3, 4); falhoco, falhuco (5).
7. insectos y aves: mosca branca (11), paxarada (12).
Adviértase sin embargo que en ciertos casos, especialmente en los gru-
pos 3, 4 y 6, puede haber habido entrecruzamiento con voces de origen
distinto.
La multiplicidad de sufijos que hemos encontrado a cada paso en las
É
notas precedentes, evidencia la resonancia afectiva y por ende la tenden-
cia a la expresividad que un fenómeno atmosférico tan impresionante como
la caída de la nieve encuentra en el alma del pueblo.
3. babujeira lluvia fina'
Entre los vocablos que caracterizan a Hermisende, aldea situada en
el extremo Sur de Sanabria, como pueblo rayano de esta región aparece
babujeira (j = palatal fricativa sonora) usado con la acepción de “lluvia
Etimologías hispánicas 105
fina”. Encontramos exactamente el mismo significado en gallego: babujar
“lloviznar, llover muy suavemente', babujada y babujeira “llovizna” (Va-
lladares), al lado de las variantes fonéticas babuxar, babuxa, babuxallo (ci-
tadas por el Dicc. R. Ac. Gall. y Cuveiro Piñol) y babazo 'lovizna' en
el bable occidental (Acevedo). Claro que se trata de derivados de BABA
“baba, saliva”, REW 853, muy difundido en el O y NO de la Península
— babarse “dejar gotear la baba o algo parecido”, etc. en portugués, galle-
go y asturiano— y que se halla con la acepción de “lluvia fina” en otros
romances (véase FEW I, 194; M. Steffen, Die Ausdriicke fir Regen
und Schnee im Franzósischen, Rátoromanischen und lItalienischen. Tesis
doctoral de Zurich 1935, págs. 126-127). En vascuence (Roncal) apa-
rece babada “roséc* (Azkue) y en catalán babaí “brusquina, pluja molt fi-
na” Arta, al lado de albaina “calma, falta de vent; ayre fi de la matina-
da; pluja molt prima y suau” Sóller, cuya segunda acepción indica origen
distinto (Dicc. Alcover 1, 410: de ALBA).
4. barandal - blindal - banzau
Enumerando los términos que se dan al cajón de madera destinado a
recoger la harina de la molienda, en asturiano, la Srta. M. C. Casado Lo-
bato (El habla de la Cabrera Alta. Madrid, 1948, págs. 108-109) re-
mite a Meyer-Liibke que en REW 5642 cita con el mismo significado ast.
blindal entre los derivados de MOLERE. Demostrarán los ejemplos si-
guientes sacados de vocabularios y basados en propias encuestas que tal
etimología ya no se puede admitir hoy día. He aquí las formas difundidas
en Asturias y el Norte de León:
barandal, btrandal Cabrera Alta (Casado Lobato), baranda] Babia-
Laciana (Alvarez), brandal Degaña (R. Ibias).
blandal Bierzo (García Rey).
branduciro Folgoso, en la zona occidental del R. Ibias; brandeiro y
grandeiro en el bable occidental (Acevedo).
brendal Tineo (SO Asturias), brindal Besullo, Somande (SO As-
turias).
blindal recogido por Munthe, Anteckningar 61, en Villaroil, R. Ibias.
barandial Cabrera Alta (Casado Lobato).
baranzal Asturias (Rato y Hévia), branzal en el bable central (Ca-
nellada).
banzal en ciertas regiones del bable central (Llano Roza, El Libro
de Caravia. Oviedo, 1919, págs. 145, 235; Braulio Vigón).
106 F. KrUGER
Para resolver el problema etimológico conviene en primer lugar tener
presente el objeto de que se trata. He aquí la definición exacta que da
Rato y Hévia del baranzal asturiano: “cajón que sirve en los molinos para
recoger la harina que sale de las muelas y de baranda para no tocar con
ellas”; y es ésta la forma que encontramos también en otras regiones. El cajón
que cubre las muelas y el cajón que sirve para recoger la harina forman en
muchos casos una unidad o por lo menos un conjunto inseparable; forman
en todo caso una baranda para no tocar con las muelas. Y es esta fun-
ción a la que el cajón de harina debe su denominación.
Sea cual fuere el origen de la palabra baranda, lo cierto es que se
encuentra en el NO en un sinnúmero de acepciones estrechamente relacio-
nadas con el significado que se le da en los molinos:
baranda “portillo que da entrada a una finca, compuesto de dos mou-
rones verticales y travesaños horizontales” Degaña (R. Ibias), “listón de
madera que sirve para colgar ropa” Galicia (Valladares). Parécense mu-
cho a la primera acepción baranda, barandao, barandilla que se encuentran
en los Pirineos aragoneses y catalanes como designación de las barreras en
las que encierran el ganado en el monte (Hochpyrenien B 51) y murc.
baranda “tinada donde se recoge el ganado enfermo” (García Soriano).
barándanas “especie de bastidor formado por listones de madera que
se colocan sobre los bordes de la masera” Cabrera Alta; en el Bierzo ba-
rendillas (Gegenstandskultur Sanabrias 140); en el NO de León baran-
dietsas (Alvarez, Babia-Laciana, págs. 113, 276).
“adral del carro': barandilla! en la zona Sur de Sanabria, barandiella
S. Ciprián, barandón en el centro de Sanabria (Gegenstandskultur Sana-
brias 222, 223), barandielles, barandilles “varas que sostienen la hierba
del carro en la parte delantera” bable central (Canellada), barandial “ba-
randa de la carreta” prov. de Santander (Alcalde del Río), etc.; baran-
dilla 'adral de la carreta” también en Hispanoamérica (Santamaría).
barandillas “jamugas” Canarias (Lugo 67).
barandel “palo largo que se utiliza para colgar la manteca” Salaman-
ca (Lamano).
Pertenecen a la familia baranda también la mayor parte de las
designaciones que se dan en Asturias y en el NO de la provincia de León
al cajón de madera que protege las muelas y en el que se recoge la harina
de la molienda. Opino que las variantes fonéticas no ofrecen ninguna difi-
cultad, Así derivan de barandal, por medio de b*randal, las formas brandal y
asimismo blandal (con cambio de r y 1 poscorsonánticas, fenómeno bien
conocido en los dialectos occidentales). Brandal conduce en línea directa
a brindal: brandal - brendal - brindal y blindal (con estrechamiento de la
Elimologías hispánicas - 107.
vocal protónica, causado por tendencias disimiladoras). Ofrece cierta di-
ficultad el elemento -z- de baranzal y su derivado branzal: parece que se
trata de un cruce entre barandal y banzal, formas que coexisten, al lado de
branzal, en asturiano. En cuanto a grandeiro, se trata evidentemente de una
desfiguración de brandeiro (equivalencia acústica de oclusivas).
Queda por fin la forma banzal que encontramos en el bable central,
vale decir ya fuera del área de los términos discutidos arriba. No me atrevo
a explicar banzal simplemente por una abreviación de baranzal. Opino más
bien que banzal deriva directamente de banzo, vocablo que el Dicc. Ac.
Esp. define por “listones del bastidor donde se fija la tela para bordar' y
que en salmantino designa los largueros paralelos de una escalera de mano,
del respaldo de una silla, etc. (Lamano). Encontramos significados seme-
Jantes en otros dialectos occidentales: bances “listones gruesos que forman
los costados de una barca' en gallego, bancias “respaldo de una silla” en la
zona occidental de Sanabria y en la Cabrera Alta, banzóis Hermisende,
port. banceiras “largueros de una escalera”, bangos “largueros de la grada'
en Tras os Montes (Gegenstandskultur Sanabrias, págs. 81, 107, 229),
bansos “tablas de la barca” Finisterre (VKR X, 192), bancetsar “cada
uno de los laterales que tiene la masera a los lados de la tapa' NO de
León (Alvarez, Babia - Laciana) y banzos losas gruesas, clavadas en
tierra, que sirven de cerca o cerramiento a las heredades' en el bable occi-
dental (Acevedo).
Relaciónanse con las acepciones mencionadas también: banzado “pozo
o depósito de agua para que el batán funcione; presa grande” en el bable
occidental (Acevedo), banzau “caudal de agua hecho mediante el previo
estancamiento de la misma' León (Alvarez, Babia-Laciana), banzado
“canal de riego" en el Este de la provincia de Lugo (VKR V, 130, nota) ;
encontré la acepción primitiva de esta palabra en el SO de Asturias donde
banzau significa “el canal compuesto de tablas de madera que conduce el
agua al pisón; o al mazo', acepción que puede compararse con las aducidas
por el Dicc. hist. de la lengua española s. v. Banzo. Despréndese fácilmen-
te de los ejemplos citados que el significado particular que se da al banzal
en el bable occidental (= “cajón del molino') corresponde perfectamente
al que han tomado baranda y sus derivados en otros dialectos occidentales.
5. La evolución semántica de 'verdugo*
El origen del vocablo castellano verdugo al que corresponden en por-
tugués verdugo, en catalán verduc, ha sido esclarecido desde hace ya mu-
108 F. KRUGER e
cho por los etimologistas (véase REW 9368 a VIRIDIS 'verde'; Nas-
centes, s. v.). En 1919 el insigne filólogo portugués Cl. Basto se ocupó
en la revista “Lusa” 11, 157 de la variante portuguesa verdugáo, desta-
cando unos cuantos aspectos de la filiación semántica de esta palabra. El
progreso que se ha realizado mientras tanto en el campo de la dialectología
ha planteado nuevos problemas. Parece pues conveniente retomar la discu-
sión con el objeto de señalar los distintos matices que se observan en la evo-
lución semántica de verdugo y sus variantes.
Cabe anotar primero que el vocablo verdugo, que en el transcurso de
los tiempos ha experimentado una transformación semántica sumamente va-
riada, subsiste hasta hoy día en ciertas partes de la Península en su sentido
original :
cast. verdugo “vara, vástago de árbol = “renuevo o vástago del ár-
bol' (Covarrubias; Dicc. Aut.).
cat. verduc “verga, boscall, o tronc Jarbre' (Griera, Tresor), mall.
*vergella” (Costumari Catalá L 165); 'vimet', verduguer ve
mera” (BDC VI, 37).
arag. verduco 'rama verde, pero significando expresamente la rama o
verga que tiene consistencia para torcerla, y anudándola con
otra hacer un vencejo para atar” (Pardo Asso; Kuhn, RLiRo
XI, 188) ; verduquera 'sauce u otro árbol del que se puede cor-
tar ramas que valgan para verducos', verduguearse “doblarse,
cimbrearse una vara'; verdusco = 'verduco' (Pardo Asso).
verdugo “redorta per a lligar les peces en els trams del rai” Ribagorza
(BDC XXII, 223).
berdugu “instrumento hecho de bardiasques para cazar pájaros” en el
bable central (Canellada, Cabranes 118).
Designan estos últimos ejemplos utensilios hechos de ramas.
verduguillo “vara delgada, y que se mimbrea, o verdugo pequeño"
(Dicc. Aut.).
Parece que el tipo verdugo empleado en el sentido de 'rama verde”
sólo se encuentra en castellano y más particularmente en aragonés y catalán
donde ha conservado una vitalidad sorprendente. Exceptuando alent. verdu-
gal, que además presenta una significación especial = “mato delgado, basto e
muito verde' (Figueiredo), los dialectos occidentales y el Norte de Espa-
ña presentan formas distintas:
verdasca “pauzinho flexivel, chibata” Beira Baixa (RL XI, 163;
Figueiredo) ; verdasco “arames ou cordas que servem para ligar as varas de
moinho de vento' Figueira da Foz (RL XIX, 147; evidentemente tales
Etimologías hispánicas 109
verdascos eran antiguamente hechos de ramas). Encuéntranse también en
portugués la forma vardasca (Fig.) y vergasta.
verdascu, vergasca, vergasta, bragasla “vara delgada, flexible y larga”
Galicia (Valladares).
vardasca, bardasca “vara gruesa y flexible' en el bable occidental
(Acevedo).
verdasca, vardasca “vara verde con puntas ramosas', bardasca 'caña
de avellano, flexible y de poco grueso, para arrear las caballerías”, bar-
dasquera “sitio de muchas bardascas' en asturiano (Rato y Hévia).
berdiasca, berdiascu “verdasca', berdiascazu “golpe con una berdias-
ca” en el bable central (Canellada, Cabranes).
bardiasca “rama delgada, larga y lisa” NO León (Álvarez, Babia-
Laciana), al lado de berduéngano “arbustos arrancados cuando no se han
secado aún” (ib.).
bardiasca 'zurriago de varas retorcidas” prov. de Santander (Alcalde
del Rio; García-Lomas).
verdasco, al lado de verdusco, verduzco, “látigo de cuero o rama de
árbol”, verdascazo, verduscazo 'golpe dado con el verdasco' Aragón (Par-
do Asso).
verdiazco “tallo largo, flexible y verde, como el mimbre' (Arnal Ca-
vero).
vardiazco “vardasca”, vardiascazo 'vardascazo” Litera (Coll-Altabás).
verdiaso “mimbre' Ribagorza (Ferraz y Castán).
verdanc 'tanyada primera y llarga dels vímets” Catalunya (Griera,
Tresor).
berdial, bardial 'ramasco', berdiagu “palo como un bastón' en el bable
central (Canellada, Cabranes).
La frecuencia con que aparece una a protónica en lugar de e (verdas-
ca - vardasca, etc.) se explica por tendencias fonéticas bien conocidas (véa-
se R. Menéndez Pidal, Manual de gramática histórica española. Madrid,
1941, $ 18*: VERBASCU verbasco - varbasco, etc.).
verdugo — estoque
citado por Covarrubias y el Dicc. de Aut. (“especie de estoque muy delga-
do”) ya aparece en antiguo castellano (R. Menéndez Pidal, RABM 1902,
pág. 304).
verdugo = aro;
“aro de sortija” (Dicc. Ac. Esp.), verduguillo “arete para los oídos”. Trá-
tase evidentemente de una acepción secundaria explicable por el hecho de
110 F. KrUcER
que los verdugos se utilizan para la confección de aros retorcidos, según ya
indican varios términos antes citados (arag. verduco, ribag. verdugo, arag.
verduguear).
En Tortosa verduc “bastó prime” (BDC III, 113), en los Pirineos
catalanes verduga “bastó alt, fet de fusta 1 clavetejat amb claus de cabota
daurada, que usen els marxants de bestiar i carnissers com a distintiu de
llur ofici (BDC XIX, 217).
verdugado = especie de vestidura femenina:
Encontramos una explicación de esta denominación en Covarrubias
y el Dicc, Aut.: “es una saya a modo de campana, toda de arriba abaxo
guarecida con unos ribetes que por ser redondos como los verdugos del
árbol. . dieron nombre al verdugado”” y una definición más exacta aun
en Figueiredo verdugada “círculo de varinhas com que se dava roda ao
vestido das mulheres”, al lado de verdugadim. Derivan del vocablo español
también cat. verdugal “pega de vestit de senyora' siglo XVI (Dicc. Agui-
ló), prov. vertugalo (TF) y las formas francesas verdugale 1532, vertu-
gade, vertugadin.
— Es bien sabido que verdugo empleado como designación de la vara
verde que antiguamente servía de azote pasó de instrumento de tortura a de-
signar el hombre encargado de aplicarla: “executor de las penas de muerte,
y otras, que se dan corporales, como de azotes, tormento, etc.” (Dice.
Aut.).
Pero dáse también el caso de que verdugo y sus derivados designan
la marca del azote, tomándose el efecto por la causa o el agente: verdugo,
verdugón “la roncha que levanta el azote o rebenque, porque se alza en alto
sobre la demás carne” (Covarrubias) y añade el Dicc. Aut. “dixose assi
porque antiguamente se daban con verdugos o varas”. Corresponden al
cast, verdugón:
port. verdugáo “vergáo, cicatriz” (Goncalves Viana, Apostilas II,
533).
cat. verdugada “el senyal que deixa a la pell el cop de verduc” (Dicc.
Aguiló).
cat. verdanc “verga amb qué se pega” - 'assot de fusta” - “cardenal,
blau, la senyal que deixa un cop a la pell' (Dicc. Aguiló; Grie-
ra, Tresor).
Deriva de esta acepción toda una serie de significados especiales:
Etimologías hispánicas 11
verdugáo 'debrum calloso, que deixam certas feridas no lugar, donde
uniram os lábios* Minho (Cl. Basto; Figueiredo).
verdugón “arruga que hace el calzado, abultamiento molesto para el
pie' en hispanoamericano (Tiscornia, Martín Fierro comentado
y anotado, pág. 491; Santamaría).
chorreado en verdugo 'res vacuna que tiene el pelo salpicado con mu-
chas cárdenas* Andalucía (Venceslada); berdugu adj. = “se
aplica al ganado vacuno de color oscuro con rayas negras” As-
turias (Braulio Vigón), acepción que se encuentra también en
Centroamérica: verdugo 'color del ganado de pelo colorado con
vetas negras” (Santamaría).
verduguillo 'ronchas que se levantan en las hojas de algunos árboles'
(Dicc. Aut.), acepción que encontramos todavía hoy en
verduguiño empleado con el mismo sentido en Galicia (Cuveiro Piñol).
verdugón “rotura hecha en la ropa' en hispanoamericano (Santamaría).
Derivan del abultamiento producido en la piel por el azote toda una
serie de términos técnicos, metáforas pintorescas que hoy día han perdido
completamente su sentido original:
verdugo, “dobra, como vergáo, feita na roupa' en portugués (Morais;
Cl. Basto).
verdugo “hilada de ladrillo horizontal en una fábrica de otro mate-
rial *(Dicc. Ac. Esp.).
verdugado “lista de ladrillo dormido que se echa en un muro para darle
consistencia?” Andalucía (Venceslada).
verdugada “de gruixos de maons' en catalán (Dicc. Aguiló).
verdugo, verduguillo “galón o listoncillo exterior del barco",
verduguet *bordó que bordeja el buc de les embarcacions majors, arran
de la coberta" Catalunya, Balears, Valencia (BDC XII, 73).
verdugo *fasquia de madeira que se prega exteriormente no sentido lon-
gitudinal do navio, de pópa á proa, como ornamento para marcar
a alcaxa ou para evitar rogaduras no costado” (A. Marques Es-
parteiro, Dicc. il. de marinharia. Lisboa, 1936, s. v.); bordugo
“friso saliente do navio” Póvoa de Varzim (Lusa HI, 10), con
labialización de la vocal protónica que encontraremos también en
otros dialectos occidentales.
verdugo “pieza de madera larga colocada en forma de cinta entre el eje
112
F, KrUcER
y la caña de las carretas” ,término usado en Maragatería (Garro-
te), en el NO de la prov. de León (Álvarez, Babia-Laciana
277), en el SO de Asturias y en la provincia de Santander ( Gar-
cía-Lomas; Hoyos-Aranzadi, Etnografía. Madrid, 1917, pág.
23)
verdugo “cada uno de los maderos que se ponen sobre las cabezas de los
tabloncillos que sirven de cubierta a la masera del llagar' en el
bable central (Braulio Vigón).
verdugo “parte saliente de chapa de trilho, nas rodas dos vagóes' en por-
tugués,
Es verdad que en algunos de los ejemplos citados podría pensarse en un
cambio semántico directo de verdugo 'rama o rama retorcida” (p. e. verdugo
“dobra'). Pero en la mayoría de los casos predomina evidentemente la idea
de parte saliente, friso saliente tal como se observa en el abultamiento de
una herida.
Derivan de verdugo empleado en el sentido de “azote” también una
serie de designaciones de objetos que se parecen a éste tanto por su forma
como por
port.
su manejo:
verdugo “espada sem gumes muito longa'.
verduguilho “seitoira de folha muito estreita” Tras os Montes (RL V,
port.
108; Portugalia 11, 631); verduguillo “hoz fina” en partes de
Aragón (Kuhn, RLiRo XI, 77, 188, 197; Alvar, Jaca 87,
229 que erróneamente deriva esta palabra de VERTIBELLU)
y de Cataluña, donde la forma verduguillo denota un aragonis-
mo o castellanismo (Dicc. Aguiló; Griera, Tresor).
verdugo “pequena navalha” (Cl. Basto), and. verduguillo *na-
vaja de afeitar muy gastada y fina de tanto afilarla: Esta na-
vaja hay que echarle de verduguillo" (Venceslada), gall. ver-
duguiño “cuchillito” (Cuveiro Piñol); véase arriba port. verdu-
go = “espada sem gumes muito longa”.
cat. verduc 'xerrac o serra larga ¡ de fulla ampla que 'han de mane-
jar dos homes” Llucmajor, Catalunya, Valencia (Griera, Tre-
sor); murc. verdugo “sierra grande que manejan dos hombres al
aserrar” (García Soriano). Hace presumir la definición presen-
tada por A. Sevilla, Vocabulario murciano “sierra grande para
trucidar maderos” que hay que partir de verdugo = “executor”.
Encontramos por fin en el SO de Asturias los términos bordugo, bur-
duguillo que designan la varita de hierro a veces retorcida que une la hoja
Etimologías hispánicas 113
de la guadaña al mango. Trátase evidentemente de un traslado de verdugo
= vara' a la pieza de hierro, como demuestran indirectamente los términos
verga y varilla que se dan a esta pieza en la Sierra da Estréla y en la Ca-
brera respectivamente (Messerschmidt, VKR IV, 160; Gegenstandskultur
Sanabrias 233).
F. KrUcEr
Universidad Nacional de Cuyo,
"a
ENSAYO DE CARACTERIZACIÓN DE LA
LENGUA GUARANÍ (2
Podemos decir que las lenguas indígenas sudamericanas apenas han
sido objeto de estudios científicos. Hay, y muy especialmente del guaraní,
cultivadores entusiastas, escritores y poetas, gramáticos que aspiran a depu-
rarlo y hacerlo apto para expresar lo que la vida moderna requiere, con el
peligro de alejarlo tal vez de su prístino valor. También, en ésta como en
las demás, existen las colecciones de materiales que beneméritos misioneros
y etnólogos han aportado. Pero cuando se trata de describir el funcionamien-
to gramatical de la lengua, nos hallamos en general con tratados prácticos,
que ignoran la terminología y la técnica, y nos colocan ante los fenómenos
como nos hallaríamos ante la descripción de un complicado aparato de ra-
dio hecho por un aficionado que no viera sino hilos, carretes y tornillos,
La culpa es en gran parte de nuestras Universidades, las de España
y las de la antigua América hispánica. Como el material sudamericano no es
accesible a los lingiistas, nunca se encuentra una referencia al extraordina-
rio mundo, conocido además desde el siglo XVI (cosa que no ocurre en
ningún otro campo de lenguas llamadas indígenas), que forman las lenguas
de este continente. Las lenguas de Siberia o las del centro de África o las
de Malasia, el Japón, las lenguas indias de la América anglosajona, son
aludidas frecuentemente en los tratados de lingiiística y sobre ellas se en-
cuentran estudios en las revistas especializadas, mientras que casi nunca
ocurre tal cosa con el inmenso y complejo campo de las lenguas sudamerica-
nas. Tanto más de lamentar cuanto que el atraso en estos estudios hay que
ponerlo a cuenta nuestra, ya que en los umbrales del siglo XIX, cuando se
estaba iniciando la lingilística científica, en el Catálogo de las lenguas de
Lorenzo Hervás la información sobre las de América es excelente, y en mu-
chos puntos aún aguarda comprobación o superación.
A remediar esta falta quisiera animar, en la medida de mis fuerzas,
(1) Doy a la imprenta la conferencia pronunciada en la Universi-
dad de: Mendoza el día 5 de julio de 1949 sin añadir ni siquiera las refe-
rencias bibliográficas, innecesarias para el objeto al final indicado.
Lengua guarani 115
a los estudiantes argentinos, y muy especialmente desde esta joven Univer-
sidad de Cuyo, vocada desde el principio a grandes tareas en el campo
lingútístico.
Con este fin me atrevo a intentar una caracterización general de la
lengua guaraní. Voy a tener en cuenta textos antiguos y modernos, proce-
dentes algunos del Brasil oriental y otros del Paraguay y de Corrientes. La
obligación que me he impuesto de llegar pronto a una síntesis (mientras pre-
paro una gramática más completa) me obliga a proceder con una cierta
prisa. Si me atrevo a trazar mi síntesis será más fácil ajustarla luego, y
aun renovarla a fondo, pero creo que siempre habrá de serme agradecido el
intento. En realidad no nos sobra tiempo para estudiar las lenguas ameri-
canas, y uno siempre vacila entre el estudio detallado de una, que sin com-
paración es ciego, y un prematuro análisis. Elijamos ahora éste, y vayamos
a un examen estructural somero.
La fonética del guaraní se caracteriza por ser en parte sintáctica. No
sólo el sandhi tiene importancia en ella, sino que las influencias a distancia
tienen bastante extensión. Ello quiere decir que es una lengua de tipo eufó-
nico.
Sus sonidos son precisos, sin esas diferencias en el punto de articula-
ción que hacen difíciles, por ejemplo, las velares del quechua. Que yo sepa,
no se ha realizado aún un estudio fonético experimental de esta lengua, así
que me baso principalmente en las observaciones de un autor que tiene el
guaraní como lengua materna, A. Morínigo.
Tiene el guaraní seis vocales, que no presentan diferencias cuantita-
tivas (quiero decir con valor semántico, es decir, desde el punto de vista
fonológico), y corresponden a las cinco de nuestro español más una sexta
que se describe como 'pronunciación gutural... contrayendo la lengua
hacia dentro” (Ruiz Montoya), y que debe parecerse al jery ruso.
Estas seis vocales se doblan, al poder recibir todas una nasalización:
es decir, que a aeiouisesumanáé1óóúl.
Esta nota de la nasalización tiene importancia en la fonética sintác-
tica y acusa una cierta movilidad, como elemento semántico o expresivo.
Por ejemplo, compárense
(o) guararé “derrumbarse con estruendo”, guárárá “bulla, batahola”,
(h) era 'nombre', herácuá “dícese”,
116 A. Tovar
(h)esá *(su) ojo, (h)ésácá “es claro, transparente”,
(ai)poca 'torcer, retorcer', (ai)pócayorá *desliar, destrenzar o des-
tejer”,
(a)ñatói “templar, afinar”, (a) ñátói “punzar, aclamar, poner alerta,
beber”,
(1) etá “muchedumbre”, (1)étá 'país, patria,
puru'a “preñez”, púrú'a “ombligo”,
péé “vosotros” pleonástico, frente a pe “vosotros” en función gramatical;
otras veces se pierde, como en compuestos:
Tápá “Dios', Tupao (sin nasal) 'casa de Dios, iglesia”,
péhé “objeto medio roto” pehengué “idem con el sufijo de pasado".
También la nasalización pasa a través de consonantes de sílaba en
sílaba:
óbétá, préstamo del esp. ventana.
Otras veces en préstamos se convierte en un hiato:
pesú'a procede del esp. pezuña.
El sistema consonántico guaraní está formado por las siguientes oclu-
sivas:
dos velares: g (siempre oclusiva sonora) y k (escrita por lo general
cante ao u),
una dental sorda: ¿, una labial sorda: p,
las nasales: dental n, labial m, palatal ñ (y por supuesto, sin anotar,
una velar ante consonantes velares).
Además tenemos la semivocal y, la fricativa ch, la silbante sorda s,
la vibrante r, y la fricativa sonora labial, que nosotros anotamos
con bh y otros autores con v; viene a ser como la b intervocálica
en español.
Los grupos mb y nd representan evoluciones de la labial y dental con
un elemento nasal.
El alfabeto fonético guaraní es, pues, sencillo. No tiene más oclusi-
va sonora que la g, ni más fricativa que la b, careciendo de f. Tiene r, pero
no Eni ll; carece de s sonora y de nuestra interdental z. Sus velares son sen-
cillas,
Es rico en cambio el sistema de nasales, tanto oclusivas como vocales.
El conjunto es claro y preciso, y fácil para labios europeos.
El acento es de intensidad.
Mudas con líquidas no se admiten, ni apenas sílabas cerradas; en
guaraní moderno no éxisten tampoco consonantes finales,
Lengua guaraní 117
1
En cuanto a fenómenos de fonética histórica, podemos señalar al-
gunos.
La kh procede en dialectos del Paraguay y Corrientes de una antigua
s, que el tupinambá conserva. Á so 'ir' en textos brasileños, corresponde el
paraguayo ho 'ida'; a resé “por”, rehe.
Debe ser dialectal también una alternancia r/n que aparece, por ejem-
plo, en antiguos textos de Bahía, como moropisiroána “salvador”, por moro-
pisiroara, con disimilación.
Ciertas consonantes finales caen en guaraní moderno, que ha extre-
mado la repugnancia por las sílabas cerradas. Las formas antiguamente
atestiguadas rob “amargo”, peteg, “golpe”, acáng “cabeza', aparecen moderna-
mente terminadas en vocal.
La fonética sintáctica tiene importancia en relación con la nasaliza-
ción. Ante palabras que contengan nasal (sea ésta consonante o vocal),
nde “tú” se hace ne, pendé “vosotros', pené, ñandé “nuestro', ñané; pero no
es disimilación propiamente, pues lo que se mantiene es la nasal, y cae en
cambio la dental.
Algo semejante ocurre con la yod, que delante de palabra con nasal
recibe nasal palatal o se transforma en ella: el posesivo ¡ “su” delante de
ácá “cabeza” toma la forma iñ-, o sea que tenemos iñ-ácá; ya “nosotros” se
vuelve ña. Lo mismo ocurre con los verbos reflexivos con nasal en la raíz,
en los cuales el prefijo ye se vuelve ñe.
En general es muy grande la estabilidad de la lengua guaraní, que en
sus diferentes dialectos se mantiene con poca variación en cuanto a la fo-
nética y la morfología respecto del estado en que se manifestó en el siglo
XVI. Los cambios, naturalmente, son mayores, al contacto con el español
y el portugués, en el terreno de la semántica y el léxico.
Una de las ventajas de asomarnos a estos mundos lingúísticos lejanos
del nuestro es acostumbrarnos al distinto tempo de evolución que tiene cada
lengua. Las nuestras europeas, si se han detenido, es a fuerza de cultivo
literario y administrativo, pero se diría que el mundo lingilístico indoeuro-
peo es más inquieto, y la historia nos permite comprobar en él, por ejemplo,
desde el indoeuropeo al románico, revoluciones totales. Mientras tanto, otros
mundos lingiiísticos, como el semita, evolucionan despacio; y aún ocurre
esto más con el bereber o las lenguas americanas, que mientras no se extin-
guen ante el empuje de las lenguas europeas u otras indígenas privilegiadas,
mantienen sus rasgos.
Ciertas transcripciones modernas de antiguos textos muestran la in-
118 A. Tovar Po
variabilidad del guaraní desde el siglo XVI. En cuanto al guaraní anterior
a la gran crisis del descubrimiento y conquista, es un misterio, que por falta
de escritura indígena se oculta por completo a nuestra curiosidad.
En el caso concreto del guaraní, la relación con las lenguas civiliza-
das se estableció de un modo muy especial, precisamente a consecuencia del
régimen de las misiones jesuíticas. Como estos misioneros prefirieron el ais-
lamiento de los indígenas, y en la medida de sus fuerzas prohibían la en-
trada de europeos, ello tuvo por consecuencia que en el léxico del guaraní
predominara el calco semántico sobre el préstamo, reduciéndose al mínimo
la penetración directa de palabras españolas o portuguesas.
111
En la morfología del guaraní el rasgo esencial es la falta de distinción
entre nombre y verbo. Esto quiere decir que la frase es por excelencia no-
minal: che Tupinambá guasú 'yo (soy) el gran Tupinambá”.
La falta de diferenciación del verbo es tal, que ciertos sufijos tempo-
rales se aplican igualmente al nombre que a lo que nosotros llamaríamos
participios o verbos. Por ejemplo, el mismo sufijo cue aparece en tendota-
cue “ex-presidente” y en che baecue “yo fuí”. Lo mismo ocurre con el sufijo
de futuro rámá: ohobaerámá “el que ha de ir”, y también abá rámá “hombre
futuro, que ha de ser'. Y con el sufijo rangué nombre y verbo se matizan
de un tono irreal, de condición incumplida: ohobae ranguera “el que había
de haber ido, y no fué”, abá rangue “el que había de haber sido hombre, y
no lo fué”.
El guaraní es una lengua a la vez de prefijos y sufijos. No vamos aquí
a presentar listas de ellos, sino a analizar cómo funcionan.
Los nombres (y lo mismo usados como adverbios) que se conciben
como dependientes de otros, el hijo, por ejemplo, el hermano, la raíz, el
fuego, detrás de, llevan lo que se ha llamado prefijo de posesión. Es decir,
que no cabe imaginarlos aislados, sino en dependencia de un poseedor o lo
que nosotros llamaríamos un régimen. En guaraní, como en muchas otras
lenguas americanas, no se puede decir por ejemplo “patria” abstraída de
toda relación, sino “patria mía” o “patria de aquél'. No existe, pues, sino en
nuestra mente de europeos, para ciertos nombres que no se conciben aisla-
dos, una forma abstracta y desprendida de toda relación, como aparece
en el diccionario.
La “patria” se dice t-etá. Ésta es la forma que podríamos llamar abso-
Lengua guarani 119
luta, pero siempre concretada por una t prefijada, cuya naturaleza parece
que hay que entender como artículo,
Junto a esta ¿ de valor menos determinado alternan r y h (i ante con-
sonante) o gu (o ante consonante) con valores muy precisos: el primero
como índice de referencia a un pronombre de 1* o 2* persona: che r-elá
“mi patria”, pendé r-etá “vuestra patria'. El otro elemento, h y gu ante pa-
labras que empiecen con vocal y respectivamente í y o ante las que por con-
sonante, se distribuye según en latín eius y suus, es decir con referencia a
otro término que el sujeto, o precisamente remitiendo al sujeto, y funciona
como índice posesivo de tercera persona. Esta distinción del posesivo tiene
una importancia incalculable en una lengua donde las formas verbales no
están especialmente caracterizadas.
En el estado actual de la lengua, y salvo los referidos prefijos ¡ o, los
prefijos posesivos no se conservan sino ante determinados nombres que co-
mienzan por vocal. La comparación de o con gu prueba claramente su iden-
tidad, ya que la forma prevocálica gu no es sino una grafía de o convertida
en consonante.
Pero si el uso de io no se diferencia en nada de los posesivos en otras
lenguas, el juego completo de £- r- i- (h-) o- (gu-) presenta un rasgo es-
pecial y típico de esta lengua. Por cierto que en el empleo de la r como
signo de posesión combinado con el genitivo constructo se puede señalar un
rasgo que se da en las lenguas más diversas: camíticas, caucásicas (y como
en éstas en vasco en casos como su-l-ondo de su “fuego” y ondo “junto a”).
El uso de estos elementos posesivos como pronombres con el verbo es
sumamente ilustrative sobre el valor verbal-nominal de la palabra guaraní.
oyapó significa 'él hace', y literalmente es el posesivo más una forma
nominal que significa 'hacer'. El o- remite, según lo que hemos dicho más
arriba, como el latín suus, al sujeto, y así, por ello mismo, queda claramen-
te verbalizada la acción: oyapó 'él hace', es decir, “su propio hacer (del
que lo hace)”.
Muchos verbos, que si bien no siempre coinciden con nuestros transi-
tivos, se constituyen mediante la acumulación de ambos posesivos, el
que podríamos considerar relacionado con un genitivo objetivo y el que
remite a otro genitivo subjetivo: o-i-potá “él lo desea” es en su verdadero
valor algo así como suum-cius-desiderium, es decir, el deseo de él (subje-
tivo) de ello (objetivo)”.
Que yo sepa, es ahora cuando por primera vez se señala esta cons-
trucción de la lengua guaraní, tan reveladora de su íntima estructura. A
partir de esto, la explicación del resto de la conjugación guaraní es mucho
más sencilla,
120 A. TovARr a
El manejo de estos prefijos nos descubre la identidad entre el nombre
y el verbo. Así che r-ecó “yo tengo” es lo mismo que “el tener de mí”, ya
que che antepuesto resulta, en cuanto tal, genitivo constructo; nde r-ecó
“tú tienes" es lo mismo que “tu tener”, h-ecó' es “suum habere'. Con ello nos
encontramos en lo que podemos imaginar como remotos orígenes de la con-
Jugación.
En las distintas clases que los gramáticos modernos distinguen dentro
de los verbos guaraníes se nota en diferentes grados este carácter no-
minal. Los verbos llamados “chendales”” por algún gramático son los que
lo presentan más visible, Por ejemplo, che pochi “yo me enojo' es en rea-
lidad lo mismo que decir “yo (estoy) enojado” o “mi enojo”.
En los otros verbos el nombre se verbaliza algo más mediante el
desarrollo de unas formas pronominales a- r(e)-, el ya estudiado o, para
el singular, y ya ro p(e) para las dos personas 1* y 2* de plural, que se
contraponen a los pronombres plenos. Estos pronombres mismos en su forma
plena, che nde ha'e para el singular, ñandé oré para la persona 1* de plu-
ral según que se incluya o no en el “nosotros” al interlocutor, pendé para la
2* de plural, sirven todos (excepto ha'e) de objeto del verbo de la siguiente
manera: ché RO-haihú “yo TE amo', che sí CHE-raihú “mi madre ME
ama” (literalmente “de mi madre (genit. constructo) mi amor”. Ya hemos
dicho que el objeto pronominal de tercera persona va incorporado al verbo
con la ¡ de los verbos llamados “iantes” en el tipo o-i-potá arriba examina-
do,
El verbo guaraní de esta manera nos lleva a un estadio primitivo y
Ro muy evolucionado en la verbalización del nombre. Por eso los antiguos
gramáticos jesuítas hallaron abundantes “participios” y “gerundios” que
funcionaban de modo algo parecido al nombre verbal de las lenguas clási-
cas: participios griegos, gerundios y supinos latinos. Pero en guaraní es
siempre el nombre verbal el que actúa, y no sólo en estas formas equivalen-
tes a las de las lenguas clásicas, sino en todas aquellas en qué nosotros
vemos formas personales del verbo.
IV
Es precisamente mediante un claro juego de prefijos y sufijos como
el tema verbal, que es un nombre, se convierte en apto para expresar las
relaciones verbales, En nuestras lenguas, y ya en las antiguas indoeuropeas
estos elementos son cosa abstracta, puros signos, cuyo primitivo valor eti-
mológico apenas puede ser percibido. En nuestro imperfecto amabas sólo es
Lengua guaraní 121
una hipótesis que sobre un “tema” abstraído amá- determine el tiempo un
-bá- que sería del mismo verbo que fui, sánscr. bhavati, gr. physis, esl. byti
etc., y la idea de persona la expresa una -s que acaso, al menos según pen-
saban los lingiiistas de hace un siglo, es un resto del pronombre de segunda
persona.
En guaraní, todos estos signos, como muchos menos evolucionados,
son más fáciles de analizar.
Por eso toda la doctrina de los modos verbales es a la vez la explica-
ción de los adverbios y lo que para nosotros sería la doctrina de la subor-
dinación.
En nada se diferencian por otra parte de estos sufijos temporales o
—para nosotros— modales, los sufijos o mejor dicho, postposiciones, con
que se expresan lo que para nuestra conciencia lingiiística son los “casos”:
así guárá o peguárá 'para', gui “de, por”, guibé “desde (que)” kofí “hacia”,
ndibé 'con' aplicado a seres animados, pe “a” con dat. y acus. y aplicado a
seres animados, y además con el valor de “en' y como sufijo de instrumental,
pebé 'hasta”, pipe “en, dentro de', rangué “en vez de', rehebé “con” aplicado
a cosas, rupi “por, a través de”, yabe 'mientras”...
Resultará muy revelador del genio de la lengua la observación de que
los adverbios y a la vez sufijos de tiempo funcionan exactamente igual. La
línea divisoria entre preposiciones, adverbios y conjunciones no existe. Ya
en la anterior lista de preposiciones, algunas son a la vez conjunciones y
adverbios; añadamos a la lista por vía de ejemplo: ayá “mientras', eté “muy”,
sufijo de superlativo y también con un nombre indica el valor de “genuino,
por excelencia”; mi diminutivo, guaré “cuando”, ko o ku “ciertamente”, mante
“sólo”, nipó “de veras', nuné “quizás”, pa partícula interrogativa, picó “¿no
es cierto?”, pipó “¿acaso?”.
Varios sufijos de todos estos entrarían desde nuestro punto de vista
en la doctrina de la conjugación, pero no se olvide que en la mentalidad
lingilística guaraní en nada se diferencian de nuestras categorías bautizadas
como preposiciones, adverbios y conjunciones.
Así hape, a la vez que significa 'cuando' y 'donde' hace de formante
de gerundio. Por ejemplo ayapó HAPE che rembiapó terehó okape
*MIENTRAS hago mi trabajo, vete fuera”, y lo mismo reikuaaH APE
Nandeyara nderáihuhuá, aniteí remoñemiró chupé “sabieNDO tú que Dios te
ama, no le ofendas'.
Lo mismo que estos sufijos funcionan hara y hare para el participio
pasado, ke, na y kena caracterizan al imperativo; kue indica el pasado, lo
mismo con un, nombre que con un adjetivo o verbo; ma es “ya”, maramo ca-
racteriza lo que sería para nosotros participio pasado, memé expresa un
122 A. Tovar
tiempo que nosotros expresaríamos con el adverbio 'inmediatamente', mo y
mora'e serían nuestro “si” a la vez que el sufijo de condicional.
Ya se ve que ciertos aspectos o maneras de concebir la acción verbal
o la voz se expresan lo mismo que el tiempo. Así mo'á matiza el significado
verbal con la idea de 'casi, estar a punto de'; muy semejante sentido es el
de polá como auxiliar, cuyo significado independiente es el de “querer”,
como hemos visto; no lejos de este sentido está el sufijo fa; ne es signo de
futuro, nera'e de futuro perfecto, pi de voz pasiva, pira de participio fu-
turo pasivo, pire de participio pasado pasivo; ra'e indica pasado de indica-
tivo; ramo es modal, y caracteriza en general el subjuntivo, pero su valor
independiente resalta en que a la vez funciona como sufijo de gerundio y
como postposición que indica “por, en vez de, en lugar de'.
Veamos algunos ejemplos: areco che-rai-RAMO pe mitá “tengo POR
(COMO SI FUERA) mi hijo a ese niño” expresa un valor irreal exac-
tamente como el subjuntivo reyúRAMO “SI vinlERAS' o en la frase
rohechá bareáR AMO 'te veo (COMO) hambriento”.
Igualmente, riré indica el tiempo de subjuntivo, pero a la vez “después”;
se es sufijo desiderativo, ucd causativo, ba iterativo. Por consiguiente, la
doctrina de las voces del verbo en su más amplio sentido (incluyendo el
desiderativo, el frecuentativo, el incoativo, etc. del indoeuropeo) se viene a
confundir con la de los sufijos de tipo adverbial y con la de la sintaxis de
la subordinación.
El mismo pronombre relativo entra en último término en la serie de
estos sufijos: ha es a la vez pronombre relativo y conjunción: co che rem-
biapó ayapoHÁ "este mi trabajo QUE hago', pero es también a la vez
sufijo de agente, pues el agente, si bien pensamos, es “el QUE. hace".
Terminemos ya, para no incurrir en el tono de una lección árida, con
esta desordenada lista de sufijos. Ya se habrá observado que muchos
de los enumerados son compuestos. Con ha lo son haguá, que matiza al
agente o relativo de sentido de finalidad o subordinación con futuro; hagué
y haguegui y hoguepe son otras combinaciones de fácil análisis. Semejante a
ha actúa ba, igualmente pronombre relativo, en formas como baecué, baerá.
be significa 'más”, y su construcción es muy ilustrativa para el caso de
la comparación en las lenguas indoeuropeas: emoiBÉ 'ponga V. MAS,
koba iporáBE pébagui “esto es MÁS hermoso que eso” ('a partir de eso”).
V
En sustancia, todas las palabras guaraníes es posible reducirlas a dos
Lengua guaraní 123
clases: palabras que indican un contenido (cosa, acción, cualidad, lugar o
tiempo), y palabras que indican atribución, relación o modo.
Distinguiendo en estas últimas prefijos y sufijos, pueden reducirse a
tres las partes de la oración en la lengua que nos ocupa: nombre-acción,
prefijos o elementos que indican la relación, y sufijos o partículas que im-
plican matices de modalidad (modo y tiempo del verbo, caso del nombre,
subordinación de oraciones).
Sabido es que cada lengua tiene su propio sistema de “partes de la
oración” y que el análisis de éstas ha de basarse en las particularidades
fonéticas, morfológicas, sintácticas y semánticas. Sin sutilizar demasiado,
como ahora se acostumbra para explicar teóricamente lo que la tradición
ha ido laboriosamente distinguiendo, es evidente que será útil estudiar en el
caso de una lengua extraña al pensamiento gramatical que tenderemos siem-
pre a considerar “normal”, cuál es el sistema de partes de la oración que
en ella puede distinguirse. Ello constituirá el análisis más profundo posible
de la estructura de la lengua.
Con un criterio de jerarquizar las tres partes de la oración que dis-
tinguimos en guaraní, apreciaríamos su valor semántico, quiero decir, su
contenido semasiológico, y en general asignaríamos a una de las tres cate-
gorías, la nominal-verbal, la plenitud de ese contenido, independiente en
cambio de toda relación sintáctica. El polo opuesto vendrían a formarlo los
prefijos, que tienden a ser un puro sintagmema, es decir, un signo sin con-
tenido propio. Entre ambos extremos se hallan los sufijos, que tienen con-
tenido semántico, pero a la vez marcada función sintáctica.
Hay, pues, una categoría, el nombre-verbo, en que predomina el sig-
nificado; otra, los prefijos, que tiene valor puramente funcional, y final-
mente, una tercera, los sufijos, que participa de ambas cualidades: signifi-
cado e instrumento de relación. Notemos que esta clasificación exige ser
entendida muy en general, pues también hay sufijos que no son tampoco
sino puros sintagmemas: pe por ejemplo, los cuales constituyen el caso re-
cíproco de che, pronombre de primera persona, que es un prefijo con con-
tenido semántico.
A estas tres categorías a que nos estamos refiriendo cabría añadir
desde luego, como un apartado especial, la interjección. Muy diferenciada en
los vocabularios antiguos según el sexo del que hablaba, hoy parece haber
reducido su importancia.
Los numerales apenas existen en guaraní, por haber quedado sin des-
arrollar en la cultura indígena la numeración. No pasa ésta del cuatro, y
los nombres de los cuatro primeros números parece que pueden explicarse
a partir de los de los dedos de la mano, a contar del índice al meñique.
124 A. Tovar
VI
Una ojeada al diccionario guaraní convence de que se trata de una
lengua monosilábica. Lo que ocurre es que la facilidad de la composición
por una parte, y por otra el desarrollo de elementos lingilísticos indicadores
de relación y más o menos vacíos de significado, han hecho palabras de
dos, tres o más sílabas. Pero aun éstas pueden ser analizadas en sus ele-
mentos, que a veces han perdido su sentido con valor independiente.
La estructura de la palabra es sin embargo a veces polisílaba debido
a razones de onomatopeya o expresividad, así tenemos siri “fluir”, (o) sununú
“retumba el trueno”, (a) tarará “rechinar de dientes, temblar” etc.
Otras veces la palabra es polisilaba por yuxtaposición de elementos
cuyo valor independiente se ha perdido. Otras veces los polisílabos proce-
derán de otras lenguas, mas para este capítulo de los préstamos mutuos
entre las lenguas americanas la discusión es prematura. Cabe pensar que el
guaraní ha absorbido muchas lenguas menores.
La sílaba es en general directa, es decir, compuesta de consonante
más vocal. No exisle muda con líquida, y en los préstamos del español tien-
de a simplificarse éste como los demás grupos consonánticos: coserebla de
conserva, aramiró de almidón.
Con valor fonológico existe el hiato. Se distinguen por ejemplo cuá
“agujero” y cu'a “mitad, cintura. En la pronunciación rápida el hiato des-
aparece, y esto se ve especialmente en compuestos.
Al hacer algunas observaciones sobre el guaraní, es preciso dejar en
claro que es sólo la posición de la gramática tradicional, y nuestra conciencia
lingiiística, lo que nos obliga a considerar como fenómenos dignos de ser sub-
rayados particularidades que si nos lo parecen a nosotros, son comunes a
la mayor parte de las lenguas del mundo.
Así necesitamos aclarar que en guaraní no existen las categorías gra-
maticales de género y de número (salvo en los pronombres, y por consi-
guiente en el verbo, para este último). Naturalmente indican sexo palabras
como abá “hombre” y cuñá “mujer' o tubá 'padre' y si 'madre'; pero lo que
no existe es algo comparable al sexo puramente gramatical o género de las
cosas, que es una rareza de nuestras lenguas, ni menos aún cosa semejante
a la moción del adjetivo que es distinto en su terminación para casa herz
mosa y paraguas hermoso,
Tampoco existe número. Concepto tan necesario como parece el nú-
mero gramatical, hay también una mayoría de lenguas en el mundo que lo
desconocen para el nombre. Y aun en nuestras mismas lenguas, basta con
penetrar en matices ccmo el tipo indefinido el caballo corre o el camello
Lengua guaraní 125
es un rumiante, para percibir que no es el número un accidente gramatical
que haya de llevar siempre connotación expresa. Puede bastar un nombre
de número o un pronombre, o en caso necesario un nombre de significación
colectiva o un signo pluralizador, que en guaraní es principalmente cuerá,
cuya frecuencia creciente no cabe duda que obedece al bilingilismo, es de-
cir, a la penetración de modos de pensar europeos.
Es evidente que en una lengua donde se economizan los signos de
relación gramatical, el orden de palabras constituye de por sí un elemento
de valor sintáctico. El hipérbaton latino es posible gracias a un lujo de
desinencias como el que tenemos en haRUM bonARUM artiUM, donde
cada palabra lleva por sí su signo de género, número y caso, plenamente
caracterizada en su función gramatical. Cada palabra por sí sola ya indi-
ca lo que tiene que indicar. Mas en una lengua donde los signos de relación
gramatical se aplican no a palabras, sino a grupos, de forma en algo seme-
jante a lenguas modernas como el inglés, en que los antiguos signos indo-
europeos de relaciones gramaticales han decaído por completo, el orden
de palabras está mucho más acá de la zona estilística o puramente expresiva,
para mantenerse dentro de los valores elementalmente sintácticos.
El orden precisa una relación de genitivo; bien es verdad que, al me-
nos en los temas iniciados por vocal, el signo posesivo, es decir, un prefijo,
precisa el sentido de la relación. Como regla general podemos dar la de
que la palabra para nuestro sentido regente sigue, con o sin prefijo posesivo,
a la regida.
La frase nominal está también en relación con el orden de palabras,
y asimismo la relación del verbo con sujeto y objeto.
Que prefijos y sufijos sean partes de la oración, ya orienta sobre la
importancia que el orden de palabras tiene en la frase.
La negación en guaraní tiene una curiosa variedad de formas, parti-
cipando a la vez del carácter de prefijo y de sufijo.
Con el verbo la negación se indica anteponiendo nda y postponiendo
i: nda- -yaha-i 'no vamos”, nda che-i 'no soy". Lo mismo ocurre con formas
verbales más complejas: nda che recha-í 'no me ve”, na che mosé-i “no me
expulsa. En la frase interrogativo-negativa ocurre igual, sólo que detrás
de ¡ va la partícula interrogativa pa: nda ipochi-ipa '¿no se enoja?”, nd-
oisu'u-ipa “¿no muerde?”.
Otra forma de negación hay para formar modales, que es 1': así oú-
ieramo literalmente es 'viene-no-si', o sea “si no viene'; ahecha-1 haguá *para
No ver”,
El prohibitivo tiene una negación, ani o anike, que es la misma forma
absoluta anichene “no”,
126 A. Tovar
Todas estas variadas formas pueden reducirse a unidad considerando
en el fondo de la negación una nasal, que aparece más o menos apoyada
en otros sonidos.
Creemos que con este análisis podemos presentar con claridad una
lengua sudamericana. Justamente porque es una labor de síntesis la que se
necesita antes de tener una orientación para el trabajo comparativo, creemos
de interés haberla iniciado. Por eso me he atrevido a hacer un intento de
síntesis, por si ello sirviera de invitación a un estudiante argentino que sien-
ta la llamada de un verdadero deber y la atracción del misterio de la pa-
labra en las remotas profundidades de este continente americano.
ANTONIO "TOVAR
Universidad de Buenos Aires - Salamanca.
PROBLEMAS DEL HISPANOAMERICANO
Los interesantes problemas del español americano cobran palpitante
actualidad con las recientes publicaciones de Max Leopold Wagner (" y
Bertil Malmberg (??, cuyos nuevos puntos de vista y materiales aportados
(en especial el libro de Wagner, en cuanto al vocabulario se refiere) cons-
tituyen una valiosa contribución al estudio de los diferentes fenómenos que
presenta Ja lengua española de América.
El libro de Wagner es un estudio de conjunto de los problemas fun-
damentales del hispanoamericano, un resumen más o menos completo de las
conclusiones a que ha llegado la investigación lingilística en este importante
sector del mundo hispánico. Después de dedicar un primer capítulo al estu-
dio de los elementos españoles de la lengua (algunos de cuyos detalles cita-
remos más abajo) y otro a la consideración del vocabulario indígena de
América, el eminente romanista presenta una interesante antología donde se
ponen de manifiesto los rasgos más característicos de las distintas zonas his-
panoamericanas y termina con un apéndice sobre los llamados “dialectos
criollos'*: el papiamento de Curacao, el negro-español de Cuba 'y el tágalo-
español de las Filipinas.
El trabajo del lingilista sueco, por su parte, es el resultado de obser-
vaciones directas, efectuadas en el reciente viaje del autor por los países de
la América del Sud. En la primera parte hace, a manera de introducción,
una, síntesis de los principales problemas que se plantean al estudiar el espa-
ñol de América; anota, en particular, los fenómenos fonéticos, morfoló-
gicos y sintácticos que más caracterizan al hispanoamericano, no limitándose
tan sólo a resumir las opiniones emitidas hasta el presente, sino ofreciendo
también su propia opinión sobre los distintos temas tratados. Luego estudia
en detalle cuatro regiones lingilísticas que, a su juicio, ofrecen mayor inte-
(1) Max Leopold Wagner, Lingua e dialetti dell" America Spagnola.
Edizioni Le Lingue Estere, Firenze, 1949, 190 págs.
(2 Bertil Malmberg, L'Espagnol dans le Nouveau Monde - Pro-
blémes de linguistique générale. Tirage A part des Studia Linguistica, 1947 -
48, 74 págs.
128 M1. E. ZaPPAcosTA DE WILLMOTT
rés por sus rasgos típicamente particulares: la región del Río de la Plata,
Perú, Chile y el Paraguay.
De todos los problemas que suscita la lengua de América, uno de los
más importantes es, sin duda alguna, el de la influencia del sustrato
lingúñístico, problema cuya solución definitiva está muy lejos aún de haber
sido lograda.
En efecto, después de las críticas rigurosas que a la teoría de Rodolfo
Lenz hicieron, serios investigadores como Max Leopold Wagner (%) y Ama-
do Alonso (* y del adelanto alcanzado por los estudios dialectológicos
tanto peninsulares como americanos, la importancia del sustrato indígena,
exagerada por Lenz, ha sido notablemente reducida hasta el punto de llegar
a adoptarse una posición completamente negativa frente a dicho problema (*?.
En la obra de Wagner que comentamos, el autor se muestra muy pru-
dente en esta cuestión. Si bien es cierto que atribuye al sustrato indígena
algunas diferencias lexicológicas y las innovaciones de los distintos países
americanos, por otra parte resta importancia al influjo sustratista en lo
que se refiere a los fenómenos fonéticos, morfológicos y sintácticos. “La
mayoría de los fenómenos fonéticos —dice en la pág. 143— se encuentran
en el español de España y en los dialectos españoles, con la sola adverten-
cia de que no todos los fenómenos pertenecen a todas las variedades ame-
ricanas y naturalmente también hay fenómenos que tienen un carácter local,
sea que se trate de desarrollos independientes, sea —en casos más bien
raros— de influencia del sustrato indígena”. Más adelante agrega: ““Tam-
bién en la esfera de la: morfología y de la sintaxis, las condiciones america-
nas derivan de las de la madre patria”. Y finalmente: “La influencia de
las lenguas indígenas sobre la sintaxis del hispanoamericano es casi nula y
en los casos en que se ha observado aparece, por lo menos, dudosa.”
No obstante, en ciertas regiones de América se observa una serie de
fenómenos que han querido ser explicados por la influencia de la lengua autóc-
($ Max Leopold Wagner, Amerikanospanisch und Vulgárlaicin.
Zeitschrift fiir romanische Pbilologie, 1920, XL, págs. 286-312. Tra-
ducción española en Cuadernos del Instituto de Filología. Bs. As., 1942,
I. - El supuesto andalucismo de América y la teoría climatológica. RFE.
XIV, págs. 20-32.
(4) Amado Alonso, Examen de la teoría indigenista de R. Lenz.
RFH, I, 4. (1939),
(2 W, IL Entwistle, The Spanish Language. Londres, 1935, pág.
238: “The influence of the American substrata, in short, has done no more
than provide the names for exotic things, not all of which have a wide
circulation, and many of which stand liable to replacement by newer Euro-
pean terms”.
Ma
MAA AA
Pr
Problemas del hispanoamericano a 129
tona de la misma región. Ya Henríquez Ureña (% había hablado de los
contactos del español con las diversas lenguas indígenas, hecho que agrega-
do a otros, como la diferencia de clima, diferencia de población, diverso
grado de cultura, mayor o menor aislamiento de las distintas zonas “han
producido o fomentado diferenciaciones en la fonética, en el vocabulario y
en la sintaxis”.
En lo que respecta al vocabulario, nadie pone en duda la influencia
de las lenguas autóctonas, no sólo en los numerosos indigenismos de distinta
naturaleza que han ido a engrosar el caudal lexicológico del español general
sino también, como dice H. Ureña, en “la riqueza de matices, costumbres
de distinguir y disociar, empeño de establecer divisiones y subdivisiones en
las cosas materiales y sus elementos” que “'no es aventurado atribuir a perpe-
tuación de hábitos mentales y tradiciones culturales indígenas”.
En cuanto a la entonación, la cadencia musical de la frase, particular
en cada una de las distintas regiones americanas, entonación que es evidente-
mente debida al influjo de las distintas lenguas primitivas, es sin lugar a dudas
el elemento más persistente de la lengua sustrato. Muchos son los lingitistas
que se han referido a la influencia de la entonación del náhuatl en el español
de México; del maya, en el habla de la Península de Yucatán; del quichua,
en la lengua de los países del Pacífico, de Bolivia y del Norte argentino;
del araucano, en la de Chile y la Argentina y del guaraní en la del Paraguay
y las provincias argentinas limítrofes con aquel país.
Bertil Malmberg nos habla, en L'Espagnol dans le Nouveau Monde,
de la cadencia musical de la frase que le llamó la; atención en la Provincia
de Córdoba, en el interior de la República Argentina, donde ha anotado
una entonación “que no tiene nada de española”. Se trata de una acentua-
ción especial de las palabras que a menudo le recuerda el acento llamado se-
cundario del sueco: '“en principe, une mélodie qui, au lieu de tomber vers la
fin de la syllabe, est gardée sur un ton relativement haut'” y que puede estar
acompañada por un desplazamiento del acento: móneda, cáfe, señórita. Esta
entonación, que se opone claramente a la del Río de la Plata, parece ser
contraria a las tendencias fonéticas del español por lo que hace pensar en un
fenómeno del sustrato.
Aparte de la entonación y sin salir del terreno de la fonética, se pue-
den mencionar ciertos fenómenos que han sido atribuidos también a influen-
cia de las lenguas autóctonas. A los ya conocidos fenómenos estudiados en
el mexicano: tendencia a la supresión de la g delante de diptongos que co-
(6) Pedro Henríquez Ureña, Observaciones sobre el español de Amé-
rica [. RFE, VIII, pág. 358,
130 Ma, E. ZaPPAcosTA DE WILLMOTT !
mienzan con u, atribuído por H. Ureña a influencia del náhuatl por carecer
esta lengua del sonido g (7, el timbre especial de la s de la ciudad de Méxi-
co (5) también de indudable influjo indígena; a los sonidos explosivos o le-
tras heridas, característicos del maya, usados por los habitantes de la Penín-
sula de Yucatán cuando hablan español (%; a los fenómenos observados
(aunque no estudiados con detalle) en la sierra ecuatoriana y colombiana y
en el sur de Chile 1” donde se cree descubrir importante influencia indígena,
debemos agregar las nuevas observaciones hechas por Bertil Malmberg en el
español del Paraguay 01, donde ya M. Morínigo encontraba que los “pa-
raguayos pronuncian el español aplicándole el sistema fonético de la lengua
sustrato” (12),
Sintetizando las observaciones de Malmberg anotamos:
1” La realización del fonema y como africado, fenómeno que en español
existe, según Navarro Tomás, sólo en combinaciones con las consonantes r
y | (cónyuge, el yerno) y a menudo en posición inicial, se encuentra en para-
guayo también entre vocales (mayor, mayo, mayoría, paraguayo) y el autor
lo atribuye a influencia guaraní. 2? El grupo tr alveolar y sibilante estudiado
por A. Alonso (13) es comprobado por Malmberg en la pronunciación pa-
raguaya y cree el hispanista sueco que este fenómeno debe ponerse también
en relación con el guaraní, ya que tal vez no tenga nada que ver con los
fenómenos análogos de España y de otros países hispanoamericanos, pues
responde a una tendencia a la pronunciación alveolar del españo] paraguayo,
normal en la lengua materna. 3" La b inicial a menudo es fricativa, contra-
riamente al uso español pero conforme con la costumbre guaraní. De todo
esto concluye el autor que esta lengua indígena ha ejercido una influencia
(MH. Ureña, RFE, VII, pág. 367: awa, antiwo, Wadalupe.
($) H, Ureña, ob. cit., pág. 367 y A. Alonso, Substralum y Super-
stratum. RFH, IL, 3 (1941), pág. 215, nota 1.
(9 A, R. Nykl, Notas sobre el español de Yucatán, Veracruz y
Tlaxcala. BDH, IV, pág. 215.
(10) A, Alonso, Substratum y superstratum. RFH, IM, 3 (1941),
pág. 214, nota 2.
(1) B. Malmberg, Notas sobre la fonética del español en el Para-
guay. En Vetenskapssocieteten 1] Lund, Aarsbok, 1947. Yearsbook of the
New Society of Letters at Lund, Saartryck; separata Lund, C. W. K.
Gleerup.
(12) Marcos Morínigo, NREH, II, 3, 1948, pág. 283.
(13) A, Alonso, El grupo tr en España y América. En Homenaje a
Menéndez Pidal, Madrid, 1925, II, págs. 167 - 191.
Problemas del hispanoamericano 131
considerable sobre el sistema español del Paraguay pero, hace notar que a
pesar de ello, el sistema fonético español ha quedado intacto.
Dejando a un lado el vocabulario y la fonética y entrando en el terre-
no de la morfología y la sintaxis, veamos si también se advierten en ellas
fenómenos que puedan atribuirse a influjo de las lenguas indígenas.
Es un hecho comprobado que los indios, cuando comienzan a usar la
iengua española, traducen ciertas construcciones de sus respectivas lenguas
al español. A. R. Nykl 19 refiere que los indios de Tlaxcala usan en es-
pañol algunas expresiones como vuestras personas, vuestras personitas de us-
tedes y que abusan de los diminutivos diciendo vosotrititos y llamando a la Vir-
gen nuestra madrecita. También los aztecas que no saben hablar correctamen-
te el español cometen errores de concordancia entre el adjetivo y el sustantivo
diciendo carbón buena, verdura barato, etc. por no existir la concordancia
en su lengua; omiten el artículo: alza sombrero y usan el tú con el verbo en
tercera persona: ú dijo, tú resolverá. La misma falta de concordancia come-
ten los indios peruanos por influencia del quichua, que tampoco posee ar-
tículo, y a menudo confunde los géneros diciendo: el mujer, la toro, la hom-
bre, la caballo, el flor, etc. Llama la atención también en estos indios de la
sierra la construcción con el genitivo: De mi tío su amigo, traducción directa
del quichua (1”?, Pero en todos estos casos no se puede hablar en rigor de
verdadera influencia del sustrato indígena, pues son traducciones de una len-
gua a otra hechas por personas que no dominan el idioma que usan; tales
construcciones no se encuentran nunca en' el habla de la gente medianamente
culta,
Se podría mencionar aquí el sufijo gentilicio -eco de origen náhuatl en
palabras como yucateco, cuzcaleco, chiapaneco, etc. usado en México y en
la América Central. También del quichua ha sobrevivido el sufijo posesivo
-y y el sufijo -la que indica cariño: viday, viditay, vidala, vidalitay (con 1
por despalatalización), usados desde el Norte argentino hasta el Ecuador;
en la sierra ecuatoriana se dice mi guaguaya, “guagiiita”, con lle conver-
tida en y. Pero estos antiguos morfemas hoy no se sienten como tales. (10.
En su libro American-Spanish Syntax (Chicago, 1945), Charles E.
Kany cita otros fenómenos sintácticos que a menudo han sido atribuídos a
influencia del sustrato indígena. Así por ejemplo, en la zona lingiñística an-
dina (Bolivia, Perú, Ecuador), la posición final del verbo en frases como:
(149 A, R. Nykl, ob. cit.
(13M. L. Wagner, Lingua e dialetti dell America Spagnola, pág.
TE
(16) A. Alonso, Substratum y Superstratum, pág. 216, nota 2.
132 M». E. ZAPPACOSTA DE WILLMOTT
¿Es joven lu novia? - Joven es. ¿Y tú lo recomiendas a Luis? - Sí, señor,
hombre bueno es. Con hambre mismo estoy, etc. (Kany, pág. 265). A
pesar de que estas construcciones deben ser consideradas como herencia es-
pañola, pues tal posición del verbo era común en %a lengua antigua, sin em-
bargo han sido favorecidas, como dice el autor, por una tendencia similar
en las lenguas indígenas de ciertas regiones, en este caso del quichua.
También es sumamente frecuente en muchas partes de América el uso
de la forma verbal estar siendo en oraciones pasivas como: El puerto está
siendo bombardeado (en el sentido de “están bombardeando el puerto”, “se
sigue bombardeando el puerto'*, “el puerto es bombardeado”, etc.) (Kany,
pág. 238). La supervivencia de este uso del gerundio, por otra parte no
desconocido en España, se explica también, como el fenómeno anterior, por
el uso de construcciones semejantes de la lengua sustrato tanto del quichua,
en lo que a Perú y Ecuador se refiere, como del mapuche en lo que respecta
al español popular de Chiloé, Chile y ciertas regiones de la República Ar-
gentina.
En el habla popular de las tierras altas del Ecuador y sud de Co-
lombia, el imperativo se atenúa substituyéndose por una perífrasis con el
verbo dar y el gerundio, calcada sobre el quichua: dame trayendo es pre-
ferido a “tráeme” o “tráemelo””; dame llevando, a “llévamelo'””; dame es-
cribiendo, a “escribe”, etc. (Kany, pág. 158), construcciones que no sólo
son comunes en el lenguaje rústico de los indígenas, sino que se introducen
hasta en la conversación familiar de las personas más o menos cultas,
Malmberg cita un artículo de Mario Flores, El castellano en Corrien-
les (27), donde hay algunos ejemplos de fenómenos debidos a influencia del
sustrato guaraní en el español! popular de esa provincia argentina cercana al
Paraguay. Así, el sufijo -ita, -etá, agregado a un sustantivo o a un adjetivo
para indicar un gran número y la partícula interrogativa pa que reemplaza
a la entonación creciente del español: Vamos pa al baile por “¿Vamos al
baile?”, Sobre todo en la formación de los tiempos verbales esta influencia
se deja sentir notablemente pues el guaraní no conoce el tiempo verbal pro-
piamente dicho. Por ejemplo el correntino dice: Estoy yendo a tu casa y
quiere decir “Voy a tu casa”, mientras que con esta última frase expresa el
pasado, es decir, “Fuí a tu casa”. Como significa “comí” y estoy comiendo,
“como”; llueve, “llovió”, etc. Otro rasgo interesante es la construcción Yo
fuí que maté por “Yo fuí quien lo mató”, fenómeno que se explica por la
falta de pronombre relativo en el guaraní. Claro que, como dice Malmberg,
(17) Mario Flores, El castellano en Corrientes. En la revista argenti-
na Por nuestro idioma, mayo-junio 1946,
Problemas del hispanoamericano 133
estos fenómenos no pasan los límites de los medios completamente rústicos
donde se han originado. Por otra parte es discutible si en estos casos se puede
hablar de sustrato, pues en realidad estos fenómenos se observan en personas
que 'se expresan en español como en una lengua extranjera y tales construc-
ciones son tan sólo meras traducciones del guaraní, su verdadera lengua
materna. Por lo tanto se trata aquí de un caso análogo al citado más arriba
sobre las construcciones españolas de los indios mexicanos y peruanos.
De todo lo expuesto referente al problema del sustrato indígena ame-
ricano, podemos sacar ciertas conclusiones:
La influencia de las lenguas de América sobre el español de los con-
quistadores se manifiesta evidentemente en el léxico; en cuanto a las ento-
naciones particulares de las distintas zonas americanas, es probable que se
deban al influjo del sustrato pero no ha sido demostrado en forma definitiva
y convincente; en lo que se refiere a la evolución fonética, la influencia in-
dígena es tan escasa y restringida que no ha llegado a alterar el sistema fun-
cional del español; además, cuando se la encuentra, está limitada en casi
todos los casos a las capas sociales más bajas, pues se va perdiendo en las
clases medianamente cultas por el aprendizaje de la lengua. Finalmente la
influencia sustratista es mucho más dudosa en la morfología y sobre todo en
la sintaxis, donde son muy pocos (por no decir ninguno) los fenómenos que
pueden atribuirse sin lugar a dudas al sustrato indígena.
Cuando se habla del hispanoamericano no se puede dejar de mencio-
nar el llamado problema del andalucismo de América, teo-
ría que habiendo tenido su origen en Alcedo (18), fué sustentada por la ma-
yoría de los lingilistas tanto hispánicos como extranjeros, para quienes era
cosa indiscutible que las variaciones dialectales del español americano tenían
su origen en el predominio del elemento andaluz durante la conquista y la
colonización del Nuevo Mundo.
La cuestión se tornó particularmente interesante cuando fué debatida
por los ilustres lingiiistas Max Leopold Wagner y Pedro Henríquez Ureña
principalmente en la Revista de Filología Española. (19
(18% Antonio Alcedo, Diccionario geográfico-histórico de las Indias
Occidentales, América-Madrid 1786-1789.
(19% Origen de esta discusión fué el artículo publicado por M. L.
Wagner en la ZRPh, Amerikanospanisch und Vulgárlatein. Al año siguien-
te y sin conocer este trabajo, P. Henríquez Ureña escribía en la RFE, tomo
VIII, 1921, sus Observaciones sobre el español de América, 1. Conocido el
artículo de Wagner, H. Ureña retoma el temá, contestando a las observa-
ciones del hispanista alemán, en su artículo El supuesto andalucismo de Amé-
rica, publicado en el Cuaderno 1 del Instituto de Filología de Buenos Aires,
134 M+, E. ZAPPACOSTA DE WILLMOTT
Después de considerar las opiniones expuestas por ambos hispanistas,
es posible reducir el problema del andalucismo a los “siguientes puntos:
1* Sin generalizar el fenómeno, no se puede negar la semejanza en la
pronunciación entre la América española y Andalucía.
2% Esta semejanza es mucho más notable en las tierras bajas que en
las tierras altas. (20
32 El parecido entre la pronunciación hispanoamericana y andaluza
no se puede explicar por la supremacía del elemento andaluz durante la
conquista y colonización, pues se ha probado que el elemento predomi-
nante ha sido el castellano), pero es un hecho comprobado por todos.
4 Dado que algunos fenómenos fonéticos en que se basa esta seme-
janza no podían existir en boca de los primeros colonizadores (como el
seseo y probablemente el yeísmo), porque se produjeron en España con
fecha más tardía, podemos pensar que ellos han sido desarrollos indepen-
dientes de una misma tendencia de la lengua que se cumplió en España y
en América. 41
1925. Con el título de El supuesto andalucismo de América y la teoría cli-
matológica, publicó M. L. Wagner su réplica a las objeciones de P. H.
Ureña en la RFE tomo XIV, 1927 y, finalmente, pusieron término a la tan
debatida cuestión, dos artículos del mismo hispanista: Observaciones sobre el
español de América IÍ, aparecido en el tomo XVII de la RFE y Observa-
ciones sobre el español de América III, en el tomo XVIII de la citada re-
vista.
(20) La división en tierras altas y bajas fué establecida por H. Ureña
en su artículo El supuesto andalucismo de América, pero fué esbozada, aun-
que sin darle estos nombres, por M. L. Wagner en El español de América
y el latín vulgar. Ambos romanistas están conformes en llamar tierras altas
a la meseta central de México, las altiplanicies de la América Central y
las zonas andinas de la América del Sud: Venezuela, Colombia, Ecuador,
Perú, Bolivia y Chile; mientras que son tierras bajas las Antillas, las cos-
tas atlánticas de México, de Colombia, de Venezuela y los países del Río
de la Plata: la Argentina, Uruguay y Paraguay.
(21A Alonso, La pronunciación americana de la z y de la c en el
siglo XVI, Universidad de La Habana, N* 23, marzo-abril de 1939,
págs. 62-83.
Espinosa, BDH, l, pág. 192, nota 1.
A. Alonso, Examen de la teoría indigenista de Rodolfo Lenz. RFH,
1, 4 (1939), pág. 323: “La aspiración de la s final de sílaba es un fe-
nómeno que se ha producido en el siglo XIX (quizá empezara en el
XXVIII en alguna parte, pero no tenemos denuncia alguna) en una gran
zona peninsular y en otra zona americana mucho mayor”.
Problemas del hispanoamericano 135
En Lingua e dialetti dell America Spagnola, Wagner, cumpliendo con
el propósito de enfocar los problemas fundamentales del hispanoamericano,
retoma el tema del supuesto andalucismo y afirma que América fué inva-
dida por soldados provenientes de todas las provincias españolas, los cua-
les a menudo fueron trasladados de una región a otra del continente lo
que explica la similitud en todas las hablas de los dilatados países america-
nos (pág. 12). Más adelante insiste sobre el mismo concepto y agrega
que en los primeros tiempos de la conquista prevalecieron los castellanos, an-
daluces y extremeños; más tarde estuvieron también representadas las pro-
vincias del norte. Nombra una serie de vocablos de distintas regiones de
América que son de indudable procedencia andaluza. Entre ellos adulón
(panamericanismo) por ““adulador”, amasijo (México) “pieza donde se
hace el pan”, canturria (Perú) “canto monótono”, cartucho (panameri-
canismo) ““cucurucho”, costurero (México, Guatemala, Colombia) “pieza
donde las mujeres hacen trabajos de aguja”, gancho, ganchillo (en varios
países) “tenedor”, limosnero (varios países) ““mendigo, el que pide limos-
na”, panteón (varios países) “cementerio”. Cita también el caso de al-
caucil, nombre común de la alcachofa en el Río de la Plata, que es la
palabra homónima andaluza (también alcacil) corriente en el árabe regional
de Andalucía, un préstamo de los mismos árabes andaluces al romance y
corresponde al español cabecilla.
Es interesante además la lista de voces provenientes de los dialectos
españoles septentrionales que aparecen en distintos países de Hispanoamé-
rica, como cargador (varios países) ““mozo de cordel”, proveniente de la
misma palabra vizcaína; lanzar (Argentina) “vomitar”, del asturiano allan-
zar con el mismo significado; ñato (panamericanismo) “de nariz achata-
da”, del asturiano ñatu, leonés ñato; retrucar (México, Argentina) “res-
ponder mal”, de la misma palabra asturiana que significa “devolver la pe-
lota en el juego del truco”, etc.
Cuando se ocupa del fenómeno de la aspiración de la s dice que este
cambio, similar al andaluz, no deriva probablemente de él sino que consti-
tuye un desarrollo independiente. De modo que aquí Wagner abandona
definitivamente la teoría andalucista que apoyó en sus estudios anteriores;
al respecto dice que esta hipótesis fué sustentada por muchos escritores es-
pañoles, americanos y extranjeros y que él mismo la sostuvo, pero limitán-
dola a las tierras bajas, donde la pronunciación tiene efectivamente cierta
semejanza con la de Andalucía. Reconoce que después de las investigacio-
nes de P. H. Ureña no se puede sostener la idea, de que el elemento anda-
luz predominó en los primeros tiempos de la colonia, sino que hay que tener
en cuenta la preponderancia de los castellanos (pág. 81). Hace referen-
136 M1, E. ZAPPACOSTA DE WILLMOTT
cia también al hecho de que el fenómeno de la aspiración de la s no queda
limitado en España a las provincias meridionales, sino que se encuentra
hasta en las provincias castellanas de Toledo y Ávila. Por eso cree pru-
dente no aventurarse en vagas hipótesis; sobre todo porque no se poseen
todavía informaciones suficientes sobre las condiciones fonéticas de todas
las regiones españolas y americanas y no se puede delimitar con exactitud
la extensión de tal o cual fenómeno.
Por su parte Bertil Malmberg (en L'Espagnol dans le Nouveau
Monde) aporta también su opinión al problema del andalucismo y expresa
que sería útil estudiar con detenimiento el origen dialectal de los pri-
meros padres franciscanos y Jesuítas por la influencia que éstos pudieran
haber tenido en la población indígena y mestiza de los primeros tiempos.
Agrega el lingiiista sueco una observación sumamente interesante sobre el
origen de los americanismos, cuando expresa que no es necesario buscarlo
en la diferenciación geográfica del español europeo, sino en su diferencia-
ción social, pues las divergencias que ofrecen las distintas hablas americanas
no son consecuencia de influencias climatológicas, tesis que le parece de
todo punto insostenible, sino consecuencia de diferenciaciones sociales, ad-
ministrativas y culturales de las diversas regiones colonizadas. Dice en la
pág. 36: “L'opposition qui'il y a par exemple entre les plateaux du Perou
ou du Mexique d'un cóté, et le littoral argentin de P'autre, refléte la diffé-
rence de la force des vieilles tendances vulgaires et populaires castillanes
dans les différentes couches de la société espagnole á l'époque de la dé-
couverte du Nouveau-Monde”. Luego desenvuelve con más detalle esta
idea, al buscar las causas de la diferenciación entre las regiones altas y
bajas —por ejemplo en la aspiración o no aspiración de la s— y llega a
la conclusión (pág. 44) de que si el dualismo lingilístico no es una conse-
cuencia directa de hechos climatológicos, lo es indirectamente, en el sentido
de que las variaciones climáticas han dado lugar a diferencias sociales y
culturales que se reflejan a su vez en la evolución de la pronunciación. En
efecto, parece lógico que en las zonas poco propensas a la agricultara, como
son las mesetas andinas, las llamadas tierras altas, el tipo de población que
se constituyó en ellas debió de haber sido totalmente diferente del que habitó
las tierras fértiles, llanas, aptas para los cultivos como son el litoral mexicano,
la costa del Pacífico y los países del Río de la Plata. La vida social y cul-
tura! desarrollada en cada una de esas regiones habrá adquirido un carácter
propio de acuerdo con la modalidad de cada grupo étnico allí establecido.
En las tierras bajas la sociedad habrá sido de tipo rural, agrícola, formada
por colonos y cultivadores pertenecientes a clases sociales más inferiores que
las establecidas en las tierras altas, donde los españoles se radicaron en las
Problemas del hispanoamericano 137
ciudades y estuvieron más sometidos a la influencia directa, de la administra-
ción, de la escuela, de la iglesia y del contacto inmediato con España. Esta
diferencia social y cultural pudo reflejarse también en la lengua y dejar su
huella en la pronunciación.
Particular importancia da Wagner en su libro a los elementos
lexicológicos del español de América. Un capítulo sumamente in-
teresante es el dedicado al fondo español de la lengua (pág. 11-50). En
él encontramos una serie de palabras del español 'preclásico””, rechazadas
hoy en España como vulgarismos o dialectalismos mientras que en América
todavía están en vigencia en muchos países donde no sólo son usadas por el
vulgo, sino que se oyen también a veces en boca de personas cultas. Entre
ellas escogemos algunas como: '
altozano, usada en Colombia, Venezuela, Costa Rica, “plaza delante
de la iglesia”, como en español antiguo antuzano, de ante + os-
tium + ana y que aparece también en muchos dialectos de la
Península en las formas antuzano, altuzano. a
cabro, en varios países de América como en español antiguo por ““ca-
brón” del español moderno.
escurana, panamericanismo por oscuridad, como en antiguo español.
oreja, en varios países, con el significado de “asa' (“vaso de dos
orejas”).
vegada, usada en Cuba, Puerto Rico por “vez”; una vegada, “una
vez”.
No menos importante es la lista de los que Wagner llama falsos ame-
ricanismos, es decir, aquellos vocablos o expresiones que los diccionarios
regionales consideran como americanismos y vulgarismos que deben ser evi-
tados y' que en realidad son términos usados con igual frecuencia en España
y en América y a menudo son palabras ““de lo más castizas”. Así: '
papal, “plantación de papas”, formado correctamente de papa como
otras palabras castellanas consideradas incorrectas por muchos
vocabularistas americanos; acopio (Arg. Garzón); adinerarse
(Cuba, Suarez); el acabóse (Chile, Echeverría); caballitos
“tío vivo” (Perú, México, Costa Rica); empirtar el codo “em-
borracharse”” (Arg. Garzón); no le hace “no importa” (Arg.
Garzón; Chile, Rodríguez; Honduras, Membreño), etc.
A veces los mal llamados americanismos son dialectalismos peninsula-
res como el caso de
alfora “yegua”, usado en Honduras, que Martín López (Provincialis-
mos y barbarismos de Honduras) considera como término regio-
nal y que proviene, según Wagner, del aragonés aforra “yegua
——..
138 M?. E. ZAPPACOSTA DE WILLMOTT
estéril”, igual que el catalán forra “estéril, aplicado a animales”
y corresponde al castellano horra (del árabe horr “libre”) con
el mismo significado. En Colombia y Honduras se dice: Se horra
una vaca cuando se le muere el hijo.
Más adelante el romanista alemán se ocupa de los cambios semánticos
sufridos por muchas palabras españolas en territorio americano. A los cam-
bios producidos en los nombres de la fauna y de la flora de estas tierras,
agrega el autor otros como:
cargador o changador, nombres que en América se le da al “mozo de
cuerda” o “de cordel”.
cera (Colombia), vereda (en muchos países), banqueta (México),
escarpa (Yucatán), andén (Honduras), calzada (Santo Do-
mingo), vocablos todos que en España tienen un significado di-
ferente que en América, donde han substituído a la palabra
“acera”? muy poco usada,
Igualmente hay cambio de significación en flete, viejo galicismo (del
francés fret y éste del germano freht (Fracht “gasto, flete””) que en caste-
llano significa “precio estipulado por el alquiler de una nave o parte de
ella”. En Colombia, Guatemala y Perú se aplica al “precio por el alquiler
de un caballo o mula; en Chile a un “caballo malo, rocín”” y en la Argentina,
flete es, por el contrario, un “caballo brioso, veloz”.
Cita también otras palabras en las que se ha producido, en cambio,
restricción de significado como en fusilar, usada en América como sinónimo
de “matar”: fueron fusilados a machete (Venezuela); en las Antillas sig-
nifica “relampaguear” mientras que en la Argentina este significado lo tiene
la palabra refusilar.
Igual restricción se observa en caña, hoja, yerba, huerta, vega, frutilla,
bestia y aguardiente.
El vulgo de muchos países usa a menudo palabras cultas con sentido
equivocado por desconocimiento imperfecto de la lengua: inocente como si-
nónimo de “ignorante”, lívido por “pálido'”, latente por “vivaz, vigoroso,
intenso” por su parecido con latiente, patético como “claro, evidente'” (Chi-
le) por su semejanza con patente, capaz en' el sentido de “probable”, es
capaz que llueva, etc.
A veces se encuentran metáforas muy pintorescas como batata de la
pierna aplicada en Puerto Rico, Santo Domingo, Colombia y Venezuela a
la pantorrilla. El músculo del brazo “bíceps” tiene en Costa Rica: el nombre
vulgar de ratón, metáfora que recuerda la del latín musculus derivada de
mus. En otras regiones,se lo llama también lagarto, sapo, conejo; en Hon-
duras, gato y aún tuna. El vientre, en Puerto Rico, Ecuador, Bolivia, Pa-
A Problemas del hispanoamericano 139
namá, y Colombia tiene el nombre de pipa, que en español significa “barril”,
renovándose así la metáfora del español barriga, variante de barrica. Y así
se podría proseguir citando muchos ejemplos más que el autor consigna con
todo detalle en este nutrido capítulo de su interesante libro.
El trabajo de Bertil Malmberg, por el contrario, no se dedica espe-
cialmente al vocabulario; trae, en cambio, una lista de los fenómenos foné-
ticos, morfológicos y sintácticos más característicos del hispanoamericano; de
manera que ambos estudios, el de Wagner y el del lingiiista sueco, se com-
plementan perfectamente constituyendo en conjunto una visión panorámica
de los problemas lingiiísticos americanos.
Repasando esta lista se advierte que todos los fenómenos fonéticos,
morfológicos y sintácticos estudiados por Malmberg como típicos del habla
popular y a veces general del hispanoamericano, y otros más que pudieran
agregarse para completar la enumeración, se encuentran en mayor o menor
grado en el español de la Península. Algunos han sido condicionados o
favorecidos tal vez por tendencias de las lenguas autóctonas pero no por eso
son extraños a la modalidad española; antes al contrario, se encuentran en
los textos de la época preclásica y en los dialectos españoles actuales, aun
en el habla vulgar de Madrid. Tampoco los fenómenos lingiiísticos de área
más reducida, que a simple vista parecen específicos de determinadas zonas
de Hispanoamérica, dejan de tener su comprobación en la lengua general;
por eso podemos afirmar que el español de América no es más que el espa-
ñol de España que sufrió en estas tierras la misma evolución cumplida en la
Península y que todas las peculiaridades americanas se explican perfecta-
mente por las tendencias lingilísticas hispánicas y a veces son fenómenos
conocidos en otras lenguas romances.
Pero si bien es cierto que el español de América ofrece una uniformi-
dad de caracteres que llama poderosamente la atención de los hispanistas
que estudian el habla vulgar de los distintos países desde el Colorado y
Nuevo México hasta Chile y la Argentina, tampoco es menos cierto que no
todos los fenómenos lingiiísticos se encuentran repartidos de una manera ge-
nera] y uniforme en el vasto territorio hispanoamericano, y son precisamente
estas diferenciaciones las que deben constituir el tema de futuras investiga-
ciones a fin de poder dilucidar los problemas fundamentales de la lengua de
América,
María E. ZAPPACOSTA DE WILLMOTT
Universidad Nacional de Cuyo.
A
LA CASA RURAL EN EL ESTE DE GUATEMALA
Con 14 dibujos y 9 fotografías
1 - INTRODUCCIÓN
Entre el Este y el Oeste de Guatemala existe, desde el punto de vista
folklórico, y por lo tanto lingilístico, una diferencia esencial, En las regiones
montañosas del Oeste, en su mayoría a más de 2000 m. de altura, el ele-
mento indígena ha subsistido hasta nuestros días conservando también su
lengua. Cuando se sale de la capital de Guatemala, apenas a 20 km. de
San Pedro Sacatepéquez, ya nos encontramos en un medio completamente
indígena; es la región de los indios cuya lengua se llama cakchiquel. Aun-
que en esas aldeas indias viven también ladinos, mestizos, generalmente
como tenderos, empleados de la municipalidad, maestros u otros cargos por
el estilo, su influencia no ha sido suficiente para borrar el carácter antiguo
de esas poblaciones. Tampoco el clero católico ha podido desterrar de los
indígenas sus hábitos y costumbres y aun hoy en día la influencia de los
“brujos” nativos es, al parecer, más fuerte que la de los sacerdotes, Esto
se explica probablemente por el hecho de gue a menudo los religiosos ni
siquiera dominan la lengua de su comunidad.
Muy diferentes son en general las condiciones en la región oriental de
Guatemala. Para comprobarlo basta tan sólo viajar desde la capital hacia
el Este donde uno se encuentra en una región lingitística completamente
española. Aquí pues el elemento hispánico importado es el único que ha
prevalecido, ya que los dialectos puramente indígenas no se encuentran en
ninguna parte. Naturalmente también en el español que aquí se habla apa-
recen con mucha frecuencia palabras de procedencia indígena así como
también se observa que el español tiene en general una construcción muy
particular y un acento propio. Así se oyen por ejemplo frases como las
siguientes: “¿Adónde era que estaba el ishchoco?” (ishchoco: niño). ““En-
fermo es que estaba”. La gente, por lo general muy expansiva y hospita-
laria, vive de la agricultura y de la ganadería y como en la mayoría de los
casos los hombres carecen de gran energía y decisión, no es de extrañar
entonces que no sólo se ganen el sustento del mismo modo que sus padres
La casa rural en el este de Cualemala 141
y sus antepasados, sino que tampoco han sido capaces de elevar el nivel de
su cultura material que se mantiene igual desde el tiempo de la conquista.
Por esto se comprende que al filólogo que busque su esfera de acción
en la República de Guatemala se le presenten dos problemas:
12) Investigar hasta dónde han penetrado los elementos de la lengua
española en las lenguas indígenas habladas en este país.
2*) Investigar hasta qué punto el español hablado aquí ha sido in-
fluído por el elemento indígena.
El que se dedique al primer problema deberá buscar su esfera de tra-
bajo en el Oeste de la capital, mientras que el interesado por la segunda
cuestión debe dirigirse a las regiones de la República ubicadas al Este de la
ciudad de Guatemala.
El presente trabajo trata de contribuir en algo a la solución del se-
gundo problema, evidentemente mucho más fácil de abordar que el primero,
el cual presupone, como es natural, el dominio de la lengua indígena. Debe
decirse que aun en Guatemala hay desgraciadamente muy poca gente que,
además de la lengua materna española, hable todavía cakchiquel, quiché o
cualquier otro idioma indígena. Y así resulta a las claras que las posibili-
dades de resolver este primer problema en un futuro próximo, sean muy
exiguas.
Las siguientes observaciones sobre la cultura material del Este de
Guatemala han sido hechas en el Departamento de Jalapa, pero según ma-
nifestación de mi acompañante, Don Gerardo Gordillo, maestro de español
en la escuela alemana de la Capital y gran conocedor del Este de
Guatemala, parece que apenas existe diferencia en la cultura material y
en su vocabulario entre el Departamento de Jalapa y los demás departa-
mentos orientales.
II - La casa
Todas las casas constan de una sola habitación. Este cuarto principal
sirve de sala de recibo y de dormitorio. Alrededor de la casa se encuentran
dos, tres y hasta cuatro corredores (fotografías 1, 2 y 3). Uno de ellos
sirve de cocina y al mismo tiempo de comedor (fotog. 6). En los demás
corredores se guardan los enseres de trabajo y se almacenan los productos
de la cosecha, "También tienden aquí la hamaca. La casa que aparece en
la fotografía tiene solamente dos corredores.
adobe: el material con'que se construyen las casas. Se le da forma de
ladrillos bastante grandes; tienen una dimensión de 60 por 40
142 K. KunaTH
Foto 3
La casa rural en el este de Guatemala 143
cm. El adobe se hace de tierra, barro, pinochas (hojas de pino)
o paja a los que se le agrega agua con la ayuda de un azadón;
se mezcla luego con los pies, se pone en el molde y se deja secar
al sol.
el cimiento
los cimientos: la base sobre la que descansa la hilera inferior de adobes.
Para excavar el cimiento se. abre un surco pequeño en la tierra y
en él se coloca el
molón: piedras con “mezcla” o “lodo”.
mezcla: argamasa hecha con arena, agua, cal y un poco de barro.
lodo: es una mezcla de tierra, barro, pinochas o paja y agua.
También hay casas que tienen paredes de bajareque. Estas poseen
dos hileras, (más a menudo una sola) de horcones verticales,
distantes uno de otro el espesor de un muro; los horcones de
cada hilera se unen entre sí con cañas de bambú, colocadas ho-
rizontalmente y aseguradas con clavos o sujetas con mecales
(ver abajo). Entre las dos hileras paralelas de horcones se re-
llena con lodo (dibujo 1, 2).
horcones: troncos o ramas de árboles cuya madera es poco atacada
por la humedad (guayacán, roble). La característica de los hor-
cones es la bifurcación que presentan en uno de los extremos.
Compárese el pie del fogón en la fotog. 6.
mecate: las fibras resistentes que suministran algunos arbustos o ár-
boles como por ejemplo el
maguey agave
o cajetón
y el capulín.
Estas fibras se obtienen de las respectivas plantas mientras están vivas.
Sobre las cuatro paredes se pone el techo, tejado. Las paredes mis-
mas se llaman paredes.
Sobre las dos pequeñas paredes laterales descansan los mojinetes,
frontones triangulares sobre los cuales está colocado el techo.
Estos poseen gradas, escalones que llevan las costaleras (ver
abajo) y el caballete: cumbrera.
El techo mismo está formado de tejas, que se confeccionan de la si-
guiente manera: se revuelve el barro mezclado con estiércol y
arena, se deja reposar tres días, después se forman las tejas y
se exponen al sol para secarlas; finalmente se cuecen en un horno.
Inmediatamente encima de la pared anterior y de la posterior de la
casa está la viga madre o solera, tirante de madera que descansa
144 K. KUNATH
Foto 5
Foto 6
La casa rural en el este de Guatemala 145
sobre la parte más alta de la pared anterior y de la posterior;
se puede ver en la fotografía 4. Las costaleras son tirantes de
madera que corren paralelos a la viga madre, pero más
delgados. Descansan sobre las gradas del frontón, formadas de
tal manera que en cada nueva hilera de adobes puesta encima,
dejan salir a izquierda y a derecha un ladrillo.
vigas llaman a los tirantes delgados o listones que se colocan sobre
las soleras. Son travesaños que forman con las soleras un ángulo
recto. Las vigas que se ven en la fotografía 4 están sin embar-
go empotradas en la pared anterior y posterior.
tendales o murillos llaman a los maderos delgados o listones que se
extienden desde la cumbrera hasta las vigas madres y sobre los
cuales se apoyan las tejas. Se los llama también péndulas, cuan-
do son redondos y reglas, cuando son cuadrangulares.
cumbrera es el madero del remate del tejado; se apoya sobre los
mojinetes y sobre las tijeras (fig. 3 a): éstas están formadas
por dos maderos que salen de las dos vigas madres y llegan hasta
la altura de la cumbrera; se extienden pues entre los dos mojine-
tes. Cada uno de los maderos que forman las tijeras se llama:
cuaiquín o pierna de las tijeras (fig. 3 b).
chabascón (fig. 3 c) es el madero que une las piernas de las ti-
jeras. El tapanco o tabanco está formado por tablas que se colo-
can encima de las vigas de modo que la habitación tiene así
cielo raso. No se le encuentra muy a menudo. Cuando existe,
está únicamente sobre la parte del cuarto donde se hallan las
camas para protegerlas de la humedad que penetra a través del
techo. Sirve también para almacenar mazorcas.
zoquele (fig. 4 a): pedazo de madera que se introduce arriba de
la pared anterior y posterior y precisamente entre los adobes
con lo cual se aseguran las soleras.
alero o caidizo, es el nombre del techo sobre los corredores; tiene so-
lamente tendales (péndulas) y una viga madre sostenida por los
horcones,
IM - La PUERTA
la puerta (fig. 5) tiene casi siempre dos hojas, un marco (ver abajo),
un contramarco (v. a.) y una mocheta (v. a.)
-marco (a): cerco donde encaja la puerta.
146
Foto 9
La casa rural en el este de Cualemala 147
contramarco (3 a): los dos maderos verticales empotrados en la pa-
red entre los cuales se encuentra la puerta.
mocheta (2): el madero horizontal sobre los dos verticales del con-
tramarco.
tableros (b) : tablazón que se coloca con su correspondiente marco en
las puertas.
h friso (c): la parte interior del tablero, por consiguiente el verdadero
. relleno.
cheflán (d): el marco dividido en cuatro partes que lo rodea. Cada
hoja tiene dos tableros.
Las hojas están unidas al contramarco por medio de bisagras que son
de procedencia extranjera.
batiente (3) : la parte del contramarco en la cual encajai la hoja de la
puerta al cerrar.
peinaza (e): se llama así cada una de las tres partes horizontales del
marco.
jalador (£) : se pone en lugar del picaporte. En el marco, justamente
muy cerca de la peinaza central, se hace un agujero y se atra-
viesa una “pita” (v. a.); en los dos extremos de la pita se hace
un nudo. Se encuentran también jaladores de metal de proceden-
cia extranjera.
puertas de golpe (4) : son puertas que constan solamente de una hoja.
En este caso se hace el agujero en la mocheta en el que encaja
uno de los dos espeques (4 a): pernos alrededor de los cuales
gira la puerta. El otro espeque encaja en el piso.
pita es una cuerda que se hace con la fibra de maguey.
IV - La cAMa
Según la posición económica del dueño de la casa se da preferencia
a uno de los cuatro tipos de cama siguientes:
1) la camita (comp. fot. 5). Esta cama tiene cuatro palas y dos ca-
beceras.
2) el catre, una especie de cama plegable de campaña y cuyas pa-
tas, dos en cada cabecera, se cruzan en forma de x (fig. 6).
tarugo: la estaca de madera que une cada par de patas.
lona: parte del catre sobre la que se acuesta la persona.
3) el tapesco: Se fijan en el piso cuatro palos que tienen horquetas
en su extremo superior. La distancia entre ellos depende del ta-
148 K. KunaTH
pr
La casa rural en el este dd Guatemala 149
maño que se quiera dar a la cama. Donde deben estar las ca-
beceras se colocan sobre las horquetas dos travesaños asegurados
con mecate; después se colocan sobre los dos travesaños, en el
sentido longitudinal, del lecho, palos que se aseguran también con
mecate. En lugar de los palos también se usa caña de carrizo,
una clase especial de caña (fig. 7).
4) el camastrón es un marco de madera cubierto con tiras de cuero
o pita '(fig. 8).
Sobre cualquiera de estas camas se coloca un petale, tejido de
paja y sobre éste a veces una sábana. La persona se acuesta
sobre el petate o bien sobre la sábana, cuando la tiene, y se
cubre con una chamarra o tuja o poncho, una gruesa colcha de
lana; cuando la noche es fría se cubre con varias mantas seme-
jantes tejidas por los indígenas de la región. Las colchas de lana
de procedencia extranjera son más caras y se llaman frazadas.
Raras veces se encuentran almohadas y cuando las usan frecuente-
mente no tienen sobrefunda, funda.
Muy a menudo en lugar de almohadas emplean los llamados
brines que son bolsas de café o azúcar dobladas y colocadas de-
bajo de la cabeza.
También las hamacas sirven para dormir; se amarran con cuer-
das relativamente delgadas (lazos) que llaman sondalezas.
V - La Cocina
La cocina está ubicada en uno de los cuatro corredores. En la fo-
tografía Ó está en el corredor, detrás de la pared posterior de la casa.
Junto a ésta también se construye el hogar.
Se le llama poyo y está hecho de la siguiente manera: Sobre dos hor-
cones se colocan dos palos en sentido longitudinal; perpendicu-
larmente a ellos se colocan encima palos delgados. Todo esto
forma el entarimado. Sobre esto se pone una gruesa' capa de lodo
mezclado a veces con piedras.
El poyo tiene dos partes: el fogón y la hornilla.
el fogón es la parte del poyo en la que se hace el fuego. Por lo común
se enciende entre tres piedras que se llaman tenamastes o tetuntes
sobre las cuales se colocan las ollas.
En lugar de los tenamastes se encuentra también, como en la fotogra-
150
K. KuNaTH
La casa rural en el este de Guatemala 151
fía 6, una pequeña construcción redonda de barro sobre la que
descansa la olla.
olla: recipiente de arcilla cocida (En medio del asiento de la silla
en la foto 9 y debajo del banco de moler maíz en la fot, 7).
hornilla: la parte del hogar (parte anterior del hogar en la fot. 6) so-
bre la cual se pone el comal: una plancha delgada y redonda de
arcilla cocida sobre la que se tuestan las tortillas (v. a.)
chamiza o chirivisco: ramas delgadas con las cuales se alimenta el fue-
go en el poyo.
leña: madera combustible.
La existencia del poyo es siempre un índice seguro del bienestar del
dueño de la casa; la gente pobre tiene solamente tenamastes que colocan sobre
el piso y sobre los cuales apoyan tanto el comal como las; ollas.
jarro: (comp. en la fot. 9, sobre el asiento de la silla, a la izquierda)
una especie de jarra de arcilla cocida usada para hacer hervir
el agua o el café (el llamado café de tortilla) y el pinol (v. a.).
nixtamal: el maíz que se cuece en una olla y en agua de cal para pre-
parar las tortillas.
tortilla: el maíz cocido y molido sobre una piedra (piedra de moler,
y. a.) ; después se forman con la palma de la mano discos del-
gados que se ponen a asar sobre el comal.
Cuando las tortillas son gruesas se llaman pixtones, memelas o shasha-
mas.
Cuando se han dejado asar mucho tiempo y se han hecho duras se
designan tostadas.
café de tortillas: Las tortillas tostadas se muelen y se hierven con un
poco de dulce (y. a.) y agua.
dulce o panela o rapadura: azúcar moreno que se obtiene dejando cocer
el jugo de la caña de azúcar hasta un cierto grado. Antes de que
se enfríe se lo vierte en moldes que por lo general tienen la forma
de una semiesfera. Dos de estas semiesferas juntas se llaman una
panela; y dos de tales panelas. envueltas en hojas de caña de
azúcar y unidas con mecate, se llaman un atado o mancuerna.
A base de este azúcar (dulce, rapadura, panela) se glabora un fuerte
aguardiente que aquí llaman aguardiente o guaro u olla,
Frecuentemente el aguardiente es designado con expresiones humorís-
ticas como tapojazo o quita-frios, trinquis, cañaguastazo, farolazo.
pinol: maíz tostado y molido que se hierve igual que el café de torti-
lla con dulce y agua de modo que se obtiene una bebida seme-
jante al café,
K. KUNATH
152
La casa rural en el este da Cualemala 153
molendero: el banco para moler maíz (fotog. 6 y 7) sobre el cual se
coloca la piedra de moler.
Hay también bancos de moler que en lugar de cuatro patas tienen
cuatro horcones fuertemente hundidos en la tierra.
La piedra de moler posee una superficie rectangular algo cóncava,
tres pies o patas, de las cuales dos son algo más largas que la
tercera, Sobre la piedra de moler se coloca el nixtamal y' se lo muele
con el brazo o mano (foto 6). El nixtamal molido se llama masa.
basión de masa se llama a la masa de maíz molido más o menos re-
donda que las mujeres dejan reposar, una vez terminada la mo-
lienda sobre la piedra.
agua chiva o agua chigua se llama el agua de maíz que en la molien-
da gotea por los agujeros del banco en una olla colocada debajo.
Como siempre contiene algo de masa se le da a los cerdos que
aquí llaman marranos, coches, chanchos o tuncos. Los cerdos que
pertenecen a una raza pequeña se llaman también curros. (Son
más o menos de 2 pies de largo y 1 o 1 Y% de alto).
tol o barco es un recipiente que se hace de la cáscara seca del ayote;
en él se guardan las tortillas y sirve también para llevar dentro
de él al campo las semillas de maíz o de judías (frijol) para la
siembra. "Tal recipiente encontramos en la fot. 9 a la izquierda
del respaldo de la silla.
jícara (fig. 9) es un recipiente que se usa para beber y que se obtiene
de la cáscara de un fruto llamado, lo mismo que el árbol, morro.
tecomale (fig. 10), una calabaza que sirve para llevar el agua: a fin
de que el líquido se conserve fresco, se cuelga a la sombra de un
árbol, una vez llegado a destino. En su parte media presenta
una especie de garganta que llaman pescuezo.
Para designar esta especie de calabaza usan los siguientes nombres:
ayole: una especie comestible de forma redonda y de piel lisa.
giicoy: esta especie se distingue del ayote porque la cáscara no es tan
lisa ni tan resistente; tiene una especie de estrías.
chilacayote: calabaza en forma de elipse. A diferencia de las dos pri-
meras clases tiene mucha carne que se aprovecha para la elabo-
ración de dulces. Se come también cocido pero siempre con un
poco de panela (dulce).
carnaza: carne de la calabaza.
pepita: semilla de la calabaza.
barbas: hilachas que se encuentran entre las semillas,
pepitoria: semillas de la calabaza tostadas (con cáscara o sin ella) ;
154
K. KUNATH
se emplean para sazonar las comidas o para preparar dulces o
refrescos. De los hombres sin barba se dice a veces: “Son de la
raza del chilacayote, que tiene las barbas por dentro.
cume o trompeta: otra especie de calabaza de todas las formas posibles
y que casi no tiene barbas; con la palabra cume se designa tam-
bién al hijo menor de una familia.
huacal: un recipiente que se utiliza para sacar agua. (En el molen-
dero de la fotog. 7 se encuentra uno junto a la piedra de moler).
Se lo obtiene cortando a lo largo el fruto del morro en dos par-
tes; las dos mitades de la cáscara se usan como huacal.
apaste: un gran recipiente de barro cocido de más o menos 40 cm.
de alto y 60 de diámetro; tiene dos orejas. = asas. (Comp. la
fot. 8, en el ángulo inferior izquierdo, así como en la fot. 10,
a la derecha del pozo; en las dos fotos aparece el mismo reci-
piente).
batidor: una vasija de barro con una oreja, pero sin pico. En ella se
hace el café o el chocolate. Este último se revuelve con un moli-
rillo (en lo alto del respaldo de la silla hay uno de madera). Un
batidor se encuentra a la derecha, sobre el asiento de la silla
(fot. 9) ; otro cuelga de un clavo de madera sobre el banco de
moler, en el ángulo superior derecho (foto 6). El clavo de ma-
dera se llama estaca. Estaca se llaman también a las clavijas
con las que sujetan a los animales.
bote: recipiente en el que ponen la gasolina extranjera y que se usa
muy a menudo como depósito de agua; también se cuece en él
el nixtamal. El asa se llama agarrador.
jarrilla (11), CIL a): un hervidor de procedencia extranjera en el
cual se hierve el agua.
escoba: escoba; pueden ser de “palma”, una planta que alcanza más
o menos | m. de altura, como las dos que aparecen en la fot. 9,
o de un arbusto que se llama escobillo. La escoba pequeña (so-
bre el asiento de la silla) tiene el siguiente uso: cuando el comal,
sobre el que se desea tostar las tortillas está caliente, se sumerge
la escoba pequeña, escoba de comal, en agua de cal y se lo re-
friega con ella; esto evita que las tortillas se peguen al tostarse.
garabato (figs. 12, 13 y 14): el tallo de un arbusto o la rama de un
árbol a los cuales se le cortan las ramitas por encima del naci-
miento de ellas. El garabato se suspende de las vigas y de él se
cuelgan a su vez diversos objetos.
el portaviandas o la cocina: utensilio de cocina de procedencia extran-
La casa rural en el este de Guatemala 155
jera que consta de varias fuentes sobrepuestas. Debajo de la
última fuente hay un recipiente para el fuego de modo que la
comida que se transporta en las fuentes se mantiene caliente
(fot. 9, encima del respaldo de la silla).
cordón de chile o soguía de chile: en una “pita” se colocan los pecío-
los de las flores del chile, el pimiento rojo, destorciendo algo la
pita (fot, 9, junto al tol). Cuando se necesita un chile para la
comida se arranca del cordón.
cerco: vallado que rodea los corredores y también la cocina; se com-
pone de palos unidos con mecate.
VI - EL HORNO
horno: (comp. fot, 8).
la mesa: es la parte encima de la cual se levanta el horno propiamente
dicho; la mesa está hecha de ladrillos de adobe; debajo de la
hilera superior de ladrillos se coloca una capa de sal' con la cual
se desea obtener que el calor no se pierda tan fácilmente.
El horno de la fot. 8 tiene en su parte inferior un gallinero cuya puer-
ta está formada por dos tablas unidas por tres atravesaños: lis-
tones atravesados. En la fotografía, el del centro es más corto
y oblicuo.
estacas se llaman las dos varillas de la izquierda y de la derecha del
vano de la puerta que sirven para impedir que ésta caiga hacia
adelante. La puerta se encuentra por lo tanto, cuando está ce-
rrada, entre el vano y las dos estacas. Para que no pueda bam-
bolearse se introduce entre la puerta y las estacas un leño, un
trozo, (en la fotografía está junto a la estaca de la derecha, a
la izquierda de la cruz).
bóveda: la parte superior del horno hecha de ladrillos de adobe con
mezcla. La puerta de la bóveda se llama puerta; además posee
una abertura lateral, (en la fotografía no se ve), la tronera,
que permite la salida del humo. Junto a la tronera y en el me-
dio de la bóveda está el rescoldo.
el barredero: se llama a la caña larga que tiene en uno de sus extre-
mos una escoba de ramas verdes con la cual se barre el horno.
En la fotografía está apoyada a la derecha del techo del horno
y sobresale de éste todavía un pedazo.
levadura: la harina que con agua y alguna otra substancia 'se fermenta
156 K. KUNATH
para hacer después el pan. Esta substancia generalmente es el
resto de otra levadura anterior que se ha guardado.
crecenta: la levadura ya fermentada.
Luego se hace la masa, el amasijo, añadiendo a la crecenta, harina,
manteca (es decir, grasa de marrano), huevos, azúcar, sal y un
poco de agua. Todo esto se amasa en la artesa, Cuando todo
está bien amasado se le da forma al pan con la mano o en pe-
queñas artesas de hojas de lata que se llaman cazuelejas. El pan
que se ha formado con la mano se coloca sobre tablas (tablas
del amasijo) que se han espolvoreado con harina y se deja re-
posar unas horas hasta que se sienta que pesa poco; entonces se
dice que está venido el pan. Después se mete el pan con la pala,
que tiene la forma de remo, en grandes cazuelas en el horno,
Se distinguen dos clases principales de pan:
pan dulce o pan de recado, cuya elaboración acaba de ser descrita y
pan francés: panecillo; para su elaboración se usa solamente la
clara del huevo; se le añade además un poco de leche pero poco
azúcar.
El horno está provisto de su correspondiente techo que descansa sobre
cuatro horcones. Los ladrillos descansan sobre péndulas, (v. a.)
que pueden estar unidas a los horcones y entre sí por medio de
mecales o también de lazos de pita o finalmente también por cin-
tas de cuero crudo.
K. KUuNnaATH
Guatemala.
Traducción del alemán por María E. Zappacosta de Willmott
EL PIRINEO ESPAÑOL
ARTE POPULAR DECORATIVO EN CATALUÑA
LA FIESTA DE NAVIDAD
Recientemente se han publicado bajo los títulos indicados tres obras
que, aunque han de ocuparse de materias diferentes, muestran un triple
vínculo: la personalidad del autor, el espíritu y tendencias que las animan
y el soporte geográfico-regional.
El autor de las tres obras —todas ellas, 'según veremos en seguida,
fundamentales— es el folklorista catalán D. R. Violant i Si-
morra, actualmente Conservador de la Sección Etnográfica del Museo
de Industrias y Artes Populares de Barcelona, hijo del histórico Pallars
donde pasó su juventud y al que se siente entrañablemente unido. Inauguró
su carrera literaria con un estudio sobre instrumentos musicales (1932),
otro sobre las fiestas tradicionales (1934) y un notable trabajo sobre un
aspecto típico de la cultura material de su país (Elaboració del cánem ¡ de
la llana al Pallars, 1934). Siguieron otros que contribuyeron más todavía
a revelar la estupenda riqueza y variedad de aspectos folklóricos y etno-
gráficos que distinguen a ese país: estudios sobre juegos infantiles, arte po-
pular, medios de transporte, la caza y la pesca, la apicultura, la matanza,
la fabricación del pan y aspectos típicos de la industria popular. Todos
estos estudios (cuyos títulos se mencionan en la bibliografía de la obra
sobre el Pirineo Español) radican en un profundo conocimiento del am-
biente folklórico heredado por el autor de sus padres y ampliado en el
transcurso de los años por un don perfecto de observación y un culto fer-
voroso a lo tradicional de su patria chica, circunstancias que obraron acti-
vamente en la formación folklórica del joven pallarés. “Es tan gran la
nostra ambició per a recollir la preuada tradició com a personalitat própia
de la nostra comarca nadiua” —escribió en el prólogo del libro publicado
en 1934—. que no reposarem fin a tenir inventariats tots els trets folkló-
rico-etnográfics que estiguin al nostre abast, i, si és possible, publicar-los ¡
tot”, Ya en reseñas anteriores publicadas en la revista hamburguesa “Volks-
tum und Kultur der Romanen” (VII, 1934, 366-370; IX, 162-163;
XI, 1939, 316-317) llamé la atención de los folkloristas sobre el interés
158 F, KrUcer
que los trabajos de R. Violant i Simorra ofrecen para el conocimiento de
esa región pirenaica, riquísima en tradiciones populares, y el valor que tie-
nen desde el punto de vista comparativo.
Una fecunda tregua en sus publicaciones ha permitido al joven inves-
tigador intensificar las exploraciones de su especialidad tanto en el sentido
geográfico como material. Esta ampliación de perspectiva se libra ante el
mundo científico en las obras presentes, que indican con toda claridad el
alcance de ese progreso. Es natural que también en estas obras recientes la
cultura del Pallars y más particularmente la patria del autor, el Valle de
Sarroca de Bellera, ocupan un lugar de privilegio. Es ésta, por decirlo así,
el polo fijo, el punto de partida desde el cual el autor se va orientando con
el objeto de abarcar cada vez más la multiplicidad del mundo folklórico
en su variedad regional y en sus aspectos materiales. Técnicamente prepa-
rado por las múltiples encuestas realizadas en su tierra natal y científica-
mente formado por la lectura de obras que pudieron guiarlo en cuanto al
método empleado en la investigación comparativa, estudia en el Pirineo
Español la diferenciación folklórica de toda la vertiente Sur de la inmensa
cordillera y en Ari Popular Decoratiu a Catalunya y El Llibre de Nadal
trata dos temas especiales igualmente vinculados con las tradiciones pire-
naicas, pero mirados con enfoques más vastos (1),
=
+
Como todos los estudios anteriores de R. Violant i Simorra también
el Pirineo Español se basa en observaciones personales hechas durante las
excursiones científicas realizadas por el autor en los años 1940-1942
(vale decir, después de la publicación de mis estudios etnográficos-lin-
gúísticos sobre los Pirineos). Es esta observación directa, confirmada por
numerosos dibujos y fotografías, la que confiere a su obra un carácter esen-
cialmente personal y de absoluta autenticidad, rodeada de un ambiente de
frescura y vivacidad singular, Más bien que una mera descripción o enume-
ración de hechos y datos nos parece una película plena de vivencias en la
que van desarrollándose las costumbres, los días de fiesta y la vida cotidia-
(mM El Pirineo Español. Vida, usos, costumbres, creencias y tradicio-
nes de una cultura milenaria que desaparece. Madrid, Editorial Plus Ultra,
1949. 675 págs. - Art popular decoratin a Catalunya. Próleg per Agustí
Duran ¡ Sanpere. Barcelona, Les Belles Edicions, 1948. f* 249 págs.,
XLV láminas, 190 figuras. - El Llibre de Nadal. Costums, creences,
significat i origens. Barcelona, 1948. 256 págs.
El Pirineo Español 159
na de los humildes serranos. De allí también el conocimiento de numerosos
detalles referidos a la vida espiritual que evidentemente presuponen una
íntima compenetración, física y espiritual, con el ambiente serrano.
El Pirineo español lingiísticamente está dividido, como se sabe, en
tres zonas distintas: la zona vasca, la aragonesa y la catalana. Desde el
punto de vista geográfico se ha distinguido entre los Pirineos orientales,
Pirineos centrales y Pirineos occidentales. Por importante que sea esta di-
visión, hay que señalar otra frontera no menos característica y es la que
separa la zona montañosa de la premontañosa, los Pirineos propiamente
dichos de los Prepirineos. Es ésta la frontera que, debido a determinados
aspectos de la estructura geográfica del país, ha producido contrastes fun-
damentales tales como los que se observan en la preferencia que se da a la
agricultura y al pastoreo respectivamente, en las labores del campo, en la
vivienda, en los aperos y hasta en el lenguaje. Acierta pues el señor Violant
¡ Simorra al destacar este contraste en las primeras páginas de su obra,
confirmando así mis propias observaciones hechas en VKR 1934, pág.
366 y los numerosos ejemplos concretos presentados por mí en los diversos
tomos de Hochpyrenáen “). Por otro lado habría que averiguar si tal con-
traste fundamental, que yo consideraba como una consecuencia natural de
las condiciones geográficas, se remonta a tiempos prehistóricos, es decir,
a grados distintos de la iberización de las dos zonas, según parece suponer
nuestro distinguido amigo (pág. 73 de su obra).
Aparte de la notable oposición que existe en los aspectos culturales
del macizo central y de los Prepirineos, llama la atención la variedad regio-
nal que se observa dentro de las zonas así delimitadas, variación que a
veces se manifiesta en pequeños detalles (no por esto menos interesantes)
y otras toma proporciones considerables. No se cansa el autor de destacar
tales diferenciaciones, ya se trate del análisis de aspectos concretos, ya de
la vida espiritual manifestada en creencias populares, en usos y en costum-
bres, localizando los fenómenos y delimitando el área geográfica de su difu-
sión. Es éste el sistema seguido por él en la descripción de las manifestacio-
nes de la vida espiritual expuesta valle por valle y lugar por lugar y es éste
también el programa observado en los capítulos que dedica a la cultura
material. En éstos el caudal de las observaciones aparece ordenado por
materias, pero con la clara finalidad de destacar las diferencias regionales.
Resultan así cuadros geográficos de determinados objetos (de las
formas del yugo, del arado, del carro, etc.) comparables a los bosquejos
(2 F, Kriiger, Die Hochpyrenien. Hamburg - Barcelona, 1936-
1939, 6 tomos.
160 F. KrUcER
de geografía folklórica intercalados en Hochpyrenáen y me complazco en
señalar que no hay ninguna discrepancia esencial entre nuestras observacio-
nes. Muy al contrario son tan frecuentes las congruencias que pueden satis-
facer plenamente a los que todavía dudan de la veracidad de tales
exploraciones. Compárense por ejemplo los capítulos que nuestro distinguido
amigo dedica a los diversos tipos de cunas (págs. 236-237), de colado-
ras (págs. 232-240), de tederas hoy día ya bastante raros (pág. 213),
de los distintos medios de transportar agua (págs. 221-222), de las cu-
biertas de paja, tablillas, losas y tejas (págs. 186 y sigs.), de los rediles
en los cuales se encierran los ganados por las noches (págs. 417, 439) y
a su difusión geográfica, con lo expuesto en los Hochpyrenáen, y no se en-
centrarán divergencias notables. Lo mismo puede decirse de temas algo
más complicados tales como las formas del yugo y de los arados. También
estamos en perfecta armonía en cuanto a la interpretación de ciertos fenó-
menos que evidentemente se explican por influencias extranjeras: la intro-
ducción de la hoz lisa, el volan, en lugar de la hoz primitiva dentada (pág.
469), el empleo de la guadaña que ha venido a substituir en ciertas regio-
nes a la hoz en la siega de los cereales (pág. 469), la irradiación del
yugo cornil en determinadas zonas rayanas (pág. 460), etc. También hay
que considerar como préstamo cultural la cadena del fogón en forma den-
tada que se encuentra en el Pirineo oriental (pág. 206; cp. Hochpyrenien
A. II, 140), la campana reducida y cuadrangular que recoge el humo en-
cima mismo de la piedra del hogar, según ya expuse en Hochpyrenáen
A II, 98-99, 108, y otras innovaciones que se pueden observar en la ins-
talación de los hogares (HPyr A II, 152, etc.).
El señor Violant i Simorra ha dado a su obra el subtítulo de “Vida,
costumbres, creencias y tradiciones de una cultura milenaria que desapare-
ce”, formulación que en efecto caracteriza perfectamente el estado de cosas.
Hay pocas regiones de España —cexceptuando el Noroeste— que han
conservado tan fielmente sus tradiciones patriarcales, tan-
to en lo que se refiere a la cultura material como con respecto a las creen-
cias, usos y costumbres. Hasta hace escasamente medio siglo —leemos en
la pág. 119— el hombre pirenaico producía todo lo esencial para su
austera y frugal vida. Vivía en aquel estado de ““Selbstgeniigsamkeit” que
era, el modo de vivir de sus antepasados. Restos de este estado primitivo se
han conservado hasta hoy en día: los montañeses viven casi exclusivamente
de lo que cosechan en sus propiedades; fabrican ellos mismos la mayor
parte de sus aperos, el arado, el yugo, la primitiva narria, etc.; existen
todavía aquellas pintorescas industrias domésticas, algunas ejercidas desde
hace centurias por familias enteras, que abastecen a los aldeanos de tejidos,
El Pirineo Español UA
objetos de alfarería y cestos; es frecuentísimo además el caso de la elabo-
ración del pan en la propia casa, constituyendo el horno parte integrante
de la cocina.
En cuanto a los productos indispensables para la vida, pero no exis-
tentes en los valles —vino, aceite, sal, etc.— eran llevados en mulos por
los arrieros que subían de la tierra baja, ofreciendo de este modo un es-
pectáculo pintoresco que todavía hoy, a pesar de la construcción de carre-
teras, se puede observar en ciertas comarcas, Lo mismo puede decirse de
los mercados locales. Exceptuando las provincias vascongadas ——progre-
sistas en muchos aspectos— el tránsito rodado que hasta en las regiones
más atrasadas del Noroeste es común, no existía hasta hace muy poco en
los Pirineos. Substituye al carro para muchos fines (transporte de piedras,
arena, estiércol y hierba) la narria, vehículo prehistórico sin ruedas que se
arrastra por el suelo y que ha conservado en gran parte de los Pirineos su
forma primitiva hasta el día presente. No le cede seguramente antigiiedad
la rastra que sirve para igualar la tierra después de arada y que consiste
simplemente en un montón de zarzales atados con una soga. Y también
entre los arados —cgeneralmente del tipo que podríamos calificar de “ro-
mano” — aparecen formas sencillísimas que indudablemente indican un
origen muy lejano.
El mismo carácter arcaico se manifiesta en el cultivo del campo: en
la antiquísima quema del monte que precede a la primera roturación (tal
como se observa también en el Noroeste de la Península) (2, en la ferti-
lización de la tierra por las cenizas del monte quemado o el rodeo de los
rebaños durante las noches de primavera y otoño y en el procedimiento
primitivo de dejar descansar las tierras año por medio para no agotarlas.
Inútil decir que también el empleo de la azada, en lugar del arado, para
labrar huertos y en muchos casos los campos, arraiga en viejísimas tradi-
ciones.
Si es arcaica la agricultura de los valles pirenaicos, no lo es menos el
pastoreo: la trashumancia, la vida pastoral en las altas montañas, el traje
y el ajuar de los pastores confeccionados en gran parte por ellos mismos,
su vivienda que en su forma más primitiva es una cueva o una choza hu-
milde, y por fin los métodos y los utensilios empleados en la elaboración
del queso y de la manteca. Basta recordar las formas sencillas de las
gueseras hechas de un trozo de madera ahuecado o los rústicos pellejos
utilizados (como en Asturias y Galicia) en la elaboración de la mantequilla
(2) Véase nuestro estudio Cosas y vocablos del Noroeste ibérico que
aparecerá en “Nueva Revista de Filología Hispánica”.
162 F. KrÚcER
para comprender que entre los pastores pirenaicos lo más primitivo ha per-
durado en efecto a través de los siglos.
Llaman la atención también por su antigiiedad los sistemas de caza
y de pesca. Son numerosos los paralelismos que podríamos establecer con
los de otros países conservadores, como por ej. Galicia, Portugal, Azo-
res, etc.
En cuanto a la casa rural, variadísima en sus aspectos regionales, no
hay más que mirar el exterior para comprobar que el hombre pirenaico no
ha podido sustraerse a las leyes que implacablemente le impone desde cen-
turias el ambiente que lo rodea. La escasez de aberturas, los muros grue-
sos, de piedras sobrepuestas sin labrar y sin revocar, los techos cubiertos,
según la región, de paja, de tablas o tablillas o de losas informes y las
gigantescas chimeneas tan bien adaptadas al medio rústico de la alta mon-
taña — características que se han conservado con exquisita pureza en
ciertas partes del macizo central — denuncian claramente hasta qué
extremo los serranos han permanecido estables en la construcción de sus
casas. Tanto es así que resultan insignificantes las diferencias entre las
casas-viviendas y los simples refugios habitados temporariamente por pasto-
res y ganados. En el caso de la vivienda del Valle de Arán (y de casas
de otras regiones parecidas a ella) hasta ha sido posible establecer el pro-
ceso evolutivo que ha conducido de la primitiva borda, habitáculo pastoril
destinado a cobijar al pastor y al ganado, a la casa-vivienda. “Tanto en
lo que se refiere a la dimensión y al aspecto exterior” —dije en Hochpy-
renáen A I, 229— “como a los materiales empleados y a la distribución
interior, hay coincidencias sumamente notables, por otra parte existen di-
ferencias que se explican perfectamente por la transformación de la borda-
cabaña en casa-vivienda”. Exactamente lo mismo puede observarse en
Montgarri, pueblecito habitado por unos cuarenta vecinos, en lo más alto
del Valle d'Aneu (1645 metros sobre el nivel del mar) y en otros lu-
gares,
En cuanto al interior de la casa, las huellas de cultura primitiva no
son menos escasas. La instalación del fogón en el centro de la cocina, su
emplazamiento a ras del suelo y su forma de hoyo circular practicado en
éste (según Violant i Simorra, pág. 198 en las provincias vascongadas,
observación importante que puede ser complementada por los términos clotxa,
clofa, originariamente —= “hoyo”, que se aplican en tierras catalanas a la
parte de la cocina donde se enciende el fuego), la cadena o sea el lar (en
que se cuelga la caldera) de forma auténticamente prehistórica, los tipos
arcaicos de morillos, el alumbrado primitivo por medio de la tea o leña
resinosa de pino que ha persistido esporádicamente hasta nuestros días, y
El Pirineo Español - 163
un sinnúmero de utensilios domésticos tales como calabazas ahuecadas y
morteros, saleros y escudillas de madera, vaciados y modelados en una
sola pieza muestran -—entre muchas otras cosas— la supervivencia de un
estado de cultura antiquísimo con el cual tan sólo el Noroeste de la Pe-
nínsula puede rivalizar.
Por arraigadas que estén las tendencias tradicionalistas señaladas que
dan a la cultura pirenaica un sello particular, no es menos evidente en estas
comarcas la variedad regional. Las provincias vascongadas,
que a muchos etnólogos parecían como El Dorado de lo primitivo, en ciertos
aspectos no lo son cuando se las compara con las zonas colindantes de
Aragón. La zona aragonesa, por su parte, está dividida en una serie de
núcleos culturales tan distintos como las variantes regionales de su idioma.
Hasta en la zona catalana, a pesar de su unidad histórica, se notan di-
vergencias de valle a valle, a veces hasta de lugar a lugar. El Valle de
Arán, situado en la vertiente del norte y separado del resto de Cataluña
por una barrera enorme, parece, mirado desde ésta, un mundo aparte,
No insistiremos en la importancia de aquella frontera natural que ha
producido el contraste fundamental entre los Pirineos y los Prepirineos
del cual ya hablamos antes. Hay pueblos de la alta sierra como Ansó
en Aragón y Gistain en el otro extremo oriental del mismo Pirineo arago-
nés, que debido a su situación y a su tradicionalismo hondamente arraigado
han conservado (hasta en el culto al traje) la esencia de la vida patriarcal,
tal como era común a todos los pueblos pirenaicos en los siglos pasados.
Hay otros pueblos de la misma región que, enorgulleciéndose de su espí-
ritu modernista, deniegan categóricamente lo ancestral buscando en el ex-
tranjero el cumplimiento de sus confusos anhelos.
Sería exagerado exigir de una obra como la presente la exposición de
los diversos factores que pueden haber motivado tal variación y transfor-
mación. Ya es mucho si nos presenta los hechos: la actitud espiritual de
los habitantes, de la que el capítulo dedicado a ellos (págs. 67 y sigs.)
y la introducción general (aspecto fisiográfico, págs. 19 y sigs.) dan ejem-
plos tan sugestivos como los antes mencionados de los ansotanos y chista-
vinos; el aspecto fisiográfico y económico de las diversas comarcas y valles
(págs. 19 y sig.) y las características del folklore en su variedad regional.
De tales cuadros comparativos no rara vez se desprenden las trans-
formaciones e innovaciones que se operaron en ciertas re-
giones y hasta es posible averiguar, a raíz de su difusión geográfica, su
centro o su zona de irradiación.
Tal ocurre por ejemplo con el yugo cornil que en la zona rayana del
Norte y en el extremo Oeste va sustituyendo al tipo tradicional de colla-
164 F. KRUGER
res (pág. 459). En este caso se trata evidentemente de una importación
francesa, según ya expuse en Hochpyrenáen C 1I, 30-31, pues es sabido
que en Francia, y más particularmente en la zona Sur de ese país, predo-
mina el yugo cornil, El extremo Oeste de Aragón va aparejado con el país
vasco de donde el yugo cornil se prolonga hacia la sierra cantábrico-astu-
riana (*, Resulta de las observaciones de Violant i Simorra que un tipo espe-
cial vasco (bastante recio y adornado de entalles) va ganando cada vez
más terreno, irradiándose desde Guipúzcoa, vía Pamplona, en la precor-
dillera (hasta el canal de Berdún y al llano de Jaca).
No son menos significativas las transformaciones que se han operado
en el empleo de la hoz (pág. 469). De las dos formas —hoz dentada y hoz
con filo de corte liso— la primera representa evidentemente el tipo original.
Con frecuencia éste se ha conservado solamente en la zona occidental y
central aragonesa. Todo el Pirineo catalán, hasta los pueblos más apar-
tados del Pallars y Andorra, han adoptado el tipo moderno. Este hecho
verdaderamente sorprendente (considerando el carácter arcaico de esta
zona) sólo puede explicarse por un influjo muy poderoso de parte de
Francia donde el nuevo instrumento, de procedencia septentrional, ha ocu-
pado vastas zonas del Suroeste y del Sur. Confirma esta adopción el tér-
mino galo-romance volan que junto con el implemento se ha difundido en
extensas regiones de Cataluña. Como en el Sur de Francia, la introducción
del volan en la zona pirenaica es de fecha relativamente reciente. Es inte-
resante anotar que la innovación ha penetrado también en algunos lugares
del país vasco, lo cual testimonia claramente la disposición de ese pueblo
para recibir en su cultura arcaica tendencias progresistas.
El carro, antiguamente desconocido en la zona central y oriental de
los Pirineos, va abriéndose paso paulatinamente por medio de las carreteras
recién construídas. Ha conquistado ya todo el Pirineo oriental, circula por
la magnífica carretera que atraviesa el valle de Arán y aparece también,
aunque esporádicamente, en los Pirineos Centrales. Todavía es insignifi-
cante en esta zona la influencia que el nuevo vehículo ejerce sobre los me-
dios de transporte tradicionales. Pero es de suponer que con la construcción
de nuevos caminos cambiará el aspecto y se disolverá aquella vasta zona
(desde Andorra hasta las Provincias Vascongadas) que actualmente se-
para el área del carro español de la del carro francés (9, *
(32 Son significativas las denominaciones yugu vizcaino y frontiles viz-
cainos que se encuentran en la Montaña de Santander (García-Lomas 357).
(3b) Compárese ahora el mapa que presenta J. Caro Baroja en su im-
portante libro Los vascos. Etnología. San Sebastián 1949, pág. 212 del
área de extensión de los tipos de carro en las provincias vascongadas.
El Pirineo Español 165
Puede compararse, en cierto modo, con la difusión del carro, la in-
troducción de la teja curvada como material de cubierta en determinados
pueblos y regiones de la montaña, pues ella también está vinculada a la
existencia de carreteras. La teja, único material de los Prepirineos y de
los llanos, avanza por la Noguera Ribagorzana hasta Ginaste, por el R.
Ésera hasta Campo y Castejón, por el R. Cinca hasta Boltaña, contras-
tando así fuertemente con las cubiertas tradicionales de la alta montaña.
Más intensa aun es la irrupción de tipos modernos en el extremo Oeste,
donde han desbordado desde Guipúzcoa hasta el Norte de Navarra y la
zona colindante aragonesa, hecho sumamente característico, pues demuestra
una vez más el influjo que ejercen las Provincias Vascongadas sobre la
zona occidental aragonesa,
Podríamos citar muchos ejemplos más para señalar las fuerzas trans-
formadoras a que está sometida la cultura arcaica de los Pirineos, remi-
tiendo a observaciones propias expuestas en Hochpyrenien o a las de nues-
tro apreciado amigo (observaciones que casi siempre coinciden hasta en los
detalles). Pero basten las exposiciones anteriores para destacar en grandes
líneas el carácter de tales innovaciones, su procedencia y las zonas de su
irradiación. Es notable la influencia que ejerce Francia en la depresión
oriental mediterránea y en el otro extremo occidental; en cambio es menor
en la zona central, donde se manifiesta sin embargo claramente en la cons-
trucción y en el interior de la casa (forma y material de la cubierta, chime-
nea y escape de humo, ventana, etc.). Constituyen otro centro de irradia-
ción las provincias vascongadas, cuya cultura avanzada ha afectado con
bastante empuje a la zona colindante aragonesa. Pero no hay que despreciar
tampoco las innovaciones que procediendo de las tierras llanas del Sur,
han aportado nuevos aspectos y matices a la cultura tradicional de la sierra.
La mayor parte de las innovaciones son de fecha reciente; hay que recono-
cer además que hasta ahora tan sólo han afectado a las zonas rayanas. La
milenaria cultura de los Pirineos vive aún y con ella uno de los baluartes
más recios de la tradición española.
En las páginas anteriores nos hemos referido tan sólo a algunos aspec-
tos,de la cultura material con el objeto de señalar las características de su
estructura. La temática que el señor Violant i Simorra aborda en su obra
es sin embargo mucho más vasta. Procura dar una síntesis de la
vida pirenaica abarcando el conjunto de sus múltiples manifesta-
ciones en el folklore.
Trata pues en el primer capítulo el aspecto fisiográfico del Pirineo,
presentando, después de una introducción general, una descripción sucinta
y a la vez pintoresca de los diversos valles y comarcas tradicionales. En el
166 F. Kriúcer
cap. II caracteriza a los habitantes poniendo de relieve las diferencias fí-
sicas y psicológicas que se observan entre catalanes, aragoneses y vascos y
también en sus respectivos idiomas; encierra este capítulo además un minu-
cioso análisis de los diferentes elementos del traje, con lo cual evita el autor
describirlo en forma general (por regiones), hecho que encontramos con
mucha frecuencia en publicaciones de tratadistas anteriores y que tanto ha
complicado el estudio de ese tema. El tercer capítulo ofrece un panorama
general de la economía: recursos naturales, industria, comercio, comunica-
ciones, emigración. Los capítulos IV-VI están dedicados a la vivienda
(págs. 150-195), a la vida doméstica al amor del hogar (págs. 196-267)
y a la trilogía de la vida humana: nacimiento, matrimonio y muerte (págs.
268-316). El capítulo VII, en el cual el autor analiza la organización
social y pecuaria (págs. 317-359), prepara la descripción de la caza y
pesca (págs. 360-379), de la vida pastoril (págs. 380-437) y de la vida
agrícola (págs. 438-493). Los tres últimos capítulos tratan de creencias,
mitos y supersticiones (págs. 494-557), fiestas populares (págs. 558-623),
representaciones, danzas y deportes (págs. 624-649).
Es importantísimo el capítulo que el autor dedica a la organiza-
ción social en la que se manifiestan tan claramente aquellas tradicio-
nes patriarcales que dan a la vida pirenaica un carácter particular: la ins-
titución del mayorazgo o hereu con la que están vinculados numerosos usos
referentes al régimen doméstico y a los bienes patrimoniales; la comunidad
vecinal que implica prácticas de no menor interés (ayuda mutua; trabajos
vecinales) y la organización comunal, incluso la organización agropecuaria,
que, tanto en el país vasco como en Aragón y los valles catalanes, ha dejado
imborrables huellas en el aprovechamiento de los pastos y bosques y en la
administración comunal. Resulta interesante comparar los usos observados
por Violant i Simorra con los señalados recientemente por el geógrafo H.
Cavaillés en la vertiente Norte de los Pirineos donde se han' conservado tra-
diciones muy parecidas (*,
AL presentar su obra el señor Violant i Simorra no pretende, según él
mismo lo dice en el Prefacio, agotar el estudio etnográfico de los Pirineos.
Así es que los capítulos dedicados al folklore propiamente dicho —
creencias, costumbres, fiestas, etc.— tienen más bien el carácter de un esbozo
destinado a destacar los aspectos más esenciales. Pero hay que advertir que
ellos también ofrecen gran interés por la abundancia y la novedad de los
materiales. Al lado de costumbres que parecen tener un carácter regional o
(2) H,. Cavaillés, La vie pastorale et agricole dans les Pyrénées des
Gaves, de l' Adour et des Nestes. Paris, 1931.
El Pirineo Español 167
local nos encontramos con un sinnúmero de fenómenos que merecen ser con-
siderados desde el punto de vista comparativo: así por ejemplo los ritos
“llenos de unción y de fe cristiana, mezclados con reminiscencias paganas”
que se practican para obtener buenas cosechas o al finalizar las mismas
(matar el boc, matar la cuca, matar el gall, etc., págs. 489 y sigs.) % así
como para conseguir que llueva, una de las principales preocupaciones en
todos los países meridionales (6; el rito mágico de pasar, en la noche de
San Juan, a niños herniados por la raja de un árbol (pág. 597), magia
que tantos paralelos tiene en la tradición popular europea (7; las danzas con
palos y espadas típicamente vascas pero no desconocidas en otras regicnes
de la Península y que últimamente han dado lugar a un exhaustivo estudio
comparativo (5, El señor Violant i Simorra ha dado él mismo un excelente
ejemplo de cómo los temas folklóricos tratados sintéticamente en la pre-
sente obra pueden ser ampliados, en el magnífico libro sobre la fiesta de
Navidad de que hablaremos más adelante.
“Terminamos con algunas observaciones de detalle que tal vez serán
útiles al autor para una segunda edición de su obra. Dice en la pág. 84
“En el Valle de Arán hablan un dialecto gascón y el catalán, aunque con
marcado predominio de este último idioma”, observación inexacta en lo
que se refiere al predominio catalán y que contradice lo dicho sobre el em-
pleo del gascón como lengua familiar en la página 88. No hay que exagerar
tampoco la influencia del catalán en la zona aragonesa como se hace en la
página 87. Faltan en la bibliografía algunos libros y artículos que para el
lector seguramente tendrán interés: Violet Alford, Pyrenean Festivals. Ca-
lendar Customs, Music, Magic Drama, Dance. London, 1937, 286 págs.
- Th. Lefebvre, Les modes de vie dans les Pyrénées atlantiques orientales,
(5) Sobre este tema tratará próximamente el insigne folklorista A. Van
Gennep en una publicación de la Universidad Nacional de Cuyo desde el
punto de vista comparativo.
(1 Traté este tema que merecería un estudio comparativo en Die
Grosse Volkerkunde, obra publicada por H. A. Bernatzik, Leipzig, 1939,
t. 1, 152-153 y en Festschrift J. Jud, págs. 349-350. Sobre España pue-
den compararse ahora los datos recogidos pos E. Casas Gaspar, Ritos
arcaicos. Folklore campesino español. Madrid, 1950, págs. 39 y sigs.
(M Puede compararse con la fotografía de este acto publicada por
Violant i Simorra (pág. 597) el diseño ofrecido por Aug. César Pires de
Lima, Estudos etnográficos, filológicos e históricos. Pórto, 1948, t. II,
249 del Norte de Portugal (con referencias bibliográficas; cp. también H.
Urtel, Beitrúge zur portugiesischen Volkskunde. Hamburg, 1928, págs.
37, 45, con referencias a la bibliografía europea).
( R, Wolfram, Schweritanz und Mánnerbund. Kassel, 1935-37.
168 F. KrUcER
Paris, 1933, 777 págs. - A. Kuhn, Studien zum Wortschatz von Hocha-
ragon. ZRPh LV, 561-634 (numerosas observaciones etnográficas). -
R. Wilmes, Der Hausrat im hocharagonesischen Bauernhaus des Valle de
Vió. VKR X, 213-246 (el trabajo completo de R. Wilmes aparecerá
próximamente en español bajo el título La vida rural en el Valle de Vi6,
en los “Anales del Instituto de Lingúística”).
Concluyo así las observaciones sugeridas por la magnífica e instruc-
tiva obra sobre el Pirineo Español que, como confirmación de nuestra li-
beral convergencia de intereses científicos, me acaba de dedicar mi distin-
guido amigo R. Violant ¡ Simorra.
fo *
*
En dicha obra el autor ya había llamado la atención sobre la gran im-
portancia que el arte popular posee entre los pastores y aldeanos pirenaicos,
arte que practicado como creación personal o industria doméstica, en forma
rudimentaria o estilizada, arraigaba en algunos pueblos mientras se iba
difundiendo por los centros industriales a través de los valles. Este arte
popular catalán, enriquecido considerablemente por el aporte constante de
los serranos pirenaicos, constituye el objeto de la obra publicada en 1948
por el señor Violant i Simorra sobre Art popular decoratin a Catalunya
espléndidamente ilustrada como la anterior. Ensanchando el dominio de sus
observaciones a toda Cataluña y poniendo de relieve el elemento decorativo
presenta en forma sistemática el acervo variado y pintoresco del arte popu-
lar catalán, que desde hace tiempo había despertado el interés de aficiona-
dos (%, pero que hasta el presente no había sido objeto de un metódico
estudio de conjunto.
Destacando claramente el concepto de arte popular, término que en-
tre los tratadistas ha encontrado a veces una interpretación bastante vaga
y hasta exagerada, el señor Violant i Simorra se limita al estudio de las
obras hechas o decoradas por el pueblo mismo o por artistas de técnica po-
pular tradicional. Al tomar la palabra en este sentido bien perfilado (10)
considera como populares el arte rústico de la madera, tal como lo practi-
can los pastores en la soledad de la sierra, los tejidos de mimbre, paja,
(9 Cabe hacer mención honorífica del estudio de J. Pla Cargols,
Art popular i de la llar a Catalunya. Girona 1927 cuya documentación se
basa casi exclusivamente en colecciones de museos.
(10) En lo que respecta al sentido que hay que dar a “arte popular”,
El Pirineo Español 169
ets, que se fabrican siguiendo con frecuencia una tradición familiar, y
las industrias de la alfarería y de la herrería que, enclavadas en un
ambiente rústico, sirven a la colectividad comunal. En estas artes puede
incluirse también la construcción de la casa, pues a pesar de ciertas influen-
cias extrañas, se mantiene tradicional. Por esto la casa rural, a cuya forma
exterior se agregan numerosos elementos artísticos en el interior, ha mere-
cido en la obra del señor Violant i Simorra una atención particular (págs.
15-54). Por último pueden considerarse como manifestaciones del arte
popular numerosas creaciones nuevas de gusto más culto y refinado que,
aunque distintas de las de carácter puramente rural, se han infiltrado en la
tradición popular formando parte integrante de ella: creaciones individua-
les nacidas de una técnica superior o imitaciones de modelos y moldes urba-
nos adaptados al gusto tradicional. En este grupo hay que incluir la cerá-
mica decorada, la escultura en madera perfeccionada por ebanistas, etc.,
los tejidos artísticos y otras labores femeninas imitadas de una cultura supe-
rior pero desde hace mucho tiempo arraigadas en la tradición popular.
Las fuentes en que se basa la obra: del señor Violant son las coleccio-
nes reunidas en los museos folklóricos —de Ripoll, Solsona y de la Sección
Etnográfica del Museu Municipal d'Indústries i Arts Populars de Barcelo-
na sobre todo, la cual debe su riqueza casi exclusivamente a la laboriosi-
dad de nuestro autor— y los resultados de encuestas sistemáticas realizadas
por él durante muchos años en el terreno. Estas observaciones directas prac-
ticadas “en la escuela viva de la naturaleza y la vida rural'”” dan a su obra
un carácter singular, pues permiten al lector ver las cosas desde más cerca,
en el ambiente mismo en que han surgido y próximas a los hombres que las
han conformado. En visión de conjunto estos objetos nos entregan un pa-
norama vivo y tangible de la laboriosidad artística de sus creadores. Ob-
servamos al humilde pastor de la sierra al tallar y modelar la madera (pág.
57), la técnica empleada por los cesteros al confeccionar paneras de paja
(pág. 85), cestas y recipientes hechos de ramas (pág. 87, 94) y las for-
mas artísticas que en centros urbanos han substituído a la cestería primitiva
(pág. 96); seguimos de cerca las manipulaciones de los alfareros rurales
al preparar y modelar la arcilla (pág. 124 y sigs.) y la técnica que se
sintetiza en las creaciones de la cerámica popular (pág. 138). Siguiendo
las rutas de nuestro autor notamos además la variedad asombrosa que ca-
racteriza el arte popular catalán y las diferencias regionales a que está
la obra de nuestro distinguido amigo se diferencia favorablemente de la obra
publicada recientemente por J. Subias Galter bajo el título El arte popular
en España. Barcelona 1948.
170 F. KrUcER
sometida la configuración de determinados objetos. Es variadísimo el pano-
rama que nos traza de la cestería, sus aspectos particulares y sus tipos re-
gionales, su difusión geográfica y su nomenclatura (pág. 82 y sigs.) y no
es menos sugestivo el cuadro que nos presenta de las características regio-
nales de la alfarería (págs. 107 y sigs.). Tales diferencias se notan tam-
bién en el moblaje (págs. 74 y sigs.), en el ajuar (véase, p. ej., lo dicho
sobre las formas distintas del aparador en la pág. 50) y en el aspecto ar-
tístico del exterior de la casa (véase el esquema comparativo de las chime-
neas en la lám. V, de los relojes de sol en la lám. VII y de los ornamentos
de las galerías en la lám. 11). En muchos casos tal cuadro comparativo *
permite distinguir claramente la procedencia, las fases de la evolución, lo
autóctono y lo ajeno.
Pero también desde el punto de vista sociológico son interesantes las
observaciones directas que hizo el señor Violant i Simorra en sus viajes.
Entre los individuos que se dedican al arte popular, según el carácter y la
finalidad de éste, hay que distinguir varios grupos o categorías de acuerdo
con su labor.
Entre ellos el arte pastoril, a veces mero pasatiempo de los pastores
en la soledad de la montaña, ocupa una posición particular. De los objetos
fabricados por ellos —cucharas, escudillas, etc.— gran parte es destinada
al uso personal, otros sirven de regalo a los amigos o familiares (pág. 57).
Tampoco puede considerarse como oficio propiamente dicho la fabricación
de cestos y paneras tal como se efectúa durante los meses de invierno en
las casas de ciertas regiones de la alta montaña; es una ocupación a la
cual se dedican los paisanos, viejos y jóvenes, como se dedican a la fabri-
cación de aperos agrícolas y pastoriles (pág. 86). Pero puede que de una
tel ocupación pasajera surja una industria doméstica profesional como se
observa en la fabricación de instrumentos de música cultivada (según una
tradición artística ya arraigada) en la familia de un flabiolaire de la Plana
de Vic (pág. 64). Por otra parte los cesteros pallareses de que hablamos
antes se han convertido a veces en artesanos andantes (pág. 89-90) como
los hay también entre los picapedreros (pág. 45) y los carpinteros (pág.
62). Hay por fin verdaderas industrias profesionales, particularmente en
alfarería, concentradas en determinados núcleos locales o regionales y es-
pecializadas en la técnica de su labor; constituídos en gremios de familia-
res o en cofradías ya desde la alta Edad media estos alfareros merecen el
calificativo de artesanos en el verdadero sentido de la palabra. El trabajo
libre de los pastores, los obreros ambulantes, la industria casera vinculada
con el trabajo del campo o el pastoreo y la industria doméstica indepen-
diente, oficios que se han conservado con cierta frecuencia, y a veces en
El Pirineo Español 171
formas bastante rudimentarias, en la montaña, representan los prototipos
del artesanato perfecto tal como se ha constituído, formando escuela, en la
tierra llana y en los centros urbanos de Cataluña.
Vamos a escoger tres ejemplos para ilustrar la variedad y el interés
de los temas tratados: el arte pastoril, la industria del hierro y la cestería.
Los pastores catalanes nos han legado un notable repertorio de tra-
bajos artísticos-etnográficos que podemos admirar en los museos de Ripoll
y de Barcelona, particularmente ricos de tales objetos, y en los pueblos
mismos de la montaña. Trátase sobre todo de trabajos de made-
ra (no cita Violant i Simorra los trabajos de cuerno que sin embargo han
tenido también cierta importancia en los Pirineos), hechos de una sola
pieza y tallados y grabados simplemente a punta de navaja. Como madera
se da preferencia al boj, material fuerte y duro, pero que no se raja al
trabajar y que al cabo de los años toma con el uso un color amarillento
muy simpático a la vista. Encontramos el mismo material también en Pro-
venza, en los Alpes franceses e italianos. Como temas ornamentales emplean
motivos geométricos, figuras florales, representaciones humanas y símbolos
religiosos. Los objetos decorados por los pastores son de una multiplicidad
infinita. Encontramos, al lado de cucharas, tenedores, escudillas, bastones,
etc., fabricados en todos los países pastoriles, otros de carácter más parti-
cular: collares (en su forma más perfeccionada hasta policromados), que
en cierto modo pueden rivalizar con los magníficos cambis di sounaio de
los pastores provenzales y con los collari de Piamonte y del Valle de Aosta;
saleros que, por su gusto artístico, no son inferiores a las clásicas formas
dadas en el Queyras, la Maurienne y el Tirol; queseras en forma de cuen-
co de madera en las cuales se combina de una manera armoniosa lo artís-
tico con lo rudimentario, en contraposición a los Alpes donde prevalecen
las formas torneadas, vale decir, más perfeccionadas; los garrotes fina-
mente estilizados (por servir de prendas amorosas) que las muchachas uti-
lizaban para atar en el campo las gavillas y de los que encontramos mag-
níficos ejemplares también en el Norte y Este de Europa (Alsacia, Alema-
nia, Finlandia, Moravia, etc.). Lo que da a este arte anónimo un
carácter especial es que se encuentra concentrado en una sola región, la
zona pastoral de los Altos Pirineos, como lo manifiestan no sólo las colec-
ciones de los museos regionales, sino también el ajuar tradicional de aque-
llos pueblos humildes, verdaderos museos etnográficos creados al natural.
Valdría la pena comparar el “arte de madera” pirenaico con el de otras
regiones españolas —la sierra cantábrico-asturiana, Salamanca, etc.— y de
otros países —el Norte de Portugal, los Pirineos franceses, la Auvergne,
172 F. KRUGER
la Haute-Loire, los Alpes franceses, italianos y suizos—, todos ellos países
clásicos en este arte, para averiguar lo que tienen de común y lo que los
distingue (11. Sea cual fuere el resultado de tal comparación, lo cierto
es que en los Pirineos catalanes se ha conservado una técnica particularmen-
te arcaica nacida de la misma tradición patriarcal que antes reinaba también
en Provenza y a la que el poeta-folklorista Frederi Mistral ha dado ex-
presión en los versos siguientes:
E de parla tant-léu s'arresto,
Coume un relicle, de sa vésto
Sort un coucourelet taia dins lou bouis viéu;
Car, á sis oureto de pauso,
Amavo, asseta su 'no lauso,
De s'espassa 'naquéli causo;
E réu qu'emé 'n coutéu fasié d'obro de Diéu!
E d'uno man cascareleto
Escrincelavo de clincleto
Per la niue, dins lou champ, mena soun abeié;
E sus lou cambis di sounaio.
E sus Pos blanc que li mataio,
Fasié de taio e d'entre-taio,
E de flour, e d'aucéu, e tout go que voulié.
Mirtio, IV.
Son múltiples, casi innumerables, los objetos forjados de
hierro que adornan el exterior y el interior de las casas rurales. En parte
se trata de arreos y utensilios fabricados en talleres urbanos tales como pica-
portes, balaustradas de balcones, etc. Pero en grande parte proceden de
las fraguas rurales que antiguamente trabajaban en determinados valles de
la montaña. Sorprende la frecuencia con que aparecen en el Alto Pallars.
Pues bien, en esta comarca existían antes —es decir ya desde la Edad
Media— numerosas fargas que trabajaban el hierro extraído de las minas
(11+ Nos limitamos a citar algunas obras en las que el lector encon-
trará la documentación necesaria: P. C. Morán, Arte popular (en Sala-
manca). En: Sociedad Española de Antropolcgía, Etnografía y Prehis-
toria. Memoria LXVI, Sesión 58, págs. 23 y sigs. - Vida e arte do povo
portugués. Lisboa, 1940. - Ph. de Las Cases, L'art rustique en France:
Dauphiné et Savoie; Auvergne; Bretagne. Paris, s. a. - Danilowicz, £'arl
rustique francais: Art provengal. Nancy, s. a. - Rouchon, La vie paysanne
dens la Haute-Loire. Le Puy-en- Velay. 1933, I, 42, y sigs. - G. Bro-
cherel, Arie popolare valdostana. Roma, 1937; id., La valle d'Aosta. 2
tomos. Novara, 1932, 1933.
El Pirineo Español 173
vecinas, y son estas fargas las que proveyeron durante centurias los hogares
del Alto Pallars y de sus alrededores. Así se explica la abundancia de
morillos, cadenas suspendidas encima del llar, parrillas para tostar carne
o para tostar pan, tederos, etc. que adornan todavía hoy los hogares de las
humildes viviendas de esa región. Junto a las formas simples, pero siempre
bien estilizadas, aparecen otras de una técnica constructiva superior. Entre
ellas las cadenas de los lares utilizadas en el Pallars merecen una atención
particular. En las comarcas meridionales de Cataluña las cadenas son de
forma extremadamente sencilla, como en el resto de la Península, en Ita-
lia y la Francia meridional. Únicamente en el Alto Pallars forman conjun-
los de piezas artísticamente trabajadas que contrastan notablemente con la
modestia de los hogares que ornamentan. Esta singularidad confirma una
vez más la laboriosidad y el gusto artístico que desplegaban en la industria
del hierro esos valles pirenaicos desconocidos del mundo y la proyección
que ésta tuvo en el decoro del hogar pallarés. En este aspecto se identifica
el Pallars, dentro de la Romania, tan sólo con Lorena en Francia,
“reino del hierro'”” como aquél, con la notable diferencia, sin embargo, de
que en Lorena y sus zonas colindantes hoy día sólo se encuentra en mu-
seos y en colecciones de aficionados (1? lo que vive en las casas del Pallars
con toda la vigencia de antaño.
Entre los materiales usados en la cestería de Cataluña predominan
como en toda la zona septentrional de España, ramas de avellanos, mim-
bres y cañas. Mucho más sorprenden las vasijas hechas de paja
que, junto con esta clase de cestería, aparecen esporádicamente en algunos
valles de los Pirineos. Ya llamé la atención sobre este hecho en Hochpy-
renáen C 11, 390-393, aduciendo paralelos de otras regiones y otros países.
Volvemos ahora a este tema, pues implica, según veremos en seguida, pro-
blemas etnográficos de gran interés. Trátase de recipientes en forma de án-
foras bastante espaciosas o de recipientes más bajos y aplanados, construí-
dos en espiral y destinados a guardar cereales, legumbres, etc. Según el
señor Violant i Simorra (pág. 84 de su obra) tales recipientes hechos de
paja tejida en técnica espiral “antiguamente no se usaban tan sólo en el Pi-
rineo y Prepirineo catalán, como demuestran diversos datos recogidos acá
y allá (Ribagorca, Pallars, Emporda, la Selva), sino también en Mallor-
ca, las Canarias, Castilla, León, etc. y en otros países europeos, entre ellos
(12 Compárese Hochpyrenien A IL, 136 y sigs. y en cuanto a la
industria del hierro en Lorena y las comarcas colindantes: Ch. Sadoul,
L'art rustique en France. 1. La Lorraine. Paris, s. a., págs. 46 y sigs.;
M. E. Violet, La ferronnerie populaire du Máconnais. Tournus, 1933.
|
174 F: KrUcer
Chiécoeslovaquia””. Vale la pena fijar exactamente el área geográfica de
la difusión del objeto, denominado pallussa o pallissa en catalán, pues ella
importa mucho en la discusión del problema. En efecto la pallussa se en-
cuentra en algunos pueblos de Ribagorza, del Pallars, etc., también en
Mallorca; está atestiguada también en partes de Aragón (Vió - Fanlo;
Fablo) y del país vasco (véase la fotografía publicada en Anuario de
Eusko-Folklore VII, 96). Pero en ninguno de estos casos constituye la
regla. Lo mismo vale para la hurona del Bierzo, la escriña del norte de la
provincia de León y la nalsa salmantina. Como en los Pirineos, la tinaja
hecha de paja y tejida generalmente en dichas regiones con zarza o mim-
bre, aparece sólo esporádicamente en el Oeste (en Portugal parece ser
desconocida completamente). Exagera pues sumamente Hoyos Sáinz (13, di-
ciendo que es muy frecuente en esa zona. En Castilla el escriño ya está
atestiguado por el Dicc. Aut.: “cesta o canasta ancha de boca, y alta más
de media vara, fabricada de pajas largas, y después cosidas con mimbres
delgados o con cáñamo, de que usan mucho en los lugares para recoger
el salvado y las granzas de los granos. También se hacen más pequeños,
y destos usan los carreteros y boyeros para dar de comer a los bueyes cuan-
do van camino”. Da la misma definición el Dicc. Ac. Esp., pero no sabe-
mos nada concreto sobre su difusión actual. En cuanto a las Canarias, a
las que se refiere nuestro distinguido amigo, hay que hacer distinción entre
el balayo hecho de esparto o de junco trenzado y la balaya formada de
pleitas de paja dispuestas en forma circular y cosidas con tiras delgadas de
zarza (4,
En cuanto al resto de Europa hay que recordar la delimitación geo-
gráfica del objeto dada por S. Erixon y que concuerda perfectamente con
nuestras propias observaciones. Los escriños de paja utilizados como re-
ceptáculos de granos etc. —dice el etnógrafo sueco— se encuentran *“with
northern limit in South-west Sweden and otherwise evident throughout West
Europe down to Spain and with the eastern limit on the East Baltic coast,
Poland, Hungary and the Balkans” (4%, Pero hay que advertir que —+en
contraste a lo que observamos en la Península Ibérica— el escriño no apa-
rece en esa vasta zona tan sólo esporádicamente, sino que constituye en ella
(13) L. de Hoyos Sáinz, Manual de folklore. Madrid, 1947, pág. 557.
(14) Véase descripción y dibujos en S. de Lugo, Colección de voces
y frases provinciales de Canarias. La Laguna de Tenerife, 1946, págs.
61-62.
(15 S, Erixon, West European Connections and Culture Relations.
En: Folk-Liv 1938, pág. 157.
El Pirineo Español . 175
ya por tradición una parte integrante del ajuar, Así lo encontramos en la
Baja Alemania (1%, de donde irradió hacia la Frislandia septentrional (17
y el Sudoeste de Suecia por un lado y hacia las provincias bálticas (1% y
Polonia (1, por el otro; en Estiria (2% y en el Bóhmerwald (Checoes-
lovaquia de hoy) (41, de donde se propagó a los Balkanes (%2); también
en toda la zona occidental desde el Sundgau (2% y la Selva Negra 49
hasta el Sarre (2%, Luxemburgo (29 y las provincias rhenanas (27. De aquí
lo seguimos a través de Bélgica, país particularmente dedicado a los traba-
jos de paja “9, a las zonas colindantes de Francia - Ardenas (%9%), Lo-
rena (%%, Franco Condado (1 -, del extremo Suroeste de Alemania, de
Suiza *? y el Franco Condado a los Alpes franceses y el Valle de Aosta
16) W, Bomann, Báuerliches Hauswesen und Tagewerk im alten
Niedersachsen. Weimar”, 1929, pág. 145.
(17) Peters, Nordfriesland, pág. 345.
(15) R. Karutz, Die Vólker Europas. Stuttgart, 1926, págs. 25, 33;
I. Mamninen, Die Sachkultur Estlands. Tartu, 1933, II, 159; A. Bielen-
stein, Die Holzbauten und Holzgeráte der Letten. St. Petersburg, 1907,
pág. 365,
119) Schultz, Ethnographischer Bilderatlas von Polen, N* 105.
(20) Y. Theiss, Steiermark, Weimar, s. a., pág. 31, láms. 31-32.
(10 J. Blau, Bóhmerwálder Hausindustrie. Prag, 1917, 1, 396 y
sigs.
(22 Haberlandt - Buschan, Vólkerkunde. Stuttgart, 1926, II, 504.
(23) Oberdeutsche Zeitschrift fiir Volkskunde XVI, 64, 65.
(24 P, Kettel, Deutsche Hausindustrie. Leipzig, 1936, pág. 32.
(5) Ardouin - Dumazet, Petites industries rurales, pág. 126.
(261 J, Hess, Luxemburger Volksleben. Grevenmacher, 1939, págs.
59, 6l.
GD A, Wrede, Rheinische Volkskunde. Leipzig, 1929, lám. 19.
(281 Para datos bibliográficos sobre Bélgica y Francia remito a Hoch-
pyrenáen C II, 390-393,
(29) A. Vauchelet, Tous les patois des Ardennes. Charleville, 1940,
pág. 120; Bruneau, Enquéte linguistique sur les patois d' Ardemne. IL, 54;
FEW Il, 241.
(30) Westphalen, pág. 752: borache.
(81) Beauquier, Faune et flore populaire de la Franche-Comté, Paris,
1910, IM, 319.
(32) Compárese sobre trabajos de paja en la Suiza occidental R.
Usteri, Croquis de la vie des femmes au pays d'Enhaut. Ziirich-Erlenbach
1940, pág. 51 y C. Delachaux, Le tressage de la paille au Pays - d' Enhaut.
Schweizerisches Archiv fir Volkskunde 1946, XLIII, 621-631 (*“I1
mM est pas probable que le tressage de la paille ait été en usage avant le 19"
siécle'””).
176 F. KrÚcER
(en el extremo NO de Italia) (9, En el centro de Francia el escriño ocu-
pa una vasta zona formada por el Macizo Central y sus zonas colindantes
(Auvergne, Berry, Bourbonnais, Limousin, Périgord, Vivarais y Rouer-
gue). Debe haber existido también en todo el Norte. Domina por fin, en
contacto directo con la zona central, en la Touraine y el Anjou y en el
Noroeste, en La Briére y Vendée sobre todo. Aparece esporádicamente
por fin en Aunis-Saintonge, Gascogne y los Pirineos.
En cuanto a Italia mi documentación es bastante escasa. Es cierto
que hay cestas de paja empleadas para diversos usos en el Norte y en el
centro de ese país (*%*, particularmente en la Toscana y las Marche donde
abundan los trabajos de paja (**'. Pero son evidentemente distintos de las
ánforas prevalecientes en las regiones mencionadas arriba, tanto por su foi-
ma (comúnmente cilíndrica) como por el materia] empleado (cañizo, junco,
etc.), los receptáculos usados para guardar cereales, etc. en el Sur de
Italia y en Cerdeña (4%,
Dedúcese de las observaciones anteriores que el tipo de pallussa que
encontramos en los Pirineos está particularmente vinculado al Norte de
Europa, mejor dicho a aquellas regiones que en la trilla de cereales em-
pleaban antes bastones, mayales u otros instrumentos por el estilo, práctica
que les permitía conservar la paja larga y utilizarla para diversos obje-
tos (97!. No hay más que comparar el área de difusión de este método de
trillar los cereales (trátase casi exclusivamente del centeno) con la de la
pallussa para comprobar la coincidencia casi absoluta de ellas: en el Oeste
(331 Brocherel, Arte popolare valdostarna. Roma, 1937, fig. 280.
En los Alpes franceses el escriño tejido de paja se encuentra hasta el d'*
du Var; sobre los tipos de este último puede compararse A. Blinkenberg,
Lobbinding i Provence, artículo publicado en Sprog og Kultur 1939, VII,
127-138.
(342 ATS VII, 1942, obra que actualmente no está a mi alcance.
Tienen pues mis indicaciones sobre Italia un carácter provisjonal.
6h L, Petrali Castaldi, Popre leggiadre. Milano, 1929, págs. 154,
351 y sigs. Peasant Art in Italy. Special Number of the Studio, 1913,
págs. 22 y sigs. F)
(361 Scheuermeier, Bauernwerk. Zúrich, 1945, pág. 144. Tengo que
corregir mi referencia a Wagner en Hochpyrenáen C YI, 391, nota 63,
pues no se trata de vasijas tejidas de paja sino de junco. En cambio la
técnica italiana de tejer paja ha influído sobre Suiza y el Sudoeste de
Alemania (Spamer, Die deutsche Volkskunde. Leipzig, 1937, II, 329).
(37+ Hace observaciones interesantes sobre el modo de trilla (por me-
dio de bastones), y la industria de la paja floreciente en la “Toscana el
señor Scheuermeier en Travaux du /'” Congrés International de Folklore.
Tours, 1938, pág. 93.
ra
El Pirineo Español 177
de Francia, en el Macizo Central, en los Alpes, en el Norte y en la zona
oriental, en contacto inmediato con Alemania, país predilecto de centeno,
y los demás países ya aludidos. Compréndese perfectamente que los
paisanos de tales países de paja larga se especializaron pronto en el
arte de utilizar un material tan provechoso, empleándolo para la cubierta
de las casas —práctica en la que los habitantes de ciertas regiones se han
hecho verdaderos artistas— y en la confección de numerosos objetos. Pa-
rece pues permitido suponer que el empleo de la paja para la fabricación
de escriños y otros objetos parecidos se originó en aquellos países del Norte
que la han conservado más fielmente como arte doméstica hasta los tiempos
recientes, probablemente en el Norte de Germania de donde se propagó a
otros países. Los escriños hallados en la Península Ibérica serían pues como
las últimas estribaciones de una expansión cultural que irradiando del Norte
conquistó grandes partes de Francia, Suiza e Italia para dejar en los países
meridionales tan sólo vestigios aislados. En cuanto a las pallussas pirenaicas,
pueden haber venido de la vertiente Norte (donde igualmente existen), si
no hay que relacionarlas con los escriños castellanos de cuya historia tan
poco sabemos.
Esta suposición gana en probabilidad y hasta se convierte en certeza,
si consideramos la génesis y la difusión de otros objetos. Me refiero en primer
lugar a determinados tipos de la colmena, igualmente formados de
paja en la forma típica espiral y cuya historia y repartición geográfica ha
sido perfectamente establecida por investigaciones recientes (“$!, Reduciendo
la gran variedad de formas difundidas por la Romania a dos tipos fun-
damentales podemos distinguir entre las colmenas propias de los países me-
ridionales (Península Ibérica, Italia, Francia Meridional) —colmenas he-
chas de troncos de árboles ahuecados, de corteza, de tablas de madera, de
ramas entretejidas, etc.— y las colmenas formadas de paja que dan una
nota particular a los países del Norte. La aplicación de la técnica espiral a
las colmenas de paja, técnica que evidentemente supera a la utilización de
troncos de árboles, corteza, etc. para el mismo objeto es, según toda proba-
bilidad, una invención de los pueblos de la Germania occidental, zona que
más que ninguna otra ha sido fiel a la antigua tradición como demuestran
los magníficos ejemplares de la Baja Alemania, Westfalia, provincias rhe-
(38) L, Armbruster, Der Bienenstand als vólkerkundliches Denkmal.
Neumúinster, 1926; L. Armbruster, Die alte Bienenzucht der Alpen. Neu-
múnster, 1928; Br. Schier, Der Bienenstand in Mitteleuropla, Leipzig,
1939; W. Brinkmann, Bienenstock und Bienenstand in den romanischen
Liándern. Hamburg, 1938; M. Sooder, Die alten Bienenwohnungen der
Schweiz. Schweizerisches Archiv fir Volkskunde 1946, XLIII, 588-620.
178 F. KRUGER
nanas, Países Bajos, etc. Del Norte de la Baja Alemania la colmena de
paja se propagó hacia Yutlandia, las Islas Danesas, el sur de Suecia y a
las provincias bálticas (3%, exactamente como los escriños de que hablába-
mos antes. Observamos la misma propagación de colmenas de paja y escri-
ños también en el Este y Sudeste de Europa (Polonia, Croacia “'”, Hun-
gría, Rumania, Estiria). Asimismo en los países románicos la convergencia
de las áreas geográficas es casi completa. Como en otras partes de los Al-
pes el tipo alemánico de la colmena de paja ha conquistado la zona occi-
dental de Suiza y los valles superiores del Tesino; formas parecidas apa-
recen también en el Jura francés. Los Alpes franceses, en los que observa-
mos con cierta frecuencia escriños de paja, se han sustraído sin embargo
(según los informes de que disponemos) en cuanto a la colmena de paja,
del influjo del Norte; en cambio ésta ha empezado a implantarse en algu-
nos valles del extremo Noroeste de Piamonte, como el escriño observado
en el Valle de Aosta (pág. 175). Ha conquistado el este de Francia (por
intermedio de Alsacia y Lorena) y, desde hace mucho, el Norte, el Nor-
oeste y el Macizo Central, donde coincide casi completamente con la
difusión del escriño. Lo mismo se observa en la zona occidental donde la
colmena de paja aparece en el Anjou, en el Poitou (sin localización exacta)
y —trasplantada por un apicultor directamente del Norte— en la región
de las Landes (Sudoeste). Sin embargo no ha podido arraigar en ninguna
“parte de los países meridionales (incluso la Francia del Sur). Ha sido
atestiguada tan sólo en Aragón y Guadalajara, por una parte, y en las
provincias italianas de Firenze y Arezzo por la otra; parece que hay con-
gruencia con la aparición esporádica del escriño en esos países (pág. 176).
Otro ejemplo típico del arte de tejer la paja en forma de espiral para
la confección de vasijas, lo presenta el molde circular utilizado para
poner la masa de pan antes de hornearlo (1. Encontramos este
utensilio, que no es desconocido en otras partes de Alemania, con fre-
cuencia en la zona occidental (Wurtemberg (*%, región de Mosela (42,
(39) Manninen, Die Sachkultur Estlands 11/0178 (importadas en el
siglo XVIII).
(20) Br, Schier, pág. 61; M. Gavazzi, Der Aufbau der kroatischen
Volkskultur, En: Baesler-Archiv 1937, págs. 142, 166. y
(+1) Cp. Hochpyrenáen A IL, 295, donde el lector encontrará refe-
rencias a los Pirineos catalanes, Valle de Arán y Francia.
(22) Lohss, Der landwirischafiliche Wortschaiz Wiittembergs. Hei-
delberg, pág. 101-102. A
(48) A. Bach, Deutsche Volkskunde. Leipzig, 1937, pág. 232:
kurbel.
El Pirineo Español 179
Luxemburgo (49, Eifel (3, y provincias rhenanas (*%, donde lleva la
designación romance kurbel, derivado de CORBICULA, francés corbeille)
en contacto directo con el país valón (catoire, FEW II, 333) (*P, el Nord-
este de Francia (ib.), las Ardenas (*% y la Borgoña (%) así como en
muchas otras regiones de Francia, como p. ej. en el Macizo Central (Au-
vergne 4%, Haute-Loire (5, Vivarais (*2), en el Noroeste (Bas-Maine,
Mauges, etc.) (%), en el Poitou 4%, en el Quercy (y más hacia el Sur)
(35), y esporádicamente en Gascuña (6, Es frecuentísima la designación
paillassou en los dialectos meridionales (= ant. prov. palhason 'natte de
paille”) y las variantes paillon, paillasse, paillasson en dialectos del Norte;
en el Rosellón y en Cataluña este mismo término se encuentra con la de-
nominación del escriño (pág. 174): pallassó “cistell de posar el pa” Elne
(BDC XX, 307), pallissó “panera on se posa el pa abans d'enfornar
Empordá, Girona (ib. 314; fot. 37: Vall d'Aneu, formado de paja, como
lo señala también Violant i Simorra, págs. 84-85, al lado de pallissons
hechos de mimbres). También el paé del Valle de Arán puede ser hecho
de paja “7,
(+ J, Hess, Luxemburger Volksleben, pág. 58: kurbeln.
(40) A, Wrede, Eifeler Volkskunde. Leipzig, 1924*, págs. 193-194.
(40) Rheinisches Wórterbuch IV, 1756-1757 s. v. kurbel.
47 Haust, Dictionnaire liégeois, s. v., fig. 183; Brinkmann 137-138.
(48) Vauchelet, Tous les patois des Ardennes, pág. 146; Bruneau,
Enquéte linguistique 1, 54. No puedo averiguar si las corbio, corbaye lo-
renas son de paja. No satisface tampoco el dibujo presentado por Boillot,
Le frangais régional. de la Grand'Combe. Paris, s. a., pág. 178
(1) E. Violet, Vignerons el fileuses. Mácon, 1934, págs. 29-30.
(30) Haberlandt-Buschan, Vólkerkunde, pág. 245 (foto).
(51) Rouchon I, 122.
(322 Dornheim, VKR IX, 354; Reynier, Le pays de Vivarais. Va-
lence, 1934, lám. XXI.
(53) Dottin, Bas-Maine s. v. ruchot, paillon;. Brinkmann 117; FEW
IV, 12 sobre el tipo géde, jaite. El tipo binetie, binet difundido también
en el NO (FEW 1, 326”) se extiende hasta la Normandía (Seguin,
Vieux mangers, vieux parlers bas-normands. Paris, 1938, pág. 34: bine,
jadot, ruchot).
(54) Habla de la “corbeille de pain”” R. Bazin, La terre qui meurt.
Supongo que será hecho de paja como la bourgne y el bourgnaou de esa
región definidos como 'vaisseau de paille oú Von met les fruits secs” FEW
I, 568, 569.
(33) Meyer, VKR VI, 86, 87.
(36) Beyer, VKR XVI, 13, 14.
(5) Cp. Hochpyrenien A II, 295,
180 F. KRUGER
Por insuficientes que sean estos datos bastan completamente, junto
con los anteriores, sobre la colmena de paja y el escriño, para sacar las
conclusiones siguientes:
1. La pallussa catalana forma parte de una numerosa familia a la que
no pertenecen tan sólo los escriños, sino también las colmenas y los moldes
de pan fabricados de paja.
2. Todos estos objetos denuncian una técnica común que es la espi-
ral aplicada al tejido de paja.
3. Vinculados a esta técnica el escriño, la colmena y el molde de
pan tienen además áreas de difusión geográfica convergentes. Los uten-
silios menores, tales como el molde de pan y el escriño, han ensanchado su
área irradiándose hacia los Alpes franceses y el Sur de Francia. De aquí
han pasado por los Pirineos.
4. La técnica de espiral aplicada a la paja es un arte típicamente
nórdico: tiene su mayor difusión en Alemania y sus zonas de irradiación,
en el Este, centro, Norte y Noroeste de Francia. De la Francia septentrio-
nal se propagó en algunos casos hacia el Sur, esporádicamente hasta Es-
paña.
5. La técnica espiral de la paja se originó, como lo demuestra clara-
mente la historia de la colmena de paja, en Alemania, probablemente en
la zona Norte de ese país. De allí se propagó en direcciones distintas:
hacia el Norte (hasta Suecia y las provincias bálticas), el Este (Polonia,
Balkanes) y el Oeste donde ocupó todo el Norte y el centro de Francia.
En algunos casos la expansión es de fecha relativamente reciente (siglos
XVIII y XIX); en Francia según toda probabilidad es bastante anterior.
6. Transmitida por intermedio de Francia, la pallussa catalana que
ha motivado estas divagaciones, representa —como la colmena de paja y
el escriño atestiguados esporádicamente en el interior y el Oeste de Espa-
ña— una de las últimas estribaciones de una técnica que da a la cultura
nórdica un sello particular.
En 1937 el folklorista inglés Violet Alford declaró en su interesante
libro sobre Pyrenean Festivals, refiriéndose a la fiesta de Navidad en los
Pirineos: ““T'he Church Christmas is not of importance as a folk festival”
(pág. 13) e insistió en esta aseveración al agregar en la pág. 68: “Modern
El Pirineo Español 181
Christmas is not of much account as we have seen” ($, En efecto, los
datos acerca de usos y costumbres de Navidad en su libro son insignifi-
cantes. Sin embargo, la realidad es distinta de lo que manifestó el folklo-
rista inglés. Es verdad que en los Pirineos —como en otras tantas partes
de la Península— va desapareciendo paulatinamente el ritual popular de
la fiesta y que hasta son raras en algunos valles las huellas que han dejado
las costumbres y usos de antaño. Lo mismo puede decirse del resto de Cata-
luña. En cambio hay otras regiones más conservadoras —particularmente
en la sierra— que no han perdido la tradición ancestral. Corresponde al
señor Violant ¡ Simorra el gran mérito de haber sacado del olvido estas
joyas folklóricas en su obra El Llibre de Nadal, como las dos anteriores
magníficamente presentada. Fué en 1945, en una de sus excursiones et-
nográficas por los Pirineos, que le llamaron la atención los ritos raros y
evidentemente antiguos que en esos valles apartados del mundo aparecen
todavía hoy vinculados con la fiesta de Navidad. Encuestas posteriores
realizadas sistemáticamente en el terreno (a raíz de un cuestionario bien
preparado) le suministraron nuevos materiales insospechados los que, junto
con las observaciones dispersas hechas en la literatura folklórica, forman
la base de la presente publicación.
Predominan en ésta, como es natural, los Pirineos; pero ocupa un
lugar importante también el resto de Cataluña, de manera que el libro pre-
sente puede considerarse como el primer ensayo sobre una visión de con-
junto de las tradiciones populares vinculadas con la fiesta de Navidad en
ese país. A ellas está dedicada la primera parte de la obra (págs. 1-109:
El Nadal a Catalunya) la cual por la novedad de los materiales presen-
tados llama particularmente la atención. Pero no es éste el único fin del
autor. Procura ilustrar las tradiciones catalanas por medio de comparacio-
nes, aunque sin agotar el inmenso caudal folklórico que ofrece la fiesta de
Navidad en otros países. La segunda parte de la obra trata pues de Ele-
ments de la festa de Nadal a fora de Catalunya (págs. 110-171). En el
tercer y último capítulo de su obra el autor hace consideraciones sobre el
origen de la fiesta (págs. 173-228) con el objeto de exponer a sus com-
patriotas los problemas científicos que encierra el estudio de ese tema. Hay
que reconocer el esfuerzo que ha hecho para elucidar una materia tan com-
plicada basándose sobre Frazer, Mogk y otras autoridades. Pero como no
tuvo a su disposición ciertas publicaciones recientes que nos parecen funda-
mentales, o por lo menos indispensables, para la discusión de los proble-
(381 Violet Alford, Pyrenean Festivals. Calendar Customs, Music
and Magic Drama, Dance. London 1937.
182 F. KrÚcER
mas (el Handwórterbuch des deutschen Aberglaubens, la obra de H. Freu-
denthal sobre los ritos del fuego (%9, los estudios de Van Gennep, Spamer,
Geiger, etc.), no insistimos en ellos,
Compréndese perfectamente que en el capítulo segundo, dedicado a la
fiesta de Navidad fuera de Cataluña, las comparaciones con las regiones veci-
nas, Aragón y el país vasco sobre todo, y con la Provenza tan rica en tra-
diciones de Navidad parecidas a las de Cataluña, desempeñan un papel
particular (00, Las referencias al resto de España son escasas y esto se
explica fácilmente considerando la carencia casi absoluta de informes con-
cretos. Es de lamentar, sin embargo, que el autor no haya prestado más
atención a Portugal donde habría encontrado numerosos contactos con las
tradiciones catalanas. Es verdad que también en Portugal falta todavía
una obra que permita la visión panorámica de las tradiciones populares de
Navidad basada en encuestas sistemáticas como las realizadas por el autor
del Llibre de Nadal a Cataluña; pero las observaciones hechas por folklo-
ristas portugueses en determinadas regiones, el capítulo que H. Urtel dedi-
có al calendario de Navidad en sus Beitráge zur portugiesischen Volks-
kunde (61 y los opúsculos recientes de L. Chaves (0% y Afonso Duarte
(63) ya bastan para destacar el gran interés que la Navidad portuguesa
merece desde el punto de vista comparativo. No cabe duda que en la zona
periférica del Oeste se han conservado hasta hoy numerosos elementos ar-
calcos que ya no existen en el centro de la Península, pero que se relacio-
nan estrechamente con las costumbres de Navidad vigentes en Cataluña y
en otras regiones conservadoras de la Romania.
(59 H, Freudenthal, Das Feuer im deutschen Clauben und Brauch.
Berlin, 1931.
(60) Remito a mi artículo Volkskundliches aus der Provence, publi-
cado en Philologische Studien aus dem romanisch-germanischen Kulturkeis.
Festschrift K. Voretzsch. Halle, 1927, donde el lector encontrará (págs.
328-330) una descripción de la fiesta de Navidad provenzal y notas bi-
bliográficas que pueden servir de complemento a las presentadas por Violant
1 Simorra (Comte de Villeneuve, Millin, Bourrilly, etc.). Compárese ade-
más W Flusser, Provenzalische Weiknachten. Eine volkskundlich-literar-
historische Untersuchung. ZRPh, 1931, LI, 1-58, 129-193 (falta en
la bibliografía de Van Gennep).
(50) H, Urtel, Beitráge zur portugiesischen Volkskunde. Hamburg,
1928.
(62) L, Chaves, Natal Portugués. Lisboa, 1942; Portugal além. Gaia,
1932, 1, 21 y sigs.
(63) A, Duarte, O ciclo do Natal na literatura oral portuguesa. Bar-
celos, 1936.
El Pirineo Español 183
La venida de Cristo al mundo se anuncia en el mes de diciembre y
por esto ha tomado en Andorra y el Valle de Arán —como en muchas
regiones del Noroeste y Oeste— el nombre de Adviento. Son variadísimos
los refranes populares que se refieren al tiempo de Adviento y a la agri-
cultura, según se deduce más claramente todavía del rico repertorio pre-
sentado por Mons. A. Griera en su Tresor I, 68-69; V, 71: Cada cosa
a son temps, naps i cols a Padvent, refrán al que corresponde en Portugal:
Tudo lem seu tempo e os nabos em advento. Era una costumbre común en
Cataluña anunciar la fiesta de Navidad tocando o repicando las campanas
durante las semanas de Adviento. En Portugal tocan de día o de noche
para o Menino Deus.
Desde fines del siglo XVIII se organizaban en Barcelona ferias de
Navidad, la de Santa Llucia y la de Sant Tomás, en las cuales se exhibían
junto con mil otras cosas beilems o pesebres decorados con figuras de arci-
lla, unas bíblicas y otras marcadamente populares tales como las que se han
conservado, más que en la tradición peninsular, en las Baleares. Insiste el
señor Violant (págs. 81, 170-171) en la semejanza que hay entre esas
figuras de pesebre (repetimos hechas de arcilla y de carácter popular) con
los santouns provenzales (escribe erróneamente sautons) y las que aparecen
también en pesebres de Italia, Portugal, Tirol y algunos otros países. Es
cierto que esas figuras, a pesar de estar arraigadas en una tradición bastante
remota (la de los misterios y de los pesebres medievales), en sus modela-
ciones populares son de fecha relativamente reciente. En Provenza no se
remontan más allá del tercer tercio del siglo XVIII para tomar desde esa
fecha una extraordinaria evolución; ya en 1803 se inauguró en el Cours
Saint-Louis de Marsella la primera feria de santouns, tradición no interrum-
pida hasta los tiempos modernos (61, También en Italia (6 las figuras más
antiguas de ese tipo —hechas de terracota o bien de madera, a las cuales
cabe agregar además las fabricadas de paño y seda— pertenecen al mismo
siglo. Adaptadas al gusto popular y hasta provistas de expresivas caracte-
(61% Hay que agregar a la bibliografía citada en Wolkskundliches
aus der Provence. G. Arnaud d'Agnel, Les santons de Provence. Cannes,
s. a., 47 págs. Numerosas gravuras en color.
(6% Sobre el presepio italiano existe una abundante bibliografía. Nos
limitamos a citar de entre las publicaciones recientes las siguientes: V. Co-
rreia, Etnografía artística. Porto, 1916 (págs. 123-136: O presepio na-
poletano); Peasant Art in Htaly. Special Autumn Number of the Studio.
London, 1913, págs. 38-39, láms. 328 y sigs.; Catalogo della Mostra di
Etnografía Italiana, Esposizione Internazionale di Roma 1911, págs. 94,
passim; Lares V, 240 y sigs. 270-281; VI, 144-146; etc.
184 F. KrúcEr
rísticas regionales, las figuras del presepio italiano representan una actividad
artística —pues este humilde pero exquisito trabajo no fué desdeñado por
la afición o dedicación de eminentes artistas-— que no tiene igual en ningún
otro país de la Romania. Desde Nápoles, donde hay que buscar la cuna
de ese movimiento artístico y popular a la vez, la tradición iniciada por
ella se propagó a otras regiones, a Calabria y Palermo, a Roma, Liguria
y Piamonte, donde encontró una acogida particularmente favorable entre
los pastores diestros ya en el arte popular. De Italia irradió a Tirol (2
y a los Alpes franceses (*7? de donde, según toda probabilidad, tomó tam-
bién el modelo la Provenza cuya cerámica resultaba inmejorable para la
ejecución de tales objetos. Cabe insistir aquí sobre la expresividad de las
figuras creadas por los artistas provenzales, pues nos permite reconstruir —
como la de las figuras napolitanas— trajes y tipos de los tiempos pasados. Tal
popularismo ya no caracteriza a las figuras del pesebre catalán, si exceptuamos
los pocos ejemplos de origen balear. Esto no impide admitir que también Ca-
taluña al crear una nueva tradición —más popular y doméstica— en el culto
a los pesebres, se inspiró en los modelos extranjeros, sea directamente en Italia
o por intermedio de la Provenza. Con esta teoría, que someto al juicio de
especialistas más competentes, concuerda perfectamente el hecho de que las
ferias de pesebres a que nos referimos no aparecen en Barcelona antes de
fines del siglo XVIII, es decir, en la misma época en que comenzó a acre-
centarse el arte de los pesebres populares en dichos países. Hay que adver-
tir además que los intermediarios del nuevo arte fueron las ciudades: en
Ttalia, Nápoles, en la Provenza, Marsella y en Cataluña, la capital del
país, Barcelona; de ellas poco a poco se difundieron a otros centros indus-
triales particularmente propicios para tales trabajos.
(60 M. Wáhler, Der deutsche Volkscharakter. Jena, 1937, pág.
371: “Die Krippe erscheint im 18. Jahrhundert bereits allenthalben im
Tiroler Bauernhaus. . . In den álteren Krippen wird das Geschehen, wie es
das Evangelium schildert, in eine tirolische Umwelt gestellt; die verschie-
densten Formen tirolischen Volkslebens kommen zur Darstellung”. Alberga
una rica colección de pesebres el Museo folklórico de Viena (A. Haber-
landt, Fiihrer durch das Museum fiir Volkskunde, Wien, 1930, págs. 14
y sigs.).
(67 Los ejemplos son relativamente escasos, A. Van Gennep, Les
douze jours dans les coutumes et croyances populaires de la Savoie. En:
Revue de l'Institut de Sociologie VII, 1927, pág. 39: “on peut admettre
que les créches de Maurienne sont venues d'Italie...'” Lo mismo puede
decirse del Delfinado. Adviértase que los pesebres decorados con figuras
populares se encuentran también en el Franco Condado (Ch. Beauquier,
Les mois en Franche-Comté. Paris, 1900, págs. 149 y sigs.).
El Pirineo Español 185
No hay que olvidar a Portugal, en donde la fabricación de muñecas
de barro ocupa todavía en la actualidad un sitio preeminente en el arte
popular tan rico de ese país (%8, Son numerosos los “artistas del barro”
que hicieron pesebres y numerosísimos los ““muñequeros'” que les dan su
sello marcadamente popular. También en Portugal la costumbres de repre-
sentar plásticamente tipos populares en barro data del siglo XVIII. En
esa época —dice el Dr. L. Chaves, especializado en dicha materia —
“completava-se o elenco das personagens dos presépios enchendo o presépio
de representantes de todas as classes sociais'”. Exhíbese todavía en el Museu
das Janelas Verdes la representación de pesebres de aquella época con la
gracia festiva de una romería miñota, con pobres, pastores, arrieros, cenas
rurales o urbanas, como la matanza del puerco, y los galanteos junto a la
fuente, cuadros de folklore y de religión tan sugestivos en lo psicológico
como en lo decorativo. El arte de los “barristas”? portugueses ha sido ya
objeto de numerosos estudios y exposiciones. Falta tan sólo saber si la po-
pularización del escenario bíblico que tanta semejanza tiene con la observa-
da en otros países —Italia, Provenza, Cataluña— es el producto de una
evolución espontánea o —lo que me parece más probable— el resultado
de impulsos recibidos de fuera.
En el Alto Aragón unos cuantos días antes de Navidad buscan en el
monte un tronco de árbol grueso (en ocasiones tan enorme que se necesitan
dos parejas de bueyes para arrastrarlo desde el bosque a la casa) y lo
ponen la víspera de la fiesta en el hogar. Lo encienden y lo dejan ardiendo,
sin apagarse, toda la noche, hasta Reyes o la Candelaria; en algunos casos
el tronco arde durante todo el año hasta la próxima Navidad. Es por lo
general el dueño o el más viejo de la casa quien enciende el tizón, después
de haberle dirigido un sermón, persignándolo y echándole con un porrón un
chorro de vino en forma de cruz. Trátase, como se ve fácilmente, de un
rito antiguo —originado en el culto al fuego sagrado del hogar— que se
parece en todos los detalles a la escena de la Navidad provenzal descrita
por el poeta Fr. Mistral y representada en forma concreta en el Museo
(68) L, Chaves, Portugal além. Gaia, 1932, págs. 22, 27 y sigs.;
lustracio N* 329, 1-9-1939; Leite de Vasconcelos, Historia do Museu
Eitnológico Portugués. Lisboa, 1915, págs. 214, 395; Santos Júnior, Bo-
necos de barro. Artículo muy instructivo publicado en Vida e Arte do Povo
Portugués. Lisboa, 1940, págs. 237-242 (con más referencias bibliográ-
ficas) ; Barristas porlugueses: Natal de 1938. Lisboa, 1938 (Exposicao
promovida pela Academia Nacional de Belas Artes).
y
186 F, KrUcER
Arlaten creado por él. En la zona catalana este rito doméstico se ha con-
vertido en un motivo de regocijo infantil y familiar ya que el tizón es por-
tador de turrones, higos secos y otras golosinas. Llevan los padres el leño
al lado del hogar y lo rellenan con dulces; una vez dispuesto el tronco, los
niños lo golpean acompañando este acto con unos versos para hacer soltar
el contenido. Esta costumbre, que representa una variante de la primera,
está (o estaba antes) difundida por muchas partes de Francia de donde
parece haber sido transplantada a Cataluña. Sea como fuere, la combustión
del tizón de Navidad y los diversos usos y costumbres vinculados con ella
representan un culto antiquísimo que —contrariamente a lo que se observa
en los países germánicos, donde desde hace tiempo casi ha desaparecido—
ha dejado sus huellas hasta el presente en muchos países de la Romania.
Entre ellos Cataluña, Las Baleares y los Pirineos españoles se distinguen
por un carácter particularmente arcaico, como se puede desprender de los
ricos materiales presentados por el Sr. Violant ¡ Simorra.
El tizón de Navidad lleva las designaciones siguientes: tió (Ampur-
dán etc.) = lizón de Navidad Gistain, Nadau tidun Valle de Arán - la
tronca de Nadal Pont de Suert, Esterri d'Aneu, la tronca Vilaller, Llesp,
etc., la troncada Ansó - la toza Biescas - rabassa de Nadal Pont de Suert,
etc., rabassa Pallars Sobirá - soca Balaguer. A estos términos recogidos
por el autor pueden agregarse los siguientes: choca Graus (BDC VII,
78), frente a tronca Benavarre, baga (Griera, Tresor s. v.) y capcal
Nules (ib. III, 168: “Qui vulga bon Nadal, procuri bon capgal”). En-
contramos el mismo término cabessau, caisau, al lado de catsé, en los dia-
lectos gascones (Lespy; Palay; FEW 1I, 262 ”), frente a souc en la zona
oriental de los Pirineos franceses (Folklore Aude 1, 190-191), sou de
Nadau en otras partes de Languedoc (TF).
Lo que sorprende es que el tizón de Navidad, tan arraigado en tie-
rras catalanas, en Aragón y en el país vasco, parece ser desconocido hoy
en casi todo el resto de España. No lo menciona Pereda en su “Noche de
Navidad”, de manera que seguramente no existe en la Sierra Cantábrica.
Hay que internarse en el extremo Noroeste de la Península para encontrar
huellas de él. Existe en las sierras leonesas, donde le dan la denominación
de tizón de lume novo (zona gallega de Sanabria) y en Galicia, donde se
enciende el tizón de Nadal y se conserva para cuando una desgracia ame-
naza a la familia pues las cenizas sirven para curar la fiebre, etc. (%, Son
muy parecidos los conceptos que se tienen del tizón de Navidad en Portu-
(69) Y, Risco, Notas en col do culto do lume na Caliza. En: Home-
El Pirineo Español 187
gal, donde el cepo de Natal (o sea madeiro o canhoto) antes tenía una
gran difusión desde las provincias del Norte hasta Algarve. Es bien cono-
cido el veredicto del obispo de Braga que en el siglo VI prohibió “in foco
super truncum frugem et vinum effundere””, precioso documento folklórico
que demuestra que en aquellos tiempos los miñotos acostumbraban a echar
frutas y vino sobre el tizón de Navidad, costumbre que todavía sobrevive
en ciertas regiones de la Romania.
En cuanto a Francia, las huellas que el antiguo rito ha dejado hasta
fines del siglo pasado son bastante numerosas. Encontramos la búche de
Noél, según ya dijimos antes, en los Pirineos franceses, y en el Suroeste, en
Languedoc y la Provenza. Está (o estuvo) difundida por el Macizo Central
(incluso Rouergue, Périgord, Limousin y Haute-Loire), en la Touraine
(cosse, souche, búche de N6), el Anjou, la Vendée ('Frappez sur la
búche de Noél: autant d'étincelles, autant de poulets dans l'année”) y el
Noroeste (bretón kef nedelek), en el Berry, el Bourbonnais y la Bour-
gogne así como en los Alpes, en el Franco Condado, Lorena y las Ar-
denas. El hecho de que se haya conservado en vastas zonas de Francia el
hogar antiguo, en el cual se enciende el fuego a ras del suelo, ha contri-
buído seguramente a conservar también la costumbre del tizón de Navidad.
En cambio ésta ha desaparecido en aquellas regiones donde se substituyó
(en una época relativamente temprana) el hogar ancestral por la cocina y
la “chambre' modernas. Este fenómeno puede observarse particularmente
en el extremo Nordeste de Francia (en contacto con Alemania) y, como
es natural, también en la zona parisiense. Por esto el kersiblocke atestiguado
en Flandres representa un caso tan excepcional en la Francia del NE como
su homónimo de la Frisia oriental con respecto a Alemania.
En Suiza viene generalizándose cada vez más el “árbol de Navidad”
alemán 7%, En cambio sobrevive aún el tizón en gran parte de Italia, par-
ticularmente en el centro y las zonas meridionales (71), así como en los
Balkanes (72, en las provincias bálticas, etc.
Son numerosos los ritos y creencias populares que se vinculan con la
nagem a Martins Sarmento. Guimaráes 1933, pág. 345; Reyero, Monta-
ñas del Porma, pág. 111.
(70) Véase el mapa instructivo del Atlas folklórico de Suiza.
GD AIS 782.
(122 A] lado de otras fuentes bibliográficas citadas por Violant i Si-
morra merece particular atención el estudio de Schneeweis, Weihnachis-
bráuche der Serbokroaten. Zeitschrift fir ósterreichische Volkskunde, Sup-
plementheft 15,
188 F. KRUGER
combustión del tizón de Navidad y la ceniza obtenida de él. De entre los
ejemplos recogidos por Violant i Simorra, y que tanta importancia tienen
desde el punto de vista comparativo, mencionaremos tan sólo la costumbre
de rociar con vino el tronco navideño que observó en el Alto Aragón y que
oportunamente compara con la famosa escena inmortalizada por Fr. Mistral
en la Provenza (págs. 135 y sigs., 192). Séanos permitido observar que
esa misma costumbre cuyo origen pagano ya está atestiguado desde el siglo
VI en Portugal (cp. pág. 187), se ha conservado también en el Bajo
Delfinado (Valentinois) (7%, en Borgoña (Bresse) (19, y en Lore-
na (77, mientras que en otras partes de Francia el acto solemne ha sido
cristianizado por el empleo de agua bendita (o sal). Casi nos inclinamos a
suponer que la repartición geográfica actual del rito primitivo —-desde la
Provenza a lo largo del R. Ródano hasta Lorena—, que tan visible-
mente coincide con la difusión de otras características romanas en la anti-
gua Galia, indica la dirección que siguió hace siglos el rito pagano-romano
al propagarse en la Francia de hoy. En cuanto al Alto Aragón trátase de
la supervivencia del rito primitivo en una región apartada del mundo, como
se observa también en Córcega y probablemente en algunas otras partes
aisladas de la Romania.
Representan también un residuo de viejas tradiciones, hoy día ya
bastante raro en la Romania, las hogueras encendidas en Nochebuena por
los mozos al aire libre, en la plaza de la aldea, como las hogueras de San
Juan. Considerando la escasez de informes sobre ese rito igualmente anti-
quísimo, los datos recogidos por V. y S. en Cataluña y más particularmente
en los Pirineos (pág. 36 y sigs.; 146: foc de Nadal, falla) son de gran
interés. Fuera de Cataluña se encuentran tan sólo dos casos semejantes: el
de la Baja Ribagorza y el de Roncal en el país vasco (pág. 146). Hay
que advertir sin embargo que tales hogueras encendidas en la plaza pueden
observarse asimismo en la vertiente norte de los Pirineos, en el Valle de
Arrens por ejemplo. Encuéntranse igualmente en Portugal y, con más fre-
cuencia todavía, en la Italia meridional (7%, Existían antes en el Delfina-
do (17? y en el Franco Condado (donde se encendían también en las vís-
(13) Van Gennep, Le folklore du Dauphiné. Paris, 1933, pág. 370.
(1) G. Jeanton, Le Máconnais traditionaliste et populaire, Mácon,
1922, III, 92-93.
(13 Westphalen, Petit dictionnaire des traditions populaires messines,
pág. 67. Compárese también sobre este rito Handworterbuch des deutschen
Aberglaubens IX, 293, 898.
(60 AS 782.
(1) A, Van Gemep, Le cycle des douze jours, pág. 37.
El Pirineo Español 189
peras del 1 de Enero y del día de Reyes) (7% y — caso curiosísimo por
ser completamente aislado— en la Normandía 7,
Trata el autor además las creencias y prácticas supersticiosas de la
Nochebuena: el oficio litúrgico de media noche (misa del gallo), la cola-
ción y las costumbres referentes al día de Navidad (donativos, cuestación,
comidas tradicionales, canciones). Sin entrar en la discusión de todas esas
costumbres, mencionaremos tan sólo la adoración de los pastores en la misa
del gallo, de la que el autor cita numerosos ejemplos comparándola parti-
cularmente con el uso practicado en la Provenza (pastrage). Es interesante
comparar la difusión de esa costumbre en los países europeos: ha conserva-
do una gran vitalidad (como en la Provenza y las partes colindantes de
Languedoc) en el extremo Sudoeste de Francia entre los pastores de Gas-
cuña que aparecen en la iglesia cubiertos con su perisse (piel de oveja) to-
cando el cor (cuerno) y la colamére (especie de flabiol) (8%, pero obsér-
vase con gran frecuencia también en la Francia septentrional, en las Arde-
nas (bajo el nombre de bergeoteries (51)), en la Beauce y el Perche ($, en
Normandía (5%, la Picardía y el Artois ($,
Bastarán los ejemplos citados para documentar la gran importancia
que presentan las obras del señor Violant ¡ Simorra para el estudio de la
cultura popular de Cataluña y desde el punto de vista comparativo. Cons-
tituyen una fuente inagotable de recursos en la que podrán inspirarse no
(18) Ch, Beauquier, Les mois en Franche-Comté, págs. 8, 12, 148,
158.
(10) A. Bosquet, La Normandie romanesque el merveilleuse. Paris,
1845, pág. 172; J. Lecoeur, Esquisses du Bocage normand. Condé- sur
Noireau, 1883, 1887, II, 126-129; FEW III, 929: furolles.
(80) RFoFr 1, 171; Arnaudin, Chansons populaires de la Grande
Lande, pág. XV; Scheffler, Franzósische Volksdichtung, pág. 325 y
sig., etc,
(8) A. Meyrac, Traditions, coulumes, légendes et contes des Ar-
dennes. Charleville, 1890, pág. 97.
(82) F, Chapiseau, Le folklore de la Beauce ei du Perche. Paris,
1902, 1, 337 y sigs.
(83) RFoFr IV, 327-328; Folklore Paysan 1, 112; cp. Rolland,
Faune populaire V, 160-161.
(81) RFoFr IV, 66169.
190 F. KrUcer
solamente los hispanistas, sino también los folkloristas de otros países. No
terminaremos esta reseña sin destacar el eminente servicio que presta al
lector la profusión de instructivas láminas diseminadas a lo largo del texto,
reproducciones de paisajes, escenas populares, objetos, etc. Las casas edi-
toriales no escatimaron ningún esfuerzo para procurar a las obras una pre-
sentación digna de su valioso contenido, demostrando una perfección técni-
ca admirable y rindiendo alto honor al folklore.
F. KrUcER
Universidad Nacional de Cuyo.
TERMINOLOGIA SOBRE EL FOC, LA LLAR 1 LA LLUM
AL PALLARS SOBIRA
Con 3 figuras y 6 fotografías
PREFACI
En les terres occidentals de l'alta provincia de Lléida, situada entre
la carena fronterera pirinenca amb ]'Ariéja i l'Aran, encerclada per un
cinyell continu d'altes muntanyes, amb els imponents congostos de Collegats
(foto 1) ¡ d'Erinyá a la sortida dels seus rius Noguera Pallaresa i Flami-
sell, “més reclosa encara que llur veina occidental, la Ribagorca, a les
influéncies externes”, tal com ha dit Coromines, es troba la comarca del
Pallars Sobirá.
Així és, que per la banda sur del Boumort, on es pot dir que acaba
el paisatge d'ambient mediterrani, de terra seca y descolorida, poblada
d'olivers i ceps, on el refrec constant de les corrents fluvials, en el curs
de milers i milers d'anys, ha obert els dos portals ciclópics de Collegats i
d'Erinyá, per allí doncs, s'entra a] Pallars Sobirá!
L'haver estat, doncs, aquest bell recó de P'AIt Pirineu catalá, una
comarca interior de tan dificil accés, sobretot per la banda sur, haurá moti-
vat el que s'hi hagi creat i conservat una cultura propia, de tradició secular,
i una personalitat característica en la seva parla (1), encara que molt empa-
rentada, una ¡i l'altra, amb la dels seus veins occidentals i orientals, més
que no pas amb els prepirinencs del Pallars Jussáa (nom aquest més aviat
históric que étnic) o Conca del Tremp Y.
Dels múltiples temes ¡ característiques culturals que hem recollit d'ací
y d'alla de la nostra comarca nadiua, el Pallars Sobirá, en aquesta avi-
nentesa, hem preferit donar a coneixer aquestes notes referents al vocabulari
(1) J. Coromines, El parlar de Cardós ¡ Vallferrera, en el “Butlletí
de Dialectologia Catalana”, vol. XXIH
- (21 Vegeu Fritz Kriiger en la resenció que da d'uns treballs meus a la
revista ““Volkstum und Kultur der Romanen”, VII, pág. 366 ¡ segiients.
Hamburg, 1935, on parla del Pallars; i a Coromines, obra citada.
E a]
192
R. VIOLANT 1 SIMORRA
El foc, la Mar i la llum 193
técnic, emprat en la producció del foc 1 a la llum i a la llar de foc, acom-
panyant-lo, a l'ensems, de qualques mots comparatius ¡ d'unes notes folklo-
rico-etnográfiques, tan interessants com les lingiiistiques. Ja que aquest tema
té una tradició molt remota, per ésser, el foc, un element cultural de pri-
mera importáncia en la vida humana, l'origen del qual es perd en la llun-
yania del temps.
Referent a la presentació ¡ ordenació dels materials m'ha semblat
millor dividir-los en tres aspectes i les corresponents subdivisions que no
pas el donar una llarga llista de noms. Així, ultra resultar un treball més
sistemátic, la seva lectura potser resultará més amena ¡ agradosa.
Donem els mots recollits per nosaltres, gairebé tal com els pronuncía
el poble, sense, peró, emprar cap signe fonétic, propiament dit (9,
Il - EL Foc
“El més poderós auxiliar de l'home, en la seva activitat cultural, és
el foc'” —diu Haberlandt. Aquesta preada invenció es realitzá en ¿poques
de les quals no se'n té esment. Ja que no se sap, encara, si el foc era ja
conegut per l'home des dels seus origens de llur existencia, en llars naturals
terrestres, o bé si es produí per efecte del llamp o per qualsevulla causa
física.
Com ja se sap “el foc proporciona a l'home un element summament
útil per a la preparació dels aliments, calor ¡ llum a la casa ¡ a l'ensems un
centre familiar: la llar (”, I així mateix, a més de servir a l'home en les
indústries diverses, el foc serveix també per fer fugir a les feres durant la
nit, apartar els mals esperits dels poblats i de la contrada purificant P'espai
per mitjáa de fogueres ¡ enlairament de torxes, tal com trobem encara en
(2) Vegeu el nostre treball, La terminología sobre l'individu de la Vall
del Flamisell, en la ““Missel.lánia'” dedicada al Mestre Pompeu Fabra. Bue-
nos Aires, 1943, ¡ El parlar de Cardós, citat. Vegeu també per la termino-
logia de la llar i del foc A. Griera, BDC XX, 258 ¡ segiients ¡ F. Kriiger,
Die Hochpyrenáen. Hamburg, 1939, A Il, 90 ¡ segiients.
(1) Michael Haberlandt, Etnografia, pág. 103 ¡ 104. Barcelona -
Buenos Aires, 1929. Foch en Vépoca medieval equivalia a familia, casa,
llar familiar; tal com ho testimonien els censos antics de les Vegueries cata-
lanes ¡ altres documents. Del qual nom es deriva el dret de fogatge amb que
la nostra gent vella distingia els drets o cánons que satisfeia anualment a
P'Estat o al Comú (Sarroca de Bellera).
194 R. VIOLANT 1 SIMORRA
ús arreu del Pireneu, en diverses diades de l'any, si bé, actualment, des-
coneixent l'eficácia mágica de tals focs “,
a) Producció del foc
De les formes conegudes, la més arcáica sembla que consistia en fregar
dues fustes de fortalesa diferent, o bé barrinant una fusta amb un bastó
de fusta més forta que l'altra, tal com fan encara alguns pobles primi-
tius (%, i s'havia fet en altre temps arreu d'Europa. Aquest bastó o barri-
na mogut en moviment semi-rotatiu, endavant ¡ enrera, entremig de les mans,
més tard es convertí en un aparell més evolucionat que per mitjáa d'un
contrapés en forma de bola o de baldufa, aquest eix es movia de forma
més descansada, per tal de produir les serradures que inflamaven les ma-
téries combustibles com a operació prévia per encendre la llenya del foc.
Aparell que nosaltres hem trobat en forma de joquina infantil, fet amb
dues nous i un bastonet vertical, al Valles (Barcelona), que ens recorda,
d'una manera sorprenent, un aparell de produir foc, de 'Edat del bronze,
que en dóna Déchelette (7.
El sistema immediat sembla que fou el de colpejar dues pedres fo-
gueres per tal de fer-ne saltar espurnes, amb les quals s'encenia el foc,
Técnica tradicional que no solament hem trobat al Pallars Sobirá, sinó
també arreu del Pireneu aragonés, emprada pels pastors d'uns quants anys
enrera.
Efectivament. Inventats, temps ha, els llumins, anomenats d'esca, o
sia els que no feien flama, hi havia pastors de la Vall de Boí (Ribagorga)
¡ del Flamisell (Pallars Sobirá, sur occidental) que quan es trobaven a
la muntanya a l'estiu, encara encenien el foc per mitjá de dues lloses d'are-
nisca blanca que fregaven l'una amb l'altra, una cap amunt i Paltra cap
avall, agafades amb les mans pel cantell. Fregant-les fortament d'aquesta
faisó en feien saltar aspurnes, en les quals, un altre individu hi apuntava
una beta o cinta de cotó, que s'encenia com el ble d'un encenedor. Bo i
encesa l'apropava a un grapat de fenás ben sec que, bufant-hi molt suau-
ment amb la boca o bé sacsejant-lo amb el brac, s'inflamava i calaven foc
a la llenya del foguerill preparat de bell antuvi. Per poc que poguessin
(5) Frazer, Le Rameau d'Or; Violant, El llibre de Nadal (1948),
El Pirineo Español (1949), Festes tradicionals al Pallars (1934).
(6) Haberlandt, obra citada, pág. 103, 104. J. Ma. Batista i Roca,
La cultura de los pueblos salvajes, dins “Las Razas humanas”, vol. l, pág.
111 (1928).
(1) Déchelette, Manuel d' Archéologie, vol. 11, 299, figura 114.
El foc, la llar i la llum - 14
—ens digueren— aquesta feina la feien sempre en col,lectivitat, peró quan
es trobava un pastor tot sol, ell mateix fregava les pedres mentre sostenía
la beta penjant al damunt d'una d'aquestes,
Un sistema semblant hem trobat a la Coma de Burg (Pallars Sobirá
oriental), practicat pels pastors d'antany en casos semblants. Segons un
vell pastor de Farrera, agafaven una pedra currubí i la col.locaven a sobre
d'un lloc elevat (roca o paret) amb una beta col.locada al damunt que
apretaven amb el dit polzer de la mateixa má que aguantava la pedra,
mentre hi picaven fort amb un altre currubí (currubí sobre currubi, que
deien) ; ¡ amb les espurnes de foc que saltaven s'encenia la beta. Així ma-
teix els pastors d'Espot (Vall d'Aneu) obtenien el foc fregant dues pedres
fogueres, amb les quals xispes que desprenien encenien un tros de roba o
bé un grapat de ferás molt sec (Espot, 1946) (8,
Els pastors de Cardós (Pallars Sobira oriental), a la pedra foguéra
que sostenien amb la má esquerra juntament amb una beta penjant fins
arran d'on colpejaven, hi picaven amb el cas del ganivet. Les guspires o
esquitxos de foc encenien la beta, a la qual bufaven fins que s'inflamava
¡amb la flama encenien un grapat de fenás ben sec o palla (Ribera, 1941 ).
A Son (Vall d'Aneu) en lloc de la beta empraven un bocinet d'ésca que
sostenien amb el dit gros al damunt de la pedra foguéra, mentre picaven foc
amb el cas del ganivet, y les xiscles encenien l'esca (Son, 1941 ).
Aquestes dues formes ja s'acosten més al sistema més conegut de
produir el foc; emprat no solament pels pastors i camperols, sinó també per
tot el poble en general, tant en la llar doméstica, com pels fumadors 0),
arreu de la nostra península, després ¡ tot d'haver-se inventat els llumins.
VOCABULARI
Ancenre'l foc v. Encendre'l, produir-lo. Sobretot es diu així quan
s'encén el de la llar (comú a tota la comarca i bona part del
Pireneu catala).
Bufar y. Acció de bufar o airejar suaument o fort, directamente amb
(8? Sistemes aquests que recorden els emprats pels indis *foquinos”
d'América. Haberlandt, obra citada, 104.
(9) Els fumadors portaven els estris de picar foc dins de l'extrem de la
barretina o ligadura de tradició mediterránia (vegeu els fallaires de la figu-
ra 2) (Sarroca de B.).
196
R. VIOLANT 1 SIMORRA
la boca, a la beta, esca o bé a les brases per tal d'inflamar les
matéries lleugeres d'encendre el foc. Bufar a una brasa o tió
encés perque faci flama per poder encendre un llum, branquilló
de boix, etc. Avivar el foc bufant amb la boca o bé amb el
bufador per tal de revivar-lo (Comú arreu de Catalunya).
Bufador m. Tub d'uns 0,80 mts. de largada que abans d'introduir-
se el manxó a la comarca es trobava a totes les llars per ajudar
a encendre ¡ avivar el foc. Aquest instrument era de canya en
les cases humils + metál.lic, amb embocadura de flaviol i dos fo-
radells per bufar, a les cases riques. Era de consuetud que la
gent reunida a lP'entorn de la llar, tant si eren de casa com de
fora, cada cop que calia fer-ho, tenien el deure de bufar al foc
amb el bufador, per rigurós torn (Sarroca de Bellera, Paiils).
Al Ripollés, bufador del foc.
Cas m. La part contrária al tall en la fulla de les eines d'aquesta mena.
Aci només ens interessa el cas del ganivet (Sarroca de Bellera,
Son, Ribera) ; el qual, hem vist, que substituia a l'eina d'acer,
en forma d'anella per manejar-la ¡ dents de llima per fer saltar
el raig d'espurnes ignies. (Sarroca de B., i d'altres pobles de la
valle del Bosia), del qual ignorem el nom, que hom es servia
en la llar per picar foc; altres ho feien amb un tros de ferradu-
ra. Aquest instrument a Gistaín rebia el nom de hierrei; a Plan,
foguero 1 a Bielsa, fuguero (BDC, XXIV, 170).
Currubí m. Mena de quars o pedra foguera blanca 1 negra que al
colpejar-la produeix moltes espurnes de foc (Farrera).
Esca f. Materia seca, molt inflamable, la qual es prepara amb la
polpa del “bolet d'esca”” (Polyporus fomentarius) (Dicc. Fa-
bra, 733). Al Pallars Sobirá sur occidental la treien d'una
mena de bolet verinós dit mataparent que creix en forma porosa
d'esponja a les soques ¡ branques grosses dels arbres, sobretot
als freixes. Abans d'usar-lo el feien bullir amb aigua perqué s'es-
tovés bé; ¡ després de sec només n'aprofitaven la part de sota
perqué agafava més aviat el foc (Sarroca de B.).
Fer foc v. Encendre'l (D'us general). Fem foc, que cénra quedará
(Paiils), ens diu el modisme popular.
Manxó, manchó m. La manxa moguda amb les dues mans, emprada
a tot el Pireneu i Prepireneu per ajudar a encendre i avivar el
foc de la llar. Fa uns 60 anys que s'introduí a la nostra co-
marca des de Tremp via Pobla de Segur (Pallars Sobirá). A
b)
El foc, la llar i la llum 197
Andorra ¡ Pireneu oriental, manxa (%; a Gistaín mancheta
ia l'Aran, soflel.
Manxar (al foc) v. Encendre'l o avivar les brases, amb el vent del
manxó (Pallars Sobira).
Pedra foguera f. Quars; emprada antany, com a element principal
per a obtenir el foc. A Espot és una “pedra blanca”; a Ribe-
ra, una “pedra blanca que troben pel terme” i a Sarroca de B.,
Varrencaven d'una mena de quarsita o roca granular compacta
composta de quars, anomenada pigal (Sarroca de B.) que
abunda molt a tot el riu Bósia y pel terme de dit poble, sobretot
al serrat dels Pigals (comú a tot Catalunya). A les valls de
Bielsa ¡ Gistaín, pedreña.
Picar y. Colpejar la pedra foguera, currubí contra currubí, per fer-ne
saltar guspires de foc (Farrera).
Picar foc v. Colpejar la pedra foguera amb el cas del ganivet, amb
un instrument d'acer o ferro qualsevulla, per fer-ne saltar espur-
nes ignies per encendre foc (Sarroca de Bellera, Espot, Cardós
i arreu de Catalunya i a Gistaín).
Sant Ric i Sant Roc,
al primer picar foc,
que s'ancienda el foc.
Fórmula mágica que recitaven els vells pastors de Gistaín tot
ferint la pedra foguera amb el hierret, per facilitar la labor (Gis-
taín, 1943).
Tall m. Sot, ferida o buit, marcat a la pedra foguera, amb el refrec de
Vús del metall (Sarroca de B.).
El foc i la flama.
Aixalda f. Guspira de foc que s'eleva enlaire (Sarroca de B., Fa-
rrera (Pallars Sobira), Pobla de Segur (Pallars Jussá). Cf.
xáldiga (BDC, XX, 264) a Oliana (Urgell), A Ansó( Alt
Aragó), churla (BDC, XXIV, 167).
Ascorróll m. Caliu més abundant en cendra que en brases que resta
al colguer després que s'ha anat cremant la llenya (Sarroca de
Bellera).
(103 Al Pallars, manxa, hom enten la usada pels ferrers, per manxar
a la fornal.
198
R. VIOLANT 1 SIMORRA
Aspurna f. a). Esquitx de foc. b). Esquitx d'aigua (Sarroca de B.,
Farrera, Tortosa (Baix Ebre). A PAlt Aragó, purna.
Aspurneiar v. Espetegar el foc, llencar espurnes o esquitxos la llenya
o el carbó del foc (Sarroca de Bellera). Cf. aspurnegar, a
Tortosa.
Blima f. Sinónim d'aixalda (Espot, Estaís, Son, Burgo).
Branda f. Xerada o flamarada molt intensa, perillosa de calar foc
a la xemeneia; plu. brandes (Sarroca de B.). Al Conflent i a
la Garrotxa, és sinónim de flama (Dic. Alcover, II, 538).
Brandera -éres f. Augmentatiu de branda - brandes, grans flamara-
des, sobretot aplicat en els incendis (Sarroca de B.). Al Pont
de Suert (Ribagorca), branda - brandes.
Barderal m. Braseral o munió de brases ardoroses, intensament ence-
ses (Sort).
Brasa f. Fragment de tió o carbó encés (general).
Braseral m. Augmentatiu de brases, braser; barderal (Sarroca de
Bellera).
Brasquer m. Braser, munió de brases enceses de la llar (Paúils).
Brasqueral m. Augmentatiu de brasquer: braseral, barderal (Paúls).
Buliaina f. Blima, aixalda que s'enlaira xemeneia amunt com un cos
alat (Espot, Estaís, Burgo).
Caliu m. Brases i cendra barrejats on s'hi sol coure diversos aliments.
Ex: ous al caliu, col.locats mig ensorrats, trumfes al caliu, col-
gades en ell (Pallars Sobirá).
Caliver m. Caliu abundant en brases enceses, quan resta apagada la
flama: braser (Sarroca de B.). A Gistaín, Bielsa, Casp,
calivo (BDC, XXIV, 163).
Cenra f. Cendra (comú a tota la comarca). A Tavascan, Areu 1
Farrera, també diuen cenre.
Falla f. a). La foguera que encenen a la placa en les nits de sant
Joan i sant Pere (Rialb, Llavorsi, Esterri d'Aneu, Alós, Ribe-
ra, Tírvia, Castellbó (Urgellet). b). La que encara encenen
davant de Pesglésia la nit de Nadal (Isil, Tirvia, Castellbó)
o bé a la placa (Rialb) 1D,
(110 A Artesa de Segre (Urgell), la falla és una foguera pública que
encenien per Carnaval, amb troncs d'arbre, anomenats falles que portaven
del bosc amb un carro artísticament adornat. V. Serra ¡ Boldú, Calendari
folklóric d'Urgell p. 64. “Falla, diu Batista i Roca (Costums de Catalun-
ya),
sembla ésser el mot tipic del Pirineu i de la Catalunya Occidental (per
El foc, la llar i la llum 199
Faro m. a). La foguera que encenen els fallaires al cim d'un turó
proper al poble, on encenen les falles la nit de sant Joan (Isil,
Pont de Suert, Llesp, Coll; Durro 1%, Boí, Les Paiils, Bissaú-
rri (Ribagorca): Cf. foro a Gistaín. b). A Vilaller (Riba-
gorca) i al Pont de Suert, la foguera que encenen a la plaga la
mateixa nit indicada (13, c). El cim del turó on encenen el faro
els fallaires (9 (Isil, Pont de Suert, Llesp). A Sant Joan
de Gistaín, la planeta la falla.
Foc m. Despresa de calor i llum produida per la combustió d'un cos;
també el cos en estat de combustió (D'ús general a Catalunya).
A Salardú (Alt Aran) gíúec o wiiec. Segons la dita popular:
Un foc he mitja vida
i dos focs la vida entera (Pals).
Bon foc: ben proveit de combustible, que escalfa molt (Sarroca
de B., Paiils); foc ancalamunat: mig ofegat, que 'está apagant
del tot (id.); foc asmorterat: esmortuit, que sacaba d'apagar
(id.); foc de Qiiaresma: sense xeres ni flames, només que amb
brases 1, encara, no molt abundants (1%? (Sarroca de B., Paiils,
foguera), des d'on es degué introduir a Valéncia, quan els catalans la po-
blaren”.
(15 El faro que a Durro cremen davant l'ermita de Sant Quirze (alli
Quiri), damunt del precipici des d'on s'ovira tota la vall de Boí, esta com-
póst d'un pi alt rodejat de pinatells o pins joves que, apuntalats a l'entorn de
la biga, per la part superior, s'eixamplen en rodona de l'inferior, a tall
de barraca cónica. 1 els buits així formats, els farceixen de trosses de boi-
xos. Observat per l'autor, en 1948.
(13) Aquest faro del Pont de S. que planten al mig de la placa del
Mercadal, consisteix en un roure alt esborgat de branques i escorgat o pelat
del tronc, deixant-hi només la coronela de rames pomposes, el qual rode-
javen de trosses de boixos, formant una estiva de dos o tres metres, fins
gairebé a sota de la copa.
(14) Exemples: el faro de Tartéro, a Llesp; el faro “al Serrat de
Sarredo”, a Taúll; el faro ““de la montanya del Tressenyo” a Isil. A Sant
Joan de Gistaín, aquest lloc tradicional rep el nom de Planeta la falla
(Gistaín, 1943).
(15) S'anomena així perqué a la Quaresma, com que tothom ha mort
el porc, rarament es fa bullir ja cap calderada i, per aixó, no cal tant foc.
T per altra part, com que ja fa el dia més llarg ja no es vetlla tant ni es
fan les collacions familiars ¡ veinals (antany) com en ple hivern (Sarroca
de B., Paiils, Espot, Estaís).
200
R. VIOLANT 1 SIMORRA
Espot, Estaís). Semblar un foc de Qiiaresma, reunir un foc
qualsevol les característiques explicades (Paiils). Foc d'Im-
fern: molt encés, molt ardorós, que escalfe o acalente molt
(Espot).
Llenya de vern
foc d'Imfern (Espot).
Foguerill m. Foc petit. Ex: els foguerills que encén la mainada per
jugar o bé els que encenen al defora els petits guardians per
escalfar-se (Sarroca de Bellera, Paúls). (Figura 1, A). A
Taúll i a Boí, un petit foc o foguereta que els fadrins o fallai-
res encenen al costat del faro per encendr'hi les falles.
Foguéra f. a). La falla o foc públic de Nadal (Bellanos, Paiils).
b). El foc de Sant Joan i Sant Pere (Sarroca de Bellera, Les
Iglesies, Bellanos, Manyanet, Pais, etc., en el Pallars Sobirá
suroccidental; Mora d'Ebre, Poboleda, Ulldemolins, Cerviá
(Tarragona). c). Qualsevulla foguerada o foc gran (Pallars
Sobirá suroccidental).
Qui hé aquell fadrinet
que la finestra s'asta?
Se n'anat de la foguéra
per no saber de cantar (Sarroca de B.)
Llima f. Aixalda o blima (Estaon).
Peteiar v. Espetegar el foc, sobretot quan es crema llenya verda i,
encara més, si són boixos verds ¡ per tant fullats (Sarroca de B.).
Rescaliu m. Cendra i caliu molt menut (Montiberri - Ribagorga orien-
tal). Cf. rescal a Lledó ia Girona (BDC, XX, 260) 1 res-
cold, a Tortosa.
Xéra (chera) f. Flamarada de poca durada produida amb una rama
seca de boix fullat, argelaga, palla, etc. (Pallars Sobira i
Jussá, Cornet, Montseny, Montblanc, Borges Blanques, Bell-
puig, Ponts, Guissona, Aitona (BDC, XX, 264), Santa Co-
loma de Queralt). Cf. xerada a Lladó (Garrotxa) i rambella-
da a Perpinya (BDC, XX, 264). Bona xéra, bona flamarada
(Sarroca de B.).
Foc d'argelagues,
foc retal;
El foc, la llar i la llum 201
passada la xéra
res no val (Paiils).
En sentit figurat, xéra equival a festa, afalag, demostració de
joia i d'afecte a l'ésser ben rebuda una persona al visitar una
casa (16, (Comú a tota la comarca).
Xirinalda (chirinalda) f. Aixalda que s'enlaira voleiant per la xe-
meneia quan es fa una xera amb llenya fullosa (Paúils).
Xiscla (chíscla) f. Esquitx o espurna del foc (Son).
Xispa (chispa) f. Xíscla que surt de la pedra foguera (Espot).
c) El fum i el sutge.
Afumar's v. a). Enfosquir-se i embrutar-se les parets i el parament
de la cuina per efecte del fum. b). Agafar gust de fum els
cuinats i la let al coure's al foc de la llar o del fogó (Pallars
sobirá suroccidental). Sinónim d'afumar-se d'altres llocs de Ca-
talunya.
Ammascarar's v. Empastifar-se de carbó o de sutge (Sarroca de B.
Paiils).
Lo brut diu a l'ammascarat
Qui n'astá més mal parat? (Paiils).
Astaldi m. Estalzí, sutge o engrut de la xemeneia (Tor) (BDC
XXIII, 289).
Astalzí m. Sutge (Tavascan, Esterri de Cardós (BDC XXIII, 289)
Sarroca de B., Paúls). Cf. astalzim a Tortosa. Negre com
Tastalzí: ponderatiu de molt negre (Sarroca del B.).
Astalzinada f. Pegat d'estalzá que es desprén de la xemeneia. Sen-
yala temps humit o pluja (Sarroca de B.).
Astalzinar v. Netejar d'estalzí la xemeneia (Sarroca de B., Paúls,
Esterri de Cardós). A Tortosa, astalzimar.
Estaldí m. Sinónim d'estalzí (Areu, Farrera BDC, XXIIL, 289).
(10 També a la Vall d'Aneu fan xéra al foc, posant-hi una rama
fullosa que faci bona flamerada, quan arriba un foraster, si la visita es
agradosa a la familia d'aquella casa (Espot, 1946). A Sarroca de B. i
demés pobles del Pallars sur occidental, en aquest cas, cremen un boix o
argelaga. Prou t'han fet xéra2 - Boixos cremaven! - Prou Chan fet fésta?
- Mudats anaven? Deja un vistaire a la seva mare, al retornar de visites o
de veure la seva futura muller (Paúls).
202
d)
R. VIOLANT 1 SIMORRA
Estaldinyar v. Estalzinar (Farrera).
Fumar v. Treure fum la xemeneia quan es fa foc (Sarroca de B.,
Santa Coloma d'Erdo (Pallars S. suroccidental).
Fuméra f. Quantitat, porció de fum; el fum que treu la xemeneia
(Pallars Sobirá). En altres llocs de Catalunya fumada (BDC
XX); a Hecho i Ansó, fumatlera.
Fumós, ósa adj. Aplicat al foc, a la cuina, a la xemeneia, en els
quals el fum no corre prou lleuger, i a la llenya verda o mig
consumida que fa molt fum: foc fumós, cuina fumósa, xume-
neia fumosa, llenya fumosa, etc. (Pallars Sobirá).
Regolfar v. Retornar el fum a la llar o cuina perque el vent li priva
de circular xemeneia amunt. Mot usat entre la gent vella (An-
tist (Flamisell), Sarroca de B.).
L'acció del foc.
Abrandar v. Calar foc en un lloc intencionadament (Sarroca de B.).
Abrandar's v. Calar-se foc, incendiar-se, encendre's rapidament el
foc de la lar, d'un incendi, etc. (Sarroca de B.).
Abrusar Y. Sinónim d'abrandar (Sarroca de B.).
Abrusar's v. Sinónim d'abrandar-se (id.).
Afogar v. Calar foc (Paiils).
Ascaufar v. Calentar, acció de donar calor el foc, fer foc a un lloc
perqué s'acalenti (Pallars Sobirá). Ascaufar el forn per la boca,
diu el modisme (Sarroca de B.).
Ascaufar's v. Calentar-se, escalfar-se a la vora del foc (id).
Alemporisar v. Atemperar l'aigua o el vi o fer-los-hi perdre la fredor
a la vora del foc (Paiils).
Bruent m. a). Una cosa eixida del foc, molt bullenta. b). Ferro
roent vermell o caldejat (Sarroca de B., Paiils).
Qu'in puguées passar la serra
'l Collet de Benavént;
quín pugué acacar ls homens
amb un ferro ben bruént (Paiils).
Calar foc v. Posar foc, incendiar una cosa intencionadament (D'us
molt general).
Colrar's v. Agafar color, colorar-se el pa dins del forn (Sarroca de
B.).
El foc, la llar i la llum 203.
Restiput m. Socarrim. Mala olor produida per roba, llana, péls, etc.
cremat (Sarroca de B.).
—Restiput si sin,
—Pel de porc si creme (Sarroca de B.).
Rostir's v, Torrar-se, coure's intensament una cosa per l'acció de
l'ardor del foc: carn rostida: carn cuita a la brasa o a la grae-
lla. C£, rosta, tall de cansalada fregida a la paella (Sarroca de
B., Paiils, Espot, Estaís).
Sucarrar v. Socarrimar el pél, la pell o la llana a una persona o a
alguna béstia, per l'acció de la flama del foc (Sarroca de B.,
Astéll, Tremp).
Sucarrar's y. Rostir-se o cremar-se el rostre o el cabell, per efecte
d'alguna flamarada; per exemple saltant els focs de sant Joan,
enfornant o fent cremar el forn, etc. (Sarroca de B. Astéll).
Sucarrum m. Socarrim, restiput (Sarroca de B., Espot, Isabarre
(V. d'Aneu).
Suflimar v. a). Cremar molt lleugerament una cosa passant sobre les
flames del foc: suflimar una gallina o gall abans de preparar-los
per cource, b). Igualar el pél de les potes dels animals de peu
rodó abans de menar-los a la fira perque tinguin un bon: cop de
vista. La qual cosa es fa per mitjá d'un manyoquet de roba
empapada de petroli i encesa, col.locada a l'extrem d'un bas-
tonet (Sarroca de B.).
Sumir v. Cremar una cosa molt lentament (Santa Coloma d'Erdo).
Tusturrir y. Torrar una cosa intensament peró sense cremar-la (Sa-
rroca de B.).
Tusturrir's y. Coure's massa el pa i la coca al forn, el pa torrat i la
carn rostida a la graella, al foc de la llar: torrar-se massa (id.).
Tusturrit, -ida adj. Una cosa molt torrada o recuita, per efecte de
Pardor de les brases o de les flames del foc i d'haver-hi el forn
massa calent: pa tusturril, molt torrat, recremat; coca tusturrida,
molt torrada i recuita al forn (Sarroca de B., Santa Coloma
d'Erdo).
e) La conservació del foc.
De les dificultats d'encendre el foc o qui sap si d'un ritu casolá pri-
mitiu, lligat amb el culte al foc de la llar doméstica, devia néixer el interés
de la mestressa de la casa de colgar-lo a la nit, abans de retirar-se a des-
204 R. VIOLANT 1 SIMORRA
cancar, per tal de trobar brases enceses l'endemá al matí ¡ estalviar-se de
fer foc nou. Costum molt general encara a totes les valls pirinénques, tal
com dic a El Pirineo Español, explicant-ne els ritus que acompanyen la
práctica de colgar el foc, que poden confrontar-se, en part, amb els ritus
que explico a El llibre de Nadal.
A la zona meridional de la nostra comarca, sobretot a les valls del
Bósia i Flamisell (Sarroca de B., Paíiils), antany hi havia el costum se-
mi-religiós de conservar sempre, fins a la llur total extinció, que llavors,
abans d'acabar-se del tot, el renovaven per un altre, el conco de la llar; o
sia el tió principal del foc. De nit el colgaven de cendra i caliu per tal de
trobarlo encés l'endemá, amb la brasa perpétua del qual anaven renovant
diariament el foc de la llar, conservant així en el temple de la llar el caliu
sempre encés de la principal divinitat protectora de la familia “7,
També es costum, entre veins, de donar-se o prestar-se brases de foc
mutuament per encendre la llar al matí o bé a la nit, els que no el conser-
ven colgat; la qual mercé o prestec, si és solicitada, no es pot negar a ningú.
Ja que —segons una consuetud antiga—, el foc i l'aigua no es poden
negar a ningú que en demani (Paúls, Sarroca de B.). I ádhuc, les Or-
denanses antigues de Navarra es fan ressó del prestec de foc entre veins.
VOCABULARI
AÁmoriar v. Apagar el foc (Tor, Areu, Farrera).
Ancalamunar's v. Esmortuir-se, mig apagar-se el foc (Sarroca de B.).
Apalluquir v. a). Apariar el foc que no s'apagui, acostar la ¡lenya. b).
Recollir una persona mig morta de fred o que no es trobi bé ¡
acondicionar-la amorosament al llit o a la vora del foc (Paiils).
Apariar el foc v. Acostar i atiar els tions i la demés llenya perque cre-
mii no S'apagui. (Sarroca de B., Paiils).
Apilarar v. Colgar el foc a la nit per trobar-ni 'endemá. Després de
resar-hi una formuleta d'invocació celestial, hi posen el forróll pla
(7 Cf. amb aquesta práctica del culte a la llar, la de Gistaín, que
també trobem a Almenaya, Anglaterra i als paisos eslaus meridionals, de
conservar permanent encés, com el nostre conco, el tió de Nadal, amb les
restes del qual, abans d'extingir-se totalment, encenien el nou tió, la Nit
de Nadal, per així conservar sempre viva la sagrada divinitat pairal: el
foc de la llar. R. Violant, El llibre de Nadal, Barcelona, 1949 ¡ El Piri-
neo español. Madrid, 1949.
El foc, la llar i la llum 205
a sobre debocat cap a la cendra ¡ encarat a la paret, perque així
es priva de calar-se foc a la xumentia (Espot, 1946).
Asbarragar v. Escampar, esbarriar les brases i el caliu del foc de la
llar i del forn (La Plana, en la V. del Flamisell).
Asbarricar v. Sinónim. d'asbarragar (Espot, Sarroca de B.).
Asbarravar v. V. asbarragar (Sarroca de Bellera).
Ascamortar v. Trucar amb els molls la punta encesa dels tions del
foc per tal d'avivar-los (Sarroca de B.).
Ascarbonar v. Ascamortar (Estaís, Tavascan, Esterri de Cardós).
Ascorrollar v. Fer sortir ascorroll o caliu de sota els tions del foc i
fer-lo venir endavant amb els aumolls, per escalfa-se o escalfar
quelcom (Sarroca de B.).
Asmolls m. Mena de tenalles usades a la cuina per ascarbonar els
tions, agafar brases del foc, etc. (Espot, Estaís, Senet i Boí
(Ribagorca). Al Pont de Suert i a Tárrega (Urgell), aumolls “%.
Astenalles del foc f. Sinónim d'asmolls (valls del Bósia i Flamisell).
A Les Paiils (Ribagorga), estenagas; a Burguete (Navarra),
pinchetas.,
Colbar's v. a). Apagar-se el foc, morir-se. b). Deixar de viure un ésser
vivent, morir-se. Mot emprat pels vells (Sarroca de B.).
Colgar el foc v. Apilarar el foc a la nit abans d'anar a dormir (Sa-
rroca de B., Santa Coloma d'Erdo). A Sarroca hi feien una
creu a sobre amb les astenalles perque no hi anessin les bruixes
i després les deixaven obertes en aspi encarades a la pedra fo-
guera perqué ho es calés fot a la xemeneia. A Santa Coloma
d'Erdo la mestressa recitava aquesta imprecació tot colgant-lo:
Foc colgo,
foc hi haigue (hagi);
la Verge Maria,
per casa váigue (vagi).
Escarbunar v. Atiar el foc, ascarbonar-lo (Tor) (BDC, XXITI,
287).
Esquargonar v. V, Escarbunar (Farrera) (BDC, XXIII, 287).
Forróll m. Pala de ferro emprada en la cuina per a recollir ¡ apilar
(18) Per les formes d'aquest estri, veure Abb, 20, pág. 172, vol.
A- de Pobra de Kriiger, Die Hochpyrenien.
206 R. VIOLANT 1 SIMORRA
el foc, la cendra, etc. (Espot, Estaís, Ribera, Areu (Alt Pallars
Sobira) GP,
Forrólla f. Sinónim de forróll (Sarroca de B., Senterada, Paiils
Pallars Sobirá suroccidental) 20,
Forrollada f. Contingut del que es recull amb un cop amb la forrólla:
forrollada de cenra, de foc, de caliu (Sarroca de B., Paiils,
Senterada).
Furroll m. Sinónim de forroll, forrolla (Tor, Farrera) (BDC,
XXIIL, 292)..
Molls m. V. asmolls (Ribera de Cardós (Pallars oriental), Quart
(La Selva - Girona). A Escás, Rialb (Pallars Sobirá), La
Massana (Andorra), mólls (Kriiger, Die Hochpyrenien, A-
IL, 173).
Morir-se (moríse) v. Apagar-se el foc (Tavescan, Areu, Farrera).
f) El combustible,
Només ens ocuparem de la terminología aplicada als gruixos i formes
dels trossos de fusta que es crema com a llenya a la llar o bé al forn, i dels
vegetals lleugers que hom se serveix per tal d'encendre el foc.
Amonterar y. Agarberar, amuntegar, la llenya prop de casa per tal
de tenir-la més avinent (Son).
Ascla f. Tros de tronc asclal o partit amb la destral, destinat a cremar
(D'us general) (foto 4).
Asclar v. Partir o esberlar els troncs o rúlls de dalt a baix per tal
d'apariar-los millor al foc y facilitar-los la combustió (D'us ge-
neral).
Altorellar v. Tallar a trossos o torrells una biga o fusta tal com surt
del bosc per cremar-la a la llar (Espot). A Sarroca de B. tallar
a trossos o torrells una partida d'arbres tallats; capolar-los, tallar-
ne les branques, per fer-ne llenya.
Branca canotosa adj. Branca, rama per cremar que té rames gruixu-
des, molt llenyoses, que fan canot (Sarroca de B.).
Buscáll, -álla adj. Tronquet de branca d'arbre d'uns 5 pams de llarg,
amb els branquillons capolats; és una mica més prim que el tió
(19) Cf. forroll a la Garrotxa (Pirineu i Prepirineu oriental) o pala
xicarrona emprada per a avivar o estionar els tions del foc (Lladó).
(20) Per les formes de la forrolla, pot consultar-se a Kriiger en l'obra
citada en la nota 18, Abb. 20, pág. 172.
El foc, la llar i la llum 207
(Sarroca de B.). A Alos i a Espot, buscáll és sinónim d'un tió
o torell molt gruixut.
Gralles són gralles,
puien de pravall.
A les dones xicolate
i als homens cop de buscall (Sarroca de B.)
Camal m. Branca molt grossa d'arbre que se'n poden tallar bons tions
i buscalls (Sarroca de B.).
Canot m. Branca seca o morta, d'un arbre, que recullen pel bosc els
que van a llenyassar. No és una llenya molt apreciada perqué
no irradia gaire ardor i sol ésser fumosa (Sarroca de B., Paiils).
Canotet m. Canot xicarró (id. id.).
Canotill m. a). Diminutiu de canotet, b). Un branquilló llenyós de
boix, molt emprat com a lluquets de teia per encendre el foc
abans de posar-hi lenya grossa (Paiils).
Cap de gos adj. rabassó o rabasséta de forma arrodonida o esférica,
un xic allargada, que fa de molt mal apariar a la vora del foc (Sa-
rroca de B.). Cf. cabarrot, augmentatiu de cap, aplicat a una
pedra esférica, de molt mal subjectar al pujar parets (Violant,
Miscellánia Fabra).
Cónco adj. m. El tío més gros que sosté els tionets, buscalls ¡ demés
llenya, i per tant el foc de la llar doméstica, i es manté encés
fins a extingir-se que llavors es renova per un altre. Actualment
gairebé caigut en desús 41,
Féix m. Una trossa de llenya, de rames, d'herba, etc. (Espot).
Fenás m. Fenc de tija prima ¡ llarga i molt inflamable (Pallars So-
birá).
Fulleraca f. Fulla seca de roure que es recull al bosc. Es molt infla-
mable (Sarroca de B., Pals).
Llenyassar v. Recollir llenya perduda pel bosc (Son).
Monter m. Garbera de llenya formada pels rúlls o torells que baixen
del bosc (Son).
Rabassa f. La soca d'un arbre amb la part de les arrels, abans d'as-
clar-la (Sarroca de B., Paiils). A Plan i a Gistaín, zoca.
(21) L'anomenen així per llur semblanga funcional amb els vells ca-
balers o concos que, al mantenir-se célibes, no han abandonat la casa pairal
i, per tant, conserven encés el caliu de la familia, molt més encara, de ve-
gades, que no ho fan els hereus (Paúls).
208 R. VIiOLANT 1 SIMORRA
Rabassó m. Rabassa molt xicarrona o bé un tros separat d'aquesta.
Sinónim, rabasséta (Sarroca de B., La Bastida de Bellera,
Paiils).
Rúll m. Roll o tros de tronc d'arbre tallat o serrat a] bosc (Son).
Tió m. Tronc o tros de biga més o menys prim apte per a cremar
(Pallars Sobirá meridional).
1 Un tió no fa foc;
dos, tampoc;
tres Pancenen,
quatre cremen
i cinc fan foc (Paiils).
Tiza f. Tió o buscall mig cremat. Més aviat és un terme de carboner
(Sarroca de B.).
Torell m. Tió gros o tros de biga o fusta atorellada o feta a bocins
(Espot) ; a Sarroca de B. una branca atorellada o capolada d'un
arbre.
Tronca f. Sinónim de rabassa (Espot); la tronca de Nadal, la ra-
bassa de Nadal: tió molt gros que crema a la llar. (Violant,
El llibre de Nadal, 1948).
Trossa f. Feix (Pallars suroccidental). A Gistaín i Plan, truesa (BDC
XXIV, 182).
Il - LA LLAR DE FOC
No cal dir que la llar és l'element principal de la casa pallaresa ¡
muntanyenca d'arreu. Ja que el foc no solament serveix a la nostra gent
per a calentar ¡ il.luminar la casa i coure els aliments, sinó que al foc o
cuina, a V'entorn de la flama acullidora ¡ vivificadora, s'hi educa als fills,
s'hi resa, i s'hi projecten i realitzen tots els afers principals de la familia,
així com s'hi reben les visites dels veins, dels amics ¡ dels forasters, ¡ allí
se'ls obsequia.
a) Característiques de la cuina.
Així com la cuina de les comarques orientals de Catalunya amb la
Vall d'Aran forma una sola peca amb el menjador, o sigui que la cuina
no solament serveix per coure sinó també per menjarhi, en canvi el foc o
cuina de la nostra comarca junt amb la Ribagorca ¡ les demés comarques
occidentals i meridionals, almenys fins a la serra de Prades, queda sepa-
El foc, la llar i la llum 209
210 R. VIOLANT 1 SIMORRA
rada de la sala o menjador per una cambra tancada amb embans o tabics
de fusta o d'obra, en molts casos, ádhuc, proveida de porta (Vall d'Aneu,
Cardós, Vallferrera), formant una habitació d'uns 2 mts. quadrats, més
o menys, en les grans cases ramaderes.
Actualment el tipus de foc més comú a tot el Pallars Sobirá és el foc
de racó, peró antany la cuina dominant a totes les cases grosses i mitjanes,
de molt servei, era el foc de rócgle, Malgrat que actualment el primer tipus
domina arreu de la comarca, sobretot a la zona septentrional, el foc de
rócgle o cuina rodona encara perdura a Sarroca de B. (foto 3), Les Igle-
sies 4%, Erdo, La Bastida de B., Santa Coloma d'Erdo (foto 4), Bella-
nos, Estaís (Pallars Sobira) i a Massivert, Durro, Llesp, Bissaúrri (Ri-
bagorca) ; així com al Pireneu aragonés i a Navarra (2, Cuina d'ambient
patriarcal que antany a més d'acollir a tots els familiars i servei de la casa,
també acollía als veins humils, durant les llargues veillades d'hivern que
acudien a les cases benestants a passar velllada i a escalfar-se, tot filant,
cantant ¡ explicant rondalles i coses de l'antigó, per tal d'estalviar la llenya
a les seves cases. Costums tradicionals que ja es troben citats en l'época
medieval de la nostra terra.
VOCABULARI
Banc del fum. m. El banc que hi ha adherit a la paret del fons de la
cuina rodona a foc de rócgle, damunt mateix on es col-loca la
llenya (fotos 3 i 4); o sia a la part posterior del foc que, per
aquesta raó, és on hi abunda més el fum (Sarroca de Bellera,
Les Iglesies, Paiils), etc.
Cenrér m. Lloc de la cuina destinat a guardar-hi la cendra que treuen
del foc. De vegades es troba a sota del bancs, altres a la vora
del fumeral, ¡ a les cases que tenen armari dels fogons, es troba
a sota d'aquests (foto 3) (Sarroca de B., Vilella, La Bastida
de B., etc.). A Rialb, Alos, Ribera ¡ altres pobles de Palta
comarca central ¡ oriental, cenrér,
Cuina f. L'estanca de la casa on es fa foc i es cuina; el foc (Espot,
Son).
22 Violant, Art popular decoratin a Catalunya. Barcelona, 1949,
lámina II, foto 3.
(23) Vegeu els gráfics que dóna Kriiger en Pobra citada A-II i en Ja
meva, El Pirineo español.
b)
El foc, la llar i la llum AN)
Cuina rodona adj. La que te el foc o canial al mig, voltat totalment
de bancs fixats a la paret, i la campana de la xumeneia ocupa
tot el sostre de la cuina, en el centre del qual hi sol haver el
forat per on s'escorre el fum xemeneia amunt (Estaís, Espot,
Esterri d'Aneu). Al Pallars Sobirá suroccidental, és el foc de
rócgle (fotos 3 y 4).
Cunya f. Cuina (Ribera).
Foc m. Cuina (Sarroca de B., Les Iglesies, Benés, Bellanos, Paúils,
Llessui, Castellbó (Urgellet), Alfarrás (Segria), Prades).
Foc clarent adj. Aplicat a un foc o cuina clara, ben il.luminada per
la claror natural del dia (Sarroca de. B., Paiils).
Foc de racó m. Aquesta cuina difereix de la rodona a foc de róc-
gle, en que el colgó es troba acostat a la paret mestra de l'estan-
ca que, a la vegada es la d'un costat de la casa, a sobre del
qual s'hi troba enlairada la falda de la xumeneia, i solament hi
ha bancs als tres costats de la llar (fotos 5 y 6). (Sarroca de
B., Paiils).
Foc de rócgle m. Cuina rodona d'ambient patriarcal (Sarroca de
B., Les Iglesies, La Bastida de B. ¡ tots els pobles de la vall
del Bosia, almenys. Cf. foc de rollo a Santa Coloma de Queralt
(la Segarra). ;
Revoltó m. Mena de nínxol que hi ha al fumeral de la cuina, prop
dels cremalls, en bona part de cuines velles de les altes valls
de la nostra comarca, on posaven (i posen encara els que en
cremen) a assecar i torrar la teia abans de fer-ne us (V. Kriiger,
Die Hochpyrenáen, A - 1 foto 16). (Espot, Estaís, Son, Alós,
Estaon i Anás (Cardós).
Característiques del colgó,
El tipus de colguer tradicional, comú a tota la comarca, tant en el
foc de rócgle com al de racó, malgrat els canvis soferts, sembla que ha
estat el foc de catxal o foc de colguer; que consisteix en una mena de pedrís
o piló aixecat uns 0,20 mts. del sol, voltat de pedres llargues pel voltant
que s'eleven uns 8 centimetres més o menys del pla del centre del colgó
(figura 1, C.D.E. i fotos 3 1 5).
El colguer del foc de rócgle és de forma quadrangular, allargant-se,
un xic més elevat des del centre, fins a la paret del fons on s'hi troba el
banc del fum. Aquest pla elevat, gairebé arrant de les pedres del voltant,
serveix per a posar-hi els tions grossos en pla horitzontal, tot recolzant
212 R. VIOLANT 1 SIMORRA
Fig. 1
El foc, la llar i la llum 213
Vextrem de cremar damunt del travesser que, unint els resistents caufoguérs,
creua el colguer on acaba el colgó y comenca l'esglaonet del pla més elevat
de la llenya. Aquests caufoguers típics de cuina central, molts d'ells forjats
en els segles XVII, XVIII i comengament del XIX, pels ferrers i far-
gaires pallaresos, antany adornaven tots els focs de rócgle de la comarca
(figura 1 - Ci foto 4); ja que solament conec una casa, la de Gasol a
Sarroca de B. (foto 3) que tingui el foc central o de rócgle sense capfo-
guers; en aquest cas els tions els recolzen igualment des del banc del fum
vers el petit esglaonet del colguer, que cau sota mateix dels cremalls, que-
dant per tant el foc encés enlaire com si hi haguessin capfoguers. Per la
qual cosa, aquests estris, de tradició arcaica, eren més aviat ornamentals
que necessaris (“*, Aquest colguer (foto 3), medeix 2 mts. de llargada
total des de la part anterior fins a la paret del banc del fum, per | metre
d'amplada. Mides que varien poc o molt segons les cases, peró no gaire.
Es Punic exemplar que resta a Sarroca de Bellera, puix que ja els acaben
de desfer tots, ¡ és el foc de rócgle més arcaic dels que coneixem al Pallars
Sobira.
El colguer tradicional de foc de racó (figura 1 - E) difereix de P'an-
terior en que te menys llargada de fons i la llenya hi crema de costat,
paral.lela a la pedra foguéra. Puix solament consta del colgó d'aquell, i el
costat del mur on penjen els cremalls es troba protegit per una pedra plana
col.locada dreta de cantell a P'extrem del colgó (la pedra foguéra), per tal
de resguardar-lo del foc; car, sense ella, es podria cremar la paret. 1 per
tal de sostenir aixecats els tions perqué cremin millor, en els focs més humils,
hi ha una pedra a cada costat de colgó (caufoguers), o bé uns galapalins
de ferro (foto 5). Peró malgrat aixó a Sarroca de B., en una casa o casa-
lot molt vella, trobo el foc de colguer adossat a la paret com els de racó,
amb la mateixa disposició del colguer dels focs de rócgle; o sia amb l'es-
glaonet a l'extrem del colgó, que permet cremar la llenya d'enfront ¡ enlaire,
apuntada cap al davant. Així és que es tracta d'un foc de racó sense pedra
foguera ni capfoguers, perque la disposició del colguer pot prescindir de
luna cosa 1 Valtra (figura 1, C).
Actualment en molts d'aquests focs de racó han desfet el catxal,
quedant el fogal gairebé arrant del sol com trobem en el més evolucionats;
per aquesta raó, aquest tipus evolucionat de colgó rep el nom de foc ras en
contra del foc de catxal o elevat (Pails). 1 per tal de resguardar la cen-
dra d'escampar-se per terra, en lloc de les pedres elevades del voltant, de
(21) Pels tipus ¡ formes vegeu Kriiger, A-II, i Violant les obres cita-
des anteriorment.
214 R. VIOLANT 1 SIMORRA
Parcáic colgó, gairebé sempre hi ha el rodafoc de ferro. Els rústics capfo-
guers de pedra, han estat substituits per uns altres de ferro (foto 6); no
pas tan bells peró, com els que ja hi havia en alguna llar de casa rica
forjats de forma semi artística dels segles XVI, XVII i XVIII, que han
anat cajent en desús així que ha anat desapareixent de la nostra comarca
el costum de rostir carn a l'ast, de tradició antiquíssima, com els mateixos
capfoguers ¡ ast que ja apareixen en la primera época de ledat del ferro,
gairebé forjats igual que el pirinencs (2, També es va substituint la pedra
foguera per una planxa de ferro (foto 6).
Sobretot a la Vall d'Aneu (Espot, Son, Valencia, Isil, Alós, Burgo)
i també a Cardós (Estaon, Tavascan) ia la Vallferrera (Areu) he trobat
sempre, el foc de racó amb guardafoc de ferro més que de pedra; així com
el rodafoc és més usat a tota la zona septentrional i central de la comarca
que no pas a les valls suroccidentals del Flamisell i Bosia, on encara hi
perdura de forma exuberant l'antic i tradicional foc, de catxal o de colguer,
amb el colgó voltat de pedres més elevades.
VOCABULARI
Cafoguér m. Cada*una de les dues pedres on es recolzen els tions
de la llar. Plu. cafoguérs (Paúls).
Caminal m. Capfoguer de ferro tipus galapatí (Tirvia).
Canial m. El colgó o indret del colguer on es fa el foc de la llar
(Espot).
Carfoguér m. Capfoguer. Plu. carfoguérs (Tirvia, Espot, Estaís).
Catxal (cachal) m. El pedrís o llit elevat del foc (Paiils). A Espot
el niu o conillera dels conlls quan acaben de criar (25.
Caufoguér m. Els capfoguers, principalment, de ferro. Plu. caufo-
guérs (Sarroca de B., Les Iglesies, La Bastida 'de B., Conca de
Tremp). Al Pont de Suert, valls de Boí ¡ Barrabés (Ribagor-
2) Per la diversa tipologia dels capfoguers i demés ferros de la
llar així com per les variants lexicals, vegeu les obres citades en les dues
notes precedents.
(26) Cf. calxal, llit del foc i niu dels conills, amb cutxol: sot o mócgle
marcat en un munt de palla, herba, llana, etc., després d'haver-s'hi ajagut
un cos pesat (Sarroca del B.). 1 plat cufxulut: plat pregon, o plat de ma,
o escudella, que recorda els vasos aplatats i pregons, prehistórics (Pont
de Suert).
il
El foc, la llar i la llum 215
ga), forróll - forrolls; a Unya, Gessa i Salardú (Alt Aran),
landre - landrés. Cast. morillos.
Colgó m. El canial de la llar (Sarroca de B., La Bastida de B.,
Paiils), Sort, Llessui, Pobla de Segur, Tremp, Alfarrás (Se-
gria). Astar's al colgó del foc: asseure's al colguer, les dones,
i posar-se prop del foc dins del colgó, els gats (Sarroca de B.).
Cf. clofa a Malda (Urgell), clotxa, a Guimerá i a Santa Co-
loma de Queralt (27, i niu del foc a Súria (Pla de Bages); a
Castellmajó (La Segarra), foc, a Castellbó, fogorim; a Torto-
sa,.fogaril o foguerill, i a les altes valls pirinenques d'Aragó,
fogaril (BDC XXIV, 170).
Foc de catxal La llar que te el colgó elevat, en contraposició del foc
ras que el te pla al sol (Paiils).
Foc de colguer El colguer que hi ha pedres elevades pel voltant, for-
mant sot del mig “així no calen caufoguers” ens digueren (Sa-
rroca de B.). Cf. a Guimera el foc de clotxa, enfonzat del mig.
Fogal m. Llar, indret de la cuina on s'encen el foc, el canial (Ribe-
ra, Farrera, Tavascan, Esterri de Cardós, Estaon (BDC XXIII,
291).
Foguerill m. a). Petita llar improvitzada al camp, per mitjá d'una
pedra a cada costat del foc (Sarroca de B., Paiils) (figura
1, A); a Farrera, foc (figura 1, B) 49. b). Petita llar que
hi solia haver als forns públics per fer-hi escalfar l'aigua d'ama-
car el pa (Sarroca de B.).
Calapatí m. Capfoguer de ferro proveit de quatre potes molt baixes
i aplatades “9%. Plu. galapatins (Paúls).
(¿7 Colgó pregón, enfonsat del foc. El rodafocs, encara que sigui
de ferro, ha prés el nom arcáic de clotxa (Guimerá). Foc de clotxa: cf.
clotxcta o petit clot a terra per jugar-hi amb mongetes o fesols els nois
(Balaguer). Així, clotxa seria un forat rodó major que aquest, que ens
recordaria el colgó de la llar primitiva, que segons Barandiarán, encara
apareix en algun caserio de Basconia. Ja que segons aquest etnóleg, la llar
apareguda en el nivell eneolític d'una de les coves de Jentiletxéta (Motri-
co), i en el nivell magdaleniá de la cova de Lumentxa (Lequeitio), con-
sistia en un forat rodó ensorrat al sol (Anuario de Eusko-Folklore, vol.
XI, pag. 101, 1932). Es molt interessant constatar aquest arcaisme de
la nostra llar, registrada amb els noms de catxal, clotxa, niu (Súria).
(28) Cf. foguerill i fogrill: petites llars de foc, molt rudimentáries,
preparades a l'exterior de les casetes i barraques del camp, on cuinen du-
rant el bon temps. Tortosa, La Cava (Ribera de l'Ebre).
(29 Per lPassemblanga —segons la meva mare— amb el galapat =
216 R. VIOLANT 1 SIMORRA
Guarda foc m. La pedra foguera del canial, i també la planxa me-
tál.lica que ha substituit a aquesta (Alós).
Pedra del fogal f. El guarda foc (Ribera) ; a Sarroca de B., Paiils,
pedra foguéra o foguéra, respectivament.
Peu del foc m. Cada un dels carfoguérs o peus del foc (Espot, Es-
taís).
Roquei m. Peu o capfoguer. Pl, roquets (Estaon). Cf. a Prats de
Llucanés, pedres del foc, o rocs,
Roda foc m. El ferro del davant ¡ costats del foc ras que resguarda
d'escampar-se la cendra fora del colgó (Alós). A Castellbó,
guarda cénres; a Les Paiils, ferre del foc 60.
Ronda foc m. El roda foc (Ribera).
c) Característiques de la xemeneia.
La xumenéia o xumentia també te les seves característiques especials
segons a la zona que pertany: si a la meridional o a la septentrional; i no
solament succeejx així al Pallars, sinó també al llarg de tot el Pireneu es-
panyol.
A la nostra zona més muntanyenca, de carácter alpí, del Pallars,
més nevosa, compreses les valls d'Aneu, Cardós i Vallferrera, hi apareix
un tipus de xemeneia tradicional, bastant uniforme, de revingudes parets de
pedra llicorella i fang, cuadrilonga cónica, alta, magestuosa i monumental,
amb el doble fi de que tiri forca el fum i no la cobreixj la neu; va tapada
amb una gran llosa col.locada damunt de quatre o sis pilanets, pels espais
dels quals surt el fum, i está proveida d'una mena d'escopidors de pissarra
un xic inclinats, per llencar les escorrialles de l'aigua damunt el llosat ¡
privar de filtrar-se pels junts que uneixen la xemeneia amb la coberta de
la casa. 1 de tard en tard (Ribera, Estaon) se'n veu alguna de tubular
més estreta i alta que la descrita. A la zona premuntanyenca, de clima
més mediterrani que en l'anterior, si bé hi abunden les xemeneies grans de
planta quadrada o circular, i més baixes, aixó no obstant hi predominen
les de dimensions més reduides amb molta diversitat de tipus, tal com pot
veure's en els gráfics que hem publicat a El Pirineo Español, a Art popu-
lar decoratiu a Catalunya ¡ Kriiger en Die Hochpyrenáen, A-II.
gripau o totil (castella, sapo) que afecta la figura aplatada y potes curtes
(Pails).
(30) Per llurs formes i altres noms, consulti's a Kriiger, en Pobra ci-
tada, A-II.
El foc, la llar i la llum 21
VOCABULARI
Abre m. El canó o canal de la xemeneia per on puja el fum (Esterri
d'Aneu). A Tortosa, fumeral.
Barra cremalléra f. Biga prima que creua la part alta de la campana
de la xemeneia del foc de rócgle d'on penjen els cremalls (Sa-
rroca de B.).
Barra dels cremalls f. La barra cremallera (Paiils, Ribera).
Barró dels cremalls m. Ficot de ferro o de fusta d'on penjen els cre-
malls en el foc de racó. També es sinónim de la barra crema-
llera (Espot).
Campana de la xumentia f. Mena d'embut guadrangular format per
una paret prima que recolza verticalment (Alta zona) o obli-
quament (zona meridional), en una biga, que recull el fum de
la llar per conduir-lo al canó o abre (Alós). A Sant Julia de
Vilatorta (Plana de Vic), vano; a Prades fuméra. A les Hars
més antigues tot fa suposar que no hi havia campana, almenys
a les de racó, ¡un forat quadrat al sostre, recollia el fum (Sa-
rroca de B., figura 1, C). La campana dels focs de rócgle está
formada pel sostre de tota la cuina, en forma d'embut quadrat
(Sarroca de B., La Bastida de B., Santa Coloma, Les Iglesies,
etc.) arrodonit dels angles, com a Aragó i Bascónia (Massi-
vert Ribagorca) que es va estrenyent vers el forat del fum del
centre del sostre.
Canó m. L'abre de la xemeneia (Pals).
Falda de la xuménia f. V. La campana de id. (Paiils, Sarroca de
B., Cervera, Santa Coloma de Queralt).
Frontal de la xuméneia m. La falda, la campana (Ribera).
Toóla f. La losa o pedra plana i la moderna planxa metallica que
cobreix la xemeneia (Espot).
Xambrángle (chambrángle) m. La biga horitzontal que en forma de
lleixa aguanta enlaire el frontal o campana de la xumeneia de
la llar (Ribera).
Xuménia f. La part superior del canó o conducte del fum que so-
bresurt de la teulada (Pallars Sobirá i Jussá, La Segarra, etc.).
A Tortosa, barret del fumeral.
TI - LA LLUM I LA IL.LUMINACIÓ
Antigament, al Pallars Sobirá, així com arreu de les demés comar-
218 R. VIOLANT 1 SIMORRA
ques pirinenques, abans d'introduir-se els llums i llumeneres per cremar oli,
la il.luminació característica ¡ tradicional s'efectuava per mitjá de la teia
o tea de pi, canotets de boix sec, torxes o candeleros, ciris i candeles de
cera, elaborats a casa i amb la flama directa de la llar, que és la forma
més primitiva.
Tl.luminació de tradició arcáica, per la claror directa del foc, la teia,
la cera, així com el lum d'oli (de tradició preromana) que, barrejada
amb els llums ¡ quinqués de petroli, ha perdurat fins al segle actual, en que,
Vany 1912, es comengaren a construir les grans centrals eléctriques palla-
reses de Tremp, Cabdella, etc. Peró, malgrat aixó, tant a la Vall d'Aneu,
Coma de Burg, com a la Vall de Boí i a Montgarri (Alt Arán), són
moltes encara les cases, sobretot les més humils, que segueixen il-luminant-se
a la llar ia la sala-menjador, amb teies cremades a la falléra o llumenéra,
de llarga tradició. Per exemple a Montgarri, segons un home del poble,
per allá l'any 1937, no coneixien altra mena d'il.luminació que el propor-
cionat per la flama de la teia. Í nosaltres mateix Phem vist usar a Taúll
(1940), a Espot (1946), a Burg (1947), etc.
VOCABULARI
a) La llum del foc de la teia i la de torxes varicnW
Canotet m. Estaqueta o tronquet molt sec de boix amb la llum del
foc del qual abans s'il.luminaven els pobles que no posseixen boscos de
pins. El cremaven a la teiéra o bé sostenint-lo directament amb els dits, com
un lluguet de teia; produeix una flama tan neta i clarent o lluminosa com
la de la teia (Cérvoles, Corruncui ¡ altres pobles del Bósia i Flamisell)
(30 bis)
Córrer les falles Portar les falles enceses els fallaires des del faro a
la plaga del poble, al capvespre o bé a la nit de sant Joan (Pont
de Suert, Llesp, Cóll, Boí) ¡a la nit de la vetlla de sant Quir-
ze (Durro).
(30 bi) El meu pare, sastre d'ofici, anant pels pobles del Bosia i
Flamisell occidental, manta vegada havia cosit, de nits, a la claror de
tronquets o canoteís de boix que una altra persona li sostenia davant d'ell.
Comengaments d'aquest segle.
El foc, la llar i la llum
219
Fig. 2
220 R. VIOLANT L- SIMORRA
Sant Quirco (Quirze), sant Quirco el xico,
sant Quirco, sant Quirco el gran;
anirem a córre falles,
per una arboleda avall (Durro).
Faia £. Torxa que portaven els fallaires al córrer falles la nit de sant
Joan (Sarroca de B. (Wa), Les Iglesies (31, Bellanos 4%,
Manyanet; Plural, faies. Cf. faitó 9, a la Costa Brava ca-
talana, i altres variants del mot que dóna Kriiger (30, (figu-
ra 2, C).
Faiál £. Mena de torxa formada per un grapat de teies que usen els
pescadors de riu, per pescar de nit, enfilant les truites a cops
de fóixa o forquilla (Espot). A Bellanos (Pallars Sobirá sur
occidental) faiál s'aplica a la MHum que desprén aquesta mena
de torxa.
Falla £. La faia que porten encesa els fallaires (figura 1, A, D) al
córrer les falles des del faro a la placa del poble la nit de sant
Joan a 1sil %, Alós (antany), Paiils (*%, Pont de Suert 47,
Vilaller 49, Llesp 8 9, Boí 4%, Les Paiils “1%, Bissaúr-
(0 Un feix d'escorces o peles de xop, clop o tremol, lligades amb re-
dortes a tall de torxa (figura 2, B).
(1) Una cistella vella encesa penjada a dalt d'un bastó.
«2 Un feix d'escorces, com a Sarroca de B.
(33) Mena d'engraellat de ferro, fixat a V'extrem de la barca, amb
el qual els pescadors de la Costa Brava i de Y Alt Emporda s'l.luminen de
nit, cremant-hi tees, per pescar a l'encesa. E. Roig, La pesca a Catalunya.
Barcelona, 1927, pág. 122. A Blanes i a Lloret lanomenen faité. But-
lletí de P Associació d' Excursions Catalana, octubre-desembre de 1889.
(319 Cf. altres variants de formes i noms de torxes en Pobra citada
de Kriiger, A-II, pag. 179-181.
(31 Tió de pi esberlat de l'extrem més gruixut ¡ entatxonat de teies,
lligat amb dues redortes (figura 2, A).
(36) Feix d'escorces de xop, tremol, etc., com a Sarroca 1 Bellanos
(figura 2, C).
Un tió esberlat d'un extrem tot entatxonat de tees, fermades
amb dues arandeles de filferro, que antany eren dues redortes.
(38) Troncs de teia, escorces, etc.
(3s bis» Un manat o feix de tronquets de llenya seca iligats com un
pom al cap d'un bastó.
cm Un barró llarg amb un bon manat de teies lligades a l'entorn.
(40) Una garba de palla fustal: sense batre; “un fustal” que diuen
ells (figura 2, B).
El foc, la lar i la llum 221
ri 410, Gistaín 42, Andorra (43; la vetlla de sant Quirze a
Durro (+9, o la nit del primer dia de la festa major, tercer diu-
menge de juliol, a Taúl (*”. Plu. falles.
Astanit (aquesta nit) sí fan les falles,
de sent Pera i sant fuan;
i astanit si fan les falles
que pertot lo món si fan (Paiiis).
Cf. halla - halles a Aran (1% també la nit de sant Joan, 1 faia -
faies a la vall del Bósia. A Ansó trobem fallato, mena de torxa
formada per tres o més teies lligades (BDC XXIV, 170), com
el faial. Tots aquests arcáics costums sanjonanencs donaren lloc
a la creació poética del cant ler. del l'épic poema Canigoó, al
nostre excels ¡ sublim poeta Mossén Jacint Verdaguer.
Falla de la vila m. Falla més grossa que la que porten els fallaires
que |'Ajuntament cura de fer plantar a la plaga, davant l'esglé-
sia, per encendre-la després de l'ofici vespertí de Completes, ¡
serveix d'avís als fallaires que amatents esperen d'alt del faro,
per devallar ambs les falles enceses cap a la vila; ja que no ho fan
fins que veuen aquesta falla cremant ('7), Cf. haro, e pi capolat
I escapcat que, entatxonat de teles, com la falla e la vila, a
Bossost ¡ en altres llocs de l'Aran, encenien la nit de sant Joan
després d'haver permanescut plantada a la plaga durant un any;
(41 Un fustal com a Les Paúls. En duen més d'una per anar-les re-
novant (Bissaurri, 1941).
(42 Una teia o lieda o ascla grossa, resinosa de pi. Els menuts o
petits fallaires la porten en forma de creu. Segurament per treure al ritu
solar sanjoanenc el sabor de paganía.
(43) Llargs bastons amb escorces d'alber en un extrem.
(41) Un barró amb un feix de teies enginyosament lligades a uns tra-
vessers en creu, a un extrem, am dues redortes (figura 2, D). Segons
Vexemplar adquirit per mi el dia de la festa, de l'any 1948, per al Museu
Etnográfic de Barcelona.
(45) Com les falles de Boí, i creiem, de Durro.
(460) Pi o abet esberlat fins a la meitat, entatxonat de teles, com a
Isil.
Gm L'any 1948, que jo m'hi trobava, abans d'encendre la falla de
la vila, el rector del poble la va beneir ¡1 encendre, com solen fer a ' Aran.
Ja que aquest sacerdot és aranés.
222
b)
R. VioLANT 1 SIMORRA
o sia des del dia de sant Joan a la tarda, fins a la vetlla de l'any
segiient “9,
Falléra £. a). Una llosa clavada per un extrem a la paret del forn
de pastar (figura 3, A), on encara hi cremen teies, com antany,
per tal d'il.Juminar la pastera i la boca del forn de coure el pa,
els dies que no tenen llum eléctrica (Espot). b). Petita llar
amb xemeneia interior (figura 3, B, C.), que a tall de capelleta
servia per cremar-hi teies per tal d'il.luminar la sala durant el
sopar (Espot). Es veu encara (1946) en moltes cases d'aquest
poble, si bé en desús. Es notable, sobretot, per la seva riquesa
artística, esculpida en pedra, la que va indicada amb la lletra C.
de la figura 1, també d'Espot. Sinónim llumenéra i teiéra, per
als mateixos tipus. c). Mena de gavia de ferro que penjada
vora els cremalls de la llar encara hi cremen teia algunes nits
d'hivern que hi sol haver mala llum eléctrica (Espot, Estaís).
Sinónims lumenéra de iéa, a Gessa (Aran) allé (9,
Fer llum y. a). l.luminar a una persona amb una llum qualsevulla,
una rameta encesa, una teia, etc. especialment de nit (Sarroca
de B.). b). Irradiar bona claror un llum qualsevulla (D'ús
general).
Llumentra f. a). La teiéra o fallera de la sala de l'accepció b) de
fallera (Espot). b). L'accepció c) del mateix article (Espot,
Alós, Burg, Taúll). A Ginaste, Alós, Borén, Tirvia, Burg,
Lladrós, Areu, Tor (Pallars Sobirá), Senet (Ribagorca), llu-
menéra de téa; a Boí (id), llumené (Kriiger, Hochpyrenáen,
A-II, 187).
Téia o téa f. Estelles o ascletes resinoses de pi (Pallars, Ribagorca).
A Aran teda í tedo; a Alt Aragó, teda i tieda 6%,
Teiéra f. V. Falléra a) ib) (figura 3, A, D i fig. 1, C) (Sarroca
de B.) on encara n'he vist alguns exemplars.
Llums de cera i d'oli,
Atxa f. Ciri gran i gruixut de forma prismática, com si fossin quatre
ciris units, i qualre blens (D'ús general).
(48) Vegeu Juli Soler, La Vall d'Aran (1906), p. 43; Violant,
El Pirineo español.
(49) Per llurs formes ¡ tipus, cf. Kriger, obra citada, A-II, Abb.
22, pág. 186 ¡ Violant, obres citades.
(50) Vegeu altres característiques lexicals amb llur etimología en
Die Hochpyrenáen, A-I, pag. 182, 183,
E! foc, la llar i la llum 223
_ loja 7 ESO, Sl Sd
SY
/
224 R. VioLANT 1 SIMORRA
Ble m. Feix de fils que es posen als ciris, candeles i llums d'oli o
petroli en general (Catalunya).
Blenéra £. Petit tub de llauna que encaixa verticalment en un forat
que hi ha al mig del llantió de les, llanternes per on surt el ble 1
el manté erecte perqué pugui cremar bé; va proveida d'una pe:
tita nansa per treure-la ¡ posar-la (Sarroca de B.).
Brandonéra f. Cada una de les flames i brocs de les llumenéres de
llautó (La Bastida de B.). Cf. brandonéra (Taúll), brando-
léra (Espot i Estaís), blandonéra (Rialb) o rocgle o salomó
que antany penjava al mig de la volta de les esglésies rurals, en
forma de llántia, proveida de molts bragos amb ciris, per encen-
dre-la en las sol.lemnitats %?; brandó, mena de torxa resinosa,
o bé un ciri molt gruixut, rodó, amb un sol ble, i brandonera,
canelobre per a brandons (Dicc. General de la Llengua Cata-
lana, de P. Fabra, 271).
Candeler m. L'estadal o candelero de candela groga plegada en tor-
teral que la mestressa d'antany feia cremar al temple, davant
d'ella, durant els oficis religiosos, en honor dels morts de la
familia (Espot, Estaís).
Candeléro m. a). El candeler o estadal funerari (Sarroca de B.,
Paúls, La Plana, Viu de Llevata (Ribagorga). b). Canelobre
senzill, de fusta, metál-lic o de vidre, propi per a ciris (Sarroca
de B., Paiils).
Cariol m. El gresol o diposit dels llumeners que conté Poli i el blé
(Sarroca de B.).
Ciri Vela de cera de 0,50 a 0,60 mts. de llarg (D'us general a Ca-
talunya). Dret com un ciri, comparatiu de molt erecte (Sarro-
ca de B.). :
Estadal m. El candeler o candelero funerari (Esterri d'Aneu). Uns
i altres, molta gent se'ls fabricava a casa amb la cera de les
seves avelles (Estaís, Sarroca de Bellera).
Fer mala cara adj. Aplicat al llum d'oli quan no fa gaire claror (Sa-
rroca de B., Paiils).
Greiol m. El llantió o dipósit per contenir Poli i el ble dins de les
(51) Violant, Festes tradicionals al Pallars, dins del “Butlletí del
Centre Excursionista de Catalunya”, nros. 458, 459, 463, 465, 470 1 473
(1933-34). “La festa major”.
El foc, la llar i la llum 225
llanternes portátils. Terme antiquat (Sarroca de B.). Cf. gre-
solet o llum de terrissa emprat antany a Barcelona per il.luminar
els pessebres doméstics de Nadal (%>,
Llanterna f. Mena de fanal portátil. Les més antigues són de llauna
artísticament calades i de forma circular amb lacabat superior
de forma cónica; i les més modernes són quadrades amb vidre a
cada cara (Pallars, Ribagorca, etc.) 4. '
Llantió m. El greiol de les llanternes (Sarroca de B.).
Llumener m. El llum de ganxo metál.lic, proveit del cariol en forma
d'un bec llarg, que encaixa en un dispositiu de la mateixa forma
que aquest, per recollir les escorrialles d'oli, amb un ganxo a la
part posterior per manejar-lo i penjar-lo (Pallars, Andorra).
A la Conca de Tremp, llum; en altres parts de Catalunya, llum
de ganxo “Y; al Pont de Suert, Durro, Alt Aragó, candil; a
l'Aran, uliéra; i a Navarra (Serra de l'Araler), krisalu. El
nostre llum d'oli occidental, d'un sol bec, sembla que te llur
precedent en les lluernes o llums d'oli de terrissa, de l'antiga
cultura mediterránia.
Llumenéra f. La llántia de llautó proveida de una fins a set brando-
neres o brocs, per cremar oli, amb un peu per deixar-la damunt
d'una taula, lleixa o reconera (Catalunya). Apareix en molts
paíisos llatins, des del segle XVIL, almenys. Tant, que podem
dir que és d'arreu i d'enlloc. Castella candileja.
Velada f. El conjunt de les veles o ciris que antany cremaven als
rócgles, aranyes o brandoneres de les esglésies, en les solemni-
tats religioses (Sarroca de B.). La qual velada era costum
estrenar-la el dia de la festa major i¡ anava a cárrec de la con-
fraria dels fadrins *?); que, per aquest motiu, aquesta confra-
(522 Violant, Art popular decoratiu a Catalunya, pag. 102.
(53 Td. id. pág. 180 ¡ en El Pirineo español.
(54) A les comarques orientals de Catalunya, sobretot a 1'Emporda,
aquest llum d'oli, o de ganxo sol tenir-quatre bécs, peró només cremen els
dos anteriors. En canvi des d'Andorra fins a Navarra es presenta d'un
sol béc més llarg que aquells. Cf. Dun i Paltre tipus a Art popular deco-
ratiu a Catalunya, pág. 177, 178.
(33) Tribut litúrgic de cera, per part dels fadrins, que també trobem
a Navarra. Ja que a la “Cuenca” de Pamplona, els mayordomos dels fa-
drins, a lVofici de la festa major, ofrenaven una vela rizada, gruixuda i
bellament decorada, al Santissim, que cremava en totes les festivitats de
Pany (1945).
226 R. VIOLANT 1 SIMORRA
ria prenia el nom de la Confraria del Rócgle (Sarroca de Be.
llera i Erinya) i de la Brandonéra a Les Paiils.
R. VIOLANT 1 SIMORRA
Secció Etnográfica del
Museu d'Industries ¡ Arts Populars
de Barcelona
EPIGRAFS DE LES FOTOS
Foro 1. El congost de Collegats, a la banda N. de la serralada del Bou-
mort, per on s'escorre el principal riu de la comarca del Pallars
Sobirá, el Noguera Pallaresa, al peu de la carretera de Bala-
guer a la Vall d'Aran.
Foro 2. Panorámica de la Vall d'Aneu, d'orient a occident, amb la vila
d'Esterri a primer terme ¡ Son, enlairat dalt de la serra, al peu
del Tesso. Bells conreus en terra d'aluvió, són regats pel Nogue-
ra Pallaresa, que s'escor magestuós a la parte de dessá de les
cases d Esterri.
Foro 3. El vell foc de casa Gasol de Sarroca de Bellera. Bell exem-
plar de foc de rócgle primitiu, tot voltat de bancs, amb el foc
de colguer, i l'armari des fogons, a primer terme, amb el cenré
a sota (1942).
Foro 4. Foc de rócgle de la casa de Pere de Santa Coloma d'Erdo, amb
els artístics caufoguérs del segle XVIII, que acaben de desapa-
reixer ja de tots els focs de la comarca. Els cremalls, si bé sen-
zills, ens recorden perfectament els de la primera Edat del ferro.
Foro 5. El foc de casa d'Eloi de Sarroca de Bellera. Bell tipus de foc
de racó ¡ de colguér, on apareix la pedra foguéra, amb la móssa
inclinada a la part de sobre, els caufoguérs tipus galapatí, les
astenalles o aumolls a primer terme, i els cremalls d'una sola
cadena, de tradició arcáica.
Foro 6. El foc de la casa de Serra de Sarroca de Bellera. Exemplar d'un
foc de rócgle, on tantes rondalles hi havia escoltat en la meva
vida d'infant, actualment convertit amb foc de racó ¡ ras, amb el
rodafoc, uns diminuts caufoguers, planxa a la paret en lloc de
pedra, i uns bonics cremalls antics que és la única cosa que dóna
calor tradicional a aquesta trista i evolucionada cuina.
EPIGRAFS DELS DIBUIXOS
Fic 1. Tipus diversos de llars: A, Foguerill, encés al camp (D'us gene-
FIG. 2.
FIG. 3.
El foc, la lar i la llum 227
ral). B, foc tipic dels pastors de la Coma de Burg, que encenen
davant de la cabana quan pasturen el bestiar a la muntanya (Fa-
rrera). C, foc de racó d'un casalot vell de Sarroca de Bellera.
Observis el colgó o foc de colguer, el forat del fum. al sostre, sense
campana, els cremalls ¡ la teiéra, a la dreta del foc. Apunt del
natural, 1939. D, foc de colguer de cuina rodona, amb els artís-
tics caufoguers tradicionals, observat a Les Iglesies, La Bastida,
Santa Coloma d'Erdo, Erdo, i antany, a Sarroca de B. Bell
exemple de foc de catxal i de racó, molt popular encara a les valls
del Bósia ¡ Flamisell.
Falles i fallaires: A, fallaire portant la falla apagada amb indu-
mentaria tradicional (Isil). B, fustal o falla de palla (Les Paiils,
Bissaúrri). C, faia d'escorces de xop, clop, etc. dels fallaires
del Bósia i Flamisell (Sarroca, Bellanos, Paúls). D, fallaire de
Durro amb la falla abans d'encendre ¡ portant barretina, com an-
tany.
Falleres o teieres doméstiques: A, falléra o teiéra observada a Es-
pot i Sarroca de Bellera, B, fallera o llumenéra, observada a Espot,
en les cases humils. C, fallera del segle XVIII, copiada del natu-
ral, que presideix la sala de la casa del Frare d'Espot, antany una
casa rica. D, teiéra del segle XVIII, copiada del natural a la sala
de casa Peret de arroca de Bellera, o casalot d'on he copiat el
foc C, de la figura 1. 3
APONTAMENTOS DE ETIMOLOGIA PORTUGUESA
Jl." Baco, esp. bazo
No seu breve, mas táo sugestivo estudo sobre as denominacóes románi-
cas do bago. H. Schuchardt (1) perfilhou sem reserva, a pág. 169 ss., a
etimologia que Goncalves Viana mencionara de passagem nas suas Ápos-
tilas (1, p. 173) a propósito de uma nota sobre o trasmont. bubela <
UPUP-ELLA (e como exemplo da apócope de um 0): *OPACIUS (*oPA-
CcEus), explicacáo que Meyer-Libke, REW* 6060, qualifica de ““duvido-
sa” (2), Volta a referir-se a esta etimologia Carolina Michaélis no seu Glossá-
rio do Cancioneiro da Ajuda (*?, onde se lé, a seguir á alcunha Baco: ““opa-
cius, comparativo de opacus”. Observaremos que náo foi este o pensamento
de Schuchardt, o qual tinha em mente uma derivagáo “OPACEUS, comparável
a cacruleus, de caerulus, e náo o comparativo de OPACUS, que por motivos
óbvios mal entra em linha de conta. Anteriormente aos eruditos citados, F.
Diez admitira, na sua Crammatik (1, 217), ser BADIUS “baio” a origem
do termo controverso, étimo que figura ainda na 6* edicáo do Manual de
gram. hist. esp. $ 53,3: “badiu, además de bayo, dió baco *de color mo-
reno' ”, servindo de ilustragío a uma pretensa dupla evolugáo do grupo -di-,
que se manifestaria igualmente em raya / raga, de *RADIA, Porém, é de
notar que, além de a filiagío de raga em *RADIA náo estar cabalmente de-
monstrada (cf. a este respeito REW 3 6999), o termo latino BADIUS tem
um caracter pronunciadamente técnico, sendo usado quase exclusivamente
em relacáo Á cór respectiva dos cavalos (*. Acresce ainda, que uma evo-
lucáo divergente, do tipo representado pelo esp. raca, levaria, em portugués,
(0 Zu den romanischen Benennungen der Milz, in Sitzungsberichte
der Kónigl. preuss. Akad. der Wissensch, 1917, VIIL, pp. 156-170.
(22 Devemos confessar que náo alcangamos plenamente o sentido da
sua argumentacio: “da man aspan. bazo, nicht baco, pg. bazo erwarten
miisste””, por demasiado concisa.
(3) Sep. da Revista Lusitana, XXI (1921).
(4) Figueiredo traduz baio com o sentido de “que tem cór de oiro
desmaiado; amarelo torrado; amulatado”.
Apontamentos de etimología portuguesa 229
para “bajo (conforme com pojo, de PODIU, a par de poio), mas difícilmente
para baco,
No que toca á etimologia *OPACEUS, proposta por G, Viana, Schu-
chardt e C. Michaélis, quer parecer-nos que tem também alguns pontos
fracos. Um está no facto de OPACUS, que significa de uma maneira geral
“sombrio”” (UOCANTUR UMBROSA, Festo; cf. o Dicionário de Ernout-
Meillet), nunca se usa em sentido figurado —contráriamente ao que su-
cede com OBSCURUS— quando o adj. baco / bazo implica um matiz bem
definido na escala das córes.
Outro aspecto do problema, que nos solicita, é este, Os defensores da
etimologia “OPACEUS partem do principio de que o adj. baco vem a ser a
mesma palavra que o substantivo homónimo, procedendo este de aquele.
Invocando um caso análogo, que se observa no árabe, onde o nome do
baco, tihal, se prende com tahil “negro, turvo”, Schuchardt opta pela se-
gunda das alternativas, admitindo até a possibilidade de a metáfora árabe
("o escuro'”” = “baco””) ter fornecido ““o modelo histórico da forma inte-
rior da palavra” (%. Porém, é de ver que nada impede, em princípio, que
sigamos o caminho inverso, procurando no substantivo o modelo do adjec-
tivo, e pensando em casos como o fr. rose, fraise, orange, mauve, quer dizer
en nomes de córes tirados, sem qualquer modificagío, de nomes de objec-
tos, hipótese cuja viabilidade o grande linguista expressamente admite (%.
Entre as solucóes a encarar continua, por conseguinte, merecedora de
atencáo a que procura em bago uma denominacáo original do orgáo res-
pectivo. Ora, ao reler alguns trechos do Satiricon de Petrónio, feriu a nossa
atencáo o termo HEPATIA, plural que, segundo Friedlánder e A. Ernout,
a quem devemos excelentes edicóes e tradugóes daquela importante obra,
significaria “fígados”” (7. A mesma forma ocorre ainda em Lucílio, Sá-
(6) “Dass die Farbe das ist, was Adjektiv und Substantiv verbindet,
leuchtet sofort ein; dazu benútigen wir das Arabische nicht. Doch wird uns
dieses in der Annahme bestárken, dass das Substantiv auf dem Adjektiv
beruht und nicht umgekehrt. .. und vielleicht uns zu der Vermutung anre-
gen, dass das Arabische auch das geschichtliche Vorbild der inneren Wort-
form geliefert hat” (p. 169).
Sobre este fenómeno de “pseudomorfose”, quer dizer “los paralelis-
mos expresivos, determinados por vivencias coincidentes”, ver as penetran-
tes, embora por vezes discutiveis, consideracóes que ha pouco publicou
AméÉRrico CAsTRO a pp. 65ss de España en su Historia (1948).
(6) “_..obwohl ja “milzfarbig”” oder das '“Aussehen eines Milz-
siichtigen habend'”” an sich ebenfalls eine Briicke bilden kónnte.. .”
(mM Cf. cap. LXVI, p. 66 da edicáo “Les Belles Lettres” (1922).
Preguntando Trimalquiio a Habinnas, o “servir” e marmorário, que re-
230 J. M. PieEL
tiras, e Apuleio, Apología, tendo sido identificada com o plural do gr.
y mátiOV, termo poético e tardio, diminutivo de %mac, -atos “fígado” (19,
Parece-nos agora lícito perguntar: Será aventurar-sé demais suspeitar de uma
conexáo existente entre aquele termo culinário hepation, e o port.-esp. bago
/bazo, quando a palavra fígado constitui um exemplo táo flagrante e cu-
rioso de como se pode generalizar, como nome de um orgáo humano, uma
expressáo nascida na cozinha? Com efeito, convem lembrar que os nomes
románicos do fígado que deram azo a tanta discussío, tém a sua origem
numa imitacáo do gr. CUKWTÓVY, OU seja FICATUM, *FÍCATUM, que significa
a letra “recheado de figos””, expressáo que se referia A principio a animais
(porcos, gansos, etc.) cevados com este fruto, e cujo fígado, em virtude
desta alimentacío, atingia proporgóes consideráveis; cf. o belo artigo do
FEW de von Wartburg. Este neologismo estranho conseguiu substituir-se
totalmente ao termo corrente, JECUR (%, tendo quase o mesmo destino o
seu sinónimo, de origem grega, HEPAR, do qual se conhecem apenas raras
reminiscéncias, como o judeo-francés ebre “lobo do fígado” e ant. ital. epa
*“panca”; cf. FEW, art. HEPAR. Ora, se aqueles dois nomes primitivos
do fígado puderam cair em esquecimento, náo surpreende que o mesmo
sucedesse com o do baco, ou seja LIEN (de pronúncia monossilábica, ao
que parece), substituido pelo grecismo SPLEN(E), ANIMA, o germ. milzi,
gressa de um festim, o que lhe tinham servido, passa este a enumerar todos
os pratos que saboreara, entre os quais figuram hepatia in catillis, o que
Ernout traduz por “des foies en caisse”.
(72) O Thesaurus explica hepatia como sendo “iecuscula cocta bes-
tiarum”, transcrevendo, além do passo do Satíricon, os de Lucílio e Apu-
leio: 1? gizeria ni sunt (ou insunt) sive adeo hepatia; 2? si cocto pisci ven-
trem rusparer, hepatia suffoderem (cf. ib. ¡ocinera)
Referindo-se ao vocábulo no seu artigo Lal. (h)epar im [Romani-
schen, in ZrPh 28, (1904), p. 436, Schuchardt fá-lo nos seguintes termos:
«es konnten damit entweder “Leberchen'” (so úbersetzt Friedlánder),
also etwa Hihnerlebern (iocuscula pullorum Apic.) gemeint sein oder
Leberstiicke (etwa von der Schweinsleber, wie ital. fegaielli) oder endlich
wie an einer Stelle des Apulejus gemeint sein muss, die Leber mit den
benachbarten Teilen. Im dritten Falle ist es mit griech. %rata gleichbedeu-
tend, sobald dieses nicht verschiedene Lebern, sondern die Eingeweide eines
einzigen Tieres bezeichnet: %TATA, TOTO yivar bei Athenaeus und
Pollux ist etwas áhnliches wie unser “Gánseklein”.
(8) Inspira sérias dúvidas, como já tivemos ensejo de observar na Rev.
Port. de Filologia, 1, 1947, p. 245, nota, a tese de Y. Malkiel (cf. Lan-
guage, XX, 108-130: The etymology of portuguese iguaria) de que o
port. iguaria procede de IECUR : IEQUARIA. Sobre esta palavra ver tam-
bém M. L. Wagner, in Festschrift J. Jud. pp. 558 s.
Aponlamentos de etimología portuguesa 231
2), entre as quais náo se
e metáforas como o fr. rqle e o port. passarinha '
vislumbra nenhuma que radique na cór específica do orgáo respectivo. É
verdade que ignoramos o que teria significado origináriamente o tipo lexical
gaulés *bísilos, que está na base do ant. prov. bescle e de outros vocábulos
galo-románicos; porém, a valiar por formas análogas dos actuais idiomas
celtas, deve tratar-se de um nome primitivo do fel; cf. FEW , art. “bisilos.
Faremos notar que náo existe nenhum obstáculo de ordem fonológica
que se oponha A derivacáo de baco / bazo de HEPATIQN. Basta para este
efeito ter presente formas como bispo, de EPISCOPUS, ou ant. port. doma
= edoma, de HEBDOMADA. Também o tratamento do grupo - fi - náo dei-
xaria de ser normal. As dúvidas que temos sáo de outra natureza. Primeiro,
importaria saber se é concebível que um termo, que significava originária-
mente “fígado””, pudesse passar a designar o baco. Para dissipar esta
objecgáo, poderiamos invocar a passagem de “fel”” para “bago”, que no-
támos em *bisilos, bem como a de “fígado”” para “panca”, que caracteriza
o referido ant. ital. epa. Seria fácil alegar mais exemplos; a metamorfose
da nocáo “bago'”” para “pulmáo”, no ital. dial. (Perugia) milza “%, a de
“baco” para “estómago” no fr. dial. (Gers) meuso, a de “rim” para “tes-
tículo”” (no grego, latim, francés, árabe, etc.). Em vários dialectos o
pulmáo recebe o qualificativo de “fígado branco”. O mais significativo dos
testemunhos é, contudo, aquele que traz o próprio Schuchardt, quando ob-
serva —sem especificar — que em certos idiomas o baco é chamado “fígado
pequeno” (cf. pág. 168), o que vem a ser o mesmo que HEPATION (0%,
Náo é nossa intengío impugnar a legitimidade da tradugáo de HEPA-
TIA por “figadinhos”, “iscas””, a qual tem por si a etimologia da palavra,
sendo certamente mais exacta que a de Gaffiot, que explica o termo por
“intestins””. Porém, embora o baco seja hoje bastante desprezado como
alimento humano 11?, náo é de excluir, a priori, a possibilidade de a culi-
(M Eis alguns nomes dialectais peninsulares: astur. paxarella (Ace-
vedo Fernández), astur. paxarineta “parte del hígado del cerdo que tam-
bién se llama lengueta” (Rato, 147), Bierzo pajarita “bazo del cerdo”
(García Rey, 122), pulgarejo “bazo de los animales” (ibd. 132), andal.
chicharrilla ““pajarilla, bazo del cerdo” (ALC, Venceslada 133), Cespedosa
almilla (Sánchez Sevilla, RFE XV, 166).
(10) Cf. A. Zauner, Die romanischen Namen der Kórperteile, p. 6.
(10) Refere-se Schuchardt, a p. 440 do seu estudo sobre HEPAR, A
expressáo rumena dau-le-hicate, á letra “os dois fígados””, que numa can-
tiga popular exprime a nocáo geral e imprecisa de 'entranhas, interior,
coragáo”. Tenha-se também presente a locucáo portuguesa “ter maus fíga-
dos”, com o mesmo plural e idéntica acepcáo náo anatómica.
(11) É verdade que as classes pobres náo se podem permitir tal luxo.
/ e
232 J. M. PiEL
nária romana fazer uso dele, p. ex. em forma de guisado (1?,,como se faz
hoje dos pulmóes. O que importa salientar é que a hipótese de HEPATION
ter tomado o sentido de “bago”, náo tem nada de inverosímil, e poderiamos
mesmo pensar que foi a adopgáo de FICATUM como nome genérico do fí-
gado que, tornando desnecessária a palavra na sua acepcáo primitiva, fa-
cilitou aquele desvio de sentido, permitindo a especializacáo, no latim his-
pánico, de HEPATION na significagáo de LIEN e SPLEN.
No que toca ao adj. bago / bazo “moreno, trigueiro-pálido; embacia-
do (olhos bagos)”; “de color moreno y que tira a amarillo”, designaria a
cór específica do orgáo respectivo ou de quem sofre (ou se julga sofrer)
dele (13). Estariamos em presenca de um caso que lembra o lat. VERMICU-
LUS ““vermezinho”', que passou a denominar a cór vermelha correspondente
á substáncia que dele se extrala.
2: escassilho, escacilho, escago
Segundo Cándido de Figueiredo, o termo escassilho, que significa
“'pedacinho de coisa partida”, procederia de escasso, explicagío que á pri-
meira vista náo parece suscitar reparos. Porém, se a examinarmos mais de
perto, descobrir-lhe-emos duas deficiéncias, que a tornam suspeita. Á primeira
está no facto de o sufixo -ilho ser normalmente incompatível com adjectivos;
a segunda, na dificuldade que há em conciliar o matiz semántico de “pe-
daco, fragmento” com a significacáo de escasso, ou seja *pouco, pobre,
raro, avarento”'; cf, REW3, art. *ExCcARPSUS. A explicacáo do citado di-
cionarista tem, como se vé, a seu favor apenas a identidade formal do tema
das duas palavras, o que por si nada prova, porguanto ela pode muito bem
ser o resultado da convergéncia de dois elementos latinos distintos.
Nio é, aliás, preciso reflectir muito para se entrever uma etimologia
que nos deixa mais satisfeitos. Referimo-nos a um, verbo *EX-QUASSARE, de
QUASSARE “partir aos bocados” (fr. casser), intensivo de QUATERE '“'sa-
cudir, partir ”,que grande vitalidade demostrou no solo da Gália, segundo
se pode ver no FEW de von Wartburg, onde o artigo respectivo ocupa
(12) Será necessário recordar as extravagáncias culinarias do banquete
de Trimalquiio?
(13) Convém lembrar aqui o nome da doenga chamada baceira (cf.
também figadeira), uma “febre carbunculosa dos animais””, em alem, Milz-
brand, bem como bago na acepcáo de “mancha da cara; roseta vermelha
(naevus maternus) com que nascem algumas criancas” (Minho).
Apontamentos de etimología portuguesa 233
mais de onze colunas (vol. II, 2, pp. 1429-1434), e que deu ainda ori-
gem a "QUASSICARE e *QUASSIARE. Esta última variante, precedida de EX
está na origem do port. escachar “fender, partir, rachar ao meio” (9, ao
passo que *QUASSICARE sobrevive, como se pode ver no art. 6941 do REW3,
em cascar “bater, dar pancada'”” (2, Acrescentaremos que o termo escas-
silho figura uma segunda vez, e com grafia menos certa, no dicionário de
Figueiredo. Aludimos a escacilho ““pedrinha que se introduz entre duas pe-
dras aparelhadas para melhor assentarem uma sobre a outra”. Ora, pare-
ce-nos supérfluo lembrar que tais ““pedrinhas”” se obtém facil e normalmente
do próprio aparelho das pedras empregadas numa construcáo, donde resulta
que o vocábulo referido se poderia definir como “fragmento, lasca de
pedra”, o que torna evidente a identidade de escassilho e escacilho. Existe
ainda o provincianismo escago, que se explica por “adubo para as terras,
feito dos detritos ou resíduos da preparacio de mariscos”. Tratando-se,
como é lícito admitir, de mariscos triturados com a própria casca, lá temos
outra vez a ideia fundamental de QUASSARE.
No que toca ao modo de formacáo de escassilho, seria, em princípio,
legítimo considerar esta forma como derivando de escaco, aliás escasso, e
ver neste substantivo o lat. [Ex]QuAssus. Acontece, porém, que o subs-
tantivo QUASSUS se encontra mal atestado (cf. o Dicionário de Ernout-
Meillet), e que ¡só existem formas románicas que parecem filiar-se no par-
ticípio perfeito respectivo, homónimo. É verdade que este se poderia ter
novamente substantivado, mas mesmo assim preferiríamos admitir a exis-
téncia antiga de um verbo portugués *escassar —-que porventura se usa ainda
hoje regionalmente, sem ter sido recolhido—, o qual teria dado origem a
escago e escassilho. Esta última formacío entraría, com efeito, num grupo
de outras palavras, derivadas segundo o mesmo processo, ou seja, p. eX.,
atilho (de atar), escardilho (de escardar), cercilho (de cercear), estor-
vilho (de estorvar), empecilho (de empecer), etc. Todas estas palavras
sáo, como se vé, tiradas de temas verbais (contrariamente ao uso latino, que
admitia o sufixo -ICULU apenas em palavras radicais que fossem substan-
tivos), sendo a funcáo do sufixo a de indicar o resultado da acgáo expressa
pelo verbo, ou um instrumento que serve para a realizar. Assim, atilho pode
designar um conjunto de coisas atadas, ou um fio que serve para este efeito.
(1) Adolfo Coelho aproximou-se bastante da boa etimologia, admi-
tindo a base QUASSARE, a qual, porém, náo dá conta do - ch - de escachar
que se explica normalmente como representando o grupo latino - ssi -,
(2 Náo existe o menor motivo que justifique uma origem espanhola
deste verbo, admitida por Meyer-Liibke,
234 J. M. PiEL
No caso de escassilho, a ideia nova trazida pelo sufixo seria, naturalmente,
resultativa. :
A genealogía das palavras que acabam de ocupar-nos apresentar-se-la,
pois, sob o aspecto seguinte: 1” EXQUASSARE > “escassar; 2? + -ilho :
escassilho; 3* posverbal: escago.
3,7 espenda
A palavra espenda designa a “parte da sela, em que assenta a coxa”,
significagio que C. de Figueiredo abona através de um passo dos ““Sertóes”,
de Euclides da Cunha: “O coronel... perdeu o cavalo que montava, atra-
vessado por uma bala junto á espenda da sela”. Ao que parece, o emprego
deste termo técnico limita-se, hoje, ao Brasil, tratando-se, porém, de um
vocábulo antigo portugués, que Morais já extraíra da Crónica do Condes-
tabre. O trecho, a que se refere, deve ser o que figura a pág. 153 da
edicio de Mendes dos Remédios (Coimbra, 191 1), onde se lé *.. e de
torre foy lancado huíí canto ...e lhe quebrou e esparapou toda húa es-
penda da seela de hia mula em que hya”. A este exemplo podemos acres-
centar mais dois, tirados do “Livro da ensinanga de cavalgar”, de D.
Duarte: “E as spendas da sella ... sejam laaes que se nom aballem per
de so as pernas”, e, mais abaixo: “E vejo agora cuslumar em estas sellas
de Bravante langar as correas de cada strebeira per cuma das spendas...”.
(cf. pág. 32 da nossa edigáo de 1944). Numa obra congénere, mas muito
posterior, o “Iratado da cavallaria da gineta””, de Francisco Pinto Fa-
uneco (1670), ocorre, a pág. 138, a variante espendoa, a qual, em tace
das trés abonacóes antigas e da moderna de espenda, náo merece autori-
dade suficiente para tornar verosímil a etimología EX-PENDULARE, que
sugerimos numa nota aos dois passos citados do tratado de D. Duarte. Em
espéndoa parece ter havido uma adaptacáo a vocábulos em -éndoa e -ádoa,
como p. ex. améndoa e espádoa.
Náo é seno muito natural, que C. de Figueiredo pensasse em expli-
car espenda por pender, e nada obsta, teóricamente, que se interprete aquela
forma como regressiva desta. Todavia, existe um aspecto do problema, que
náo favorece este modo de ver. É que os continuadores románicos do lat.
EX-PENDERE náo querem dizer o mesmo que o simples PENDERE, signifi-
cando o ant. esp. espender, cat. espendir e ital. spendere: “gastar, des-
pender, pagar” (como já sucedia com o seu protótipo latino), e náo “estar
pendurado”. Acresce que, sendo concebível que se designasse como *'coisa
pendente” aos loros ou estribos, náo o é tanto no que respeita aos prolon-
Aponlamentos de etimologia portuguesa 235
gamentos laterais da sela, as chamadas abas (fr. quart, alem. Blait), que
constituem parte integrante desta.
Estes senóes levam-nos a admitir outra origem de espenda, a qual
estamos inclinados a buscar em EX-PANDERE “expandir”. Se esta forma
portuguesa do verbo latino tem todo o aspecto de constituir uma voz erudita,
náo quer isto dizer que náo existisse antigamente um descendente legítimo
de EXPANDERE, ou seja *espander, *espandir, que se reflectiria no ant. es-
pandudo “estendido', e espandidura '“espaco, extensáo de alguma coisa
ou lugar”, formas que figuram, infelizmente sem abonaráo, no “Elucidá-
rio”” de Viterbo, e que Figueiredo acolheu no seu dicionário, mudando-Ihes
indevidamente a grafia com es- para ex-, como se se tratasse de neologis-
mos. Note-se que a idela expressa por EXPANDERE condiz óptimamente
com a feicáo das chamadas abas da sela, que vém a ser uma espécie de
prolongamento, de ““expansáo” desta.
A impressáo que se colhe do que acabámos de expor é, pois, que
spenda está por um primitivo *espanda, posverbal de *espander, -ir, o qual
teria adoptado a forma actual sob a accáo de pender devido a ter caído em
desuso o verbo que lhe dera origem.
4. - rapacona
mí
No glossário da linguagem dos pescadores de Vila do Conde, publi-
cado no vol, 11 da “Revista Portuguesa de Filologia” (2, vem averbado o
termo rapacona, nome da estrela do mar (Astereas Rubens). Esta estranha
denominacáo apresenta-se, á primelra vista, como pertencendo aos nomes
compostos do conhecido tipo fura-bolos, finca-pé, mata-mouros, etc. Esta-
mos sem dúvida em presenga da mesma voz que o francés médio arrapecon
(1556), mod. raspecon, que se usa nas costas da Provenca em relacáo a
um peixe, achatado e pesado, cujo nome científico é uranoscopus scaber, e que
vive escondido na areia, deixando livres apenas a boca e os olhos. A origem
do escabroso vocábulo já foi explicada pelo dicionarista Oudin, que a este
respeito escreve: quod! caput ob asperitatem, ad scalpenda muliebria pudenda
accomodari possit (?, o que náo deixa de ser explícito. Sem querermos entrar
em pormenores, observaremos que a citada palavra portuguesa testemunha
(1D) Maria Teresa de M. Lino Neto, 4 linguagem dos pescadores e
lavradores do concelho de Vila do Conde, in Revista Portuguesa de Filolo-
gia, vols. 1-11.
(22 Transcrito do Franzósisches Etymologisches Wórterbuch, de W.
son Wartburg, artigo cunnus.
236 J. M. PieL
de antigas prácticas lúbricas da mesma natureza, o mesmo sucedendo com
o termo minhoto rapaconichos, nome que em Arcos de Valdevez se dá a
bombix processionaria, o bicho da seda; Rev. Lus. XXV, 197.
5:74 tinca de
Esta locucáo preposicional, usada, segundo C. de Figueiredo, no
Minho, equivale a ““náo obstante, apesar de”. Embora a sua etimologia náo
tenha ainda tentado nenhum dicionarista, afigura-se-nos bastante transpa-
rente, Pensamos no verbo *TENTIARE “brigar, disputar” cf. REW?* 8652,
que está na base do ant. fr. tencier, mod. tancer, prov. tensar, sendo deri-
vado de TENTIO, -ONE, que certas glossas traduzem por táctc, quer dizer
“tensíáo”'. De TENTIONE procede o port. tengáo “contenda, briga” %, e
desta forma a derivagío tencociro '“que anda desavindo com alguém; tei-
moso, pertinaz”. Se as aparéncias náo iludem, a forma minhota tinca esta-
ria por tenga (representando o -¡- um - e - primitivo que muito se fechou
sob a accíáo do - n- seguinte), substantivo regressivo de um verbo *tencar
(ou *tencoar), que infelizmente náo estamos em condicáo de abonar, mas
cuja existéncia náo deixa de ser verosímil em face do ant. entengar “entrar
em discussáo; iniciar uma tengáo” (Cancion. Vatic. 14, 868, 914 e 966)
e entenca “discussio”, “briga”” (ibid. 998), em espanhol entencia, entenza.
A forma entengom é muito frequente, na antiga lírica portuguesa, no sen-
tido do prov. tensó, tenzon. O postulado termo tenga náo teria, evidente-
mente, nada que ver com o seu homónimo, que significa “pensáo com que
se remuneravam servicos; ant. acto de ter”, que é um abstracto tirado de
ter — TENERE. Escusado será insistir no aspecto semántico da etimología
preconizada, porguanto a locucáo a finca de significaria, á letra, “em
tencáo, em antagonismo com'”, o que náo deixa de condizer de modo fla-
grante com a definigáo dada acima.
J. M. PieEL
Universidade de Coimbra
(M1 O Elucidário de Viterbo transcreve uma disposigáo legal de D.
Afonso IV, segundo a qual “qualquer que levantar volta, ou tencom per
quelquer maneira em Concelho, ou per ante as Justigas, ou contra ellas:
que as Justigas o matem porém...'”. É sabido que o ant. volta (de voL-
VITA) queria dizer “desordem, tumulto”.
Também a acepcáo jurídica de tengáo: “parecer escrito e fundamen-
tado dos juizes de segunda instáncia, no julgamento de algumas causas”,
entraria nesta ordem de ideias.
RESEÑAS
Bibliographie Internationale des Arts et Traditions Populaires - Internalio-
nal Folklore Bibliography - Volkskundliche Bibliographie. Volume
publié avec le concours de PUNESCO. Années 1939-1941. Ré-
dacteur: Paul Geiger. CIAP (Commission Internationale des Arts et
Traditions Populaires), 1949, XXVI - 273 págs.
La presente bibliografía continúa la bien conocida Volkskundliche Bi-
bliographie que por encargo de las sociedades alemanas de folklore había
sido fundada en 1917 por John Meier y E. Hoffman-Krayer y con toda
regularidad se publicó desde aquella fecha hasta la guerra. El último tomo
de esta magnífica serie, que constituyó durante decenios una fuente de in-
formación bibliográfica indispensable a todos los folkloristas del mundo, es
el dedicado a la producción folklorística de 1935-1936, editado en 1941.
La bibliografía de los años 1937-1938 será publicada bajo los auspicios
del Prof. John Meier, veterano del folklore alemán quien terminará así
después de tanto tiempo la labor abnegada y triunfal de poner en conoci-
miento de los folkloristas el material bibliográfico de su especialidad.
En cuanto a la forma de redacción, la nueva “Bibliografía Internacio-
nal” adopta el sistema ya experimentado en los tomos anteriores. La re-
dacta “bajo la dirección y responsabilidad de la CIAP” (según se dice
en el Prefacio), el Dr. Paul Geiger quien durante muchos años ha sido
el redactor-jefe de la Volkskundliche Bibliographie. Nadie como él está
mejor preparado y será más eficiente para cumplir con las tareas biblio-
gráficas de la nueva organización de postguerra. Sólo ha cambiado de nom-
bre la publicación y es una innovación el empleo de dos idiomas distin-
tos, el inglés para indicar las rúbricas y el francés para las sub-rúbricas
en los capítulos, sistema extraño que inútilmente lesiona la uniformidad de
la obra.
Son 3183 las obras incluídas en la presente bibliografía. Ese número
revela la ingente producción folklorística en el transcurso de la guerra y
honra la obra del redactor y sus colaboradores.
Por importante y expresivo que sea tal resultado y el gran valor que
tiene para los cultores del folklore, hay que observar que no corresponde
238 Reseñas
exactamente a la afluencia bibliográfica de 1939-1941. Parece que la es-
tructura de la nueva entidad y la urgencia de presentar al público la biblio-
grafía que exigían los folkloristas han perturbado aquella escrupulosidad
científica a la que se habían acostumbrado los lectores de la Volkskund-
liche Bibliographie y que podría ser también la norma del sucesor. No in-
sistimos en el hecho de que en la presente Bibliografía las indicaciones de
reseñas, además de ser sumamente escasas, no parecen obedecer a un cri-
terio determinado. Lamentamos, en cambio, la inexactitud (omisión del
número de páginas) que se observa en la cita de ciertos artículos de re-
vistas, como por ejemplo, en los números 1202, 1203, 1523, 2176, y de
las obras citadas en el número 604, 642, 1315, etc. Limitando nuestras
observaciones a la parte románica y sin aspirar a una enumeración exhaus-
tiva haremos constar además la falta de numerosos trabajos que según
nuestro parecer no merecen ser excluídos,
El redactor de la sección portuguesa no ha registrado sistemáticamente
los valiosos estudios aparecidos en los dos magníficos tomos del Congresso
Nacional de Ciéncias da Populagáo en Lisboa, 1940. Tampoco aparece
la revista Agoreana tan rica en contribuciones folklóricas (estudios del Dr.
Silva Ribeiro, etc.) ; faltan también trabajos tan importantes como el de
Orlando Ribeiro sobre el Pastorcio na Serra da Estréla (Universidade de
Lisboa, Revista da Faculdade de Letras VIL, 1940/41, págs. 213-303),
los artículos del mismo autor sobre Povoamento rural e regime agrários
no Sudeste da Beira (en la misma revista VI, 1939, págs. 281-296) y
Brandas e inverneiras em Castro Laboreiro (ib. 297-302) ; la obra de Alfr.
Fernandes Martins, O esfórco do homem na Bacia do Mondego. Coimbra
1940, f, 299 págs. (reseña en VKR XIV, 134-135); el interesante
Boletim da Junta de Provincia do Ribatejo 1, 1937/40, 879 págs. y
numerosos grabados (reseña en VKR XV, 357-358); el Lioro do Pri-
meiro Congresso Agoreano. Lisboa 1940, f”, 723 págs. riquísimo en apor-
tes folklóricos (entre otros el artículo tan instructivo del Dr. L. da Silva
Ribeiro sobre Os estudos etnográficos nos Acóres, págs. 178-181: biblio-
grafía completa), etc.
En la sección española extrañamos (entre otras cosas) que no se
mencionen publicaciones tan importantes como las de C. H. Vogeler,
Spanisches Volkstum nach álteren Reisebeschreibungen 1760-1860. Ham-
burg 1941, 228 págs.; el Tresor de la Llengua, de les tradicions i de la
cultura popular de Catalunya de Mossen Griera; Fl. Lewis May, Hispanic
Lace and Lace Making. New York, 1939, 417 págs. y 432 grabados;
R. Matilde Anderson, Gallegan Provinces of Spain: Pontevedra and la
Coruña. New York 1939, XVII —496 págs. y 682 grabados (reseña
Reseñas 239
VKR XIV, 131-132); además F. Kriiger, Die Hochpyrenáen C. Il.
Hamburg 1939, 500 págs., 19 grabados, 68 fotografías.
En cuanto a Francia el lector encontrará una bibliografía extensa en
los suplementos bibliográficos que recientemente intercaló el Sr, A. Van
Gennep en los últimos tomos de su Manuel de Folklore frangais contempo-
rain. Nos limitamos pues a destacar algunas lagunas: A. Dauzat, Le village
el le paysan en France; el estudio fundamental de Coirault sobre la can-
ción popular; la obra de Giafferri sobre la indumentaria popular; el Album
que ilustra el magistral trabajo del Sr. J. Robert sobre La maison rurale
permanente dans les Alpes frangaises du Nord. Tours 1939 (véase la re-
seña extensa publicada en VKR XIV, 313-319); la obra de L. Papy,
La cóte atlantique de la Loire á la Gironde. Bordeaux, s.a. (1941); T.
Burnand et J. Oberthur, Toute la Camargue. 2 vol. Paris 1939; etc.
Opinamos que en los tomos posteriores debería prestarse cierta aten-
ción a publicaciones referentes a la geografía humana y regional puesto que
tales trabajos no .rara vez encierran materiales importantísimos para el
folklorista. Esto vale, por ejemplo, para el libro de G. Chabot, La Bour-
gogne. Paris, Colin, 1941, según puede desprenderse de la reseña publi-
cada en VKR XV, 334-335, la magnífica obra de L. Papy ya citada
arriba y el interesante estudio de J. Schmitthiisen sobre Das Luxemburger
Land. Leipzig, 1940, 431 págs., no citados en la Bibliografía. Compá-
rese también W. Hartke, Die ncueren Strómungen in der regionalen Geo-
graphie Frankreichs. Sammelreferat. Zeitschrift fúr Erdkunde 1X, 1939,
1-13, artículo que también falta en la Bibliografía.
Merecen mención además la obra de B. Huppertz, [Ráume und
Schichten báuerlicher Kulturformen in Deutschland. Bonn 1939, LV pá-
ginas de bibliografía (1), 315 págs. de texto, 21 mapas ilustrativos;
Br. Schier, Mom Aufbau der deutschen Volkskultur. Zeitschrift fiir deut-
sche Geisteswissenschaft II, 1939, págs. 332-348 y otros trabajos de
este gran folklorista; F. Steinbach y F. Petri, Zur Grundlegung der eu-
ropáischen Einmheit durch die Franken. Leipzig 1939, 64 págs.; Hugo
Bernatzik, Die Grosse Vólkerkunde. 1: Europa-Afrika. etc. Leipzig
1939 y bibliografía contenida en el tomo II de esta obra; J. Nadler,
Das stammhafte Cefige des deutschen Volkes. 4* ed. Miinchen 1941,
247 págs., etc.; además tesis doctorales tales como E. Knapp, Volks-
kundliches in romanischen Wetterregeln. Tiibingen 1939; K. Harms, Per-
sonifizierungen im siidfranzósischen Sprachgebrauch. Ein Beitrag zur
volkstiimlichen Namengebung. Hamburg 1939; hablando de estudios
filológicos se nos ocurre también la obra de W. v. Wartburg, Die Ents-
ichung der romanischen Vólker. Halle 1939 y la de B. E. Vidos, Storia
240 Reseñas
delle parole marinaresche italiane passate in francese. Firenze 1939, obras
fundamentales que rebasan los límites de su especialidad.
Citaremos por fin dos revistas que (además de otras) han escapa-
do a la atención de la CIAP y que sin embargo presentan un material
riquísimo tanto en sus artículos doctrinales como con respecto a la infor-
mación bibliográfica: Deutsches Archiv fur Landes- und Volksforschung,
Leipzig, y Volkstum und Kultur der Romanen, Hamburgo.
Los países dispanoamericanos casi no están representados en la Bi-
bliografía —buscaremos en vano los nombres de investigadores tan desta-
cados como J. Alf. Carrizo, Ismael Moya, etc.—; este hecho es tanto
más lamentable cuanto que están muy bien conocidos los progresos que
Centro y Sudamérica han obtenido en el campo del folklore durante estos
últimos años,
F. KRÚUCER
Wolfgang Kayser, Das sprachliche Kunstwerk. Eine Einfihrung in die
Literaturwissenschaft (La obra de arte lingiúística. Introducción a la
ciencia literaria). Editorial A. Francke A. G., Berna, 1948. 438 págs.
Con el presente libro, el autor se ha propuesto introducir, conforme
a sus propias palabras expresadas en el prefacio, en los métodos con los
cuales se interpreta en todos sus aspectos una obra literaria. Con ello, se
vislumbra, desde buen principio, el carácter eminentemente didáctico que
prevalece en este extenso y enjundioso ensayo que concita la atención de
todos los que estudian y enseñan la literatura a fin de capacitarse a sí
mismos o a otros para una interpretación crítica de las manifestaciones
literarias. Es una “introducción”, que procura los elementos básicos que
componen la literatura, y por consiguiente, la manera de exponer del au-
tor resulta necesaria y muy especialmente en la primera parte del libro,
un tanto “académica”. Pero por otra parte, esta exposición comprueba
elocuentemente la necesidad de concentrarse sobre los elementos forma-
les y concretos del lenguaje poético, para poder llegar así a una visión
más profunda, exenta de todo rodeo vago y subjetivista en la considera-
ción de los diferentes géneros que integran el mundo de la literatura. El
acento de la exposición del autor recae, pues, tal como lo sugiere el tí-
tulo, en el término “lingilístico”. El lenguaje, en el más amplio sentido
de la palabra y en todas sus manifestaciones expresivas desde el sonido
¡Reseñas _241
puro hasta la complejidad sintáctica, siempre constituye la base y el punto
de partida de las reflexiones que el autor se propuso desarrollar para evi-
denciar los problemas literarios y sus soluciones adecuadas.
La obra de arte lingiiística, en sus manifestaciones aisladas y en la
totalidad de sus componentes — y como veremos, no solamente idiomá-
ticos —, determinó pues, la formulación del título, al que corresponde en
un todo el claro y sugestivo desarrollo del contenido. A primera vista,
este título sugiere una analogía extrínseca e intrínseca entre los problemas
que Kayser estudia en su obra y los que expuso, hace 27 años, Emil Er-
matinger en su libro La obra de arte literaria: Das dichterische Kunst-
werk; Leipzig-Berlín, 1921. En efecto, ambos autores se ocupan de los
conceptos fundamentales del juicio literario. Ermatinger los puntualiza
hasta en el subtítulo de su libro — CGrundbegriffe der Urteilsbildung in
der Literaturgeschichte —, y Kayser denomina las dos grandes partes de
su obra Conceptos fundamentales del análisis y Conceptos fundamentales
de la síntesis, respectivamente. Pero desde la aparición del libro de Erma-
tinger, la ciencia de la literatura ha seguido su rumbo, y la diferencia
entre ambas obras estriba, precisamente, en los términos “literaria” y
“lingúúística”? que hacen patente la posición básica de los dos autores y
que manifiestan, en cierto grado, las dos principales direcciones metodo-
lógicas de la investigación literaria moderna: la ideológica y la morfoló-
gica. Dos años después de la publicación del citado libro de Ermatinger,
apareció Sustancia y forma en la obra artística del poeta, de O. Walzel,
y desde entonces, el método de Ermatinger, desarrollado p. ej. por Emil
Staiger, en sus Conceptos fundamentales de la poética, Grundbegriffe der
Poetik (Zurich, 1946) — véase mi reseña en Boletín Bibliográfico
1948, de la Sección Lengua y Literatura Alemanas del Instituto de Len-
guas y Literaturas Modernas, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza,
1948, págs. 120 ss.— se orientó cada vez más hacia una concepción
dinámica y ontológica de la literatura que desembocó, efectivamente, en
una Filosofía de la ciencia literaria (1930; primera edición castellana
en 1946, editada por Fondo de cultura económica. México) que, como
escribió su editor E, Ermatinger en el Prólogo (pág. WII), muy bien
“podría convertirse durante cierto tiempo en la metodología dominante,
si este tiempo mismo se sometiera a la influencia hegemónica de una con-
cepción filosófica del mundo”.
Frente a esta evolución de la historia de la literatura hacia una
ciencia eminentemente especulativa está el sinnúmero de autores que con-
sideran la literatura parte integrante de la lingilística y que interpretan su
estructura morfológica y estilística desde el punto de vista puramente for-
242 Reseñas
malista que excluye importantes aspectos artísticos y conceptuales de la
obra literaria. Los estudios estilísticos de algunos autores evidencian, en
parte, esta unilateralidad metódica, siempre y cuando no lleguen a una in-
terpretación profunda de las fuerzas dinámicas y la sustancia viva que
originan e integran el arte literario, porque se agotan en una enumeración
acumulativa de datos formales que no siempre son capaces de armoni-
zar con las deducciones que hacen en sus escritos. Pero también el len-
guaje poético es la vida, y parte integrante del modo de ser del hombre
y de su cultura. Y el hombre como creador y portador de la cultura da
expresión y forma a sus realidades conceptuales y anímicas en su litera-
tura. Estas realidades deben ser estudiadas e interpretadas, si se quiere
llegar a una comprensión integral de la obra artístico-lingiiística.
En el libro que nos ocupa, Kayser ha tomado en cuenta esta uni-
dad artístico-lingilística que integra la obra literaria; e igualmente com-
prendió claramente los problemas fundamentales que derivan de aquella
unidad entre espíritu y alma, por una parte, y lenguaje por la otra. Es-
tos problemas abarcan la interpretación y la crítica de los géneros lite-
rarios, la poesía, el drama, la epopeya, la novela corta y la novela. De
este modo, la exposición metódica del libro se funda en la progresiva es-
tructuración de los elementos lingilísticos y a] mismo tiempo, en la tri-
plicidad genérica del tema, lo lírico, lo épico y lo dramático. Celebra-
mos, en primer lugar, la constante consideración de las formas noveles-
cas en los diferentes capítulos del libro, que el autor distancia en cada
caso de su hermana mayor, la epopeya, contrariamente a Emil Staiger,
quien en su nueva obra Grundbegriffe der Poetik (véase arriba) ignoró
por completo la prosa novelesca y su autonomía formal y conceptual den-
tro de lo épico, como lo expuse en Boletín Bibliográfico 1948, o. c.,
págs. 123 s.
“Después de discutir cuestiones filológicas preliminares” — y sigo
aquí las palabras de Kayser (págs. 5 s.)— “la primera parte describe
los fenómenos elementales que se encuentran en las cuatro capas del con-
tenido”” —- argumento, motivo, motivo conductor, y fábula —, “del ver-
so” —desde los pies de versos hasta los fenómenos acústicos, con su
ritmo, melodía y articulación —, “del lenguaje” — sonido, palabra, fi-
guras retóricas, formas y períodos sintácticos— “y de la estructura”
(formal) de los géneros literarios. Es natural que estos problemas sólo
pueden ser presentados y solucionados a base de un abundante material,
de un contacto vivo e intenso con la literatura, que no se agota en las
fuentes literarias de un determinado círculo lingiiístico, sino que se ex-
tiende a las más importantes naciones europeas, en el sentido de la crea-
Reseñas 243
ción artístico-literaria. Esta perspectiva horizontal y vertical a la vez, que
incluye a las literaturas germánicas y romances y se interna también en
las grandes obras de la época clásica, es indispensable para una defini-
ción de los “conceptos fundamentales”? que llevan a una interpretación
exhaustiva de los fenómenos formales como expresiones de una subjeti-
vidad creadora. Un amplio panorama se abre así ante nosotros, que se
extiende desde Alemania e Inglaterra hasta Italia (la antigua y moder-
na), Francia, España, Portugal y los países ibero y angloamericanos,
un horizonte universal que constituye el plano adecuado a las leyes ge-
nerales que actúan en toda obra literaria; plano que también se conser-
va en la segunda parte del libro que sigue a este análisis de los elemen-
tos constitutivos del lenguaje y de la estructura genérica de la literatura,
y en que el autor estudia los Conceptos fundamentales de la síntesis, “li-
berando a los fenómenos básicos de su rigidez y aislamiento para refe-
rirlos a los núcleos sintéticos de la sustancia, el ritmo, el estilo y el gé-
nero”. Esto no quiere decir que el autor abandone, a través de los capí-
tulos de esta segunda parte, el método analítico. Siempre se remonta a
la obra literaria misma, al texto concreto y a sus componentes formales,
para hacer evidente su trabazón interna y para derivar de ella el centro
espiritual de la obra y la totalidad de los problemas y soluciones que con-
tiene. También «quí, Kayser sitúa la obra en el “centro de sus conside-
raciones”, sin que haya necesidad de acercarse a ella desde afuera, es
decir, desde la concepción del mundo del poeta o de una época (págs.
224 s.), o desde una perspectiva subjetiva del intérprete, quien siempre
trata de “descubrir” en ella su propio modo de ser y con ello, soluciones
que en realidad no expresan el objeto de su estudio,
También en esta segunda parte es enorme la plenitud de soluciones,
sugerencias, enseñanzas y planteamientos de problemas que presenta Kay-
ser en el curso de sus exposiciones. No podemos ocuparnos de ellos en
particular. Sólo mencionamos aquí brevemente el contenido de los cuatro
capítulos de esta segunda parte en los que se estudia la literatura en su
aspecto sustancial, como totalidad de problemas y soluciones que una obra
contiene, en las cualidades rítmicas de su poesía y de su prosa, en sus eXx-
presiones estilísticas como sustrato de la personalidad poética (Croce;
pág. 289), y (cap. X) en la diferenciación estructural de sus géneros.
Este último capítulo es importante porque en él el autor logra como
resultado de su estudio analítico anterior una visión sintética de la lite-
ratura, cuyas obras —como él mismo dice en otro capítulo (pág. 224) —
*se gestan en las profundidades y se desarrollan con el concurso de fuer-
zas a menudo inaccesibles para la conciencia del poeta”. El autor dis-
244 Reseñas
tingue claramente entre la lírica, la épica y el drama, como designaciones
genéricas, y lo lírico, lo épico y lo dramático, como categorías naturales
de la literatura (Goethe, Viétor) o, siguiendo el concepto de E. Staiger
(o. c.), como “denominaciones científico-literarias para posibilidades fun-
damentales de la existencia humana” (pág. 334; véase mi reseña en
Boletín Bibliográfico 1948, o. c., pág. 122). De acuerdo con este prin-
cipio el autor investiga las “actitudes” humanas dentro de estos géneros,
pero es característico, que las relaciona inmediatamente con las “formas
interiores” en que se traducen. Desde aquí, es decir, “desde la actitud y
la forma interior, la interpretación de la obra capta la función de todos
los demás fenómenos lingiiísticos tratados en los capítulos anteriores y
desde esta perspectiva, reconoce la actuación común de aquellos” (pág.
347).
Y con ello volvemos a lo que hemos señalado anteriormente: el re-
sultado más ponderable de las investigaciones de Kayser se cristaliza en
el hecho de que el autor logra conciliar las dos grandes corrientes de la
ciencia literaria de nuestros días que parecen oponerse irremisiblemente
en sus métodos y conceptos sobre la esencia de la obra literaria, la ideo-
lógica y la morfológica. La base de esta conciliación — lo repetimos —
no es otra que la obra misma, que lleva en su seno las fuerzas pondera-
bles e imponderables que trascienden hacia el lector e investigador. Pode-
mos caracterizar el método de Kayser como método arquitectónico. Ana-
liza la arquitectura, la estructura plástica exteriorizada en el lenguaje,
para descubrir los medios de composición determinados por las leyes ar-
tísticas de la obra y la intuición artística de su autor. El aspecto formal
es decisivo para la expresión artística. El poeta o escritor es artesano y
artista a la vez, y en este enlace sintético reside la medida para toda va-
loración literaria,
Partiendo de la obra artística misma, no en su situación cronoló-
gico-histórica, sino como realidad estructural, Kayser la interpreta y va-
loriza conforme a su carácter formal y sustancial. Y la armonía entre
sustancia y forma (Walzel, o. c.; R. Petsch, Gehalt und Form, Dort-
mund, 1925) es para Kayser el medio para penetrar en la esfera ínti-
ma de la obra literaria, para lograr una “perspectiva interior” que nos
conduce hasta su esencia, teoría que también en el campo de la inves-
tigación literaria manifiesta la orientación decididamente clásica que
se transparenta en nuestra cultura actual.
No es, por cierto, una casualidad, que Kayser exprese con ello los
conceptos y métodos seguidos por las ciencias literarias modernas. Los
trabajos del suizo Staiger y ante todo del germanista alemán R. Petsch
Reseñas 245
— Die lyrische Dichtkunst; Halle, 1939. Wesen und Formen der Er-
zúhlkunst; Halle, 1934; 2* ed., 1942. Wesen und Formen des Dramas;
Halle, 1945 — confirman ampliamente la teoría de Kayser, cuyas de-
rivaciones coinciden con los métodos modernos de investigación en la que
la “forma de composición” es la llave para penetrar en la “esencia ín-
tima” de una obra, como lo hizo resaltar R. Petsch en uno de sus últi-
mos estudios sobre El Paseo Pascual en el Fausto de Goethe, publicado
por esta universidad (en el tomo Goethe, Mendoza, 1949, págs. 101 ss.).
Destaquemos finalmente la excelente bibliografía con que termina el
libro de Kayser, ordenada según los títulos de los respectivos capítulos,
libro escrito con estricio criterio científico, del que se ha publicado tam-
bién una edición portuguesa: Fundamentos da interpretagáo e da análise
literária. Coimbra, Ed. Arménico Amado, 1948. 2 vols.
Con todo ello, la obra de arte lingúística de Kayser constituye el resul-
tado de una labor filológica e histórico literaria esmerada y erudita, que
tanto por su amplio material como por su profundo valor metódico es impres-
cindible para todo estudiante e investigador de las ciencias literarias.
A. DORNHEIM
Universidad Nacional de Cuyo.
Wilhelm Havers, Veuere Literatur zum Sprachtabu. Sitzungsberichte der
Akademie der Wissenschaften in Wien, Philos.-hist. Klasse, 223,
Band, 5. Abhandlung. 1946. 210 págs. 8*.
El presente trabajo del conocido profesor de Viena recoge una gran
cantidad de materiales sobre el tema del tabú lingúístico, conocido principal-
mente después del artículo de Meillet sobre la interdicción de palabras. Es-
critos ulteriores de Trost, Devoto, Bonfante, Oertel, Specht, Zelenin, han
aumentado mucho la recolección del material, y lo que Havers realiza es
una metódica clasificación del mismo. Se fija en los tabús motivados por la
superstición o la religión, dejando los mucho más triviales que resultan de
las convenciones y eufemismos sociales. Divide en dos grupos los temas es-
tudiados: en primer lugar, los objetos de tabú, en segundo, los procedimientos
de sustitución de los nombres tabuizados,
El material procede principalmente de lenguas indoeuropeas, con abun-
dantes referencias a las vecinas del ruso, tanto en el Cáucaso como en Asia
central y septentrional. También del mundo islámico se recogen referencias,
246 Reseñas
así como de las lenguas románicas, De estas últimas menos; sin duda, en
primer lugar, porque la más larga vida histórica de los pueblos que las
hablan los sitúa más lejos de las condiciones primitivas en que se da el tabú
lingúístico, si bien hay que añadir como otro motivo de abandono en la ex-
posición que nos ocupa el que en general los romanistas no han atendido
mucho, que yo sepa, al tema.
Nos permitiremos, pues, alguna nota complementaria.
Si bien, a primera vista, la interdicción del nombre del cerdo en la Pe-
nínsula hispánica podría obedecer a razones de eufemismo social, es posible
que en la variabilidad de los nombres y las perífrasis con que se designa
este animal influyan motivos de tabú supersticioso. Bien sabido es que el
cerdo es animal inmundo para los semitas desde antiguo (recuérdese el
pasaje de San Lucas 8,32 s. en que los espíritus del endemoniado se alojan
en una piara de puercos). La pérdida parcial del lat. porcus en la Penín-
sula, a beneficio de otras denominaciones, en primer lugar el indígena cerdo
(REWY 9616 b), que ha de comprarse con vasco zerri, urde, surde, que
también significa 'cerda', con el doble valor de porca y de saeta, como
en español, y luego otras denominaciones más o menos onomatopéyicas, y la
aparición del apelativo marrano (REW 5721 c), tomado de la lengua
religiosa de los árabes y aplicado a los judíos conversos que volvían a rene-
gar del cristianismo más o menos en secreto, entran sin duda dentro de los
hechos estudiados por Havers. En ciertas regiones (me consta de la pro-
vincia de Burgos) se designa a este animal con la perífrasis uno de la vista
baja; y acompañar su mención de una frase eufemística, aún hoy de uso
general, está bien claro en el Quijote 1 2 donde se habla de una “manada
de puercos (que sin perdón así se llaman)”. Posiblemente la sustitución
de cerdo por chancho en América obedezca a los mismos motivos. El tema,
quizá relacionándolo también con el cochino que acompaña en las repre-
sentaciones populares a la imagen de San Antón, merecería ser considerado
en relación con la doctrina del tabú lingúístico. Mi colega el Prof. F.
Maldonado, salmantino, sostenía medio humorísticamente que el cerdo era
animal sagrado en la meseta del Duero, como prueban los verracos de
piedra que existen en Ávila, Salamanca, etc. y que la matanza en los
campos y aldeas de la región perdura con rasgos en cierto modo rituales.
Quizá encaja en el capítulo de la denominación de un animal median-
te una voz extranjera el que en vasco el oso lleve un nombre celta,
(h)ariz (cf. Pedersen, Vergl. kelt. Gramm. 11, 134; Tovar, Bol. de lá
R. Soc. Vascongada 1, 1945, pág. 33), y a lo mismo obedecería el hecho
señalado por Unamuno (cit. por Hiibner en los Monumenta Linguae Ibe-
ricae) de que los pastores de Asturias llamen a la zorra (con una transfe-
Reseñas 247
rencia de sentido explicable) garcía (nombre hispánico que se relaciona con
el vasco (h)artz).
Al mismo orden de resto de sustrato que cerdo, corresponde la palabra
zorra, que no ha sido desplazada por descendientes del lat. uulpecula. Y
no otro es el caso del nombre, en tantas lenguas rodeado de tabús, de
izquierda en las lenguas peninsulares, sin que quepa pensar en un simple
préstamo vasco, como Havers, pág. 131, propone.
Un buen ejemplo de palabra para designar deformidad corporal con
el matiz indicado por Havers, pág. 96 s. es el esp. joroba, tal como ha sido
explicado, concluyentemente del árabe hadúbba, por J. Corominas y R.
Levy en estos mismos Anales 1, pág. 142 ss. y II, pág. 155 ss., respectiva-
mente.
La inversión que observamos en gr. opáño | p4oyavoy habría que
pensar en relacionarla con las observadas (Havers pág. 120 ss.) en casos
como toc. kántu lengua” por *tánku (=lat. dingua, ingl. tongue, etc.), ai-
vamri ' hormiga” con metátesis de mr por rm que tenemos en gr. Bucal,
Bórpal (Hesiquio, la grafía 8 representa F), y añadamos también en
valmika (v. Schwyzer, Griech. Gramm. 1, 257). Así estaríamos en ca-
mino de explicar la comparación que G. Marcy, Les inscriptions libyques
bilingues. Cahiers de la Société Asiatique, París 1936, ha propuesto de
ambas voces griegas con la raíz camítica fsk, que significa “sacrificar”. Que-
dan desde luego detalles que explicar, pero limitémonos hoy a apuntar
esta vía, recordando además que Havers, pág. 181 n. 4 indica el carácter
tabú del plurale tanium opxyal.
En la obra de Havers habría que corregir en la pág. 52 n. 1 (y en
el índice de voces) que corvo, chifre, veado son palabras portuguesas y no
españolas, El tabú de la palabra cuerno obedece a otros motivos que el de
superstición (recuérdese por ejemplo Quevedo Buscón 1, 11). Y en cuanto
a venado por ciervo o gamo, no creo que sea del todo (a pesar de D* Ca-
rolina Michaélis) una sustitución de tipo interdictivo, sino más bien un
paralelo de pescado por pez, muy corriente en español. hasta el punto de
que pez ha desaparecido en muchas regiones de la lengua hablada. ¿No
habrá aquí una expresión optativa del tipo (Havers, pág. 144) ár. lait
“león”, con la significación primaria de “ojalá” que no esté aquíl” o de la
perífrasis rusa tot skamenio bi “el que sea petrificado” para indicar al dia-
blo? ¿O una expresión conforme al deseo de la fantasía (Havers 136),
que hace designar en árabe a la caravana, aun en el momento de la partida,
con la perífrasis de la que vuelve”?
La lectura de este trabajo de Havers, en, el que se acumulan datos y
sugerencias abundantísimos y bien clasificados, es muy recomendable para
PE
A
248 Reseñas
romanistas (1), y especialmente hispanistas, que encontrarían muchos más
ejemplos que los aquí aducidos.
A, Tovar
Universidad de Salamanca.
Gerhard Rohlfs, Romanische Philologic. 1. Teil: Allgemeine Romanis-
tik. Franzósische und Provenzalische Philologie. Heildelberg, C.
Winter, 1950. VII - 207 págs.
El presente opúsculo del conocido romanista de Munich, que forma
parte de una serie de Manuales publicados por la casa editorial Winter de
Heidelberg —' “Winters Studienfiihrer”—, tiene por objeto brindar a los
estudiosos una orientación general sobre los métodos y fines de la filología
románica, delimitar sus límites y proporcionar a los lectores una idea de las
múltiples tareas que le incumben. Es pues una finalidad científica y práctica
a la vez —facilitar al estudioso informes y directivas— la que preside en
Ja publicación de ese manual. Entendemos que el Sr. Rohlfs ha cumplido
esa doble tarea con el arte pedagógico que le es propio y con el sentido
crítico y la claridad que caracterizan todas sus investigaciones anteriores.
Considerando el objeto de la colección de “Studienfiihrer”” el manual del
Sr. Rohlfs nos parece pues perfecto, tanto en lo que se refiere a la dispo-
sición tipográfica como a su contenido. Va a prestar grandes servicios no
sólo a estudiantes alemanes (a quienes se dirige en primer lugar), sino
también a la enseñanza de la filología románica en otros países.
Según lo indica el título, el manual comprende las partes siguientes:
romanística en general (págs. 6-42: historia de la filología románica,
bibliografía general, el latín vulgar, lingijística romance, historia de las li-
teraturas románicas, folklore), filología francesa (págs. 43-183: genera-
lidades, lingilística, folklore, métrica, literatura) y filología provenzal (págs.
184-197: época medieval, felibrige). Observaciones preliminares y exten-
sos comentarios críticos de las publicaciones citadas en la bibliografía per-
miten a] lector formarse una idea exacta del objeto y de las tareas de la
filología romance, del estado actual de las investigaciones y del carácter
y valor científico de las obras citadas.
En cuanto a la selección de los datos bibliográficos el autor ha segui-
(0 El Instituto de Lingúlística prepara una edición castellana del im-
portante libro del lingiiista de Viena.
Reseñas 249
do el criterio siguiente: ““Parecíame conveniente desde el punto de vista
pedagógico dar preferencia a publicaciones buenas y recomendables en
lugar de citar libros o artículos anticuados o ya inútiles”. Claro que en el
manejo de un material bibliográfico tan abundante y variado como el pre-
sente, a veces debe decidir el punto de vista subjetivo. Yo, por mi parte,
recomiendo admitir en la segunda edición del manual los títulos de los
libros siguientes: H. Peyre, Qu'est-ce que le classicisme francais? Paris
1942, 223 págs. (con bibliografía detallada). - L. Reynaud, L'áme alle-
mande. Paris 1933, 283 págs. (libro que cuadraría perfectamente entre los
citados en las págs. 46 y sigs. por su carácter comparativo). - M. Gram-
mont, Petit trailé de versification francaise. Paris 1908, 142 págs. - M.
Roustan, Textes frangais commentés et expliqués y otros manuales del mismo
autor. - F. Brunot, La pensée el la langue. Paris 1926. - J. Brunhes,
Céographic humaine de la France. Paris, 2 tomos (obra fundamental que
no figura tampoco en la bibliografía de Brummer) y otras obras geográfi-
cas —como las de Maurette, Toule la France; Cholley-Clozier-Dresch,
La France. Métropole' et Colonies. Paris, J. B. Bailliére, s. a.; O. Maull,
Frankreich, id., Frankreichs Uberseereich (Sammlung Goeschen), M. Hiirli-
mann (en la colección Orbis Terrarum), E. Scheu (en Handbuch der
geographischen Wissenschaften)— que seguramente encontrarán el interés
de los estudiosos de la filología francesa y que valen bastante más que el
libro de Saillens citado en la pág. 45. Lo mismo vale para R. von Ungern-
Sternberg, Frankreich, Lebensraum und Wesen. Berlin 1937, 132 págs.,
etcétera.
No concuerdo absolutamente con el juicio emitido sobre Neufranzó-
sische Syntax de J. Haas al que el Sr. Rohlfs reprocha una terminología
caprichosa (págs. 75-76) y menos aun con las observaciones que hace
sobre la magnífica obra Le vers francais de M. Grammont (pág. 97).
F. KrUcER
Carlo Battisti, Avviamento allo studio del latino volgare. Collana di
Grammatiche storiche neolatine dir. da C. Battisti. 1, Bari, Leonar-
do da Vinci - Editrice, 1949. Lire 1200.
En los decenios transcurridos desde la publicación de la “Introduc-
ción” de Meyer-Liibke y de Grandgent, el estudio del latín vulgar ha pro-
gresado tanto que se esperaba con impaciencia en el mundo romanístico
una nueva exposición genera] y una valoración de los resultados obtenidos.
250 Reseñas
Una de las características del '“Avviamento” de Battisti es que, de acuerdo
con los conceptos lingilísticos modernos, da una idea de la evolución de la
lengua, empezando por el latín arcaico para pasar por la acción recíproca
entre lengua literaria y vulgar y llegar hasta la diferenciación de los distin-
tos idiomas neolatinos. En esta perspectiva de transformación continua están
incluídos los efectos y las infiltraciones, no sólo de las otras lenguas itálicas
sino también de los substratos griego, gálico, germánico, etc. De aquí que
la lectura de este libro, excelentemente documentado, sea especialmente reco-
mendada a los estudiosos de lingilística neolatina.
En los capítulos de introducción sobre “Lingua letteraria e lingua par-
lata”? y “Osservazioni generali sul latino volgare”” se hace evidente no sólo
la excelente orientación dada por el autor sino también la dificultad de una
definición coherente del tema. “Data l'estrema mutabilita del latino, che
non fu mai una lingua strettamente unitaria nemmeno nell'etá clasica, €
evidente che il concetto di latino volgare sfumi in alto verso la lingua lette-
raria, inceppata e lenta nei suo movimenti evolutivi per i freni imposti dalla
tradizioni e dai grammatici e tesa nello sforzo cosciente di allontanarsi
dall'uso comune, cercando una rigenerazione della prosa nel ritorno al pri-
mitivo e cedendo per l'imperversante retorica a stili artifiziosi; in basso,
verso forme decisamente dialettali e magari verso il gergo”. Pero en un
sentido convencional el latín vulgar se puede encerrar en el “periodo che
va all'incirca da] 200 a. C. al 600 d. C.”. La comparación entre el latín
vulgar del Appendix Probi y del glosario de Reichenau permite entrever
una evolución acelerada en los dos últimos siglos del período antes citado.
La exposición de Battisti sigue las categorías habituales de la gra-
mática histórica: fonética (acento, vocalismo, consonantismo), declinación,
el verbo y su flexión, rozando apenas las innovaciones sintácticas. En parti-
cular, séame permitido hacer algunas observaciones.
En lo que se refiere a la naturaleza del acento latino: “Non s'intende
qui prender posizione sul preteso accento musicale del latino che si deduce
senza motivi realmente convincenti da] noto passo varroniano citato da Sergio,
de accentibus IV, págs. 525, 18... Basta rilevare che giá all'inizio del
periodo imperiale la forma intensiva dell'accento prevale sull'accento musi-
cale che, comunque, passa in secondo ordine” (pág. 91). El hecho de
que el latín hablado, en el curso de su evolución, haya abandonado el
acento de intensidad de la sílaba inicial desplazándolo a la sílaba acen-
tuada, según las reglas clásicas (punto de partida de la evolución neolati-
na), es un signo evidente de la acción recíproca de dos clases lingiiísticas
distintas, es decir, de estratos rítmicamente diversos. El acento del latín
literario y culto (la ley de las dos sílabas) y la métrica clásica fueron
Reseñas 251
ciertamente determinados por modelos griegos de entonación esencialmente
musical: el ritmo cuantitativo era incompatible con un acento preponderan-
temente intensivo. El acento de intensidad del latín vulgar sin embargo, se
pudo mantener en su lugar en muchas palabras proparoxítonas. Esto vale
particularmente para muchos topónimos de origen no latino acentuados en
forma contraria a las leyes clásicas, como por ejemplo: Pésaro < Pisaurum,
Ótranto, Táranto, Lépanto, Lévanto (cit. por Battisti en pág. 92) así
como también para topónimos de origen gálico (cf. mi contribución a] Ho-
menaje F. Kriiger, “Akzent und Synkope in der Galloromania”). Este
hecho revela el influjo de diversos substratos que reforzaron el originario
acento de intensidad nunca completamente abandonado por el latín vulgar
(cf. Battisti pág. 91), con lo que se relaciona también la cuestión de la
síncopa en el latín vulgar.
Con el acento esencialmente intensivo en la sílaba inicial el ritmo debe
haber sido descendente produciendo el debilitamiento de la sílaba final y
la preponderancia de la sílaba media en proparoxítonos, como se puede
observar en idiomas germánicos, y también en ciertos dialectos italianos
septentrionales y franceses del noreste. De aquí que la síncopa de una
vocal media debe ser considerada como el resultado del acuerdo entre un
acento de intensidad descendente y uno fluctuante (preferentemente musi-
cal, con un acento secundario en la sílaba final), como he tratado de de-
mostrar en el artículo citado. Que los casos de síncopa del latín vulgar se
deben a la acción recíproca entre el latín clásico ('correcto””) y el latín
inculto se hace evidente por las oposiciones del Appendix Probi, las cuales
corresponden al tiempo lento y al rápido del discurso. Así se explica tam-
bién la falta de síncopa en el latín vulgar. Aún en el caso del sufijo «ulus
no se trata de un cruce entre dos sufijos (por ej. oc - ulus y spec - lum
de donde también oclus) como propone E. Richter (Beitr. $ 6), el Ap-
pendix Probi prescribiendo “tabula non tabla” etc. Los ejemplos de esta
clase como también parabula > *parabla, de donde, con metátesis posterior,
esp. palabra, fabula > *fabla > *flaba > it. fiaba, pertenecen a una fase
anterior, mientras que las formas clásicas restauradas tabula, parabula, fabula
terminaron posteriormente en taula > it. tola, *paraula > it. parola, fr. pa-
role, *faula > it. fola. Esto quiere decir que la síncopa todavía existía des-
pués del cambio de -b- en -w- (Battisti $ 103; cf. entre otros las vacilaciones
neolatinas de praebiter, Schiirr, ZRPh 1926, 712 s.). De aquí que se puede
considerar como regla general del latín vulgar la síncopa de una vocal media
después del grupo -aw- (contrariamente a Richter, Beitr. $ 11 A; cf.
auica > auca, auciellus > aucellus, flavitare > *flautare, etc.) y encon-
trar la confirmación en el it. chiavica que se explica por una errónea rein-
292 Reseñas
tegración *clávica por clauca (v. Thesaurus s. y. cloaca). Las oscilaciones
entre -auí- y -au- tuvieron por efecto después también -aul- del perfecto,
3* pers. sing., en lugar de -auit. Este estado de cosas explica también la
existencia de dobles en las diversas lenguas neolatinas (f. fr. pouz y pouce
de pollice, Batt. $ 60).
El acento de intensidad del latín vulgar tuvo una importancia funda-
menta] en la evolución posterior del vocalismo neolatino. De aquí las ten-
tativas de atribuir la llamada “diptongación romance” de é en ié y de ó en
uó “1 a un alargamiento de las vocales tónicas en sílaba abierta en latín
vulgar. Sin embargo los romanistas debieron finalmente tener en cuenta los
resultados de la fonética experimental según la cual los diptongos crecien-
tes no son verdaderos diptongos (“pas prononcés d'une seule émission de
la voix, comme les diphthongues décroissantes”': Grammont) y distinguirlos
de los verdaderos, decrecientes, nacidos del alargamiento de la tónica,
como he hecho en mi estudio sobre “Umlaut und Diphthongierung in der
Romania” (Rom. Forsch. 1936, 275 y sigs. y 1928, 311 y sigs.). Los
verdaderos diptongos decrecientes son propios de diversos idiomas neolati-
nos y no de la Romania entera como se puede comprobar en el castellano
y en el rumano, donde faltan. El conocido pasaje de Consentius (“quidam
dicunt piper producta priore syllaba, cum sit brevis, quod vitium AÁfrorum
familiare est"), aducido a menudo como prueba de un alargamiento de la
tónica en sílaba abierta en latín vulgar, pierde todo valor al compararlo con
ciertos pasajes de San Agustín (citados ya por Schuchardt, Vok. 1, 98 y en
otros lugares) que revelan la confusión de las antiguas cantidades en el latín
de Africa. También Battisti (pág. 43) aduce un pasaje de San Agustín, De
doctr. Christ. IV, 3 (““afrae aures de correptione vocalium vel productione
non judicant”) y está dispuesto a relacionar con esto las condiciones lin-
gilísticas de la Península Ibérica, es decir, la existencia de ié, ué también
en sílaba cerrada. Ahora bien, el único ejemplo latino de ¡é de é conocido
hasta ahora, se encuentra precisamente en una inscripción de África: Dieo,
CIL VIIL 1, 9181. Este ié no es ciertamente debido a un alargamiento
anterior. Es, en cambio, una confirmación de mi teoría expuesta l. c., según
la cual la “diptongación romance” de é > ié, ó > uó es un fonema de
metafonía que debe atribuirse a los efectos de una -1-, - u- siguiente más
o menos inmediata o también (en territorio galo-romance) de una consonan-
te palatal. La extensión por analogía (fonética o morfológica) es un hecho
posterior acaecido con distinta intensidad en los diversos idiomas. Esta
teoría está comprobada por hablas como el romañés, donde la diptongación
(1) Se trata de e y o abiertas.
Reseñas 253
por alargamiento en sílaba libre introducida en los casos no sometidos a la
metafonía, ha tenido como resultado, también de é y ó abiertas, diptongos de
crecientes (cf. mis '"Romagnolische Dialektstudien II). En este sentido, es
decir, por lo menos como predisposición a condiciones todavía claramente
conservadas en los dialectos italianos centro-meridionales, se puede atribuir
la “diptongación romance” de é y ó al latín vulgar (cf. también mi ar-
tículo “Die nordfranzósische Diphthongierung”” en Rom. Forsch. 1940,
60 y sigs.). Estas observaciones sólo tienen por objeto atenuar el escepti-
cismo de Battisti en $ 47.
La conservación ulterior de - u - breve en su cualidad primitiva ($ 53)
está comprobada por el efecto metafónico en los dialectos italianos centro-
meridionales y de otras partes, pero también por diptongos y triptongos del
fr. feu, Dieu, etc.
La desaparición de - v - en failla, faentiae, paimentum, etc. ($ 91)
se debe a disimilación por efecto de la labial inicial.
La consonante labiovelar qu, que no forma posición en el latín clásico
(con excepción de Lucrecio) se había igualado en el latín vulgar con el
grupo kw (nacido de c + u en hiato, como por ejemplo en tacuif, vacua,
etc.), según lo expuse en ZRPh 1921, 118: el Appendix Probi en “uacua
non uaqua'”” censura la pronunciación bisílaba de la palabra, pero en “aqua
non acqua”” la de qu como grupo consonántico (= kw). La pronunciación
kw explica la absorción del segundo elemento por una u siguiente: coquus >
cocus, equus > ecus, etc. ($ 48),
La pérdida de la -b- en las desinencias del imperfecto ($ 201)
habitual en rumano, no puede ser atribuída al latín vulgar, puesto que no
sólo el ibero-romance sino también el galo-romance han mantenido -abam
(con labialización de á en o en fr. -abam > oue frente a -eve en los dia-
lectos franceses del noreste).
207: fustis está documentado en CIL VI, 7470.
FRIEDRICH SCHURR
Universidad de Friburgo (Alemania)
Carlo Battisti y Giovanni Alessio, Dizionario etimologico italiano. Fasc.
12, diciembre 1948; fasc. 2”, enero 1949; fasc. 3%, febrero 1949.
Firenze, G. Barbera. Letras A - atlastare,
Todo lector culto de Italia advertía la falta de un diccionario etimo-
lógico de la lengua italiana que pudiera dar aclaraciones y arrojar luz sobre
254 Reseñas
las palabras y su historia, apagara la sed de una sana curiosidad y diera
al mismo tiempo los elementos de una orientación fundada en el conocimien-
to de su desarrollo.
Ya el sabio profesor Devoto en su artículo ““Dizionari etimologici”
Pan, 1935, lamentaba el hecho de que a una acertada definición de la
etimología, dada por B. Terracini, en la “E. 1.” no correspondiera un
diccionario etimológico italiano, que constituyera el mismo instrumento y
estuviera en el mismo plano que los del francés, alemán, inglés.
Los diccionarios etimológicos de Zambaldi, Pianigiani, Levi, o son
ya viejos o insuficientes o inseguros, o, en todo caso, no están ya al día con
el adelanto de la lingiiística románica y general. El magnífico diccionario
de Cappuccini-Migliorint y el de Zingarelli dan sólo una indicación etimo-
lógica, pues es otro su interés principal y su propósito. El diccionario de la
Academia de Italia quedó interrumpido en el primer tomo y, en todo caso,
no es exclusivamente etimológico, aunque se confiara la etimología a un
eminente romanista, cuya fama y autoridad es de primer orden: Clemente
Merlo. La publicación del D. E. 1. acometida por dos excelentes sabios,
Carlos Battisti y G. Alessio, es muy oportuna.
El D. E. l., como lo declaran los autores en la ““presentazione”,
está fundado sobre los principios más firmes de la lexicología etimológica
moderna segura ya en sus procedimientos tras la publicación de los dic-
cionarios de Ernout-Meillet, Walde, Bloch, de Gamillscheg, de Kluge,
Goetz, etc. La exigencia de iluminar el camino de toda palabra en sus
etapas principales está fuertemente sentida, aunque sea por ahora una labor
inacabable por falta de investigaciones particulares. Vemos en el D. E. 1.
que las palabras no se fijan en un cuadro de genealogía naturalista; más
bien indicios históricos, aunque a veces demasiado sobrios, son los que arro-
jan luz en la vida de ellas. Siguen los autores cada palabra en sus am-
bientes especiales y varios, populares, literarios, técnicos, en los cuales
aquella adquirió su estructura fonética y semántica a la vez. Sobrias notas
nos dicen el lugar y el tiempo de nacimiento de las palabras y su ingreso
en el léxico de la lengua.
Los autores han querido, y con razón, subrayar un fenómeno cada
vez más importante y en el cual a mi modo de ver, los lingilistas tienen
que fijar su atención por los sabios consejos “normativos” que pudieran
dar, es decir, el fenómeno de los términos de los ambientes técnicos, que
constituyen las fuentes más vivas del enriquecimiento lexical y que ganan
cada vez más por la difusión en la lengua común. Este fenómeno es común
a las lenguas occidentales y constituye un elemento característico de ellas,
que sirve para estrecharlas más y más. Hubiera sido mejor notar en el
Reseñas 255
D. E. 1 el área de difusión de los términos técnicos en las lenguas de cul-
tura para poner más de relieve el fenómeno que las convierte en expresión
de un tipo unitario de ésta. Queda igualmente subrayado el fenómeno
contrario del enriquecimiento por el aporte a la lengua nacional de elemen-
tos de los dialectos que, cayendo bajo la marcha de la lengua oficial, dejan
sus huellas en la misma. La atención puesta en la anotación de los términos
técnicos, limitada a sus capacidades de difusión, obedece al deseo de los
autores de que el D. E. I. pueda servir de orientación. El hecho de que
varias palabras, dialectales o casi dialectales, encuentran su lugar en el
D. E. 1. es debido a la falta de prejuicios puristas y a la fuerte exigencia
de los autores de registrar cuanto en sus investigaciones en el patrimonio lin-
gúístico italiano han hallado necesario para documentar palabras vivien-
tes en los dialectos, palabras que puedan arrojar luz en la reconstrucción del
área románica, El. D, E. I. presenta además una notable investigación de los
elementos mediterráneos, que sólo de poco acá han sido estudiados deteni-
damente, entre otros, por los autores.
El D. E. 1. puede, con los numerosos problemas que ha de suscitar,
despertar el debido interés por la exploración lexical de determinados pe-
ríodos, trabajo fundamental para poder llegar al gran diccionario etimo-
lógico de la lengua italiana (V. Devoto).
Es verdad que cualquier obra por perfecta que sea, presenta siempre sus
reparos. Me extraña el hecho de que los autores no hayan aceptado en los
fascículos que tenemos, el término, en verdad muy feliz, de “prefijoide””
para indicar un tipo característico de compuestos, que ha sido estudiado
muy detenidamente por B. Migliorini en su artículo ““I prefissoidi”” Arch.
Glot. lt. XXVII 1935, ahora en ““Saggií sulla lingua del 900”, 2* ed. Fi-
renze, 1942. El término designa un fenómeno tan vital y tan difundido en
las lenguas modernas de cultura, que su adopción me parece necesaria, y
además evitaría la inadecuada definición de por ej. aero abbreviato da “aero
plano”, cfr. auto “automobile”. La ilustración es insuficiente, pues no se da
relieve a la vitalidad del fenómeno y a los matices semánticos que el pre-
fijoide adquiere en la composición. Las mismas consideraciones se pueden
hacer para el término “sufijoide”.
Insuficiente me parece la definición semántica de a-3; hubiera esta-
do bien dar relieve a la oposición viva que existe en la conciencia lingúís-
tica italiana entre a— privativa e in— oponente: amorale, immorale. No
se encuentra riqueza de notas para determinar los sufijos, su vitalidad, su
extensión. Muy genérica e incompleta es la definición del valor semántico
del sufijo -aggio... “serve a formare dei colleitivi astratti”.
Merece un poco más de consideración el valor semántico de este su-
256 Reseñas
fijo bien difundido y determinado en su sentido. De desear sería ver la
expresión v. if. merid. (voz del italiano meridional) sustituída por una in-
dicación más exacta, aunque el diccionario no sea dialectal, de las regio-
nes de difusión de las palabras. Lo mismo quisiera notar respecto de la
expresión a. t. (antiguo toscano): es mejor indicar el siglo, cuando falten
lindes precisos.
No parece enteramente satisfactoria la desigual notación del área
neolatina de difusión de la palabra y la ausencia de términos que arrojen
luz en la prehistoria de las palabras. Sería bien que los autores vieran la
posibilidad de indicar la zona de difusión de las palabras no solamente en
su desarrollo neolatino, sino también en el indoeuropeo, aunque sea sucinta-
mente, para que se ilumine mejor la historia de las palabras italianas, y más
viva sea la oposición y la diferenciación entre mediterráneo e indoeuropeo.
Me es grato terminar estas notas señalando la revisión cuidadosa de eti-
mclogías tradicionales que ha permitido a los autores del D. E. 1. eliminar
errores extraños, cuyo origen es inexplicable, y que, sin embargo, han pre-
valecido y eludido hasta ahora la vigilancia de los sabios; y afirmando
que el D, E. I. constituye en la lexicología etimológica italiana una etapa
importante y necesaria.
SALVADOR Bucca
Universidad Nacional de Tucumán.
Giovanni Alessio, Le origini del francese. Introduzione alla Crammativa
Storica. Manuali di Filologia e Storia, Serie II, 2. Firenze. G. C.
Sansont, 1946, 230 págs.
El manual es, como se ve por el título mismo, una introducción a la
gramática histórica del francés y cumple muy bien su propósito.
A. traza con mano segura un cuadro sencillo y claro y al mismo
tiempo rico y denso de factores, de los elementos y de las civilizaciones
que concurrieron a la formación de la lengua de Francia. Una preciosa
novedad distingue al manual y es el amplio examen de los elementos del
sustrato mediterráneo, aunque todas las partes del libro se equilibren en
un armónico conjunto. Son páginas vivas e interesantes destinadas a arrojar
luz oportunamente sobre elementos de importancia notable que colorean y
vivifican la historia de una lengua sin descuidar los factores varios que
participan en su lejano origen. Es digno de mención el hecho de que por
primera vez se encara en una obra de conjunto el problema del “sustrato”
mediterráneo detenidamente. El primero fué el prof. G. Devoto, que, en su
“e
Reseñas 252
“Storia della lingua di Roma” II rist. 1944, dedicaba el capítulo II p.
37-69 a este problema, sólo precedido por Meillet en las pequeñas indi-
caciones del “Esquisse”” y del “Apercu”. La explicación de esto se en-
cuentra en el hecho de que en Italia han sido particularmente estudiados
(véase Ribezzo, Bertoldi, Devoto, Gerola, Terracini, etc. y Véase también,
bibliografía en el “manual” p. 171 -2) los problemas de los restos de
esa lengua que se conviene en llamar “mediterránea” y se empieza ya a
considerar en sus matices dialectales. La experiencia de las invstigaciones
especiales del autor nos ha consignado pues un rico y claro resumen de los
elementos mediterráneos en el francés, diferenciados en ligures e ¡ibéricos
cuando ello es posible. Ricas de sutiles observaciones son las consideracio-
nes sobre el “sustrato'” céltico y griego, y las que siguen sobre el latín
vulgar, la diferenciación del latín provincial y el galo-romano. Igualmente
clara y sencilla es la exposición de los elementos del ““superestrato”, aunque
yo no comparta la opinión del autor de considerar como parte del super-
estrato las palabras de origen árabe. El autor fija particularmente su aten-
ción, aunque muy someramente, en el desarrollo del galo-romano hasta el
antiguo francés para echar luego una mirada fugaz a los varios períodos
incluso el moderno, de la lengua francesa. Está cuidadosamente considera-
da la renovación lexica] del francés y analizados los préstamos de las len-
guas clásicas, de los dialectos neolatinos de Francia, neocélticos de Breta-
ña, de las lenguas románicas y no románicas. Consideraciones sobre los
préstamos franceses en las otras lenguas, sobre la difusión del francés y
sobre la ortografía concluyen el trabajo. Indicaciones bibliográficas, cómo-
das listas lexicales y un índice analítico enriquecen el precioso manual.
S. Bucca
Universidad Nacional de Tucumán.
Martín de Riquer, La lírica de los trovadores. Antología comentada. To-
mo [: Poetas del siglo XII. Barcelona, Escuela de Filología, 1948.
LXII - 482 págs.
Ante todo hay que destacar una oposición: en Alemania se corre el
riesgo de que desaparezcan los conocedores de la lengua provenzal, cuyo
estudio, hasta la primera postguerra, era obligatorio para los romanistas
principiantes. En cambio, en países de habla española parece iniciarse un
renacimiento muy prometedor. Así, por ejemplo, E. R. Curtius que ocupa
actualmente la cátedra de F. Diez en Bonn, pasa casi enteramente por
258 Reseñas : É
alto en su obra magna Europáische Literatur und lateinisches Mittelalter,
la lírica provenzal, a la cual se pueden aplicar varias de sus acertadas for-
mulaciones. Entretanto, Martín de Riquer, en la Universidad de Barce-
lona, se ocupa intensamente de la poesía trovadoresca y, por primera vez,
en Buenos Aires, Gherardo Marone ofrece a los estudiantes argentinos
una serie de antologías provenzales imprescindibles para la mejor com-
prensión de las obras de Dante y del cancionero galaico-portugués. 2
Lo que el muy meritorio cancionero provenzal (Provenzalisches Lie-
derbuch) de E. Lommatzsch representa para los aficionados alemanes a
la literatura medieval, la actual Antología de M. de Riquer lo significa
de manera fácilmente comprensible para los jóvenes romanistas hispánicos.
En una rica selección que responde a un plan personal, nos brinda con un
comentario 113 poesías, 20 “vidas” y 8 “razós”, pertenecientes a veinte
trovadores y dos trovadoras del siglo XII.
A los más antiguos poetas provenzales y también a algunos textos
poco difundidos se concede amplio espacio y, se presta especial atención
a las relaciones con las cortes en suelo español; por eso son presentados
Lo Reis d' Aragón y Berenguier de Palazol, probablemente posterior a
lo supuesto; además, Peire de la Cavarana, tan apreciado por los italia-
nistas, y asimismo, la apasionada Condesa de Día y la poco original Aza-
lais de Porcairagues.
Como la conocida crestomatía de C. Appel, en la Antología de Ri-
quer, se pueden estudiar todos los géneros importantes de la lírica proven-
zal: vers, cansó, alba, pastorela, planh, sirventés, tensó, escondich, devi-
nalh, ensenhamen, epistola y varios otros. Después de una caracterización
biográfica e histórico-literaria de cada autor y poesía reimpresa se indica
su bibliografía, la métrica y el esquema del estrofismo. Sigue el texto con
traducción casi literal y notas de detalle. Como se ve el plan no puede
ser más amplio y completo. Así la Antología es un modelo didáctico. Su
autor es un conocedor profundo de la literatura provenzal y lo demuestra
sobre todo en la valiosa introducción. Se tratan todas las cuestiones esen-
ciales en cuanto al área lingúiística, origen y tradición, ideas y formas de
las poesías trovadorescas, la formación y cultura de sus autores, sus rela-
ciones con la Iglesia, su adhesión a diferentes corrientes literarias, etc.
En cuanto a la complicada cuestión sobre el origen, Riquer se adhie-
(1) Trovadores y juglares. [. Antología de textos medievales con tra-
ducción, comentarios y glosario, por Gherardo Marone. Facultad de Fi-
losofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Instituto de Literatu-
ra, Sección neolatina. Buenos Aires, 1948, 147 págs.
Reseñas 259
re en lo esencial a los resultados de las investigaciones realizadas por el
malogrado Hans Spanke y D. Scheludko: la cultura eclesiástica “tanto por
lo que se refiere a la retórica aprendida en las escuelas como a su técnica
de versificación, derivada de la poesía latina sagrada” (p. XXVIID
medieval, suministró a los trovadores los elementos externos de su arte que
los secularizó y los adaptó a las formas y conceptos de la vida feudal
del siglo XII Esta tesis tampoco es impugnada por Ramón Menéndez
Pidal que no sólo, como Riquer pretende, recoge la opinión arábiga de
Julián Ribera, sino declara explícitamente: “La lírica provenzal. pues,
debió nacer tanto de la lírica popular cultivada por los juglares occitánicos
como de los ensayos latinos de los clérigos; debió surgir de la vida misma de
las cortes meridionales lujosas y festivas, donde la señora feudal ostentaba
el más prestigioso atractivo para sus vasallos”,
Cada crítico, por lo menos para mostrar su propia erudición, puede
encontrar errores tipográficos, lagunas bibliográficas, variantes en los tex-
tos, interpretaciones diferentes, omisiones en el comentario, trovadores que
faltan o sobran —desearíamos algunas poesías más de Giraut de Bornelh
y Bertran de Born—, otros puntos de vista para historia y crítica litera-
rias. Pero todos los conocedores de la materia admitirán que Martín de
Riquer ha cumplido con su propósito y brindado un libro muy útil a los
estudiantes españoles de filología romance. Por eso mencionamos solamen-
te al margen que, según nuestro parecer, una pequeña introducción con
notas morfológicas (cfr. Appel) e indicaciones fonético-históricas no sería
superflua. Podría agregarse, también, un vocabulario provenzal-español,
aunque los alumnos catalanes del doctor Riquer entenderán fácilmente la
lengua vecina.
La obra pretende ser una manifestación de gratitud y de respeto
hacia el Dr. D. Manuel Milá y Fontanals. Honra al inspirador como al
autor,
GERHARD MOLDENHAUER
Universidad Nacional del Litoral.
Poema de Fernán González. Edición, prólogo y notas de Alonso Zamora
Vicente. Madrid, Espasa-Calpe, 1946. Clásicos Castellanos 128.
XXXVII - 234 págs.
El Poema de Fernán González es la glorificación épica del propul-
sor y defensor de la independencia castellana contra leoneses, navarros y
moros. Es lamentable, pues, el descuido que se advierte en su conservación.
e
260 Reseñas y Ñ
Poseemos una sola copia, tardía e incompleta, mientras que a principios
del siglo XVI existían aún cuatro manuscritos. Varios editores del siglo
XIX y del XX publicaron parcial o totalmente esta obra preciosa por su
contenido, aunque un tanto monótona por su ritmo y rima.
Tal vez para conmemorar el milenario de la liberación de Castilla,
el Doctor Alonso Zamora Vicente, actualmente Director de la Sección
Románica del Instituto de Filología de Buenos Aires, nos brinda una nue-
va y valiosa edición del Poema. La publicación de un texto como el de
Fernán Conzález exige una dedicación severa, puesta de relieve por este
editor.
Zamora Vicente, minucioso fonetista y conocido dialectólogo, posee
la “devoción por el detalle” (““Andacht zum Kleinen”) que ya ha ponde-
rado Jacobo Grimm y que es indispensable especialmente al filólogo. Sólo
el que ha editado textos medievales, como el que ahora se nos ofrece, sabe
apreciar el justo valor de estos trabajos, por lo defectuoso de los manus-
critos que nos han llegado.
Aunque C. Carroll Marden presentó en su oportunidad todos los ele-
mentos necesarios para la elaboración de un texto crítico del Poema y D.
Ramón Menéndez Pidal los revisó y combinó con el talento a que nos
tiene habituados, falta todavía la edición definitiva preparada ya por el
maestro de la filología española y cuya aparición fué impedida por la
guerra,
Zamora Vicente se propuso ofrecer al que se acerque a la literatura
antigua española un texto de fácil manejo utilizando el de Marden con
las numerosísimas correcciones y conjeturas de Menéndez Pidal. Llegó así
a restaurar el sentido, a menudo corrompido, y la métrica de muchísimos
versos deformados por los copistas del siglo XV; pues éstos habían mo-
dernizado con frecuencia las grafías y las palabras del siglo XHII, por no
estar ya acostumbrados al idioma arcaico de la época del mester de
clerecía.
En la nueva edición se reúnen en la misma página el texto restau-
rado, lecturas del manuscrito, discrepancias de Marden y, en muchos ca-
sos, también de Janer, además notas aclaratorias y los pasajes correspon-
dientes de la prosificación realizada para la Primera Crónica General que
facilitan a menudo la comprensión del sentido de las estrofas o suplen las
lagunas del único manuscrito, De este modo el lector curioso puede seguir
y verificar la técnica empleada en la edición. Pero se suprime —y ya
es mucho— todo lo superfluo para la normal lectura del verso cuya irre-
gularidad, extraordinaria aún en la edición de Marden, fué reducida en
gran parte. Sin embargo, quedan todavía irregularidades métricas que hasta
Reseñas 261
el presente no han podido ser resueltas, Al cotejar esta edición con la de
Marden se echan de menos, de vez en cuando, corchetes que encierran las
palabras restauradas en letras cursivas.
Pero el mayor mérito del trabajo del catedrático de la Universidad
de Salamanca, Zamora Vicente, reside en el comentario que evidencia ri-
gurosos conocimientos lingilísticos, literarios e históricos y, además, una asi-
dua frecuentación con las correspondientes obras de consulta. La introduc-
ción resume hábil y claramente los resultados de las investigaciones reali-
zadas hasta el presente por Marden, Menéndez Pidal y G. Cirot, las que,
por cierto, aun darán lugar a otros estudios. En resumen: esta nueva edi-
ción sirve de base y punto de partida para los que en el futuro pretendan
agotar la materia.
Marden reprodujo dos facsímiles que nos permiten proponer las si-
guientes modificaciones: 252c colóquese rr[o]ydos; 253b conjeturamos,
basándonos en la Primera Crónica General: [cobdiciaua ya] uerse con
los moros [juntado]; 253c, el manuscrito dice rreygnar ay, Marden colo-
ca (a)y. Aventuramos una lectura no totalmente satisfactoria: byen cuy-
dava es(e) día [quel rreygnarie (<rreygnarya) el pecado. Este cuidar
se construye en el Poema generalmente con de más el infinitivo, pero cfr.
282c byen cuyadavan que nunca dellos seryen vengados, 299a Cuyde que
se queria[n] contrra nos mejorar. Si admitimos con Menéndez Pidal que
las coincidencias de la Primera Crónica General con la Crónica Arlan-
tina dan lecciones en todo caso preferibles a las del manuscrito escurialen-
se, hay que poner 254c caualgo en cavallo (Crónica Arlantina), cfr.
225b (Marden) cavalgo (en) su cavallo. Pero el Poema y la Primera
Crónica General coinciden en el epíteto buen, por eso: ¿caualgó [buen] ca-
vallo? 254b falta en la Primera Crónica General y parece una añadidu-
ra posterior. 254c en el manuscrito se lee partyose, por eso debería in-
cluirse [abrios'] según la Primera Crónica General y Crónica Arlantina.
Por la misma razón pondríamos también 576d [cuntiol'] (manuscrito:
centesciole), 582b [en Cyruenna fuesen], 582d [pornían], 581d descifra-
mos: el diablo ecigyento (o ege.gyento?) pensando en una derivación
de hez, heces, heciento (¿en el sentido de hediondo?)
Un estudio minucioso —no conozco el de G. Cirot publicado en
BH XXX (1928), p. 113 y sgs.— descubrirá otros paralelos o con-
tactos entre el Poema y la antigua epopeya francesa, el Poema y las le-
yendas de la antigiiedad, el Poema y la Biblia. Compárese por ejemplo
la eficaz ayuda de la infanta Sancha con la prestada por tantas prince-
sas sarracenas a los héroes de las chansons de geste; o la extensa oración
(105-113) para pedir el amparo divino estudiada en la literatura fran.
262 Reseñas
cesa por D. Scheludko; por fin, escenas análogas y otros detalles esti-
lísticos.
Un profundo análisis de la composición, iniciado por Zamora Vi
cente, promete aún nuevos resultados. Lamento desconocer la tesis berline-
sa de Isabel Freiin von Dyherrn, Stilkritische Untersuchung und Versuch
einer Rekonstruktion des “Poema de Fernan Gongalez”, Leipzig 1937.
Relacionar cavero con el provenzal (nota 45b) reclama un nuevo
examen crítico. Raynouard y Levy citan cavayer, cavaer, caver. Si la mé-
trica original del Poema fué siempre regular, el verso dodecasílabo exige
cavero, pero en el manuscrito —según advierto-— figura sólo una vez
(582c) con todas las letras caberos, generalmente abreviado ca, o cavalP'o,
Nota 349c: ¿Dónde aparece un infinitivo ant. franc. visker2 Nota 352:
la aclaración sobre Olivier puede dar lugar a un malentendido. Conviene
consultar —también para Ogier— obras más modernas que la de Gautier.
Tales sugestiones de ningún modo pretenden disminuir el mérito de la
edición reseñada, antes bien es necesario subrayar cómo ha enriquecido la
valiosa colección de Clásicos Castellanos.
GERHARD MoLDENHAUER
Universidad Nacional del Litoral.
A. Griera, Bibliografía lingiiística catalana. Barcelona, 1947, 84 págs.
Publicaciones de la Escuela de Filología de Barcelona: Filología Ro-
mánica Í.
La bibliografía presente es una continuación y un complemento de la
bibliografía lingúñística catalana publicada por el mismo autor bajo el tí-
tulo Le domaine catalan en la Revue de linguistique romane 1 (1925),
35-113. Como en ésta el material bibliográfico va dividido en publica-
ciones anteriores a 1900, fecha que señala poco más o menos el resurgi-
miento de la lingilística catalana moderna, y publicaciones del 1900 hasta
1946. Contrariamente al sistema empleado en la bibliografía anterior, que
iba acompañada de extensas notas explicativas y observaciones críticas,
el Dr. Griera se ha limitado en el repertorio presente a indicar por lo ge-
neral los títulos “de las publicaciones lingilísticas más notables”, sin co-
mentarlas. “Tales comentarios explicativos, reservados a determinadas pu-
blicaciones, sin duda alguna habrían elevado la utilidad del libro para mu-
chos lectores. Habría sido conveniente además por esta misma razón coor-
dinar los títulos de las obras y los de las reseñas correspondientes,
Reseñas 263
Agregamos unos cuantos títulos que no deberían faltar en una nueva
edición de la bibliografía:
E. Seifert, Das Katalanische in den Werken von Friedrich Diez.
Homenatje a Antoni Rubió i Lluch 1, 193-199.
W. J. Entwistle, The Spanish Language. London, 1936 (págs. 82-
105: esbozo de la lengua catalana).
Fr, Carreras y Candi, El lenguaje valenciano. En: La geografía del
reino de Valencia, págs. 553-764.
R. Menéndez Pidal: Reseña sobre Griera, La frontera catalano-ara-
gonesa. RFE III, 73-88.
M. L. Wagner, Notes sur l'argot barcelonais. Barcelona, 1924, 106
págs. (tan sólo se cita en la pág. 64 la reseña de Spitzer).
Cels Gomis, Zoología popular catalana. Barcelona, 1910, 489 págs.
R. Violant ¡ Simorra, El tragí popular al Pallars sobirá. Barcelona,
1938, 101 págs.
R. Violant i Simorra, La caca i la pesca al Pallars. Barcelona, 1935
(separata de BCExcCat)
S. Villarrasa i Vall, La vida dels pastors. Ripoll, 1935, 221 págs.
J. Amades, Indumentaria tradicional. Barcelona, 1939, 103 págs.
W. Giese, Wajffengeschichiliche und terminologische Aufschliisse aus
katalanischen literarischen Denkmálern des 14. und 15. Jahrhunderis. En:
Homenatje a Antoni Rubig i Lluch 1, 33-67.
W. Giese, Lexikologisches aus katalanischen Texten des ausgehenden
Mittelalters. ZRPh LXI, 126-134.
A. Steiger, Contribución a la fonética del hispano-árabe y de los ara-
bismos en el ibero-romance y el siciliano. Madrid, 1932; cp. F. de B.
Moll, BDLICat XVI, 1934, 106-111.
J. Corcmines, Mois catalans d'origen arábic. BDC XXIV, 1-81.
Fr. de B. Moll, Comentari a un vell mot catala. En: Homenatje a
Rubió ¡ Lluch II, 447-450.
H. Hegener, Die Terminologie der Hanfkultur im katalanischen
Sprachgebiet. Tesis de Hamburgo 1938, 71 págs.
Faltan también los estudios de M. Thede sobre la Albufera (VKR
VI, 210-273; 317-383), de W. Spelbrink sobre Eivissa y Formentera
(BDC XXIV, 184-281; XXV, 1-143) y una referencia a Hochpyre-
náen. Faltan también los numerosos artículos publicados en Miscellánia
Fabra. Buenos Aires, 1943, No insistiremos en las erratas de imprenta
que se encuentran: en algunos títulos y a veces también hasta en nombres de
264 Reseñas
autores (J. Moreira en lugar de Morera; Bulbena y Tosell en lugar de
Tusell; Vilarrasa en lugar de Vilarasa; Joseph Huber en lugar de Karl
Huber).
F. KrUcER
A. Griera, Tresor de la llengua, de les tradicions i de la cultura popular de
Catalunya. Vol, VI (1941), 427 págs.; Vol. VII (1943), 288
págs.; Vol. VIII (1945), 360 págs.; Vol. IX (1946), 248 págs. ;
Vol. X (1946), 320 págs.; Vol. XI (1947), 431 págs.; Vol. XII
(1947), 233 págs.; Vol. XIII (1947), 192 págs.; Vol. XIV
(1947), 342 págs. Letras enfarinar - zurrel.
Después de cuatro años de interrupción causada por la guerra civil,
el insigne catalanista Monseñor A. Griera ha reanudado la publicación
de su Tresor y en pocos años ha llevado a cabo la edición de una obra tan
importante para la lengua y cultura de su país. ““Es algo providencial”
-—nos dice en la Advertencia que precede a estos últimos tomos— “que se
hayan salvado de las tempestades de la guerra los materiales de los siete
tomos presentes” y nos cuenta en palabras conmovedoras las vicisitudes que
sufrieron antes de ser rescatadas por su recopilador. Es en verdad un mila-
gro que se hayan salvado los materiales contenidos en los presentes tomos
mientras que numerosas colecciones recopiladas por Mons. Griera en el
trascurso de su vida laboriosa —entre ellas las del Atlas Lingiístic de
Catalunya— han sido arrasadas por la guerra funesta.
El Tresor, cuya importancia ya señalé en una reseña publicada en
VKR XII, 407-409, se basa en primer lugar en los materiales lexicográ-
ficos recogidos por su autor en los años 1913-1926 por medio de cuestio-
narios referentes a los diversos aspectos de la cultura material y espiritual
de Cataluña: a la vida agrícola y los aperos, a la construcción de la casa,
los utensilios domésticos y los quehaceres, a la flora y la fauna, a la trilo-
gía de la vida y las fiestas del año, al tiempo y 'los fenómenos atmosféricos,
a usos y costumbres. Es este aspecto etnográfico y folklórico que da al vo-
cabulario, ordenado en forma alfabética, su carácter particular y su encan-
to. Lejos de ser un simple repertorio de vocablos, el Tresor, como ya lo
indica su título, presenta una fuente de información riquísima de la cual
no sólo los filólogos sino también los folkloristas y los etnógrafos sacarán
inmenso provecho. Vayan como ejemplos las frases matar el cuc “prendre
el primer bocí al matí per a trencar el dejuni” que corresponde a cast. matar
el bicho, francés tuer le ver, etc. o matar jueus con que se designa el acto
Reseñas 265
de hacer ruido con matracas en las iglesias el miércoles, jueves y viernes
santo; vocablos tales como garba de la mestressa que designa la última gar-
ba al segar los cereales y la que da motivo a bailes y cantos en honor de
la dueña de la casa o el giro plantar el maig “plantar el mayo” que recuerda
una costumbre antigua de muchos países actualmente en desuso. De los
párrafos dedicados a pagar lUarrendament de Pera, vale decir pagar un
cuartillo de grano al amo de la era después de la trilla (XI, 76), pagar
el delme de deu = 'pagar la décima parte de la cosecha de trigo al señor'
(XI, 76), al término a parts que significa el contrato según el cual se da
parte de las frutas al amo (XI, 171), a partir — 'partir el grano de la
trilla entre el amo y el conreador” (X1, 170), a terc = “la tercera parte
de los frutos que se paga al amo de la propiedad” (XIV, 65) y talla =
“bastón en el cual se notan, por medio de muescas, garberas o las quarte-
res de la cosecha' (XI, 171; XIV, 10) se deducen fácilmente usos jurí-
dicos que antiguamente se practicaban como formas primitivas de pago
(“in natura”) y de contar.
En cambio los capítulos foc “fuego” (VII, 175-188: foc de les
ánimes, foc de Sant Isidro, foc de Sant Joan, foc nou = “fuego nuevo”, etc.)
y el humo (VII, 268 y sigs.) dan motivo a importantísimas observaciones
sobre el culto al fuego, fiestas populares y supersticiones. Ocupan un lugar
de preferencia la veneración y el culto popular de los santos: al lado de la
festa major detalladamente descrita en VII, 107-108, Sant Antoni (XIII,
42-45), Sant Isidre (VIII, 357), Sant Jordi (EX, 58-61), Santa Llucia
(IX, 226 y sigs.), etc. y sobre todo Sant Joan cuyo nombre está vincu-
lado a numerosas costumbres: santjoanada “baño que se toma la mañana
de San Juan' (XIII, 46), falla y foc de Sant Joan 'fuego de S. J.* (VII,
183-187; 25) y otros usos practicados en la vigilia del santo (IX, 8-15).
Merecen atención también las observaciones sobre los juegos infantiles
(IX, 15-54) y, como ya queda dicho antes, las fiestas del año (Nadal,
Reis, Cuaresma, Pascua, etc.). Para ilustrar el vocablo no le falta nunca
el refrán y la comparación metafórica: recursos populares en los cuales
tan claramente se manifiestan la experiencia del campesino, su actitud frente
a la naturaleza y su sentir religioso. Predominan, como es de esperar, en
el refranero y la fraseología popular del campesino catalán, el tiempo, la
Huvia, los vientos (garbí, tramuntana, etc.), la luna (IX, 235-244), el
sol, el relámpago, los meses y las estaciones del año. Son igualmente intere-
santes las notas que se refieren a la siembra y a la cosecha. Aparte de
este refranero agrícola tan rico y variado, lo que más ha dado motivo al
enriquecimiento de la frascología popular son la familia (el padre, la ma-
dre, el viejo, el padrino, el muchacho y la muchacha), ocupaciones como
266 Reseñas
el comer, actos significativos como el mirar, las cualidades físicas (el ojo,
la oreja, el vientre, la nariz, etc.) y el fin de la existencia humana, la
muerte y el morir. Mencionaremos también las numerosas expresiones ono-
matopéyicas que tanto gustan al pueblo para expresar sus sensaciones:
glic-glic, glec-glec, gloc-gloc, gluc-gluc, tric-trac, tris-tras, zis-zas, zic-zac,
xip-xap, ringo-rango, ram-ram-ram, rum-rum, ruum, palarralxop, etc. y
los gritos igualmente expresivos con que los paisanos llaman a su ganado:
oix, oixque, osque, uix; r...rrt rrs, runt. ..té, rut. ..1e, rulx rul;rééec, ril-
rit; guitx guitxel, guíx-gutx, estos dos últimos para llamar los cerdos.
Escasean en el Tresor fórmulas sintácticas fijas que sin embargo no
son menos características del habla del pueblo. He aquí algunas que nos
han llamado la atención: Oi que sí que me farás aquest obsequi? (XI,
17). - Avui has plorat; no fa que sí? (VIL, 1). - Qui cantant qui ballant
passaven la vetlla = “los unos... los otros”, como en el ejemplo siguiente:
Qui drets, qui asseguts tots menjaven (XII, 20). - Sí que anirem bé si
no plou, fórmula que por el autor es explicada como expresión de duda (2)
(XII 117).
Sólo de vez en cuando el autor intercala observaciones etimológicas
en el Tresor. En el capítulo dedicado a frare, vocablo con el que designan
los monumentos megalíticos en forma de monjoia gigantesca, relaciona este
vocablo con el topónimo Far (VII, 241). En Hochpyrenáen B 19 había
propuesto en cambio una personificación de objetos, explicación que va
corroborada por casos semejantes citados allí, por frare (='fraile') que
en catalán significa también “montón de gavillas hecho de una manera es-
pecial' (Dicc. Aguiló) y la variante frades que en Portugal significa mar-
cos de piedra que se encuentran en fuentes y desembocaduras de calles
(Tavares da Silva, Esbóco dum vocabulário agrícola regional, pág. 242).
En cuanto a groansa, gruansa, gronsa 'tramoya del molino” (VIII, 205),
explicados por Mons. Griera como derivados de gruar, hay que tener en
cuenta las recientes observaciones de M. L. Wagner en Biblos XXIV, 265.
Por fin una indicación de carácter técnico. Habría sido conveniente
facilitar el manejo del Tresor por referencias mutuas en casos como sagó-
segó, pielanga-pitanca, ralla-railla, reia-rella, renc-reng, etc.
La obra que Monseñor Griera acaba de librar al conocimiento del
mundo científico es una nueva muestra de su admirable laboriosidad y del
espíritu verdaderamente benedictino con que nuestro antiguo compañero y
querido amigo honra a la filología catalana desde decenios. El Tresor
creado por él es un monumento que perdurará a través de los tiempos.
F, KRUGER
Reseñas 267
María Josefa Canellada, El bable de Cabranes. Madrid, 1944. 376
págs., 3 láminas, 26 figuras. Revista de Filología Española. Anejo
XXXI.
El bable de Cabranes forma parte del asturiano central. Colindando
al N. y E. con el término de Villaviciosa, al S. con el de Piloña y al O.
con el de Nava, el valle de Cabranes ha conservado hasta hoy día, debido
a su aislamiento, una vitalidad excepcional en su dialecto y en sus cos-
tumbres. Natural de esa linda tierra, la Srta. Canellada, discípula de Dá-
maso Alonso, era más que ninguna otra persona indicada para recoger el
acervo riquísimo que presenta su dialecto, completando así, después de un
lapso de medio siglo, los informes contenidos en el hermoso vocabulario
dialectológico que en 1896 C. Braulio Vigón recopiló en el cercano con-
cejo de Colunga.
Tiene el trabajo sobre el bable de Cabranes un carácter marcada-
mente descriptivo; hasta falta una bibliografía asturiana que tan útil habría
sido a los estudiosos. Describe la autora en la primera parte los rasgos
característicos de la fonética y el sistema morfológico del dialecto, incluso
la formación de las palabras. Dan una idea de conjunto unos cuantos tex-
tos presentados en transcripción fonética y constituyen una nota agradable
también las observaciones sobre rasgos típicos de la entonación, basadas
en el estudio minucioso de quimogramas. Fundamenta la base de la parte
gramatical el Vocabulario alfabético que ocupa la mayor parte del libro.
Agregaremos unas cuantas observaciones de detalle, charlando con
la filóloga de Cabranes sobre los temas filológicos y etnográficos que
suscita el abundantísimo material presentado por ella, con el fin de desta-
car el extraordinario interés que merece su estudio para investigaciones pos-
teriores. Empezamos por una ligera corrección, pero llegaremos pronto a
discusiones más substanciales.
pág. 20. Está mal definido el cambio de pareceme > paime (paime
que sí, paime que non (vocalización de consonantes) (1), Trátase más bien de
la caída de la - r - intervocálica causada por el uso estereotípico del verbo.
En otras partes del Oeste la fórmula ha sido más reducida aún: páme “me
parece” en asturiano (Rato y Hévia) ; péce que = 'parece que” en el Al-
garve (RL X, 99), peme en Maragatería y tierra de Astorga (Garrote 2
288: < Peme que es la mesma >) y otras partes de la provincia de León
(C. Morán, Por tierras de León. Salamanca, s. a., pág. 47, al lado de
(D Habla de vocalización de la -r- también T. Navarro Tomás en
el capítulo correspondiente de su Manual de pronunciación española,
268 Reseñas
pareme), pame en Cabrera (Garrote 288). Compárese también en el dia-
lecto gascón sampá = “seguramente, al parecer” = ant. prov. com par
(Coromines, Vocabulario aranés. Barcelona 1931, pág. 102) y trasmont.
asséma 'parece-me” — “assenta-se-me' (RL XII, 111).
pág. 13. Los diminutivos con ¡ acentuada en la última sílaba cierran
la vocal o vocales anteriores: pequeño > piquiñín, probe > probiquín, etc.
Por cierto que la palatalización puede ser debida a razones puramente fo-
néticas. Pero parece que esta tendencia ha sido reforzada por el valor
simbólico que corresponde a la vocal i como elemento diminutivo y afec-
tivo, según se deduce de ejemplos como pequirriñin, piquirriñin, pequisrri-
quin, etc. citados por la autora en las págs. 293, 300 y de los numerosos
vocablos en que aparece el elemento -i- para insinuar la idea de pequeñez,
pedazo chico etc.: chisco, chisquinho “pequena porcáo de qualquer coisa'
Minho (Vieira Braga, Provincial. minhotos, pág. 19), chinchinho “peque-
nino” Beira (RL XII, 312), chiquirriadas 'coisas sem valor” (Leite de
Vasconcelos, Opúsculos Il, 344), pichingo, piñingo, miñingo, miñango
“chico, pedazo chico" en argentino (E. Vidal de Battini, El habla de San
Luis. Buenos Aires, 1949, págs. 342, 340; compárense también los ejem-
plos citados por M. L. Wagner, ZRPh LXIV, 332-333), etc.
pág. 300. Es interesante la diptongación de la vocal primitivamente
átona en la partícula exclamativa ¡juasús! = *Jesús", frecuentísima en
asturiano. La citan Gra-Rendueles, Los nuevos bablistas. Gijón 1925,
págs. 89, 107 juasús, al lado de xuaxús, y Braulio Vigón juasús, al lado
de josús. Encuéntrase también en la provincia de León (C. Morán, Por
tierras de León. Salamanca, s. a., pág. 40). En el bable occidental apa-
rece ¡jasus!, ¡josus! (Acevedo), en la parte Sur de León ¡Jasús, fiya,
Jasús! (J. Aragón, Entre brumas. Astorga 1921, pág. 54), forma que
parece ser bastante común en Portugal (RL XIV, 291; XXVIII, 232;
Leite de Vasconcelos, Opúsculos 1, 25, 495; Estanco Louro, O livro de
Alportel. Lisboa, 1929, pág. 245 jasu, sassu, saxu en el Algarve; Jasuis
en los Azores, según Silva Ribeiro). En Galicia ¡asus! (Valladares); en
hispanoamericano ¿Jasus!, ¡asus! (Battini, San Luis 202), y simplemen-
te ¡sus! (Santamaría; J. V. Solá, Diccionario de regionalismos de Salta.
Buenos Aires, 1947).
Entre los fenómenos sintácticos mencionados en el tra-
bajo presente hay muchos que, como es de esperar, son de carácter marca-
damente occidental: el empleo de pronombres posesivos con artículo (pág.
25: les nuestres tierres = port. as nossas lerras); la colocación enclítica
de pronombres en casos como díxomelo “me lo dijo” (pág. 29) = port.
“disse-mo'; la anteposición del pronombre personal al infinitivo: hay que
¿eseñas 269
lo vender 'hay que venderlo” (pág. 30) que se parece al port. “Náo tem
interésse em os ouvir” = *No tiene interés en oirlos'; el empleo casi exclu-
sivo del pretérito simple (pág. 33); la forma perifrástica del futuro: bo
comer (pág. 33) = port. “vou comer”; el empleo condicional de en más
gerundio: en non queriéndolo yo... “si yo no lo quiero” (pág. 35) que
observamos igualmente en portugués y en judeo-español: port. em éle che-
gando falar-lhe- hei “si él llega, le hablaré"; judeo-español en no sabiendo
tomar, te bo a cortar la cabeza (M. L. Wagner, Konstantinopel, pág. 123)
y, aunque raramente, en hispanoamericano: <En teniendo tu cariño con
eso me mantendré > — “si tengo...', ejemplo que puede interpretarse
también en sentido temporal (= “cuando tenga”), como los siguientes re-
cogidos en la provincia de León: <<En habiendo patatas no hay porqué
asustarse >. - <En pasando aquella peña encuéntrase un vallecito >
(Guzmán Alvarez, El habla de Babia y Laciana. Madrid 1949, pág.
265). Cp. <En allant A la gare assez tót, vous étes assuré d'avojwr des
places >, ejemplo que v. Wartburg - Zumthor, Précis de syntaxe du fran-
cais contemporain. Berne 1947, pág. 143 interpretan de la manera si-
guiente: ““Lorsque le gérondif marque la maniére, il lui arrive de prendre
un sens voisin de la conditionnelle”,
Hay otros casos que parecen ser más bien propios del asturiano:
pág. 277 note negación enfática, pág. 328 site afirmación enfática.
Parécense estas formas a la partícula reforzativa rete en lugar de re-:
< ¡Que no, y rete que no! - Que sí, y rete que sí > (RFE VIT, 319).
pág. 36. La dislocación del adverbio de cantidad que presentan” los
ejemplos siguientes tantu é caru que... “es tan caro que...', tantu é
gúenu que ... 'es tan bueno que...” continúa un fenómeno bien conocido
en los romances medievales; cp. Menéndez Pidal, Cantar de Myo Cid 1,
419: tanto es linpia, ant. portugués muylo foy tarde (BFil, I, 51). Trátase
de posición inicial afectiva. Ofrece numerosos ejemplos del antiguo español
K. Pietsch, Spanish Grail Fragments. Chicago 1925, 11, 99-100.
pág. 35. Es interesante la aglutinación completa de la conjunción
que al adverbio casi, que se observa en el caso siguiente: casi que cuez “ya
cuece casi” > ya cuez casi que. Encontramos el mismo fenómeno en galle-
go: Casque tés razón 'Casi tienes razón con lo que dices” (Valladares),
caseque, casque, quaseque y en extremeño: < Y pa sabel que esto es tuyo
/ No es menestel dil (= ir) a” scuela, / Ni ojos cuasi jacin falta, / Se
sabi cuasi que a tientas > (Gabriel y Galán I, 279), ejemplo que puede
compararse con port, <O arado de garganta só é dominante nas primei-
ras regióes mencionadas, onde é quase que o arado exclusivo >> (en un
estudio etnográfico). El punto de partida hay que buscarlo en ejemplos
270 Reseñas
tales como: < Y casi que en nuestros días vimos y comunicamos y oímos
al invencible y valeroso caballero don Belianís de Grecia > (Cervantes,
Don Quijote. Clás. cast. IV, 287 donde el lector encontrará una rica do-
cumentación del adverbio antepuesto enfáticamente); compárese franc,
possible que, peut-étre que, etc. y el estudio instructivo que L. Spitzer de-
dicó a port. quasi que, it. si che, no che etc., en sus Áufsilze zur romani-
schen Syntax und Stilistik, Halle, 1918, págs. 85 y sigs. y 97 y sigs.
Encontramos una aglutinación completa también en el siguiente ejem-
plo chileno: <¡Eso contó si quel >> = “Es posible que haya contado eso"
(Cavada, Chiloé, pág. 281). Supongo que se trata de sí que.
El caso es pues algo distinto de seique = “sin duda, acaso” que en-
contramos en la zona occidental de Asturias y de León (Acevedo; García
Rey), en Galicia (Valladares s. v. séique, séica = "talvez, acaso") y en
el Norte de Portugal: trasmont. seica = “dizem, consta”, seica mataram o
Joáo “talvez mataron el Juan” (caso que ya traté en ZRPh LVI, 694).
En estos últimos casos la conjunción que se ha agregado, como se ve, a
un verbo. García de Diego, Manual de dialectología española, pág. 128 de-
riva estas formas de se e que.
pág. 31, 165. dellos, delles, dello = “algunos, algunas, algo” re-
presentan un arcaísmo sintáctico que se ha conservado también en otras
partes del Oeste. Pietsch, Spanish Grail Fragments MU, 161 cita el siguien-
te ejemplo asturiano: <<Muchu tienen que estudiar les coses de la muyer,
délles, son amargoroses, délles saben a miel >>. Garrote, El dialecto vulgar
leonés hablado en Maragatería y Tierra de Astorga. Madrid ?, 1947,
pág. 197 menciona: Da-i dello *Dáselo, dale algo”; Tien bien dello “Tiene
bastante'; dello con dello. En cuanto al portugués arcaico véanse Silva
Dias, Syntaxe historica portuguesa. Lisboa, 1918, $ 176 a 2 y Moreira,
Estudos da lingua portuguesa, 1?, 77; Meyer-Liibke, Romanische Gram-
matik TI $ 223.
Es muy notable la incongruencia que existe en ciertos casos entre el
género del sustantivo y del adjetivo postpuesto: carne tienro, miga crudo,
piedra menudo, etc. (págs. 31-32).
Sorprende la frecuencia con que aparece el sufijo - atu: roblatu “roble
pequeño”, llabatu, llobatu “derivado de lobo", llebraiu “cría de la liebre”;
pegaratu “cría de la pega”; cegaratu “corto de vista”, cuspiatu “salivazo',
moñatu “excremento humano”, fisgatu “desgarrón”, resgatu “desgarradura',
ñesgatu 'retazo de tela”, Tiene evidentemente sentido diminutivo y despectivo,
El vocabulario que forma la parte central de la obra (págs.
67-372) representa un inventario completo no sólo de la variedad lexicoló-
gica que caracteriza el bable de Cabranes sino al mismo tiempo de la vida
Reseñas 271
espiritual y cultural que se revela en ella. Es riquísimo en matices, en voca-
blos que complementan oportunamente nuestros informes sobre el léxico as-
turiano y leonés, en palabras completamente desconocidas hasta ahora o que
sirven para esclarecer problemas etimológicos de gran interés. Es, a mi
juicio, el vocabulario más completo que hasta hoy día se ha publicado so-
bre una región asturiana y uno de los mejores diccionarios dialectales que
se han dado a luz en España. El esfuerzo que representa de parte de la
autora un trabajo así, la circunspección con que ha observado la vida múl-
tiple y variada que se refleja en las palabras y la exactitud de la descrip-
ción de vocablos y cosas ilustradas en gran parte por dibujos y fotografías,
merecen el elogio de los hispanistas y particularmente de los que saben por
propia experiencia apreciar las dificultades de exploraciones de tal cate-
goría.
Citaremos algunos ejemplos para dar una idea aproximativa de la varie-
dad de los materiales recogidos y del interés que presenta desde el punto
de vista comparativo:
pág. 237. gorupa “correa que pasa por debajo del rabo en los arreos
de las caballerías", palabra que el Dicc. Ac. Esp. relaciona con germ.
KROPF, pero que evidentemente deriva, según ya indicó el REW 4787,
del germ. KRUPPA, por medio del francés.
pág. 82. altafarra “correa de las caballerías, más baja que la go-
rupa”, es una variante de cast. ataharre, de procedencia árabe, que se en-
cuentra también en el asturiano occidental (Kriiger, Die Hochpyrenáen
11153).
pág. 231. gabita 'yunta de refuerzo que se engancha delante de las
otras en cuesta arriba” es un vocablo (de origen oscuro) que en este senti-
do y en el sentido primitivo de “gancho” se extiende a través de Asturias
hasta Galicia (VKR V, 93, 94; Kriiger, Hochpyrenáen A II, 206).
pág. 261. marañu = “montón alargado que los segadores van dejan-
do en el prado", tiene una gran difusión en los dialectos occidentales (As-
turias, Bierzo, León, Salamanca, Avila). Parece cierto que se trata de una
especialización del sentido de cast. maraña = “maleza, enredo”, gall. ma-
rañas = “madejas de hilo o estopa; enredos, trampas” (Valladares), según
se deduce también de berc. enmarañao “se dice de las mieses cuando están
revueltas y tiradas desordenadamente: Todo el pan está enmarañao” (Gar-
cía Rey), port. maranho 'meio quilo de linho tasquinhado” (Tavares,
Esbóco dum vocabulário agrícola regional. Lisboa, 1944, pág. 292).
Prevalece pues la idea de trozos desordenados.
La forma leonesa maratsu (Alvarez, Babia-Laciana) corresponde a
salmant. marallo empleado en el mismo sentido al lado de maralla = “ma-
272 Reseñas
raña” (Lamano) y ast. barallu, al lado de marañu, montón de paya de
erba, de llates de faba, sin excoyer (Rato y Hévia).
Existe por fin en Asturias el tipo marayos (Bol. de la R. Soc. Geogr.
Revista de Geografía Colonial y Mercantil XIV, 265: los segadores, al
mismo tiempo que siegan, disponen la hierba en forma particular agrupada
en montones bajos y muy largos que llaman marayos; enmarayar “deshacer
los marayos', en Lanuces).
La b. de ast. barallu citado arriba indica otra raíz parecida: gall.
barallar “mezclar y revolver unas cosas con otras', maraballar *revolver,
mezclar, reunir en montón los residuos y ramaje menudo de los árboles”,
maraballa “toda clase de hortalizas estropeadas y hierbas; trozos menudos
de ramaje” (Carré Alvarellos), astur. esbaraxar “confundir” (Rato y Hé-
via), etc.
Es interesante la metáfora maraños — 'nubes largas y paralelas” que
encontramos en el Bierzo (García Rey) y que evidentemente debe su ori-
gen a los maraños extendidos en forma paralela en los prados.
Casi me inclino a creer que hay que relacionar también con maraño
el vocablo maragouzo “meda pequeña que se hace en la misma tierra en
que se recoge el trigo, con gavillas, en cuanto éstas se van atando” del ba-
ble occidental (Acevedo - Fernández). Trátase, como se ve, de la meda
en su forma rudimentaria, como los mismos maraños de hierba.
Hay que averiguar la etimología de la voz que parece ser prelatina.
Es inadmisible la presentada por A. Roseira, BFil MI, 277: INVOLU-
CRARE ”.
pág. 260. maniega, -u “cesta grande sin asa”, vocablo típicamente
asturiano y que abarca también partes de León (Maragatería, Cabrera) y,
en forma gallega, partes del Bierzo (A. Fernández y Morales, mego 'ces-
tillo con asa sobre la boca”), La forma grande de la maniega y la dificultad
de manejarla habrá dado origen a la acepción maniega = 'cosa grande y
estrafalaria” que encontramos en leonés (L. Getino, Revista del Clero
Leonés VI, 219). En cambio salmant. maniego 'fácil de manejar” (La-
mano), forma que corresponde perfectamente a mañego “cestito de mimbre
que llevan las mujeres al brazo; cesto empleado para la vendimia” citado
por García Rey. En todo caso se trata de un derivado de MANUS no
registrado todavía en el REW. Compárese por fin maniega 'la vaca que
sólo puede uncirse a una mano” en el NO de León (Guzmán Alvarez, Ba-
bia -Laciana).
1) Desconozco el trabajo de Y. Malkiel sobre “maraña” publicado en
BHi L, año 1948, N* 2,
Reseñas 273
pág. 346. taramingu “columpio; cualquier cosa que está prendida
mal segura, como una rama desgajada, que no se acaba de caer, 1a-
ramingar “oscilar, estar colgando, balancearse', taramingarse “columpiarse”.
Todos estos vocablos denotan muy bien el valor expresivo de la raíz tara.
pág. 366. xingadiella — columpio” es también forma onomatopéyi-
ca, derivada de xingar al lado de xiringar y berc. acingar “mecer, colum-
piar” (A. W. Munthe, Anteckningar, pág. 92) y a la que se parece bas-
lante cast. jinglar “moverse de una parte a otra colgado, como el columpio”
(Dicc. Ac. Esp.). Presentan variantes pingar 'balancearse dos individuos
sobre un madero” (H. Alcalde del Río, Contribución al léxico montañés,
pág. 18 con dibujo) gall. chinchar y port. chinchadeiro, chincháo, chin-
chiño, chinchom en portugués (RPFil 1, 474, 56).
pág. 245. llabatu, llebatu, llobatu “pedazo de terreno que queda sin
labrar en una tierra” representa evidentemente una animalización, según se
deduce claramente de los ejemplos siguientes: loba en el Este de la pro-
vincia de Lugo = “gleba que se va formando al arar, faja de tierra no
cultivada entre dos campos” (Ebeling, VKR V, 64 nota); 'pedaco de
terra que ficou por lavrar' Alentejo (J. A. Capela e Silva, 4 linguagem
rústica no concelho de Elvas. Lisboa, 1947, pág. 112; cp. RL IV, 65);
“terreno junto ao pé da oliveira que tem de ser cavado na ocasiao das
lavras, por náo poder alí chegar a charrua ou o arado” Alentejo (RL XV,
108); lobada, alobado “lomo de terreno no removido por el arado entre
surco y surco” Segovia (RDiTrPop II, 622, 598); lobada “lomo entre
dos surcos” Murcia (García Soriano); exactamente el mismo significado en
catalán: llop 'clop de terra que ha quedat sense remoure o conrear'; fer
llobada “fer una falta, p. e. llaurant o cavant deixar un tros sense llaurar”
(Griera, Tresor; Dicc. Aguiló). Tiene más difusión todavía llobada, lou-
bata, etc. = “montón de hierba' (compárese Kriiger, Hochpyrenáen C 1I,
428). Respecto a la explicacación de la metáfora véase W. Schultz, Die
Tiere in der Namengebung der siidfranzósischen Mundarten. Tesis doctoral
de Hamburgo, 1938, pág. 14.
pág. 304. potru "banco de trabajar los madreñeros', otra metáfora
que corresponde perfectamente a burro empleado en el mismo sentido en
la provincia de Lugo (VKR V, 64),
pág. 336. facé sestaferia, sestaferiar = “arreglar los caminos, po-
dar, empedrar y limpiar, trabajos que hacen entre todos los vecinos los
viernes. Demuestra este ejemplo y el caso análogo citado por García Lo-
mas pág. 319 y Rato y Hévia s. v. sextaferia que el sistema enumerativo de
los nombres de los días de la semana se ha conservado hasta hoy día en una
vasta zona que se extiende desde Portugal y Galicia hasta Asturias y la pro-
274 Reseñas
vincia de Santander, aunque en estas últimas regiones sólo en forma esporádi-
ca. Sobre la extensión de este sistema en la Edad media véase el estudio de
M. Paiva Boléo, Os nomes dos dias da semana em portugués. Coimbra,
s. a. págs. 18 y sigs. y G. Rohlfs, Les noms des jours de la semaine dans
les langues romanes. BFil X, 88-94.
Son numerosos los ejemplos que podríamos citar para demostrar el
interés que presenta el material lexicográfico para la etnografía.
Son tanto más importantes cuanto que escasean estudios sobre la cultura
popular asturiana. Es exhaustiva la terminología que se refiere al cultivo
del maíz, de la castaña y de la manzana, abundantísimo también el mate-
rial referente a las típicas industriales populares del país, como la del
madreñero y del cestero. Numetosos detalles de la cultura material son ilus-
trados por excelentes dibujos. Excederíamos sin embargo los límites de esta
reseña si entrásemos en la discusión de detalles. Baste con citar unos cuan-
tos ejemplos para destacar el carácter arcaico que distingue la cultura
material de Cabranes hasta el día presente:
pág. 308. Demuestra la definición de caxellu, quixellu “tronco vie-
jo y hueco de árbol, que se corta y se emplea como colmena? que Cabra-
nes ha conservado una de las formas más primitivas de la colmena que se
pueden imaginar, En cuanto a detalles véase W. Brinkmann, Bienenstock
und Bienenstand in den romanischen Lándern. Hamburg, 1938, págs. 25,
107 (referencias a Asturias).
pág. 297, picaderu 1. tronco de árbol sobre el que se parte la leña,
2. el madero, a veces en forma de escalera, para subir al hórreo. Parece
que se trata, en este último caso, del primitivo tipo de escalera entallada
(tiene varios cortes de hácha que sirven de escalones) que data de tiempos
prehistóricos y del que subsisten ejemplares tan sólo en algunas regiones
arcaizantes de la Romania. Remito a Hochpyrenien A 1, 274-276 donde
el lector encontrará la reproducción de este tipo de escalera existente en
el SO de Asturias y datos comparativos. Representa un tipo parecido el
burro descrito por Santos Coco, Wocabulario extremeño, RCEstExtr XIV,
138-139.
pág. 104. arrude = especie de percha que se coloca en las puertas
de las chozas de los pastores; las ramas, secas y deshojadas sirven para
colgar jarros y pucheros (fig. 1). Trátase de un utensilio rudimentario
que se ha conservado en algunas zonas pastoriles de Europa (Hochpyre-
náen A II, 203). Tan rara como la forma es la terminología vinculada en
ciertos países a este objeto: astur. arrude, arrudu, extrem. arrequi y gara-
mancho (RCEstExtr XIV, 158); según toda probabilidad son de origen
prelatino.
Reseñas 2 75
pág. 333. cuña, sardera “enrejado de verdascas sobre el llar para
curar las castañas”. Ya en el siglo XVI Eugenio de Salazar, en una carta
dirigida de Asturias a sus amigos madrileños, llamó la atención sobre este
simple, pero ingenioso aparato: “Las castañas tienen en alto sobre unas
mimbres tejidas pendientes de ,Unas sogas, en las cuales miran y contemplan
como los moros en el zancarrón de Mahoma” (Biblioteca de Autores Es-
pañoles LXII, 303). En una ocasión anterior señalé que en efecto se trata
de un resto antiguo de secadero (compuesto de mimbres entretejidas y co-
locado encima del llar) que se ha conservado todavía en ciertas regiones
arcaizantes de la Romania (particularmente en el NO y Oeste de la Pe-
nínsula Ibérica) y que en otras partes ha sido substituído por dispositivos
más perfeccionados (ZRPh LVI, 456-457). Sobrevive también en los
primitivos ranchos de los países hispanoamericanos, según se deduce del
instructivo estudio que recientemente dedicó A. Dornheim a la vivienda
rural en el Valle de Nono (An. de Arqu. y Etn. IX, 52: zarzos; en Co-
lombia, por extensión, = “sobrado, desván', Santamaría).
Ya no se utiliza hoy el duerno o sea la pila de piedra para la mo-
lienda del grano (pág. 300), pero sí subsiste una especie de molino casero
(molin de pisar) ; antes se movía a mano (Rato y Hévia s. y. rapin, rabil),
en Cabranes fué substituído por un mecanismo más perfeccionado (figuras
19, 20: molin de rabilar o de pisar).
Mencionaremos por fin las mesories (pág. 266), que son, según la
descripción exacta de E. M. Torner, dos palos de unos 40 centímetros de
longitud unidos en uno de sus extremos por medio de una cuerda y que se
usan para la recolección del trigo. Parece seguro que se trata de una super-
vivencia del sistema primitivo de arrancar las espigas por medio de PEC-
TINES conocido en la Antigiiedad (Kriiger, El léxico rural del Noroeste
1bérico. Madrid, 1947, pág. 54; P. Schmitz - Elsen, Die Agrarland-
schaft der italienischen Halbinsel. Berlin 1938, pág. 39 con referencias a
las fuentes latinas).
F. KrUcer
María Concepción Casado Lobato, El habla de la Cabrera Alta. Con-
tribución al estudio del dialecto leonés. Madrid, 1948, XIX - 190
págs., láminas y 20 fotografías. Revista de Filología Española Ane-
jo XLIV.
La región cuyo dialecto la Srta. Casado Lobato estudia en su tesis
doctoral, presentada en 1947 a la Facultad de Filosofía de la Universidad
276 Reseñas
de Madrid, no es completamente desconocida a los romanistas. Refiérese
a ella con frecuencia A. Garrote en su Mocabulario del dialecto vulgar
leonés hablado en Maragatería y Tierra de Astorga (2* edición, Madrid
1947) y está incluída en las zonas colindantes de Sanabria cuya cultura
material describí en mi libro Die Cegenstandskultur Sanabrias und seiner
Nachbargehiete en 1925 (abreviación: GK). Forma la Cabrera Alta
parte de la zona Sur de la provincia de León, colindando en el Este con
la Maragatería, en el Sur con Sanabria (provincia de Zamora) y en el
Oeste con la Cabrera Baja de la que se distingue tanto en el aspecto
geográfico como en el lenguaje. Trátase de uno de aquellos valles atrasa-
dos del NO que por su aislamiento secular ha guardado hasta hoy día un
carácter marcadamente arcaico tanto en su lenguaje, que presenta un fiel
reflejo del antiguo leonés, como en los aspectos de su cultura material,
La Srta. Casado Lobato ha prestado a la filología un gran servicio
estudiando sistemáticamente el vocabulario de esa tierra y destacando, a
base de una recopilación riquísima, los rasgos principales que distinguen
la fonética y la morfología de su dialecto. Los que, como yo, han recorrido
ese mundo lejano, pobre en recursos económicos y materiales, y los que
conocen las dificultades que presenta la convivencia con esa gente humilde,
desconfiada y recelosa, saben apreciar la energía y el esfuerzo físico que
la joven filóloga madrileña ha tenido que desplegar para llevar a cabo su
trabajo en ese ambiente extraño. La Srta. Casado Lobato ha observado
muy bien los matices fonéticos del dialecto, ha conseguido trazar un cuadro
casi completo de la morfología y ha recogido un material lexicográfico
rico y variadísimo en sus aspectos,
Exceptuando unos cuantos casos especiales que me habían llamado
la atención en 1921/22 (sobre todo el carácter particular del dialecto de
Valdavido) y que han sido corroborados por la autora del presente tra-
bajo, el dialecto de la Cabrera Alta parece ser bastante uniforme; mucho
mayor es en cambio el contraste que presenta la Cabrera Baja (Encinedo,
La Baña, etc.), según demostraré en el segundo tomo sobre Sanabria que
será dedicado a los dialectos de esa región y de sus zonas colindantes.
Acompañan el estudio de la Srta. Casado Lobato un gran número de
dibujos y 20 fotografías, ilustración perfecta de la cultura material de ese
país.
Seguirán unas cuantas observaciones de detalle que demostrarán el
interés que ofrece el trabajo presente:
págs. 43-44. En el pueblo Valdavido citado arriba, la autora ha
observado los diptongos ai y au en lugar de ei y ou respectivamente, conser-
vados generalmente en los dialectos leoneses: caldaira, tartaira; raupa
Reseñas 217
“ropa”, pauco “poco”. “Dado el carácter de esta localidad” —dice la au-
tora— ''que es, en lo que se refiere al habla y costumbres, la más atrasada
por su aislamiento, podríamos pensar si en realidad se trata de la perma-
nencia de un primitivo diptongo o si, por el contrario, es producto de una
disimilación posterior”. Para mí no cabe la menor duda de que se trata
de una disimilación o, mejor dicho, diferenciación posterior. Ya la forma
yau = “yo”, you en los pueblos vecinos, que la autora considera como ana-
lógica, es sospechosa. Adviértase además que en la zona colindante de
Sanabria, y más particularmente en Carbajalinos, encontramos exactamente
el mismo fenómeno. Demuestran los ejemplos que los diptongos ai y au no
son en ese pueblo tan sólo la continuación de formas en las que podría
suponerse la permanencia de un primitivo diptongo ai o au respectivamente
(L aixe “el eje”, AXE, faixe de laiña (1) “haz de leña”, FASCE; aira
“era", baiso “beso; taucino “tocino”, auyíus “oídos', autoño “otoño”), sino
también de formas que evidentemente carecen originariamente de tal ele-
mento (llaiña “leña”, raya “reja REGULA, ye fayo “es feo”, curraya
“correa”, chuminaya 'cheminea”, ¿hai yíe? “¿qué es?, raiseñore “ruiseñor;
-ado = -ou 3* persona del perfecto; eutubre “octubre', auriellas “orillas”,
auvaya “oveja”, etc.
Trátase pues de un caso típico de diferenciación vocálica tal como se
observa con tanta frecuencia en portugués (rei > rai, lenha > lamha, RL
TI, 59, 71; Sá Nogueira, Fon, port., págs. 81, 84, 86), esporádica-
mente en hispanoamericano (Mangels, Sondererscheinungen des Spanischen
in Amerika. Hamburg 1926, pág. 56) y en otros idiomas (Grammont,
Traité de phonétique. Paris, 1946, pág. 230).
pág. 50. Vacila la autora en admitir labialización de la vocal pro-
tónica en furmiento “levadura?” =— FERMENTUM, citando la etimología
propuesta hace años por A. Castro *FORMENTUM, FRUMENTUM.
Estoy seguro de que el insigne romanista hoy día ya no aceptaría tal eti-
mología. Es la labialización de la e protónica un fenómeno tan arraigado
en los dialectos occidentales, que casi no vale la pena discutir la cuestión.
Compárese últimamente H. Schneider, VKR XI, 204-207.
pág. 51. Falta una referencia a la caída de e- protónica en casos
tales como tas enfadado “estás enfadado”, scarva cun o focino “escarba
el cerdo con el hocico” Quintanilla, etc., fenómeno igualmente muy leonés
(5. Ciprián, pág. 58 y, en cuanto al Oeste de la Península K, Schneider,
VKR XI, 207-208).
Hay otros casos importantes tales como engosta “estrecha” Quintanilla,
ingúento “ungiiento” Truchas, etc. en los que no insisto en este momento.
pág. 51. Merecería sin embargo una exposición más amplia el caso
278 Reseñas
de la -e final (la autora habla de conservación de la - e). En el caso de
dener* “tener”, azúcar” “azúcar parece que se trata de una -e paragógica, la
cual, según mis apuntes, no forma de ningún modo la regla en algunos ha-
bitantes. En cuanto a sed” “sed”, red* “red”, pared? 'pared', cuya e final,
según la autora, es también una -e débil y relajada, no sé si es exacta su
transcripción; yo apunté con toda regularidad una -e plena; parece pues
que se trata de una -e original. Ha favorecido la conservación de la -e final
la e tónica, fenómeno bastante difundido en los dialectos occidentales, pues-
to que en otros casos, según mis propias observaciones, aparece la forma
castellana (salú “salud”, las nabidás “fiesta de Navidad” Quintanilla, ña-
bidá, ciudá, madriz “Madrid” (Truchas). Cabe agregar por fin pexe
(x = palatal fricativa) 'pez' y las formas esdrújulas ánjele, árbole, giés-
pede “huésped”, cárcele (de la cocina), etc.
pág. 62. Sorprende la lateral palatal de esbullar “pelar patatas”,
según García de Diego, RFE XII, 5 derivado de *DEFOLLIARE, fren-
te a paya 'paja', aguya “aguja”, etc. Encontré buchar, abuchar en el SO
de Asturias y esbullar, al lado de bullar, en la zona gallega de Sanabria,
donde corresponde exactamente a berc. bullar, gall. bullar, debullar, esbu-
llar y port. desbulhar, abulhar, esbulhar (Leite de Vasconcelos, Opúsculos
II, 256). Parece pues que la forma leonesa esbullar representa un galle-
guismo.
Lo mismo podrá decirse de erbellos “guisantes” = port. ervilha.
pág. 62. La castellanización que se observa en cuanto al tratamiento
del grupo romance mn en la Cabrera Alta (lumbre, sembrar, etc.) es
uno de los rasgos más característicos que separan esta región de la Cabrera
Baja donde se ha conservado por lo general la forma occidental (llume,
omes “hombres”, ñome “nombre”, fame 'hambre”, etc.).
pág. 68. Registra la autora como femenino del numeral las formas
duas, duyas. Pero encuéntrase también con frecuencia la forma dues, ambas
dues, con debilitamiento de la a.
pág. 70. Yo apunté al lado del pronombre ñusoutros también ñesou-
tros Valdavido, forma que puede ser comparada con ñasoutros, basoutros
de la Cabrera Baja.
pág. 78. Predomina en la Cabrera Alta el tipo cosieron, unieron, etc.
de la 3* persona del plural del pretérito perfecto. Pero ya en la Cabrera
Baja aparecen formas occidentales tales como nacienon “nacieron”, vendienon
“vendieron', chubienon “subieron”, murienon “murieron”, etc.
pág. 63. La sonorización de la c- inicial (cordón > gordón) que la
autora considera como un caso de equivalencia acústica (término que ha cau-
sado confusión entre los jóvenes filólogos españoles) tiene mayor difusión
Reseñas 279
en los dialectos occidentales de lo que se puede sospechar; compárense p. e.
cordón > gurdón en la Cabrera Baja y en Sanabria (Gegenstandskultur
Sanabrias 278), cayato > gayalo Sanabria (ib. 160), cocho > gocho Ma-
ragatería etc. (Garrote; Steiger, Corbacho, $ 22*); cacho > gacho Tras
os Montes (RL XII, 100; XIV, 86; Leite, Opúsculos 11, 245); gonchu,
al lado de conchu, “nuez” en la zona gallega de Sanabria; cuspo > guspe
Alentejo (RL XIX, 319); cuspir > guspir, cuspo > guspo Algarve (Es-
tanco Louro, O liuro de Alportel. Lisboa 1928, pág. 244); ant. leonés
cuyar = guliare (Menéndez Pidal, Orígenes, pág. 328), etc.
págs. 68-69. Podrían añadirse a las esdrújulas citadas por la auto-
ra las voces siguientes: salamántica, salamánkita “salamandra” Sanabria y
las nuverosas variantes correspondientes a abiéspara 'avispa': gall. avéspo-
ra, véspora, véspera, vespra (al lado de néspera, nespra), trasmont. abés-
pora, brespa (RL XV, 336, 341, 246; XX, 137, 145), abrespa
(RL XII, 110); Entre -Douro-e- Minho béspra (Leite, Opúsculos TI,
438); extrem. bespra (RL XXVIII, 225); al. cvéspra, abespra, abes-
prero (RL VII, 104); ast. aviéspara, viéspara (Braulio Vigón; Canellada,
Cabranes, 71), abrespa (Acevedo), briespa en el Valle del R. Ibias;
abiéspura Sanabria; por fin las variantes innumerables de meréndano =
“fresa silvestre”: ameruéndano Cabrera Baja, amaruógano, amaruégano
etc. Sanabria, mouruéndarno, amoruédano, amourégano, amoruégano en el
Valle del R. Ibias. Muestran estas últimas formas, al lado de gall.
amora, morango, morodo, morogo, ast. occi. amurolo, amorolo, port. mo-
rango, canar. moriangano, muy bien la raíz mor- (cruzada con mouro)
que hay que suponer para explicar aquéllas; cp. REW 5696,
pág. 59. En cuanto a truexo “troncho, tallo de las hortalizas” remito
al artículo Vocablos y cosas del Noroeste Ibérico que va a salir en NRFH.
págs. 59, 145. Acierta la autora admitiendo para puxia (x= fri-
cativa palatal) “polvo de la paja trillada' como base etimológica la forma
PULSUS, PULSA ( -uls- >> -uis- > x). Concuerdan perfectamente
con las formas citadas por la autora y a las que podríamos agregar ponxa
“cascarilla del grano de la escanda', verbo esponxar, registrados por Brau-
lio Vigón y Canellada (págs. 303, 205) en Cabranes, poxa igualmente
usado en Asturias (Rato y Hévia), puisa “despojos que quedan en la era”
en el NO de la provincia de León (Alvarez, Babia - Laciana, pág. 323),
gall. puxa, pocha 'tamo” en el Sur de la provincia de Orense (Schneider,
VKR XI, 276, 277), pócha 'casca de painco ou de milho' Tras os Montes
(RL XIL 116; XIV, 87) y las formas siguientes todas ellas pertene-
cientes al extremo SO de Asturias: puisa Bao, Tablado; poixa Genestoso;
poxa Máñores, Fuejo, Besullo; puxa Degaña, forma que se extiende a la
280 Reseñas
zona oriental de la provincia de Lugo (según informes del Dr. W. Ebeling),
al lado de polvo. Interesa lo que dice el señor Lebel en su instructivo ar-
tículo sobre la etimología de francés poussiére publicado en la revista “Le
francais moderne” X, 1942, págs. 285-293; llega el insigne romanista
francés exactamente a la misma conclusión a base de vocablos dialectales
franceses.
pág. 59. 'En cuanto a xixos (x = palatal fricativa) 'carne de cerdo ,
picada y adobada para embutir”, palabra que la autora deriva, según la
proposición de G. de Diego, de INSICIA, parece seguro que se trata de
una forma expresiva (lenguaje infantil), según ya señalé en NRFH II,
384.
pág. 97. Fundándose en documentos leoneses del siglo XI la auto-
ra confirma la etimología propuesta, hace años, por D. R. Menéndez Pi-
dal en RFE XI, 413-414 de pregancia, bergancia 'llares'. El área de
extensión geográfica de este vocablo puede delimitarse de la manera si-
guiente: Cabrera Alta y Baja (Gegenstandskultur Sanabrias 90), Mara-
gatería, partes del Bierzo, NO de la provincia de León (Guzmán Ávarez,
Babia - Laciana, pág. 322: pregancias), zona SO de la provincia de Ovie-
do (V, del R. Ibias oriental y sus alrededores: preganza Vallado, De-
gaña, Tablado, Villar de Cendias, Genestoso, Cerredo; pregancia Puerto
de Leitariegos; pregacheira Bao); es decir domina la zona occidental de
la provincia de León y las partes colindantes de Oviedo (Asturias). Pero
ya en la ribera del R. Narcea (Besullo, Trones) y más hacia el Norte
(Máñores, Bruelles) aparecen gamayeras, gramayeras, formas recogidas
también por Acevedo en el Oeste de Asturias (gamalleira, gamayeira).
En el resto de Asturias el tipo pregancies parece ser relativamente raro
(concejo de Lena, RFE XI, 414; Llanuces, Bol. de la R. Soc. Geogr.,
Revista, XIV, 257, al lado de calameyeres). Lo desconoce también la
zona gallega (apunté gramalleira, garmalleira en la parte gallega del R.
Ibias y en la ribera del R. Navia; garmalleira Bierzo occidental, Cebrero -
Lugo).
Agregaremos al vocablo especificamente leonés bergancia el nombre
toponímico barrio de les bergancias de Quintanilla de Yuso.
pág. 108. El agujero de la muela del molino por donde entra el
grano lleva el nombre metafórico gieyo “ojo”. Esta metáfora dáse con fre-
cuencia en los dialectos occidentales: en Asturias gijeyu (Canellada, Ca-
branes, pág. 239), en Galicia ollo (Orense) y en Portugal (olho Serra
da Estréla, Baiáo, Vila do Conde, etc.; olháo Minho, VKR IV, 111;
RPFil II, 127, 160), así como también en catalán y otros dialectos ro-
mances (Hochpyrenáen D 178). Compárese también la misma designación
Reseñas 281
para el orificio central de la rueda del carro en dialectos occidentales
(Cegenstandskultur Sanabrias 218).
pág. 108. En cuanto a tarabico, tarabica “cítola del molino que
debido al movimiento de roturación, produce un ruido trepidadizo”, remito
a lo dicho en Hochpyrenáen D 173 sobre el origen onomatopéyico y la
extensión geográfica de esta palabra. Demuestran las numerosas variantes
citadas allí y los ejemplos recogidos últimamente en RDiTrPop 1V, 312
y sigs. que hay que rechazar definitivamente la etimología “TRABELLA.
Queda todavía sin explicar el término tranceiro que en la Cabrera
Alta se da al mismo objeto. Puede que también en este caso se trate de
una forma onomatopéyica (taranceiro > tranceiro).
pág. 114. A las formas llourigo, lourigal “ahondamientos practica-
dos en la pared del horno” puede agregarse el topónimo lluregueiros que
aparece como nombre de un monte en Quintanilla de Yuso y que indica
muy bien el sentido original del vocablo: iberoromance “LAURICA “co-
nejo”, correspondiente a cat. lloriguera.
pág. 129. Con respecto a la difusión geográfica y al origen de
trasga “anilla de cuero o de madera que pende sujeta en la parte central
del yugo” puede interesar al lector lo que queda dicho en Hochpyrenáen
C Il, 67-69,
pág. 139. La animalización que se observa en la designación corza
dada a la horquilla puesta en la lanza del carro me parece tanto más acer-
tada cuanto que ocurren también nombres tales como caballete y cabra
(VKR V, 90).
pág. 135. Son interesantes las designaciones llobacho, solobo y
sobrellobo que se dan en ciertas regiones del Oeste y del Norte al madero
o travesaño embutido o ensamblado a cola de milano sobre el eje del carro,
manteniendo fija la anchura de aquél. Trátase evidentemente de otro caso
típico de animalización de objetos. He aquí unos cuantos ejemplos que de-
mostrarán la variedad metafórica en la que se presenta el lobo, debido a
su dentadura y a su voracidad.
llobu 'pieza de madera que va embutida en la parte inferior del suelo
del carro y sirve para sujetar las pértigas* Asturias (Braulio
Vigón).
lobatón, labatón empleados en el mismo sentido en la parte oriental
de la provincia de Lugo y en el Valle del R. Ibias (Ebeling,
VKR V, 64, nota, 70).
lobeto, lobete “espiga incrustada en la parte inferior del lobatón' en la
zona oriental de la provincia de Lugo (Ebeling, VKR V, 92).
282 Reseñas
loba “entalladura inferior en la parte delantera de la lanza del carro*
(VKR 1, 255; Ebeling, VKR V, 64); compárese lupatus
= mueso de freno (A. Castro, Glosarios lalino-españoles de la
Edad Media, pág. 244).
lobete “travesaños que atraviesan la lanza del carro” (Vigo - Galicia).
lobatón “cinta de hierro que, en forma de media luna, afianza las di-
versas piezas de la rueda del carro” en Gancio, SO de la pro-
vincia de Oviedo; en otras regiones gato (Cegenstandskultur
Sanabrias 219); cp. cat. lloba “pega de ferro, del pany de la
porta que es mou per mitjá de la clau” (BDC XX, 164; Grie-
ra, Tresor), loup *crochet de fer' en Francia, etc.
lobato 'parte superior del eje del rodezno del molino, que se une a
la parte inferior por medio de una muesca o entalladura' Ga-
licia (Cuveiro Piñol), port. lobete, lobato (Figueiredo), boléte
Baiáo, nobele Alto Minho, luvete Serra da Estréla (VKR I,
08 AMD
llop “una de les rodes principals en les máquines de teixir que van
mogudes per aigua” Cataluña (Dicc. Aguiló).
Compárense por fin loube = “sierra” en dialectos bearneses etc. (Pa-
lay; ALF 1205 Bouches-du-Rhóne), lubat “traverse du ráteau' (Rohlfs,
ARo VII, 127), etc.
El uso metafórico de LUPUS se remonta ya al latín (".
pág. 137. macho designa la pieza medial abultada de la rueda del
carro. Ocurre exactamente la misma metáfora en la Cabrera Baja (Gegen-
standskultur Sanabrias 214, 217) y en la Maragatería (Garrote). Es
frecuentísimo el empleo de macho para designar ciertos objetos o partes de
los mismos. Compárense macho en la ac. 5* del Dicc. Ac. Esp. y los ejem-
plos siguientes:
macho '“rabica do arado” Minho (Figueiredo), 'ferro principal da
áncora' Vila do Conde (RPFil II, 155), “parte abultada de
la hoja de la hoz y de la azada' provincia de Lugo (VKR V,
121, nota 6, 128), 'cada una de las argollas que se colocan
en la quilla para sostener la candinga' Chile (BIFilUnChile
IV, 186). Nos encontramos con la misma metáfora sexual en
los dialectos pirenaicos donde mascle designa un travesaño que
sobresale del lecho del carro (Schmolke, Transport und Trans-
(1) Compárese el capítulo “Immagini daila fauna in termini tecnici la-
tini”” en V. Bertoldi, La parola quale mezzo d'espressione. Napoli, 1946,
págs. 169 y sigs,
Reseñas 283
porigerále in den franzósichen Pyrenáen. Hamburg, 1938, pág.
60; Palay), etc. a
pág. 145. En cuanto a balea “escoba que se utiliza para barrer la
era”, vocablo que la autora deriva del celta BALAI, hay que tomar en
cuenta lo dicho por W. Bierhenke, VKR II, 53-54 y la discusión dete-
nida del problema que se encuentra en Hochpyrenáen C TI, 284-298 y
de la que se deduce que la etimología celta es inadmisible para las formas
ibero-romances. Ocupan una posición aparte los verbos hispanoamericanos
balear, abalear, balacear “tirotear”, directamente derivados de bala *pro-
yectil”, frente a balayar 'aventar los granos con el balay = “aventador,
cernedor rústico usado para aventar principalmente el arroz y el café” (San-
tamaría, Diccionario general de americanismos. Méjico, 1942, I, 179),
vocablos que de su parte se relacionan con balayo empleado en el mismo
sentido en las Islas Canarias (Lugo, Colección de voces y frases provincia-
les de Canarias. La Laguna, 1946, págs. 61-63, con numerosas referen-
cias al hispanoamericano) y port. balaio “cesto da roupa, fruta, etc. en
los dialectos interamnenses (Leite de Vasconcelos, Opúsculos II, 474).
“especie de grande ciranda, tóda de junco e esparto, que serve de tampa
de alguidar, para expor ao sol figos, etc.” Estremadura (RL XXXVI,
90), 'cesto feito de qualquer substancia vegetal, de tamanhos e formas
diversas” (Pereira da Costa, Voc. pernambucano, etc.), probablemente
también con murc. baleo *1l. soplillo de pleita que se usa en las cocinas,
2. ruedo grande de esparto o pleita con un reborde de lo mismo, que se
destina ordinariamente a depositar granos” (García Soriano).
pág. 146. Corresponden a cambón, palabra con que designan en la
Cabrera Alta el palo o lanza que une el trillo al yugo, en Rionor de Sa-
nabria cambo y en la zona oriental de la provincia de Lugo en sentido pa-
recido cambón (VKR V, 93); además trasmont. camboada 'pareja de
bueyes”, verbo acamboar (Gegenstandskultur Sanabrias 182-183). Deri-
van todas estas voces de la raíz CAMB- (Cp. VKR 1, 278-281). Tiene
exactamente el mismo origen la palabra calamón registrada por la autora
en Castrocalbón con el significado indicado arriba y que presupone las for-
mas camal, camalón, según ya expuse en Hochpyrenáen C 1, 313 (cp.
ib. pág. 79).
Ya dijimos antes que los capítulos dedicados a “Palabras y Cosas"
tienen un carácter marcadamente etnográfico. Sacarán de ellos gran pro-
vecho los interesados por el estudio de la casa rural, de la vida agrícola y
de los aperos de labranza. Tienen estos capítulos un carácter netamente
descriptivo. Sólo en el capítulo dedicado al carro rural, es decir al bien
conocido carro chillón, la autora traspasa los límites de la descripción,
284 Reseñas
planteando el problema del origen del carro chillón. Después de Aranzadi
toqué este teme en mi artículo Der Beitrag Portugals zur europáischen
Volkskunde, publicado en la Comunicacío apresentada A secgáo do Con-
gresso Nacional de Ciencias da Populacio. Pórto 1940, pág. 38, refirién-
dome a la obra fundamental que el etnógrafo sueco Gósta Berg dedicó a
Sledges and whecled vehicles. Stockholm, 1935, obra ricamente documen-
tada de la que no se puede prescindir cuando se quiere tratar un problema
tan delicado.
F. KrUcER
Cuadernos canarios de investigación, 1. Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, Delegación en Canarias. Santa Cruz de Tenerife, 1948.
Un vol. en 8” de 112 páginas,
El presente primer fascículo de los Cuadernos Canarios contiene una
serie de trabajos del diligente investigador J. Alvarez Delgado. Hay que
hacer notar que las islas Canarias comienzan a interesar vivamente a los
arqueólogos por los restos importantísimos que en los últimos años han
aparecido allí; de la misma manera, y aunque los restos son pobres en este
otro campo, los lingiiistas perciben también el interés que las islas tienen por
sus remotas conexiones no sólo con África, lo cual es obvio, sino con la
España primitiva y con las culturas mediterráneas en general.
Estos son los temas que Álvarez Delgado toca en sus estudios, y por
cierto con fortuna desigual, si bien aportando siempre indicaciones del ma-
yor interés con respecto a la trascendencia de los recientes descubrimientos
de la arqueología y la lingilística canaria, que merecidamente llaman la
atención de investigadores, incluso extranjeros.
Pasando a la reseña de los cinco trabajos de Alvarez Delgado com-
prendidos en este tomo, haremos notar lo que en ellos nos parece nuevo e
interesante, sin dejar de advertir previamente que el autor tal vez ha des-
pachado apresuradamente cuestiones importantísimas, sin detenerse en la
investigación, como deseoso de comunicar a los demás sus descubrimientos.
El primer trabajo critica como dos falsos etrusquismos los términos
Roma y haruspex. El autor expone que el nombre de la urbe no es otro
que un apelativo canario conservado por los cronistas: roma 'casa fuerte”.
Dicho así, será difícil que los investigadores acepten tal resultado, pero no
se olvide que Canarias ha dado recientemente en excavaciones ídolos de
placa del tipo cicládico, y muestra conexiones mediterráneas que no permi-
ten lícitamente prescindir por principio del acercamiento que documenta
Reseñas 285
muy bien el autor, haciendo ver que las etimologías hasta ahora propuestas
no eran satisfactorias. La [foma quadrala sería la roma canaria, “torrejón”,
y precisamente “cuadrado'.
Del mismo modo, haruspex se interpreta por el autor por el canario
jáira “cabra”, haridaman “rebaño”, harhuy *cuero”.
Después de planteados estos problemas, pasa el autor a la palabra
Vascones. Después de un examen algo ligero de las opiniones existentes,
cree que la diferencia de esta forma con la monetal ba(r)scunes (estudiada
por mí en el Bol. de la R, Soc. Vasc. 11) se basa en algo así como la al-
ternancia de sordas y sonoras en casos como Vacco-caburio y Vago-don-
naego. Sobre este tipo de sonorización de sordas intervocálicas me he defi-
nido en el Bol. de la R. Acad. Española XXVIII, y no voy a repetir aquí
mi argumentación. Pero las conclusiones de Álvarez Delgado sobre si
Vascones y Bascunes suponen de por sí distintas posiciones del acento'me
parecen imposibles. Baetulo es la forma romana de lo que en las monedas
podía ser baitolo. Es un fenómeno del latín, que nada tiene que ver con
las lenguas indígenas de España. Yo no creo, como parece pensar el autor
(pág. 51 s.) que -co- en vascones sea ibérico. Lo que pasa es que la cosa
es muy compleja, y de una parte hallo claras formaciones de las regiones
indoeuropeizadas de España y Galia donde se da la formación con -con
de derivados (asturco es clarísimo, no menos el aquitano Belex Belexconis
f.), mas por otro lado tenemos Tarraco Tarraconis, Obulco Obulconis, en
zonas no indoeuropeas: ibéricas y tartesias. Pero el sufijo -ko (tras del que
los lingilistas que en esto siguen a Schuchardt no ven sino el -ko vasco)
es otra cosa distinta. "Tampoco vemos de dónde sale la explicación de
“eursko (de donde eusko según el autor) como “lo nuestro, lo propio” (pág.
64).
Que las dos eses o tres del ibérico son restos mal organizados del alfa-
beto semítico, que me parece nada tienen que ver con la fonética del ibero
(como no tienen nada que ver las dos eses en muchos alfabetos griegos, en
el etrusco etc.), es cosa que he dicho, y si el autor lo hubiera tenido en
cuenta, se hubiera ahorrado opiniones inútiles que expone en la pág. 55.
También está (pág. 57) en la repetida confusión de cántabros y vascos,
que el P. Flórez dejó aclarada para siempre.
Más interés tiene el estudio sobre magalia y map(p alía, palabras
latinas de origen africano que el autor interpreta teniendo en cuenta datos
reales de importancia arqueológica. También aporta aquí el autor datos
de los restos de la lingilística canaria. En Tenerife mago es el “campesino
rústico”, en Gran Canaria significa lo mismo maúro, El magus “campo' del
celta sería un elemento de sustrato africano. El autor va demasiado lejos
286 Reseñas
al incorporar a la misma raíz el nombre nacional de los bereberes amazig
o tamahak.
Las interpretaciones del carmen aruale y del vaso de Duenos, con las
que se cierra este cuaderno, pecan de demasiado originales y seguras, sin
ningún resquicio de duda, y esto hará desconfiar al lector formado en cri-
terios más severos,
En resumen, he aquí una serie de trabajos que plantean más proble-
mas de los que resuelven.
A. TovAr
Universidad de Salamanca.
Manuel de Paiva Boléo, Introducio ao estudo da filología portuguesa.
Lisboa, Ed. da “Revista de Portugal”, 1946. VIII - 150 págs.
Separata de los números 34 - 43 de la “Revista de Portugal”.
El presente opúsculo —según el programa expuesto por el autor en
el Prefacio, pág. VIl— “no es una iniciación, pues no aspira a enseñar
los rudimentos de la filología portuguesa; es más bien una guía para todos
aquellos —estudiantes de la Universidad y otras personas-— que, ya dis-
poniendo de alguna preparación filológica, desean familiarizarse con los
principales instrumentos de trabajo y otras fuentes de información, con el
objeto de renovar sus conocimientos y elaborar trabajos personales sobre
asuntos de filología portuguesa y románica”. Procura el autor, pues, su-
ministrar a los alumnos la bibliografía indispensable para sus trabajos y
transmitirles al mismo tiempo la técnica y el método de la investigación
filológica. Tal iniciativa —Íntima expresión de necesidades hondamente
sentidas por el autor y expuestas brevemente en el prefacio de su obra—
merece el unánime elogio de los que conocen las dificultades que aun existen
en ciertos países de la Romania ——no sólo en Portugal — respecto a la en-
señanza universitaria de la filología románica y a la formación de roma-
nistas futuros, Por consiguiente el vademecum del activo romanista de Coim-
bra será leído también fuera de Portugal con gran interés,
Después de tratar en el capítulo primero (págs. 1-4) la necesidad
de bibliografías especializadas, presenta en los dos capítulos siguientes la
bibliografía de la fonética (general y portuguesa; págs. 5-18) y de los
elementos del léxico portugués (elementos prelatinos, latinos, germánicos,
árabes, etc.; págs. 19-39). Ilustran unos cuantos ejemplos los problemas
de la lexicología romance. Prosigue esta discusión en el capítulo IV, de-
dicado a los diccionarios etimológicos (págs. 40-56), con particular refe-
Reseñas 287 .
rencia a las demás lenguas romances. El capítulo V trata de la explicación
de textos arcaicos (págs. 57-72). Habría sido conveniente reservar a las
gramáticas históricas incluídas en esta rúbrica un capítulo aparte. El ca-
pítulo VI dedicado a la técnica de investigación filológica, especialmente
sintáctica y semántica (págs. 73-87; en este caso también habría sido pre-
ferible separar las materias) prepara el último capítulo en el que el autor
plantea varios problemas que podrían formar el objeto de trabajos futuros
de parte de los alumnos (págs. 88-117).
Hay que reconocer que el Dr. Paiva Boléo hace lo posible para
abrir a sus alumnos el vasto horizonte de la Romania (claro que sin aspi-
rar a una bibliografía completa). Sorprende, sin embargo, que en la biblio-
grafía sistemática no figuren comentarios sobre obras tan fundamentales
como la Introducción al estudio de la lingiiística romance de W. Meyer -
Liibke (tan sólo mencionada de paso en la pág. 63, nota 14) y los Orí-
genes del español de D. R. Menéndez Pidal (igualmente citada sólo en
una nota de la pág. 24, con referencia a un detalle fonético). Faltan tam-
bién los manuales de Zauner y Bourciez.
Por otra parte es tan rica y minuciosa la información bibliográfica
que casi temo abusar de la paciencia y de la receptividad de los lectores y
abrumar a los filólogos incipientes, acarreando nuevos materiales. Me limito
pues a unas cuantas observaciones que podrán ser útiles al autor para una
segunda edición de su manual: en la parte general Au. F. G. Bell, Portu-
guese Bibliography. Oxford University Press 1922 y la Bibliographic
(anual) der Zeitschrift fiir romanische Philologie (la última publicada en
el año 1938); en la rúbrica de los grandes diccionarios (pág. 53) Lou
Tresor dóu Felibrige; entre las pocas gramáticas históricas catalanas (pág.
66) la tesis de P. Fouché, Phonétique historique du roussillonnais y Mor-
phologie historique du roussillonnais, Toulouse, 1924 y la tesis de M.
Niepage, Laut- und Formenlehre der altmallorkinischen Urkundensprache.
RDR 1, 301-385; II, 1-51 (a la vez uno de los mejores estudios filoló-
gicos sobre documentos medievales de la Península); la gramática de Hu-
ber citada entre gramáticas históricas no pertenece a esta categoría; en el
capítulo dedicado a las fórmulas de tratamiento y en el cual el autor remi-
te también al hispanoamericano, el estudio instructivo de F. Weber pu-
blicado en RFH III, 105-139.
Según se deduce del temario presentado antes, el Dr, Paiva Boléo
se ha limitado en el presente manual a algunos aspectos escogidos de la
filología portuguesa. Falta pues un capítulo sobre el latín vulgar (y la bi-
bliografía correspondiente, reservada, como se señala en la pág. 26, para
la segunda edición), sobre la posición del portugués dentro de la Romania,
288 Reseñas q
sobre los métodos de la geografía lingiiística (tema sólo ligeramente esbo-
zado en las págs. 41 y 115), sobre toponimia y onomatología, No me
parece tampoco bastante perfilada la distinción entre fuentes literarias me-
dievales (tema ampliamente tratado) y documentos, entre lengua escrita y
lenguaje hablado (tema que indudablemente merecería una discusión aparte
y cuya importancia ya fué señalada por el mismo Paiva Boléo en un opúscu-
lo anterior) y la posición del brasileño frente al portugués (tema también
familiar al autor).
Hacemos votos para que estas ligeras sugestiones puedan ser útiles al
autor en la redacción de la segunda edición de su manual, la cual, en una
nueva forma, ampliada y perfeccionada, merece desde ya el reconocimiento
que debemos al joven romanista de Coimbra por su labor fructífera e in-
fatigable.
F. KrUcER
M. Rodrigues Lapa, Estilística da; língua portuguesa. Lisboa, Seara nova,
1945. 302 págs.
Hay libros que afianzan sus valores a través de los años. El manual
de estilística portuguesa que debemos al conocido filólogo M. Rodrigues
Lapa, apareció hace ya cinco años y según me informan ya está agotado.
Esto revela el interés y la apreciación que ha encontrado en su país. La
Estilística es un libro de divulgación, sin aparato bibliográfico, nacido de
una serie de clases que dictó el insigne romanista sobre “el arte de redac-
ción y de estilo"”. Es pues una obra eminentemente pedagógica escrita para
“o povo estudioso” con el objeto de destacar los matices del portugués
tanto en lo que se refiere al uso del vocabulario como a la formación de la
frase. Por esto el Dr. M. de Paiva Boléo lo califica (en su Introducáo
ao estudo da filologia portuguesa. Lisboa, 1946, pág. 100) de “estilísti-
ca” destinada a enseñar '“a arte de redigir””, comparándola con el conocido
libro de Strohmeyer titulado Der Stil der franzósichen Sprache y otros ma-
nuales por el estilo. Una tal comparación, sin embargo, sólo en parte está
justificada. Pues si la Estílistica del filólogo portugués aspira —como la
hoy día ya algo anticuada del gramático alemán— a fines pedagógicos,
no es menos cierto que se distingue de ésta por la base rigurosamente cien-
tífica que la caracteriza, vale decir por el arduo afán reconocible a cada
paso de dar una justificación o explicación lingiiística de los fenómenos
estudiados. En estas explicaciones (que por lo tanto representan el soporte
científico del presente manual) se nota claramente que el autor domina la
Reseñas - 289
bibliografía estilística de estos últimos decenios, los estudios clásicos de los
estilistas alemanes, franceses, suizos y españoles. Así es que mirado desde
el punto de vista portugués el manual del Sr. Rodrigues Lapa tiene un
carácter muy nuevo y hasta revolucionario, reaccionando contra cierto gra-
maticalismo pedante que únicamente admite las reglas de la lógica y que
desconoce las fuerzas vitales creadoras tales como se manifiestan en el
estilo literario y en el lenguaje hablado. Pero esta reacción no se da en
forma polémica, sino más bien atrayendo al lector por la manera amena,
comprensible y convincente que el autor imprime a sus argumentos. Son
numerosos los casos que podríamos citar para dar a nuestras observaciones
una base concreta: el empleo y la omisión del artículo, el adjetivo y la
caracterización (capítulo en que se nota claramente la influencia de Bally) ;
el sufijo diminutivo -inho (capítulo que podría ser ampliado por una refe-
rencia al uso del morfema en la canción popular); el dativo de “interés
afectivo” junto a verbos intransitivos: sorria, sorria-se; los tiempos del ver-
bo, el valor estilístico de los adverbios en -mente; las formas del superlati-
vo (págs. 155, 259), la coordinación y la subordinación; los matices es-
tilísticos en el empleo de preposiciones y conjunciones (véase particular-
mente el capítulo instructivo sobre la conjunción y págs. 283 y sigs.), etc.
Inútil es agregar que las observaciones y conclusiones a que llega el
autor son fundadas en un gran número de ejemplos bien seleccionados de
la literatura y del lenguaje familiar, “producto de larga experiencia y de
variada lectura”. Tal experiencia que incluye tanto autores modernos como
escritores anteriores permite al señor Rodrigues Lapa hacer sugestiones
interesantes sobre arcaísmos estilísticos, influencias del francés (impresio-
nismo, etc., págs. 123, 124, 139) y particularidades estilísticas de deter-
minados poetas y novelistas que podrían ser temas interesantes para inves-
tigaciones futuras. Lo mismo vale del lenguaje familiar cuyo “estilo” ocupa
el lugar que le corresponde en el presente manual. Sobre este tópico los
estudios clásicos de W. Beinhauer (Spanische Umgangssprache. Berlín,-
Bonn 1930, etc.), la tesis de A. Braue Beitráge zur Satzgestaliung der
spanischen Umgangssprache (Hamburgo, 1931) y otras contribuciones al
estudio del lenguaje familiar español y la reciente obra de Ch. E. Kany,
American-Spanish Syntax (Chicago, 1945) podrían presentar buenos mo-
delos.
Hacemos votos para que el señor Rodrigues Lapa, cuya actividad
científica desde hace mucho está bien conocida entre todos los romanistas,
nos brinde pronto la segunda edición de su estilística cuya orientación
moderna sin duda alguna fecundizará los estudios y la enseñanza de mu-
chos países.
290 Reseñas
Algunas observaciones de detalle que talvez serán útiles para la pró-
xima refundición: Sobre el cambio de género en casos tales como saco- saca
(pág. 135) deberían consultarse los estudios de y. Wartburg, etc. - No
me parece suficientemente explicado el valor de la preposición de en casos
como de conlente, nem reparou que estava ferido (pág. 278). Muestra
evidentemente un matiz causal: <a folha do castanheiro de amarela cai no
cháo >. <Caíu de cansado >. <De alegres que estavam, náo pensavam
em mal algum>. En cuanto al castellano véase Tobler, V. B. II?2, 201 y
sigs. Me parece conveniente evitar el antiguo término “elipse” para expli-
car la falta del verbo en el ejemplo siguiente: <<Semelhante gralha em li-
vro meu e suicidava-me> (pág. 289) y en casos análogos, pues en reali-
dad el verbo no ha existido nunca en el concepto del hablante; por lo
tanto no ha podido ser suprimido. Deberían eliminarse los capítulos dedi-
cados a la fonética del pronombre (pág. 162) y del verbo (pág. 205),
pues no tienen relación con la estilística.
F. KrUcEr
D. A. Tavares da Silva, Esbógo dum vocabulário agrícola regional.
Lisboa, 1942, 481 págs. Separata de los Anais do Instituto Supe-
rior de Agronomia, vol. XII.
Fué una idea feliz del Sr. "Tavares da Silva, profesor del Instituto
Superior de Agronomía de Lisboa, recopilar en forma de vocabulario el
acerbo tan rico, variado y expresivo que representa la terminología agrícola
regional de su país. Existen. numerosos estudios dedicados a la terminología
técnica de los paisanos portugueses, vocabularios regionales y locales y unas
cuantas contribuciones referentes a determinados objetos (el yugo y la
canga, el carro rural, el cigoñal, etc.). Pero todos estos trabajos, como se
sabe, están dispersos y en gran parte apenas accesibles a los estudiosos. Con-
siderando esta situación, un vocabulario destinado a recoger todo el rico mate-
rial de la terminología agrícola portuguesa —como el presente— resulta de
un valor capital, tanto más cuanto se base en investigaciones personales de par-
te del autor y en numerosos materiales nuevos que le fueron suministrados por
sus alumnos. Claro que los términos van rigurosamente localizados; facili-
tan además el manejo del vocabulario las referencias recíprocas entre las
designaciones de determinados utensilios, objetos, etc. Encontramos, p. ej.,
en la rúbrica trasmont. mólho = *conjunto de gabelas' referencias a los si-
nónimos gabela, mangado, pousada usados en otras regiones; en la rúbrica
Reseñas 291
mangual — 'manal compuesto de dos piezas y que sirve para desgranar los
cereales” toda la terminología que se refiere a las distintas partes de este
apero; en el capítulo molhelha usado en el Duero en el sentido de “piel que
se pone en el testuz de las vacas” referencias a las variantes meleia, melena,
melez, melido, molhida, molida de otras regiones, etc. Los jornaleros que
van de una región a otra para trabajar, particularmente en la temporada de
la cosecha —fenómeno tan divulgado en Portugal, pero que hasta ahora no
ha sido sometido a un estudio sistemático— figuran en el vocabulario del
señor Tavares da Silva como ratinhos, bimbos, caramelos, botas, barróes,
chaleiros, maltezes, gaiben; el rodete que las mujeres se ponen en la cabeza
para transportar cargas y los hombros en la nuca para transportar uvas
está representado por los sinónimos siguientes: moira, sogra, estribeira,
rodilha, rodoiga, trouxa, galha; el tutor de la vid aparece como mogo,
frade y pau de espera (términos que ilustran maravillosamente la tendencia
a lo pintoresco y expresivo tan característico del lenguaje popular portu-
gués). Bastan estos ejemplos a los que podríamos agregar muchos más
para mostrar la riqueza y variedad de los materiales que nos brinda el
señor Tavares da Silva en su magnífica obra. Es particularmente rica la
nomenclatura que se refiere al cultivo del maíz, planta característica del
Norte del país, y a la vitivinicultura, tomada ésta en su sentido más vasto.
No pueden pues faltar los términos con que el pueblo portugués designa a
los borrachos y a la borrachera, términos que seguramente serán algún día
útiles al romanista que tenga vocación de trazar el lindo panorama lin-
gilístico de este “vicio” en la Romania: estar alegre, estar alegrote, estar
com a pinga, piteira, manta, teorga, pifáño, pista, camoéca, martinhada (a
la que el autor dedica un capítulo extenso), ardina, taxada, caróco, caraca,
todas estas designaciones = “bebedeira”, bebe que nem um areal' “borra-
cho”, etc.
El autor, con la modestia que lo caracteriza, ha dado a su obra el
título de “esbóco””, que según sus propias palabras debe ampliarse y com-
plementarse para que la tarea emprendida por él “seja tratada exaustiva-
mente e em tódas as feigóes que comporta”. Me parece que nadie como él
mismo está llamado a continuar la obra iniciada bajo tan buenos augurios
y llevarla a la perfección que el objeto indudablemente merece.
Errores de imprenta: pág. 257 inferno en lugar de inforno; pág.
344 piucos en lugar de pincos; pág. 330 ouga en lugar de ouca.
F. KrUGER
292 Reseñas
Augusto César Pires de Lima, Estudos cinográficos, filológicos e his-
lóricos. Publicaciones de la Junta de Provincia do Douro-Litoral.
Comissío de Etnografía e história, Série A, tomos III, V, VI, VIL
Porto, 1947-1949. 1-215 págs.; 11-331 págs.; 111-567 págs; IV-
463 págs.
Representa esta imponente serie de tomos voluminosos el fruto de la
fecunda labor desplegada en el transcurso de los tiempos por el conocido
etnógrafo portense Augusto César Pires de Lima, actualmente director del
Museu de Etnografía e Historia y del Boletín Douro-Litoral de Porto, la-
bor que se refleja en los múltiples estudios publicados por él en revistas,
memorias y boletines,
Debemos la impresión de las “opera varia”? del gran maestro a la
munificencia y al entusiasta interés que la Junta de la Provincia de Dou-
ro-Litoral dedica hace tiempo al fomento de los estudios regionales de la
tierra portense, brindando así al mundo científico un modelo de actividad
cultural digno de felicitación y aplauso,
Los estudios reunidos en la serie presente están dedicados, según lo
expresa el título de la obra, a las tradiciones populares, al lenguaje popular
y a la historia de la tierra portense. Preceden a las consideraciones de ca-
rácter especial un artículo en el que el autor expone concretamente el objeto
de las investigaciones folklóricas (I, 10-42) y otro sobre el Museo fun-
dado y dirigido por él. En cuanto a los estudios folklóricos (que forman la
mayoría de los publicados en los tomos presentes), abarcan casi todos los
aspectos del folklore espiritual y dominios importantes del folklore mate-
rial. Entre aquéllos figuran algunos artículos sobre simbolismo jurídico (I,
103-145), O comunitarismo e o direito de propriedade nas tradigóes po-
pulares (IV, 95-98), As propriedades em comum em Lindoso (IV, 99-
111), numerosas contribuciones al estudio de la canción popular (Can-
cioneiro popular de Vila-Real TV, 229-241; O cancioneiro de Cinfáes 1V,
161-186; Romances tradicionais YV, 187-192; Cancioneiro popular de
Cabeceiras de Basto IV, 193-206; Tradicóes populares de Montalegre
TV, 207-227; Cancioneiro do Hospital do Conde de Ferreira 1YV, 261-
265; Cantigas populares 111, 377-480; Romances, fados e anfiguris TI,
481-530; “A nau Catrineta” 11, 77-96; Tradigóes minhotas e galegas 1I,
257-267; A morte nas tradigóes do nosso país, 1, 195-212, tema ilustrado
también por la fraseología popular y el refranero; 4 literatura popular e a
literatura culta 1, 269-281; IV, 113-146; el folklore religioso (Nossa
Senhora, padroeiro dos navegantes L, 67-102; Oragóes e arremedos 1,
161-204); As marcas dos poveiros IV, 61-65; leyendas y fábulas (HI,
Reseñas a 293
531-549), creencias populares y supersticiones (Fogo de Santelmo 11,
7-76; Paganismo, bruxedo e mouras encantadas YI, 19-36; Amuletos,
talismás e bons e maus agouros, 11, 37-54; Ensalmos 111,55-79; Supers-
tigóes várias II, 81-100; Medicina e cautelas supersticiosas TM, 101-160
y costumbres populares (III, 205-301). Los juegos y canciones infanti-
les, tema al que el autor dedicó un bello opúsculo publicado en 1943 en Por-
to (2* edición; forma parte de la “Coleccáo Folclore e Pedagogia””) están
representados por una serie de artículos sumamente instructivos: Fórmulas
rimadas e entretimentos infantis VI, 367-376; Os jogos e os brinquedos
TI, 151-179; A escola 1, 181-206; O valor dos brinquedos IV, 429-
433,
Lo mismo vale para los estudios que se refieren a la cultura mate-
rial: A industria agrícola como elemento da vida da nacionalidade 1, 149-
194, artículo de carácter histórico que desemboca en un cuadro de la la-
branza tal como se refleja en la literatura popular y erudita; 4 lavoura e
os mesteres 11, 272-301: panorama de los aspectos típicos de la vida
rural, del tabernero, barbero, molinero, zapatero, etc.; O vinho do Douro
IV, 243-251: el vino y la viticultura del Duero en la canción popular;
Os sobreiros 1, 207-250: estudio sugestivo sobre el alcornoque, su utili-
dad, su difusión en la toponimia, literatura y tradiciones populares; com-
plementa felizmente el artículo recién publicado por el Dr. L. Chaves, 4
cortiga e o seu vocabulário popular (RPFiL TM, 93-121).
Nustran muy bien aspectos típicos del lenguaje popular los artículos
siguientes: Linguagem popular (UI, 303-334: apodos, fórmulas de trata-
miento, comparaciones, fraseología popular; Adagiario 1, 335-366: re-
franero; A linguagem e o folklore de Entre Douro e Minho 1V, 303-347:
a raíz de los datos recogidos por el botánico y folklorista Goncalo Sampaio;
Notas vocabulares IV, 282-295; Deslizes no “Novo Dicionário da Língua
Portuguesa” de C. de Figueiredo IV, 297-302; A Linguagem de Camilo
IV, 267-281: particularidades lexicológicas.
Terminan la obra artículos dedicados a la memoria de la gran filólo-
ga D. Carolina Michaélis de Vasconcelos (IV, 375-384), de su esposo
Prof. Joaquim de Vasconcelos (IV, 385-391), Augusto Simóes, “o la-
vrador mais afamado dos nossos dias por terras de Entre Douro e Minho”
(TV, 445-449) y de los grandes folkloristas Dr. Pedro Vitorino (IV,
393-427) y Dr. Cláudio Basto (IV, 435-444).
F. KrUcer
294 Reseñas
María Teresa de Mendonca Lino Netto, 4 linguagem dos pescadores
e lavradores do concelho de Vila do Conde. Revista Portuguesa de
Filologia 1, 1947, págs. 59-159; II, 1948, págs. 122-187,
Vila do Conde, una de las playas más lindas de Portugal, está situa-
da a 25 kilómetros de Porto, entre esta activa y bullidora metrópoli del
comercio duerense y la tranquila Póvoa de Varzim conocida por los folklo-
ristas a través de la bella monografía O Poveiro que hace años A. Santos
Graca dedicó a los habitantes de su pueblo natal. Como en Póvoa de Var-
zim ni el comercio e industrias modernas ni los veraneantes (portugueses y
españoles) que durante meses pueblan las playas extensas y la ciudad han
podido extinguir en Vila do Conde aquella vida patriarcal que, al lado
de tendencias marcadamente modernizantes, dan a esta capital y sus alrede-
dores un carácter particular. Enclavado en la misma “vila”? hay un barrio
de pescadores que viven su propia vida; más se acentúa tal independencia
social y la conservación de lo tradicional en la Cachina, barrio exclusiva-
mente pesquero situado junto al mar; en Mindelo y Vila Cha, ubicados
más hacia el sur, las faenas de la pesca se alternan con los trabajos del
campo; sus habitantes son pescadores-labradores semejantes a los de Póvoa
de Varzim y otros numerosos lugares de la costa atlántica, “con un pie en
el mar y otro en la tierra” (según la linda formulación de O. Ribeiro) ;
en el interior del país, pero no lejos de la playa, vive el hombre de campo,
el labrador: tipo muy distinto, ajeno a los peligros y secretos del mar, de-
dicado exclusivamente a la labranza de la tierra en la que está tan arraigado
que no podría mirar más allá de lo que considera como su reino, su pro-
piedad.
Es éste el panorama que la Srta, Mendonga Lino Netto, alumna de
la Facultad de Filosofía y Letras de Coimbra, ha descubierto en su tesis
después de investigaciones efectuadas en el ambiente real.
El método seguido por la autora es estrictamente descriptivo en la
primera parte de la obra dedicada a los aspectos etnográficos de Vila do
Conde. En los primeros capítulos traza el carácter, las costumbres y los
modos de vivir del pescador; estudia detalladamente la casa, los utensilios
y los quehaceres domésticos; describe minuciosamente la pesca, los barcos
y los implementos usados en ella. Un gran número de dibujos y de fotogra-
fías brindan la ilustración gráfica indispensable. Todo ello, expuesto con
gran esmero y evidente afición hacia el objeto, forma la base material para
el estudio del lenguaje del pescador, núcleo fundamental de la tesis. Limita
la autora sus observaciones a Vila do Conde la cual aparece a través del
artículo como una isla apartada del mundo. Sin embargo la vida pesquera
Reseñas 295
de la Vila tiene muchas analogías con la que puede observarse en otros
sectores de la costa tanto en lo que se refiere a la estructura social como a
los aspectos materiales. Habría sido pues conveniente incluir por lo menos
en la bibliografía, que a pesar de su abundancia no revela ni sentido crítico:
ni metódico, no sólo las “principales obras consultadas'”, sino también los
estudios estrechamente vinculados con el tema y que tanta importancia tie-
nen desde el punto de vista comparativo: los artículos fundamentales sobre
la pesca publicados en la revista ““Portugalia””, el artículo modelo sobre los
barcos gallegos de W. Schroeder publicado en VKR X, 157 y sigs., los
bellos Estudos etnográficos de D. José de Castro sobre Aveiro (Lisboa,
1943), las Notas etnográfico-lingiísticas de Póvoa de Varzim, publicadas
en el Boletim de Filologia 1926, IV, 109-182, las interesantes Notas
sóbre a pesca e os pescadores na Ilha Terceira, publicadas por el Dr. Luis da
Silva Ribeiro en la revista 'Acoreana” 1936, págs. 147-190, etc.
Termina la primera parte de la tesis con un capítulo sobre el labra-
dor, capítulo aunque no tan detallado como el anterior, deja vislumbrar el
contraste profundo que existe tanto en los modos de vivir, como también entre
la psicología del atrevido pescador y la del paisano vecino. Los que están
familiarizados con la estructuración económica y social de la costa atlántica
francesa, tal como se revela en la magnífica obra del geógrafo L. Papy
sobre La cólte ailantique de la Loire á la Cironde (2 tomos , Burdeus, s. a.),
estarán asombrados por la multiplicidad de congruencias y contactos que en
dichos aspectos existen entre las costas de ambos países.
La segunda parte de la tesis trata en forma esquemática los fenóme-
nos lingiiísticos del dialecto esbozados por primera vez por el Dr. Leite de
Vasconcelos (Opúsculos II, 456 y sigs.). Estorban, aparte del carácter
demasiado formal que se da al aspecto fonético y de evidentes errores,
ciertas formulaciones poco adecuadas al estado de la fonología moderna:
pág. 131: “O grupo ua reduz-se a u semi-vocal em curenta — quarenta,
culidade = qualidade”. En realidad se trata de la labialización de la a
protónica bajo la influencia de u y la asimilación vocálica posterior: wa >
uo > o, u, proceso bien conocido en iberoromance, pág. 137. La sustitu-
ción de la consonante inicial de tramela > caraemelho se considera como
“'palatalización””; trátase más bien de un trueque por equivalencia acústica.
pág. 129, Lo dicho sobre la vocal inicial e procedente de in- latino y pro-
nunciada como ¡ nasal -'“e nasal mantém a su forma primitiva” —es un
evidente error.
Forma la tercera parte de la tesis un vocabulario (II, 122-174) que
aumenta considerablemente el conocimiento de la variedad lexicológica de
A NÁ
296 Reseñas
los dialectos interamnenses. Lástima que la autora, como ella misma lo con-
fiesa, no haya podido ampliar y rectificar la parte etimológica. He aquí
unos cuantos ejemplos que exigen —entre otros— tal revisión y ampliación:
alvitana cp. Schroeder, VKR X, 191; chamaceira ib. 204; poita cp.
Boletim de Filologia IV, 116 y VKR X, 207; matafiáo “atilhos no ex-
tremo das redes sardinheiras” corresponde al it. maitafione, cat. matafió,
prov. matafioun; canga 'junco (jugo ?) de poca altura* cp. VKR XIV,
252-253; carumba cp. Cl. Basto, RL XIX, 261; chicha “carne, peixe'
no tiene nada que ver con CICIUM, cp. NRFH Il, 384; morrinha “chuva
miudinha' de morrer 'morir'>?; tramelho 'tramela” de TRABELLA ?,
cp. Hochpyrenáen D 173-177; etc.
F, KrUcEr
J. Lopes Dias, Etnografía da Beira, Vol. VII. Lisboa, Livraria Ferin,
1948, 280 págs.
El presente opúsculo del Sr. J. Lopes Dias constituye la continuación
de la serie ya bastante extensa que el infatigable folklorista va publicando
desde hace catorce años sobre las tradiciones populares de la Beira Baixa
y de la que el lector encontrará: una reseña crítica en la revista VKR 1943
XV, 351-352. Lo que destaqué en aquella ocasión puede aplicarse peí-
fectamente al tomo presente: una riqueza asombrosa de materiales, evidente-
mente fruto de largas peregrinaciones e investigaciones, un talento particu-
lar en la observación de los matices del folklore y una manera amena, pero al
mismo tiempo rigurosamente científica son los caracteres que distinguen la la-
bor del infatigable folklorista. Siguiendo el plan de los tomos anteriores el
autor presenta leyendas, cuentos y romances, descripciones de fiestas religiosas
y populares (carnaval, cuaresma, Navidad, matanza, ““magustos””), de creen-
cias populares y supersticiones y aspectos típicos de la industria rural (se-
rradores, cesteros, tejeros, molinos y ““atafonas”), con la terminología co-
rrespondiente. Una serie de dibujos y fotografías contribuyen a aumentar
el valor auténtico de las descripciones. El autor prepara un estudio de con-
junto sobre las tradiciones populares de toda la Beira Baixa. Hacemos
votos para que lleve a feliz término una obra que sin duda alguna repre-
sentará una contribución valiosísima al estudio del folklore regional por-
tugués.
F, KRUGER
Reseñas 297
J. A. Capela e Silva, Estudos alentejanos. A linguagem rústica no con-
celho de Elvas. Lisboa, Ed. da “Revista de Portugal”, 1947, 211
págs.
La dirección de la Revista de Portugal ha rendido desde hace años
destacados servicios a la cultura portuguesa por la publicación de revistas,
ediciones y estudios literarios bien conocidos (cp. en el próximo número la
reseña sobre la espléndida edición del Cancioneiro da Biblioteca Nacional an-
lygo Colocci-Brancuti). Más loable aun es su ayuda porque ha procurado la
edición esmerada de obras sólo reclamadas por una minoría de lectores y
aficionados. Hemos seguido con creciente interés la publicación de la serie
A lingua portuguesa, revista fundada en 1942 por el director Alvaro Pinto,
en la cual se discuten problemas actuales de la filología portuguesa y he-
mos apreciado los progresos considerables que se ha hecho durante estos
últimos decenios en la publicación de una nueva biblioteca de estudios fi-
lológicos especiales. Pertenecen a este grupo los Ensaios de filologia ro-
mánica del romanista alemán Harri Meier recién aparecidos (1948), la
Introducáo ao estudo da filología portuguesa del Dr. M. de Paiva Boléo,
comentada en las págs. 286/7 de estos Anales y el presente trabajo del señor
J. A. Capela e Silva.
El vocabulario alentejano del Sr. Capela e Silva, presentado en la
forma simpática y hasta elegante a que estamos acostumbrados en las pu-
blicaciones de la “Revista de Portugal”, es el fruto de un intenso convivio
“com o bom povo do concelho de Elvas”, vale decir del extremo Este de
esta región. Según lo indica el título, los materiales proceden del ambiente
campestre. Es pues la terminología y la fraseología del paisano alentejano
que da a este vocabulario su sabor particular: las formas de cultivo, la
cosecha, los aperos, el pastoreo, los utensilios del labrador y del pastor y
su vestidura. La vida típica del rústico alentejano aparece así reflejada en
el espejo de su lenguaje. Contribuyen a la ilustración de objetos y aperos
un gran número de dibujos y algunas reproducciones de realistas esculturas
del mismo autor. Así aparecen por ejemplo dibujos de la vasija de barro
(barranháo) que utiliza la gente para comer en grupos, la escudilla hecha
de cortiza (coxo) que sirve para beber agua, la corna o sea un cuerno cor-
tado destinado a guardar aceitunas o leche y el cabago 'cabazo” utilizado
como cucharón, - un cuadro completo de los distintos tipos de envases (de
barro, cortiza, cuerno y cabazo) brindados al campesino alentejano por la
Naturaleza. Otras reproducciones de canudos, dediles de caña utilizados
para proteger los dedos de la mano izquierda contra la hoz en la cosecha,
pág. 47; de la corna ya mencionada, pág. 68; y del gravato, gancho que
298 Reseñas
emplean para agarrar las ovejas, pág. 105 dan una idea del arte popular
tan arraigado entre los pastores solitarios de la vasta campiña.
Son interesantes también los instrumentos de música reproducidos por
el autor: el pandeiro (pág. 133) que tiene en el Alentejo la misma forma
primitiva —caja cuadrada cubierta por una piel de oveja— que tan sólo
se ha conservado en algunas regiones de Portugal (pandeiro, adufe), en
Galicia y las sierras asturianas (este panderu que tocu ya de petcheichu de
oveicha “este pandero que toco es de piel de oveja”, en una canción popular
asturiana) y la ronca “vasija cuyo fondo es substituído por una piel de
vejiga, atravesada por un cordel acerado que, tirado con la mano, da un
sonido ronco y áspero” (pág. 170) que parece pertenecer al inventario
arcaico musical de muchos países europeos donde le han dado designacio-
nes no menos expresivas: brau, bourret, badalut en dialectos provenzales,
rummelpoit en la Baja Alemania, etc.
Muestran estos ejemplos el gran interés etnográfico que, además de
la documentación lingilística, presenta el nuevo vocabulario alentejano del
Sr. Capela e Silva. Les especialistas lo utilizarán con gran provecho junto
con la clásica descripción de la vida rural alentejana de J. da Silva Picáo,
la rica información lexicológica que nos brindó últimamente J. A. Pom-
binho Júnior (en la RL y otros lugares) y otras valiosas contribuciones al
estudio de la cultura tan pintoresca del Alentejo.
F. KRUGER
Max Leopold Wagner, Lingua e dialett dell America Spagnola. Edi-
zioni “Le lingue estere”, Firenze, 1949. In 8”, 190 páginas. 700
liras.
No es necesario decir, dada la autoridad del gran romanista M. L.
Wagner, cuán grande es el interés de este tomo, en el que se ofrece una
breve pero amplia síntesis sobre la evolución y características del español
de América.
En realidad, sólo el atraso en los estudios científicos sobre nuestra
lengua, tanto en lo que se refiere a la Península como a los territorios por
donde en el correr de la, historia se ha extendido el español, impide que ten-
gamos libros extensos sobre el tema en conjunto tal como este libro lo afron-
ta, Á ese retraso se debe que el español dentro de la disciplina romanística,
como en general en los estudios lingilísticos, no ocupe el puesto que cientí-
ficamente merece. Ultimamente, los trabajos del Instituto de Filología de
Reseñas 299
Buenos Aires, continuando la labor de la escuela de Menéndez Pidal, han
comenzado a permitir que se hable ya de una dialectología hispanoameri-
cana. M. L. Wagner ha tenido el gran acierto de bosquejar una obra de
conjunto en que hace una viva síntesis de todos estos trabajos. Es lástima
que no haya concedido la misma atención a publicaciones españolas recien-
tes, por lo que los especialistas notarán lagunas, a veces ya ahora salva-
bles, en la comparación con hechos lingiiísticos peninsulares. La lista biblio-
gráfica de la p. 172 deja ver bien claro que si de los trabajos bonaerenses
el autor está al corriente, desconoce los trabajos de Gómez-Moreno y otros
autores, entre ellos el que suscribe esta nota, acerca de los sustratos hispáni-
cos, y así va a incidir en el tópico de que páramo es “ibérico” (p. 35),
ignorando que un lingiiista del prestigio de Pokorny lo ha explicado como
indoeuropeo.
Por lo demás la construcción del libro es de admirar. A dos capítu-
los donde se expone el fondo español de la lengua (pp. 11-50) y el ele-
mento indígena (pp. 51-77), siguen una caracterización de las distintas
zonas dialectológicas (para trazar las cuales se sigue a Henríquez Ureña),
con una colección de ejemplos dialectales, y una conclusión muy interesan-
te, en la que se insiste en la fundamental unidad del idioma, con la fór-
mula *varietá nell'unitá e unitá nella differenziazione'”” (p. 147). Cierra el
libro un capítulo sobre dialectos de tipo llamado “*criollo'” (en el sentido de
los Kreolische Studien de Schuchardt; en esp. habría que buscar otra palabra,
pues “criollo” aquí en América evoca imágenes muy distintas del fr. créole,
por ejemplo). Un excelente índice avalora el libro. Que el autor se refiera
al español de Filipinas merece las mayores alabanzas, al llamar la atención
de los estudiosos de nuestra lengua hacia un territorio tan alejado.
En cuanto al tema de los orígenes del español de América, Wagner
insiste (p. 11 y 16) en su conocida tesis de lo ““preclásico”. En realidad,
si el momento de Colón es aún preclásico, la fundación de los virreinatos y
de las instituciones de cultura como las Universidades, ocurre en los días
de Garcilaso, del Lazarillo, de Juan de Valdés. Es decir, que a diferen-
cia del latín de Hispania (que no es preclásico en general, ni arcaico sino
por referencia a los tipos seriores de Galia e Italia), la organización de las
colonias americanas no puede decirse que fuera muy temprana para el es-
tado de la lengua. Más afortunada, pues, que la fórmula “preclásico” o
“anteclásico”” nos parece la expuesta por Wagner en la p. 143, donde se
dice que “lo spagnolo introdotto in America era, in sostanza, lo spagnolo
popolare dell'epoca della conquista”. Aplicando una teoría cronológica al
modo de la de Gróber a la expansión del español en América, no se pue-
den considerar anteclásicos los tiempos de 1500 a 1550, plazo en que se
300 Reseñas
llegan a fundar ciudades desde Zacatecas y Acapulco hasta Santiago de
Chile y, al menos en cierto modo, en el río de la Plata. Intentar precisar
conceptos en este campo, puede llevar a definiciones tan resbaladizas como
la del “latín vulgar”.
Referente a la cuestión del andalucismo, acepta Wagner en general
(p. 80 por ejemplo) la tesis de Henríquez Ureña, pero no sin ciertas res-
tricciones (como ya antes, RFE XIV, p. 20 ss.). El asunto habría de ser
revisado en el sentido de que en genera] la lengua hablada al sur del Tajo
se va inclinando progresivamente hacia formas andaluzas. Ciertos fenó-
menos “meridionales” comienzan ya al sur de Salamanca y de la Sierra
de Avila. Y de estas tierras de Castilla la Nueva y Extremadura deberían
sumarse los emigrantes al español del sur en la estadística que Henríquez
Ureña presenta en la p. 79 de la obra Sobre el problema del andalucismo
dialectal de América, con lo que la composición variaría bastante. No se
olvide que en el siglo XVI la España que vive más, a juzgar por los lu-
gares de origen de escritores, conquistadores, etc. es en general la meridio-
nal, la que hoy llamamos ““de Madrid para abajo”. Si se nos permite acu-
dir al sentido lingiúístico del no especialista procedente de Castilla la Vieja,
América produce, hasta en su cocina popular, la impresión de que es tam-
bién “de Madrid para abajo”. Mas dejemos la grave cuestión, que no
podemos nosotros resolver, y pasemos a algunas minucias, para cuya co-
rrección me baso en mi conciencia lingiiística de no especializado.
temerario “senza riguardo' anotado p. 37 como un americanismo de
Venezuela, no me parece que lo sea. Yo lo he oído en Villena
(Alicante), zona de dialecto fronterizo del murciano, dicho por
ejemplo del marido que en sus borracheras golpea a su mujer:
—+Esa tiene mucha suerte, su marido es borracho, pero no llega
lemerario.
nimio (Puerto Rico, pero se oye igual en España) en el sentido de
*piccolissimo” no debe ser tanto un equívoco con mínimo como
una evolución semántica en conexión con nimiedad en el sentido
de “minucia, cicatería'.
careto 'ragazzo della faccia sporca, moccioso” no es sólo de Hondu-
ras, sino que es una aplicación especial del término careto que se
aplica a los animales en español común.
velador en la p. 90 lín. 25 es muy claro: se trata de una fiesta, como
puede verse en el Dicc. de la R. Academia, ed. de 1947; y no
se olvide que los novios en España generalmente se velan.
A trueque de pecar de nimios, aún haremos algunas observaciones:
convendría que en la próxima edición se precisara el uso del término pla-
Reseñas 301
teresco, que el autor (p. 7) cree tal vez sinónimo de rococó. Menéndez
Pelayo en su Historia de la poesía hispanoamericana trata algo más que de la
época del coloniaje (corríjase la p. 8 n.); y por cierto que no es corriente
esa palabra coloniaje, y no somos los españoles quienes la usamos sino
“algunas repúblicas americanas” como dice el nunca bien ponderado Dic-
cionario académico. Las glosas en décimas no pertenecieron nunca al artz
mayor (p. 122 n.). El término tapera no es quechua (p. 133), sino gua-
raní. En la p. 140 carneada no debe significar sino “matanza de animales.
En otro orden de cosas, en el siglo XVI o XVII las culturas de
Europa, y quizá menos que otras la española, no eran “nacionales” como
lo han sido en el siglo XIX, por lo cual no suena exacto afirmar que “la
cultura spirituale dei tre secoli coloniali € esclusivamente quella della ma-
drepatria”” (p. 7). Precisamente lo que llegaba a América, al menos en
la intención, era la parte más universal de la cultura de la metrópoli,
primero renacentista y aristotélico-escolástica, luego barroca... Se creía
traer a América la escolástica, el derecho civil y canónico, más bien que
la literatura nacional. La Araucana está más cerca de los Lusíadas o la
Cerusalemme liberala que de los romances.
Pero no quisiéramos que estas objeciones, y otras muchas que podrían
hacerse, oscurecieran el mérito del libro, que se atreve a presentar un vasto
panorama, aún sin explorar en detalle, y hace tentador el estudio de tantos
horizontes todavía brumosos. La maestría del Prof. Max Leopold Wagner
brilla en las grandes líneas del cuadro.
ANTONIO Tovar
Universidad de Salamanca
Charles E. Kany, American-Spanish Syntax. Chicago Illinois, Universi-
sity of Chicago Press, 1945. XIII - 463 págs.
Un buen libro siempre entraña valores dignos de destacar. La presen-
te obra, publicada hace ya cinco años por la misma casa editorial a que
debemos los estudios de K. Piesch sobre los Spanish Grail Fragments y
de H. Keniston sobre la sintaxis de la prosa castellana del siglo XVI, es
de tanta importancia para la historia del español y más particularmente
del hispanoamericano, que le dedicaremos, aunque con cierto retraso, algu-
nas consideraciones en estos Anales.
En la obra del romanista de Berkeley se exponen, en forma sistemá-
tica, las tendencias más importantes de la sintaxis hispanoamericana, espe-
302 Reseñas
cialmente del habla popular o, mejor dicho, se ponen de relieve las diferen-
cias que existen entre ésta y el “standard usage of contemporary Spain”.
No cabe duda que esta gramática normativa, creada en el trascurso de los
tiempos por el modelo de la literatura y de la Academia y observada hoy
rigurosamente por las escuelas y las personas ilustradas de España, consti-
tuye también la norma de las escuelas, de la literatura y de las clases cul-
tas de los países hispanoamericanos. Pero es evidente también que por sobre
ese ideal común, existen en Hispanoamérica ciertas peculiaridades sintác-
ticas que llaman la atención. Tales particularidades se observan en la con-
versación de las personas ilustradas y más aun en el habla popular y vulgar;
encuéntranse también en obras literarias representativas con tanta mayor
frecuencia e individualidad, cuanto que siguen las corrientes del realismo
o de una literatura marcadamente nacional o regional, Es éste el caso de
grandes novelistas tales como Giiiraldes, Gailegos, Rivera, de autores dra-
máticos como Fl. Sánchez y de tantos otros que cultivan los géneros meno-
res, la novela corta, el cuento, etc. El elemento popular ha de manifestarse
más claramente aún en cuentos tradicionales y en la canción popular.
Tales son las fuentes que el Sr. Kany, aparte de sus observaciones
personales, ha utilizado en primer lugar. Siguiendo el modelo de los gran-
des maestros de la sintaxis romance, ha recopilado durante años un mate-
rial que, por su riqueza, su novedad y su variedad, ha de ser una verdade-
ra revelación para muchos lectores, material que resulta tanto más atrayen-
te cuanto que no disponemos de una información equivalente sobre la sin-
taxis popular de España. La documentación sobre la cual el hispanista
americano basa sus conclusiones resulta insuperable si tomamos en cuenta
las circunstancias y las dificultades que presenta el tema.
Dispone el autor sus materiales según las partes de la oración (sus-
tantivo, artículo, adjetivo, pronombre, etc.), incluyendo, en los capítulos
sobre el verbo y el adverbio, numerosas locuciones interesantes desde el
punto de vista fraseológico y en el capítulo dedicado a las interjecciones,
indicaciones importantes sobre las fórmulas de tratamiento. Es de lamentar
sin embargo que no se haya detenido en la estructura de la oración, tema
que, a pesar de encontrarse disperso en el libro, hubiera merecido en un
tratado de “sintaxis” una sistemática exposición. Dentro de los capítulos
mencionados, los materiales están agrupados según los diversos países. Este
sistema, además de proporcionar al lector una fácil orientación, permite al
autor demostrar la difusión geográfica de los fenómenos y destacar a la
vez diferencias regionales.
En determinados casos hay que admitir el influjo de construcciones y
elementos indígenas, como por ejemplo el empleo del verbo dar más gerun-
Reseñas 303
dio con el sentido de un imperativo que se observa en la alta cordillera de
Ecuador y en el Sur de Colombia: dame trayendo = “traeme' (pág. 158),
el uso excesivo que se hace del gerundio en las sierras de Ecuador (pág.
238) y la difusión de yapa, ñapa bastante arraigado en la fraseología de
la Argentina, de Chile y de otros países (pág. 304). Como se ve, la in-
fluencia de los aborígenes en la sintaxis es sumamente escasa, En cambio
son frecuentísimos los fenómenos que, desde el punto de vista de la Penín-
sula, pueden ser considerados como arcaísmos o que, comparados con el
uso peninsular, tienen en Hispanoamérica mayor difusión y vitalidad: conti-
más = “cuanto más' (pág. 292), enemantes = “antes” (pág. 306), el em-
pleo pleonástico de la preposición de en casos como <e Y por qué no me
aconsejás de que me siente en el piano? > (pág. 353), donde usado en el
sentido de “cuando” (pág. 390) < Yo iba muy tranquilo, donde el caballo
se espantó >, etc.
Todas estas observaciones se basan en una comparación sistemática
entre la tradición peninsular (que para el Sr. Kany es la castellana) y las
particularidades observadas por él en el continente americano. Adviértase
además que ha examinado con debida atención —dentro de su posibilidad —
las diferencias que existen en el habla de las diversas clases sociales.
Fundada en una sólida documentación, la obra del Sr. Kany repre-
senta un prodigioso avance en los estudios sintácticos del castellano y una
base excelente para investigaciones posteriores. Demostrar el interés y la
variedad de los temas tratados por él será el objeto esencial de las notas
siguientes.
En las págs. 15-18 y 203 el Sr. Kany llama la atención sobre la
perífrasis excesiva de un simple verbo por medio de un verbo auxiliar más
nombre de acción en -ada o -ida: me corté > me di una cortada, voy a
nadar > voy a echar una nadada, escaparse > pegar unas escapadas, etc.
En efecto se trata de una construcción sumamente frecuente en el lenguaje
familiar y popular de los países hispanoamericanos, según puede deducirse
también de la colección de ejemplos presentada más recientemente por la
Sra. de Battini respecto al habla rural de San Luis en la Argentina (págs.
220 y sigs.; 238 y sigs.; 242): <Le di una apaliada; li han dau una
aporriada; le dieron al pobre niño una chicotiada >. Comparado con el
español donde hoy día tales construcciones se emplean con frecuencia en
sentido metafórico (dar bocados = “morder', dar cabezadas = “dormirse”,
dar las boqueadas = “estar moribundo) el uso hispanoamericano es casi
infinito. Trátase en todos los casos citados de una acción momentáneamen-
te acabada (ya en el presente, en el pasado o en el futuro), y que por su
carácter particular —golpe, herida, movimiento brusco— gana en viva-
304 Reseñas
cidad. Este hecho —también el Sr. Kany destaca el ““vividness and rapi-
dity “de la construcción, el deseo de'” express action vivid and completed”
— y la frecuencia de su empleo en los países hispanoamericanos induce al
autor a suponer que en tales construcciones se refleja el espíritu de los co-
lonizadores, aquel “alertness, physical and mental, that characterized the
colonists and settlers facing new problems in need of quick solving”” (pág.
16). Por sugestiva que sea tal interpretación no creo que sea acertada,
Opino más bien que se trata de una tendencia propia del lenguaje popular
de dar plasticidad y vivacidad a la acción (por medio de verbos tan sig-
nificativos como pegar y echar que en muchos casos substituyen al simple
verbo dar), destacando en forma perifrástica, lo abrupto, lo momentáneo
y lo perfectivo de su aspecto. Esto lo demuestran claramente los ejemplos
siguientes tomados del catalán donde la perífrasis mencionada tiene por lo
menos tanta difusión como en hispanoamericano. Abundan particularmente
en los cuentos populares que se sirven de ella como recurso estilístico de
alto valor: <Aixt qu'es drac arriba, pega unes cuantes uiades (= mira-
das) pes voltants, no veu ningú i agafa uma vaca amb cada ma i ja es
partit V'allá >. - <S'acosta a ses olles, pega una espipellada d'una després
de s'altra, i.. > - < Í quant anava per afagar-lo, es falconet pega volada
1 va descompareixer >. - < Es gigant, com veu que es falcó torna passar,
li pega grapada, Pagafa >. - < O quina culada que pegá! >. - <Afiná
a Wel Rej qui tornava a pigar bones pipades dalt sa paret de s'ort>. Son
frecuentísimos también — igual que en hispanoamericano— las combina-
ciones siguientes: pegar crit (= “dar un grito"), bot (= * dar un salto”),
fues, enfuites, mós (= 'morder'), etc. Sobre el empleo de parecidos re-
cursos estilísticos en el francés moderno puede consultarse el estudio ins-
tructivo de A. Lombard, Les constructions nominales dans le francais mo-
derne. Uppsala 1930, págs. 200 y sigs.
pág. 32-34. Encontramos en el lenguaje popular hispanoamericano
una marcada tendencia a sustituir el adverbio por la forma adjetiva co-
rrespondiente: < Corrieron tan ligero... > (Laval, Leyendas y cuentos
populares recogidos en Carahue. Santiago de Chile, 1920, págs. 100, 101).
< Ligerito principiaron a pedirle muchas cosas a la varillita > (ib. 214).
Muestra este fenómeno la aversión que se observa en el lenguaje popular
contra el empleo del adverbio, forma gramatical demasiado abstracta (véa-
se W. Havers, Handbuch der erklárenden Syntax. Heidelberg, 1931, pág.
149). Presenta un paralelo interesante el dialecto minhoto donde la susti-
tución del adverbio por el adjetivo correspondiente parece casi general:
cóme sufrible = *come sofrivelmente”, chove torrencial (RL XIX, 174);
compárese también port. gosto imenso.
Reseñas 305
También en el lenguaje popular catalán el adverbio formado por
-ment casi no aparece. Va substituido por un sinnúmero de construcciones
distintas:
< Y se la emporta rápit (= rápidamente) a Paltra banda, en sus
brassos > (Guimerá, Terra baixa 98). <¿Y per que es aquesta calderas-
sa? - Per cuynar aquella colassa, respongue tot xelest (= alegremente)
en Juanet >> (Alcover, Rondalles mallorquines 1, 10). < Y la gent com
el sentian parlar tan granat (= noblemente), no hi posavan cap dupte de
que... > (ib. I, 60).
< cridant com un dessesperat (= desesperadamente) > (ib. IL,
44). < totes fent calga com unes desperades > (ib. II, 306). < Pero
¿i aixó es tot es jardi? diu ell com un beneit (= tonto)) > (ib. II, 54).
< Sa jaia va fer una riaia escandalosa (= echóse a reír escandalosa-
mente) > (ib. 1, 252).
Son frecuentísimos casos tales como veure clar, cridar fort, anar tot
dret, dir baix, etc.
En las págs. 44-46 el Sr. Kany trata el uso del pronombre posesivo
en lugar del personal con los adverbios de lugar delante, detrás, etc.: < El
callejón, delante mío, se tendía obscuro >>. Demuestra que tal empleo del
posesivo no se encuentra tan sólo en argentino donde tiene una difusión
excepcional (compárese también Vidal de Battini, San Luis, pág. 380),
sino también, aunque esporádicamente, en otros países americanos y la ex- -
plica acertadamente por analogía con casos tales como a causa tuya, a pesar
suyo, etc. Hállase esta construcción también en el lenguaje popular de la
Península, “de donde vino a América”. La encontró el Sr. Kany en An-
dalucía y las provincias vascongadas. Hay que agregar que es frecuentísima
también en catalán, según demuestran los ejemplos siguientes sacados de
Ruyra y Massó Torrents: < El paisatge s'esborra davant meu > -
< Una banyista que está nedant al devant meu >. - <Fins que em plan-
to al davant seu >. - <Vaig sentir un gemec a prop meu >. - < Dues
gavines volen a sota meu >. - <A la mestressa la sentia trastejar darrera
nostre >. - <Sobre meu, Vesfereit aleteig d'un roquerol >. El punto de
partida hay que buscarlo en construcciones como a la vora nostra, etc.
Compárese también Fabra, Cramática de la lengua catalana. Barcelona
1912, pág. 148. Es interesante observar también la variante < Una dona
que estava al meu davant >. - < I P'he llucada al teu darrera, per més
que procurava amagar-se >, variante que corresponde perfectamente a
hispanoamericano en su delante = “delante suyo”, por mi tras, en su tras,
etcétera.
Representa un caso distinto el empleo del posesivo en -bearnés: <Que
306 Reseñas
cau que bengat enta nousta >> — “Es necesario que Ud. venga a casa
nuestra”, <En passan dabant bosta >> = 'pasando por casa vuestra”, pues-
to que hay sobreentender “casa” (J. Bouzet, Manuel de grammaire béar-
naise. Pau 1928, pág. 61).
pág. 152. El autor hace observaciones interesantes sobre el empleo
de haber 1 de + infinitivo en hispanoamericano. “Today haber + de
+ inf. in many regions represents a simple future: ¡Pero chica, te has de
matar! Nu'ha d'estar lloviendo, porque nu'hay nubes”. Este estado arcai-
co (ant. cast. < creo que se contentará con esto, pues teniéndoos en su
poder, ha de hazer lo mismo >) ha dejado también en la Península nume-
rosas huellas, como se puede inferir de los ejemplos siguientes:
cat. < M'en hi vaig i he de matar sense remei > (A. Ferrer Gi-
nart, Rondaies de Menorca. Ciutadella, 1914, pág. 92). <¿Quina tasca
m'heu de donar avui, l'amo? > (Alcover, Rondalles mallorquines 1, 19).
< No has d'esperar aixó de ton pare tampoc! > (ib. VITI, 97). < Com
se coneix que tens tan bon cor com poca noticia d'aquest drac que m'ha
d'engolir!> (ib. 1, 247). <Deixa fer: que 'en he de mostrar de mirar
allotes d'aprop > (ib. IL, 209). < Si tenc bon any a sa rota, he de fer
una coca com una roda de carro > (ib, II, 49)|
cast. < Salú te dé Dios. ¿y has de ir tú conmigo? - Pues claro:
enfrente de su portal te esperaré > (Pereda VI, 366). < ¡Anda, anda!,
ya te estás relambiendo con los vestidos que te he de regalar > (ib. V,
74). < Y conveniéronse en que, malas-penas entrara él en quintas, se ha-
bían de casar si no le tocaba soldao > (ib. VI, 409).
port. < Eu hei-de falar a nhá Vitoria e tudo se ha-de arranjar > -
< E tu, d'aqui a pouco, náo has de ir a verandar tambem? - Hei-de >
(Lage, Os lobos 50). < Ninguém sabe o que há-de vir > (Ey - Kriger,
Portugiesische Konversationsgrammatik. Heildelberg 1939, págs. 401-402).
Pero hay que advertir que en las zonas indicadas la forma perifrás-
tica ofrece también numerosos matices modales.
pág. 202. El empleo del verbo entrar + a + inf. (< Y dentra a
crusar el mundo / como burro con la carga >, Martín Fierro, etc.) deri-
va de una tradición peninsular: <<antes que entrassen a iantar >> (Me-
néndez Pidal, Cantar de Myo Cid 11 $ 161 ?; III 646); frecuentísimo
todavía hoy en portugués: < Oh! oh! - entraram a rir-se os dois rapazes,
prevendo já judiaria grossa > (Trindade Coelho, Os meus amores, pág.
265). < Entrou a chorar convulsamente > (ib. 304)). < E entraram-
lhe a dizer que era a Flor da rosa> (cuento, RL XX, 107, cp. ib. RL
XXI, 105; XXI, 152, 157, 160).
pág. 267. Repetición del verbo al fin de la oración: <No, señora,
Reseñas 307
Son ocho no más, son >. Trátase de un caso de ““Rahmenstellung” cuyo
carácter y difusión en los idiomas romances fué estudiado hace ya años
por L. Spitzer en un capítulo de sus Aufsátze zur romanischen Syntax und
Stilistik. Halle, 1918, págs. 265-273. A los ejemplos portugueses citados
por Spitzer (< eu por mim tinha-me lembrado, tinha>) agregaré los si-
guientes que me llamaron la atención por la frecuencia con que se obser-
van en la parte inmediata de Zamora (Sanabria): < Hace frío hoy. -
Hace frío, hace >. - < Vengo de lejos. - Sí, señor, vendrá de lejos, ven-
drá >. - <Callando ¡eh! a callar >. Como el Sr. Spitzer cita un solo
ejemplo catalán, vayan unos cuantos más para ilustrar la variedad del
fenómeno que se observa con tanta frecuencia en ese idioma:
Repetición del verbo: << Plora la Marta, plora > (Guimerá, Terra
baixa, pág. 32).
Repetición del pronombre personal: < Anémhi, y veurém qué fa. -
Jo devant, jo >. - < Jo li diré, jo > (ib. 21). < Que jo ho he vist,
jo > (ib. 48).
Repetición del adverbio interrogativo: < ¿Y cóm es, cóm? >
(ib. 21). < ¿Qué hi ha de la Marta? Qué? > (ib. 32).
Repetición del adverbio: < Are sortirá, are > (ib. 26). < Oh!
Espérense, espérense, que encare'n sé més, encare > (ib. 12). < Aixó
sí, també té'l seu geniot, també > (ib. 21). < Ja'l veurás, ja, si Deu no
tajuda > (ib. 27).
Repetición de la negación: < No hu sé, no > < No se cansará,
no > (Ferrer Ginart, Rondaies de Menorca, págs. 167, 191), caso fre-
cuentísimo también en oraciones exhortativas del castellano familiar: < ¡No
se moleste, no! >> < ¡No te asustes, no! >>. <¡Amos, no hables, no! >
(Braue, Beitráge zur Satzgestaltung der spanischen Umgangssprache. Ham-
burg 1931, pág. 41).
Parécese tal variedad y abundancia de la repetición del adverbio a la
que últimamente fué observada por B. E. Vidal de Battini en su precioso
libro sobre El habla rural de San Luis. Buenos Aires, 1949, pág. 398:
< Ya vino, ya >, < No soy, no >. Encuéntrase también la repetición
del pronombre, exactamente como en catalán: < Yo voy, yo >.
Tiene pues el fenómeno una extensión más vasta de lo que hacen pre-
sumir los ejemplos citados por Kany.
pág. 259. Repetición del verbo por el participio del pasado: <El
lo amarró bien amarrado >> (Laval, Cuentos 159). Demuestran los ejem-
plos presentados por el autor que se trata de la prolongación de una tra-
dición hondamente arraigada en la Península, según se deduce (además
308 Reseñas
de Beinhauer, Umgangssprache 200 citado por el autor) de Spitzer, Auf-
sálze zur romanischen Syntax und Stilistik, pág. 137 nota. Encontramos
la intensificación del verbo no sólo en el lenguaje familiar castellano, sino
también en portugués y en catalán. Vayan los ejemplos siguientes: < A
máe palpou-a bem palpada > (A. Ribeiro, Terras do demo 86), <. Tua
máe... amochilou o dinheiro bem amochilade > (ib. 96), < um geri-
falte que se calou bem calado > (ib. 13), < As pegas roubadas cala-
ram-se bem caladas > (ib. 16); < Los posen dins es Ilit, un an es costat
de s'altre, los tapen, ben tapats > (Alcover, [Rondaies mallorquines 1,
196), < Com s'hagué rentada ben rentada, com s'hagué enllestida ben
enllestida... va dir >> (ib. I, 171) < Aquell homo, devant tals co-
mendacions se retgirá, ben retgirat, i no s'aturava de dir... > (ib. VII,
92). < L'endiumenjaren ben endiumenjada > (ib. II, 240), <I se
tanca ben tancat dins una cambra > (ib. VII, 86), < Jo del capatás en
faría una tria ben feta > (Guimerá, Maria Rosa 89), etc.
Interesa también el caso inverso, no tratado por el Sr. Kany y que
sin embargo tiene gran difusión tanto en hispanoamericano como en los
romances peninsulares y en el lenguaje familiar italiano (Ebeling, Proble-
me der romanischen Syntax, Halle, 1905, pág. 113: it. Mangiarla, non la
mangio di certo; Spitzer, 136 y siguientes; Beinhauer 199). Ampliando
un poco la. documentación de dichos autores citaremos los ejemplos si-
guientes:
Argentina: < Admirarlo por sus dotes lo admirarás pero eso no
significa todo >. Uruguay: < El muchacho no es malo en el fondo, pero
muy irrespetuoso y algo botarate. Estudiar, estudia, pues tiene buenas cla-
sificaciones. ...> (FL Sánchez, M'hijo el Dotor 1, 12). Colombia:
< Arriba, caimán goloso, qui una niña va nadando. Cogerla, la cojerás,
pero comértela, ¿cuándo? >> (R. Medina, Cantas del Valle de Tenza 1,
109).
Andalucía: < Pero dártela, para ti solo, no te la doy > (Muñoz
y Pabón, El buen paño 104), < Buscarlo, no lo busco, porque las mu-
jeres no sabemos buscar > (ib. 174). < ¡Eh! alto ahí, caballero! Como
merecer, merece Ud, hasta entrar en la gloria con sus zapatos puestos >
(ib. 244).
Castilla: < Lo que Ud. haiga hecho; gustarme, me gusta, y la boda
de comenencia lo era > (Rincón Lazcano y Montesinos, La alcaldesa de
Hontanares, pág. 32). < Busca, 'busca bien; por venderse (la edición)
no ha vendido... ¿Has cobrado en efecto? - Te diré, hombre: verás lo
que pasó. Cobrar, he cobrado, pero escúchame... > (Quinteros, Los ga-
leotes).
Reseñas 309
Asturias: < No hay que jumjúm ni que junjaina: el ceruxano man-
dar mandólo > (Llano Roza de Ampudias, Cuentos asturianos, pág. 171).
León: < Devanar devaneste, pero no acabeste >, en una canción
popular (C. Morán, Por tierras de León. Salamanca, pág. 63).
Galicia: < Eu casar bem me casara >>. <Como correr corre, inda
que non chegará a tempo > (RFE XIII, 74). <Arriméme a un pino ver-
de / Por si me consolaba; / O pino como era verde, / De verde chorar
choraba > (Ro VI, 58).
Portugal: < Temer, náo teme > (Silva Dias, Syntaxe histórica
portuguesa. Lisboa, 1918, pág. 241). < Eu cantar cantava bem lá na
minha mocidade >> (canción popular, RL X, 130).
Compárese por fin la construcción análoga del gascón: < Tribalhá
que hase, tant qui poudé > “de trabajar, trabajaba, tanto como podía”,
< arribá que haréy, si platz a Diu > “de llegar, llegaré, si Dios quiere'
(ZRPh LVI, 695). ,
pág. 363. El autor señala la vasta difusión del empleo de donde
como preposición en la Península Ibérica. A las regiones citadas del Oeste
podría agregarse Extremadura - Salamanca (< Y jaci un año corrio É
que eris otro, hijo del alma; / ajuyis de andi tu madri, / duermis poco,
no trabajas >. Gabriel y Galán I, 329) y particularmente Portugal, don-
de el fenómeno -es frecuentísimo en el lenguaje popular: < As outras teem
sido a ponte para chegar onde a ti > (Lage, Os lobos, pág. 130). < Vou
onde A Maria > (RL XXXV, 264: Tras os Montes)). < Ir onde a
ele > (RL IX, 277). < Foy ond ele > (Leite de Vasconcelos, Opúscu-
los 1, 108, 160). Encontramos restos de la construcción antigua también
en judeo-español: < Son más muncho di cuarenta años di cuandu lavor'
ondi el > (C. M. Crews, Recherches sur le judéo-espagnol dans les pays
balkaniques. Paris, 1935, págs. 55, 185), ande el xastre, ande el bizir
(Wagner, Konstantinopel, pág. 138).
pág. 130, 364. Tratando el caso de Voy a lo de Pedro = “Voy
a casa de Pedro” que con bastante frecuencia se observa en hispanoameri-
cano, el Sr. Kany remite a construcciones parecidas del Oeste y Sur de
España. Presenta un caso análogo el antiguo catalán co de “la propietat, els
bens, hisenda, terres, patrimoni” al que corresponden en las Baleares, etc.
son tal = “propietat, finca” (Dicc. Aguiló; la consonante n es evidente-
mente una contracción de En “señor') y es xó = “la finca' (en aixó'n Pep
Roig = en la finca de P. R.; véase Spelbrink, BDC, XXV, 10, donde
se discuten también opiniones opuestas); corresponde perfectamente a la
forma del antiguo catalán bearnés enso de = “en casa de” (Lespy); co de
= 'la maison de', go de Lacouma “la maison de L.”, < que boy enta co
310 Reseñas
deu me cousi > 'je vais chez mon cousin” (véase ZRPh LVI, 695 donde
ya llamé la atención sobre la construcción hispanoamericana).
pág. 379. Al lado de las conjunciones concesivas aunque, manque,
mas que y ojalá que se han mantenido en hispanoamericano cabe mencionar
también pese a cuyo empleo frecuente me ha sorprendido en la Argentina
“y que probablemente se encuentra también en otros países americanos. He
aquí unos cuantos ejemplos que mostrarán la diversidad de combinaciones
sintácticas en las que interviene:
Pese a todo, no iré.
Pese al excesivo trabajo, siempre estaba de buen humor.
Pese a cuantos esfuerzos se hicieron, fracasó.
Pese a que ya comienza a llover, tendré que salir.
Pese a que el gobierno sólo tendrá jurisdicción sobre la zona oriental
de Alemania, Pieck en su discurso inaugural anunció que... (diario “Los
Andes”, Mendoza).
Los esfuerzos realizados hasta el presente, pese a ser muy pondera-
bles, no han bastado para conjurar la situación (diario “Los Andes”,
Mendoza).
Encuéntranse tales construcciones tanto en el lenguaje familiar argen-
tino, según me informa la Srta, Angélica Guiñazú, como en: el estilo litera-
rio donde tienen gran difusión. Pero no se consignan en las gramáticas caste-
llanas. Sin embargo hay una relación evidente entre el uso argentino y al-
gunas locuciones que ya en el castellano antiguo tuvieron un sentido este-
reotipado: pesiatal (= pese a tal) “lo mismo que pésete, y también se usa
algunas veces por modo de interjección, para demostrar la extrañeza u di-
sonancia que hace alguna cosa” (Dicc. Aut.); pesia “int. de desazón o
enfado” (Dicc. Ac, Esp.); < ¿Qué tengo que dormir pesia a mí - res-
pondió Sancho... -, que no parece sino que todos los diablos han andado
esta noche conmigo? > (Cervantes, Don Quijote. ed. Clásicos Castellanos
VI, 50, 314, donde se explica también el a pleonástico por la pérdida del
contenido original: pesera > pesia > pesia a); <Pesia al cielo > (He-
rrera); < Ah, pesial > (Avila, según Cejador y Frauca, La lengua de
Cervantes 1, 855), etc.; pese a quien pese, pese a quier pesare “expresión
familiar que denota resolución firme para ejecutar o decir una cosa, sacrifi-
cándolo todo a la verdad” (R. Caballero, Diccionario de modismos de la
lengua castellana, pág. 900). En todos estos ejemplos se nota muy bien el
valor dinámico que originariamente se dió al subjuntivo y que hoy día per-
siste en la construcción argentina. Sin entrar en una discusión pormenori-
Reseñas 31
zada de la cuestión, remitiré al capítulo correspondiente de la tesis de A.
Braue, Beitráge zur Satzgestallung der spanischen Umgangssprache. Ham-
burg, 1931, páss. 110-115 y a ejemplos del tipo siguiente: < Hoy los
cancilleres .. .resolvieron poner fin a la conferencia el lunes, se llegue o no
al acuerdo > (diario “Los Andes”). <El gobierno chino hizo saber
que impondrá el cierre de los puertos comunistas chinos, les guste o no les
guste a los norteamericanos > (diario “Los Andes”). “Terminamos estas
divagaciones con un ejemplo típicamente hispanoamericano: < Me voy no
más, aunque le repese al que le requetepese, como ijo on Arturo > (cuen-
to popular chileno; BDH VI, 36).
En las págs. 396-397 el autor se refiere a una construcción bien co-
nocida en los romances y que en ciertas partes de Hispanoamérica liene una
difusión particular.: Yo que entro y él que sale. Son numerosos los ejemplos
que encontramos en los cuentos populares chilenos: < Ellos que llegan y
Culebrás que aparece > (Laval, Cuentos populares 23). < Mariquita
que se va y el Diablo que llega > (Laval, Leyendas 73). < Esto que
dice el Soldadillo y el gigante que se le va encima > (Laval, Cuentos po-
pulares 9). < Cuando llegó al primer estado bajo tierra, el Soldadillo que
entra a una sala muy hermosa y que se le presenta un enorme culebrón con
siete cabezas > (ib. 10).
Encontramos el mismo caso de “relativischer Anschluss'” en Uruguay:
< ¡Caramba! ¡Yo que venía tan contento a traerle una buena noticia, y
me la encuentro así! >> (Fl. Sánchez, M' hijo el Dotor 52).
Es probable —dice el Sr. Kany— que esta misma construcción se
encuentre también en el lenguaje familiar de España. En efecto, aparece
ya en el antiguo español y con suma frecuencia en el Romancero (< El
señor estando en esto Mudarrillo que asomaba >; véase la rica documen-
tación presentada por K. Pietsch, Spanish Grail Fragments 11, 83-86) ;
encontramos casos análogos en el lenguaje hablado de hoy. (A. Braue
27-28: < ¡Mira! ...¡Mi padre que sube! ...¡Madre mía! >).
Pero no hay ningún idioma peninsular que tanto se parezca, en cuan-
to a la variedad y la estereotipación de la construcción mencionada, al chi-
leno como el catalán. Allí abundan los ejemplos tanto en el lenguaje dra-
mático como en los cuentos populares. Allí, según observa muy bien M.
de Montoliu BDC II, 21, quien primero llamó la atención sobre el fenó-
meno catalán (dándole una interpretación no aceptada generalmente), la
partícula que “se convertí en un veritable infixe d'oració, expressant una
varietat afectiva del llenguatge narratiu””. Compárese también ZRPh LIV,
351, donde el lector encontrará más referencias bibliográficas, y los ar-
tículos publicados recientemente en la revista “Le frangais moderne” XVII,
312 Reseñas
7, 91-94 sobre le facteur qui passe (sin agotar la bibliografía ya bastante
extensa que ha causado la construcción francesa).
En las págs. 313-317 el autor traza un cuadro completo del empleo
que en Hispanoamérica se hace de la fórmula fosilizada no más (Diga no
más, etc.). Señala en Méjico el empleo de no más que en el sentido de
“apenas, tan pronto como", remitiendo al mismo tiempo a nada más que,
conjunción que observó en Málaga. Parece sin embargo que tal construcción
tiene mayor difusión en la Península, según demuestra su empleo en el
Oeste (< Pero n'amás que vieni el giien tiempo, / me esmonto de casa >
Gabriel y Galán I, 300). Tiene un carácter parecido cat. < Anava
baixant graó a graó, i ja no més treia enfora el cap ¡ els bracos, quan (1)
vaig sentir una veu infantívola > (Ruyra, Pinya de Rosa 1, 18).
El debilitamiento completo de no más parece ser relativamente raro
en Hispanoamérica: < ¿Qué no más has traído? > “Its function then is
merely to soften a phrase”, Adviértase que tal empleo debilitado es casi
la regla en catalán, según puede inferirse de los ejemplos citados por M.
L. Wagner en su reseña del estudio de I. Melander sobre el origen del
español no más en RFE XI, 74, a los que agregaremos unos cuantos con
el objeto de destacar el uso tan típico del catalán: << Nosaltres no més ho
hem fet per obediencia >> (Guimerá). < No, jo no mes t'havia dit que
Vobrissis > (Rondaies de Menorca). < No més teng pó que mos castigui
per sa feta de s'asa > (ib.). < No-més som homo una hora cada trenta
dies > (Rondates mallorquines).
pág. 328. también no = “tampoco”, “rasgo del habla popular y
rústica de muchas regiones hispanoamericanas”” y rasgo del antiguo castella-
no conservado también en portugués, romance que, como se sabe, en lo sin-
táctico ha mantenido una tendencia arcaizante: <<Ele náo sabe nadar, e
eu também náo >. < “Também nenhum rumor se percebia além das águas
> (Aquilino Ribeiro, Terras do demo, pág. 74).
pág. 333. Una observación análoga puede hacerse respecto a la
construcción ir + infinitivo (ant. esp. < vo meter la vuestra seña >>) que
subsiste en hispanoamericano, en los dialectos occidentales de la Península
(según ya observó el Sr. Kany) y en portugués: < Vai chover>. <Váo
levar esta carta ao correlo >.
pág. 236. Lo mismo puede decirse de la combinación ir más gerun-
dio de ir, sumamente frecuente en hispanoamericano. Encontramos la misma
construcción en antiguo español (< asy yremos yendo cabo adelante >), en
gallego (< Imos indo a casa >. < Veñan vindo a traballar >. RFE
XIII, 74) y en portugués: < Como vai o senhor? - Vou indo > = ¿Có-
Reseñas 313
mo le ya? - Muy bien. < Podia vir vindo o inverno, que arrasa as fontes
e estruma os montes > (A. Ribeiro, Terras do demo, pág. 153).
págs. 161-164. Empleo del pretérito simple y del pretérito com-
puesto, Acierta el autor haciendo constar que el pretérito simple es mucho
más corriente en el hispanoamericano que el pretérito compuesto (¿No vino
todavía? ¿Qué pasó? etc.). Es éste un aspecto sintáctico que me llamó la
atención desde el primer día de mi llegada a la Argentina. Ahora bien,
¿cómo puede explicarse tal hecho? Según el Sr. Kany “the short, clipped
preterite with ¡ts feeling of abruptness and finality was suited to the more
active living in the New World and is paralleled with familiar American
English (Did you do it? rather than Have you done it?)”. A mi modesto
parecer no es así. Trátase más bien de uno de aquellos arcaísmos sintácti-
cos, supervivencias medievales, que se han mantenido en regiones arcaizan-
tes de la Península (según ya vimos antes, especialmente en las hablas del
Oeste) y que con tanta frecuencia aparecen también en hispanoamericano.
El caso que nos ocupa es particularmente instructivo. Sin entrar en una dis-
cusión de los detalles (últimamente magistralmente expuestos por E.. Alar-
cos Llorach en su artículo sobre el perfecto simple y compuesto en español
publicado en RFE XXXI, 108-139) haremos constar que el antiguo es-
pañol conserva todavía muchas huellas del empleo primitivo del perfecto
simple latino que a partir del siglo XVI ya no era permitido en el len-
guaje corriente castellano. Desde el siglo XVII —afirma E. Alarcos
Llorach—, cuantas veces la forma simple aparece en lugar de la compues-
ta, se debe a arcaísmo afectado, a latinismo o a necesidades poéticas.
Únicamente en los dialectos del NO. y del Oeste, incluso el portugués, se
ha conservado el estado anterior, estado que caracteriza el español hablado
antes de la colonización americana y que ha dado un relieve característico
al hispanoamericano hasta el día presente. Este hecho no excluye el que
existan también en América zonas de carácter purista, es decir áreas que
han adoptado el uso corriente (según las observaciones del Sr. Kany, Perú
y Bolivia, países cuya fonética se distingue también por tendencias conserva-
doras); este hecho no contradice lo observado recientemente por la Sra.
Vidal de Battini, El habla rural de San Luis. Buenos Aires, 1949, pág.
387, según la cual en el lenguaje campesino de dicha región se da una
marcada preferencia a las formas compuestas. Pues esta observación
concuerda perfectamente con la corriente general que se mueve en el len-
guaje popular de tantos países y que tiende a vincular lo pasado con el
presente. Este fenómeno claramente se observa desde hace tiempo en Fran-
cia y se va extendiendo cada vez más en el lenguaje popular de España.
Demuestran las disquisiciones anteriores lo interesante que sería el estudio
314 Reseñas
sistemático del uso del pretérito en los países americanos, atendiendo a la
expresión literaria y a las tendencias que pudieran encontrarse en el habla
popular.
F. KrÚcER
Félix Coluccio, Folklore de las Américas. Primera Antología. Con 98
grabados fuera del texto. Buenos Aires, Editorial “El Ateneo”,
1949. 466 págs. (Con un prólogo de A. R. Cortázar y una portada
artística de E. Volta).
F. Coluccio es el primero que nos ofrece una antología folklórica de
todos los países americanos. Teniendo en cuenta la dificultad de lograr
una visión tota] sobre tan vasto territorio y la falta de una fuerte tensión
en las relaciones culturales de estos países, la antología resulta una obra
muy valiosa y de gran jerarquía. La selección de los trozos se ha hecho
con mucho esmero y fina sensibilidad para lo típico y característico. Todos
los países están ampliamente representados exceptuando el Ecuador que
sólo aparece en un trozo. Por otra parte debemos notar que una obra de
este género nunca satisfará íntegramente los intereses y gustos de los espe-
cialistas. Es sobre todo una obra de divulgación.
Los trozos escogidos se refieren a la mitología, las fiestas, los cuentos,
costumbres, bailes, música popular y tradiciones, y hasta temas tan intere-
santes como las riñas de gallos en Costa Rica o los alimentos típicos de Pa-
namá. Tampoco faltan elementos lexicológicos como provincialismos de
Guatemala o una selección del Diccionario de peruanismos de J. de Arona
(París 1938). Las indicaciones sobre la música popular de los distintos
países nos permiten comparaciones. Entre los cuentos encontramos algunos
referidos a animales que hasta ahora no fueron conocidos en España, Por-
tugal ni en otros países: pág. 330 “De la simulación” (Paraguay); pág.
424 “La ratona y el ratón” (Uruguay). El carácter variado dei folklore
en los diversos países es bien marcado (vease Bolivia, Chile, Perú, Pa-
raguay, Uruguay, Venezuela).
F. C. ha considerado aún las publicaciones más recientes (de los años
1946-1948) dando a conocer así algunas publicaciones folklóricas (sobre
Canadá, Bolivia, Chile, Honduras, Uruguay y Venezuela) que, por lo
menos en Europa, eran desconocidas.
Los 98 instructivos grabados que ilustran la obra tienen un valor es-
pecial, Por su importancia documental mencionaremos los siguientes: los
“diablos de Oruro” (Bolivia), el Sicuri (bailarín, Bolivia), las figuras
Reseñas 315
populares chilenas de cerámica, la danza de diablicos (Panamá), los tra-
jes de mujeres panameñas y las máscaras de baile del Perú.
Particularidades: en cuanto al ““descabezamiento del gallo” en Chile
(pág. 182) y el “cortagallo”” mejicano (pág. 266) cf. mi artículo Uber
Hahnenschlagen und Verwandtes en 'Niederdeutsche Zeitschrift fiir Volks-
kunde” XV, 1937, pág. 198-201, donde hablo de este uso en
Alemania, Bohemia, Béarn, Asturias, Ibiza, norte de Portugal, Bra-
sil, Méjico y Rep. Dominicana. Pág. 206 “La pistola”: falta el pri-
mer verso de la copla. Según C. Samayoa Chincilla (pág. 229) el origen
de la marimba sería ““netamente americano y no africano”. El origen afri-
cano de la marimba americana no puede negarse. Este instrumento de mú-
sica fué introducido en África de la India y se usa aún hoy en África.
pág. 266: el ““cortagallo'” no tiene nada que ver con las riñas de gallos que
se acostumbran en Méjico (cf. para Costa Rica pág. 149). El “cortagallo”
fué originariamente un uso mitológico (gallo = demonio del trigo). Las
peleas de gallos, mejicanas y costarricenses, proceden de las españolas
(éstas de las romanas y éstas del extremo oriente). Una descripción deta-
llada de una riña de gallos en Sevilla encuéntrase en Fr. Christiansen,
Fesiliches Spanien, Leipzig, 1935, págs. 109-120, Estas peleas se conocen
también en Murcia, Valencia, Ibiza, Guatemala, Venezuela, Perú, Ar-
gentina, Paraguay y Chile. La costumbre de que un solo indio toque
simultáneamente el “pífano' y el tamborcito en Lamas (Perú) se debe a
una influencia española donde también se estila (con instrumento de viento
diferente) en Cataluña, en el País Vasco y en la Maragatería. Entre los
mismos indios de Lamas se usa también la quena y el tambor autóctono.
W. GiEsE
Universidad de Hamburgo.
Félix Coluccio, Diccionario folklórico argentino. 2* edición aumentada y
corregida, Buenos Aires, Editorial El Ateneo, 1950. 503 páginas.
Todo investigador que alguna vez se haya ocupado del folklore argen-
tino o americano, conoce bien las enormes dificultades con que se tropieza
al recopilar el abundante material publicado en innumerables libros y revis-
tas, al ordenarlo sistemáticamente y seleccionarlo con un criterio que permita
su uso científicamente inobjetable y fecundo en resultados positivos, Por
cierto, en un país tan rico en tradiciones populares como la Argentina, no
existe aún una obra que comprenda toda la multiplicidad de hechos y fe-
316 Reseñas E
nómenos folklóricos y la totalidad de sus aspectos enlazados por una ex-
posición metódica que facilite una orientación exhaustiva y rápida en los
diferentes temas. En rigor, han aparecido —y muy especialmente durante
los últimos años— muchos trabajos meritorios y aún definitivos sobre de-
terminadas zonas del país y sobre aspectos parciales del folklore espiritual
o material de algunas regiones del territorio argentino apegadas profunda-
mente a la tradición vernácula. Pero estas publicaciones —diccionarios,
cancioneros, monografías generales o especiales, etc.—, sumamente útiles
y hasta indispensables para una labor sintética posterior, casi siempre se
restringen a una exposición analítica, simplemente descriptiva o enumerativa
de] material, en la mayoría de los casos incompleto, sin llegar a una visión
comparativa e integradora que permita incorporarlo al panorama nacional
o incluso continental de las respectivas manifestaciones. Por meritorios e
imprescindibles que sean estos trabajos —recordamos sólo, de los últimos
años, el Vocabulario y refranero criollo, de Tito Saubidet, las Notas a la
antropogeografía del Valle de Tafí, de E. B. de Santamarina (Universi-
dad Nacional de Tucumán, Instituto de Estudios Geográficos, monogra-
fía núm. 7, 1945), los Cancioneros de Juan Alfonso Carrizo y de J. Dra-
ghi Lucero, los estudios musicológicos de Carlos Vega, a los que hay que
agregar ahora los importantes trabajos de la Revista de Estudios Musicales
del Instituto Superior de Artes e Investigaciones Musicales de la Univer-
sidad Nacional de Cuyo, y la Biblioteca de Dialectología Hispanoameri-
cana del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires—, su
carácter específico reside, casi exclusivamente, en la especialización; en la
restricción a un determinado sector temático o regional, vale decir, en su
carácter aislador, en un sentido espacial o espiritual, que fácilmente puede
inducir a formular juicios unilaterales y hasta equívocos, en cuanto atañe
al origen, difusión y valor intrínseco de los hechos y problemas expuestos.
Estas consideraciones generales nos sugiere la lectura del Diccionario
Folklórico Argentino, con cuya segunda edición corregida y considerable-
mente aumentada, el autor trata de ofrecer, por primera vez en la inves-
tigación folklórica nacional, una visión total y general de las tradiciones
pcpulares, a fin de “contribuir al estudio de nuestro folklore y ordenar al
alcance del estudioso o del simple lector, el vasto material disperso que
sobre el mismo se ha publicado en el país y el que personalmente ha reco-
gido”” (Prefacio, pág. 9). Integran el libro, el diccionario propiamente
dicho, en que alfabéticamente se ordenan y explican las dicciones, concep-
tos y hechos del folklore argentino, en sus correlaciones regionales y a
menudo también americanas, una lista de 169 folkloristas americanos, un
catálogo de las instituciones folklóricas de América y una bibliografía de
Reseñas 317
casi 1500 autores y fuentes, a los que se agregan numerosas ilustraciones
en el texto y fotografías documentales.
El diccionario incluye extensas comunicaciones sobre diferentes secto-
res del folklore espiritual y material: considera el rico acervo del cancionero
popular y de la música y danzas regionales, como también los refranes,
versos, dichos y adivinanzas y los juegos infantiles y de adultos; da cuenta
de los múltiples mitos, casos, cuentos, leyendas, creencias y supersticiones,
expresiones y reflejos de todo ese mundo multicolor creado por la fantasía
del hombre profundamente compenetrado con las tradiciones de su terruño;
las fiestas y ceremonias religiosas y profanas, en las que se manifiesta esa
acendrada fe y toda la ingenua y simple devoción del alma exenta de las
complejidades de la vida urbana y cosmopolita; las tradiciones históricas y
sociales, en cuyas manifestaciones se entrevé el poderoso influjo de la co-
munidad étnica con su estructuración todavía jerárquica consolidada a
través de siglos; la medicina popular, como resultado de un empirismo
transmitido de generación a generación; la botánica, zoología, meteorología,
geografía y toponimia folklóricas, igualmente frutos de una experiencia se-
cular en estrecho contacto con los fenómenos y manifestaciones de la natu-
raleza; y finalmente, ese vocabulario regional y social con sus peculiarida-
des morfológicas, sintácticas y hasta estilísticas, exponente de una sedimen-
tación paulatina y de una estructuración necesaria, en un sentido histórico
y psicológico, de una población que también en su lenguaje logró plasmar
su propio modo de ser, ya definitivamente alejado de sus primeras fuentes
nutricias, para llegar a integrar una comunidad auténticamente americana.
No menos copiosa es la documentación que ofrece el diccionario sobre
los aspectos materiales del folklore nacional y continental, aunque hubiéra-
mos deseado, a veces, una mayor profundización de los temas tratados. De
carácter casi definitivo es lo que el autor comunica referente a los instru-
mentos musicales, cuyas diferentes formas han adquirido, más que cualquier
otra manifestación concreta, un carácter propio y genuinamente regional.
Pero también en lo relativo a las tareas y aperos campestres en general, el
libro trae valiosos datos: detalla las faenas agrícolas, la siega, la recolec-
ción de frutos y otros productos, y el típico trabajo del rodeo y de la
hierra, como también la labor del melero, que desde la época precolonial
desempeña un papel de extraordinaria importancia en la alimentación de
los pobladores de ciertas zonas; facilita datos sobre la vivienda rural, el
rancho con sus edificios subsidiarios y sus construcciones correspondientes
de otros países sudamericanos, sobre los medios de transporte del hombre y
de los animales de carga y de tiro, los aperos de cultivo y de cosecha, la
318 Reseñas s
artesanía —alfarería, cestería, el tejido, el horno, etc.— y sobre la ali-
mentación regional y las prendas de vestir características del gaucho.
En resumen, se trata aquí de la exposición de un material cuya ampli-
tud y variedad facilita una visión cabal del folklore argentino, que a menu-
do sobrepasa las fronteras del país para internarse en los países limítrofes,
destacando así las relaciones continentales y el arraigo americano de la
cultura popular. Es evidente, que en una obra de orientación informativa y
bibliográfica como la presente, la exposición de los variados términos y
aspectos folklóricos se reduce a lo más imprescindible, más aún, porque para
un estudio detenido y especializado, el autor remite de continuo a la biblio-
grafía correspondiente, que hasta la publicación de esta obra nunca ha sido
presentada con tanta extensión y minuciosidad. Con sus 1477 números,
constituye un aporte bibliotécnico sumamente valioso para todo investiga-
dor, y brinda sobre cualquier tema folklórico y aún lingúístico-regional, una
excelente y cómoda orientación. Lo mismo puede decirse del catálogo de
instituciones folklóricas de América y de folkloristas americanos, de gran
utilidad para lograr una eficaz colaboración y una información siempre
actual entre los especialistas.
Es natural que una obra de tamaña envergadura no pueda ser comple-
ta; pues es muy comprensible que un diccionario que, conforme a su título,
pretende ofrecer con el tiempo un panorama total del folklore argentino,
deba evolucionar orgánicamente hasta lograr, en ediciones posteriores, esta
totalidad y este carácter definitivo a que aspira. Por otra parte, no es posi-
ble reunir dentro del marco de una reseña que, por razones obvias, debe
atenerse a una exposición general y a una crítica -constructiva que sólo
puede encerrar algunas insinuaciones de orden fundamental e igualmente
general, una lista detenida de correcciones, agregados o sugestiones particu-
lares. Nos limitaremos, por consiguiente, a algunas consideraciones, a tra-
vés de las cuales trataremos de hacer algunas sugerencias de carácter típico
y positivo para futuras reimpresiones del Diccionario.
Destaquemos, primeramente, la necesidad de un índice general de
materias, que abreviaría considerablemente la búsqueda de los datos sobre
determinadas formas de expresión folklóricas. Un ejemplo: es verdad que
el tomo incluye en sus páginas numerosos y extensos párrafos que se refie-
ren a las diferentes danzas regionales (indígenas y criollas). Pero estos
datos están dispersos y se allegan, a través de las letras del Diccionario bajo
la respectiva denominación que corresponde a cada uno de estos bailes
(bailecito, carnavalito, cielito, cueca, chacarera, chamamé, chopí, danza de
las cintas, danza del ivopé, ecuador, caballito, caramba, conejo o salta
conejo, cuando, gauchito, pajarillo, pollito, remedio, sereno, escobilK(e) ar,
Reseñas 319
escondido, escuadrón, fandango, firmeza, gato, guacanic, huella, jota, ca-
landria, condición, palomita, patria, sajuriana, loncomeo, los amores. llanto,
malambo, manca fiesta, mariquita, marote o marotera, mazurca, media caña,
milonga, nareg yazotata, ñucprún, pala-pala, palito, pensamiento, pericón,
polca, prado, ranchera, remesura, resbalosa, selamal dalemata, sombrerito,
tango, triunfo, zamacueca, zamba). El lector que quiere informarse, pues,
sobre este importante sector del folklore, se ve obligado a recorrer todas las
páginas del libro para obtener una impresión completa sobre este aspecto.
Lo mismo ocurre con todas las demás manifestaciones particulares de las
tradiciones espirituales y materiales —hay, por otra parte, un renglón
Rimas infantiles, que corresponde a nuestra proposición—, como p. ej., las
creencias y supersticiones, los utensilios de alfarería, los diferentes tipos de
vivienda y sus dependencias, etc. Un índice de conceptos generales o voces-
guía, que se podría agregar como apéndice al diccionario o bien incorporarlo
directamente a éste, subsanaría con facilidad este inconveniente, evitando
así la pérdida de tiempo y de esfuerzo unida a la búsqueda. Un modelo
de ordenamiento sistemático del material nos parece, en este sentido, el
Weorterbuch der deutschen Volkskunde (Diccionario del folklore alemán)
de O. A. Erich y R. Beitl, editorial Alfred Króner, Leipzig, 1936, en
cuyos artículos se ha logrado constante y completa trabazón de los temas
especiales con la categoría general a que pertenecen y con todos aquellos
temas especiales que les son afines.
En el campo del folklore material hubiéramos deseado a veces mayor
profundidad y amplitud en la exposición de los diversos utensilios y proce-
dimientos típicos, En el párrafo que trata de la alfarería (pág. 24 b s.),
p. ej., el autor incluye una cantidad de particularidades sobre la industria
alfarera entre los indígenas y criollos de la Argentina, Bolivia, Chile, Pa-
raguay, Méjico, Brasil y Perú, haciendo, sin embargo, caso omiso de las
características esenciales de esta industria, el modelado a mano y la coc-
ción al aire libre o, en un sentido negativo, de la no existencia del torno
alfarero y del horno de cocer en la técnica popular, características que,
precisamente, incorporan la alfarería actual a: una inconfundible tradición
americana y autóctona. Nos parece imprescindible, bien que en forma sucinta
y sintética, la mención de esta técnica, que permite interesantes compara-
ciones con procedimientos análogos, sumamente arcaicos, de algunas re-
giones periféricas de Europa, especialmente de las Islas Canarias, y que
constituye una de las tradiciones más importantes del continente sudameri-
cano en la esfera de lo genuinamente folklórico. Lo que queremos decir
con ello es que el autor debe velar sobre las definiciones y explicaciones de
los hechos folklóricos, para que incluyan, en cada caso, lo realmente intrín-
320 Reseñas
seco e importante, los rasgos característicos que les son propios, técnicos o
espirituales, y que les otorgan su trascendencia y su valor folklórico; véase,
en este contexto, p. ej. el párrafo que trata del telar (pág. 354 b s.), donde
el autor se pierde un poco en divagaciones sobre “las primorosas telas de
algodón, de lana, tanto de oveja como de vicuña, etc.”, y sobre “los solici-
tados ponchos, las policromas colchas, los delicados cubrecamas”, etc.,
sin hablar de los diferentes tipos de telares (indígenas y español) y sus
características mecánicas o constructivas.
Por otra parte, hay utensilios de verdadero valor folklórico no trata-
dos aún en el Diccionario. Mencionamos solamente las diferentes formas
del antiguo arado de madera, que todavía hoy se observa en uso en las
regiones del noroeste argentino, el yugo cornal o de una o dos gamellas o
el yugo de pescuezo que se conoce todavía en el norte de la Argentina.
Referente a otros aspectos del folklore material (rastra, pág. 321 b; rama:
véase ramear, pág. 319 a; carreta, pág. 78 a; la troj, no mencionada por
el autor; la batea, que igualmente falta; el fogón de la cocina, pág. 159 b;
el mobiliario de la vivienda; la jinajera, que tampoco se menciona, al igual
que los cercos, puertas y portones de la vivienda y de los campos de pas-
toreo y sembradío —véase tranquera, pág. 262 b—, etc.), también sería
oportuno una mayor profundización de los datos expuestos, puesto que en
todos estos casos se trata de objetos típicos, sobre los cuales ya existe un
material informativo relativamente amplio. Compárese, a este respecto, V.
Barrionuevo Imposti, El uso de la madera en el Valle de San Javier; Im-
prenta de la Universidad Nacional de Córdoba, 1949.
Un ejemplo que evidencia esta necesidad de profundización en la
esfera lingilística —que es la que más nos interesa, máxime porque el
autor dedica numerosos artículos al lenguaje popular y aún al lunfardo—,
lo constituye el párrafo relativo a la voz bilqui, que sólo se define como
“tinaja grande partida por la mitad, que entre otros usos se destina para la
fabricación de aloja" (pág. 49 a). En otro lugar de su Diccionario (pág.
189 b), Coluccio menciona la voz huirqui “en el norte, vasija de barro en
la que se recoge o hierve la leche”, que, etimológicamente, no se puede se-
parar de la palabra bilqui. Proponemos, pues, que el autor reúna ambos
términos en un mismo artículo, incluyendo, al mismo tiempo, los datos que
se refieren a este recipiente, verificados por otros autores, y sobre los cuales
poseo la siguiente información: según mis apuntes en las sierras cordobe-
sas, Departamento de Nono, se designa allí con la voz de birque de la olla
la “parte inferior del vaso de barro en elaboración, que consiste en un
asiento propiamente dicho y paredes bajas, formadas por el primer rodete
de barro con que la alfarera fabrica la vasija”. Compárense S. A. Lafone
Reseñas 23210
Quevedo, Tesoro de catamarqueñismos, bilqui “tinaja grande partida hori-
zontalmente: la parte inferior se llama así; también las que se hacen en
esta forma, y se usan para poner aloja”; ¡bid,, F. F. Avellaneda, Palabras
y modismos usuales en Catamarca, bilqui “nosotros decimos, gúirqui o gúirque
y huirqui o huirque'; O. Di Lullo, Contribución al estudio de las voces
santiagueñas, huirqui “nombre del léxico vulgar con que se designa la olla
de barro para recoger y hacer hervir la leche'; O. Di Lullo, El folklore
de Santiago del Estero, pág. 413 huirquis; J. A. Carrizo, Canc. pop. de
La Rioja VI, pág. 443 vilque, “tinajón grande que se ve en las láminas
números IX, 4 y X, 5 [ibid., tomo 1]. Se usan también en Catamarca y
en los Valles Calchaquíes para guardar vino'; J. V. Solá, Diccionario de
regionalismos de Salta, virque, virqui, huilqui “tinajón de barro cocido, de
asiento pequeño y boca ancha. Sirve para hacer la chicha o para conservar
fresca y pura el agua o la leche. Top. cerro situado en el Dep. de Santa
Victoria; compárese también F. Latzina, Diccionario geográfico argentino,
2* edición, top. Vilque *paraje poblado, Rosario de Lerma, Salta”; ¡bid.
Virque 'finca rural, Belgrano, La Rioja'. A. Malaret, Diccionario de
americanismos, argent. vilque “tinaja grande, bocona, para guardar o lavar
el maíz o el trigo; variantes: bilgue, huillqui, virque'; Fr. J. Santamaría,
Diccionario general de americanismos, birque “en Argentina, barreño vidria-
do, más ancho por el borde que por el fondo, y que sirve para lavar ropa,
para baños de pies y otros usos; es vulgar”; 'T. Garzón, Diccionario argen-
tino, argent. birque, bilque, en el mismo sentido. M. Lizondo Borda, Voces
tucumanas derivadas del quichua, vilque 'tinajón indígena” < quichua
HIRQQUI “cangilón de boca grande” (ibid). También en Chile (Prov. de
Coquimbo) virque, vilque “tinaja'; Boletín del Instituto de Filología de la
Universidad de Chile IV (1946), pág. 178 y fig. 23, idéntica al tinajón
de La Rioja (véase arriba). Compárese Román, Diccionario de Chile-
nismos y de otras voces y locuciones viciosas. Lafone, pág. 71 b, comenta
con respecto al origen indígena de la palabra: “la idea principal está con-
tenida en la partícula qui, partida en dos, huill o bil, cosa redonda”. Con
todo ello, conservóse en la Argentina el sentido original de la palabra,
anotado también por Lafone, para Catamarca: 'parte inferior de la tinaja”
(véase arriba). Mediante este ejemplo de una palabra y de un objeto
típico, se hace patente, así, la amplitud geográfica de la supervivencia de
un fenómeno lingiiístico y folklórico material, su arraigo en la tradición
autóctona y las variadas acepciones que actualmente se atribuyen a este
objeto; reflejo limitado pero evidentemente instructivo en cuanto se refiere
a la intensa vitalidad de las tradiciones populares en el suelo sudamericano.
Es igualmente necesario insistir en la continua revisión y ampliación
322 Reseñas
de la Bibliografía, ya que, como lo expresa el autor (pág. 9), “la evolu-
ción experimentada por la joven ciencia [del folklore] en estos últimos
años ha sido realmente extraordinaria, tanto en nuestro país como en toda
América”. Sobre los distintos aspectos del folklore espiritual y material
ofrecerá nutrida y nueva documentación el tomo Homenaje a Fritz Kriiger,
que editará la Universidad Nacional de Cuyo, durante el año en curso:
B. E. V. de Battini, El léxico de los buscadores de oro de La Carolina,
San Luis; A. Dornheim, La alfarería criolla en Los Algarrobos, Prov. de
Córdoba; R. Oroz, La carreta chilena sureña; J. A. Carrizo, El tema del
sembrador de amor en la poesía tradicional argentina; Y. Pino Saavedra,
El amor en la poesía popular chilena; y G. A. Terrera, Folklore de los
actos religiosos. Remitimos también, a la importante obra de Manuel José
Andrade, Folklore de la República Dominicana, tomo 1 (en Públicaciones
de la Universidad de Sto. Domingo, vol. LIV, Ciudad Trujillo, 1948),
traducción española del original inglés, Folk-lore from the Dominican Re-
public (1930), que con sus 304 cuentos folklóricos, su vocabulario y sus
observaciones lingilísticas, constituye una fuente inagotable para el conoci-
miento del género épico popular y para toda comparación interamericana y
hasta universal del folklore espiritual. De igual importancia nos parece el
Boletín del Instituto de Filología de la Universidad de Chile, en cuyo
tomo IV (1946) se incluye un extenso informe sobre el Primer viaje de
investigación del Instituto de Filología de la Universidad de Chile a la
provincia de Coquimbo (págs. 157-220), con un vocabulario de chilenis-
mos lexicográficos y semasiológicos que, tanto para la estructura filológico-
regional como el folklore espiritual y material de esta zona, facilita un
material muy importante (con 14 láminas). Sobre la vivienda en La Rioja
trae algunos nuevos datos Fr. de Aparicio, L'habitation naturelle dans la
province de La Rioja; en Revue de Géographie humaine et d'Ethnologie,
año I, 1, París, 1948, págs. 80 ss. Llamamos asimismo la atención sobre
las numerosas descripciones y monografías que viajeros argentinos y ex-
tranjeros o misioneros de los siglos pasados han publicado acerca de los di-
ferentes países de América y que suministran con sus relatos, preciosos de-
talles sobre la estructura folklórica de estos países. Algunas de estas obras,
como p. ej., El viaje a caballo, de Mac Camn, el Viaje al país de los arau-
canos, de Estanislao Zeballos y El Lazarillo, de Concolorcorvo, han sido
consultadas e incluídas en la bibliografía, pero se observa la ausencia de
muchas publicaciones de esta clase, como p. ej. los Viajes por América
del Sur de Alexander Caldcleugh (traducción, Buenos Aires, 1943), el
Viaje por los Estados del Plata, con referencia especial a la constitución
física y al estado de culiura de la República Argentina, realizado en los
Reseñas 323
años 1857-1860, 3 tomos, trad. Buenos Aires, 1944, de Hermann Bur-
meister, el Viaje por el Virreinato del Río de la Plata (1795) de Tadeo
Haenke (trad. Buenos Aires, 1943), los Travels in Chile and La Plata,
Londres, 1926, de Jon Miers, el Viaje a Chile a través de los Andes, de
Peter Schmidtmeyer (versión castellana, Buenos Aires, 1947) y, ante
todo, la importante obra de Florián Paucke, Hacia allá y para acá. Una
estada entre los indios mocobies, 1749-1767, 3 vols. (trad. castellana, Tu-
cumán-Buenos Aires, 1942-1944) cuyo amplio material gráfico e ilustra-
ciones son de un valor extraordinario para el conocimiento de todas las
manifestaciones folklóricas de la Argentina del siglo XVIIL Esperamos,
finalmente, con el mayor interés, la publicación de las Actas del Primer
Congreso Nacional del Folklore, realizado a fines del año pasado en Bue-
nos Aires, que encierran una gran cantidad de trabajos imprescindibles para
el conocimiento del folklore nacional argentino.
Todo diccionario intenta ofrecer un panorama de lo que se ha reali-
zado en una determinada disciplina científica y de lo que son los fines que
ésta persigue. Por lo tanto, no suele incluir, en general, resultados de in-
vestigaciones propias. Tanto más celebramos que el autor del presente
libro, eficaz investigador del folklore nacional, haya incorporado a su obra
sus propios logros y una gran cantidad de nuevos datos que ha recogicto
personalmente a lo largo de su labor, en diferentes regiones del país y del
extranjero. En resumen, podemos comprobar que el Diccionario folklórico
argentino de Félix Coluccio constituye en su segunda edición un esfuerzo
digno de ser destacado entre las mejores publicaciones de su clase, que
tanto para el lingiiista y el folklorista, como para el que estudia las tradi-
ciones lingúístico-folklóricas en su íntima correlación de verificación mutua,
es una obra de consulta y una fuente de información, de la que ya no se
podrá prescindir para el estudio de cualquier tema especial o general rela-
cionado con la cultura del pueblo argentino y de las naciones americanas.
A. DORNHEIM
Universidad Nacional de Cuyo.
Victor Barrionuevo Imposti, El uso de la madera en el valle de San
Javier. Imprenta de la Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba,
1949. 92 páginas.
El Instituto de Arqueología, Lingiiística y Folklore “Dr. Pablo Ca-
brera” de la Universidad Nacional de Córdoba, acaba de distribuir el
presente estudio que muestra, con amplia documentación gráfica, una de
324 Reseñas
las facetas más características de la primitiva cultura material de la cam-
piña argentina: la aplicación de la madera al folklore del valle de San
Javier, situado en el sur de la Provincia de Córdoba, en la “costa' occidental
de la Sierra Grande. Junto al cuero y los materiales vegetales y minerales,
la madera constituye en la civilización rural de los pueblos sudamericanos
el fundamento concreto más importante para la instalación humana y para
la consolidación de una vida económica y social en concordancia con las
necesidades de esta vida y con las posibilidades existentes, que la convier-
ten en expresión de una cultura auténticamente popular y típica; fundamen-
to también de alcance primordial para la estructuración del folklore mate-
rial de todo pueblo, y muy especialmente de las regiones montañosas de
Europa, cuyo folklore etnográfico se nutre de esta materia prima transfor-
mándola en objetos de uso cotidiano o festivo que a menudo adquieren for-
mas ornamentales de elevado valor artístico, y que contribuyeron decidida-
mente a la concreción lingiiística de estas zonas. El valle de San Javier,
situado en una de las zonas estratégicas del país donde se entrecruzaron
importantes rutas de la colonización sudamericana que determinaron en
gran medida el aspecto de su folklore —compárese mi estudio sobre La
vivienda rural en el valle de Nono, págs. 45 s.— no es, en este sentido,
ninguna excepción. El ensayo de Barrionuevo confirma ampliamente este
hecho a través de un material documental que facilita en su conjunto una
visión casi definitiva de la habilidad configurativa y creadora del campe-
sino cordobés; visión limitada, en un sentido geográfico, pero integrada por
una extraordinaria riqueza de objetos y formas.
Después de una presentación del tema (págs. 7 a 11), en que se
precisa el concepto del “folklore plástico”, cuyas exteriorizaciones llegaron
a “constituir el medio y el fin de una costumbre”, y que introduce en el
ambiente topográfico de la región y en el tradicionalismo de sus habitantes,
el autor desarrolla su tema en tres capítulos: la madera en la vivienda, la
madera en la vida doméstica y la madera en el trabajo. Franqueando las
puertas de acceso y trangueras de la propiedad rural, el autor se acerca a
la habitación campestre para describir la construcción del rancho y luego
entra en su interior y va detallando el moblaje, la vajilla y otros utensilios
domésticos. Aléjase de nuevo del ambiente inmediato de la vivienda, y
considera las expresiones materiales del culto religioso, los santos tallados
en madera y las cruces, para analizar, en el último capítulo, los útiles de
labranza y de cosecha, los medios de transporte, como también algunos
otros objetos relacionados con la vida material de los moradores del valle.
El autor se limita a presentar el material recogido en forma descrip-
tiva, ampliándolo con objetos que se exhiben en el Museo Arqueológico e
Reseñas 325
Histórico de Villa Dolores (Córdoba) y documentando su existencia an-
terior en la comarca y la provincia mediante importantes datos recopilados
en el Archivo Histórico de Córdoba. Frecuentemente, este material está
relacionado también con objetos o procedimientos análogos de otras pro-
vincias argentinas, aunque con ello el autor no aspira a transformar su
exposición en un estudio comparativo y exegético, es decir, interpretativo o
sintético. El trabajo “no pretende”, pues, “la jerarquía de un estudio ex-
haustivo” (pág. 5), tampoco en lo concerniente a una descripción completa
de todos los objetos (de madera) que se utilizan o utilizaron en el folklore
material de San Javier. Durante mis viajes de investigación por las sierras
cordobesas, que me condujeron desde Villa Dolores hasta la región serrana
situada al norte de Mina Clavero, es decir, a una zona colindante con el
valle de San Javier, del cual constituye la prolongación natural hacia el
norte, tuve la oportunidad de estudiar el folklore material popular en todos
sus aspectos —material que ya ha sido publicado parcialmente—, que
coincide en un todo con el que se reproduce en el estudio de Barrionuevo.
Por esta razón, me atrevo a expresar que el trabajo presente es una valiosa
contribución documental al conocimiento del folklore material de Córdoba,
que incluye la mayoría de las manifestaciones esenciales de esa región —
relacionadas con el tema de la publicación—, que casi siempre se presentan
con sus correspondientes denominaciones regionales, de sumo interés para
el que estudia la cultura rural argentina en relación con el habla popular
del país. Nos restringimos, pues, a agregar unas pocas observaciones par-
ticulares que completan y amplían los datos expuestos.
Págs. 13-15: puerta. Estas puertas primitivas cuyo quicial gira en el
hueco de un pedazo de madera o de un mortero las observé también en el
valle de Nono (Huacle) y de Los Algarrobos, con poste lateral no la-
brado sino formado por un tronco natural. Fr. de Aparicio, La vivienda
natural en la región serrana de Córdoba, también documenta su existencia
en el Departamento de San Alberto (lám. LXXXII b) y otras zonas de
la provincia (láms. LXXXII! a LXXXV b); todas ellas formas suma-
mente arcaicas que evidencian un sorprendente parentesco con puertas si-
milares de los altos Pirineos, del Noroeste de España (Kriiger HPyr A
II, fig. 44 e-e?, ibid., págs. 362 ss.) y de Francia (Dornheim, Die báu-
erliche Sachkultur im Gebiet der oberen Ardéche, fig. 18 a-d y pág. 338),
es decir, de regiones montañosas y boscosas de la Romania europea, donde
la madera constituye igualmente el elemento etnográfico más trascendental
de la cultura popular,
Pág. 27: “Las ventanas no ofrecen interés especial”. Las diferentes
formas del mirador y de la ventana (vano de forma irregular, aberturas
326 Reseñas
triangulares o cuadradas, con o sin marco y reja de madera) bien merecen,
a nuestro juicio, un interés folklórico. Sobre ellos, traté en mi estudio La
vivienda rural en el valle de Nono, págs. 43 s., 45 (con láms.), y precisa
mente su reja de barrotes de algarrobo es un elemento típico, de origen
colonial y muy difundido en el país, que permite establecer interesantes
paralelos con rejas similares de otras provincias argentinas (p. ej., de Tu-
cumán; véase o, c., nota 79) y de España (Kriiger, HPyr a Il, págs.
10 ss. y fig. | a-e).
Pág. 29: A las diferentes camas que describe el autor, debe agregar-
se una forma muy antigua que observé en Los Algarrobos (nuestra fig. 1):
sobre dos pares de horquetas (46 cms. de alto) descansa el lecho formado
por dos largueros (160 cms. de largo) y una cantidad de palos transver-
sales (costillas; 75 cms.). Al igual que el “catre de tijera”, este tipo se
conoce todavía en vastas regiones de España y otros países románicos
(Kriger, HPyr A II, págs. 250 ss. y fig. 35 a-b”), desde donde ha lle-
gado a Córdoba y otras provincias argentinas (Barrionuevo, pág. 31),
durante la época colonial. En la segunda parte de mi trabajo sobre La
vivienda rural en el valle de Nono trataré esta cuestión en forma más am-
plia.
Pág. 34: A los rudimentarios bancos que presenta el autor agregue-
mos aún dos formas sencillas que a menudo se utilizan en el valle de Nono:
el tronco tallado, de nogal (fig. 2; 45 cm. de alto) y el banco de alga-
rrobo provisto de cuatro patas (fig. 3; 36 x 36 x 42 cms.).
El capítulo que se ocupa de la madera en la vida doméstica (págs.
37 ss.) facilita abundante material de múltiples aplicaciones, que pone de
manifiesto su carácter eminentemente tradicional y arcaico. Los grandes
fuentones de forma alargada o circular —compárese mi estudio sobre Los
aperos de cultivo en el valle de Nono, lám. V, f—, las cucharas y cucha-
rones de asta, más rústicos aún que sus modelos españoles —cf. Kriiger,
HPyr A Il, fig. 30—, el almud —Dornheim, Aperos, o. c., lám. VII,
c—, las bateas con sus sencillos soportes, los morteros, a los que pueden
agregarse formas más primitivas aún —véase, más tarde, la segunda parte
de La vivienda rural en el valle de Nono—, y los rústicos instrumentos del
hilado y tejido criollo —compárese mi trabajo sobre Posición ergológica
de los telares cordobeses en la América del Sur—, nos transmiten un pa-
norama amplio del folklore cordobés y de su autenticidad etnográfica, en
esa síntesis orgánica entre lo hispánico y lo americano que otorga a su con-
junto esa sustancialidad tan peculiar.
A los “telares” de la región (págs. 47 ss.) debemos agregar el pri-
mitivo bastidor cuadrangular, de procedencia occidental-andina precolonial,
Reseñas 327
328 Reseñas
que se utiliza para confeccionar las caronillas (véase Posición ergológica,
o. c., págs. 12-15) y ese otro bastidor, representado en nuestra fig. 4,
con: que se “tejen” las cinchas mediante delgados y redondos tientos de
cuero. Este objeto está tallado de una sola pieza de madera de álamo, de
1,50 ms. de largo, que se compone de un cuerpo alargado y rectangular el
cual termina en cada extremo en un cabo corto y grueso. El campesino
trabaja sentado en una silla baja, con el bastidor sobre las rodillas, asién-
dolo por uno de los cabos llamados por este motivo mangos. Cada una de
las dos argollas de la cincha está encajada en un mango y sujeta a éste por
medio de tientos. El “telero” tiende primero los tientos longitudinales para
luego intercalar los transversales.
Pág. 52: Sobre los cántaros para agua, dispuestos encima de una
horqueta natural —linajeras— y su difusión en la Argentina he tratado en
mi estudio La alfarería criolla en Los Algarrobos, que se publicará en el
tomo Homenaje a Fritz Kriiger, editado por la Universidad Nacional de
Cuyo.
Faltan, en este segundo capítulo, los utensilios para la preparación
de la leche y del queso; el rudimentario colador formado por dos palitos
dispuestos en forma de cruz que sostienen un pequeño bollo de paja (fig.
5) que, según mis apuntes, se conoce también en otras regiones argentinas
(San Francisco, Dpto. de Ayacucho, Prov. de San Luis) y que puede
considerarse una forma primigenia de muy antiguos coladores españoles
(Kriiger HPyr B, págs. 80 ss.), italianos y suizos (Scheuermeier, Bauern-
werk in Htalien, der italienischen und rátoromanischen Schweiz. Erlenbach-
Ziirich, 1943, págs. 26 s.); y el delgado aro de sauce (fig. 6) para fa-
bricar quesos de vaca, de 18 cms. de diámetro y 9 cms. de alto, pertene-
ciente asimismo a la primitiva cultura popular de España (Kriiger, HPyr
B, págs. 85 ss. y lám. 7 a-c: formas completamente idénticas), Francia
(íbid,) e Italia (Scheuermeier, o. c., págs. 43 s.), donde también se co-
nocen ejemplares más sólidamente construídos, de forma rectangular y
provistos de pequeñas tablas con agujeros (Scheuermeier), al igual que en
la Argentina (ejemplar en el Museo F. C. Moyano, procedente de La
Estacada, Prov. de Mendoza), a los cuales pertenecen también los primi-
tivos cinchones de paja trenzada, con que se fabrican, entre piedras, los
quesos de los puestos tucumanos (E. B. de Santamarina, Notas a la antro-
pogeografía del valle de Tafí. Tucumán, 1945, pág. 39 y fig. 16), y
que también son de origen iberoeuropeo.
Un capítulo sumamente instructivo lo constituyen las imágenes de
Santos y las cruces cordobesas que el autor reproduce en su monografía
(figs. 71-74). No podemos ocuparnos aquí detalladamente de este aspecto
Reseñas 329
material de] culto, que desde la época de la Colonia otorga a las sencillas
viviendas y a los caminos del campo un carácter de honda devoción reli-
giosa. Mencionamos solamente los numerosos santos que integran la co-
lección del Museo folklórico regional de la Universidad Nacional de Cuyo,
procedente de distintas zonas de Mendoza, San Luis y San Juan —véase
también H. H. Schenone, El arle de la imaginería; en Exposición de arte
popular, Buenos Aires, 1949 — como también las cruces que encontré
junto a los polvorientos caminos del valle de Nono, a menudo provistas de
toscas inscripciones [LTAF 5 J 1916 - Martín M. falleció el 26 de
Septiembre 1931— etc.], que a veces se transforman también en pequeños
santuarios construídos sobre una base de piedras y rodados; lugares en
los que se recuerda a un familiar malogrado o se venera a algún santo, que
tampoco faltan en otras provincias del país (p. ej., en Cuyo, Tafí, Tucu-
mán —según una fotografía que me facilitó el prof. Guillermo Rohmeder,
Tucumán— o Buenos Aires) y que bien merecían una monografía de-
dicada a sus diferentes formas y a su difusión en la Argentina, en rela-
ción a otros países hispanoamericanos e iberoeuropeos,
El tercer capítulo se inicia con una descripción de los antiguos arados
de buey (págs. 59 ss.), ejemplares (del Museo de Villa Dolores) que
coinciden completamente en sus formas con el arado que encontré en la
Cañada de los Sauces, San Alberto (véase Aperos, o. c., págs. 26 ss. y
lám. 2 a). Respecto a arados argentinos, consúltese más adelante mi estu-
dio Algunos aspectos arcaicos de la cultura popular cuyana, presentado al
Primer Congreso Nacional del Folklore, Buenos Aires, noviembre de 1949.
El mismo trabajo se ocupa, igualmente, de los rastrillos y rastras argentinos
como también de los antiguos carros de ruedas macizas, sobre los cuales
Barrionuevo trae una documentación sumamente valiosa (págs. 75 s.).
También sobre los zarzos, maromas, colmenas, soportes para tabaco, caba-
lletes que sirven para asentar el apero —que en Nono se denominan, ade-
más, burro, conforme a la figura zoomorfa reproducida en el texto (fig.
106)— etc., ofreceré, más adelante, materiales recogidos en la región de
Nono y sus alrededores.
Págs. 68 ss.: Entre los soportes para extender o colgar productos de
cosecha, aperos y otros utensilios, deben mencionarse, también, los diferen-
tes alacenas, sobraritos (< sobrado, sobrar), los pequeños zarzos de caña,
suncho o junco que cuelgan del alero de la vivienda o del techo de la ra-
mada, los bastones naturales introducidos en algún claro de la rústica pa-
red, y los ganchos de tamaño enorme (nuestra fig. 7) para los aperos del
caballo, todos ellos expresiones de un estado folklórico primigenio que
tampoco faltan en la primitiva vivienda campestre de otros países sudame-
330 Reseñas
ricanos (Chile: Boletin del Instituto de Filología de la Universidad de
Chile, tomo IV, 1946, pág. 185 garabato “ramas de chañar'”; ibid., lám.
IV, fig. 4) y europeos (Kriiger, HPyr A Il, fig. 26 y págs. 204-208).
Termina el libro con la descripción de los estribos de madera, de
forma triangular —que observé también en Los Algarrobos (18 x 15
ems.), muy difundidos en la Argentina y otros países sudamericanos, y
ante todo de las grandes trompas de chancho (págs. 87 ss.), talladas ar-
tísticamente de un solo trozo de madera, de las cuales poseo un par proce-
dente de los lomos” situados al oeste de Nono. Parece seguro que este
estribo llegó a Córdoba desde Chile, a través de Cuyo, como lo afirma
el autor (pág. 88); sin embargo, llaman la atención sus dimensiones enor-
mes (25 cms. de largo, 21,5 cms. de alto), que no se conocen en ninguno
de los estribos similares de Cuyo o Chile, todos de tamaño menor (17 x
15 cms. y más pequeños aún), según los ejemplares exhibidos en el Museo
folklórico regional de la Universidad Nacional de Cuyo y el Museo F. C.
Moyano, de Mendoza, al igual que los estribos santafesinos que se en-
cuentran en el Museo de Rosario. Por otra parte, Justo P. Sáenz (hijo),
Equitación y arreos de montar (en Exposición de arte popular. Buenos
Aires, 1949, pág. 42), relaciona estos baúles, que también en Chile se
denominan chanchitos o trompas de chancho (ibid., nota 2), y que él docu-
menta para “nuestras provincias del centro y norte”, con estribos idénticos
de Méjico y California, formas que considera de origen “netamente espa-
ñol”” (compárese ibid., pág. 36). También de este aspecto del folklore
criollo me ocuparé detenidamente más adelante, en la continuación de mi
estudio sobre La vivienda rural en el valle de Nono.
Resumiendo, celebramos vivamente la publicación de este trabajo por
parte de la Universidad Nacional de Córdoba, meritorio tanto por el ex-
tenso material que contiene como por su exposición exacta y metódica, que
evidencian un notable progreso y una profundización científica hasta ahora
poco común en la investigación folklórica del país.
A. DOoRNHEIM
Universidad Nacional de Cuyo.
Tito Saubidet, Vocabulario y refranero criollo con textos y dibujos ori-
ginales. Buenos Aires, G. Kraft Ltda., 3* ed., 1948. XIX - 423
páginas.
Rara vez un “Vocabulario” ha encontrado en el público tan apasio-
Reseñas 331
nado interés como la obra presente. Su primera edición de 3000 ejemplares
salió en 1943, la segunda tirada de igual número en 1945 y la tercera de
5100 ejemplares tres años después. Ese éxito se debe en gran parte al tema
de la obra que evoca una de las páginas más vibrantes de la cultura ar-
gentina. Desentraña y saca a luz la azarosa existencia de los hombres del
campo, los criollos que, con su labor constante y esforzada en un ambiente
poco favorable al trabajo humano, han creado a través de los siglos una
cultura auténticamente argentina en la cual se afianza la riqueza nacional
de nuestros días. Es esa travesía dura, humilde y abnegada del paisano
criollo en el medio bravío de la pampa inmensa; la vida del trabajador
rural, resero o domador, tan simple pero tan llena de matices sugestivos;
la naturaleza con toda la turgencia de sus bienes que lo enreda y traza su
alma; es en una palabra, el mundo del verdadero criollo que vibra como
una sinfonía eterna a través del lenguaje, del vocabulario tan sobrio pero a la
vez tan expresivo, que magnifica las páginas de la obra del Sr. Saubidet. Lejos
de exaltaciones poéticas y vagas generalizaciones el autor describe la vida
criolla tal como la ha observado, con la visión de un pintor experimentado,
en sus más íntimos detalles. Es esta rigurosa exactitud en la observación
de las cosas, documentada por un sinnúmero de ilustraciones gráficas, entre
las cuales se destacan por su valor artístico las acuarelas, lo que confiere
a su obra de delicado artista un valor profundamente científico, que tanto
agradecerán los filólogos como los folkloristas. Mirada desde el punto de
vista de América, donde el estudio de “cosas y palabras”, exceptuando
unos cuantos casos singularmente meritorios, no ha encontrado la atención
que indudablemente merece, el vocabulario gráfico del Sr. Saubidet repre-
senta un esfuerzo excepcional y un modelo digno de imitarse en futuras
publicaciones.
El Sr. Saubidet ha pasado gran parte de su infancia y de su edad
madura —doce años inmediatamente antes de la publicación de la presente
obra— en establecimientos de campo del sur de Buenos Aires, principal-
mente en Tabalqué. Allí, en las estancias antiguas dedicadas a la explota-
ción ganadera, ha recogido el material que forma el objeto de su libro,
observando a los paisanos en sus faenas variadas, sus costumbres y su
lenguaje, tomando dibujos e ilustrando el ambiente pintoresco con elocuen-
tes grabados. Resulta así un enfoque perfecto de la vida ancestral (según
veremos en seguida) de aquellos recios ganaderos, del panorama físico que
los rodea en la soledad de las pampas, del ambiente material que han creado
en tal naturaleza y de los modos de vivir a que están sometidos. Todo ello
va presentado en forma de un vocabulario alfabético ricamente ilustrado,
como ya dijimos antes, por dibujos y acuarelas.
332 Reseñas ,
Dueños y señores de la vasta pampa que los ve nacer, vivir y morir,
los hombres de campo con su familia, los reseros, domadores y peones,
viven o vivían hasta hace muy poco tiempo apartados del mundo, aislados
y separados hasta entre ellos mismos, pero muy estrechamente vinculados
con su ganado. Al cuidado de sus caballos dedican todos sus afanes y su
trabajo; a ellos va todo su amor y cariño, Así se explica la variedad del
vocabulario referente a ellos (particularmente manifestado en las numerosas
designaciones que dan a sus características físicas, al color de su pelo,
etc.) ; su vocabulario parece oler a caballo. Así se explica también la rica
terminología que se vincula con los trabajos y dispositivos dedicados a
ellos “2,
En oposición a los pastores de las sierras, los ganaderos de la vasta
llanura van montados en caballos que dominan con una destreza bien cono-
cida. Manejan el lazo y las boleadoras con una habilidad asombrosa; el
apero de los caballos —+el recado de montar al que hay que agregar el
freno, las riendas, el estribo, las espuelas, etc.—- demuestra una tradición
técnica bien arraigada y cada vez más perfeccionada. Todo ello va descrito
e ilustrado en el Vocabulario y refranero criollo de manera perfecta, sien-
do por lo tanto las observaciones pormenorizadas del autor un complemen-
to precioso a los estudios anteriormente dedicados a esos objetos (?.
Lo mismo vale para las prendas de vestir características del gaucho:
la primitiva bota de potro (pág. 54), el chiripá' (pág. 124), la bombacha,
su pantalón largo y ancho, el tirador, cinto de cuero curtido para guardar
dinero (pág. 383), el pañuelo serenero (pág. 275), la vincha, fajita uti-
lizada para enlazar y sujetar el cabello (pág. 409), y —last not least-—
el poncho, abrigo característico hecho de lana, paño u otro tejido, cuyos
motivos artísticos van ilustrados por una serie de dibujos bien seleccionados
(págs. 299 y sigs.).
Verdad es que el gaucho formado en la soledad de la pampa es un
(1 Compárese lo que dice A. Alonso sobre preferencias en el habla
del gaucho en su opúsculo El problema de la lengua en América. Madrid,
1935, págs. 165 y sigs. y sobre los nombres del pelaje D. Granada,
Terminología hípica española e hispanoamericana. Bol. R. Ac. Esp. 1921,
VIII, 187-198 y el artículo sumamente instructivo de G. A. Terrera,
Voces y refranero del caballo criollo, publicado en el Bol. de la Academia
Argentina de Letras 1948, XVII, 409-470.
(2 W. Giese, Lateinamerikanisches Reitzeug. Archiv fiir Anthro-
pologie XXI, 70-89; J. P. Sáenz, Equitación gaucha en la Pampa y
Mesopotamia. Buenos Aires 1942; G. Alfr. Terrera, El caballo criollo
en la Argentina. Buenos Aires 1947.
Reseñas 333
tipo aparte que no se puede confundir con pastores o ganaderos de otros
países. Pero lo cierto es también que su ambiente y su modo de vivir tiene
muchas semejanzas con el que esporádicamente se ha conservado en deter-
minadas regiones de Europa caracterizadas por la misma naturaleza: los
campinos del Ribatejo en Portugal, los vaqueros que pueblan con sus ma-
nadas las vastas llanuras de Andalucía, los boyeros de las '“maremme” de
la Toscana y de las estepas de Pulla, los gardian de toros y de caballos
bravos por fin que vagan por las marismas de la Camargo (Bouches-du-
Rhóne en Francia) (3, Todos ellos como los campesinos de la pampa van
montados a caballo, se visten como lo exige su profesión y se dedican a
parecidos menesteres. Su medio lo constituyen las infinitas llanuras, las
rudas estepas o las marismas que determinan su forma de vida aislándolos
y manteniéndolos apartados del mundo. De ahí surge el profundo tradicio-
nalismo que da a su vida una nota singular, de ahí proceden también las
numerosas convergencias que, no obstante ciertos aspectos particulares, se
notan en su modo de vivir, en sus costumbres y usos y hasta en su disposi-
ción mental y su carácter.
La vivienda rural de los campesinos pampeanos la constituye el típico
“rancho” cuya construcción y disposición interior ilustra el señor Sau-
bidet por numerosas figuras (págs. 322 y sigs.; pág. 319 s. c. quincha
sobre la confección de paredes de paja; pág. 276 pared de bollo, etc.).
Su forma original es una choza campesina con paredes de barro, techo de
paja y piso natural de tierra, forma que evidentemente procede de tipos
todavía más primitivos. ¡Cuán cerca estamos de la cabano de los gardian
de la Camargo tan parecida en su exterior al primitivo rancho criollo “Y.
(3) Es de lamentar que hasta la fecha no se haya publicado ningún
estudio sistemático sobre la cultura material y el folklore de la Camargo.
La bella obra de J. Charles-Roux, Livre d'or de la Camargue. Paris, 1916
y otras publicaciones más recientes tienen más bien carácter literario. Tam-
bién el artículo de W. Giese sobre Reitzeug der Camargue (El recado de
Camargue) publicado en la Festschrift fiir E. Wechssler. Jena-Leipzig,
1929, págs. 306-314 se basa en fuentes literarias.
(1 Cp. F. Kriiger, Volkskundliches aus der Provence: Das Museum
Frederi Mistrals. Homenaje a C. Voretzsch, Halle, 1927, págs. 312 y
sigs. (con referencias a estudios anteriores); F. Benoit, Les chaumiéres á
abside de la Camargue. RFoFr 1938, 1X, 51-53, El Dr. A. Dornheim
ha comparado (en su estudio instructivo sobre la Vivienda rural en el Valle
de Nono, publicado en los Anales de Arqueología y Etnología, Mendoza,
1948, IX, 49 y sigs.) las formas primitivas del rancho con la barraca
valenciana la cual en efecto tiene gran semejanza con la cabano de la Ca-
margo.
334 Reseñas
Como en éste no falta a la cabano el horcón, poste vertical terminado en
horqueta que sirve para sustentar la cumbrera del techo (elemento carac-
terístico de construcciones primitivas) ni la ramada, cobertizo adosado a
una pared como resguardo contra el sol y utilizado para guardar el material
humilde de la industria camarguesa. No falta tampoco el atalaya que se
usaba para vigilar desde su elevación el ganado disperso en los campos,
siendo la de la Camargo un escalassoun, vale decir, un poste alto clavado
en la tierra y provisto de peldaños, y el mangrullo criollo un armamento de
palos y troncos más perfeccionado en forma de torre (pág. 230).
El lugar donde se hace fuego en la cocina del rancho, y donde la
peonada se reúne en las horas de las comidas, el fogón, reproducido en la
pág. 166 tiene dos características sumamente notables: estaba antiguamente
en el medio de la cocina y era por lo general redondo, formado por cara-
cuces (tuétanos de vaca) clavados y sobresaliendo cierta altura del piso de
tierra. Trátase evidentemente de una forma arcaica no desconocida en otras
partes de la Argentina (Valle de Nono, Salta, etc.) (% y otros países
americanos, pero rarísima en los países europeos de la Romania, donde
prevalece la forma cuadrangular. Entiendo que se trata de una imitación o
sea transplantación del fogón encendido al aire libre,
Como combustible utilizan leña de oveja, leña de vaca o carbón de
pingo, esto quiere decir estiércol seco de oveja, vaca o caballo. El caso no
es tan raro como a primera vista parece. Empléase esa clase de “leña'” en
China, el Tibet y Mongolia, en las estepas de Rusia (la Siberia, etc.) y
en el Asia Menor, en Macedonia y las llanuras húngaras y entre las tribus
a orillas del Nilo. Usase también en ciertas zonas de la Europa septentrio-
nal y occidental: en Escandinavia, Islandia, Dinamarca y en las islas de
la Frisia septentrional (6?; en ciertos valles alpinos (7); en las marismas de
Vandea (*% y esporádicamente también en España y Portugal. En todos
estos casos se trata de zonas pastoriles pobres en bosques y leña. El estiér-
(5 Cp. también A. Dornheim, La vivienda rural en el Valle de
Noro, pág. 60 y J. V. Solá, Dicc. de regionalismos de Salta, s v. conchana.
(61 Presenta una rica documentación de fuentes antiguas K. Heck-
scher, Die Volkskunde des germanischen Kulturkreises, Hamburg 1925, pág.
481.
(1 Ph, Arbos, La vie pastorale dans les Alpes francaises. Grenoble
1922, pág. 111; Deffontaimes, L'homme et la forél, pág. 79; etc.
(8 L' Art Populaire en France 11, 7: bouzas: etc. Encontramos dicho
combustible esporádicamente —para fines especiales— en las Landes del
SO.
Reseñas 335
col del ganado se ofrece pues como único substituto posible. Así ya lo
entendió Plinio que menciona esa costumbre: ““captum manibus lutum sole
siccant””. Así en la Edad Media los habitantes del Valle de Oisans (Del-
finado) acostumbraban a hacer ““ignem de fimo vacarum'” (%. Y esta
costumbre la observaron los viajeros que visitaban esos valles desolados en
tiempos posteriores: ““Gedórrter Kuhmist war nebst etwas Gestráuche, das
man im Herbst sammelt, lange Zeit die einzige Brennmaterie der Einwohner
von Grave. Mit diesem erbármlichen Feuer wurde unter meinen Áugen in
dem erbármlichsten aller Dórfer das erbármlichste aller Mittagsmahle zu-
recht gemacht”, declaró el alemán Chr. F. Mylius en 1812 0”. “Les ha-
bitans del Mont-Cenis se chauffent, et font cuire leur pain avec la fiente de
vache” observó A. L. Millin en su viaje a través de Saboia y Piamonte
(1816) y esto mismo confirma A. Hugo, el hermano del gran romántico,
en su obra France pittoresque 1835, 1, 355: “La vallée de Queyras manque
de bois. Pendant l'hiver les poéles ne sont chauffés qu'avec de la bouze de
vache séchée au soleil”. Lo curioso es que tal práctica no ha caído en des-
uso; obsérvase todavía en la actualidad en determinados valles del Delfi-
nado, de Saboya y Suiza, correspondiendo al término leña de vaca que
dan los criollos al estiércol utilizado como combustible la denominación bois
de vache que encontramos en la Haute-Maurienne. También en las “bou-
zrines'”” del ““marais breton”, país completamente desprovisto de bosques,
la misma costumbre persiste hasta el presente,
En cuanto a España la hemos observado en la tierra de Campos
“donde queman únicamente paja o estiércol” (1) —«es el burrajo citado
en el Dicc. Ac. Esp.—, en partes de Andalucía donde llaman pava a la
lumbre formada por pajazas, boñigas secas y troncos de toba que se hace
en los cortijos donde no hay leña (12 y en Galicia (Valladares s. v. ar-
gueiro). En Portugal designan con bolas las “rodelas, feitas de pó de car-
váo, amassado com bosta de boi, para conservar o calor nos fogareiros”.
En este último caso parece que se trata de estiércol utilizado para tapar la
boca del horno, etc., práctica en cuya difusión no podemos insistir en este
momento.
De entre el moblaje y los utensilios domésticos nuestro autor describe
(8) T. Selafert, Le Haut Dauphiné au moyen-áge. Paris 1926, págs.
526, 564.
(10) Mylius, Malerische Fussreise durch das siidliche Frankreich.
Carlsruhe 1818-1819, 1?, 223.
(1) Dantin Cereceda, Resumen fisiográfico de la Península Ibérica,
pág. 270.
(12) Venceslada, Vocabulario andaluz, s. v.
336 Reseñas
varios tipos de camas (págs. 71-72, 88) y bancos (pág. 30) —objetos
de alto valor etnográfico-—, los trébedes (pág. 392), el chifle, asta de
animal vacuno que sirve para transportar líquidos en el campo (pág. 122),
variante pampeana de un utensilio empleado en todos los países pastoriles
del mundo.
Forman parte indispensable del rancho el pozo del que el Sr. Saubi-
det presenta tipos diferentes (págs. 197 jagiel, pág. 310 pozo, pág. 12
algibe que recuerda un tipo de pozo —con arco de hierro artísticamente
cenfeccionado— de casas señoriales europeas y americanas) y el vetus-
to horno (pág. 191) que no falta en el patio de ningún rancho y que hasta
sobrevive en muchas casas antiguas (de adobe) de las ciudades (también
en las modernas, como Mendoza).
Como la cosecha de cereales se realizaba en pequeña escala bastaban
métodos sencillos para la trilla de las mies y la molienda de los granos. Para
separar los granos de trigo de las espigas se practicaba la trilla por medio
del pisoteo de las bestias, operación arcaica que se ha conservado en varias
zonas de la Romania europea y que subsiste también en otras regiones del
continente americano (13),
Para pisar el grano (y más particularmente el maíz) utilizaban en la
pampa bonaerense morteros hechos ya de madera, ya de piedra (págs.
249, 242 s. v. mazamorra). Trátase pues de aquel método primitivo co-
nocido desde los tiempos prehistóricos que ha dejado sus huellas tanto en
América (en la zona cuyana, en Bolivia, etc.) como en determinadas re-
giones de Europa (11): en Suiza (Tesino particularmente), en las zonas
colindantes de la Italia septentrional, esporádicamente también en los
Alpes franceses (15), y en una vasta zona de la Italia oriental que va de
los Abruzos hasta el Cabo de Leuca (1% así como en partes de la Francia
mm e A. Dormheim, Los aperos de cultivo en el valle de Nono, AILi
(14) Nos limitamos a citar de entre la bibliografía más reciente: L.
Riitimeyer, Ur-Ethnographie der Schweiz. Basel 1924, págs. 220 y sigs.;
A. Maurizio, Histoire de l'alimentation végétale. Paris 1932, págs. 54 y
sigs.; Meynen, artículo instructivo sobre las formas del mortero publicado
en la revista Ethnologica 111, 117 y sigs.; R. Wildhaber, Cerstenmórser,
Gerstenstampfe, Cerstenwalze, En: Schweizerisches Archiv fir Volkskunde
XLV, 177 y sigs.
(15? Según las encuestas del Sr. Zeymer en el Valgodemar: grara,
FEW Il, 12942,
(5 G. Rohlfs, Problemi etnograficilinguistici dell Italia meridionale.
RLiRo IX, 253-254, fig. 6, 22.
ai
Reseñas 337
occidental (Touraine, La Briére etc., donde se utiliza como pile-mil, cp.
Hochpyrenáen A 1, 213, nota), en la Baja Alemania (donde sirve para
pisar sémola etc.), en las provincias bálticas, en los Balkanes, etc.
En cuanto a la cocción del pan, ya dijimos antes que el horno confec-
cionado de barro como edificio independiente siempre forma parte del ran-
cho.
No insistimos en los aperos agrícolas —las enormes carretas de las
que el autor traza un cuadro magnífico en las págs. 81 y sigs., la rastra,
vehículo sin ruedas que se usa para transportar cargas pequeñas, y el yugo
cormil de forma bastante grosera reproducido en la pág. 82 con el sobeo y
la coyunda— puesto que ya han sido o van a ser tratados próximamente
en estudios especiales comparativos (17),
La tijera de tusar utilizada en la pampa bonaerense para esquilar las
ovejas (pág. 382) corresponde perfectamente a las formas que desde tiem-
pos antiquísimos se han conservado en todos los países partoriles de Euro-
pa (Hochpyrenien B 60).
No merece menos atención el tarjador, palo de madera en el que,
durante una yerra (véase más abajo), el mayordomo indica, haciendo cor-
tes, tarjas, con un cuchillo, el número y sexo de los animales señalados o
marcados (pág. 379). También en este caso se trata de una tradición an-
tiquísima que se remonta a los tiempos en que no existía todavía la escri-
tura “9, Son variadísimos los tipos y formas que antes existían de esos
curiosos “documentos de madera”. Hoy día en los países europeos tan
sólo sobreviven recuerdos de ellos. En Francia y en la Península Ibérica
en los últimos siglos casi exclusivamente se empleaban para apuntar (en
panaderías particularmente) lo que se vendía a fiado. Tanto más intere-
santes son las tarjas que se han conservado como sistema usual de contar
en los países de pastoreo: en Suiza particularmente, en Saboia y el Franco
Condado, en determinadas regiones de Italia y también en España. En
(17) Compárense particularmente los estudios siguientes del Dr. A.
Dornheim: Los medios de transporte en el Valle de Nono. Provincia de
Córdoba. En: Spiritus 1941, 11, 49-62; Los aperos de cultivo en el Valle
de Nono, citado arriba; y el artículo Algunos aspectos arcaicos de la cul-
tura popular cuyana que va a aparecer próximamente.
(18) E, Frhr. von Kinssberg, Rechiliche Volkskunde. Halle 1936,
págs. 139 y sigs. con referencias a estudios anteriores. De entre la biblio-
grafía regional séame permitido citar tan sólo R. Weiss, Das Alpwesen
Graubiindens. Erlenbach-Ziirich, 1941, págs. 155 y sigs., 159 y sigs.,
230 y sigs., y P. Scheuermeier, Bauernwerk. Erlenbach-Zúrich 1943, págs.
11 y sigs.
338 Reseñas
Galicia 15? los pastores se sirven de tallas para contar el ganado. Corres-
ponde esta práctica pues exactamente a la observada por el Sr. Saubidet
entre los ganaderos criollos. Adviértase sin embargo que éstos usaban para
marcar el número de animales también tarjas de cuero crudo, sistema que
claramente denuncia origen criollo.
No son menos interesantes las prácticas adoptadas por los campesinos
criollos para marcar el ganado en signo de propiedad. Es tan frecuente la
señal hecha por medio de un corte en la oreja del ganado lanar y vacuno
en todos los países de pastoreo que casi huelga citar ejemplos justificati-
vos (19, Encontramos en la pampa argentina la misma variedad de señales
o muescas que caracteriza a otros países, la misma riqueza en la terminolo-
gía de los cortes (horqueta, muesca, paletilla, punta de lanza, zarcillo, mar-
tillo, etc.) que observamos entre los pastores de los Azores, de la Penín-
sula, de Italia y de los Alpes.
Lo mismo puede decirse de la marcación del ganado mayor por medio
de un hierro marca con cabo de madera terminado con una letra, cifra o
signo cualquiera (págs. 233 y sigs.). El acto de aplicar al ganado el hierro
calentado —la yerra (pág. 415) — es una fiesta tradicional en la cual se
manifiesta el genio y la virilidad de los gauchos, exactamente como la ferra
en Portugal, y la famosa ferrado en la Camargo “9,
Mencionaremos por fin la trompeta, trozo de cuero o de latita cortado
en forma ovalada que se sujeta en los agujeros de la nariz del ternero para
desmamarlo; puede estar provisto también de algunos clavitos. Este uten-
silio corresponde exactamente al que usan en la Camargo y otras partes de
la Romania europea con el mismo objeto (Hochpyrenáen B 42 y sigs.).
La designación trompeta parece ser secundaria; corresponde originariamente
al aparato de cuero que se coloca a los animales, suspendido de una cabe-
zada y cubriéndoles el hocico a fin de impedirles comer, denominación que
se relaciona perfectamente con el sentido de la raíz tromp-.
Podríamos citar muchos ejemplos más para documentar la variedad de
los materiales ofrecidos por el Sr. Saubidet: la descripción e ilustración de
juegos (taba, pág. 375, la riña de gallos, págs. 345 y sigs.. etc.) y bailes
populares (pág. 29; malambo pág. 223, etc.), los capítulos interesantísi-
mos dedicados a la “ciencia gaucha” y a los remedios usados entre ellos,
(18) Revista “Nos” XV, 201.
(19) E. Frhr. von Kiinssberg, Rechiliche Volkskunde, págs. 150 y
sigs. Encontrará el lector referencias a los países romances en Hochpyre-
náen B 58 (a las cuales cabe agregar estudios más recientes).
(20) Hochpyrenáen B 59, etc.
Reseñas 19391
las observaciones sobre la fauna y flora del país, etc. Llaman la atención
además los excelentes dibujos con los cuales el autor ilustra los movimientos
y gestos característicos de los gauchos al arrojar el lazo (págs. 143 y sigs.),
las boleadoras (págs. 48 y sigs.), los piales (págs. 291 y sigs.) y al echar
a verija (pág. 137).
Hemos insistido en tantos detalles para destacar el gran interés etno-
gráfico que reside en el método empleado por el Sr. Saubidet para definir
y comentar las palabras. En efecto tal explicación de la terminología no
puede ser ni más completa ni más sugestiva. Terminaremos con algunos
apuntes lexicológicos que más vivamente aun harán resaltar el valor lin-
gilístico de la obra presente.
Comparaciones y dichos típicamente criollos: apretaditos como trenza
de ocho (pág. 21), andar dolorido de las tabas, no le dan más las tabas
= 'caminar con dificultad” (con referencia al juego popular de la taba,
pág. 376), etc.
Metáforas de la esfera religiosa: nazarenas 'grandes espuelas usadas
por los gauchos de antaño” (pág. 253; cp. también Santamaría, Dic. de
americanismos) ; bendito “toldo formado por dos cueros, como las manos
juntas por el extremo de los dedos en actitud de rezar”, hacer un bendito
“hacer un toldo” (pág. 39, como también en otras regiones de la Argentina
y en Bolivia); tres marías 'las boleadoras de tres bolas", por medio del
nombre de esas estrellas (pág. 393).
Término eufemístico: Don Mateo “el mate' (pág. 241 :¿Dónde
estás, don Mateo, que no te veo?), cp. M. L. Wagner, ZRPh XLIX,
12.
Son frecuentes las animalizaciones de objetos, ya se trate de metáfo-
ras existentes en castellano o de creaciones criollas: zorra “pequeño carro
de dos ruedas y pértigo” (pág. 420), denominación que en la Península se
da a la narria; burro “caballete de madera, de cuatro patas, que se usa para
colocar el recado o montura” (pág. 60), metáfora frecuentísima para ob-
jetos parecidos; garsones “especie de lazos o aros de soga que colgaban de
los yugos para pasar las cuartas de la carreta” (pág. 175), evidentemente
por la semejanza con el pico enorme del ave.
De entre las personificaciones merece atención muchacho = “trozo de
madera que sirve de puntal al pértigo de la carreta” (pág. 250). Trátase
de una metáfora muy común entre los paisanos y que tiene numerosos para-
lelos en los idiomas romances: mogo en portugués, mosso “mozo' en catalán
(cp. mozo 'arrimo o tentemozo de carácter especial” en mejicano, etc.),
mocico '“tentemozo del carro” en aragonés, tentemozo en gallego, etc., baylet
340 Reseñas
en gascón; mancebo “pau que liga a extremidade anterior das chedas do
carro ao cabecalho”, en alentejano, etc.
La terminología del yugo y de sus pertrechos es marcadamente caste-
llana (yugo, coyunda, sobeo, camello) lo que denuncia su origen penin-
sular. Lo mismo puede decirse de la carreta. Mencionaremos tan sólo maza
“cubo de la rueda”, camas “maderos en que se encajan los rayos de la rue-
da', término que parece corresponder a cambas en el NO y Oeste de la
Península, matabuey 'grampas que sujetan el eje a los limones”, vocablo
que aparece con varios significados en la terminología peninsular del carro,
limones “palos que van colocados paralelamente en cada uno de los costa-
dos de la carreta”, etc. El vocablo limones, atestiguado también en otros
países sudamericanos (según Santamaría), es A
ninsular; lo encontramos en dialectos meridionales y occidentales, en u-
gués y en catalán (llimonera “bragos del cotxe Barcelona, contralimón en
valenciano). No recuerdo sin embargo haberlo encontrado en la terminolo-
gía del antiguo carro chillón. Este hecho y la vasta difusión de la misma
palabra en galorromance (FEW V, 247) parece indicar que fué tras-
plantada de Francia a la Península Ibérica con el perfeccionamiento del
carro: prov. limoun, limounié, limouniero; cat. llimonera (BDC XXII,
158; Griera, Tresor, s. v.) ; valenc. contralimón (VKR VI, 342); murc.
limón (García Soriano); andal. limón (Venceslada), dialectos extreme-
ño, salmantino limón, aimón (Zamora Vicente, Mérida, pág. 110), alent.
limóes (Capela e Silva, Elvas, pág. 54, 111; RL XXXVI, 237). Pa-
rece acertada la etimología gala LEM- propuesta por v. Wartburg, FEW
V, 247.
Vocablos sueltos: fachinal “lugar húmedo y bajo, en donde crece con-
fusa y abundantemente la maleza” (pág. 162) parece ser un brasileñismo
(cp. fachina Pereira da Costa, Voc. pernambucano; fachinal (Moraes,
Voc. sul-rio-grandense, exactamente en el mismo sentido).
F. KrÚGER
Berta Elena Vidal de Battini, El habla rural de San Luis. Parte 1:
Fonética, Morfología, Sintaxis. Buenos Aires 1949. XX-448 págs.,
con un mapa geográfico. Universidad de Buenos Aires, Facultad de
Filosofía y Letras, Instituto de Filología: Sección Románica. Biblio-
teca de Dialectología Hispanoamericana VII.
San Luis es una de las provincias céntricas de la República Argen-
tina. La atraviesa en dirección Este-Oeste el ferrocarril que conduce de
Reseñas 341
la Capital Federal a Mendoza y a la frontera chilena. Forman el Norte
del territorio de San Luis las sierras que llevan su nombre y donde se con-
centra la mayor parte de su población actual. Todo el resto lo constituyen
vastas llanuras de carácter marcadamente pampeano. Históricamente San
Luis, cuya capital fué fundada hacia fines del siglo XVI (1594 o 1596),
forma parte de la antigua provincia de Cuyo, es decir no fué conquistada
y poblada (lo mismo que la región de San Juan y Mendoza) por el litoral,
sino por la corriente colonizadora que vino de Chile, país al que perteneció
hasta 1776. Estos hechos , el carácter serrano del Norte, la posición inter-
media entre el Litoral y las cordilleras arcaizantes del Oeste y la depen-
dencia histórica que acabamos de esbozar, hechos a los que cabe agregar
las tendencias modernizantes que irradiando del Litoral y en especial de
Buenos Aires han venido a modificar poco a poco la economía y los modos
comunales de vida, han sido los factores decisivos en la formación lingiiística
de San Luis. La población indígena fué escasa a la llegada de los españoles,
excepto en la región extrema del Norte, y debió disminuir más aún después de
la conquista. Hay que preguntarse pues si el influjo de los aborígenes fué de
tanta importancia como lo supone la autora respecto a las características de
la entonación regional (págs. 21-29).
Sea como fuere, la fisonomía lingiiística de San Luis presenta nume-
rosos problemas y sólo a base de un estudio detallado de sus variados as-
pectos era posible llegar a una solución. Es ésta la tarea difícil que se propuso
la Sra. Vidal de Battini y que ha realizado con entusiasmo patriótico y
una energía excepcional. Fruto de su labor constante, que inició siendo
maestra de escuela en San Luis, su pueblo natal, y/ que intensificó cada vez
más en numerosos viajes de investigación en el terreno, la obra presente es
riquísima en materiales nuevos y resultados concretos. Como primer estudio
sistemático del habla rural de una región argentina representa un esfuerzo
considerable, un modelo digno de imitación, en una palabra, una obra que
hace honor a la simpática filóloga y al gremio que la formó.
La primera parte de su obra trata la fonética, la morfología y la sin-
taxis; la segunda parte que vendrá después brindará el léxico elaborado
con el celo y la eficiencia de que la autora ha dado prueba indiscutible en
un estudio anterior (".
Debido a los múltiples factores que han intervenido en su formación
—substrato indígena, el viejo fondo colonial y nuevos aportes, tendencias
(DB. E. Vidal de Battini, Voces marinas en el habla rural de San
Luis, artículo publicado en la revista Filología, Buenos Aires, 1 (1949),
105-150,
342 Reseñas
arcaizantes e influjos modernos— el habla rural de San Luis presenta un
organismo delicado y de suma complicidad. A todos estos múltiples ele-
mentos y diversas corrientes la autora ha estado atenta en sus observaciones
y su descripción. Así se pueden desprender de su obra las diferencias que
hay entre las distintas clases sociales, el fondo común y la ma-
tización particular. Representan rasgos comunes de todas las clases sociales
de San Luis por ejemplo el estrechamiento de vocales en casos como león >
lion, blanquear > blanquiar (pág. 37), el seseo (pág. 41) y la tendencia
a la aspiración de la s en final de sílaba (pág. 41), el yeísmo (caballo >
cabayo, pág. 47) —frente a la pronunciación rehilante del Litoral y la
conservación de la lateral propia de ciertas comarcas del interior—
la predilección por sufijos afectivos (pág. 350 y sigs.) y aumentati-
vos (pág. 363) y el empleo frecuente del re intensivo (remalo, requele,
etc., pág. 215 y sigs.), la marcada preferencia por la forma perifrástica
del futuro (pág. 388), la falta de congruencia en casos como corfále (!)
ramas a los árboles (pág. 377), etc. Demuestran sin embargo cierta vaci-
lación la consonantización de la u ante l, r (jaula-jaubla-jabla, pág. 40),
los casos de metátesis (págs. 63 y sigs.) y los cambios de acento entre
vocales concurrentes (maíz-máiz, pág. 30). Son señales de una conversa-
ción descuidada la asimilación de la r final de los infinitivos (comprarlo >
compralo, pág. 46) y el cambio de w- inicial en gije- (gúeno, giievo, etc.,
pág. 51) y propios del habla rústica la forma contracta anque = 'aunque'
(pág. 192), el uso excesivo de sufijos aumentativos (pág. 363) y el true-
que del pronombre nominativo yo por mi tras preposiciones (pobre de yo,
etc., pág. 381). Están restringidos a la conversación de los viejos una serie
de fenómenos, los que por esa razón hay que considerar como marcados
arcaísmos: la conservación de los antiguos diptongos en riestra y priesa
(págs. 40, 179), mujier en lugar de mujer (pág. 45), el cambio de -dr-
en-gr- por equivalencia acústica (magre, lagrillo, etc. pág. 52), niervo >
ñervo (pág. 54), la -e paragógica en male, cantare, etc. (pág. 79), cuasi
en lugar de casi (pág. 176), etc. No hay que olvidar por fin las corrientes
de nivelización que proceden de la acción de la escuela, y que constituyen
“una fuerza de modificación inmediata” (págs. 19-20, 31, 48, 49).
Por otra parte han merecido la atención de la autora las diferen-
cias regionales, ya se trate de la provincia de San Luis o de
fenómenos opuestos, observados en las zonas vecinas. Así la aspiración de
la h- (= lat. f-) que no se conserva en San Luis, salvo en pocas pala-
bras: juir, jedentina, etc. (pág. 44), es frecuentísima, en cambio, en las
zonas inmediatas del Norte (Salta, Jujuy, Bolivia, etc.). Lo mismo puede
decirse del desgaste completo de la preposición de (> e, í) en ciertas com-
a
Reseñas 343
binaciones: ha de ser > hai ser, corral i piedra (pág. 191). Estos casos
demuestran que hay que buscar los arcaísmos en las comarcas del Norte.
Este contraste notable hasta se nota dentro de la misma provincia de San
Luis. Son numerosísimos los ejemplos que podemos citar para demostrar
el carácter marcadamente conservador de la zona norteña; son característi-
cas de esta región el cambio de -e > -i después de consonante palatal: lechi,
cochi, fenómeno que se observa también en Santiago del Estero, Tucumán
y casi todo el Norte argentino (pág. 36); la sustitución de -dr- por -gr-:
magre, cuagro que igualmente tiene gran difusión en otras regiones conser-
vadoras tales como la Sierra de Córdoba (>, la zona andina (incluso Chi-
le), Colombia, etc. (pág. 52); la -e paragógica: bdule, sufrire que hoy
día casi exclusivamente se observa en los viejos de la zona norteña, pero
que aun tiene gran vitalidad en Tucumán, Salta, Jujuy, Colombia % y
Chile (pág. 79); la forma mujier común a la zona norteña de San Luis
(en la conversación de algunos viejos), La Rioja y otras provincias nor-
teñas y andinas (pág. 45); los casos de metátesis antigua (pág. 67). El
uso del diminutivo es más frecuente en San Luis que en el Litoral, “y puede
decirse que aumenta gradualmente hacia el norte” (pág. 250); no hay
más que comparar la frecuencia del uso de los diminutivos en Colombia
donde hasta aparecen en gerundios (bebiendito y cantandito) Y
, para
averiguar la exactitud de tal observación. En cuanto a la morfología los
elementos arcaicos también predominan en la zona norteña en contacto geo-
gráfico con otras regiones del norte (págs. 119, 121 comís = comeis, 123
formas perifrásticas del futuro, 127 formas del verbo haber: hi, hei, hais,
himos, etc.). Lo mismo puede decirse de ciertas construcciones sintácticas,
como por ejemplo el uso del artículo definido con nombres de personas:
el Chacho, la Negra (pág. 385), fenómeno que igualmente tiene su mayor
difusión en el Noroeste, y de partículas arcaicas como velay común: al
Noroeste de San Luis, Salta '*?, Tucumán (*, Jujuy (?, Colombia y Chi-
le (pág. 200).
(2 A. Mangels, Sondererscheinungen des Spanischen in Amerika.
Hamburg 1926, pág. 40.
(3) Mangels 66.
(MJ, R, Medina, Cantas del Valle de Tenza. Bogotá 1949, 1,
pág. XXXVIIL
(MJ, V, Selá, Dicc. de regionalismos de Salta, s. v.
(61 J, A. Carrizo, Cancionero popular de Tucumán. Buenos Aires
1937114558"
(MJ. A. Carrizo, Cancionero popular de Jujuy. Tucumán 1935,
pág. 250.
344 Reseñas
No es menos interesante la posición que San Luis ocupa frente al
Litoral, vale decir ante las tendencias niveladoras que irradiando por
diversos. caminos de la Capital Federal amenazan la vida autóctona de las
hablas del interior. Consta que en muchos aspectos San Luis ha conservado
su carácter tradicional. No participa en el yeíemo rehilante que caracteriza
a Buenos Aires y la zona del Litoral (pág. 47); guarda también ciertas
particularidades en el tratamiento de la s final de sílaba (pág. 42), fenó-
menos que ya bastan para asegurarle un carácter peculiar en su estructura
fonética; difiere más todavía en los matices de su tonada (pág. 23 y
sigs.). Hay discrepancias notables también en la conjugación, particular-
mente en las formas bebís, comís = bebeis, comeis, cantaris - comeris -
vivirís las cuales, aunque evidentes restos arcaicos propios de la zona serra-
na, contrastan netamente con las formas típicas del Litoral bebés, comés,
etc. (págs. 121, 122). Merece atención particular la frecuencia del uso
que se hace de morfemas tan expresivos como la re- reforzativa (remalo,
remalísimo, repronto, rerremalo, etc., pág. 215) y los sufijos diminutivos
y aumentativos (págs. 350, 363 y sigs.), pues demuestran la vitalidad que
los elementos afectivos han conservado en la esfera rural del interior. Evi-
dencian el popularismo que caracteriza a esta región también ciertos fe-
nómenos sintácticos como el empleo del artículo para nombres de personas
(el Chacho, el Pocho, etc., pág. 385) y la falta del artículo en casos como
“No hay que trabajar día domingo”, “Iré día sábado” (pág. 386), cons-
trucciones que se usan mucho menos en el Litoral. En cambio es un intruso
del Litoral dura que se oye a veces en San Luis en lugar de la forma ar-
caica agora predominante (pág. 30). No considero como tal la palataliza-
ción de la -n- en giñebra = giniebra (pág. 54), puesto que tal cambio
(que además se observa rara vez en San Luis) obedece a una tendencia
asimilatoria frecuente en muchos países hispanoamericanos (hasta en San
Luis ñervo).
Cabe preguntarse por fin hasta qué grado la antigua dependencia de
Chile ha determinado la fisonomía lingilística de San Luis. “Aun hoy”
——dice la Sra. de Battini— ““se advierte el influjo ejercido por Chile en
la fonética y en el vocabulario regionales” (pág. 18). Puede considerarse
como tal con seguridad el yeísmo (pág. 48) y la -e paragógica aunque
ésta, según ya advertimos antes, se encuentra también en muchos otros paí-
ses (pág. 78). La nasalización de vocales tan corriente en el español de
Chile no ha dejado huellas más allá de Mendoza (pág. 57). En cambio
existe convergencia absoluta en el empleo del sufijo -icho tan frecuente
en Chile como en Mendoza y San Luis (pág. 356).
Bastarán los ejemplos citados para demostrar que no carecen de inte-
Reseñas 345
rés las conclusiones que se pueden sacar de las exposiciones de la Sra. de
Battini respecto tanto a la estructura del habla de San Luis frente a las
zonas colindantes como a las diferencias regionales que se observan en ella.
Cabe añadir que la autora ha prestado su atención particular a la proce-
dencia de los fenómenos, comparando sistemáticamente el estado lingilístico
argentino (y sudamericano) con el de la época anteclásica y el de los dia-
lectos peninsulares.
Seguirán unas cuantas observaciones de detalle que nos ha sugerido la
lectura de esta obra tan interesante.
Fonética.
págs. 60-61. Sorprende la frecuencia con que aparece en el habla
de San Luis una consonante nasal intercalada: nuca >> nunca, nupcias >
nuncias, boñiga >> muñinga, Máximo > Mánsimo, examen > ensamen,
etc. Es sabido que el mismo fenómeno abunda en aquellos países hispano-
americanos (Méjico y otras partes de Centroamérica) que tienden a la
nasalización de vocales. Parece pues sumamente probable que hay que pre-
suponer tal estado también en San Luis. La abundancia de la nasal inter-
calada sería pues un índice de que también en San Luis existía antes la
nasalización de vocales que persiste aún como rasgo característico en la
zona occidental de Cuyo en contacto con Chile (véase más arriba). Con-
cuerda con este caso también mio >> miño (pág. 55), transformación que
corresponde perfectamente a la observada en portugués y gallego minha
donde hay que presuponer también nasalización de la vocal.
pág. 33. Llama la atención el cambio de acento en la interrogativa
qué con preposición: ¿Cón que me paga? ¿Pá que has vuelto? ¿Y pór
que, po?, fenómeno que se observa también en el habla vulgar de Men-
doza. Trátase evidentemente del traslado del acento en el elemento más
significativo causado por el afecto. Cita la Sra. de Battini también la forma
sustantivada cónque empleada en el sentido de “acuerdo”, “compromiso”:
“Los hermanos se separaron con el cónque de volverse a juntar en el mis-
mo punto”. Opino que este caso no tiene relación con el anterior (con qué
> cónque); hay que partir más bien de la conjunción ilativa con que
(= lat. cum quid) tan frecuente en hispanoamericano y en el castellano
peninsular: ¿Conque me equivoco? Conque ¿nos vamos o nos quedamos?
Recuerdo haber encontrado el conque sustantivado también en España. En
efecto aparece en el Dicc. Ac. Esp. como expresión familiar con la acep-
ción de “condición”, significado que corresponde perfectamente al señalado
por nuestra autora en argentino. En cuanto al acento empleado en la grafía
argentina (cónque) no presenta ninguna dificultad; muy al contrario refle-
ja perfectamente la realidad fonética.
346 Reseñas
pág. 79. Explica la autora el desarrollo de una -e final de apoyo
(afane, clarine, hospitale, etc.) “por razones fonéticas”; séame permitido
remitir al capítulo correspondiente del estudio de A. Mangels $ 80 donde
encontramos una explicación más precisa y a las palabras del maestro G.
Millardet: “Il semble donc que le germe de la voyelle d'appui soit tout
entier contenu dans la détente de la consonne qui précede” que perfectamen-
te esclarecen el caso (%,
pág. 196. Considero como resultado de un proceso puramente foné-
tico la variante chei del tratamiento che, ““con i extraña” (según Tiscor-
nia), que se observa entre hombres del pueblo y campesinos en la zona
occidental de la Argentina. Trátase a mi juicio de un caso de diptongación
afectiva tal como se observa en ciertos dialectos de la Península y otros
idiomas; compárense por ejemplo que > quéi, porqué > purquéi, José >
Joséi en forma de vocativo etc. en Sanabria (%, y otros dialectos leone-
ses (10, José > Jesei, J'zéi también en dialectos portugueses (RL IV,
240; XIX, 339), vocé > vocei en Algarve (1D, y en una exclamación
que corresponde perfectamente a la argentina ché- cá-chei... 'interje. de
guiar o gado lanigero” en Tras os Montes (RL XX, 152). Es esta amplia-
ción del cuerpo fonético causada por el énfasis que se da a la palabra, todo
lo contrario del desgaste de palabras que se observa frecuentemente.
*“Algunas palabras de uso muy frecuente, y por lo común en posición
débil, que a veces puede ser proclítica o enclítica, sufren un desgaste ex-
tremo en su fonetismo”” (pág. 82). Como prueba de ello se registra toda
una serie de ejemplos sumamente característicos en las págs. 83-87 a los
cuales podrían agregarse muchos más citados en el capítulo sobre contrac-
ción de frases (págs. 87-89) y en otros lugares, pues en efecto se trata
de un fenómeno muy frecuente. Encuentra la Sra. de Battini tal desgaste
de palabras en los casos siguientes: en fórmulas de tratamiento (ño Juan,
ña María, a las que podría agregarse serita, sirita = señorita en Salta), en
fórmulas de cortesía (chas gracias = muchas gracias, na tarde = buena
tarde, etc.), en partículas que constituyen muletilla (Sí, po = Sí pues; no,
() G. Millardet, Études de dialectologie landaise. Toulouse 1910,
pág. 159.
Mm F. Kriiger, El dialecto de San Ciprián de Sanabria. Madrid, 1923,
págs. 27-30.
(10) Guzmán Álvarez, El habla de Babia y Laciana. Madrid, 1949,
pág. 304; A. Llorente Maldonado, Estudio sobre el habla de la Ribera.
Salamanca 1947, pág. 88; etc.
(1 Estanco Louro, O Livro de Alportel. Lisboa 1929, págs. 185,
198.
Reseñas 347
po = no, pues; bien po = bien, pues; entós, enfó = entonces), en voca-
tivos que hoy día aparecen con el significado de interjecciones (¡Jasús!
¡asús! — Jesús! pág. 202, forma a la cual corresponde en Salta ¡sus!;
Ayy jura o Aijuna = hija de una; basta, hó = basta, hombre; Abá, qué
lindo vestido!; Abá, cómo llueve! que la autora explica como desgaste de
Ah, bárbaro! (12) y en la fórmula ¿Có te va? = ¿Cómo te va? Trátase
del mismo fenómeno en los casos siguientes: nuidir = no he de ir (pág.
88), no gua ir — no voy a ir (pág. 51), hai ser = ha de ser (pág. 191),
quí stecho = ¿qué te pasa?, ¿qué está haciendo?, fórmula que parece
corresponder a ¿qué te has hecho?, en Salta; aguaverís = 'agora veréis”
que es la clásica amenaza con que se corre a los niños cuando se los va a
castigar: < ¡Aguaverís, muchacho insolente! > (págs. 88, 200), llamada
enfática que puede compararse con astur. vicá = “venid acá'; en todos los
casos citados las construcciones perifrásticas han perdido su valor original.
Representa un caso parecido la pérdida de la sílaba inicial es- que, favoreci-
da por tendencias fonéticas bien conocidas, se observa en los tiempos de
esperar, y muy particularmente en los de estar: spérale, pérate; táte queto
(págs. 35, 37), tando, forma del gerundio que en Salta tiene general-
mente la significación adverbial de “de repente” (V. Solá); encontramos
exactamente el mismo fenómeno en dialéetos peninsulares: to facer “tengo
de hacer”, to comer “tengo de comer”, también en el sentido de simple fu-
turo en Asturias (13): No lo toy de conocer = “No lo he de conocer!”,
No lo toy de saber — “No lo he de saber!' en el Norte de Salamanca 04;
espera ahí > péráhi en portugués (RL IV, 245), etc. Cuadran en el
grupo de palabras desgastadas también chacho = “muchacho', voz de ca-
riño tan frecuente en América como en el lenguaje corriente de la Penín-
sula (pág. 80) al que corresponde mano — *hermano' en otras regiones
americanas y paz = “rapaz' en portugués (RL XIV, 291: en la expre-
(122 No me atrevo a contradecir a la docta autora. Séame permitido
sin embargo advertir que la misma interjección aparece con el mismo signi-
ficado (de sorpresa, espanto) también en otros romances donde hay que
considerarla como expresión emocional primitiva: Home, bá = “exclama-
ción de espanto, de admiración” en "Tras os Montes (Tavares da Silva,
Esbocó dum vocabulário regional, pág. 256), también en español y fran-
cés (R. Carstensen, Die Interjektionen im [Romanischem. Tesis de Tubin-
ga 1936, pág. 53).
(13) M. J. Canellada, El bable de Cabranes. Madrid 1944, págs.
BO 70351
(14) A, Llorente Maldonado, Estudio sobre el habla de la Ribera.
Salamanca 1947, pág. 168. Explica el autor la forma toy erróneamente
por un cruce de hey más fengu más soy.
348 Reseñas
sión eh paz!, se oye solamente entre rapaces) ; cumpa = “compadre”, cuna
= 'comadre', usados en el sentido de “amigo”, “amiga” (pág. 81), formas
abreviadas que pueden compararse con pá 'padre', má 'madre' usados en
Asturias (5, etc,
Ahora bien, ¿cómo se explica el desgaste fonético de tales palabras?
Se ha hablado de la frecuencia de su uso, de su posición débil, también
de la rapidez del habla corriente (1%, de fonética sintáctica etc. Pero todos
estos factores no son suficientes para explicar el fenómeno en sí. ¿No son
vocablos frecuentemente usados p. ej. la cama, la cabeza, el tiempo etc.?
Y sin embargo no han sido sometidos al “'écrasement”. ¿No pronunciamos
con frecuencia rápidamente frases tales como < No me gusta nada > (en
momentos de enfado), <Lo conseguí todo > (para expresar la satisfac-
ción)? Y sin embargo no ha cambiado nada en la estructura fonética de
la frase. No pueden pues ser la frecuencia del uso ni la rapidez del habla
las que han producido la transformación (aunque hay casos en que este
último factor en efecto puede intervenir). Es más bien el desgaste semánti-
co, el debilitamiento de la acepción o función original, es decir un factor
psicológico el que lo ha determinado. Así lo entendió el anglista W. Horn
al publicar su estudio Sprachkórper und Sprachfunktion (2* ed. Leipzig,
1923) (17, así lo entendieron otros numerosos lingilistas que dedicaron a ese
notable libro la atención merecida. El desgaste fonético es pues una con-
secuencia digamos lógica del desgaste semántico o funcional. Así se com-
prenden fácilmente todos los ejemplos citados arriba: las fórmulas de tra-
tamiento y de saludo (a las cuales podría añadirse como ejemplo clásico
Vuestra Merced > Usted), los vocativos convertidos en interjecciones, par-
tículas como pos y entos que han perdido su valor primitivo, numerosas
construcciones perifrásticas en las cuales los verbos conjugados funcionan
tan sólo como auxiliares y los casos de chacho, mano, pá, má, etc. en los
que los sustantivos han tomado el significado de voz de cariño.
Es verdad que el desgaste funcional puede conducir a un debilita-
miento fonético excepcional del cuerpo de la palabra, pero puede ocurrir
también el caso opuesto: contrariamente a lo que hace esperar la evolución
(13) Canellada, s. v.
(16) Así recientemente M. de Paiva Boléo en su [ntrodugáo ao estudo
da filología portuguesa. Lisboa 1946, pág. 59 y G, Rohlfs que en su ma-
nual Romanische Philologie. Heidelberg 1950, pág. 60 habla de ““Schnell-
sprechformen” y tantos otros,
(17) Compárese también el artículo Schwáchung und Stárkung des
Sprachkórpers del mismo autor, publicado recientemente en ASNS 186,
págs. 65-82.
Reseñas 349
normal, se conservan o hasta se refuerzan fonemas cuando lo exige el
valor semántico o la función del vocablo. Presenta un caso interesante el
tratamiento de -d- intervocálica en San Luis. Según se desprende de los
ejemplos citados en las págs. 49-50 la caída de la fricativa intervocálica es
frecuentísima y casi lo común en la conversación descuidada y familiar de
esa región: asau = 'asado', corriu = “corrido”, ramaita — 'ramadita', tua-
via = “todavía”, agua i lluvia = "agua de lluvia', etc. Pero hay palabras
en que la -d- no se pierde nunca: da las terminaciones, en -ado, los nombres
propios Amado, Conrado (pág. 49), además nada y todo (pág. 50).
Después de lo dicho antes estas excepciones casi no necesitan explica-
ción: tanto en un caso como en el otro el valor semántico de las palabras
no ha permitido la reducción en los nombres propios desde luego y en los
dos adverbios nada y todo por su carácter particularmente ponderativo (1%,
¿Sería posible en San Luis una reducción de nada en los ejemplos si-
guientes: < No voy a volver nada >. < Todavía no brotan nada los ár-
boles >>. < Lo sabemos todo >>? Hasta hay casos en que el énfasis, vale
decir, el grado afectivo con que se pronuncia una palabra puede conducir
a un reforzamiento de la articulación: tal reforzamiento se observa por
ejemplo en el alargamiento de sílabas y en la diptongación afectiva de que
ya hablábamos antes.
Terminaremos con un ejemplo que igualmente encontramos en San
Luis y que por las variantes existentes en otros romances recibe una con-
firmación particularmente sugestiva. Trátase de la forma contracta de
“vamos a ver” >> mos a ver >> m'a ver >> maver y de maviamos formado
sobre maver + viamos = 'veamos': <Mire, don Juan, la tormenta que
se viene. - ¿Maver? - Si ha llenau la charca “e langosta. - Maviamos, mu-
chacho > (pág. 88). Encontramos exactamente el mismo debilitamiento
fonético —debido al debilitamiento funcional— en otros romances: bediám,
bejám > biám, miam, bam = “voyons' en bearnés (J. Bouzet, Manuel de
grammaire béarnaise. Pau 1928, pág. 48; Palay, Dict. béarnais) ; beyám,
biám “voyons' en rossellonés (Fouché, Phonétique du roussillonnais 1, 193),
vam en Menorca (< Ja sé que feré, provaré de posar-hi una pesseta, vam
si també'n surtirán més >> Ferrer Ginart, Rondaies de Menorca 1, 38),
al lado de mam (Moll en Miscelánea dedicada a D. A. Ma. Alcover 409),
(18) El fenómeno no está limitado a la Argentina. Al hablar de la
caída de -d- A. Rosenblat advierte expresamente que la -d- se conserva en
determinadas regiones de América en el caso de todo y nada, “aun entre
gente analfabeta” de la altiplanicie mejicana (BDH HH, 151-152, 153).
350 Reseñas
vamellara — 'veyam ell ara...” “ya lo creo" (ib. 459), alicant. n'am
(Barnils, Die Mundari von Alacant $ 45), anyam “a ver (Dicc. Alcover).
Se explican por la misma tendencia: rossell. mirau > mau ma foi,
voyez-vous!”, mire > mi “tiens, regarde” (Fouché 1, 228), esp. mira >
mía > miá, mi (Beinhauer, Spanische Umgangssprache 22), <¡Miste que
yo casarme con un zeñó!; ¡Miste que Encarniya por Olivares der brazo de
eze hombre >> (Quintero II, 90), mire t aixó > mitexó “mire, mire” (Moll
409) y cat. ja verás > arás (Dicc. Alcover: <Arás, noy, no sé que't
digui >).
El uso estereotípico de a ver si conduce a construcciones tales como:
< Vea a ver si es cierto >. < Andá ve a ver si vienen > “Mira si vienen”
(pág. 393). Encontramos exactamente el mismo caso en la Península:
< Miá a ver si nos oye alguno > (Spitzer, Aufsátze 117); compárese
también el ejemplo citado arriba: < 1 jo la veuré vam si hu paga >
(RFE IX, 189).
Morfología (págs. 90-375),
Contiene esta parte capítulos sobre la: morfología de las diversas partes
de la oración y capítulos sobre la formación de las palabras.
En los primeros encontramos una exposición completa de la morfolo-
gía del sustantivo, del adjetivo, de los pronombres y de los verbos, un capí-
tulo instructivo sobre las clases de los adverbios y giros adverbiales, sobre
las preposiciones y conjunciones, un cuadro completo de las interjecciones
particularmente ricas en formas y matices (págs. 193-201) y un párrafo
no menos interesante sobre gestos y ademanes (págs. 209-213). Basta para
ilustrar la variedad de los temas tratados en dichos capítulos destacar unos
cuantos detalles: los verbos de origen indígena convertidos por sus termina-
ciones en formas romances: quinchar “formar paredes de junco”, pircar 'ha-
cer pared de piedra en seco”, simpar “trenzar”, macharse *embriagarse', vin-
char “poner la vincha, es decir la cinta con que se ciñe la cabeza o se sujeta
el pelo”, etc.; entre los adverbios los que designan la remota antigúedad
(en tiempo de Ñau o Ñaupa, en tiempo de Maricastaña, en tiempo del rey
Perico, en tiempo del botón bumbula, etc., todos ellos = “antiguamente, en
tiempo muy antiguo”), la idea de “inmediatamente, en el acto” (al tiro, al
grito, sobre el pucho; en un santiamén, en un tris, etc., págs. 169, 171) o los
que derivan de poncho “capote de monte típicamente criollo" (a porchadas
*en abundancia” = “lo que puede caber en un poncho extendido”, pág. 178,
estar a poncho “no saber nada, por no haberlo estudiado”, pág. 181); llama
la atención también la preferencia por el adverbio local pospuesto en lugar
de una preposición: tierra adentro, pampa adentro, campo afuera, monte
udentro, de puertas afuera, barranca arriba, etc. (pág. 174 y sigs.).
Reseñas 351
No sorprende la falta de creaciones regionales de adverbios en -men-
te (subsisten tan sólo formas arcaicas tales como falmente, mesmamenle,
pág. 187), puesto que en el habla familiar argentina se da preferencia al
empleo de los adjetivos (baila lindo; hablan muy rápido, pág. 189).
De entre los prefijos merece particular atención el prefijo intensivo
re- cuyo empleo va documentado por una magnífica colección de ejemplos
(págs. 215-217). “En ninguna región alcanza la particular vitalidad que
tiene en el habla de San Luis y de otras provincias argentinas”. Como el
Sr. A. Rosenblat ha anunciado un estudio especial sobre este tema (BDH
1, 122) que llenará una sentida laguna, no insistiré sobre detalles. Tan
sólo apuntaré que en Chile el prefijo re- aparece con frecuencia en com-
binación con otras partículas intensivas; encontramos en los Cuentos popu-
lares en Chile de R. A. Laval los ejemplos siguientes: < ¿Pa qué's ese
cuerpo tan regrande? >, pág. 212; < Si el corderito era tan bien retier-
no, cómo no había de salir buena >, pág. 194; < Y m'hizo otras cosas
más, bien repiores >>, pág. 214; <Tan regrande y tan vilote! >, pág.
214; < tan bien refuerte >, pág. 9. Ya se ha observado varias veces
que el empleo de re-, etc. tiene mayor o menor arraigo en unas partes que
en otras. En la Península Ibérica, además de las regiones mencionadas por
mí en RFE VIII, 319, es particularmente frecuente en el habla popular de
Andalucía, según puede desprenderse de los numerosos ejemplos que se
encuentran en los autores regionalistas (Muñoz Pabón, Quintero, etc.) :
< Cuidado con el reimprudente, hija! - ¡Madre de los Dolores y qué
vergiienza tan regrande al llegar a la plaza y...! - Y hace Ud. muy re-
bien. - ¿La zeñora era mu reguapa, verdá usté? - Hija, qué preguntones
son los novelistas y qué reteimprudentes! - Que fuera la modista, la agracia-
ciada por la suerte, o mejor, la ladrona, sí, reteladrona! - Me alegro y
me retealegro. .. - ¿Lo del dolor de cabeza?.. mentira y retementira. -
Pero lo peor de todo es que, como tiene tan requetepoquísima formali-
dad.. >.
La exposición de los sufijos es tan completa como puede desearse.
Analiza la autora sistemáticamente el valor funcional de los diversos sufijos
y reúne en grupos los que pertenecen a la misma categoría semántica des-
tacando al mismo tiempo su difusión y empleo social (como por ejemplo
los que expresan la semejanza, págs. 319 y sigs.; gentilicios, págs. 331 y
sigs.; los desvalorativos, págs. 337 y sigs.: -ucho, -acho, -aco, -anga, etc.).
Ocupan un lugar preeminente, como es de esperar, los diminutivos (págs.
350-362) y los aumentativos (págs. 363-373) a los que se agregan los
superlativos (-azo e-ísimo, estos dos de extraordinaria vitalidad). La auto-
ra no ha podido consultar (por causa de la guerra) los estudios fundamen-
352 Reseñas
tales sobre los sufijos ibero-romances de M. L. Wagner publicados en VKR
TI, XIV y ZRPh LXITI, 329-366, LXIV, 321-363 en los cuales el
lector encontrará paralelos interesantes referentes a -azo, -ango, -ingo, et-
cétera (19,
Sintaxis
Termina la obra de la Sra. de Battini con un capítulo sobre la sin-
taxis (págs. 376-407), capítulo muy oportuno puesto que escasean obser-
vaciones directas sobre la sintaxis del lenguaje popular y más aun estudios
regionales de esa categoría. Para su capítulo sintáctico la Sra. de Battini
no ha podido utilizay el American Spanish Syntax de Ch. E. Kany. Resulta
de una comparación de los dos tratados que las observaciones de la autora
argentina complementan en varios puntos a las del hispanista americano,
Sin entrar en un análisis minucioso ilustraremos las particularidades de la
sintaxis de San Luis con unos cuantos ejemplos:
págs. 134-135, 376: marcada preferencia por el empleo del reflexi-
vo como complemento de interés, etc., como se observa en el lenguaje familiar
de tantos romances: < No se me enferme >. < No se soñó que ven-
dría >.
pág. 379: dislocación expresiva del calificativo con reiteración pro-
nominal: < Era una niña, linda ella y avasida como pocas >.
pág. 382: frecuente empleo de muletillas entre las cuales se destacan
como típicamente argentinas y americanas este empleado en los espacios que
la vacilación o la duda dejan libres en el discurso (<< ¿Cómo se llamaba
la niña? - Este, este... me parece que Adela >), como es (< Estaba
ocupándome como es... del canje >) y resulta que (en el encabeza-
miento de una oración sin que haya causalidad) ; estos últimos dos no cita-
dos por la autora.
pág. 385: frecuencia del empleo del artículo definido en nombres de
personas (el Chacho) y de lugares (El Bajo, Las Chacras, Los Algarro-
bilos) ; caracterízanse estos últimos como '““épithétes de condition” en su
sentido original.
pág. 387: marcada preferencia por la forma compuesta del pretérito
en lugar del pretérito simple (< ¿Como ha amanecido? >). Esta obser-
vación me ha sorprendido, pues lo que me llamó la atención desde mi lle-
gada a la Argentina es precisamente lo contrario, el gran uso que hacen
aquí del pretérito simple comparado con el de España, tal como se mani-
fiesta por ejemplo en el caso citado por Kany 162: < ¿No se halla me-
(10) El Instituto de Lingúística de la U. N. C. proyecta una edición
refundida y aumentada de dichos artículos en castellano.
Reseñas 353
jor? - le pregunté. - Igual no más. - ¿Durmió? - Hasta, aurita, no más Ss.
Valdría la pena estudiar esta cuestión en detalle.
págs. 123, 388: marcada preferencia por la perífrasis en el empleo
del futuro (< Voy a ir al campo > = Iré al campo), del futuro de
probabilidad (< Han de ser las mejores niñas del pueblo >) y de las
formas exhortativas (< vamos a mirar, vamos a comer >). Trátase de
una tendencia bien conocida del habla popular. Compárense nuestras obser-
vaciones enla pág. 306 de estos Anales.
pág. 389: empleo del imperfecto en oraciones condicionales (< Si
yo juera el patrón no le pagaba >). Este empleo, propio del lenguaje fa-
miliar, se encuentra también en otras partes de Hispanoamérica (en Chile,
Colombia, cp. < Un borracho preguntaba que si en lVotra vid' habría
chich', aguardient' y guarapo: que si no, no se moría >, canción popular
colombiana) como en la Península (20), en judeo-español (21) y en francés
familiar, etc.
pág. 390: repetición del verbo para expresar acción intensiva en casos
como “canta que canta, corre que te corre, mata que te mataría, pilla que
te pillo, dale que le darás”, Como se ve, es particularmente variada en
San Luis esta construcción bien conocida; cp. además págs. 164, 216,
¿ELE
págs. 395, 398: repetición de adverbios en casos como: < Ya vino,
ya; no dicen, no; sí sabe, sí >. Me refiero a esta construcción en estos
Anales, pág. 307.
Léxico.
El léxico del habla rural de San Luis formará el segundo tomo de
la obra presente. Adviértase sin embargo que el lexicógrafo y el etimolo-
gista encontrarán en el primer tomo observaciones interesantes cuyo estudio
está facilitado además por un índice de palabras muy completo. Vayan
algunos ejemplos como ilustración:
pág. 148. Se inclina la autora a relacionar argent, chumar, chumar-
se 'embriagarse” con jumarse, ahumar y los sustantivos juma, jumera, hu-
mera que se encuentran en otros países americanos y en la Península, re-
chazando la suposición de un indigenismo (cp. pág. 148 de su obra y
(0 A, Braue, Satzgestaltung der spanischen Umgangssprache, Ham-
burg 1931, págs. 100-102.
1 M. L. Wagner, Judenspanisch von Konstantinopel. Wien 1914,
$ 54, C. M. Crews, Recherches sur le judéo-espagnol dans les pays bal.
Raniques. Paris 1935, pág. 184.
354 Reseñas
los datos presentados ya anteriormente por A. Rosenblat en BDH II,
250). En efecto tal hipótesis tiene gran probabilidad. En cuanto a la
consonante inicial ch- podría pensarse en un cruce con el vocablo chupar
que se halla largamente difundido con la misma acepción en los países
hispanoamericanos, incluso en San Luis y también en el Brasil (Santama-
ría; R. García, Dicc. brasileiro; Moraes, Voc. sul-rio-plat.: chupar, chu-
pista, chupado; etc.). Complican el caso sin embargo designaciones tales
como chumbar “emborrachar', chumbao 'borracho” que encontramos en Sal-
ta (J. V. Solá), chumbado = “chulado”, chuladio “embriagado' en Per-
nambuco (Pereira, Voc. pernambuc.), al lado de chumbergar, xumbergar,
xumberga “embriaguez” ('término que los lexicógrafos derivan del nombre
propio Schlomberg) en el Brasil, chumbar 'embriagar' también en portu-
gués (Figueiredo), chumbo, chumbado = “borracho” en gallego (VKR
XI, 264); chuva “embriaguez, ebrio”, estar na chuva en el Brasil. Cito
estas palabras en la mayor parte inexplicadas tan sólo para subrayar la
necesidad de un estudio comparativo de las designaciones del ebrio y de
la embriaguez.
pág. 149 pispar, pispear “inquirir, avizorar, aguaitar'. Estoy de acuer-
do con la autora que relaciona el vocablo argentino (frecuente también en
Mendoza y en Chile) con port. bispar “avizorar”, “entrever, lobrigar, avis-
tar ao longe' (según Figueiredo), acepción también frecuentísima en
gallego y en brasileño (Pereira da Costa, etc.). Pero no me parece
acertada la etimología presentada por Nascentes que deriva la palabra por-
tuguesa de bispo (““vigiar como obispo, daí lobrigar ). Opino más bien que
en uno y otro caso se trata de una forma expresiva (“mot expressif”),
empleada con preferencia en el habla familiar y (en Portugal) en el argot.
Corresponde a la acepción “furtar, surripiar, bifar” que se da a bispar
en Tras os Montes, pispar en catalán, pispa “el lladre”, también en argot
(Griera, Tresor, s. v.); también en este caso, como ya advirtió M. L.
Wagner, Notes linguistiques sur l'argot barcelomais. Barcelona 1924, pág.
85 hay que suponer una “formation onomatopéique qui cherche A expri-
mer un mouvement rapide”.
pág. 150. Al citar el verbo ochar, hochar que en la región andina
y en muchas otras partes de Hispanoamérica significa “azuzar a los pe-
rros" (= ant. cast. ahuchar) o también (en sentido más general) “provocar”
la Sra. de Battini remite al estudio extenso que, después de D. R. Menén-
dez Pidal (RFE VIl, 13-15), dedicó J. Corominas a esta familia de pa-
labras. Los dos etimologistas están de acuerdo en que las formas castella-
nas derivan del francés hucher, término de cetrería que significa “llamar a
voces o con silbidos”, junto al sustantivo huché “grito de llamada'. En cuan-
Reseñas 355,
to al verbo huchear atestiguado en el siglo XVI con la acepción de “gritar,
vocear, llamar” sin duda hay que relacionarlo con la interjección huchohó,
según Cobarrubias 'término de los cazadores de bolatería, cuando se les
ha remontado el pájaro y le llaman con el señuelo”. Pero no sé si debe
identificarse con este término de la cetrería el grupo hochar, huchar, ajo-
char, ajuchar, ahuchar que en los países hispanoamericanos designa “azuzar
a los perros” como en aragonés auchar, uchar “ahuyentar, azuzar los perros”
(uchamoscas 'aparato para ahuyentar las moscas” Pardo Asso), vocablos
a los cuales cabe agregar también cat. uxar “esquivar les mosques” (Dicc.
Aguiló; Griera, Tresor). Me parece más plausible suponer como base la
forma onomatopéyica ox, och que.con tanta frecuencia se emplea para lla-
mar a los animales: cat. ox “crit per als animals de cárrega' Valencia, “crit
per despedir o allunyar a algú; ¡fora, fora!”, “crit per a espantar les ga-
llines* Mallorca (Dicc. Aguiló), “crit per a fer fugir els porcs” (Griera,
Tresor); cat. uix “per a aclamar les ovelles” (Griera, Tresor); salmant.
oxiquí “para espantar las gallinas” (Llorente Maldonado, Estudio sobre el
habla de la Ribera. Salamanca 1947, pág. 159), oxear “espantar gallinas,
aves, etc.', al lado de osar, osear (Lamano) ; ox “voz con que se ahuyentan
las gallinas" León (Guzmán Alvarez, Babia y Laciana, pág. 318); oxar
“espantar las gallinas o las aves' en el bable occidental (Acevedo 162);
trasmont. oche 'expressío usada para afagar bois” (RL XII, 112), Entre-
Douro-e-Minho ouxe (Pires de Lima, Estudos etnográficos, filológicos e
históricos III, 316 “para levar os bois a beber') ; variantes: ¡pócho! ¡pócho!
Tras os Montes (RL. XII,.116; XV, 348), boich-boich Beira Alta, pucho,
pucho Entre-Douro-e-Minho (Pires de Lima MI, 316) y Alto Minho
(RL XXV, 194), estas últimas usadas para llamar perros.
pág. 151. Convence perfectamente la etimología propuesta por la
Sra. de Battini de meliscar 'ir en busca de las espigas sobrantes de la cose-
cha del maíz, también = 'recoger los racimos de uva que escapan a la vista
de los vendimiadores', por fin = “recoger restos de basura”. Procede según
ella de melear “buscar miel'. Cabe añadir tan sólo que el sentido especial
de melear es sacar miel a las colmenas silvestres, salir para ello al campo en
busca de ellas", según nos informa Santamaría, Dicc. general de americanis-
mos.
pág. 338. Difiero, sin embargo, de la autora en la explicación que
da al vocablo tacho “vasija de hojalata”, formado, según ella, con un matiz
despectivo, de tarro (de sentido parecido). Según R. Lenz, Dicc. et. se
trata de una antigua palabra castellana. Pero el caso es que en tal acepción
el vocablo no parece ser atestiguado en castellano. Existe en cambio en portu-
gués y con la variante aumentativa tacha también en el Brasil, de donde pare-
356 Reseñas
ce haberse propagado a otros países hispanoamericanos (al lado de tachuela).
¿Sería pues de origen portugués?
pág. 305. También en cuanto a fachinal “terreno generalmente ane-
gadizo cubierto de juncos y de hierbas', forma curiosísima desde el punto
de vista argentino, y que la autora deriva del salmant. fachina'"huerta plan-
tada en la ladera de los montes; huerto; tierra cercada y dedicada al culti-
vo intenso” hay que recordar que el vocablo existe con el mismo significado
como en el Litoral y el centro de la Argentina en el sur del Brasil: “lugar
baixo, de certa extensáo, e coberto de uma vegetacáo bastarda e arbustí-
fera e pobre' (L. C. de Moraes, Voc. sul-rio-grandense), 'campo de pas-
tagem entremeado de arvoredo esguio” (R. García, Dicc. de brasileirismos:
desde Río Grande hasta Sáo Paulo). Dada la extensión geográfica hay
que concluir que el vocablo fachinal (Figueiredo: faxinal) fué propagado
desde el Sur del Brasil a lo largo de la costa a la Argentina y que allí
la fricativa inicial fué convertida en la africada correspondiente. Deriva
faxinal (fachinal) de faxina = “vara fina e flexivel quando verde”, tam-
bién nombre de un arbusto agreste (Pereira da Costa, Voc. pernambucano;
etc.) = port. faxina “molho de Jenha”, arag. faxina ( x = fricativa pala-
tal), fajina, 'haz de leña”, “montón de fajos', etc. (Hochpyrenáen C II,
166), FEW III, 426 FASCINA. La designación salmantina fachina,
fagina “huerta plantada en la ladera de los montes” en cambio representa
más bien un derivado de FASCIA: ant. arag. faxa, cat. feixa, port. faixa
*porcáo de terra estreita e longa', según ya señalé en Hochpyrenáen C ll,
18; término frecuente también en Francia para designar trozos de tierra
largos y estrechos, particularmente los situados en una ladera (FEW III,
425).
pág. 340. miñango “pedazo pequeño de cualquier cosa' “podría ser
una formación sobre miñatura = miniatura”. Opino más bien que este vo-
cablo ha de relacionarse directamente con los señalados en la pág. 342
piñingo, miñingo, pichingo = “pequeño”, usados particularmente para aca-
riciar a los niños, y otras palabras de esta categoría —chiringo, pirringa,
mirringa — “pedazo, fragmento de una cosa'— citadas (junto con miñango)
por M. L. Wagner, ZRPh LXIV, 332-333 y cuyo elemento vocálico
¡ indica en forma expresiva la pequeñez.
pág. 306. Observaciones interesantes sobre guadal “terreno suelto,
movedizo y gredoso', originariamente = “pantano”, derivado de la voz
americana guadua “especie de bambú.
F. KRUGER
Reseñas 357
J. Vicente Solá, Diccionario de regionalismos de Salta (República Ar-
gentina). Buenos Aires, Sebastián de Amorrortu e Hijos, 1947.
318 págs.
La provincia de Salta, que forma parte de la zona andina del extre-
mo Noroeste de la República Argentina, no es absolutamente desconocida
a los filólogos y folkloristas. En 1933 el insigne folklorista Juan Alfonso
Carrizo publicó su magnífico Cancionero Popular de Salta en el cual reve-
ló la insospechada riqueza de tradiciones populares que aun subsisten en
aquella región montañosa. “Las provincias del interior”” —había escrito
el mismo autor en un artículo publicado ya en 1927 en la revista Huma-
nidades— “y en especial las alineadas a lo largo de la Cordillera de los
Andes, son verdaderos relicarios de la tradición nacional”. Esto lo demues-
tra también el Diccionario de regionalismos que el señor Vicente Solá acaba
de publicar. Recopilando vocablos y giros populares en la capital de la
provincia donde reside hace años como vice-rector del Colegio Nacional y
en sus alrededores y aprovechando además los materiales relegados en ar-
chivos o publicados en revistas, hoy día difícilmente accesibles, ha realiza-
do una labor tan encomiable que hasta puede ser considerada como un
modelo para futuras investigaciones regionales.
Lo que llama la atención es el número elevado de vocablos salteños
de ascendencia indígena, influencia que no se nota tan sólo en los topóni-
mos (a los que el autor dedica preferente atención), nombres de plantas y
animales, sino también en otras esferas de la vida humana. Como en otros
países americanos es casi exclusivamente indígena el vocabulario referido al
cultivo, elaboración y consumo del maíz. Pertenecen a esa categoría pala-
bras como anguá y tacana con las cuales se designa el mortero hecho de un
tronco de árbol ahuecado (véase en la pág. 336 de esta revista) y empleado
para separar el afrecho del maíz pelado (aitir), y pecana “piedra plana,
lisa, ligeramente cóncava que se utiliza para moler granos.
En cambio es netamente castellana la terminología que se refiere al
telar rústico en el cual se tejen las telas: lisos; pisaderas, pisadores; pala
“el palo que aprieta la trama de la urdimbre'; templador “palanca con que
se tiene tensa la urdimbre'; enfulio “pieza de madera que sirve para enfar-
dar la tela”, junto con cocca no suficientemente definido “parte del telar,
preparadora del hilo". Demuestra el carácter castellano de la terminología
que el telar rural de Salta —contrariamente a lo que se observa en otras
partes de Sudamérica— no es de origen indígena, sino peninsular como lo
denuncia también su construcción. Nos encontramos pues con la misma si-
tuación expuesta magistralmente por el Dr. A. Dornheim respecto a la
358 Reseñas
provincia de Córdoba y otras regiones “'atravesadas por las grandes rutas
de la colonización hispánica”, desde Bolivia hasta la Pampa argentina 2”.
Es de notar también la frecuencia con que aparecen términos caste-
llanos para designar aparejos utilizados para conducir carga a lomo de
caballería: cangalla aparejo, o armadijo colchado”, como en Bolivia; árganas
“canastos que se colócan a los costados del animal carguero”; fercios “las
cargas que se lían a los costados de la mula” (??; reatar “atar bien la carga
de una mula', reata lonja con que se ata la chigua'; balumar “cargar un
caballo o una mula con cargas grandes” (cast. balumbo, etc.) ; junto a chi-
gua “canasta de poleo, mimbre, cuero u otro material, que sirve para trans-
portar frutos”, vocablo que según Lenz, Dicc. et. es de origen quechua.
Lo mismo puede decirse de ciertos aspectos de la agricultura. Pero no
bastan los datos presentados por nuestro distinguido amigo para esbozar un
cuadro completo. Vayan como ejemplos provisionales uñir “uncir', tilera “pieza
de un arado de palo que sujeta el timón', término que evidentemente co-
rresponde a telera usado con el mismo sentido en diversas partes de la Pe-
nínsula; melga = cast. amelga, etc.
No sorprende que en un país ganadero como es la Argentina existan
numerosos objetos fabricados de cuero. Los hay en Salta —<como en otras
comarcas— (% de un primitivismo exquisito: noque “recipiente de cuero
vacuno que se utiliza para pisar la uva o para fermentar las vainas de al-
garroba en la preparación de la chicha, o también para cuajar la leche”,
término peninsular frecuentemente discutido por los etimologistas sin que se
haya tomado en cuenta la existencia de noc en catalán, nauc en provenzal,
etc.; capacho “cuero de forma cilíndrica que sirve para desgranar el maíz,
golpeándolo con un palo' que evidentemente se relaciona con el ant. caste-
llano capacha “esportilla”, capazo etc. (cp. FEW Il, 243*); balsa “cue-
ro que sirve para transportar las gavillas de trigo a las parvas o para le-
vantar tierra de las excavaciones; generalmente es tirada por bueyes que
la arrastran por el suelo”, vocablo que hay que relacionar con las balsas
hechas de cueros, cañas, junco, etc. que antes se utilizaban para atravesar
(1 A. Dormheim, Posición ergológica de los telares cordobeses en la
América del Sud. Revista del Instituto Nacional de la Tradición. Buenos
Aires 1948, I, 7-29.
(22 Confróntese sobre estos términos también A. Dornheim, Los me-
dios de transporte en el Valle de Nono. “Spiritus”, Mendoza, 1, 53 y
sigs. con referencias a las variantes peninsulares.
(3) Véase la documentación presentada por A. Dormheim, Los ape-
ros de cultivo en el Valle de Nono. AILi III, 47-38 sobre noque, capacho.
Reseñas 359
ríos (9, por lo tanto también de origen peninsular; ovejón “sombrero blan-
co, de factura criolla, hecho de cuero de oveja o llama”, etc.
Hemos insistido en estos detalles para estimular a nuestro distinguido
amigo salteño a proseguir las investigaciones para que ensanchando su esfe-
ra de observaciones pueda consumar el estudio del vocabulario por des-
cripciones fieles de la cultura material. Nadie como este eximio cultor del
folklore posee disposiciones tan relevantes para brindarnos en un futuro
cercano la obra completa que esperamos.
F. KrUcER
J. R. Medina, Cantas del Valle de Tenza. Estudio preliminar de J. Var-
gas Tamayo. Bogotá, Biblioteca del Folklore Colombiano, 1949, 3
tomos 1: XLVI1I-270 págs.; II: 276 págs.; III: 194 págs.
En el pequeño pueblecito de Sutatenza, ubicado como atalaya de las
montañas boyacenses que atisban el Valle de Tenza, vivía hace algunos
años un sencillo sacerdote, hijo de la parroquia y pastor entonces de sus
coterráneos, el Rvdo. Padre Joaquín R. Medina. Apasionado por el fol-
klore de su tierra, había ido recogiendo durante su vida sacerdotal, todo
cuanto encontró a su alcance en materia de cantos, leyendas, cuentos y
consejas populares. De todo ello —fruto de una labor verdaderamente be-
nedictina— nada se habría conservado si el editor de la presente colección,
el Rvdo. Padre J. Vargas Tamayo, que había oído hablar de la afición
del buen párroco, no hubiese tenido la plausible idea de sacar a la luz
todo aquel material precioso que inmerecidamente permanecía rezagado. En
efecto, poco antes de la muerte de su autor, que pretendía quemar este
caudal folklórico por considerarlo impropio de su actuación sacerdotal, le
hizo comprender la necesidad de la publicación. Desgraciadamente de todo
lo que el humilde sacerdote había recolectado de la tradición popular se
ha salvado nada más que el material reunido en los tres volúmenes de las
Cantas; material relativamente escaso si se lo compara con el inmenso
acerbo que el folklorista había guardado en sus cajones, pero suficiente
(4) Dormheim, Los medios de transporte, separata pág. 7; trae una
documentación riquísima de la balsa GC. Friederici, Amerikanistisches Wórt-
erbuch. Hamburg 1947, pág. 72; propone la etimología VASCULUM
el Sr. H. Jamner, en la revista Filología, Buenos Aires 1, 151-152 (bas-
la > balsa) ; pero no me convence tal hipótesis ni desde el punto de vista
semántico (cp. balsa = “charco') ni fonéticamente, cp. REW 917.
360 Reseñas
para que el modesto sacerdote del Valle de 'Tenza viva como uno de los
coleccionistas más fervorosos y beneméritos de la tradición popular en la
historia del folklore colombiano,
De las diez mil coplas que el P. J. R. Medina dejó coleccionadas
casi la mitad —4488— han sido salvadas y editadas ahora debido a la
diligencia del P. Vargas Tamayo y a la liberalidad del Ministerio de
Educación Colombiano,— un número respetable, un verdadero “record”
que merece el elogio y la admiración de todos los folkloristas. Junto a las
valiosas colecciones colombianas publicadas anteriormente— la de Antonio
José Restrepo: El Cancionero de Antioquía. 3* ed. Barcelona 1930 y la
de Juan de Dios Arias: Folklore Santandercano. 2* ed. Bucaramanga
1943 — las Cantas del Valle de Tenza constituyen una fuente riquísima
de información de la que sacarán gran provecho no sólo los folkloristas
colombianos sino todos los que se dedican al estudio de la canción popular
castellana. Pues no cabe duda que la mayor parte de los cantos populares
que se oyen hoy día en la Península y en América, pese a ciertos matices
regionales, tienen un fondo común, y es el de la tradición castellana. Insiste
en este punto con razón el P. Vargas Tamayo en el Estudio preliminar
que precede a la colección de las cantas, citando —entre otros— un ejem-
plo bien elocuente:
¿Q'és aquello que reslumbra ¿Qué es aquello que reluce
debajo del campanario? debajo del campanar?
Si será la vida mía ¿Es lucero o es la estrella
o la Virgen del Rosario? o es la Virgen del Pilar?
Valle de Tenza Aragón.
No era una tarea fácil ordenar el cúmulo de canciones dejadas por
el P. Medina. Me parece sin embargo un acierto del editor, el haber divi-
dido la materia en un orden lógico correspondiente a las diversas inspira-
ciones poéticas que forman el tema de las canciones. He aquí algunos
ejemplos que pueden servir para ilustrar la inmensa variedad de faces:
Goces de la vida (las cantas, fiestas, bailes, bebidas), El ambiente parro-
quial (religiosas, santos y santas, romerías, el cura), Del amor y del do-
lor, tema como es de esperar particularmente rico en manifestaciones lite-
rarias, La cruz del matrimonio, Del reino vegetal, Del reino animal, Pince-
ladas idílicas, etc. Resulta también muy instructivo encontrar reunidas en
series o grupos canciones de idéntica o análoga estructura externa, sacrifi-
cándose así ligeramente la ubicación lógica de la idea, pues es indudable
que también la “forma” de la canción popular castellana tan típica, tan
Reseñas 361
característica presenta un tema sugestivo para estudios posteriores. Vincú-
lase ese tema estrechamente con el estilo, sobre el cual el editor nos brinda
en el Estudio preliminar acertadas observaciones. En cuanto a la grafía
““se ha optado por una acomodación, la más próxima a la fonética del
hombre del campo” relacionándose de este modo el alma y el lenguaje del
pueblo en una armonía perfecta. De lo dicho antes se desprende fácilmente
que también el lingiiista encontrará en la presente edición de las Cantas
del Valle de Tenza una rica mina de información, tanto en lo que respecta
al uso de las palabras (véase en el t. III, 161-193 el Vocabulario alfa-
bético de regionalismos colombianos) como a la fonética y a la sintaxis. Sin
agotar el asunto mencionaremos unos cuantos ejemplos:
Contracción de vocales: en las jiestas di'horun año
132; el que juer enamorao, q.enamori a la soltera 2533; y es por culp'e
los ratones 67.
Desplazamiento del acento: pus no me saliá la
cuenta 132; que su niño va'tocarle masque siá con el chombor 156; yo
teniá ya mi pensao 994; serián santas las mujeres 1008; cuando saliás de
Piglesia 1051; áhi 'tá, por enamorao 2538; si di áhi sale pa * las tiendas
2592; me convidaron a la caceriá di un runcho 3356,
Estrechamiento de vocales protónicas: y el
potro lu hace golver 128; tan chanchiroso comu ella 133; tiene boc'y queri
hablar 141; lo qui hace 1060; hasta en casos como los siguientes: ayer
me tirú'n galembo 2566; me tocú ayunar la chicha 306; un indio saliú al
camino 2578; porque se llevú a mi chato 4437; yo sembrí una mate
mango 3621; ¿Quí haré yo pa no soñarme toas las noches con vos? 750;
compárese en los dialectos leoneses Qué sé yo > kisióu, etc.
Caída de la sílaba protónica: “toy guardando mis
semillas “toy cuidando mi ganao 1049; ¿Qué seriá mi jundamento? ¿Qué
“tariá pensando yo? 1855; “Tése queto, 'ñor mocito 2549,
De entre los fenómenos sintácticos citaremos los siguientes:
masque empleado en el sentido de “aunque” como en el lenguaje po-
pular de la Península (astur. mas que te cargen a dineru) y en otros países
sudamericanos (véase Kany, American Spanish Syntax 380, sin referencias
a Colombia): Ah, malaya, quén tuviera masque juer” un macho viejo...
120; He de bailar con mi chata masque digan los pueblanos. . 100; Tocáli
a la niñ ? hermosa masque siá la guacharaca 161; etc.
Pero se emplea también aunque en las variantes anque y enque: Qui
anque la chicha si acabe nu hemos de dejar el són 166; y enque me maten, te
miro 732; Yo se lo queriá decir, enqui harta pena me da 998.
362 Reseñas
donde usado en el sentido de preposición: El domingo me juí a misa,
el martes * onde mi chata 866; Ya don yo teniá jurado de no casarme
tuavía 955; véase Kany 363 y sigs. y en la pág. 309 de estos Anales.
Representa una variante del empleo bien conocido de puro en sentido
reforzativo (de pura hambre andavan amarillos - lo hice así de pura tonta -
de puro tonta perdió el empleo) el ejemplo siguiente: Ya no quero cantar
más, que me sirve di armonía, que de puro q'he cantado ya tengo la lengua
fría = “de tanto cantar”, 'a fuerza de cantar”.
Repetición del verbo en sentido reforzativo: Manzana, si no querés
que yo me pong'a mirarte, escondét'escondidita y dejá de provocarme 3583
- Arriba, caimán goloso, qui una niña va nadando. Cogerla, la cogerás; pero
comértela ¿cuándo?” 684. Compárese en la pág. 308 de estos Anales.
Empleo de la preposición en más gerundio: De la pobreza no si hable;
yo con vos me casaré: en teniendo tu cariño con eso me mantendré 975.
Calificativo en relieve: El cantar de las muchachas, pero d'ellas soli-
ticas, es el cantar de los cielos, y más cuando son bonitas 40.
Frecuencia del perfecto formado con el auxiliar “tener”: Les tengo dichu
a las piedras se quiten del caminito 811; El alcalde de Guateque ya me
tieni amenazao porque me miran las niñas cuando voy a mi mercado 858;
Es tanto lo que me dicen que ya me tienen cansao 1056. El aumento de
dicha forma verbal no se observa tan sólo en América, sino también en el
lenguaje rural de la Península.
Por interesante que sean los rasgos fonéticos y las peculiaridades de
la sintaxis popular para el filólogo, por cierto no constituyen en sí el encan-
to de las poesías de Tenza. Es más bien su valor intrínseco, la frescura y
rigueza de imaginación, la delicadeza y profundidad de sentimientos, la
sencillez de la expresión, en una palabra es aquel pensar y sentir popular
que determina la esencia de la poesía del pueblo lo que les da un carácter
particular. En este sentido las Cantas del Valle del Tenza son verdadera
poesía popular, no rara vez vinculada a alusiones picarescas y hasta groseras,
como las coplas andaluzas, extremeñas y aragonesas, los cantares gallegos
y las trovas que cantan en Portugal y en el Brasil. Vayan unos cuantos
ejemplos que más que un comentario docto harán sentir su sabor:
Las canticas que yo canto Si yo Juera mat ' e rosa
ninguno me las enseña, en tu patio m ” estendiera,
porque yo me las apriendo y cada vez que pasaras
cuando me mandan por leña. una rosita te diera.
La naranjit * era verde
y el tiempo la maduró:
se ha de llegar aquel día
en que vengás con yo.
3604
Reseñas
3537
Hasta del sol tengo celos
cuando sale muy brillante:
me parece que madruga
solamente por mirarte.
3947
363
Cuando van las candelillas (“luciérnagas')
alumbrandu aquí y allí,
me parecen tus ojitos
que me * tán buscandu a mí.
Salg ' el sol, salga la luna,
salgan todas las estrellas,
y que salga mi chatica
en medio de toas ellas.
3940 3757
F, KRUGER
Luis da Cámara Cascudo, Antologia do folclore brasileiro. Sao Paulo,
Livraria Martins Editora, 1945 ('* A marcha do Espiritu”, vol, XV),
502 págs. - Contos tradicionais do Brasil. Rio de Janeiro, Americ-
Edit., 1946 (Colecáo “Joaquim Nabuco”), 420 págs. - Geografia
dos mitos brasileiros. Rio de Janeiro - Sío Paulo, Livraria Olympio
Editora, 1947. (Colegáo Documentos Brasileiros vol. 52), 467 págs.
El estudio del folklore fué cultivado en el Brasil durante el siglo XIX
y principios del XX por una serie de investigadores que, con gran preocu-
pación científica y verdadero amor a la patria y a sus tradiciones, contri-
buyeron al conocimiento profundo y detallado de la vida popular brasileña,
de sus costumbres, de sus cuentos y sus canciones. Otros, entusiastas afi-
cionados, ayudaron a coleccionar el material para la investigación. Destá-
canse entre los folkloristas brasileños por sus colecciones y estudios: Couto
de Magalhíies, J. Barbosa Rodrigues, Melo Moraes, Filho, Sílvio Rome-
ro, M. R. Quirino, Joáo Ribeiro, Afránio Peixoto, Nina Rodrigues, Ama-
deu Amaral, Roque Callage, Arturo Ramos, Gustavo Barroso y Renato
de Mendonca. Varias veces, durante los años 1934 a 1939 llamé la aten-
ción de los interesados por las cuestiones folklóricas sobre las nuevas pu-
blicaciones brasileñas de esta índole, especialmente en las revistas Wolkstum
und] Kultur der Romanen, de Hamburgo, XI, 375-379; XII, 423-426 y
Ethnologischer Anzeiger, Stuttgard 1, 121-122.
En los últimos diez años el interés por los estudios folklóricos ha au-
mentado considerablemente en el Brasil como así también en los países de
364 Reseñas
lengua española, especialmente en España, Colombia y la República Do-
minicana. Para coordinar las investigaciones tan diferentes metódica y geo-
gráficamente se fundó en Natal, capital del Estado do Rio Grande do
Norte, la “Sociedad Brasileira de Folk-Lore'”” (S. B. F. L.) el 30 de
abril de 1941. Acogemos con gran beneplácito a esta nueva sociedad' y
esperamos de su labor una intensificación de los estudios folklóricos y
etnológicos en tan extenso territorio como lo es el Brasil. Fundador y pre-
sidente de la Sociedad es L. da Cámara Cascudo, insigne folklorista y
gran trabajador, de cuyas tres importantes publicaciones quiero hablar aquí.
Fué una idea magnífica la de elaborar una Antologia do folclore
brasileiro pues ella permite a los interesados estudiar en un tomo los pasa-
jes más notables, en el sentido folklórico, de los cronistas de los siglos
XVIXVIII, de los viajantes extranjeros y de los estudiosos brasileños de
los siglos XIX y XX. Si bien es cierto que una Antología no puede ser -
más que una selección de noticias etnológicas y folklóricas, es muy útil para
quien no dispone de los libros originales, sobre todo cuando la selección
está hecha con tanta competencia y habilidad. Como los pasajes escritos
en lenguas extranjeras están traducidos al portugués y como L. da C. C.
añadió a cada contribución una pequeña biografía del autor y su corres-
pondiente bibliografía, la Antología resulta un excelente manual para el
estudiante brasileño y extranjero. L. da C. C. dedicó su libro “Aos can-
tadores e violeiros, analfabetos e geniais, ás velhas ámas contadeiras de
histórias maravilhosas, fontes perpétuas da literatura oral do Brasil” los que
probablemente nunca leerán este libro.
Cierta dificultad ofrece la cuestión de si tal o cual obra debe consi-
derarse como obra científica de folklorista u obra folklórica de índole li-
teraria. L. da C. C. incluye, en la pág. 262, un trozo de las Lendas do
sul de Simóes Lopes Neto, que yo considero obra literaria. así como los
Contos gauchescos del mismo autor o las publicaciones del tipo de Darcy
Azambuja, No galpáo o de C. Pires, Conservas ao pé do fogo. Es difícil
establecer hasta qué punto estas obras ofrecen un verdadero material fol-
klórico comprobado, no obstante su valor como obras de literatura regional.
Las fiestas de Moros y Cristianos (véase el relato del inglés Henry
Koster, (muerto probablemente en 1820) para Pernambuco, p. 69 y el de
martius (1794-1868) para Minas Gerais, p. 83) son variantes de la
misma fiesta del siglo XVIII de Río de Janeiro ya conocida (L. Edmundo,
O Rio de Janeiro no tempo dos Vice-Reis, 2* ed. Rio 1935, p. 138-1939)
y aun de Méjico (R. Ricard en Journal de la Société des Américanistes
XXIV, 51-84 y de España (Giese, Nordost-Cádiz, Halle 1937, p. 216-
220).
— ID
A
Reseñas 365
Los Contos tradicionais do Brasil son cien cuentos populares, unos to-
mados de boca de los mismos padres o de la tía del autor que los oyeron
en el alto Sertáo de Paraíba y Rio Grande do Norte, otros le fueron na-
rrados por colaboradores de diversas edades y distinta formación cultural
y finalmente otros fueron sacados de colecciones impresas, cuyas fuentes
están debidamente indicadas; pero todos ellos permanecen aún vivos en la
tradición popular. Al final de los cuentos tomados directamente de la tra-
dición oral se indica siempre la autoridad de la persona que los narró,
cuyo modo de contar casi siempre se respeta; por eso uno de los méritos
mayores de esta colección es el de haber conservado la dicción ingenua,
primitiva de sus narradores. No se consigna el lugar de nacimiento de
estas personas sino el sitio donde pasaron su infancia o donde aprendieron
los cuentos,
Por el prefacio se deduce que L. da C. C. conoce perfectamente los
problemas que se relacionan con el estudio de los cuentos populares bra-
sileños. Con mucha razón indica (pág. 15) que los cuentos indígenas y
africanos se han mezclado de tal manera que no es posible separarlos. La
proporción entre los elementos amerindios, africanos y europeos la da como
1:3:5. Una gran ventaja para los estudiantes ofrecen las extensas notas
comparativas dadas al final de cada cuento y donde L. da C. C. expone
sus amplios conocimientos de los cuentos de todos los países (americanos,
portugueses, españoles, orientales, africanos) y de la literatura científica
respectiva.
La colección presenta interesantes ejemplos de esa mezcla de motivos.
Las explicaciones comparativas permiten distinguir claramente la herencia
ibero-romance de las aportaciones africanas. O chapin do rei (pág. 184)
es un ejemplo que comprueba que un cuento oriental puede haber sido
divulgado en el Brasil en época reciente (divulgación hecha por un brasi-
leño de origen libanés por vía literaria cf. pág. 187). Los cuentos están
sistemáticamente ordenados en grupos: cuentos de encantamiento, cuentos
ejemplares, cuentos de animales, burlas, cuentos religiosos, etc.
Para algunos de los cuentos me permito aportar ciertas referencias
que tengo a mi alcance en este momento, pero sin completar las compara-
ciones en forma sistemática:
pág. 34 (Os compadres corcundas) : Existen también versiones fran-
cesas (una picarda, otra de las Ardenas), una catalana, otra valenciana
y otra vasca (véanse mis explicaciones en la Revista Internacional de Es-
tudios Vascos XX, 462-464). S. La Sorsa ha publicado la variante de
Apulia, La fortuna di due gobbi (Tradizioni popolari pugliesi. Fiabe e
novelle I, Bari-Roma 1928, pág. 261). El texto de la versión japonesa
366 Reseñas
encuéntrase en H. Plaut, Japanische Konversationsgrammatik, Heidelberg
1904, pág. 40.
pág. 72 (A princesa Gia): Conozco este cuento del noroeste de Ale-
mania (región de Oldenburg) donde en vez de la rana aparece una gata
(De lútt Katt) y también de Lorena (gata). Sobre la divulgación de las
variantes italianas del cuento de la princesa-rana véase L. di Francia, Fiabe
e novelle calabresi 1-11, 2* ed., Torino 1935, p. 252.
pág. 87 (O marido da máe d'agua): Leyendas de sirenas conocemos
también en Colombia. En Europa las mujeres marinas tienen un papel impor-
tante en las tradiciones celtas (bretonas e irlandesas), en el Kalevala finlan-
dés y se encuentran además en las tradiciones griegas, dinamarquesas (en los
Folkeviser) y en los cuentos populares frisones, donde al lado de las ondi-
nas aparece el ondino Eke Nekepen. Cf. aun los rusálki rusos, Giilnar y su
familia en la historia del infante Bedr de Persia y de la infanta Giauhare
de Samandal en el Kitáb alf laila wa laila árabe y las yakkhinis en el
Játaka 196.
pág. 97 (O filho da burra): Una traición análoga a la de los dos
compañeros aparece en el cuento turco del ave Anka, cuento N? 8 del
Billurkjósk, en el cuento albanés del ruiseñor (birbil gizari; Pedersen,
Albanische Texte, Leipzig 1895, p. 30) y en el cuento irlandés Tri
'nighean rí Esia (L. Múhlhausen, Zehn iriseche Volkserzáhlungen aus
Sid-Donegal, Halle 1939, pág. 33, cf. Béaloideas IV. 414 y V. 209).
En el cuento irlandés, en vez del diablo que ayuda al héroe, aparece un
“hombre del anillo”, como en varias historias del Kitáb alf laila wa laila
(Aladino y la lámpara maravillosa, Cuento de Maruf). Cf. también el
anillo mágico del cuento árabe 52 en H. Schmidt y P. Kahle, Volkserzáh-
lungen aus Palástina, Góttingen 1918. En los cuentos turcos, cabellos que
se frotan hacen las veces del anillo, como en el cuento N? 4 de la colección
árabe mencionada.
pág. 169 (A menina dos brincos de ouro): El motivo de la mucha-
cha en el saco del viejo feo se conoce por cuentos italianos aunque en el
resto son diferentes. (cf. L. de Francia III, 105-108).
pág. 181 (Os quatro ladróes): El tema de persuadir al hombre que
su carnero es un perro se conoce también por el Humajunname turco y
por las fábulas rumanas de Tichindeal de 1814 (Fáb. 126, texto repro-
ducido en Gaster, Chrestomatie romána 1, 214). pág. 195 ( A história
do papagaio). Existe también una versión turca del Tufiname. El motivo
de los dos papagayos que vigilan la virtud de la mujer en el Sukasaptati
ya se encuentra en Jataka N* 198.
pág. 225: Con los cuentos de Pedro Urdemales y de Eulenspiegel
A
Reseñas 367
pueden compararse también los cuentos turcos de Nasreddin Hoga que se
divulgaron aún por la Península Balcánica y por Rumania (cf. A. Pann,
Nasdravanile lui Nastratin Hogea, Bucarest, 1853) y los cuentos mala-
yos de Jaka Bodo o Si Pandie (Java), Mau Loha (Timor) etc. (N.
Adriani, De Bare'e Taal, Den Haag 1913; C. Snouck Hurgronje, The
Achehnese, Leyden 1906).
p. 236 (O sapo e o coelho): Sobre la apuesta entre la tortuga y el
ciervo cf. aún O. Dáhnhardt, Natursagen IV, Berlin 1912, págs. 54,
65-66.
pág. 246 (O cágado e o teiú): El cuento correspondiente en Nama
(tribu hotentote) con el chacal y la hiena fué publicado por L. Schultze,
Aus Nameland und Kalahari, Jena 1907, p. 46 L. y C. Meinhof, Afri-
kanische Márchen, Jena 1921, pág. 138.
pág. 254 (A raposa furta e a onca paga): Cf. Roman de Renart,
Branche 111 y Reynke Voss (bajoalemán) 1, 3.
pág. 278 (O caboclo, o padre e o estudante) : Publiqué el respecti-
vo cuento vasco con el texto árabe en la Revista Internacional de Estudios
Vascos XV, 191-194 y hablé de él y de la versión: mejicana en la misma
yevista XIX, 313-314, Otra versión vasca aparece en el Anuario de Eusko-
Folklore XIV, 108-110 (segunda aventura).
pág. 284 (A roupa do rei): Está también en el Oyrg vezir turco.
pág. 297 (O menino sabido e o padre): Respuestas análogas a las
primeras que da el niño se conocen por cuentos españoles, franceses e ita-
lianos; véanse mis notas en Volkstum und Kultur der Romanen V, 259.
pág. 305 (O menino e o burrinho): La Fontaine, La laitiére et le
pot au lait, En el libro V del Trantrakhyayika, la versión más antigua del
Pañcatrania trátase de un bracmán y una olla con harina de cebada,
en el Hitopadesa (IV, 6) es un bracmán con una olla de sémola, en el
Kitáb alf laila wa laila, un ermitaño con una olla de manteca, en el Hu-
majunname turco, un hombre devoto, un dervís, con un cántaro con aceite
y miel.
pág. 314 (4 moca e a vela): Cf. para Portugal y España, C. Ca-
bal en Folklore y costumbres de España 1, 189 y sig. La misma tradición
existe en Sicilia, Calabria, Apulia, Toscana, Véneto y Friul.
pág. 346 (A festa no céu): La historia de la tortuga transportada
por dos ánades encuéntrase también en el Humajunname turco.
pág. 360 (O afilhado do diablo): Cf. las versiones irlandesas Grua-
gach na gcleasanna (Múhlhausen págs. 37 y 130) y la historia de Ali
Dzengiz en el Billur Rjósk turco.
Existen también versiones armenias (cf. G. Rohlfs en Archiv fiir das
368 Reseñas
Studium der neueren Sprachen vol. 168 (1935), pág. 71): Habrmani y
Mitil chavk.
pág. 374 (Frei Joúo sem cuidados) : véanse mis contribuciones: Tran-
cosos” Tres preguntas do rei” (Revue de litléralure comparée XVIII, 152-
160) y Uma versáo estremenha do conto das 'Trés preguntas do rei” (Bi-
blos vol. XVI, t. IL, 645-650). La segunda pregunta: ¿Cuánto pesa la
luna? es muy rara, pero se encuentra en las versiones de Coimbra y de
Turquel. Minho y Beira son las provincias que más han contribuído a la
emigración portuguesa al Brasil. Versiones vascas del cuento aparecen en
el Anuario de Eusko-Folklore XIV, 122-126 y en R. M. de Azkue,
Euskalériaren yakiniza 11, Madrid 1942, págs. 252-254.
págs. 379 (As testemunhas de Valdivino): Cf. también la historia
de las grullas de Danadil en el Humajunmame turco.
pág. 399 (O compadre da Morte): Cf. el cuento alemán Der Ce-
vatier Tod (Grimm) y la novela de Aquilino Ribeiro 4 Crande Dona
(en Estrada de Santiago).
La Ceografia dos mitos brasileiros es un manual fundamental de la
mitología y las creencias populares en el Brasil. En la primera parte (págs.
1-63) L. da C. C. da las características de las creencias hoy, vivas toda-
vía, según su distribución geográfica, región por región, explicando las
causas e influencias geográfico-económicas y etnográfico-históricas como así
también la relación variable en la proporción de los tres elementos: euro-
peo, africano y amerindio. Otro detalle de su observación es la intensidad
variable de la tradición mitológica popular. Resalta la importancia del ele-
mento portugués y la gran fuerza modificadora de los portugueses que unas
veces cambiaron las tradiciones indígenas, pero las más transformaron sus
propias creencias mitológicas adaptándolas al muevo ambiente. Los portugu-
ses adoptaron también figuras mitológicas amerindias que tienen cierta im-
portancia para la divulgación de mitos tupíes. La influencia africana se ve
especialmente en el ciclo de la angustia infantil. El Quibungo surgió en
Bahía y no se encuentra en otra parte (pág. 274); es un elemento: formado
en el ambiente negro, pero no importado de Africa. Por otra parte a pesar
de que la influencia de los negros ha sido tan importante en Bahía y aún
en Pernambuco, sin embargo el elemento negro no ha determinado la
creación de ningún mito. Es de interés la conjetura de una probable in-
fluencia de los indios Carirí en la mitología popular de Paraíba (pág. 35).
En Pernambuco la influencia miñota es manifiesta (pág. 37). L. de C.
C. sabe destacar con rasgos de vivo color las características de la vida
popular de Pernambuco, Bahía y del antiguo Río.
Todo el resto del libro está dedicado al estudio de las figuras mitoló-
Reseñas 369
gicas, de su diferenciación geográfica y de su evolución, incluso de la mi-
gración de mitos: mitos primitivos y regionales (indígenas, europeos, afri-
camos, diferenciaciones regionales), el ciclo de la angustia infantil, el ciclo
de los monstruos, mitos secundarios y locales. Es un compendio de todo
lo estudiado hasta ahora sobre mitología brasileña y, de su valuación crítica.
Algunos fenómenos se estudian también en su divulgación americana fuera
del Brasil, de modo que este libro resulta también de interés para la mito-
logía de la Argentina, del Uruguay y del Paraguay.
Muchas veces asistimos a la mezcla de motivos antiguos, que nos
parecen más importantes que los nombres, pues éstos pueden haber sido
trasladados. El concepto claro de un ente mitológico es el resultado de la
elaboración científica del investigador, pues sólo raras veces el pueblo mismo
tiene una idea bien determinada de las apariciones y de las personaficacio-
nes populares.
Muy apreciable es la rica documentación etnográfica e histórica como
así también las explicaciones de las palabras tupíes.
En las páginas 67 y sigs. L. da C. C. da un ejemplo instructivo de
la influencia de los misioneros en la evolución de la mitología tupí: trans-
formador del gran dios popular Juruparí en diablo y metamorfosis de “Tupá
en Dios por creación erudita y artificial. Con mucha razón subraya L.
da C. C. la influencia portuguesa en la evolución de la figura del Sací-
Pereré (pág. 152) que aparece como un mito de existencia relativamente
moderna (pág. 155).
págs. 169 - 170: No creo que existan íntimas relaciones entre las si-
renas y las moras encantadas en Portugal. Hay que partir del tipo popular
de la mujer del mar, del río o de la fuente, hermosa y tentadora, represen-
tante de un mundo sobrenatural, espíritu acuático (en forma de pez-mujer,
o sea mujer hermosa que canta o no). Las sirenas griegas y romanas de la
antigúedad representan un caso especial,
pág. 201: el hombre transformado en lobo se encuentra también en
la tradición bretona (Marie de France, Bisclaoret).
pág. 241: a la Cabra cabriola cf. el cuento alemán Der Wolf und
die sieben Geislein (Grimm) y el cuento rumano Capra cu trei iezi (lon
Creanga).
pág. 315 (sete Marias): cf. el papel mágico que desempeña el nú-
mero siete en los cuentos populares románicos y vascos; véanse mis notas
en Miscelánea filológica dedicada a D. Antonio Ma. Alcover, Palma de
Mallorca 1932, pág. 27.
pág. 318: El tema de la metamorfosis de una moza en una perra
encuéntrase en la Disciplina clericalis (Exemplum XIII: De canicula la-
370 Reseñas
crimante). Cf. también el cuento inglés del siglo X111 Dame Siriz. Sobre
el origen oriental de este tema véase E. Wolff, Untersuchumgen ¡ber die
Geschichte von der weinenden Hiindin, Múnchen 1911.
pág. 441: La costumbre de poner las mamas encima de los hombros
para alimentar a los hijos no se conoce en Europa y no podría ser por ra-
zones de estructura antropológica; se encuentra, en cambio, en ciertas tri-
bus negras. Esta costumbre mencionada en la tradición portuguesa como
propia de las Amazonas, debe ser un elemento introducido en el folklore
portugués por navegantes o exploradores de la costa africana. La misma
posición de las mamas presenta un cuento albanés (la mujer del león en
Pedersen, Albanische Texte p. 30, representada como mujer y no como
animal). También en este caso hay que pensar en una costumbre de cier-
tas negras que habría sido introducida como elemento fantástico por via-
jeros árabes en la tradición oral árabe, de ésta habría pasado a la turca y
de allí al cuento albanés.
Resalta de nuestras exposiciones el alto valor de los tres manuales
de L. da C. C. para el mejor conocimiento del folklore brasileño y la
nueva orientación científica de representación, documentación, comparación
y crítica que, sin duda alguna, significa un progreso metodológico. El que
desee trabajar en el futuro sobre el cuento brasileño o mitología sudameri-
cana tiene que tomar como base de orientación los libros de L. da €. C.
WILHELM GIESE
Universidad de Hamburgo.
CONTENIDO
ELwerT, W. TH., La crisi del linguaggio poetico italiano
nelliotoconto A EA 36 - 81
KRUGER, F., Etimologías hispánicas .................. 82-112
KrúceEr, F., El Pirineo Español. Arte popular decorativo en
Cataluña. La fiesta de Navidad ...............-. 157-190
KunarhH, K., La casa rural en el Este de Guatemala ..... 140 - 156
E PiEL, J. M., Apontamentos de etimologia portuguesa ...... 228-236
Frhr. v. RICHTHOFEN, E., La evolución estilística en la poe-
CONEA bata PIES O es de 1-35
_TOVAR, A., Ensayo de caracterización de la lengua guaraní 114-126
VIOLANT 1 SIMORRA, R., Terminologia sobre el foc, la llar
Watlun al BallarsiSobi AA 191 - 227
ZAPPACOSTA DE WiLLMOTT, M. E., Problemas del hispano-
amena a a de os 127 - 139
RESEÑAS
ALessio Giovanni, Le origini del francese. Introduzione alla
Grammatica storica. ............... (S. Bucca) 256-257
BARRIONUEVO ImPosTI, Víctor, El uso de la madera en el
valle de San Javier ............ (A. Dormheim) 323-330
BarrisTI, Carlo, Avviamento allo studio del latino volga-
A (F. Schiirr) 249-253
BartisTI, Carlo y ALessto, Giovanni, Dizionario etimologico
MATAS recaer ranoroasena (S. Bucca) 253-256
Bibliographie Internationale des Arts et Traditions Populai-
Y EA A OSA (F, Kriiger) 237-240
CAMARA CAscubo, Luis da, Antologia do folclore brasileiro.
Contos tradicionais do Brasil. Geografia dos mitos bra-
A (W. Ciese) 363-370
CANELLADA, María Josefa, El bable de Cabranes (F. Kriiger )
CAPELA E SiLVa, J. A., Estudos alentejanos. A linguagem
rústica no concelho de Elvas. ........ (F. Kriiger)
Casapo LoaTo, María Concepción, El habla de la Cabre-
ra Alta. Contribución al estudio del dialecto leonés.
O A E (F, Kriiger)
CoLuccio, Félix, Diccionario folklórico argentino ......
A (A. Dornheim)
CoLuccio, Félix, Folklore de las Américas. Primera Antología
A (W. Giese)
Cuadernos Canarios de Investigación ......-.- (A. Tovar)
GriERA, A., Bibliografía lingiíística catalana .. (F. Kriger )
GriERA, A., Tresor de la llengua, de les tradicions i de la
cultura popular de Catalunya ......-+- (F. Kriger)
Havers, Wilhelm, Neuere Literatur zum Sprachtabu ....-.
A (A. Tovar)
Kany, Charles E., American-Spanish Syntax .. (F. Kriiger)
Kayser, Wolfgang, Eine Einfihrung in die Literaturwissen-
schaft (La obra de arte lingúlística. Introducción a la
ciencia literaria) ....« «<<. ==. (4. Dormheim)
Lores Dias, J., Etnografia da Beira. Vol. VII (F. Kriiger)
Mebina, J. R., Cantas del Valle de Tenza .. (F. Kriiger)
MeNDoNcA Lino NETTO, Maiía Teresa de, Á linguagem
dos pescadores e lavradores do concelho de Vila do
(TU rss (E. Kriger)
Paiva BoLéo, Manuel de, Introdugáo ao estudo da filologia
POrLUgUesa ...oooocoocoroooococm”.. (F. Kriiger)
Pires DE Lima, Augusto César, Estudos etnográficos, filológi-
Lose bIaóricos o ( F. Kriger)
Poema de Fernán González, Edición, prólogo y notas de A.
Zamora Vicente -............ (G. Moldenhauer)
RiquER, Martín de, La lírica de los trovadores. Antología co-
mentada. Tomo 1: Poetas del siglo XII .........
A E (CG. Moldenhauer)
RobricuEs Lapa, M., Estilística da língua portuguesa. ...
Es (FE. Kriiger)
RohLrs, Gerhard, Romanische Philologie. 1. Teil: Allgemeine
Romanistik. Franzósische und Provenzalische Philo-
e (F. Kriger)
267 -275
297 - 298
275 - 284
315-323
314-315
284 - 286
262 - 264
264 - 266
245 - 248
301 -314
240 - 245
296
359 - 363
294 - 296
286 - 288
292 - 293
259 - 262
288 - 290
288 - 289
248 - 249
SAUBIDET, Tito, Vocabulario y refranero criollo con textos y
dibujos originales ................ (F. Kriiger)
SoLÁ, J. Vicente, Diccionario de regionalismos de Salta (Re-
pública Argentina). ............... (F. Kriiger)
TAVARES DA SILVA, D. A., Esbóco dum vocabulário agrícola
cial eaneassogoradsacroórónea (F. Kriiger)
VIDAL DE BATTIMI, Berta Elena, El habla rural de San Luis.
Parte 1: Fonética. Morfología. Sintaxis. (F. Kriger)
WAGNER, Max Leopoldo, Lingua e dialetti dell America
pd it (A. Tovar)
330 340
357 - 359
290 - 291
340 - 356
298 - 301
LA PRIMERA EDICION DE ESTE
LIBRO SE TERMINO DE IM-
PRIMIR EN LOS TALLERES GRA-
FICOS D'ACCURZIO, DE CALLE
BUENOS AIRES NO 202, DE
LA CIUDAD DE MENDOZA,
EL DIA 16 DE OCTUBRE
— DE 1950. ——
AÑO DEL LIBERTADOR GENERAL SAN MARTIN
om
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